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2022/01/30

El deporte y el negocio ¿Hacia dónde va el fútbol?


 La adhesión a un club de fútbol no se puede comparar a las preferencias que tiene un consumidor por un producto especial, aunque se tienda a que eso suceda. La popularidad de un equipo tiene como correlato en los jugadores o los cuerpos técnicos, el sentido de pertenencia a los colores de una camiseta. Esto también es algo que la mercantilización tiende a hacer desaparecer.

Deportes hay de lo más variado. Probablemente hayan surgido como una continuación de la guerra por otros medios. El entrenamiento físico y el enfrentamiento entre competidores. En la Antigua Grecia surgieron los juegos olímpicos y la célebre Maratón que consistía en una carrera pedestre que hacía referencia directa al trayecto que había emprendido un mensajero del ejército ateniense para comunicar a la ciudad, el triunfo bélico.

Existen deportes en los que la competencia es colectiva y en otros como pueden ser el golf o el tenis que son de tipo individual. Un rasgo de importancia es principalmente la atención que un determinado juego puede producir en personas que precisamente no juegan. El público, los espectadores. Este último ítem también tiene una larga historia que no es exclusiva de los deportes. El teatro griego o el circo romano son algunos ejemplos, aunque el gran ímpetu que tiene el público en cualquier espectáculo es algo que alcanzó gran relevancia con la irrupción de la sociedad de masas, amplificado eso por la reproducción a través de los medios audiovisuales.

En tanto que el deporte que nos ocupa es el fútbol, intentaremos fijar algunos detalles acerca de su popularidad y la atención que despierta.

Sentido de pertenencia

Todo indica que el fútbol o en todo caso la utilización que se hace de él -para que cada vez sea un negocio mucho más suculento-, tienda a desplazar algunas características que varias décadas atrás eran innegociables. La adhesión o el fanatismo que producen los clubes de fútbol resulta un dato innegable, y esto de una manera peculiar en nuestro país.

El público argentino tiene características bastante especiales que no son propias del fútbol solamente. Los integrantes de la legendaria banda Rolling Stones, señalaron varias veces que cualquier  recital que se realice en nuestro país tiene ingredientes, otorgados por la presencia masiva de fans que no existen en ningún otro lugar del mundo. El famoso pogo fue destacado por innumerables bandas extranjeras de rock. El fenómeno que producía Patricio Rey y sus redonditos de ricota es inhallable fuera de nuestras fronteras.

Por características sociológicas casi no estudiadas el fútbol tiene adhesiones incomparables y especialmente en la Argentina. No tardó tanto la Conmebol (Confederación Sudamericana de Fútbol) en llevar la final de la Copa Libertadores 2018 a Madrid, en tanto la misma fue protagonizada por los superclásicos rivales de nuestro país: River Plate y Boca Juniors. Seguramente un negocio grandilocuente.

La adhesión a un club de fútbol no se puede comparar a las preferencias que tiene un consumidor por un producto especial, aunque se tienda a que eso suceda. La popularidad de un equipo tiene como correlato en los jugadores o los cuerpos técnicos, el sentido de pertenencia a los colores de una camiseta. Esto también es algo que la mercantilización tiende a hacer desaparecer. Hoy las jóvenes promesas rápidamente quieren emigrar en búsqueda de mercados más redituables.  

El periodismo deportivo en general, aprueba y fomenta la idea de que lo mejor que le pueda pasar a los mejores jugadores o directores técnicos de nuestro medio, es emigrar. Resulta curioso que ante la irrupción de Julián Álvarez, joven centrodelantero de River Plate que ya fue convocado a la selección nacional, muchos de los denominados especialistas, digan que el jugador tendría que irse ya a jugar a Europa para adquirir cualidades que en nuestro fútbol nunca va a poder tener. Obviamente no hablan de una cantidad de jugadores que participan en nuestra liga y que habiendo realizado la experiencia europea, no volvieron siendo mucho más que lo que fueron, cuando emigraron. Ejemplos sobran.

El periodismo deportivo da toda la sensación de apuntalar, en primer lugar, los diferentes negocios que informar a los simpatizantes de los clubes. Los jugadores emigran cada vez más jóvenes e incluso sin haber debutado en la primera de las instituciones que los formaron desde niños. Las convocatorias a la selección argentina desde hace ya varios años sorprenden siempre con jugadores que militan en ligas extranjeras y que ni siquiera son conocidos por los hinchas locales. Vale señalar que los grandes seleccionados, incluso los argentinos que fueron campeones mundiales, siempre fueron la expresión de las competencias  locales. Eso hoy acontece con los principales combinados europeos: Inglaterra, Alemania o Italia. Las selecciones sudamericanas se deben contentar con reclutar sus jugadores por diferentes partes del mundo.

Hoy es un lugar común señalar que jugar en la Argentina no ofrece ningún futuro. Que ninguna institución pude pagar lo que se gana en otras ligas. El problema es que si se ve bien lo que ocurre en los mercados de pases es que hoy los diferentes clubes no venden jugadores a los países considerados como de élite. El joven atacante de Independiente Alan Velasco, considerado como una de las grandes promesas de nuestro fútbol, en estos días sería vendido a un ignoto equipo de la liga estadounidense. De esta forma el club de Avellaneda podría resolver las inhibiciones que tiene y así poder contratar nuevos jugadores.

Otro club inhibido es San Lorenzo de Almagro, aunque en estos días estaría subsanando ese problema. Antes de las privatizaciones que realizara el expresidente Carlos Menem, allá por los primeros ’90, hubo una gran campaña orquestada para desprestigiar a las empresas públicas y mostrar que eran sumamente deficitarias e ineficientes. No extrañaría que en el fútbol, los grandes empresarios interesados en privatizar las instituciones estén metidos en una estrategia similar, en la que los grandes medios sin ser tan explícitos, van por el mismo camino.

Debieran existir desde el poder político instancias que protejan a los clubes de fútbol, principalmente desde el aspecto económico. No se podía esperar eso del gobierno anterior ya que el ex presidente Mauricio Macri era un ferviente defensor de convertir a las asociaciones deportivas en empresas privadas. Este gobierno se desentiende de esto, pero cuando más de la mitad de los clubes de primera división pidieron que renuncie Marcelo Tinelli como presidente de la Liga Profesional de Fútbol, fue Mario Alberto Leito, actual presidente de Atlético de Tucumán y diputado nacional por el Frente de Todos quien salió a defender al empresario televisivo. Se interpretó lo de Leito como la respuesta del gobierno.

Se dijo más arriba que esta es una tendencia actual del negocio del fútbol, difícil de revertir pero quedarse con ese realismo no es diferente a lo que hacen esas plataformas políticas que se quedan en el posibilismo y renuncian a llevar adelante lo mejor para un país.

 


2022/01/15

El fútbol como espacio ideológico- La pelota sí se mancha

 


El deporte más popular del planeta no puede ser escindido del entramado social, político e ideológico del cual emerge, y está atravesado por intereses económicos y corporativos. En la cancha y en los clubes no se juegan solamente resultados deportivos.

Hoy en un tiempo de relativa despolitización, pareciera que en el único lugar en donde aún existen las grandes masas es en el fútbol. El regreso del público tras el fin de las medidas preventivas, necesarias para enfrentar la pandemia ocasionada por el Covid19, nos muestra algo que ya todos sabíamos, pero que siendo algo normal no resultaba tan obvio. Las hinchadas tienen una gran incidencia en esta actividad deportiva, son su principal ingrediente emocional, eso que intensifica en un equipo su sentido de pertenencia.

