2016/06/13

¿Loco homofóbico o terrorista?

Si un loco agarra un auto, pisa el acelerador y atropella a unos cuantos, todos vamos a decir: qué sociedad enferma; pero si después te dicen que fue un acto terrorista la cosa cambia considerablemente. Ya no es un peligro latente en la sociedad, ésta se sana inmediatamente, ahora es un peligro externo muy premeditado y estudiado. Ya no es un loco suelto, es un terrorista orgánico. Ya no es negligencia social, es negligencia política y de la seguridad. Resulta bastante compleja la cosa.

Lo que es increíble es el cambio de significación que produce decir que fue Isis. Pasan de ser una sociedad enferma a ser una sana en la que la culpa es de un enemigo externo, la politizan y si bien les sirve para recrudecer su lucha contra el terrorismo pasa de ser un hecho de muy difícil detección a una negligencia de sus seguridad. Lo que sorprende es la rapidez con la que cambiaron la carátula

2016/06/12

El frente ciudadano y los riesgos de la abstracción


El pasado 13 de abril, la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner -en ocasión de la citación judicial que le  hiciera el juez federal Claudio Bonadío- brindó su primer discurso público, tras haber concluido en diciembre de 2015 su mandato presidencial. Una inmensa masa de seguidores aguardaban por sus palabras, mucho más teniendo en cuenta que las políticas que fue llevando a cabo el presidente Mauricio Macri en escaso tiempo fueron carcomiendo muchas de las políticas inclusivas que el kirchnerismo desarrolló durante 12 años. Las principales expectativas de los que acudieron a la cita, pasaban por saber qué indicaciones daría la ex mandataria a los diferentes interrogantes que se plantean hoy los militantes, en una situación que resulta crítica y compleja. Cuál es el quehacer hoy. Fue allí donde la indiscutida líder de la fuerza que sostuvo al gobierno saliente, planteó la necesidad de conformar un Frente Ciudadano.  Decir indiscutida líder pondría entre signos de interrogación algunas apreciaciones como las que señalan que el gobierno que concluyó en diciembre fue del peronismo. Suponer eso, invitaría a que dirigentes de ese signo, aunque diferenciados de Cristina, reclamen hoy el liderazgo de dicho movimiento culpándola por la derrota electoral.  Si se tratara de una fuerza ya existente, no habría necesidad de construir una nueva, a menos que se suponga que la anterior -como estructura-, es la causa principal del retroceso.

La propuesta de conformar un frente ciudadano interpela de una u otra forma a todos aquellos que desde hace varias décadas venimos sosteniendo la necesidad de una fuerza  política alternativa de masas. Cuando se señala que “de una u otra forma” es porque notas como las de Eduardo Grüner (“Contrapropuesta: Por un Frente No-Ciudadano”) o de Daniel Cecchini  (“El dilema del Frente: Entre el aparataje y la construcción de sujetos políticos”) publicadas por La Tecl@ Eñe, son expresión de los diferentes matices en juego. De igual forma, la convocatoria que están realizando para el 4 de junio en Plaza Houssay diferentes intelectuales como también los intentos incipientes que vienen llevando adelante el intendente de Avellaneda Jorge Ferraresi, el ex jefe de gobierno porteño Aníbal Ibarra y el sindicalista y diputado Edgardo De Petris. 
La preocupación por la construcción de una fuerza alternativa -desde los años ’70- resulta una problemática que incluye a diferentes izquierdas al igual que a amplios sectores del peronismo.  Con el afianzamiento del kirchnerismo, parecía -para algunos- que esa ecuación estaba cerrada, pero eso no fue así. Por esta misma razón la propuesta de frente ciudadano hoy reactualiza infinidad de debates anteriores, no solamente para aquellos que se proponen construirlo, sino también para otros sectores del campo popular y la izquierda, que son receptivos a debatir y/o cuestionar el armado político de lo que ellos consideran (no de forma explícita) como parte de la competencia. Pero también para sectores de la izquierda popular que si bien tienen una mirada similar en cuanto a lo que ocurre en el continente, no coinciden en absoluto con las viejas prácticas de las burocracias políticas.

Si bien quien escribe no es peronista, coincide con los planteos realizados en los años ’70 por intelectuales como los de la revista Pasado y Presente, en cuanto a que en la Argentina la constitución de una alternativa política socialista, siempre estará condicionada por la existencia de una realidad “rebelde” que consiste en la adhesión de las grandes masas populares - principalmente los trabajadores-, al peronismo. Si bien la realidad argentina de 1973 era muy diferente a la de hoy, esa matriz se mantuvo por demasiado tiempo. Habría que precisar que parte de lo nuevo, tuvo que ver principalmente con la fuerte crisis de representatividad expresada por los sectores populares en 2001 bajo el eslogan “Qué se vayan todos”, que dio por tierra con la legitimidad de las diferentes burocracias políticas argentinas, incluidos el Partido Justicialista y la centenaria UCR. También habría que concluir que en el actual régimen político priman los aparatos, en tanto no es fácil que una fuerza ciudadana pueda participar del juego de la democracia en condiciones igualitarias a las de las viejas estructuras partidarias. Esta lógica se reproduce inclusive en internas partidarias. En ese plano los viejos partidos sobreviven a su muerte.

El consignismo abstracto

La preocupación señalada anteriormente de conformar una fuerza política alternativa no sólo chocó con la existencia del peronismo (tanto como movimiento y/o estructura) sino que además,  en incontables ocasiones, pecó de haber propuesto como consigna algo no realizable. En la tradición de izquierda existen formas diferentes en cuanto a la formulación de las consignas. Algunas tradiciones como la del trotskismo, creen que formulando ciertos postulados -aunque inalcanzables-, eso ayuda a las masas a generar conciencia. En general, esa clase de consignas más que dirigidas hacia su propia base, están direccionadas hacia las organizaciones a las que ellos les disputan la misma base. “Qué la CGT haga un paro general indeterminado hasta que caiga el gobierno”, “Qué las diferentes centrales sindicales se constituyan en un partido de trabajadores”.  En verdad, son expresión de lo que podría llamarse un partido docente. Lenin, en cambio, era rotundo: “Cada consigna debe derivar siempre del conjunto de peculiaridades que forman una determinada situación política” señalaba en A Propósito de las consignas (1917), o “La fraseología revolucionaria es la repetición de las consignas revolucionarias sin tener en cuenta las circunstancias objetivas que se dan en un cambio concreto de los acontecimientos, en un estado de cosas determinado. Consignas magníficas, atrayentes y embriagadoras, pero desprovistas de base: ésa es la esencia de la fraseología revolucionaria”, indicaba en 1918. Además, una consigna en un momento válida, en otro puede convertirse en desacertada.

No caben dudas de que los trabajadores debieran ser el eje central en la construcción de una nueva fuerza política, pero en la actualidad ello se encuentra condicionado tanto por las conducciones sindicales existentes, como por las débiles inserciones clasistas en puestos laborales, no pertenecientes a la esfera pública. También teniendo en cuenta que grandes sectores proletarios hoy ni siquiera se sienten parte de una clase, que a partir de los 90 comenzó a ser diezmada, aunque imposible de desaparecer. Proponer una fuerza implica caracterizar correctamente las relaciones de fuerza actuales, y tener en cuenta el grado real de acumulación política de los sectores populares.

De todas formas la propuesta realizada por la ex presidenta sobre el frente ciudadano, parecía más centrada en un movimiento amplio que sirva como muralla para que no se escapen los diferentes logros alcanzados en 12 años. Un movimiento que haga del Congreso una caja de resonancia de sus demandas, y que por ende las inscriba en la institucionalidad vigente.

Pretender que el frente ciudadano se convierta en una alternativa política que exceda al kirchnerismo, y por ende también al Partido Justicialista, hoy resulta algo lejano; por muchas de las razones explicitadas más arriba.

La construcción de una alternativa política liberadora, y que enfrente al macrismo, es sin lugar a dudas imprescindible y no se puede esperar a que se conforme nada más que en la resistencia. La experiencia precedente, principalmente la referida a la experimentada por los diferentes movimientos populares en la década del 90, y que tuvieran como punto álgido las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, indican que es necesaria la existencia de una alternativa ya presente en las luchas, que pueda encauzar todo ese flujo, sin caer en expresiones de “política negativa” (Gramsci) como el “Qué se vayan todos”, y que se pueda proponer una nueva sociedad más justa e igualitaria.

