2022/11/12

Una extraña especie


Cuando una especie -tanto animal como vegetal- se encuentra en riesgo, o sobrevive desafiando la selección natural o desaparece en su totalidad.

Sólo el humano cree que puede salvarse individualmente. Fantasías al respecto sobran.

Que un grupo minoritario vaya a vivir a otro planeta es algo bastante difundido.

Que en algún lugar excéntrico de la Tierra puedan aún vivir algunos dinosaurios o que haya en alguna alta montaña, un mamut freezado, son ideas que no escapan a nuestra imaginación literaria. Pura renegación de la desaparición de esas especies o mejor aún: renegación humana de ser una especie.

No existe aún una ciencia que pueda dar cuenta de todas las vicisitudes, riesgos, soluciones o proyecciones del humano.

2022/08/08

BB King y Lucille- Una historia de amor que venció al tiempo

 


Cuando promediando los ’60 se daban los grandes éxitos discográficos tanto de los Beatles como de los Rolling Stones, emergían la psicodelia y la cultura del rock. Muchos jóvenes por ese entonces se inclinaban a escuchar a viejos mitos del Blues como Robert Johnson y Elmore James. Se trataba de imbuirse de ese espíritu negro e intentar desde ahí producir una nueva versión del blues y el rhythm’n’blues. A eso se lo denominó en ese tiempo: Blues blanco.

Lo cierto es que desde los 50, de forma bien subterránea, había varios bluseros negros de gran talento, que si posteriormente fueran sumamente conocidos fue gracias a que esos jóvenes de los 60 se empecinaron en llevarlos a los primeros planos. Tanto es así que un desconocido Muddy Waters fue conducido al escenario por los Stones para que juntos realizaran esas composiciones que tenían su origen el Delta del Mississippi.

Al igual que Muddy, también estaban los King -Albert, Freddie y B.B.-, Albert Collins, John Lee Hooker, entre muchos más.  La mayoría de ellos con edades cercanas a los 40 años, salían del anonimato en el que habían desarrollado hasta ahí su incipiente carrera artística. En lo que sigue nos referiremos a ese gran guitarrista que se llamó B. B. King y que fue considerado como el Rey del blues.

Quien escribe se enteró de la existencia de BB cuando en una Revista Pelo o Pinup, el guitarrista argentino Claudio Gabis del trío Manal, lo nombrara como a uno de sus gustos preferidos. Al encontrar en una disquería su larga duración Indianola Mississippi Seeds, que en la tapa mostraba una sandía con forma de guitarra, no dudó en adquirirlo. Una delicia en la que se podían oír esos fraseos que seguramente inspiraron a Gabis en temas como Avellaneda Blues.

BB nació el 16 de septiembre de 1925 en Itta Bena, una pequeña ciudad en el Estado de Mississippi. Habiendo fallecido en 2015 a los 90 años llevó adelante su producción hasta casi sus últimos días. Realizó cerca de treinta álbumes y compartió escenario a lo largo de su vida con los grandes bluseros de su tiempo. Muchos de ellos añoraban hacer presentaciones con el Rey. Recordemos la importancia que le dio a ello el ya extinto guitarrista argentino Pappo, cuando ambos se presentaron en un inolvidable show en el Madison Square Garden.

Lucille

Los grandes guitarristas, de cualquier género, serán recordados por sus interpretaciones, por los sonidos que le hacen emerger a un instrumento. BB King tuvo la particularidad de que además, siempre se recordará a su guitarra con nombre de mujer.

Cuenta la leyenda de que en 1949 cuando BB estaba tocando en un salón de baile en Arkansas, dos hombres comenzaron a pelearse, produciendo un incendio. Todos tuvieron que huir del sitio. BB entró de repente a buscar el instrumento que había quedado entre las llamas. Los dos hombres murieron quemados. Se supo que peleaban por una mujer llamada Lucille. BB bautizó con ese nombre a la guitarra que logró rescatar.  

Un debate nunca realizado es ese en el cual, no se sabe perfectamente qué es lo que más atrae de una mujer a un hombre. Si son las carnes o las formas. La primera opción pareciera desmentida hoy por lo que se dio en llamar Sexo virtual. Las formas bien curvadas de una guitarra recuerdan las formas de una bella mujer.

Los gemidos bluseros que siempre emergieron de Lucille, indicaban que ella nos recordaba que su amante lo hacía de la mejor forma. Siempre se sintió profundamente amada.

Cabalgando junto al Rey

En junio del año 2000, se publicaba un trabajo conjunto realizado por dos emblemas del blues. Eric Clapton junto a BB King lanzaban Riding with the King. Ambos habían coincidido muchas veces en el escenario pero nunca habían realizado una obra de estudio en conjunto.

Clapton desde mediados de los sesenta representó siempre al guitarrista blanco de blues más notorio. Habiendo salido de la innumerable cantera de los bluesbreakers de John Mayall y luego conformando el poderoso trío Cream junto al bajista Jack Bruce y el baterista Ginger Baker desde muy joven Clapton se transformó en una verdadera estrella.  En los primeros años setenta los tres integrantes del grupo eran considerados por las principales revistas especializadas de rock como los mejores ejecutantes de sus instrumentos.

Que se hayan juntado Clapton junto a BB para realizar una obra conjunta representó un verdadero logro y ese disco algo que no debe faltar entre los coleccionistas y melómanos.

Ambos habían compartido antes, entre otras cosas, el sentido homenaje al extinto Stevie Ray Vaughan. Otro gran emblema del Blues.