Con la irrupción del fascismo en Europa, a mediados de los años  ’20 del pasado siglo, y principalmente cuando esa veta totalitaria logró acceder al poder, no fueron pocos los intelectuales comprometidos, principalmente marxistas que intentaron continuar la denominada lucha ideológica por otros medios, debido en primer lugar a la necesaria clandestinidad de sus labores. Aunque una vez destrabada su acción política debido a la caída tanto del nazismo alemán como del fascismo italiano, entendieron que algunas de las vetas que habían desarrollado era muy válido continuarlas, aunque a posteriori eso no tuviera un gran ímpetu. Algo similar ocurrió en la Argentina durante la última dictadura cívico militar.

El fútbol es sin dudas un lugar muy propicio para llevar adelante la lucha ideológica. A finales de los ’80, el por entonces poco conocido Slavloj Zizek, en un artículo que llevaba el nombre de “La desublimación represiva”, hacía referencia a esto. Esta pequeña introducción pareciera ser el justificativo que quien escribe tiene para abordar un tema no usual. La mayoría de los grandes medios deportivos no tienen empacho en llevar adelante una determinada línea interpretativa que se corresponde con la visión hegemónica sobre este deporte.

El fútbol aunque no se lo diga, está atravesado por grandes intereses corporativos. En tal sentido  fue Mauricio Macri el único presidente de la Nación que además de tener un determinado proyecto de país, orgánicamente incluyó la administración del fútbol, tanto financiera como institucional. Su incidencia en la Asociación del Fútbol Argentina (AFA) fue decisiva, mientras que la presidencia de Daniel Angelici al frente del club Boca Juniors siempre fue algo así como la pata macrista dentro del fútbol.

De todas maneras no se trata de analizar al fútbol solamente por sus costados económico o político para que éste tenga interés en personas que como inclinación principal tienen la actividad militante o social. En todo caso se trata de subrayar que un deporte como el fútbol no puede ser escindido del entramado social, político e ideológico del cual emerge. Esto es válido también para otro tipo de actividades como podrían ser las artísticas.

La denominada globalización lejos de unificar horizontalmente las economías de todo el planeta, no ha hecho otra cosa que profundizar las grandes desigualdades y asegurarse la división internacional del trabajo entre naciones industrializadas y productoras de commodities. Si bien este rasgo afecta principalmente a la producción y comercialización de los variados insumos que se necesitan consumir para llevar adelante la vida cotidiana; esta matriz también está presente en el fútbol.

Desde hace algunas décadas, entre 2 y 3 aproximadamente, es posible observar un cambio sustantivo en el nivel de competitividad entre los equipos sudamericanos y los europeos. Mientras que anteriormente cualquier gran equipo argentino, uruguayo o brasileño podía competir contra cualquier grande de Europa, hoy la brecha cada vez es más pronunciada. Por otra parte fueron desarrollándose nuevos lugares en los que el fútbol tiene mucha mayor incidencia como son algunos países africanos o en los Estados Unidos en donde el balompié era un deporte casi marginal.

Hoy los medios deportivos cuando hacen referencia a las grandes ligas europeas, lo hacen hablando del “fútbol de elite”. De tal forma en un país como la Argentina en el cual la popularidad de este deporte es muy marcada, con presencias masivas de adeptos, daría la sensación de ser así un deporte de segunda. En una nota televisiva bastante reciente, el jugador de la selección nacional Rodrigo De Paul, hoy vistiendo la casaca del Atlético de Madrid confesó que recién cuando llegó a jugar en Europa, logró convertirse en un verdadero profesional. De Paul había jugado localmente en el Racing club, uno de los grandes de nuestro país.

Hoy es común que cuando surgen buenos jugadores en nuestro medio, con muy poca edad ya pretenden emigrar e incluso los grandes medios interpretan esto como natural y también auspicioso. Esto se condice con el dinero que puede ganar un jugador en otras ligas pero no, con las posibilidades concretas que tiene el fútbol argentino para ofrecer certámenes acordes a la tradición nacional.

Se puede señalar que en las grandes ligas europeas, la preparación física y futbolística es mucho más exigente de lo que ocurre aquí. Se entrena de otra forma y los cuidados personales son mucho más estrictos. Si se observan estos detalles  en equipos de las ligas del interior o de las divisionales del ascenso, en donde este deporte es de semiprofesional hacia abajo, y en donde la mayoría de los jugadores trabajan de otras cosas, no se podría objetar demasiado. Si bien los futbolistas argentinos no ganan ni cerca lo que podrían ganar en las grandes ligas, tampoco se puede decir que sus sueldos sean de miseria.

Lo económico si bien es determinante, eso no exime el no poner un cierto empeño para impedir que la brecha señalada se haga cada vez más profunda. Para eso es necesario el esfuerzo mancomunado de las diferentes instituciones deportivas, para ofrecer un producto mucho más atractivo. Ejemplos positivos hoy existen en el fútbol argentino.

De igual manera que en las formaciones económicas primarizadas siempre será válido intentar cambiar la matriz productiva aunque hacerlo sea extremadamente arduo; agregar valor, industrializar lo que se pueda, es también un desafío para nuestro fútbol. Hacíamos referencia a un país como los Estados Unidos que sin tradición en este deporte, hoy se está convirtiendo un mercado bastante competitivo al que muchos jugadores argentinos emigran. Sorprende que los partidos de la MLS (la liga yanqui) se televisen a lo largo de Sudamérica, cuando eso no ocurre con certámenes de países de la región que tal vez nos despierten mucho mayor interés.

Hoy se produce una cierta interna en el fútbol argentino, en la que gran parte de los directivos de los clubes de primera, cuestionan a Marcel Tinelli presidente de la Liga Profesional de Fútbol (LPF) en torno a cuestiones económicas como por ejemplo la venta de los derechos televisivos hacia otros países. Este sin dudas es uno de los grandes temas del fútbol mundial, ya que los grandes equipos europeos cuentan con la televisación como uno de sus principales ingresos.

No son pocos los que plantean que se necesita privatizar a este deporte como se está haciendo en casi todos los lugares del mundo. Es un tema bastante controvertido y sin dudas responde a una tendencia actual del rumbo de la economía global.

El problema de convertir a los clubes en sociedades anónimas, los derechos de televisación,  el intentar salir de ser un simple productor de commodities e incluso el sentido común imperante en este deporte que se pone sobre el tapete, desde el modo de jugar hasta el cuidado de los campos de juego, son algunos de los temas que en sucesivas notas, quien escribe pretende desarrollar con mayores detalles.

Mejorar la calidad del fútbol argentino, no significa nada más que hacer que éste tenga así una mejor proyección económica. En primer lugar implica darle a uno de los públicos más exigentes del mundo un espectáculo acorde a sus deseos. Porque son principalmente los adeptos a este deporte, uno de los pilares fundamentales para que esta actividad se reproduzca.

 

 

2021/10/05

Capitalismo, consumo e insatisfacción


Prometer la felicidad a través del consumo, además de producir ganancias y obturar la posibilidad de transformar la sociedad para un destino colectivo verdaderamente satisfactorio ya no puede sostenerse para el capitalismo en la misma legalidad que construyó.
Ya no es necesario esperar la muerte para luego acceder al paraíso que siempre prometieron las religiones, ahora consumiendo, el paraíso terrenal está a la vuelta de la esquina.

Hoy se habla de “inyectar dinero en el bolsillo de la gente”. Es bien sabido que si hay mayor consumo la economía existente se fortalece. Los economistas keynesianos sostienen que fortalecer el consumo es siempre una medida contracíclica para paliar las reiteradas crisis del capitalismo contemporáneo. De todos modos habría que diferenciar claramente lo que significa la consolidación de un mercado interno por un lado y la impronta consumista por el otro.  