Berisso, 1 de junio de 2016


2016/06/03

A seis meses del balotaje

Si hoy se efectuara el balotaje presidencial, el actual mandatario Mauricio Macri habría perdido 17 puntos con respecto a los alcanzados en noviembre del año pasado. El candidato del FpV Daniel Scioli mantendría casi idéntico porcentaje, y lo que habría crecido ostensiblemente sería el voto en blanco. Estos supuestos guarismos nos llevan a la reflexión.

En la Encuesta nacional de opinión pública realizada por la consultora Dicen, el 30 y 31 de mayo, Macri obtendría el 34 %, Scioli el 48 % y los votos en blanco ascenderían a 18 %. Recordemos que en noviembre el actual presidente fue elegido por el 51,4 %, su contrincante tuvo el 48,6, mientras que los blancos alcanzaron el 1,19 %.

La encuesta realizada por Dicen además evaluó el índice de aprobación, las expectativas y la comparación con el gobierno anterior. En el último punto la anterior se lleva el 42 % contra el 35 % de la actual.

Aproximaciones

Si bien los resultados de la encuesta muestran un grado creciente de descontento y desconfianza, habría que señalar que ello no se inclina indefectiblemente hacia el otro lugar. No es lo mismo votar realmente en un balotaje, que seis meses después en una encuesta, sabiendo que la misma no define demasiado. El candidato Daniel Scioli tuvo en noviembre la adhesión de muchos sectores que no veían en él, la mejor expresión para enfrentar a la derecha macrista. Fue votado antes que nada como la única opción posible. Habría que convenir que no era el perfil más adecuado para enfrentar al retorno del neoliberalismo. Representaba una variante más de un menú que indicaba que dicho retorno parecía inexorable. En otros términos era el mal menor. Seguramente muchos de lo que lo votaron, hoy dirían que votarían en blanco; y muchos de los que no lo votaron, hoy sí lo harían. Eso depende del nivel de politización de los diferentes encuestados.

La encuesta muestra que existe hoy una franja considerable que no se siente contenida ni representada, por esas dos opciones; y que la desaprobación del gobierno actual, no conduce inevitablemente a plantear un “Volveremos”.

El gobierno saliente si bien llevó adelante una cantidad importante de políticas inclusivas y redistributivas, no pudo hacer que esa misma política tuviera asidero en todos los planos en los cuales se desarrolla la actividad social. Salvo raras excepciones en las diferentes provincias y municipios no hubo concordancia con el perfil progresista. Mientras que al anterior gobierno se lo podría catalogar de centro izquierda, esa misma caracterización no puede ser extensible por ejemplo, a la del anterior gobierno de la provincia de Buenos Aires.

De todas formas lo que se percibe es un nivel bastante pronunciado de despolitización. En ese terreno la derecha se reproduce como pez en el agua. 

2016/05/29

¿Realidad? La selva oscura de los medios



Cuando uno despierta de un sueño bien espeso en el que se yuxtaponen infinidad de escenas, lugares y personajes; lo único que se puede rescatar de todo ello, son ciertos axiomas que están presentes de manera casi repetitiva.

El abordaje de la realidad hoy, por parte de los diferentes medios, se parece demasiado a ese sueño espeso.

La lógica que lo rige tiene una intencionalidad inocultable. Para muchos eso es la realidad. 

2016/05/28

La oscura alianza

Kill the Messenger (2014) es una película estadounidense dirigida por Michael Cuesta. Está basada en la novela de Nick Schou del mismo nombre y en el libro Dark Alliance, de Gary Webb. El film se basa en hechos reales, más precisamente los avatares atravesados por el periodista Gary Webb promediando la década del 90, cuando emprendió una seria investigación acerca de los nexos del narcotráfico y la CIA. Webb siendo reportero de un medio de poca trascendencia pudo acceder a datos que confirmaban que la CIA había sido parte del negocio de drogas durante el gobierno de Reagan, para financiar a los Contras en su guerra contra el Sandinismo en Nicaragua. De tal forma en los primeros ochenta, los barrios negros de EEUU fueron inundados de crack mediante un narcotráfico destinado a abastecer de dinero y armas a la CIA. Con la ayuda de nicaragüenses que enviaban la droga hacia pistas clandestinas de aviación presentes en territorio norteamericano, se cerraba un circuito que permitía generar el dinero para la contrainsurgencia que el parlamento estadounidense se negaba a convalidar.

Webb descubre este dispositivo, casi 15 años después, cuando constata que narcotraficantes de aquel tiempo aún seguían en ese negocio, gozando del más descarado amparo de las autoridades judiciales y de seguridad. El periodista es amenazado para no publicar su investigación, pero igualmente lo hace destapando una olla con alimentos bien putrefactos. Lo que muestra la historia con toda nitidez es de qué forma la CIA involucra a los principales medios del país para descalificar al periodista, e intentar refutar todas las fuentes consignadas por él. La complicidad de los medios resulta muy elocuente. Webb tuvo que abandonar el trabajo periodístico, ya que no hubo ningún medio que lo aceptara, a pesar de haber sido premiado en dos oportunidades con el premio Pulitzer.  Inesperadamente en 2004 a Webb, se lo encontró muerto en su departamento con dos disparos en la cabeza. Las autoridades dijeron que se trató de un suicidio.

En sus investigaciones Gary Webb también pudo mostrar el accionar de Luis Posada Carriles, terrorista cubano refugiado desde hace muchos años en los EEUU. 

2016/05/27

El sindicalismo empresario se alinea con el oficialismo

Moyano confirmó que ninguna de las tres CGT acompañará el paro convocado por las dos CTA contra el veto del presidente Mauricio Macri a la ley antidespidos. En 2003 el presidente entrante Nétor Kirchner fue a la CTA a la primera central que recibió en la Rosada. Nunca le dio la personería gremial que hubiera hecho que el sindicalismo empresario de la CGT hubiera perdido rodaje. Hoy dividida en 3 apoyan al macrismo. También son responsables de los retrocesos históricos de la clase obrera. En los 90 permitieron que el Sultán de Anillaco rife las empresas públicas y se llegue a la increíble cifra del 24,8 % de desempleo. Sin la existencia de una única central obrera combativa, clasista y mayoritaria que agrupe a todos los trabajadores, independientemente de su relación contractual actual, no hay salida. En la segunda parte de los 90 fueron los movimientos sociales los que empujaron las salidas de Menem y De la Rua, pero sin los trabajadores no hay alternativa.

2016/05/23

La intromisión de la CIA vista en un film

The Bourne Identity (2002) es un típico film estadounidense de acción. La película dirigida por Doug Liman muestra en el terreno de la ficción algo que todo el mundo sabe, aunque ningún medio periodístico lo diga y mucho menos lo haga explícito para comprender muchos acontecimientos de la vida diaria en países que no son precisamente los EEUU. Tal vez llevado a un rol casi caricaturesco, el film muestra el accionar de la CIA  en diferentes lugares de Europa.
El agente Jason Bourne (Matt Damon) tenía la misión de matar a Nykwanna Wombosi, un ex presidente de Nigeria que había dicho que iba a revelar el accionar de la CIA en África. Ello se iba a producir en una embarcación que navegaba por el Mediterráneo. Lo cierto es que Bourne fracasa en tal intento, y es rescatado del mar por una embarcación italiana. El agente pierde la memoria de quién es, e incluso de la misión que iba a realizar.

La CIA al tanto de saber que Bourne se encontraba vivo en Francia, decide matarlo a él y a la mujer que lo había llevado desde Italia a Paris. De la manera que actúan los agentes yanquis, y las operaciones de inteligencia que realizan, muestra lo que sin dudas no es ficción. Supuestamente se cuidan de las fuerzas de seguridad francesas, pero también se notan los puntos de contacto. No es el único film en donde se muestra tan transparentemente el accionar de los servicios estadounidenses, pero sí de forma elocuente.