 

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2022/03/22

Acerca de lo kafkiano- El Castillo y su sombra proyectada

 


El escritor checo Franz Kafka nació en 1883 y falleció en 1924. En su corta existencia, casi todo lo que escribió, nunca fue publicado, salvo algunos textos cortos. Mientras que a este eximio narrador se lo conoce más por los avatares de Gregorio Samsa en La metamorfosis, o sus conflictos personales evidenciados en sus célebres Cartas al padre, está esa otra veta que desarrolló en El castillo o en El proceso, en donde llevó adelante una bastante peculiar interpretación de la sociedad de su tiempo, no privándose de invocar a lo absurdo, dentro de una maraña en la que la burocracia se torna casi una metástasis.

El Castillo es una de esas novelas inconclusas que dejó este autor y que por lo que se sabe, él no quería que fuese publicada. Tanto El Proceso como América fueron otras de esas obras no terminadas. Kafka le había pedido a su amigo Max Brod; que si él falleciese, todos sus escritos fueran destruidos. Brod no acató esa orden y colaboró con los editores para que la obra póstuma fuera llevada a la imprenta.  

Cuando se lee El Castillo se genera la idea acerca de que esa construcción edilicia en verdad no existe. Llegando al final de la obra inconclusa en ningún lugar aparece esa edificación que le da nombre al libro. Quien escribe llegó hasta el final de la novela, diciéndose a sí mismo: “Viste, no estaba el castillo…”

En el primer párrafo del primer capítulo, se puede leer: “Había ya anochecido cuando K. llegó. Una espesa nieve cubría la aldea. La colina estaba oculta por la neblina y la oscuridad; ningún rayo de luz indicaba la situación del gran Castillo. K. permaneció largo tiempo sobre el puente de madera que conducía del camino principal a la aldea, con los ojos elevados a las alturas, que parecían vacías”. Se puede pensar en una hermosa metáfora, aunque con el correr del texto se comience a dudar sobre la existencia real del edificio.

Algunas páginas más adelante, el agrimensor K. dejó la aldea para acercarse al Castillo. “En suma, tal como se veía de lejos, el Castillo respondía a lo imaginado por K. No era un viejo castillo feudal ni un palacio de fecha reciente, sino una construcción amplia, compuesta de unos cuantos edificios de dos pisos y un gran número de casitas apretadas unas contra las otras; si no se hubiera sabido que era un castillo se habría podido creer que se trataba de un pueblecito. K. sólo vio una torre y no pudo discernir si formaba parte de una vivienda o de una iglesia. Nubes de cuervos describían círculos en torno a ella”. Aunque en el párrafo citado Kafka pone mucho más en evidencia la inexistencia del palacio, el lector aún no cejará de buscarlo.

Salvo el escenario descrito, todas las escenas transcurren en la aldea. En la supuesta antesala del palacio. Los funcionarios y sus secretarios bajan al poblado para atender los reclamos. Si se entiende a la burocracia como la excesiva delegación del poder en la que cualquier ciudadano se ve aprisionado, en esta obra kafkiana esto se torna demasiado evidente. El poder no tiene centro y se ejerce desde innumerables puntos como alguna vez dijo Michel Foucault. Si en El Castillo se muestran todos esos vericuetos, estos los vamos a encontrar en sus ramificaciones terminales. Tal vez por eso que si ese palacio existe o no, ya no tendría tanta importancia en tanto que el reglamento, -supuestamente impuesto desde  ese lugar- se lleva adelante sin ambigüedades. El poder funciona. Los funcionarios y sus secretarios bajan a la aldea en nombre del Conde.

Habiendo llegado a la aldea por la noche, el agrimensor K. deberá esperar hasta la mañana para llegarse al Castillo en el cual supuestamente deberá cumplir algunas funciones para lo que fue contratado. Los que bajan a la hostería no sabrán nunca decirle demasiado acerca de las tareas que deberá cumplir y a pesar de todo le enviarán a dos ayudantes. Resultarán una carga de la cual K. intentará desprenderse. En otra hostería en la cual se hospedan los que bajan del castillo, nuestro personaje conocerá a Frieda, una mujer que en ese lugar debe atender a esos hombres, y en primer lugar a un tal Klamm que supuestamente es el más alto funcionario del Conde. Klamm nunca aparecerá en escena, aunque Frieda se lo había mostrado a K. por el agujero de la cerradura. Esta mujer abandona la hostería para acompañar al agrimensor. Todo hace sospechar que tanto ella como los dos ayudantes, no hacen otra cosa que hacerle inteligencia a K.

Pasan los días y nuestro personaje no sabe para que lo contrataron. Puede haber sido un error. El alcalde que vive enfermo y postrado en una casa de la aldea,  le dice al respecto que es posible que un funcionario del castillo haya pedido un agrimensor, aunque mientras tanto le ofrecen trabajar como portero de una escuela. Uno se pregunta por qué K. en lugar de volver al lugar de dónde había llegado se quedó en ese lugar, y ahí pareciera que Kafka evocara a alguien que necesariamente debe exiliarse.

K. buscará en vano conectarse con Klamm, pero este lo evitará siempre, incluso cuando nuestro personaje se puso a esperarlo a la intemperie al lado del carruaje en el cual el alto funcionario debía viajar. Todo transcurre entre prohibiciones, sugerencias y principalmente delegaciones en las cuales nadie decide por sí mismo, haciendo así una madeja indescifrable.

Posiblemente si en ese tiempo hubieran existido las cosas que tienen lugar hoy, se podría haber hecho una escena en la cual K, telefonea al castillo, y una voz le dijera: “Si es por una consulta marque 1, si es por otra razón marque 2” y cuando K marcó 1, aparecerán varias opciones más pero nunca lo atenderá más que una voz grabada.

El castillo es sin dudas un preludio de la incipiente burocratización del estado moderno. Al igual que en El proceso el personaje llevará como nombre una sola letra: K. La primera del apellido de quien las escribió.