Según las teorías del marketing, los grandes vendedores no son los que saben ofrecer los productos necesarios, sino los intangibles. Esos que nunca se sabe bien, qué son, ya que no son concretos, pero que deben considerarse  como necesidades irrenunciables. Las empresas hoy no sólo nos quieren ofrecer un servicio útil, sino que nos venden una salud impecable, la seguridad de nuestra familia, la dicha prolongada y el éxito financiero. 

En todo caso si lo que se trata de vender, no es algo completamente intangible, como puede ser una prenda de vestir, lo que hay que saber hacer es vender la marca, invistiéndola de algún halo mágico, porque da prestigio, o mayor atracción; aunque su valor de utilidad no sea demasiado diferente. Un jeans de marca puede llegar a valer tres o cuatro veces más, ni hablar de un perfume o una determinada bebida alcohólica, mucho más si se pusieron de moda, y sus efectos resultan inigualables. Hoy el fetichismo de la mercancía del que hablara Karl Marx en El Capital, está al orden del día.

La red deseante.

Según precisa la teoría de Freud, el deseo está orientado hacia algo que si bien simula serlo, en realidad es algo inexistente. Cada vez que alguien alcanza lo que desea, se encuentra que eso al final no era, y de esa forma, vuelve a desear, y así infinitamente. Lo alcanzado nunca coincide con lo que se buscaba. A su vez nadie se siente atraído por lo que nadie desea, y en ese sentido el deseo es siempre el deseo de los otros, lo que socialmente se presenta como deseable. Este concepto del psicoanálisis sirve para mostrar dos facetas principales de cómo funciona la oferta consumista: la insatisfacción permanente y el objeto que puede saciarla. Esa oferta está presente continuamente en la subjetividad social, para que la sociedad se reproduzca sin quiebres. Ya que no solamente es la ganancia de los que venden mercancías, sino también la ilusión de que ésta es la mejor sociedad posible.

El muchacho veía la publicidad que aparecía por la pantalla de la TV. En ella, otro muchacho se desplazaba arriba del nuevo automóvil, el más caro de los que habían salido en el último tiempo. En la escena este último pasa cerca de una vereda y una de esas chicas que parecen inalcanzables lo mira y le sonríe. Él se detiene y le abre la puerta. El final es conocido. Apología del medio (el automóvil) y apología del fin (la conquista de la chica). La muchacha de esta forma también se convierte en objeto de consumo. Ella no solamente le da sentido a la escena, ella también compra el automóvil. De esta forma la subjetividad social consumista y hegemónica transforma a los sujetos en objetos. Es el imperio de la imagen y del fetiche.


Según dice Mauricio Lazzaratto en su libro Políticas del Acontecimiento (Tinta Limón Ediciones, Buenos Aires, 2006), el capital financiero no fabrica mercancías como lo hace el capital industrial. El capital financiero –dice- fabrica mundos. ¿Qué tipo de mundos? A través de la publicidad y la cultura de masas fabrica mundos de signos y de imágenes que sugieren que el paraíso terrenal existe, y que es posible a través de la adquisición de diferentes productos que están en el mercado.

La insatisfacción permanente de los deseos, tiene como correspondencia necesaria la idea de la fragilidad, y para ella el capital ya encontró una solución sin esperar una vida ultraterrena, mucho menos el cambio social. Hoy tal como sugiere el filósofo esloveno Slavoj Zizek, la gente ya no se siente culpable por saciar en exceso sus apetitos instintivos, sienten culpa por no poder darle mucho mayor goce a sus cuerpos.

El consumismo crea una demanda de extremo placer, que al no poder saciarla, se convierte en frustración. No se trata de generar -por lo contrario- la vida aséptica de un “santo”, sino saber que la demanda de mayor placer, es una de las imposiciones morales del capitalismo tardío. Pero sobre todo porque es imposible y conduce al individualismo extremo. Porque el paraíso prometido obviamente no es para todos, se les ofrece a todos, pero se sabe que es para pocos: para los emprendedores exitosos con suficiente autoestima. Para los que hacen de la competencia más salvaje, su principal modo de vida.

De ésta nadie se salva

Si bien la mayor oferta consumista está dirigida hacia los sectores que más tienen, y que por ende pueden  comprar lo que se les ofrece; tal como sugiere la crítica cultural brasileña Suely Rolnik, las clases sociales más desposeídas no son ajenas a esa promesa capitalista de paraíso en la tierra. Si bien las elites se encuentran enfermas y alienadas bajo la promesa de esa creencia de la religión del Capital, nadie está a salvo de ello, y más aún, para los excluidos esa promesa resulta mucho más perversa y terrible. La promesa es imposible para todos, ya que no alcanza para saciarla consumir todo lo que nos ofrecen. Si para las clases sociales más pudientes existe la posibilidad ilusoria de realización, en los más pobres esto tiene consecuencias nefastas.

Nike es la cultura

El capitalismo lejos de excluir del consumo, lo multiplicó, lo dividió por segmentos y hoy para cada estrato social existe una oferta específica. Si los autos de alta gama, las 4 x 4, los personal trainers, los cirujanos estéticos, los milagros de la  autoayuda, y mil burbujas más se les ofrecen a las clases medias y altas; también podés comprarle a Sprayette la faja que te quita los kilos de más, porque se puede quemar grasas sin hacer esfuerzos; podés comprar lo que alarga el tamaño del miembro y porqué no una vida. Todo está a tu disposición para una existencia perfecta y envidiable.

También para los extractos más pobres hay una oferta específica, y cada vez más globalizada. El magnate petrolero y el capo narco corren en la camioneta, con anteojos negros y una “rubia producida” a su lado, mientras el pibe de barrio se desvive por las zapatillas con llantas, y la ropa del deporte más popular del país imperial: el beisbol. Cualquiera que vea a este último seguramente dirá: “es un pibe chorro”, pero del supuesto magnate de la Hilux o la Land- Rover,  seguramente no dudará, lo más probable es que sienta envidia. Esa lógica hoy está instaurada. Bastante perversa por cierto. Tanto las “llantas” como la 4 x 4 simulan ser todo terreno. Igual que el consumismo.

El consumo borró la frontera de la legalidad

Prometer la felicidad a través del consumo, además de producir ganancias y obturar la posibilidad de transformar la sociedad para un destino colectivo verdaderamente satisfactorio, -ya que eso no sería necesario, porque hoy están todos los placeres en venta-  ya no puede sostenerse para el capitalismo en la misma legalidad que construyó.

Hoy parte de las ganancias y de los placeres, entraron en un callejón supuestamente ilegal, pero patrocinado por los mismos que dictaminan la ley.  Las redes de trata y del narcotráfico lejos de ser anomalías del capitalismo, son engendradas para satisfacer las promesas de goce, esas que largamente exceden las mismas posibilidades humanas. En Noches de Cocaína, James G. Ballard relataba con estupor cómo un grupo de acomodados veraneantes, quemaban una mansión y ponían en actos sus fantasías sexuales más aberrantes, como forma de satisfacer eso que la cotidianeidad nunca les brinda, incluso bajo el riesgo de morir en el intento.

 

2021/07/26

Entre la micro y la macropolítica


Algunos sectores creen que la única posibilidad de transformación es aportar a las experiencias de los gobiernos progresistas, pero olvidan que si no se producen modificaciones en las relaciones de fuerza social, se caerá en cierta esterilidad con respecto a producir cambios de importancia.

En notas anteriores publicadas también en Socompa, quien escribe venía desarrollando no sólo la importancia teórica de definir al sujeto social, sino principalmente el estatus que la definición misma le otorga a las prácticas militantes. La ausencia hoy de una clase obrera concentrada y con capacidad de centralizar a diferentes expresiones populares no deja de interrogar a todos aquellos que desde varias décadas atrás vienen sosteniendo la necesidad del cambio social.