En febrero de 2011, el por entonces canciller Héctor Timerman incautó todo el cargamento de un avión C17 Globemaster III perteneciente a las fuerzas armadas estadounidenses, que había arribado a Ezeiza. Allí se encontraba "material sensible" no declarado que incluía armas, drogas e información confidencial.

El gobierno de los EEUU dijo por entonces que se trataba de elementos destinados al entrenamiento de las fuerzas de seguridad argentina. Antes y después de dicho momento, seguramente entraron muchos aviones similares. Lo que EEUU busca permanentemente en los diferentes países es controlar sus fuerzas militares y de seguridad.

Si los hechos fueran al revés, es decir que existiesen servicios secretos de otro país operando en EEUU o se intentase introducir un avión como el señalado, es seguro que serían tachados de terroristas. La intromisión es unilateral.

Algunas ideas sobre ¿Qué hacer?

Si algo se esperaba de los diferentes gobiernos progresistas de la región, no era por cierto la revolución socialista. Pecan de ingenuos algunos izquierdistas criticando eso,  a esos gobiernos. Lo que si podía esperarse era la posibilidad concreta de romper definitivamente con la dependencia capitalista. La división internacional del trabajo condenó a la región a ser nada más que un exportador calificado de materias primas diversas. Es justamente ese rol el causante del atraso estructural relativo. Las diversas expresiones  “nacional- popular” y progresistas, no sólo en el ciclo que concluye, sino también en ciclos anteriores aprovecharon las crisis del mundo desarrollado sin poder generar condiciones para el tiempo posterior. Hoy nos queda saber si los gobiernos de Bolivia y Ecuador son capaces de revertir esa tendencia a partir de la acumulación realizada en un tiempo favorable.

Plantear un programa alternativo a sabiendas de un ciclo concluido debe tener mucha inventiva, y no puede ser hecho por una persona o una organización, debe incluir diferentes actores sociales e incluso tener propuestas muy concretas para ganar a sectores difíciles como es la denominada “clase media”, que se fue convirtiendo en un actor decisivo por su rol de arbitraje.
Romper con el capitalismo dependiente en la Argentina como en el resto de Latinoamérica es casi lo mismo que plantear el cambio de la matriz productiva. Es un desafío muy grande porque ataca de frente al desarrollo desigual y combinado presente en el planeta.  Un posible gobierno de izquierda debiera atacar los privilegios de los sectores más comprometidos con la dependencia. Justamente el gobierno de Cambiemos lo que hizo fue favorecer a las mineras y exportadoras de materias primas agropecuarias, quitándoles las retenciones. Fuertes retenciones a esos sectores incluso ahogándolos debiera ser una política progresiva.

El surgimiento de un sector muy fuerte de la economía social y autogestiva, debiera ser acompañado fuertemente por el Estado, e incluso lograr que sea en algunos casos el relevo lógico de una burguesía lumpen y deficitaria. La recuperación de empresas por parte de los trabajadores en la Argentina es una muestra palmaria de ello.

Las derechas hicieron de la lucha contra la inseguridad y el narcotráfico, un estandarte para socavar la legitimidad de los gobiernos progresistas. Sabiendo cuáles son los mecanismos y los intereses presentes en esos flagelos, es impensable que la derecha pueda erradicar algo que es parte de sus mismos intereses. Todo lo concerniente a las economías sumergidas (trata, narco, armas, delito) son otras formas de acumulación de capital, complementarias de la acumulación legal. La corrupción generalizada en las fuerzas de seguridad son parte de un problema que no podría resolverse manteniendo fuerzas que organizativamente y culturalmente vienen de los tiempos oscuros de las dictaduras más sangrientas. Las guerras santas promovidas por los EEUU no hacen otra cosa que monopolizar lo que supuestamente combaten. Una verdadera lucha contra la delincuencia organizada no puede ser desarrollada más que por las izquierdas, incluyendo a las organizaciones sociales en el control territorial.  

Una profunda lucha cultural e ideológica contra el más exacerbado consumismo, debe ser otra pata principal. Promover un nuevo sentido común apoyado en filosofías del Buen Vivir, es algo que puede lograr alcanzar a las diferentes clases sociales. El medio ambiente, la alimentación saludable, la actividad física son incluso hoy ítems que convocan más a los sectores medios que al resto de la sociedad.

Otra vez ¿Qué hacer?

Hoy resulta bastante difícil hacer un planteamiento político suscrito a una alternativa de izquierda posible. Los diferentes gobiernos progresistas de la región se apoyaron principalmente en la redistribución de la riqueza generada por el boom de los commodities.

Que ese ciclo económico haya concluido no significa que debe dejarse que las derechas neoliberales desmantelen cualquier condición objetiva propicia para que los sectores populares avancen hacia una sociedad más justa. No resulta casual -por ejemplo en la Argentina- que el progresismo saliente hoy no sea una alternativa de resistencia.  Ello se debe a que fundamentó casi toda su política en esa palanca positiva que propiciaba un ciclo económico favorable. La industrialización de la ruralidad y de la minería, como paso para salir de una economía principalmente exportadora de materias primas para transformar la matriz productiva, no se produjo. Hoy ya resulta mucho más difícil esa tarea.

Hoy debiera plantearse en las izquierdas y el progresismo, un ¿Qué hacer? Que exceda la resistencia, y que le brinde a las masas populares una alternativa cercana y viable, que no ilusione con paraísos utópicos. Sin dudas no se trata de plantear que la alternativa es la revolución socialista y la dictadura proletaria. No porque se reniegue de ello, sino porque en la realidad actual no existen indicios objetivos que permitan plantear eso seriamente. No tememos ser tachados de reformistas, ya que el reformismo es condenable cuando se ofrece como alternativa, estando la revolución a la orden del día. Las diferentes organizaciones de izquierda que hacen de la revolución socialista un absoluto, no muestran en la práctica nada más que una labor sindical de resistencia, acompañada del fortalecimiento de aparatos burocráticos, que en no pocas excepciones son lugares de privilegio. En eso no se diferencian demasiado de los diferentes partidos que ellos tildan de burgueses. A las masas obreras y populares a las que se pretende representar también hay que brindarles alternativas cercanas, no solamente futuristas. Una estrategia que se priva de tácticas inmediatas es una desviación conocida como estrategismo. 

2016/05/19

Tensando la cuerda

Toda sociedad necesita ciertos equilibrios para reproducirse y mantener la distribución de los roles preestablecidos. Cuando ese equilibrio tiende a romperse es cuando la crisis ya está en la gatera. En la Argentina los diferentes sectores populares tienen ciertos hábitos y necesidades adquiridas que no son fáciles quitárselos, mucho más de un plumazo. Louis Althusser en Ideología y Aparatos ideológicos de Estado señalaba que la reproducción de la fuerza de trabajo no solamente está condicionada por el establecimiento de un salario mínimo garantizado “biológico” sino también por las necesidades de un mínimo histórico. Marx citado por Althusser señalaba que: “los obreros ingleses necesitan cerveza y los proletarios franceses, vino”. En toda formación social concreta las diferentes fracciones de clase tienen un cierto kit de necesidades adquiridas que cuando no les es posible satisfacer, se genera el descontento. La demanda capitalista de consumo en tal sentido se vuelve un boomerang. A menos que se suponga que en la sociedad actual ya no se necesita de la fuerza de trabajo, lo dicho anteriormente tiene plena vigencia. Tampoco pueden eludirse el conjunto de sectores sociales que se encuentran en estado de marginación ya sea por el desempleo o el trabajo informal, ya que esos sectores siguen perteneciendo a la sociedad, y cuando no pueden saciar esas necesidades establecidas está comprobado históricamente que reaccionan. Tanto los conocidos saqueos, como el crecimiento de la delincuencia responden a ese fenómeno, ya que la insatisfacción no solamente es canalizada por la protesta social. La existencia de dichos fenómenos sociales, va generando además, insatisfacción en otros sectores de la sociedad que se sienten agredidos por esos flagelos. El reclamo por la inseguridad por ejemplo.