 

2022/02/04

La literatura en la Colonia- Un lazarillo en el Virreinato


Si se pretende rastrear datos o informaciones, sobre la historia de nuestro continente en tiempos del virreinato, la literatura posible de abordar resulta bastante escasa. Sobresale sin embargo, una colección de narraciones que llevó el nombre de Lazarillo de ciegos y caminantes desde Buenos Aires hasta Lima que fuera escrita por Alonso Carrión de la Vandera, aunque  la misma fuera firmada con el seudónimo Concolorcorvo, nombre correspondiente  un indio llamado Calixto Bustamante, quien fuera en este caso, un asesor privilegiado del nombrado  la Vandera. 

Todo indica que el Lazarillo fue editado en 1773 en Gijón, y tres años después en Lima. La Vandera nacido en 1715 en Gijón fue un alto funcionario del por entonces virreinato del Perú, pero a su vez un viajero y cronista del nuevo continente. 

Cuando en 1936 Walter Benjamín escribiera el opúsculo El Narrador, tal vez nunca haya sabido de la existencia de Alonso Carrión de la Vandera, pero tal como el filósofo berlinés definiera en ese escrito al arte de la narración, ésta iría a coincidir asombrosamente con la obra del relator de las indias. 

“En todos los casos, el que narra es un hombre que tiene consejos para el que escucha. Y aunque hoy el ‘saber consejo’ nos suene pasado de moda, eso se debe a la circunstancia de una menguante comunicabilidad de la experiencia” afirmaba Benjamín, en el escrito señalado, haciendo principal hincapié en la narración como un acto donde se transmiten experiencias. El viajar es por lo tanto una fuente inagotable, y es a partir de la movilidad, donde el narrador encuentra el principal material de su cosecha. 

La Vandera comenzaba  su serie de relatos, con un Exordio, donde daba  precisas definiciones acerca de las características de lo que serán sus narraciones: “Los viajeros (aquí entro yo), respecto de los historiadores, son lo mismo que los lazarillos, en comparación de los ciegos” afirmaba, asegurando que éstos últimos necesitan de los primeros para “que dirijan sus pasos y les den aquellas noticias precisas para componer sus canciones, con que deleitan al público y aseguran su subsistencia”.  La Vandera no escondía sus pretensiones, y afirmaba que sus “observaciones sólo se han reducido a dar una idea a los caminantes bisoños del camino real, desde Buenos Aires a esta capital de Lima, con algunas advertencias que pueden ser útiles a los caminantes, y de algún socorro y alivio a las personas provistas en empleos para este dilatado virreinato” razón por la cual “este tratadito” llevaría ese nombre. 

Concolorcorvo tras el exordio nos hablará de Montevideo, los gauderios y Buenos Aires, en un tiempo donde aún no existía el virreinato del Río de la Plata, el cual fue constituido definitivamente el 27 de octubre de 1777. El relato es de unos pocos años antes, y tal vez su mirada podría resultar despectiva, pero lo que hacía era solamente describir lo que él veía en los lugares donde llegaba. Benjamín afirmaba “que la mitad del arte de narrar radica precisamente, en referir una historia libre de explicaciones”.  Concolorcorvo describía: la abundancia de alimentos en Montevideo, la presencia solapada de contrabandistas que montan una pulpería para encubrir su poltronería, la existencia de sacerdotes sin el sínodo del rey, la existencia de los gauderios que pueden subsistir gracias a dicha abundancia. 

Describía así en la costa oeste del Río de la Plata, a Buenos Aires con una pobre arquitectura, mientras que en Córdoba mostraba una vida opulenta. De esta forma el narrador viajaba  hacia el norte por el camino real intentando dejar advertencias útiles para los caminantes bisoños, donde se pueden encontrar tanto referencias culturales, como económicas o geográficas sin perder su espíritu de guía. 

El Lazarillo de los ciegos caminantes, es una obra obligada para rastrear nuestras raíces sudamericanas.

 

2022/01/30

El deporte y el negocio ¿Hacia dónde va el fútbol?


 La adhesión a un club de fútbol no se puede comparar a las preferencias que tiene un consumidor por un producto especial, aunque se tienda a que eso suceda. La popularidad de un equipo tiene como correlato en los jugadores o los cuerpos técnicos, el sentido de pertenencia a los colores de una camiseta. Esto también es algo que la mercantilización tiende a hacer desaparecer.

Deportes hay de lo más variado. Probablemente hayan surgido como una continuación de la guerra por otros medios. El entrenamiento físico y el enfrentamiento entre competidores. En la Antigua Grecia surgieron los juegos olímpicos y la célebre Maratón que consistía en una carrera pedestre que hacía referencia directa al trayecto que había emprendido un mensajero del ejército ateniense para comunicar a la ciudad, el triunfo bélico.

Existen deportes en los que la competencia es colectiva y en otros como pueden ser el golf o el tenis que son de tipo individual. Un rasgo de importancia es principalmente la atención que un determinado juego puede producir en personas que precisamente no juegan. El público, los espectadores. Este último ítem también tiene una larga historia que no es exclusiva de los deportes. El teatro griego o el circo romano son algunos ejemplos, aunque el gran ímpetu que tiene el público en cualquier espectáculo es algo que alcanzó gran relevancia con la irrupción de la sociedad de masas, amplificado eso por la reproducción a través de los medios audiovisuales.

En tanto que el deporte que nos ocupa es el fútbol, intentaremos fijar algunos detalles acerca de su popularidad y la atención que despierta.

Sentido de pertenencia

Todo indica que el fútbol o en todo caso la utilización que se hace de él -para que cada vez sea un negocio mucho más suculento-, tienda a desplazar algunas características que varias décadas atrás eran innegociables. La adhesión o el fanatismo que producen los clubes de fútbol resulta un dato innegable, y esto de una manera peculiar en nuestro país.

El público argentino tiene características bastante especiales que no son propias del fútbol solamente. Los integrantes de la legendaria banda Rolling Stones, señalaron varias veces que cualquier  recital que se realice en nuestro país tiene ingredientes, otorgados por la presencia masiva de fans que no existen en ningún otro lugar del mundo. El famoso pogo fue destacado por innumerables bandas extranjeras de rock. El fenómeno que producía Patricio Rey y sus redonditos de ricota es inhallable fuera de nuestras fronteras.

