Trama
No hay individuo.
Hay posiciones. El individuo es efecto, no origen.
La trama es la
estructura de pertenencia. Conjunto de hombres, mujeres, cuerpos, deudas,
silencios, nombres. No es naturaleza ni cultura. Es proceso histórico-natural
donde ambas se doblan una sobre otra sin frontera.
No hay que
buscarle tres pies al gato. El niño no nace solo. Nace en medio de padres,
hermanos, abuelos, vecinos, fantasmas. El deseo no es suyo. Es posicionamiento
en esa red. Freud lo intentó con Edipo. Pero Edipo no es deseo de madre. Es
confusión de posiciones: querer ser a la vez eslabón que se une y eslabón que
ya está unido. La neurosis no es conflicto intrapsíquico. Es fallo de
posicionamiento. Atracción que no debía atraer porque no hay lugar en la trama
donde fijarse.
La trama no es
neutra. Distribuye goce y sufrimiento. Produce cuerpos posibles y cuerpos
imposibles. La mujer permitida no es cualquiera fuera del grupo. Es la que está
en la trama pero en otro eslabón. Exogámica en sangre, endogámica en forma.
Atrae porque responde a un vacío estructural, no porque sea cuerpo puro. Y si no
hay vacío que llene, si no hay posición que ocupe, el deseo vaga o se enferma.
La prohibición
del incesto no es misterio. Es regulación de la trama. No prohíbe un acto.
Protege la distinción de posiciones. Sin distinción no hay trama. Solo flujo
sin forma o congelamiento sin movimiento. Lévi-Strauss la vio como escándalo de
dos órdenes. Pero no hay dos órdenes. Hay un proceso donde la regulación emerge
de la interacción entre biología y condiciones materiales. La prohibición es
universal no porque sea natural ni porque sea cultural. Es universal porque los
grupos sin ella no sobreviven. Selección natural operando sobre la organización
social.
Pero la trama no
es solo familia. Hay niveles corporativos. Un partido marxista, una secta
satánica, un grupo literario, un equipo de fútbol —todos son tramas. Todos
tienen posiciones, reglas, ritmos. El jugador no es antes del equipo. Es
arquero porque hay arco, delantero porque hay defensa. La gambeta no es magia
individual. Es lectura de posiciones, anticipación de movimientos colectivos.
El error no es individual. Es trámico.
La trama tiende a
socializarse. El socialismo empieza en pequeñas tramas: comunas, consejos,
cooperativas. Pero no crece sola. Hay intereses poderosos que no quieren que
socialice. Cuerpos concretos en posiciones concretas que la trama actual les da
goce y poder. La revolución no es destino. Es lucha concreta. Cuerpos que se
rompen, posiciones que se pierden, ritmos que se imponen o se defienden.
La anti-trama es
aborto. No reproducción. Disolución. El Anti-Edipo de Deleuze y Guattari es
anti-trama pura. Flujo sin eslabón, deseo sin posición, cuerpo sin órganos. Y
eso no es liberación. Es programa capitalista. El mercado ya es anti-trama:
disuelve posiciones, precariza, hace flotar. El libertario que no tiene hijos
no es caso individual. Es lógica de la anti-trama. Sin pertenencia, sin deuda
que transmitir, no hay quién herede. No hay trama que continúe.
La trama es
célula. Vive dentro de otras tramas. No es sincrónica. Muta por partes. Cambia
de técnico pero mantiene jugadores. Adopta tecnología nueva pero conserva
asamblea. La dirección no está dada. Se establece en el proceso, en la lucha,
en el contacto con otras tramas. La política es elección de ritmo. No extender
la guerra al infinito. Pero tampoco rendirse antes de tiempo.
La trama es
reproducción. Transmisión de posiciones, deudas, nombres. La que transmite
sobrevive. La que no desaparece. El socialismo, si es trama, debe engendrar.
Debe hacer herederos. No como plan. Como lógica: la comuna que crece, el
consejo que se federiza, la cooperativa que se asocia.
No hay individuo.
Hay trama. Y el individuo se mueve ahí.

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