Se puede tensar la cuerda, de hecho el gobierno de Cambiemos lo está haciendo, pero lo que no se puede obviar es la reacción. Todo ajuste siempre fue acompañado de represión, pero para eso los diferentes sectores de la sociedad deben aprobarlo, y nunca fue así si sus necesidades primordiales no son satisfechas. La intención de mostrar un país devastado casi comparable a un territorio que se recupera de una gran crisis o una guerra, sólo le sirve a los más furiosos adeptos del macrismo para justificar el rumbo actual.  

2016/05/16

¿Fin de un ciclo?

Promediando la segunda década del Siglo XXI, es posible avizorar que la tendencia que se vino desarrollando los últimos 15 años en la región suramericana, comienza  a declinar. Hubiera sido mucho más satisfactorio intentar explicar esa coyuntura específica, un quinquenio antes, cuando aún cierta esperanza existía en que ciertas inercias que se produjeron durante algunos ciclos anteriores del siglo pasado y con similares características, pudieran revertirse. Contextos de crisis y recomposición del mundo Occidental marcaron las oportunidades y los derroteros de las naciones de la región. La cuestión a abordar es si existen hoy algunos rasgos de excepcionalidad con respecto a fases anteriores, mucho más teniendo en cuenta que es en comparación de todos los procesos anteriores el de mayor duración en el tiempo, y tal vez el que mayor expectativas generó entre los analistas más escépticos.
Latinoamérica, en general y Suramérica en particular presentan datos de importancia en relación a cierta estructura económico social predominante, y que en términos generales podemos denominar como capitalismo dependiente. En un análisis que debiera ser lo más exhaustivo posible, pero que aquí será el mínimo indispensable habría que precisar que hay puntos nodales que caracterizan a la región.
Exportador de materias primas, cuestión agraria irresuelta, escaso desarrollo industrial y pobre generador de conocimientos científicos y técnicos. Es uno de los lugares claves del planeta para la exportación de commodities hacia el resto del mundo, así fue condenado por la división internacional del trabajo. Suramérica es el mayor reservorio natural del planeta, con la más variada biodiversidad.
La burguesía latinoamericana, nunca se caracterizó por tener una posición progresiva o desarrollista. Formada principalmente como entidad comercial, es la intermediaria entre los grandes productores de commodities y los compradores y vendedores internacionales.
Para tener certezas sobre lo que sucede a nivel de la sociedad suramericana, debiera estudiarse minuciosamente el desarrollo de sus formaciones económico- sociales desde la conquista hasta la actualidad. La conformación de los diferentes rasgos estructurales objetivos, debiera estar realizada  con la precisión y las certidumbres que ofrecen “las ciencias exactas o físicas”.
Realizar el estudio mencionado, no es nuestra tarea, al menos por hoy, ya que excede considerablemente las posibilidades concretas de poder hacerlo. Tampoco se intentará hacer un trabajo de tinte académico, nada más lejano a nuestros intereses. Si bien somos partidarios de establecer la mayor rigurosidad teórico- conceptual e intentar que esto pueda estar sujeto a comprobaciones de tipo científico, lo que bien vale señalar es que se trata en primer lugar de un trabajo que debe –al menos es su primera intención- servir de marco de reflexión y comprensión de las prácticas que llevan adelante los diferentes movimientos sociales y organizaciones políticas que se pronuncian por las transformaciones sociales: buena parte de lo que se escribirá es el resultado de esas experiencias; tanto del activismo social, sindical, y campesino; como también de las gestiones denominadas progresistas y de las militancias políticas de base. Las hipótesis que se esbozarán en este trabajo, no son ni neutrales ni inocentes, obedecen a cierto posicionamiento tanto político como teórico. Una posición comprometida, y que por otro lado se inscribe (o intenta hacerlo) dentro de los parámetros conceptuales del materialismo histórico, entendido por quien escribe como una herramienta con alto grado de cientificidad acerca de los procesos de transformación social que se producen en una formación dada. Hablar de intentos se justifica en la posibilidad concreta de producir desviaciones propias a dicho campo teórico- práctico, como podrían ser el dogmatismo, el economismo, etc.
En la actual situación del capitalismo global, lo que tal vez haya desaparecido como alternativa para los trabajadores y los sectores populares, es la posibilidad de ruptura total del andamiaje estructural del sistema, para que dé comienzo desde ahí la construcción de una nueva sociedad. Sin dudas, ello es un logro bastante considerable de la estrategia defensiva de las fracciones sociales que para sobrevivir necesitan de la reproducción de la plusvalía. Decimos fracciones en lugar de burguesía, porque es probable que catalogándola como un todo homogéneo nos privemos de entender las principales cualidades de ella. Que se haya roto el paradigma de las rupturas, no implica que no se pueda hacer nada por el bienestar de las mayorías. Lo que hay que saber es que lo que sí será posible, necesariamente estará enmarcado en esas coordenadas. Esto tiene singular importancia en la actual realidad latinoamericana.
Hoy asistimos a múltiples tensiones, que en última instancia están determinadas por la contradicción capital- trabajo, pero que por cierta lógica divergente siempre se tensan en planos disociados. Los principales enfrentamientos a nivel planetario se producen entre fracciones que necesitan de la apropiación privada de la producción social. Es así como el tránsito desde la unipolaridad a la multipolaridad no representa más que la agudización de las diferentes contradicciones intercapitalistas. Cambios en las relaciones de fuerzas, formación de nuevos bloques tácticos, búsqueda de ocupación de zonas estratégicas, incremento de la competencia, búsqueda de nuevos liderazgos, irrupción de nuevos actores globales, etc. Esto se produce en simultáneo, con el desarrollo de economías negras o sumergidas (narcotráfico, trata, paraísos fiscales, etc.) que en lo aparente tienen existencia separada, pero que se complementan o son parte de un mismo todo, en el cual la acumulación capitalista se vuelve compleja. En ese escenario global cobran vigencia las guerras en lugares estratégicos (Oriente próximo, el Cáucaso), la demonización de ciertas naciones, y el desarrollo de guerras santas como las que se hacen contra el terrorismo y el narcotráfico.
Con lo antedicho se verá que lo que se intenta sostener como posibilidad de transformación social en lo acontecido desde inicios del siglo, no es la revolución como fuera planteada a partir de octubre del 17, sino algo diferente, que tal vez nunca haya sido conceptualizado de forma que permita desligar viejas controversias de la izquierda, entre posiciones revolucionarias o reformistas. Por lo demás la década del 90 implicó un serio retroceso en cuanto a poder vislumbrar de forma concreta un cambio revolucionario tal como se conocía anteriormente. Mucho se hizo hincapié en que la gran derrota fue antes que nada ideológica, que se dieron por tierra con todos los relatos emancipatorios, y que había triunfado el pensamiento único. No caben dudas de que eso sucedió, que se generó un nuevo sentido común que privilegiaba el individualismo y que se impusieran frases paradigmáticas como “Sálvese quien pueda” y “Hace la tuya”. Para establecer una línea de demarcación vamos a señalar que no hay derrota ideológica si no se produce de forma simultánea una derrota política y social, que carcoma objetivamente las bases concretas de la posibilidad del cambio social. Eso tal vez sea lo menos estudiado del ciclo del ajuste. Sí se hizo bastante hincapié en la cuestión referida al rol del Estado, a la Deuda Externa, a los procesos privatizadores y a la desregulación de los mercados; pero cuando hacemos referencia a la base objetiva carcomida, pensamos principalmente en las condiciones objetivas necesarias para una ruptura revolucionaria. Mucho se ha hablado, principalmente en esos tiempos de resistencia a los ajustes, de la caída de la clase obrera como sujeto de las transformaciones. Y vale señalar que ello en primer lugar fue un debate entre los sectores activistas de entonces. Muchos comenzaron a pregonar la sustitución por los movimientos sociales, otros teorizaron un sujeto Pueblo, y bien vale decir que con las crisis de fin de siglo y comienzo de éste, por ejemplo en Ecuador, Bolivia y Argentina, ese debate continuó. El ajuste produjo grandes índices de desempleo, y la caída del rol del Estado generó nuevas teorías que daban por tierra con la lucha de clases. Entonces se podía escuchar hablar de excluidos.
También existieron grupos marxistas que a comienzos del siglo, llegaron a sostener que un posible cambio en el modo de acumulación capitalista podía reestructurar objetivamente a la clase obrera. Son largos debates, a los que nos referiremos a lo largo de este trabajo, pero principalmente en relación a las experiencias que fueron desarrollándose. Lo que se intenta señalar es que ante la irrupción de los gobiernos denominados progresistas en la región, no era que contábamos con un gran entusiasmo, sino más bien los veíamos con gran escepticismo, e incluso nunca se desechaba una tibia sospecha de ser opciones para apagar el fuego. Lo que sí fue generando un gran entusiasmo, aunque no inmediato, fue la posibilidad concreta de que estos gobiernos y la integración continental pudieran lograr lo que hasta ese momento era una deuda pendiente de dos siglos. Romper la dependencia y el atraso relativo, no significaban la revolución socialista obviamente, pero en un contexto de crisis internacional, y ante demandas históricas de las sociedades suramericanas, no eran para nada objetivos para ser desdeñados y tildarlos como trampas del sistema para engatusar a los pueblos. En un contexto general de debilitamiento estructural de la clase obrera, el surgimiento de líderes y movimientos populares que reflotaban viejas banderas antiimperialistas representaba un dato sobresaliente. También invitaba a revisar experiencias anteriores, intentando saber en qué habían fallado, y qué se podía hacer para no caer en derrotas similares. Todas las experiencias no eran iguales, pero que se dé un consenso generalizado en avanzar hacia la unidad regional, violentando la voluntad imperial, expresada por rancios derechistas locales, era el paso más importante, más allá de las particularidades nacionales.
Otra razón por la que los nuevos gobiernos progresistas tardaron en ser comprendidos cabalmente fue que las alternativas de izquierda o centroizquierda que habían llegado a ser gobierno, hasta entonces no habían hecho más que reproducir las viejas prácticas de los partidos tradicionales, y el enrolamiento con posiciones socialdemócratas, cuando no alineadas directamente a la internacional socialista, les quitaban algún tipo de entusiasmo a todos aquellos que o eran partidarios de una izquierda clásica, o que los que se volcaron a desarrollar construcciones sociales de base, al margen de estructuras partidarias. Los 90 mostraron que las variables socialdemócratas no eran muy diferentes de las derechas más rancias en cuanto a llevar adelante a rajatabla el ideario neoliberal. En ese contexto la irrupción de una figura como Hugo Chávez fue por algún tiempo bastante incomprendida tanto  por la izquierda más dura, como inclusive por variantes progresistas que por ese entonces aún eran oposición. 
El nuevo escenario comenzaba a perfilarse promediando la primera década del siglo, cuando en la Cumbre de Mar del Plata se le dijo No al Alca.  La llegada al gobierno de Evo Morales en Bolivia, y un año después de Rafael Correa le daban nuevos aires al continente, y eso inclinaba un poco más a la izquierda a gobiernos más de centro. La conformación de la Unasur implicó un paso decisivo en el nuevo mapa regional y global.