Por características sociológicas casi no estudiadas el fútbol tiene adhesiones incomparables y especialmente en la Argentina. No tardó tanto la Conmebol (Confederación Sudamericana de Fútbol) en llevar la final de la Copa Libertadores 2018 a Madrid, en tanto la misma fue protagonizada por los superclásicos rivales de nuestro país: River Plate y Boca Juniors. Seguramente un negocio grandilocuente.

La adhesión a un club de fútbol no se puede comparar a las preferencias que tiene un consumidor por un producto especial, aunque se tienda a que eso suceda. La popularidad de un equipo tiene como correlato en los jugadores o los cuerpos técnicos, el sentido de pertenencia a los colores de una camiseta. Esto también es algo que la mercantilización tiende a hacer desaparecer. Hoy las jóvenes promesas rápidamente quieren emigrar en búsqueda de mercados más redituables.  

El periodismo deportivo en general, aprueba y fomenta la idea de que lo mejor que le pueda pasar a los mejores jugadores o directores técnicos de nuestro medio, es emigrar. Resulta curioso que ante la irrupción de Julián Álvarez, joven centrodelantero de River Plate que ya fue convocado a la selección nacional, muchos de los denominados especialistas, digan que el jugador tendría que irse ya a jugar a Europa para adquirir cualidades que en nuestro fútbol nunca va a poder tener. Obviamente no hablan de una cantidad de jugadores que participan en nuestra liga y que habiendo realizado la experiencia europea, no volvieron siendo mucho más que lo que fueron, cuando emigraron. Ejemplos sobran.

El periodismo deportivo da toda la sensación de apuntalar, en primer lugar, los diferentes negocios que informar a los simpatizantes de los clubes. Los jugadores emigran cada vez más jóvenes e incluso sin haber debutado en la primera de las instituciones que los formaron desde niños. Las convocatorias a la selección argentina desde hace ya varios años sorprenden siempre con jugadores que militan en ligas extranjeras y que ni siquiera son conocidos por los hinchas locales. Vale señalar que los grandes seleccionados, incluso los argentinos que fueron campeones mundiales, siempre fueron la expresión de las competencias  locales. Eso hoy acontece con los principales combinados europeos: Inglaterra, Alemania o Italia. Las selecciones sudamericanas se deben contentar con reclutar sus jugadores por diferentes partes del mundo.

Hoy es un lugar común señalar que jugar en la Argentina no ofrece ningún futuro. Que ninguna institución pude pagar lo que se gana en otras ligas. El problema es que si se ve bien lo que ocurre en los mercados de pases es que hoy los diferentes clubes no venden jugadores a los países considerados como de élite. El joven atacante de Independiente Alan Velasco, considerado como una de las grandes promesas de nuestro fútbol, en estos días sería vendido a un ignoto equipo de la liga estadounidense. De esta forma el club de Avellaneda podría resolver las inhibiciones que tiene y así poder contratar nuevos jugadores.

Otro club inhibido es San Lorenzo de Almagro, aunque en estos días estaría subsanando ese problema. Antes de las privatizaciones que realizara el expresidente Carlos Menem, allá por los primeros ’90, hubo una gran campaña orquestada para desprestigiar a las empresas públicas y mostrar que eran sumamente deficitarias e ineficientes. No extrañaría que en el fútbol, los grandes empresarios interesados en privatizar las instituciones estén metidos en una estrategia similar, en la que los grandes medios sin ser tan explícitos, van por el mismo camino.

Debieran existir desde el poder político instancias que protejan a los clubes de fútbol, principalmente desde el aspecto económico. No se podía esperar eso del gobierno anterior ya que el ex presidente Mauricio Macri era un ferviente defensor de convertir a las asociaciones deportivas en empresas privadas. Este gobierno se desentiende de esto, pero cuando más de la mitad de los clubes de primera división pidieron que renuncie Marcelo Tinelli como presidente de la Liga Profesional de Fútbol, fue Mario Alberto Leito, actual presidente de Atlético de Tucumán y diputado nacional por el Frente de Todos quien salió a defender al empresario televisivo. Se interpretó lo de Leito como la respuesta del gobierno.

Se dijo más arriba que esta es una tendencia actual del negocio del fútbol, difícil de revertir pero quedarse con ese realismo no es diferente a lo que hacen esas plataformas políticas que se quedan en el posibilismo y renuncian a llevar adelante lo mejor para un país.

 


2022/01/15

El fútbol como espacio ideológico- La pelota sí se mancha

 


El deporte más popular del planeta no puede ser escindido del entramado social, político e ideológico del cual emerge, y está atravesado por intereses económicos y corporativos. En la cancha y en los clubes no se juegan solamente resultados deportivos.

Hoy en un tiempo de relativa despolitización, pareciera que en el único lugar en donde aún existen las grandes masas es en el fútbol. El regreso del público tras el fin de las medidas preventivas, necesarias para enfrentar la pandemia ocasionada por el Covid19, nos muestra algo que ya todos sabíamos, pero que siendo algo normal no resultaba tan obvio. Las hinchadas tienen una gran incidencia en esta actividad deportiva, son su principal ingrediente emocional, eso que intensifica en un equipo su sentido de pertenencia.

Con la irrupción del fascismo en Europa, a mediados de los años  ’20 del pasado siglo, y principalmente cuando esa veta totalitaria logró acceder al poder, no fueron pocos los intelectuales comprometidos, principalmente marxistas que intentaron continuar la denominada lucha ideológica por otros medios, debido en primer lugar a la necesaria clandestinidad de sus labores. Aunque una vez destrabada su acción política debido a la caída tanto del nazismo alemán como del fascismo italiano, entendieron que algunas de las vetas que habían desarrollado era muy válido continuarlas, aunque a posteriori eso no tuviera un gran ímpetu. Algo similar ocurrió en la Argentina durante la última dictadura cívico militar.