Mientras algunos sostienen que, caída la centralidad obrera, no queda otra que irse a casa, están los que no se dan por vencidos e intentan encontrar alguna veta por donde llevar adelante una práctica transformadora. Obviamente, muchos caen en un estéril voluntarismo. Por esta misma razón resulta imprescindible indagar de forma sistemática en la realidad social para hallar nuevos focos que permitan la acumulación política.

Muy lejos de intentar dar una definición acabada, lo que sigue pretende ser una simple aproximación que aporte a un debate necesario que pueda dar por sentada las bases de una práctica transformadora.

Mientras hoy muchos creen que la única forma es aportando a las experiencias de los gobiernos progresistas, se olvidan que si no se producen modificaciones en las relaciones de fuerza social, se caerá en cierta esterilidad con respecto a producir cambios de importancia. No se trata de soslayar o rechazar esas experiencias, sino de verlas al interior de un marco adecuado.

La irrupción en Latinoamérica de diferentes gobiernos de tinte progresista desde principios de este siglo no deja de ser el resultado de la resistencia de los sectores populares a los ajustes neoliberales de los años 90. La llegada al gobierno en 2003 de Néstor Kirchner hubiese sido imposible sin las grandes luchas sociales que desencadenaron la gran revuelta de diciembre de 2001. Algo similar se dio a lo largo de todo el continente.

Por eso hablar de “Democracia” como un absoluto – como una entidad que, si bien debe ser mejorada, pero obviando todas las circunstancias que la hacen posible – es caer en una abstracción que sólo sirve para la supervivencia de los políticos profesionales.

Lo primero que debe medirse es el bienestar del pueblo y no las formas. En tal sentido hoy existe una cierta orfandad que debiera ser revertida. Porque si se pretendiera profundizar la democracia, a saber, el protagonismo y la participación de los sectores populares, lo que hoy existe institucionalmente resulta ser un gran impedimento, principalmente el Poder Judicial.

Desde lo pequeño

En 1986 se publicaba Micropolítica- Cartografías del deseo, escrito por Félix Guattari y Suely Rolnik.  Lo que planteaba ese libro, es probable que no tuviera, en ese momento, la actualidad que iría a adquirir con el paso de los años. Eran tiempos en que, si bien ya se avizoraban distintos signos sobre la realidad social futura, aún se consideraba, desde los círculos militantes, que el cambio social tenía lugar principalmente en la escena macropolítica. 

No son pocos los que considerando lo innovador de los planteos esquizoanalíticos, llevaron adelante ciertas prácticas al interior de institutos de menores, cárceles y hospicios. La mayoría de ellos, consideraban a esas acciones como un cierto trabajo de base que tendría efectos en la escena política general, aunque pusieran mucho entusiasmo en esas prácticas moleculares.

La Micropolítica interpela y pone su acento en la particularidad, el sindicato, la junta de vecinos, el centro de estudiantes o diversas organizaciones institucionales en las que la ideología capitalista siempre es hegemónica.

En la Argentina existe un cierto sello distintivo en lo que hace al traslado de lo social hacia lo político, en cómo se concibe el salto hacia las superestructuras. Esto complica de alguna manera al activismo micropolítico. Veámoslo con algún detenimiento.

En los años 70 era una constante de los diversos grupos de las izquierdas revolucionarias, tanto socialistas como peronistas, buscar el modo en cómo determinadas luchas sociales -que por entonces eran prolíficas-, podían ser transformadas en una lucha política efectiva. De algún modo esto se llevaba adelante forzando la realidad sin alcanzar a producir los efectos deseados. Esto no dejó de ser una particularidad que prosiguió durante las décadas posteriores, principalmente durante los 90 en la resistencia social al menemismo. 

La ausencia de organizaciones políticas de izquierda con un gran anclaje de masas, en gran medida debido a la existencia del peronismo y otro tanto a raíz de sectarismo o dogmatismo, hizo a lo largo de los años que muchos activistas de formación marxista se dedicaran a llevar adelante trabajos de base por cuenta propia al margen de los partidos, pero con la intención clara de convertir esos núcleos organizativos en plataformas políticas. Es así que, a lo largo de las últimas décadas, en cualquier asamblea multisectorial es posible encontrar a dirigentes sociales de pequeños grupos de base, hablando como si fueran referentes nacionales. Esto se hizo bastante elocuente con el surgimiento del movimiento piquetero, en el que casi todos intentaron engordar su quinta propia sin la mínima preocupación por establecer las bases de un solo movimiento unificado.

Pareciera que el salto a lo político fuera algo así como una obsesión del activismo de nuestro país. Esta característica conspira contra el desarrollo de la micropolítica como tal. Posiblemente los que llevan adelante militancia de base autónoma no dejan de pensar en lo macropolítico, pero que, debido a sus posibilidades materiales, siempre quedan recluidos en un activismo que no excede lo local.

En un encuentro de organizaciones sociales realizado a principios de 2005 en el Olga Vázquez de La Plata, en el que estuvo presente quien escribe, tres activistas españolas contaban su experiencia en la recuperación de espacios tanto públicos como privados abandonados y de cómo gestionarlos en una nueva perspectiva. El grupo al que pertenecían constató que un viejo leprosario ubicado en un pequeño bosque cercano a Barcelona estaba abandonado, y a partir de ahí concentraron su tarea en recuperar el lugar, para luego de ser adecuado, poner ahí en marcha tanto un emprendimiento textil como un refugio habitacional para mujeres solas con hijos. A su vez contaban otras experiencias similares en Europa, como la de un viejo castillo en Italia que fue recuperado por los okupas y en el que pusieron en marcha un hotel autogestionado.

Lo interesante de esas experiencias es que no son demasiado conocidas y eso principalmente porque quienes las llevan adelante prefieren no exponerlas demasiado para impedir que las desbaraten. En la Argentina ese modus operandi no es el más común. Cuando irrumpieron las fabricas recuperadas allá por el 2001, algunas como Zanón o Brukman eran presentadas por algunos grupos de izquierda casi como la plataforma de la revolución socialista. No está mal intentar que los trabajos de base puedan aspirar a ser parte de una alternativa política, el problema es cuando se fuerza ese movimiento, rompiendo la unidad de base y abortando o desgastando lo alcanzado hasta ese punto.

La política como culto al individuo

No son pocos los que creen que los diferentes cambios revolucionarios son el resultado de la acción de grupos minoritarios. Las derechas utilizan ese tipo de argumento para desprestigiar y socavar cualquier intento transformador, mientras que ciertas izquierdas al igual que los progresismos también vanaglorian el culto de las personalidades. Esas ideas provienen principalmente del iluminismo jacobino de las burguesías radicales. La suposición de que todo cambio social tiene más que ver con la voluntad de algunos pocos que con las necesidades concretas de las grandes mayorías, no sólo económicas, sino también subjetivas.

Lo señalado podría ser desarrollado con suma exhaustividad si no fuera porque esos debates pueden rastrearse tanto en documentos como también por el testimonio de viejos activistas de un tiempo en el que la transformación de la sociedad estaba al orden del día. Si hoy las condiciones sociales son sumamente diferentes para llevar adelante una práctica política, hay determinadas matrices conceptuales que permanecen. En tal sentido se podría decir que el sustituismo elitista hoy es el patrón ideológico dominante, en desmedro de la participación activa. Dirán que “a la gente no les interesa nada. Vean cómo votan”, prescindiendo así de la tarea ardua de incorporar y foguear voluntades, del otrora conocido “trabajo de hormiga”.