Lo que sí hay que tener en claro, con respecto a la llegada de los diferentes gobiernos progresistas, es que en mucho de los casos no fueron entendidos por la ortodoxia marxista. Casi todas las variantes del trotskismo no dejaron nunca de catalogar a estos gobiernos, como coartadas del sistema para impedir el avance de las luchas obreras y populares. Si bien se impuso la denominación Socialismo del Siglo XXI e incluso Socialismo del Buen Vivir, habría que precisar que estos gobiernos lo que intentaron (o intentan), es desarrollar -más que una sociedad proletaria- un capitalismo que rompa con la dependencia, el atraso relativo y las grandes desigualdades.
Desarrollar ciencia y tecnología, realizar obras de infraestructura y principalmente liquidar una estructura agraria enajenante, para dar paso a un desarrollo industrial sostenido, más que parecerse a una revolución socialista es realizar una deuda pendiente que las naciones americanas tienen hace dos siglos. Esto no invalida que en algunos países se desarrolle considerablemente el movimiento de masas, en cuanto a participación y poder de decisiones, que puedan producir en el mediano plazo un pasaje hacia sociedades mucho más horizontales, y en donde fuera posible desarrollar nuevas relaciones de producción. Un planteo de esta índole no encuadra en ninguna ortodoxia, sin dudas; pero formularlo implica no descuidar ningún flanco teórico, ya que no es posible avanzar demasiado con líneas de acción enmarcadas en conceptualizaciones precarias. No comprender qué es lo que está en juego, impide la perspectiva y genera condiciones para la restauración conservadora. Eso es lo que se está viendo en estos momentos en algunas naciones de la región, en donde las fuerzas progresistas comienzan a flaquear en cuanto a la consideración popular. Lo que hay que entender es que cuando se pone en marcha un proceso de cambio, ya no se puede retroceder, hay que llevarlo hasta las últimas consecuencias. La experiencia histórica demuestra que cuando ello no se hace de esa forma, los retrocesos son muy dolorosos para los sectores populares.  
De todas formas es importante señalar que en el transcurrir de las coyunturas propias a las formaciones económico- sociales, no es posible suponer como se hizo desde cierto dogmatismo conceptual, una linealidad histórica que conduciría inevitablemente a una sociedad mejor. La observación de los trayectos recorridos no admiten ese optimismo, más bien resaltan la necesidad de ser lo más rigurosos posibles con el análisis, y no caer en visiones de la realidad que no son más que proyecciones de ideas cargadas de religiosidad.
Immanuel Wallerstein en una entrevista que le hiciera en 2009 el periódico español Diagonal, afirma que para leer correctamente la coyuntura histórica es necesario ver en ella los elementos de continuidad y de ruptura, lo normal y lo excepcional. Según el intelectual norteamericano, en ese año lo normal era el colapso del modelo especulativo, coincidente con una Fase B de los ciclos de Kondratiev, que son los que describen las dinámicas de largo plazo de la acumulación capitalista, mientras que lo excepcional es la transición que desde los ’80 se viene produciendo entre el sistema- mundo capitalista hacia otro tipo de formación histórico- social. La crisis coyuntural se enlazaba así a una crisis estructural, que en los próximos 30 años desembocaría en una salida del actual sistema- mundo. La recesión desatada con la crisis inmobiliaria, a diferencia de crisis anteriores hace colapsar el sistema- mundo vigente, señalaba por ese entonces Wallerstein. Lo que no sería posible definir con ninguna certeza es qué clase de sociedad es la que se vendrá en un lapso de tres décadas. Según IW ella será el resultado de la confrontación entre dos modelos diferentes, con un final abierto, político, que a trazos muy gruesos identifica como el resultado del enfrentamiento entre “el espíritu de Davos” y “el espíritu de Porto Alegre”.
IW resalta la necesidad de aprovechar esa transición para construir tanto un nuevo  modelo productivo como civilizatorio, ya que se corre el riesgo global de llegar a un mundo ecológicamente destruido e insostenible en el cual se encuentre en peligro la supervivencia humana.
En referencia a esas afirmaciones es bueno señalar que el interrogante surge en cuanto a cómo será el cambio de sistema- mundo, y si en las coordenadas actuales del capitalismo es posible ver algunos gérmenes de la nueva formación histórico- social. Marx señalaba que cuando aún era predominante el modo de producción feudal, ya habían surgido los cimientos de la sociedad capitalista. La burguesía hizo un recorrido previo a la conquista del poder y la imposición de una nueva formación social. El capital se fue desarrollando paulatinamente en la vieja sociedad.
En la teoría y la práctica del salto revolucionario, desarrollado en primer lugar por Lenin, ya no se trataba de la prosecución de una tendencia que se había desarrollado en la vieja sociedad, sino de un cambio en la propiedad de los medios de producción para desde ahí iniciar un tránsito ininterrumpido hacia la sociedad sin clases. Sí se trataba en todo caso del desarrollo de un sujeto social (el proletariado) que se había desarrollado en la vieja sociedad, aunque en las diversas experiencias revolucionarias lo que se pudo constatar era que se habían constituido diferentes bloques político- sociales, conformados por alianzas de clases populares, en las cuales el proletariado tuvo la hegemonía, pero que nunca fue, la única clase en juego.
Hoy pensar una alternativa teniendo como referencia la dicotomía planteada por Wallerstein, implica caracterizar los elementos tanto revolucionarios como reaccionarios de ruptura con el actual sistema mundo, que sin dudas ya existen y son esas clases sociales y fracciones de clase que tensan las diferentes contradicciones de la actual sociedad; y a partir de ello prever que posibilidad tienen de convertirse en actores protagónicos de las luchas que se vienen.
Si bien podría considerarse a la primera década de este siglo como una coyuntura de avance social en Latinoamérica, hay que precisar que la misma de da en un contexto de retroceso general a nivel planetario, en donde se imponen movimientos de resistencia global. Una hipótesis que no sería descabellada, es la de sostener que el avance mismo que se dio en el continente no sea más que un modo de resistencia avanzada, inclusive en países en los cuales esa resistencia alcanzó incluso a gobernar. En un escenario cada vez más globalizado, sin la construcción de sólidas coaliciones multilaterales, es imposible transformar mínimamente algo del contexto nacional. Por esta razón resulta importante el avance de organismos como Unasur, Celac, Alba, Mercosur, etc.
Experiencias avanzadas como las de Bolivia y Ecuador, tendrán nuevos desafíos en los años venideros, debido a un cierto retroceso en las experiencias progresistas en los países más grandes de la región. Es verdad también que los movimientos sociales y políticos de esos países, tendrán que rediseñar las formas de resistencia si se pretende que todo lo acontecido desde los albores del siglo se pierda. Una tarea enorme es no permitir un retroceso objetivo, que lleve a cero todas las condiciones logradas en ese tiempo, que permitían líneas de profundización. Por esta razón resulta necesario rastrear los principales rasgos coyunturales de avance, y de igual forma esos rasgos estructurales, que no pudieron ser abordados y quedaran como flancos endebles. Ya que será justamente en ellos donde las nuevas derechas intentarán concentrar sus esfuerzos para impedir que pueda haber un cambio sustancial en la estructura dominante establecida desde los tiempos de la colonia. Porque esa estructuración social nunca fue abolida, tuvo variaciones y cambios de comandos, en coyunturas especiales. Cuba resulta una excepción a esa regla, y se espera que tanto Bolivia como Ecuador puedan mantener el rumbo actual, aunque como se señalara anteriormente tampoco tiene un buen pronóstico el hecho de intentar profundizar fronteras adentro si se produjera un aislamiento. Tal vez sea una tarea de los movimientos sociales y políticos liberadores del continente apoyar fuertemente y rodear de solidaridad a esas experiencias de gobiernos de avanzada.
Es importante señalar que la experiencia latinoamericana reciente se produce en un momento de desarme teórico de la izquierda marxista a nivel planetario, y que por esta misma razón no es que haya habido teorizaciones previas al respecto, que permitieran que las experiencias llevaran adelante un programa ya preestablecido. Por esa misma razón es que cada experimento, se desarrolló en forma singular, partiendo de sus propias particularidades, aunque existieran sí tanto cuadros como intelectuales con óptima formación tanto teórica como práctica. Esto posibilitó la sistematización rigurosa de algunas experiencias, como es el caso de lo realizado por Álvaro García Linera en Bolivia. Es verdad que existieron previamente foros internacionales como el Foro Social Mundial o en el caso regional, el Foro de Sao Paulo en los cuales se fueron desarrollando algunas líneas conceptuales acerca de las experiencias progresistas, aunque se podría afirmar que la irrupción de los gobiernos de ese signo, marcaron una cierta ruptura con ello. Fue importante el aporte del Foro de Sao Paulo, en cuanto a las luchas de oposición de los partidos de izquierda en los 90, e incluso en cuanto a algunas experiencias de gestión municipal, llevadas adelante principalmente en Brasil por el PT y en Uruguay por el Frente Amplio.
De la última década del siglo pasado lo que si se debiera tener en cuenta, no tanto por las prácticas de gobierno, sino por cómo reconfiguró el modelo de organización social de base, fue la experiencia de los neozapatistas en el estado mexicano de Chiapas.  Fue un modelo que a partir del ’94 tuvo un gran impacto en las organizaciones sociales de base e incluso en las organizaciones políticas de la izquierda. Era el tiempo en que las ideas de izquierda estaban cuestionadas a nivel global, por lo que la experiencia zapatista alcanzó un gran relieve, en tanto que además de cuestionar al pensamiento único neoliberal, servía como borde de cuestionamiento autocrítico de la izquierda misma.  En estos movimientos surgidos en la base misma de la sociedad, se fue generando la principal resistencia a la década del ajuste neoliberal, y fueron esas mismas organizaciones en mucho de los casos, las principales bases de apoyo para la construcción de nuevas fuerzas políticas alternativas, como también de la renovación de otras. 
El surgimiento en Latinoamérica de gobiernos denominados progresistas, indudablemente tuvo que ver con un ciclo económico crítico para las principales economías mundiales. Un ciclo que pareciera estar llegando a su fin. Sin dudas un período más extenso que otros como fueran los comprendidos durante las dos guerras mundiales. Pero si existe hoy alguna diferencia sustantiva, habría que precisar que el capitalismo occidental no resolvió esa crisis, sino que lo que también entró en crisis, es el capitalismo emergente (representado principalmente por los BRICS) que tuviera un singular desarrollo a partir de la crisis del primero. La caída global del precio de los commodities afecta a todas esas economías que sostenidas en la exportación de las mismas pusieron el centro en darles otra utilidad a los excedentes. El actual viraje político que se viene produciendo en la región, si bien tiene como base el fracaso del modelo redistributivo y la impotencia por cambiar la matriz productiva, el mismo  tiene más que ver con una recomposición de la autoridad del Imperio, que con una salida efectiva a las cuestiones económicas planteadas.