El fútbol es sin dudas un lugar muy propicio para llevar adelante la lucha ideológica. A finales de los ’80, el por entonces poco conocido Slavloj Zizek, en un artículo que llevaba el nombre de “La desublimación represiva”, hacía referencia a esto. Esta pequeña introducción pareciera ser el justificativo que quien escribe tiene para abordar un tema no usual. La mayoría de los grandes medios deportivos no tienen empacho en llevar adelante una determinada línea interpretativa que se corresponde con la visión hegemónica sobre este deporte.

El fútbol aunque no se lo diga, está atravesado por grandes intereses corporativos. En tal sentido  fue Mauricio Macri el único presidente de la Nación que además de tener un determinado proyecto de país, orgánicamente incluyó la administración del fútbol, tanto financiera como institucional. Su incidencia en la Asociación del Fútbol Argentina (AFA) fue decisiva, mientras que la presidencia de Daniel Angelici al frente del club Boca Juniors siempre fue algo así como la pata macrista dentro del fútbol.

De todas maneras no se trata de analizar al fútbol solamente por sus costados económico o político para que éste tenga interés en personas que como inclinación principal tienen la actividad militante o social. En todo caso se trata de subrayar que un deporte como el fútbol no puede ser escindido del entramado social, político e ideológico del cual emerge. Esto es válido también para otro tipo de actividades como podrían ser las artísticas.

La denominada globalización lejos de unificar horizontalmente las economías de todo el planeta, no ha hecho otra cosa que profundizar las grandes desigualdades y asegurarse la división internacional del trabajo entre naciones industrializadas y productoras de commodities. Si bien este rasgo afecta principalmente a la producción y comercialización de los variados insumos que se necesitan consumir para llevar adelante la vida cotidiana; esta matriz también está presente en el fútbol.

Desde hace algunas décadas, entre 2 y 3 aproximadamente, es posible observar un cambio sustantivo en el nivel de competitividad entre los equipos sudamericanos y los europeos. Mientras que anteriormente cualquier gran equipo argentino, uruguayo o brasileño podía competir contra cualquier grande de Europa, hoy la brecha cada vez es más pronunciada. Por otra parte fueron desarrollándose nuevos lugares en los que el fútbol tiene mucha mayor incidencia como son algunos países africanos o en los Estados Unidos en donde el balompié era un deporte casi marginal.

Hoy los medios deportivos cuando hacen referencia a las grandes ligas europeas, lo hacen hablando del “fútbol de elite”. De tal forma en un país como la Argentina en el cual la popularidad de este deporte es muy marcada, con presencias masivas de adeptos, daría la sensación de ser así un deporte de segunda. En una nota televisiva bastante reciente, el jugador de la selección nacional Rodrigo De Paul, hoy vistiendo la casaca del Atlético de Madrid confesó que recién cuando llegó a jugar en Europa, logró convertirse en un verdadero profesional. De Paul había jugado localmente en el Racing club, uno de los grandes de nuestro país.

Hoy es común que cuando surgen buenos jugadores en nuestro medio, con muy poca edad ya pretenden emigrar e incluso los grandes medios interpretan esto como natural y también auspicioso. Esto se condice con el dinero que puede ganar un jugador en otras ligas pero no, con las posibilidades concretas que tiene el fútbol argentino para ofrecer certámenes acordes a la tradición nacional.

Se puede señalar que en las grandes ligas europeas, la preparación física y futbolística es mucho más exigente de lo que ocurre aquí. Se entrena de otra forma y los cuidados personales son mucho más estrictos. Si se observan estos detalles  en equipos de las ligas del interior o de las divisionales del ascenso, en donde este deporte es de semiprofesional hacia abajo, y en donde la mayoría de los jugadores trabajan de otras cosas, no se podría objetar demasiado. Si bien los futbolistas argentinos no ganan ni cerca lo que podrían ganar en las grandes ligas, tampoco se puede decir que sus sueldos sean de miseria.

Lo económico si bien es determinante, eso no exime el no poner un cierto empeño para impedir que la brecha señalada se haga cada vez más profunda. Para eso es necesario el esfuerzo mancomunado de las diferentes instituciones deportivas, para ofrecer un producto mucho más atractivo. Ejemplos positivos hoy existen en el fútbol argentino.

De igual manera que en las formaciones económicas primarizadas siempre será válido intentar cambiar la matriz productiva aunque hacerlo sea extremadamente arduo; agregar valor, industrializar lo que se pueda, es también un desafío para nuestro fútbol. Hacíamos referencia a un país como los Estados Unidos que sin tradición en este deporte, hoy se está convirtiendo un mercado bastante competitivo al que muchos jugadores argentinos emigran. Sorprende que los partidos de la MLS (la liga yanqui) se televisen a lo largo de Sudamérica, cuando eso no ocurre con certámenes de países de la región que tal vez nos despierten mucho mayor interés.

Hoy se produce una cierta interna en el fútbol argentino, en la que gran parte de los directivos de los clubes de primera, cuestionan a Marcel Tinelli presidente de la Liga Profesional de Fútbol (LPF) en torno a cuestiones económicas como por ejemplo la venta de los derechos televisivos hacia otros países. Este sin dudas es uno de los grandes temas del fútbol mundial, ya que los grandes equipos europeos cuentan con la televisación como uno de sus principales ingresos.

No son pocos los que plantean que se necesita privatizar a este deporte como se está haciendo en casi todos los lugares del mundo. Es un tema bastante controvertido y sin dudas responde a una tendencia actual del rumbo de la economía global.