Si se pretende transformar la realidad, esto no es posible sin la existencia de una fuerza social mayoritaria en la que primen trazos críticos y por sobre todo autonomía. Pedir el voto para resolver los grandes problemas sociales, no tiene ningún sentido transformador si a las grandes masas se las mantiene sumisas y sin ningún poder de decisión en lo que hace a la cotidianeidad, relegando sus deseos y su voluntad a votar cada dos años. Mucho más cuando hoy, más que proyectos lo que se votan son candidatos a los cuales la mayoría conoce por los medios de comunicación. De igual manera que en la vida corriente, en la política también reina el Individuo. Tanto el bueno que viene a “hacer cosas para la gente”, como el que viene a hacer negocios.


2021/05/10

Los movimientos sociales- Desocupados, rebelión y cooptación

 


El surgimiento de las luchas piqueteras a mediados de los ‘90 dio lugar un cierto traslado o desplazamiento de la clásica combatividad del movimiento obrero argentino. Sin embargo, una vez instalado un régimen de asistencia estatal, la feroz competencia al interior de los mismos movimientos, por conseguir planes fue debilitando la rebeldía. Aunque tal vez el mayor déficit haya sido que nunca se hayan podido unificar. (Foto de portada: Gabriela Manzo).

El 1 de enero de 1994 se produciría en un lugar remoto de la selva chiapaneca (México) un acontecimiento que marcaría a fuego el destino de casi todos los movimientos sociales de nuestro continente. La revuelta zapatista tanto por sus formas como por sus contenidos, iría a ser una fuerte bocanada de aire fresco, en un tiempo en el que se intentaba mostrar que cualquier expresión emancipatoria ya pertenecía a un pasado que había sido superado por el reino de las democracias liberales. Se vivía así el fin de la historia, el fin de las luchas y la llegada de un mundo en el que con el simple esfuerzo individual toda la humanidad podía ser feliz.

La irrupción del neozapatismo en la recóndita selva Lacandona, no sólo desenmascaraba la utopía reaccionaria promocionada por el pensamiento único neoliberal, sino que a su vez y de modo significativo, objetaba gran parte de las premisas de las izquierdas impregnadas de burocratismo y liberalismo. Mostraba fundamentalmente por qué, estas últimas expresiones habían perdido su relación con las bases sociales y las serias dificultades para recomponer cualquier lazo. Mientras que la mayoría de las izquierdas quedaba aprisionada en el juego democrático, los diferentes movimientos sociales comenzaban a construir sobre la base de la autonomía.

Promediando el año 1996, se comienza a producir un declive en las luchas de los trabajadores ocupados, y con ello el surgimiento de los novedosos movimientos de trabajadores desocupados que fueran más con conocidos como piqueteros. La gran Marcha Federal que tuvo lugar en 1994, ya presentaba una marca que comenzaba a verse por ese tiempo, la gran incidencia de los gremios estatales y la de los gremios del transporte (Camioneros y UTA). Las patronales tenían bastante resguardado el protagonismo de los gremios industriales, y no pocos creían que la presencia de los transportistas resultaba estratégica, ya que si se lo proponían podían desabastecer o dejar aislada a gran parte de la población. Lo cierto es que esto nunca ocurrió.

Precisamente en 1996 se produciría el primer gran corte de ruta en Cutral-Có (Neuquén) con un gran protagonismo de ex trabajadores de YPF. Un año después esto se repetiría en esa misma región neuquina y un fenómeno similar también tendría lugar en Tartagal (Salta)  en donde se repetía la presencia de ex trabajadores petroleros. La estética del piquete, repetida hasta el hartazgo por los medios televisivos, recordaba al zapatismo. Resultaba por ese entonces una novedad sin demasiados precedentes en nuestro país. Sorprendía incluso a las variadas organizaciones de desempleados que ya habían comenzado a desarrollarse, principalmente en los diferentes municipios del conurbano bonaerense.

Por ese tiempo, muchos desocupados comenzaban a juntarse, ex activistas gremiales y militantes de izquierda confluían en pequeñas organizaciones, aunque nadie sabía muy bien qué hacer. Vale señalar que en 1988 tendría lugar el nacimiento en Rosario de la Unión de Trabajadores Desocupados (UTD). Este grupo gestionó una personería jurídica como asociación civil sin fines de lucro, y funcionaba tanto como bolsa de trabajo, como generando algunos emprendimientos cooperativos. Alcanzó mayor desarrollo cuando Héctor Cavallero fuera intendente de Rosario a partir de 1989. Cuando surgió en 1992, el Congreso de los Trabajadores Argentinos (CTA), la UTD se incorporaría como un gremio más a la central dirigida por Víctor De Gennaro. De todas maneras el patrón de este grupo no sería el único modelo para los que como desempleados se sumaban a la nueva central obrera.

A partir de 1995 aparecerían a lo largo de los distintos municipios del conurbano bonaerense, pequeños grupos de desocupados. Algunos ligados a partidos de izquierda y muchos otros que no permitían la intromisión de las orgánicas al interior de la organización. La principal actividad era realizar ollas populares en las barriadas y participar de las grandes movilizaciones obreras que tuvieron lugar entre el 95 y el 96. A estos movimientos el fenómeno Cutral-Có sin lugar a dudas los entusiasmó, pero la realidad socio geográfica del Gran Buenos Aires no era demasiado propicia para llevar adelante acciones como la de los piqueteros neuquinos. Se consideraba por entonces que los municipios de Berisso y Ensenada, con la refinería La Plata en sus bordes, habiendo sufrido el despido masivo de trabajadores en 1992 podía ser un gran polvorín. A diferencia de Cutral-Có, Plaza Huincul o Tartagal; en el Gran La Plata no había condiciones similares.

El 1ro de Mayo de 1995 haría su presentación pública en Plaza de Mayo, la incipiente coordinadora de los Movimientos de Trabajadores Desocupados (MTDs).  Había entre ellos agrupaciones de San Francisco Solano (Quilmes), de asentamientos del partido de Almirante Brown, de Villa Corina (Avellaneda) entre otros.  En 1996 estos grupos confluirían junto a diversas organizaciones barriales, de desocupados, anti represivas, más ligadas a las izquierdas, en una gran movilización a la Casa Rosada que llevó el nombre de Marcha contra el Hambre y la Represión.  Allí también aparecieron grupos que se habían consolidado con la toma de tierras y la formación de asentamientos como el Agustín Ramírez. Lo interesante de este tiempo fue que comenzaban a aparecer diferentes elementos programáticos para estos grupos. El más significativo fue el reclamo por la institucionalización de un Plan de emergencia ocupacional y un seguro de desempleo.

Cuando se produjo el primer piquete bonaerense en el partido de La Matanza, la metodología de estos movimientos comenzó a expandirse y hacerse cada vez más presente el reclamo de estos sectores que fueron grandes protagonistas de las luchas que se fueron dando durante la crisis diciembre de 2001. Con la sangrienta represión efectuada el 26 de junio de 2002 en el Puente Pueyrredón de Avellaneda por parte del gobierno de Eduardo Duhalde y que dejara dos militantes populares asesinados, Darío Santillán y Maximiliano Kosteki; se iría a producir paulatinamente la cooptación de todos estos movimientos en las esferas estatales que controlan la ayuda social y rigen el asistencialismo. Los diversos movimientos comenzarían a ocupar en las barriadas el lugar que los viejos punteros habían perdido durante los 90. De todas maneras esto no excluye la importancia de estas organizaciones en la configuración de un tiempo en el que el movimiento obrero había perdido su potencialidad.

Se necesitaría sin dudas una historia crítica de estos movimientos, que muestre sus grandes aportes y a su vez sus déficits. A muy grandes rasgos vale subrayar que en las diversas luchas piqueteras se produjo un cierto traslado o desplazamiento de la clásica combatividad del movimiento obrero argentino. Una vez instalado un régimen de asistencia estatal, la feroz competencia al interior de los mismos movimientos, por conseguir planes fue debilitando la rebeldía y el compromiso de muchos militantes. Aunque tal vez el mayor déficit haya sido que nunca pudo establecerse la unificación de todos los movimientos en una central unitaria que asuma sindicalmente la gestión de todos los problemas inherentes a la condición del trabajador desocupado. La mayoría de las orgánicas de izquierda siempre consideraron a estos movimientos como parte de su propia base social.

