"Vivir el presente": la gran mentira del coaching que el psicoanálisis desmonta
Si hay una frase hecha que el coaching ha elevado a
categoría de sabiduría universal, esa es: "Hay que vivir en el
presente". Suena bien. Es breve. Parece profunda. El problema es que es
falsa. Y no solo falsa: es una ideología de la inmediatez que reprime la
memoria y la angustia, justo lo que nos constituye como sujetos.
¿Qué significa realmente "vivir en el
presente"?
La frase no resiste dos preguntas elementales:
1. ¿El presente puntual del reloj?
Ese presente no tiene duración. Es un límite matemático
entre un pasado que ya fue y un futuro que aún no llega. Nunca se lo habita.
Nadie vive ahí.
2. ¿El presente como "atención plena al ahora"?
Supongamos que logramos esa concentración plena. ¿Acaso
eso borra el pasado que nos formó? ¿Disuelve la anticipación que nos moviliza?
No. Solo las reprime.
El coaching vende un presente sin espesor. Un ahora
limpio, sin fantasmas. Y eso es justo lo contrario de lo que muestra el
psicoanálisis.
Lo que Freud supo y el coaching ignora
El sujeto humano nunca está en el presente. No es un
fallo perceptivo. Es la estructura misma de la subjetividad.
1. El pasado no pasó del todo
Freud descubrió que el recuerdo no es una fotografía
archivada, sino una construcción a posteriori. Un evento se vuelve traumático
recién cuando otro evento posterior lo resignifica. Por eso el síntoma no trae
el pasado recordado, sino el pasado que sigue actuando. El coaching dice
"suelta el pasado". Pero el pasado no está atrás: está operando
ahora, en cada repetición.
2. El futuro no es abierto: está dictado por la
compulsión
“Vive el presente como si no hubiera mañana” es una frase
ingenua. El neurótico vive el mañana como si fuera ayer. La compulsión a la
repetición no busca lo nuevo, busca lo mismo. El futuro del deseo no es un
horizonte de posibilidades: es aquello que viene a tachar todas nuestras
expectativas.
3. El “aquí y ahora” del análisis no es presencia plena
Cuando el analista pide asociar libremente, no busca un
mindfulness barato. Busca que en el ahora del consultorio aparezca el padre, el
maestro, la escena olvidada. La transferencia es la actualización de un pasado
en el presente, pero esa actualización es anacrónica y desplazada. El presente
no es un espacio vacío: es el escenario donde los fantasmas hablan con disfraz
nuevo.
La trampa ideológica del "presentismo"
El coaching promueve el "vivir el presente"
como una liberación. En realidad, es una defensa:
Defensa contra la memoria: porque el pasado duele.
Defensa contra la anticipación: porque el futuro
angustia.
Defensa contra la división del sujeto: porque si estoy
"plenamente presente", no me falta nada… ergo, no deseo.
Y un sujeto sin deseo no es un ser iluminado. Es un
sujeto anestesiado.
Conclusión: el presente no se habita, se atraviesa
El psicoanálisis no ofrece frases bonitas. No dice “vive
el presente”. Dice algo mucho más incómodo: tu presente está habitado por un
pasado que no cesa de no pasar, y tu futuro está dictado por una repetición que
no reconocés.
El verdadero trabajo no es estar en el ahora. Es
reconocer cómo este ahora ya no es propio porque siempre está siendo habitado
por lo otro: la infancia, el trauma, el deseo inconsciente.
El coaching vende un presente sin tiempo.
El psicoanálisis enseña a habitar la temporalidad como un nudo: pasados que insisten, futuros que repiten, y un presente que solo puede vivirse sabiendo que nunca es solo presente.