El problema de convertir a los clubes en sociedades anónimas, los derechos de televisación,  el intentar salir de ser un simple productor de commodities e incluso el sentido común imperante en este deporte que se pone sobre el tapete, desde el modo de jugar hasta el cuidado de los campos de juego, son algunos de los temas que en sucesivas notas, quien escribe pretende desarrollar con mayores detalles.

Mejorar la calidad del fútbol argentino, no significa nada más que hacer que éste tenga así una mejor proyección económica. En primer lugar implica darle a uno de los públicos más exigentes del mundo un espectáculo acorde a sus deseos. Porque son principalmente los adeptos a este deporte, uno de los pilares fundamentales para que esta actividad se reproduzca.

 

 

2021/10/18

De resplandores diferentes- Entre la novela, el cine y la miniserie


Stephen King publicó “El Resplandor” en 1977 y fue un éxito mundial. Tres años después, Stanley Kubrick estrenó la película basada en ella, que ya forma parte de la historia del cine pero que a King no le gustó, tanto que produjo y controló en detalle la miniserie sobre la novela de 1997. ¿Qué se juega y qué se pone en tensión cuando una novela se lleva a otro lenguaje?

Cuando una obra literaria es llevada al cine inevitablemente habrá diferencias. El traslado de lo escrito a otro formato, en este caso visual y auditivo nunca podrá ser correspondido fehacientemente debido a que la aprehensión de lo real realizada por medios como pueden ser un texto hecho con letras y otro con imágenes y sonidos, nunca podrán captar la totalidad, ni la temporalidad que se pone en juego. En ambos textos habrá una selección necesaria y simultáneamente habrá exclusiones.

De todas maneras la adaptación siempre tendrá esos factores comunes inevitables y necesarios para que una nueva obra realizada en un nuevo soporte sea la representación de la anterior. Trama, personajes, lugares, tiempo histórico e incluso cierta interpretación ideológica acerca de lo que sucede en el desarrollo. Siempre se hablará de una cierta traición al texto original, cuando los elementos considerados se encuentren sustancialmente alterados.

Se estrenó en 1997 la miniserie El Resplandor (The Shining) basada en la novela homónima de Stephen King publicada en 1977. La dirección de la serie hecha en tres capítulos de una hora y media cada uno fue a cargo del cineasta Mick Garris, bajo el asesoramiento y la mirada atenta del mismo King. El prolífico narrador se sabe que nunca estuvo muy conforme con la versión cinematográfica realizada por Stanley Kubrick en 1980 y que fuera de gran éxito. Stephen King no sólo escribió el guión de la miniserie del ’97, sino que además aparece en un cameo.

En lo que sigue intentaremos elucidar, entre otras cosas, el porqué de la disconformidad del escritor con respecto a la obra del cineasta.

Partiremos del hecho indudable que tanto el libro como el filme, en su particularidad muestran el gran talento de sus hacedores, y esto mismo es lo que hizo que ambas producciones se convirtieran en obras de culto. El problema que se plantea en la diferencia es de otra índole, posiblemente tenga que ver con visiones encontradas, con perspectivas ideológicas no del todo solidarias. Para Stephen King su novela, representaba mucho más que un gran éxito editorial, el primero y tal vez el más importante de su larga cosecha. En la trama se ponía en juego parte de su propia historia personal. Para Kubrick la producción de este filme significaba una gran oportunidad para lograr su propia redención como cineasta, tras el relativo fracaso de su anterior película Barry Lyndon realizada en 1975.

Una dificultad que surge en la confección de esta nota, es que su lector no haya visto la película ni la miniserie, o que tampoco haya leído la novela de King; pues se encontrará inevitablemente con referencias que sería imposible comprender sin conocer el contexto general, cosa que excede largamente las posibilidades de lo que se intenta explayar. De esta forma, sin conocer previamente la obra, tampoco se corre el riesgo de anticipar el final para quien no lo conozca, aunque en la novela y en el filme no coincidan plenamente; debido a que se tornaría ilegible.  

Las diferencias más notorias entre ambas obras, son sin dudas la caracterización de sus personajes, incluso la exclusión de algunos que están presentes en la novela y que no aparecerán en el filme. Casi todos los que escribieron sobre este tema, coinciden con el litigio que se plantea  a partir de un personaje como Jack Torrance. Quien escribe considera que la exclusión de alguien como Al Shockley, amigo íntimo de Jack representa un señuelo significativo por dónde se puede entrar a analizar la perspectiva kubrickiana. Volveremos más adelante a desarrollar las principales diferencias entre estas dos obras, entre ellas sus personajes.

Entre las diferencias hay algunas que siendo significativas no alteran demasiado la obra original, incluso se podría decir que algunas de ellas funcionan como un nuevo condimento que le otorga un sabor bastante interesante. Elegiremos algunos ejemplos al respecto.

En la novela tendrán gran importancia los verdes setos recortados con forma de diversos animales: un conejo, un perro, un caballo, una vaca y otros tres más grandes que son leones retozando. Quien había recomendado a Jack Torrance para el trabajo de cuidador del hotel, recordaba a Jack en sus tiempos de estudiante trabajando para arquitectos paisajistas, realizando la poda y el mantenimiento de un jardín ornamental en la casa de una acomodada señora. Ese recuerdo fue lo que hizo que pensara en él para el cuidado del Overlook. Una de las tareas del cuidado de las instalaciones también será mantener esas figuras ornamentales.

Los animales de los setos tendrán su propio protagonismo en la novela. En la película de Kubrick esto será reemplazado por un grandilocuente laberinto verde también hecho con setos. Wendy y Danny, esposa e hijo de Jack en un momento pasean por el laberinto, mientras que este último los observa desde una gran maqueta del laberinto presente en una de las salas más grandes del Overlook. El nombre del hotel elegido por King no resulta ocioso.