La balcanización que afectó al conjunto de la sociedad y en particular a la clase obrera también se presentificó en estos movimientos. La unidad piquetera hubiera permitido gestionar al conjunto de las reivindicaciones de la economía social, o al igual que lo hace la Central Obrera Boliviana (COB), detectar las irregularidades presentes en ciertas empresas privadas y promover la recuperación de las mismas por parte de sus empleados. Incluso esta modalidad de empresa recuperada es un modelo típicamente argentino nacido al calor de las luchas producidas durante 2001.

2021/04/27

Globalización y democracia- Cuando el sujeto social se balcaniza


 No se trata de que el sujeto social haya desaparecido pero, igual que el conjunto de lo social, vive un proceso creciente de fragmentación que contradice la falsa panacea de una humanidad unida gracias a la globalización.

Hoy se intenta mostrar que a partir de la denominada globalización se fue produciendo de forma ascendente la unificación planetaria de la humanidad. Lo que no se dice es que ante ese avance, a nivel de los diferentes territorios y de forma inversamente proporcional, se fue dando una fragmentación creciente de las estructuras sociales.

 A diferencia de tiempos anteriores en los que primaba un tipo de sociedad integrada, hoy se percibe una balcanización cada vez más profunda. Esto resulta bastante evidente en relación a los desarrollos arquitectónicos presentes en la configuración de las ciudades, logrando que los diferentes estratos sociales se vayan aislando entre ellos, mientras que al interior de un mismo sector, se vaya perdiendo el sentido de pertenencia, haciendo que prime el individualismo ya no como actitud subjetiva sino como lazo social concreto.

Barrios cerrados, domicilios enrejados, asentamientos precarios en los que no entran más que sus habitantes; logran escindir a los diferentes sectores sociales; mientras que la supuesta unidad de lo social, sólo es factible encontrarla en el universo virtual creado por las plataformas tecnológicas.  No se trata pues de una mera cuestión espacial sino principalmente de una reconversión profunda del universo de la producción y de los modos de encarar la subsistencia.


Esto que se señala, paradójicamente aparece de modo redundante en la ficción distópica que hoy abunda tanto en el cine, las series de las plataformas y la literatura. Sociedades fragmentadas separadas por extensos desiertos, rotura del tejido social y modos de subsistencia en los que prima la competencia salvaje en la que no se escatima la utilización de métodos violentos y criminales. Si bien se podría decir que lo que se muestra en esa ficción no es igual a la realidad, ahí lo que varía simplemente es el modo de resaltar determinados contrastes en los que la ficción aporta apenas,  la pintura del paisaje.

En una nota anterior, quien escribe señalaba cómo en los tiempos que corren, fueron despareciendo diferentes elementos y conceptos que se cuentan para llevar adelante una práctica política transformadora y que otrora se consideraban indispensables. Todo parece haber quedado reducido a la experiencia electoral propia de las democracias liberales y a la gestión de lugares institucionales que no hacen otra cosa que reproducir el status quo, más allá de lo que discursivamente se pregona.

La consideración que debiera tener una fuerza social para transformar la realidad queda así reducida a la voluntad de los que se ofrecen como sus representantes. No se trata de gobernar “para” ciertos sectores de la sociedad que deben confiar, apoyar y seguir; sino gobernar “junto a” o más precisamente que los sectores populares, gobiernen a través de los que ellos mismos eligieron para hacerlo. No existe profundización de la democracia si eso no acontece, solamente la inercia en la que los más poderosos viven completamente resguardados.

¿Y el sujeto?

En la nota citada se señalaba que, la potencialidad que tuvo la clase obrera en otros tiempos, fue decreciendo y fue quedando poco que pueda torcer el rumbo de la acumulación capitalista propia del neoliberalismo reinante desde hace casi cuatro décadas. No se trata de que el sujeto social haya desaparecido, sino que al igual que el conjunto de lo social, se produjeron profundas hendijas que lo fragmentaron acorde a la balcanización creciente. Una estrategia política de liberación debiera construir un único centro de coordinación que permita unir los distintos fragmentos para que se potencien en las luchas contra la injusticia.

De todas formas vale señalar que alcanzar una comprensión científica de los fragmentos, sólo puede hacerse desde una perspectiva histórica, que no se encuentre escindida de los movimientos sociales. Una tarea tanto teórica como militante. Algo difícil y complicado en un tiempo en que cualquier conceptualización de la realidad siempre tienda a quedar absorbida por el discurso académico que monopoliza al saber.

Se intentará en lo que sigue rastrear someramente el proceso de desarticulación del sujeto que se fue produciendo desde hace al menos tres décadas, al interior de la sociedad argentina. Convengamos a su vez que esto es un proceso global que coincide con la instauración de ese sistema político, social, cultural y económico que conocemos como neoliberalismo.

A poco de asumir como nuevo presidente de la Argentina, en 1989, Carlos Menem impulsó la Ley de Reforma del Estado. Ello ocurrió el 17 de agosto de dicho año, cuando se sancionó la Ley 23.696 impulsada por el Partido Justicialista y sus por entonces socios de la UCeDe del ingeniero Álvaro Alsogaray. Con esta normativa el mandatario podía iniciar el proceso de privatizaciones de las diversas empresas públicas entregándoselas a inversores privados.

Esto afectaría principalmente a las diversas empresas estatales encargadas del suministro energético: electricidad, agua, gas, petróleo, carbón. La posterior privatización de YPF en 1992 dejaría una marca muy profunda al interior de la sociedad argentina. El desempleo comenzaba a crecer desmesuradamente a lo largo y ancho del país, llegando en mayo de 1995 al 18,4 por ciento. Gran parte de los trabajadores que fueron perdiendo su empleo, serían protagonistas en los años siguientes, de los  nuevos movimientos sociales de los cuales hablaremos más adelante.

Resulta interesante ver cómo determinados agrupamientos sociales fueron percibiendo esos cambios en la estructura, e intentaron construir nuevas herramientas organizativas para contener a una clase trabajadora que comenzaba una importante mutación.  El 14 de noviembre de 1992 se conformaría el Congreso de los Trabajadores Argentinos (CTA) que algunos años después se convertiría en una nueva central obrera. Para el nuevo CTA, el modelo sindical vigente, encarnado por la CGT, terminaría siendo ineficaz para enfrentar los cambios estructurales que se estaban produciendo.

Entre otras cosas el nuevo modelo sindical proponía que los trabajadores desocupados, jubilados, precarizados; debían formar parte de la nueva central obrera y que no se podía participar de los nuevos conflictos sociales sin establecer la unidad de todos los sectores, principalmente entre ocupados y desocupados. El trabajador despedido no podía ser ignorado por el sindicato del cual formaba parte.

El CTA, al igual que otros nuevos agrupamientos obreros como eran el Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA), constituido principalmente por los camioneros de Hugo Moyano y los transportistas dirigidos por Juan Manuel Palacios; y la Corriente Clasista y Combativa (CCC) que encabezaba Carlos “Perro” Santillán; tuvieron una gran incidencia en la resistencia al ajuste menemista. Fue en 1994 que esos sectores impulsaron la gran Marcha Federal, siendo esta  la punta de un iceberg que comenzaba a tronar ante la indiferencia de la burocratizada y anquilosada CGT.