2016/05/02

Paradojas

“Al ciruja me lo llevo preso. No podés alterar el orden en algo que es
 un delito, porque es tan delito robar la basura como robarle a un señor en la esquina” 

El relato macrista dice más o menos lo siguiente: Te cortamos las piernas porque te crecieron mal, pero no te preocupes que te van a crecer mejor, tené paciencia. Confiá

2016/04/18

El límite de lo posible

Dilma
En el juego de la democracia (burguesa, ya que no hay otra) los límites del cambio social siguen estando atrincherados en el monopolio de la fuerza. Ningún gobierno progresista puede ir más allá de esos límites, si no carcome con la fuerza del pueblo organizada, la fuerza que le oponen a los cambios. Hoy no existe otro escenario posible, pero el gran error es suponer que en el existente se puede transformar de raíz la sociedad. Haber cambiado las constituciones –para los gobiernos bolivarianos- fue un paso importante. Mientras tanto las derechas avanzan sobre las mismas reglas de juego que fueran construidas por las clases sociales a las cuales representan.

2016/03/29

Y Dios creó a la mujer

En 1957 Bosley Crowther escribía una reseña sobre el film …And God Created Woman (1956) para el NYT, en donde exaltaba la figura de Brigitte Bardot, su principal protagonista, una joven actriz francesa que comenzaba una excepcional carrera artística. Crowther escribía por entonces en referencia a Bardot: “She is undeniably a creation of superlative craftsmanship”. “BB” encarnaba a la perfección al emergente sex symbol, una invención reciente de la humanidad. 
La reivindicación femenina de género resulta imposible, si no es a contramano de ese proceso de producción de la mujer como objeto. En la película señalada, del cineasta Roger Vadim, la bella mujer siempre estaba expuesta, incluso a ser golpeada El psicoanálisis logró circunscribir muy bien cómo, la fascinación estética es capaz de entorpecer la razón. Es imposible que esto último no sea una tensión insalvable.

2016/03/24

No creo que haya que luchar si no es para vencer.


El 24 de Marzo de 1976, me sorprendió en Mar del Plata. Fue mi último período de vacaciones bien extenso. 1 mes en la feliz. Tenía 22 años y hacía menos de uno que había salido de la colimba. Probablemente, la situación me había despolitizado. El maoísmo me había dejado de a pie e intenté canalizar mis rebeldías espontáneas y mi poca adaptación al sistema a otras cosas. El fútbol y la ciencia ficción me llegaban para ello. Más tarde el psicoanálisis de Lacan. El mismo que posteriormente me devolvería el compromiso con la lucha de clases. Desde los 12 años dejé la religión, hace bastante. No creo que haya que luchar si no es para vencer.