En tal sentido la elección de un gran laberinto, duplicado en una maqueta en la que se pueden ver los movimientos al interior del primero, hacen gala panóptica del nombre elegido. No es un simple Mirador, es también algo que ve desde arriba, es algo que nos observa. No es sólo ver sino también ser visto. En ambas obras el Overlook se convertirá en una instancia que se asemeja bastante a lo que Sigmund Freud denominó Superyó.

 Volveremos sobre esto más adelante cuando hagamos referencia a los múltiples fantasmas, que en el aislamiento acosarán a nuestros personajes. En el caso puntual del laberinto y su maqueta se puede considerar la función de autoobservación propia de esa instancia descrita por Freud. Kubrick introduce en el guión cinematográfico el hecho de que el hotel construido en 1907 está edificado sobre un cementerio indígena. Es un ingrediente interesante, no presente en la novela, que habría que ver de qué modo se complementa con la idea de “resplandor”.

Como en esos juegos de mesa en los cuales se debe avanzar tantos lugares como indica la cara del dado, se debe evitar caer en determinado casillero para evitar retroceder, empezar de nuevo o incluso perder el partido. La diferencia es que aquí no se trata de azar sino de la voluntad que se ponga en juego para impedir caer en la seducción que produce, saber que no se tiene que entrar en tal lugar sin saber bien el porqué. Cuando Dick Hallorann, el cocinero negro del Overlook se percató que Danny Torrance poseía las dotes paranormales propias de “el resplandor”, mantuvo antes de irse del hotel, una conversación con el niño advirtiéndole de ciertos peligros.

Hallorann le pidió a Danny que nunca entre ni se acerque a la habitación 217. Kubrick utilizará el número 237. El cambio de número tiene que ver con un pedido expreso de los dueños del Timberline Lodge que es el hotel en donde se rodó la película de 1980. Temían que a partir de las escenas que se ven en el filme, nadie más querría ocupar esa plaza. En la novela el cuarto estaba ubicado en un piso distinto al que utilizarán con asiduidad los Torrance en su estancia en la montaña. Danny en el filme se paseará en triciclo por el mismo piso en el que estaba la enigmática pieza, cruzándose además con el fantasma de las gemelas Grady. La forma del pasillo por el que circulará el niño reforzará el aspecto panóptico señalado en el laberinto y su maqueta. Kubrick hará ampliar considerablemente el sonido que emite el triciclo, haciendo que se torne una melodía casi inquietante. En el libro no habrá ni triciclo ni gemelas, lo cual no afectará la idea original del novelista, es más, le dará un condimento especial.

Danny Torrance era un niño con algunos atributos inusuales. Podía ver cosas que otros no ven, saber qué pasaba por la cabeza de sus padres. Además tenía un amigo imaginario, Tony que le daba consejos, le sugería de qué cosas abstenerse. En la miniserie, bajo la sugerencia de King Tony es un adolescente que podía ser la proyección del mismo Danny. En el filme Kubrick utiliza un artificio algo grotesco que es hacer que ese amigo habite en la boca del niño, haciéndole hablar de un modo burlesco. Los padres de Danny saben que su hijo es especial, pero no saben a ciencia cierta cuáles son sus atributos.

Es el chef Dick Hallorann quien al percibir en Danny las cualidades de quien esplende, mantiene una charla con él y le cuenta qué es “el resplandor”. Hallorann también poseía esas cualidades al igual que su abuela, con quien se comunicaban sin hablar. “Hay mucha gente que tiene un poco de esplendor, sin saberlo. Son los que siempre aparecen con flores cuando su mujer está triste. Son los que se dan cuenta de cómo se siente la gente, con sólo entrar en una habitación” le cuenta Dick al niño “…es lo que la Biblia llama tener visiones y algunos hombres de ciencia precognición”.

Hallorann se despidió de Danny, pidiéndole que si algo ocurriese en la estancia invernal en el Overlook, pegase un fuerte grito que él desde lejos lo iría a escuchar y vendría en su socorro, sugiriéndole enfáticamente que no se acerque a la habitación 217, como ya habíamos señalado. La sugerencia del fuerte grito, no está en el filme, por eso el chef desde la lejanía no deja de mirar los noticieros televisivos e intenta infructuosamente comunicarse vía telefónica.

Jack Torrance

Si existe algún litigio entre la producción fílmica de Kubrick y la novela original de Stephen King, es justamente la interpretación kubrickiana de este personaje, es lo que iría a hacer mucho más ruido de lo que soportan los oídos más afinados. Debido a que siempre habrá más espectadores de cine que lectores de novelas, el Jack Torrance de Kubrick siempre será el más conocido, no sólo por lo antedicho sino también porque la gigantografía en la que el actor Jack Nicholson aparece con un rostro bastante sacado y sucio, en el momento en que rompe con un hacha una puerta de madera; esa imagen logró trascender cuantitativamente a todos los que vieron alguna vez la película.

El Torrance de Kubrick es un personaje bastante despreciable. Todos esperan que termine como al final acaba, congelado en el laberinto. Con gestos burlescos, aire sobrador, voz socarrona y principalmente imbuido de una maldad grotesca, Nicholson inmortalizó a este personaje.  Mientras el Torrance de Stephen King se desdobla en el desarrollo de la trama, siendo un personaje en el que muchos lectores varones podrán ver sus propios defectos; el de Kubrick muestra la hilacha maldita desde sus inicios.

En la novela Jack Torrance es un humilde profesor que debido a su adicción alcohólica, le cuesta llevar adelante su vida familiar e incluso maltrata a sus seres queridos. Es un personaje que vive arrepentido de esas actitudes y que intenta redimirse, ganándose el afecto familiar cada vez más esquivo. Convertirse en el cuidador del hotel, en época invernal representa principalmente conseguir un trabajo, terminar de escribir una obra de teatro, y recuperar el amor de sus esposa, ante la posibilidad cierta de un eventual divorcio. A la vez, ganarse la confianza del pequeño Danny.