Ante la pérdida constante de puestos de trabajo, el sector empresarial más concentrado comenzó a plantear la necesidad de la flexibilización laboral, cosa que iría precarizando cada vez más la relación entre capital y trabajo, y que lejos de ser una solución, junto al proceso de privatizaciones pondrían en jaque las condiciones materiales en las que se desempeñan los trabajadores.

La movilización iniciada con la Marcha Federal se iría a desarrollar hasta mediados de 1996, cuando tanto la CTA, como el MTA dejaron de lado la resistencia, poniendo gran énfasis en la construcción de una alternativa electoral, surgiendo la Alianza entre la UCR y el Frepaso. En esos tiempos cobraría relevancia la irrupción del movimiento piquetero que pasaría a ser el principal protagonista de la conflictividad social.

La necesidad de una central obrera que pueda darle un marco organizativo a los diferentes sectores populares sigue siendo prioritaria, a pesar de que hoy es mucho más complejo que por ese entonces.

En una próxima nota nos ocuparemos de esos movimientos de trabajadores desocupados que fueron surgiendo al calor de las luchas de Cutral- Có en el Sur y Tartagal en el Norte, protagonizadas principalmente por ex trabajadores de YPF. Desde 1995, a lo largo de los diferentes municipios del Conurbano bonaerense también nacieron diferentes movimientos, de los cuales nos ocuparemos, pero que diferían bastante de los que tuvieron lugar tanto en Neuquén como en Salta.


2021/03/27

¿Y dónde está el sujeto?


 El fin de la Historia, la desaparición del sujeto social en los discursos, la concepción de lo colectivo como suma de individualidades, la política como cuestión de profesionales, el mero voluntarismo como acción política forman un coctel que desde hace más de tres décadas opera como obstáculo para el cambio social.


Hoy estamos asistiendo a un tiempo en el que, la supuesta realidad del presente se eterniza en sí misma, prescindiendo de todas las determinaciones que fueron la base para llegar hasta este sitio. Dejando de lado el pasado, el futuro se torna sumamente lábil.  Ambos entrarían así en una realidad cercana al mito. No es por cierto que la historia haya desaparecido, sino que los grandes aparatos de construcción de subjetividad, se propusieron desde hace al menos tres décadas, establecer al fin de la historia como percepción dominante. La historia no acabó, pero se vive como si ello hubiera sucedido.

De esta forma, el universo de comprensión de la realidad -que siempre les sirvió a los activistas y militantes para orientar su práctica-, cayó en saco roto. Nadie podía pensar hasta hace unas décadas atrás, la acción política –siempre que se trate ella de una actividad transformadora- prescindiendo de caracterizar al sujeto social, a saber la fuerza que impulsa los cambios. Se podrá señalar que tanto en determinadas organizaciones de izquierda al igual que en el ámbito académico se sigue hablando de ello. El problema es que esas elaboraciones no llegan a los movimientos sociales o sindicales, quedando relegados estos, a la demanda de reivindicaciones estrictamente corporativas.

Se intentará en lo que sigue no entrar en pesadas abstracciones y mostrar algunos elementos que sean comprensibles para aquellos que lean con intenciones de encontrar una cierta guía para la acción. Nos interesa principalmente señalar que, prescindir del sujeto social, en la práctica política implica caer en el voluntarismo propio de las democracias liberales, en las que más que la acción de los sectores populares, interesa más  la supuesta buena voluntad de los que hacen política en los marcos restringidos del actual sistema de representación.

No se trata por cierto de desechar las acciones electorales ni la gestión de espacios institucionales, sino ver de qué manera el mismo régimen político va subordinado ciertas voluntades para quitarles cualquier margen de ruptura. En las actuales democracias no existe ningún lugar para un sujeto social a menos que se lo considere  como un mero elector pasivo.

Resulta complicado definir al sujeto social en una sociedad que se concibe a sí misma como la extensa suma de individualidades en las que cualquier diferencia más que remitir a una estructura, se concibe como algo maleable por las voluntades y los méritos que se hagan para vivir mejor.  Si bien hay quienes saben lo dicho y hablan de voluntades colectivas, en los hechos todos vivimos inmersos en aceptar que es el destino individual quien decide sobre nuestras vidas, enfrascadas en una frenética competencia entre pares.

En la sociedad existen diversos actores que nunca son individuales. Son conjuntos de individuos que viven en determinadas condiciones objetivas de las cuales se forma parte sin haberlo elegido. Aunque hoy se intente mostrar lo contrario -a partir de la promoción de la meritocracia-  es casi imposible salir de ahí. Sería casi como el intento individual de algún integrante de una determinada  especie animal por intentar vivir bajo condiciones ambientales o climatológicas adversas a su genética.

El sujeto social vendría a ser, el actor o el conjunto de actores que no sólo ocupan un lugar estratégico en la formación social sino que a la vez su sujeción o disconformidad producen alteraciones significativas del estatus colectivo. Si bien algunos pretendan señalar que hablar de sujeto social es propio del marxismo, su caracterización como veremos formó parte de diversos menús políticos.

Cuando Karl Marx definía a la clase obrera como el sujeto de la historia, partía de dos características diferentes pero a la vez simultáneas. Uno era el lugar en la producción y otro su capacidad operativa. Cuando esa clase tomaba la rienda de la revuelta social daba toda la sensación de que el sistema político tambaleaba y podía ser suplido. El proletariado contaba con herramientas propias de su lugar en la economía que podía hacer vislumbrar una sociedad mucho más avanzada sólo con poner en marcha un proyecto que debía prescindir de los capitalistas como tal, en tanto ellos mismos eran el principal obstáculo para el desarrollo. 

En la Argentina cuando surgió el peronismo, la clase obrera fue su principal sostenedor y para su líder, esa parte de la sociedad iría a ser la columna vertebral del movimiento. Su cabeza era el reducido grupo de militares que desde la centralidad del Estado armonizaba una supuesta comunidad organizada. El sujeto social en las sociedades más complejas nunca es un sólo actor, sino un abanico de ellos que en conjunto pueden mover y transformar las estructuras sociales. Lo plural invita a que su sostenimiento sea realizado por la hegemonía de uno de ellos.

La hegemonía es un término bastante utilizado pero poco comprendido. No es solamente la conducción sino principalmente el hacer parte a las demás partes de una resolución de sus problemas a partir de un determinado punto de vista que es el de quien hegemoniza. Cuando Lenin en la revolución de Octubre planteaba la unidad obrero campesina, nunca dijo que los campesinos debían subordinarse a los obreros sino aceptar en la unidad el punto de vista de estos últimos. Por ese motivo no se les impedía contar con la propiedad de la tierra y esta última llegaría a ser socializada en un largo proceso de transformación de las estructuras sociales. De hecho hasta ese momento los campesinos aceptaban la hegemonía de  sus antiguos amos. En la Argentina de hoy, los sectores agropecuarios en general están hegemonizados por la fracción más concentrada de la especulación financiera.

En las últimas décadas a partir del proceso de reconversión del capital, propio del neoliberalismo, se viene asistiendo a nivel planetario a lo que los más entusiastas pensadores de las derechas denominan el fin del proletariado. Es un ciclo en el que el sujeto del que hablara Marx, fue perdiendo densidad por la paulatina destrucción de trabajo. En el plano de las conformaciones urbanas no es lo mismo un cinturón urbano en el que crecen asentamientos de desplazados que los viejos cordones industriales en donde germinaban formas insurreccionales.

Sin dudas que la relación capital trabajo no se ha acabado, sino que la acumulación histórica de plusvalor que efectuaban los capitalistas sobre los obreros, hoy no es la única fuente de ganancias con la que cuentan los más poderosos magnates planetarios. La especulación financiera, las economías sumergidas e incluso la delincuencia económica forman parte del diverso menú que el marxista británico David Harvey denomina acumulación por desposesión.