2016/03/22

Van Helsing y la lucha ideológica


Cuando se ve o lee Dracula atentamente, es posible percibir que en verdad no se trata de una lucha entre un vampiro que resucita por las noches y los humanos; sino principalmente entre dos creencias, dos concepciones del mundo. Van Helsing (como buen científico) sabe que no puede apartarse de ninguna de las dos, que debe meterse de lleno en las dos; porque si no es imposible actuar y mucho menos vencer. La denominada lucha ideológica tiene la misma matriz.

2016/03/16

De la indiferencia al analfabeto político

A lo largo de los años kirchneristas, se dijo incontables veces que, se había recuperado la política, agregando que, “como herramienta de transformación”. Esto suponía que una masa crítica -en la que se incluía a una importante franja juvenil- volvía a tener confianza en una vieja práctica que había sido rechazada categóricamente por gran parte de la ciudadanía. De todas formas; el rechazo, la crisis de representatividad no son equivalentes a la indiferencia. En los primeros hay una gran cuota de politización, en todo caso de “política negativa” al decir de Gramsci; mientras que en la indiferencia hay un rasgo diferente. Algo bastante rebelde para  la comprensión, de todos aquellos que hacen de la política un centro de actividad ineludible. Al resto no le incumbe. Los que no creen en la magia, nunca se preguntan el porqué de su incredulidad. En cambio para los primeros las respuestas casi siempre rozan el facilismo, o intentan creer que se trata de algo temporal. Ya volverán a creer en la política, dicen, como si se tratara de algo ineludible.  

La afirmación de que la política había vuelto como herramienta de transformación, tiene diferentes andariveles. Rescataremos uno que es el que supone que la ciudadanía volvió a interesarse por la cosa pública y el tomar partido. En la ideología que predomina en el Pro, por lo contrario se impone la idea de que el destino pasa por el esfuerzo personal y la iniciativa individual o privada. Si la cosa pública importa es por la razón de que ésta no debe entorpecer la libertad de lo privado. Eso también es tomar partido. Sin embargo la toma de posición no está ligada a transformarse en orgánica. Tanto el kirchnerismo como el Pro formaron masas ideológicas, que en su mayoría no se expresan partidariamente.

Comparto la idea de Bertolt Brecht de considerar al analfabeto político. "No sabe que el costo de la vida depende de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece diciendo que odia la política". Aunque pienso que hoy son justamente las organizaciones políticas las que crean a ese analfabeto, tanto impidiendo su acceso a ellas, como educándolo por dentro para la salvación individual.

Let it be Buitre

Si la lectura que se hace -del debate en Diputados sobre el pago a los Buitre- resultara simplona, lo que primero aparece en escena, es que el gobierno de Mauricio Macri intenta revertir un default que data de 15 años, para generar confianza en los inversores, y sacar el país de un pozo; y por otro lado una oposición que intenta poner palos en la rueda, para esmerilar la gobernabilidad. Esto es lo que los medios hegemónicos intentan instalar como contradicción. Si con el anterior gobierno se trataba de “Patria o Buitres” ahora la ecuación pasaría, por la imperiosa necesidad de pagar para impedir la crisis. Esta lectura parece confeccionada más para la tribuna que para el abordaje concreto de lo que realmente sucede en la economía y su repercusión en el tablero internacional.

El kirchnerismo no es que se oponga al desendeudamiento, pues ya lo puso en práctica en 2005 y 2015, abonándoles al FMI y al Club de Paris; lo que cuestiona es la eficacia del pago que se intenta realizar pero fundamentalmente el trato con una parte de los capitales especulativos, a los cuales se les abonará en una situación completamente desfavorable y que es muy probable que tras el pago vuelvan por más ya que “Este proyecto, para pagar esta enormidad y con estos riesgos, no pone ningún límite a la emisión (de deuda)”dijo Axel Kiciloff

La posición esbozada es diferente a la del Frente de Izquierda que propone no pagar, sean cuales sean  las condiciones para ello. Tal vez no está mal, pero planteado de esa manera se vuelve completamente testimonial o abstracto. La propuesta del diputado Néstor Pitrola de constituir una comisión que investigue la deuda ilegítima integrada por los trabajadores no resultaría descabellada si no estuviera planteada dentro de relaciones de fuerza completamente imaginarias. La política histórica de grandes segmentos de la izquierda, de plantear tácticas aisladas del proceso real que hacen las masas, siempre conducen al aislamiento, y son justificadas con posiciones doctrinarias propias del más recalcitrante sectarismo. Hasta ahora en el único país en el que no se pagó la deuda y se puso en marcha un juicio a la ilegitimidad de ella, es en Ecuador a partir de la revolución ciudadana que conduce el presidente Rafael Correa.

Es importante señalar las palabras de la diputada del FpV Juliana Di Tullio quien puso sobre la mesa un dato que no es menor: “Estamos frente a un papelón internacional porque nuestro país propuso los 9 principios frente a los buitres y seríamos el primero en omitirlos. Espero que no se vote a favor" dijo Di Tullio. Vale señalar que el gobierno anterior llevó a todos los foros internacionales la cuestión de los Buitre, y no por una razón estrictamente nacional sino porque si la Argentina queda entrampada en esos pagos, sienta un crucial precedente para cualquier Estado del mundo que intente reestructurar su deuda, con lo cual siempre se quedaría bajo la tutela y subordinación del capital financiero internacional.

Según informaba Télam el pasado 10 de septiembre, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó los nueve principios impulsados por Argentina, y consensuados por el Grupo de los 77 + China, para la restructuración de la deuda de los países, entre los que se destaca que si una renegociación de deuda es aprobada por “una mayoría cualificada”, esta debe ser acatada por el resto de los tenedores de títulos.
Además, los Estados deberán hacer una reestructuración “como último recurso”, tendrán “la obligación de abstenerse de discriminar arbitrariamente a los acreedores”, y deberán incluir “cláusulas de acción colectiva” que destaquen la preeminencia de las mayorías “en sus emisiones de deuda”.

Argentina fue la que logró que la ONU se pronunciara por estos principios, y hoy es quien viene a romperlos para cerrar filas con las únicas 6 naciones del planeta que se habían opuesto a ello: Estados Unidos, Reino Unido, Japón, Alemania, Israel y Canadá. La votación en la ONU a su vez había contado con el apoyo de 135 votos a favor, los mencionados 6 en contra y 40 abstenciones.

2016/03/06

Reflexiones mínimas

Según los medios hegemónicos cualquier reclamo proveniente de los sectores populares, debe necesariamente estar emparentado al kirchnerismo, debido a que como "buscan impunidad" presionan con reclamos justos, pero no realizados por sus verdaderos perjudicados. Por eso mismo aunque sean justos, deben ser desechados.

Lo que lograron los gobiernos progresistas en la región es que la gente de izquierda, no se sintiera tan marginal. No necesariamente se tenía que estar de acuerdo con esos gobiernos, pero la típica marginalidad (expresada muchas veces en desprecio) se eclipsó. Es probable que muchos jóvenes hoy, no entiendan esto, porque dejaron de ser niños a lo largo de los últimos 15 años.

2016/02/29

Las proporciones del peronismo. Una breve aproximación

En la realidad política no es lo homogéneo lo que perdura. Es justamente lo contradictorio, lo heterogéneo lo que sí tiene vitalidad. De otra forma no podría entenderse la supervivencia del peronismo. En él sobreviven diferentes tendencias históricas, todas amoldadas a un estricto y gramsciano “teorema de las proporciones definidas”.  La derecha y la izquierda, los avanzados y los retardatarios, los traidores y los arribistas, el borracho y el perro; siempre en una proporción definida en cuanto a cuánta dirección y cuánta base, siempre verticalizada. Las bases en el peronismo casi siempre esperan las órdenes, a menos que quienes deban darlas, se encuentren fuera del radio de actividad. La resistencia peronista con el líder en el exilio, no esperaba, se autogestionaba. Uno esperaría igual conducta de los autoconvocados K, qué no caigan en obedecer o encolumnarse con dirigentes dudosos.