Se sabe que mucho de ese Torrance fue en verdad parte de la misma vida de Stephen King, quien ante ciertos avatares desventajosos se entregó a la bebida por un tiempo.  Debe ser difícil, siendo King verse reflejado por el personaje interpretado por Nicholson. Kubrick quien había tenido su momento de gloria con el rodaje de 2001: una odisea en el espacio (2001: A Space Odyssey) en 1968 y La naranja mecánica (Clockwork Orange)  en 1971 venía en decaída tras el relativo fracaso de Barry Lydon en 1975. El éxito editorial de la novela de King en 1977 representaba para el cineasta una oportunidad inigualable, y se ve que supo aprovecharla.

En 1962 Kubrick había tenido arduas negociaciones con Vladimir Nabokov, para que este último le vendiera los derechos de su novela Lolita. Era un especialista en estos temas y por eso decidió comprar los derechos de autor de El Resplandor para hacerla a su gusto. Mientras que King provenía de una humilde familia de trabajadores, Kubrick había nacido en una familia económicamente poderosa.

Más arriba habíamos señalado que Al Shockley fue uno de los personajes más importantes de la novela que por lo contrario no aparece en el filme. Shockley era el íntimo amigo de Torrance en sus tempos de estudiante, compartían noches de jarana y la adicción alcohólica. A diferencia de Jack, Shockley era de una familia acomodada y había comprado la mayor parte de las acciones del Overlook. Es él quien  a sabiendas de los problemas que aquejaban a Torrance lo recomendó para el trabajo de cuidador del hotel.

Una escena muy importante de la novela es cuando Jack revisando el sótano, se encontró con un álbum de recortes de diarios de distinta época, en las que pudo corroborar que en ese establecimiento no sólo se hospedaron distintos presidentes estadounidenses, sino también grandes capos mafiosos que incluso se habían tiroteado en los pasillos, dejando algunos cadáveres sobre las alfombras. El hotel también había servido para blanquear dinero ilegítimo. La habitación 217 era el lugar donde se hospedaba la mujer de un poderoso abogado, que recibía asiduamente a jóvenes amantes. Ella terminó suicidándose en la bañera.

Cuando Torrance descubrió esos archivos creyó que ahí estaba el material perfecto para escribir su obra maestra. Su amigo Shockley al enterarse de esto lo llamó enfurecido para decirle que él estaba ahí gracias a su amabilidad, y no para inmiscuirse en cosas que no le correspondían. Así de tajante. No deja de ser esta escena una parte importante en el desencadenamiento de la metamorfosis de nuestro personaje.

Será el mismo Overlook quien se irá apoderando de Torrance para convertirlo en algo así como un monstruo. Van a ser tanto su esposa como su hijo quienes al verlo completamente cambiado dirán abiertamente que ese no era él. A Jack se lo devoraron los espectros.

Sobre el final del filme de Kubrick, aparece la imagen del Gold Room del hotel, y en una de sus paredes blancas pueden verse varias fotos. La cámara se acerca a una de ellas y puede verse ahí , mucha gente posando en una fiesta. Un acercamiento mayor mostrará a Jack Torrance sonriendo. La fecha es del 4 de julio de 1921. Celebraban un nuevo aniversario de la independencia de los Estados Unidos. Si hay alguna semblanza que aluda al álbum de los recortes de diarios encontrado por Jack en el sótano, es precisamente esa. En la película el asesino Grady le dirá a Jack que él siempre perteneció al Overlook.

La jungla del fantasma.

Dice un proverbio popular que “la soledad es mala consejera”. Cuando se lee la novela de Stephen King es inevitable para quien la haya visto, recordar la película de Ingmar Bergman La hora del lobo (Vargtimmen) realizada en 1968. En este filme el pintor Johan Borg y su esposa Alma quien se encontraba embarazada, se retiran a vivir a una pequeña isla  para que nadie los moleste. Al igual que los Torrance aislados por la nieve en un hotel de la montaña, los Borg comenzarán a protagonizar una historia ampliada junto a un concierto de fantasmas. “Será que cuando uno se encuentra muy enamorado, comienza a ver lo mismo que el otro”, se preguntaba Alma cuando relata lo acontecido en la pequeña isla de Baltrum.

Sin entrar en grandes disquisiciones teóricas digamos que lo que Freud denominó Superyó, tenía al menos dos funciones específicas, la ya mencionada autoobservación y la conciencia moral. Esta última como algo que nos habla permanentemente que hace sugerencias e incluso extorsiona. En el desarrollo que Jacques Lacan hizo sobre esa instancia freudiana, dirá que el Superyó no es lo que nos condena por excedernos en la realización de los placeres mundanos. El Superyó en Lacan será un imperativo permanente, una exhortación a gozar sin medidas. Esa es la imagen de Jack Torrance cuando será poseído por el espíritu del Overlook. En tal sentido la interpretación que hace Kubrick es muy buena.

Para Stephen King el Jack Torrance poseído ya no es Jack Torrance, es un semblante, es si se quiere la irrupción directa del Superyó desplazando al Yo mismo. Tal vez sea el fantasma que King imaginó llegar a ser si no torcía su propio rumbo. Es esa imagen que vista en la interpretación de Kubrick debe haberlo escandalizado.

Stephen King es un gran admirador de las narraciones de terror, principalmente las de H.P. Lovecraft. En el caso de El Resplandor es posible leer si se quiere, una secuencia de cuentos articulados del autor de Las Ruinas de Ctuhulhu o El color que cayó del cielo. La referencia a Edgar Allan Poe también es inevitable. La Máscara de la Muerte Roja es un ingrediente importante que aparecerá en la obra que nos estamos refiriendo.

Si es por esas referencias literarias de la literatura estadounidense de terror, se puede decir que en eso, Kubrick no desentonó en lo más mínimo.