Caída por el momento la posibilidad proletaria para dirigir un proceso de transformaciones sociales, sorprende que algunos autores posmarxistas como Ernesto Laclau y Chantal Mouffe hayan intentado enmarcar dentro de la teoría la posibilidad de una cierta hegemonía sin proletariado. Vale señalar que durante el segundo cuarto del pasado siglo, en China, Mao Tse Tung ideó ante la ausencia significativa de obreros, una estrategia de poder en el que los grandes protagonistas fueron los mayoritarios campesinos. Sin embargo para Mao el proceso se realizaba bajo la hegemonía de la clase obrera, a saber, el campesinado lo hacía de acuerdo al punto de vista proletario. El problema actual es saber qué sectores populares hoy son capaces de poner en marcha un verdadero proceso de cambio social. En una próxima nota se intentará dar vueltas sobre este asunto.

De todas maneras hay que convenir que para las actuales derechas, aunque no lo digan, existe un sujeto que vive cobijado, apuntalado y extremadamente protegido por el principal reglamento social imperante. La defensa de la gran propiedad privada y su libertad para realizar cualquier maniobra impune para acrecentar su poder, hoy se despliega pornográficamente en cualquier marco institucional. Es así, el principal obstáculo que tienen los gobiernos populistas o socialdemócratas para torcer los modelos económicos instalados hace ya varias décadas.

2021/02/15

Pandemia y política- La crisis y el gobierno judicial


 La pandemia de Covid-19 desmoviliza a la sociedad, impidiéndole utilizar su mejor arma para defender sus derechos, mientras otros actores – entre ellos el Poder Judicial -, sin ese freno hacen su juego con más libertad y casi sin tapujos.

Con la llegada de la pandemia, hace aproximadamente un año, las medidas que comenzaron a adoptarse para enfrentarla, inevitablemente terminarían deteriorando la economía. Esto no es un dato local sino que afecta al escenario global, aunque haya habido gobiernos que tuvieran una actitud de despreocupación completa con respecto al abordaje del Covid19, por considerar que éste no podía obstaculizar el despliegue económico. El coronavirus, aunque lo hayan considerado como “una gripecita” no dejó de afectar a los países gobernados por quienes así lo tildaran.

Habría que convenir en que la actual crisis producida por la pandemia no es un mero accidente, una rara excepción a la regla, sino un síntoma estructural más, producido por el modelo actual de acumulación capitalista. Se da enmarcada en un proceso de deterioro creciente del medio ambiente, principalmente apuntalado por los agronegocios y que no permite vislumbrar ninguna atenuación.  No se trata pues de disminuir la brecha entre los que más y menos tienen sino de revertir este proceso para generar otro modelo de acumulación económica que no permita, entre otras cosas, el desplazamiento de grandes masas de habitantes del campo para engrosar precarios asentamientos urbanos, condenándolos a la marginación.

Si nos atenemos a la norma, las crisis siempre las pagan y las sufren mucho más los sectores populares que los verdaderos hacedores de las mismas que además están preparados para encararlas intentando obtener ganancias de ellas. De todas formas una crisis siempre ofrece un grado de indeterminación que la convierte en posibilidad. Bajo la leve salvedad de que hoy en la Argentina no gobierna la derecha, estando al frente el peronismo, uno podría preguntarse cuánto margen favorable poseen los sectores populares para zafar de la depresión. Esa respuesta sólo puede darse en el día a día descartando cualquier conjetura cercana a la justificación.

En la Argentina cualquier intento de redistribución que a su vez pueda permitir la reversión del actual modelo de acumulación económica siempre encontrará grandes adversidades a las cuales sólo se podrá sortearlas si se lo hace con gran determinación y sobre todo mostrando potentes relaciones de fuerza. Este último componente no deja de ser quien impulsa en última instancia la voluntad de cambio. Tras muchos años de gobiernos progresistas interrumpidos por cuatro años de rapiña macrista, no se pudo nunca avanzar en transformar la matriz productiva preponderantemente agroexportadora ni revertir la especulación financiera que condena a millones a la marginación. 

El aislamiento social creado por la pandemia produjo un grado significativo de desmovilización social, principalmente por el hecho de que las organizaciones populares fueron de las primeras en advertir el riesgo sanitario y el cuidado de sus adeptos. No es el caso por cierto de la derecha que aprovechó esas circunstancias para ganar las calles ante la inmovilidad del resto a sabiendas del apoyo irrestricto de los grandes medios. Tampoco desde el gobierno se adoptaron medidas para evitarlo cayendo en los mismos prejuicios liberales de los que sacaban a relucir sus cacerolas. 

Distinta vara

Antes de fin de año, el 28 de diciembre el presidente de Bolivia Luis Arce promulgó la Ley 1357 de Impuesto a las Grandes Fortunas. La medida consiste en el cobro a todos aquellos ciudadanos que superen en sus arcas los 30 millones de bolivianos. El Estado recaudará unos 4,3 millones de dólares mensuales, y que alcanzará a 152 personas fraccionadas en 3 segmentos. Lo interesante de la medida es que dicho impuesto será permanente.

A diferencia del "Aporte Solidario y Extraordinario para Ayudar a Morigerar los Efectos de la Pandemia" sancionado en nuestro país, el impuesto boliviano tendrá extensión en el tiempo y eso dará mucho mayor previsibilidad que el cobro de determinada cuota una sola vez. Lo interesante es saber qué ocurre cada vez que en nuestro país se intentan plasmar medidas que verdaderamente pueden aportar a revertir el modelo de acumulación económica.

Si se googlea impuesto a la riqueza en la Argentina, curiosamente la mayor cantidad de información corresponde a bufetes de abogados preparados para actuar en contra de “medidas comunistas” que propician “expropiación, “confiscación” en el marco de una creciente “inconstitucionalidad”. Respuestas exageradas a medidas que no dejan de ser tenues. Los grandes medios son la principal caja de resonancia.

El gobierno judicial

No alcanza con señalar determinadas falencias si no se pone en marcha algo que pueda cambiarlas. “Como yo soy un republicano de verdad, respeto la autonomía judicial, pero no quiere decir que avale lo que ellos hacen” dijo el presidente Alberto Fernández para luego afirmar que “La Corte está mal y lo que era un tribunal prestigioso en los años de Néstor hoy es un tribunal muy poco calificado socialmente”.

Durante este gobierno no se pudo lograr la expropiación de Vicentín, una empresa plagada de irregularidades con indicios claros de delincuencia económica, y que hubiera logrado una mejor plataforma para  el comercio de granos. El poder judicial les puso el freno.

El desalojo de centenares de pobladores en Guernica el año pasado, fue motorizado por el poder judicial, haciendo que las fuerzas de seguridad vayan en la dirección que esa corporación les señalaba. Se sabe que ni el mismo gobernador Axel Kicillof ni el Ministerio de Desarrollo nacional estaban a favor del desalojo aunque carecían de cualquier margen de acción para impedirlo. ¿Esto será ser “republicano de verdad”?

Aproximadamente 10 años atrás, la por entonces presidente Cristina Kirchner no dejaba de hablar de la “Justicia cautelar” o de la “máquina de impedir”. Por aquellos años se hablaba de “profundizar un proyecto” que cada vez fue quedando más  en la superficie de un realismo político hoy dominante.

Mientras el poder judicial sea uno de los principales bastiones heredados de la dictadura cívico militar, no se podrá avanzar demasiado. Se podrán decir muchas cosas.

Para todos aquellos que no dejan de señalar que “no hay que hacerle el juego a la derecha”, habría que precisar que éste es ese juego porque les estamos permitiendo que se reagrupen, organicen y tengan mayor piso de sustentación que los sectores populares.