Muchas de las diferentes posiciones encontradas, casi siempre tienen su referencia en el mismísimo Perón, y de ahí cómo el líder aunaba lo diferente.  Desde su surgimiento en la escena política Juan Domingo Perón se enfrentó a diferentes coyunturas, con determinados aliados en determinadas situaciones, cambiando planes y aliados de acuerdo a sus previsiones tácticas. No siempre acertó, y eso por ejercer una conducción algunas veces solitaria y siempre demasiado vertical. No siempre, sus supuestos seguidores lo hicieron de forma acorde a la denominada “lealtad”. No pocas veces se impusieron las interpretaciones, una hermenéutica del decir del líder, para justificar el accionar autónomo. Hay un peronismo de los trabajadores, otro de los burócratas (sindicales y políticos), un peronismo de los doctores, otro de los empresarios, incluso hubo un peronismo militar, pero en su mayoría un peronismo arraigado en las masas populares. Hay un peronismo libertario y otro que siempre está dispuesto a negociar con los poderosos su integración.  Cada vez que se pone en marcha una reestructuración todos esos sectores quieren conducir. La derecha nunca dejó de tomar partido con respecto a quiénes deben conducir y de qué forma al peronismo. Para eso contó siempre con ese sector especulador. La izquierda en su gran mayoría se priva de hacerlo debido a un rasgo inercial de infantilismo.

2016/02/15

La teoría y la disputa por la verdad

El desarrollo de la teoría hoy no es algo que sea muy bien visto o que tenga demasiada buena prensa. Por una cuestión casi instintiva -desde el sentido común imperante al igual que desde las mismas usinas conceptuales del Establishment-, se recomienda no ahondar demasiado en nada que lleve algún rastro de abstracción ya que lo importante es el efecto, el resultado. Algo que, en medio de una cantidad de vulgaridades poco atractivas, se impondrá como sobresaliente, como exitoso; aunque esté condenado al desgaste, y que cualitativamente no se diferencia demasiado de lo que en su irrupción pudo distanciarse. Había resultado una diferencia de matiz, de contraste, pero no de propiedades básicas. Desde una visión conservadora o reaccionaria, la teoría resulta innecesaria o tal vez en esa afirmación se dé por sentado que no hace falta ninguna conceptualización nueva a la ya existente, encubierta ella como realidad fáctica.

Tampoco resulta demasiado convincente, el desarrollo teórico, a la luz de razonamientos propios a un sentido común transformador o libertario que privilegia antes que nada la experiencia y los resultados prácticos. En las últimas décadas, la mayoría de los discursos disruptivos como pueden ser el marxismo o el psicoanálisis, fueron cooptados en su casi totalidad por el Discurso de la Universidad; construyendo una visión hegemónica acerca de que no tienen otra condición de posibilidad más que en el seno del academicismo. Esto conlleva casi explícitamente la profundización de la división del trabajo, ahondando la grieta entre la labor intelectual y la manual. De esta forma la verdad de la teoría ya no es práctica, o en todo caso ella está referida al conocimiento indirecto, o sea, a la práctica de los otros. Que discursos transformadores hayan sido cooptados por el discurso académico, son el resultado de las grandes derrotas culturales sufridas a fines del pasado siglo. El academicismo como aparato ideológico de Estado viene así a absorber y acondicionar a saberes que tuvieron su irrupción por fuera de sí, aunque necesariamente ellos deban ser inscriptos en el desarrollo del Discurso de la Ciencia. La perspectiva  de esos discursos disruptivos terminó siendo sumamente crítica de lo que hoy los volvió a encerrar en los límites intrínsecos del pensamiento dogmático. Por esta cuestión señalada, la principal tarea teórica debiera ser romper con esos límites y desarrollarse en el territorio adecuado. Esto último sólo es posible en un proceso gradual de desconexión institucional con los principales enclaves del academicismo, para poder iniciar desde otros lugares un desarrollo autónomo  que apunte a una nueva institucionalidad. 

Los trabajadores, los movimientos sociales, los artistas, los poetas deben tener sus propios intelectuales, que piensen y definan con autonomía del sentido común académico, y que lo pongan también en tela de juicio. Desarrollar el discurso teórico desde esos territorios producirá un cambio sustancial en las relaciones de fuerza que enfrentan la supremacía de la verdad. Esto pareciera utópico si nunca hubiera existido. 

2016/02/08

La crueldad en la toma de posición

En la mayoría de las películas de acción la trama siempre impone la construcción de uno o varios personajes a los cuales en algún momento les debe llegar la justicia o el castigo. Esto conlleva la necesidad argumental de que el espectador desee fervorosamente que así sea. ¿Qué debe suceder para que el que pasivamente observa un film, tome partido y deje atrás la indiferencia o la neutralidad? Sin dudas resulta una pregunta interesante, para buscar a partir de ella algunos de los elementos que juegan decisivamente en la conformación del tomar posición. Si en las películas esto resulta paradigmático y sujeto a cierta temporalidad, habría que precisar que no son elementos tan distintos, los que están presentes en la información, en los noticieros; y que tienen la capacidad de formar opinión pública e incidir en las tomas de posiciones.

En lo referido a los films si se hace una apreciación rápida se podría decir que todo gira en torno a la identificación. El espectador puede encontrar en determinados personajes a sus equivalentes, no sólo en lo que a él mismo atañe sino también a personas de su círculo más cercano. Pero hablar nada más que de identificación es caer en un circuito especular y restringido, sin ver el porqué de la misma. Suponer que todo el mundo quiere que suceda un hecho justo y que triunfen los buenos no son expectativas tan acordes a lo que cotidianamente se vive. Tienen que haber otros elementos, para que se haga preponderante el deseo de justicia. Un elemento recurrente que permite que el espectador tome partido, es el de ser solidario con los que son víctimas de la crueldad humana. El dolor y el sufrimiento nunca logran pasar desapercibidos. El que infringe dolor, se pone al público en contra, casi como si fuera el victimario propio. Sin dudas esto se produce a través de la identificación, tanto de las víctimas como de los que vengarán el sufrimiento. No hay en este mecanismo nada de religioso ni humanista como tal vez se podría suponer. Todo lo contrario. El victimario debe ser ajusticiado y con rigor. Veamos un ejemplo.

En la película sueca We are monsters (2015) del género rape & revenge, es posible ver cómo se produce el secuestro de una joven mujer australiana, por parte de dos hombres que, no lo hacen para pedir rescate, sino para realizar con ella todos esos actos que les darán satisfacción a sus más sádicas pasiones. Ningún espectador les ofrecería la otra mejilla a esos personajes. Uno de ellos violará dos veces a la mujer en medio de llantos desconsolados. Ella en un momento de la trama logra escapar y logra en el intento que uno de sus perseguidores quede atrapado entre aspas metálicas que le trituraron gran parte del cuerpo como si fuera un embutido. Habiendo visto todo lo anterior a esa escena, ningún espectador podría espantarse, y mucho menos cuando la mujer se toma venganza del otro hombre, quien fuera precisamente quien la había violado. Ella logra atarlo a una silla, mientras él desde ese lugar le dice que cuando se libere la irá a matar, y violar nuevamente, aunque en ese caso sea el cadáver. Ella ya se predisponía a huir del lugar cuando al escuchar lo anterior, decide con un martillo abollarle completamente el miembro viril. Nadie podría solidarizarse con esos victimarios convertidos en víctimas. Cuando los villanos no hacen uso indiscriminado de la crueldad, es posible que se conviertan en personajes simpáticos, y que alguna vez despierten el deseo del público de que puedan ganar. Muy probablemente los villanos de Batman entren en esa categoría.

La presencia de la crueldad afecta la economía del goce, por eso no resulta indiferente y lleva a tomar posición. En política esto no debe descuidarse, aunque  a veces se pretenda hacer pasar la crueldad como revancha contra victimarios. El desarrollo y visibilización de las problemáticas de género, se dan en consonancia a esa imposible indiferencia.