2019/01/25

Entre la demagogia punitiva y el humanismo ingenuo- El laberinto de “la inseguridad”


Cuando las derechas hacen profesión de acciones poco humanitarias para remediar la violencia producida por la inseguridad, las respuestas del progresismo no hacen más que caer en una encerrona que deja al problema sin solución.
Nota Socompa

Se podría afirmar con bastante certeza que el problema de la inseguridad data en este país de hace por lo menos dos décadas. A partir de la segunda mitad de los 90 fue cuando comenzó a presentificarse.  Hace al menos 30 años la Argentina era un país con cifras cercanas al pleno empleo y con índices de seguridad muy altos. Bastante diferente era en el resto de los países sudamericanos. Se podía escuchar por entonces que quien perdía su trabajo o se deprimía o salía a robar. De producirse lo último no se unía a circuitos criminales ni a contar con respaldos exteriores a su acción individual. Era un emprendedor autónomo que podía regresar del delito en el caso de reencontrar una fuente laboral.
Extraña escuchar hoy a sectores progresistas sostener que la causa de la delincuencia sea únicamente la pobreza. Se supone que en la esquina de una villa varios pibes se juntan a drogarse para envalentonarse y luego ir a delinquir debido a sus falencias económicas. Los informes del activismo barrial que surgen de situaciones de ese estilo contradicen esa mirada. Principalmente los pibes son apretados para luego ser reclutados. Hoy prevalece el crimen organizado. Pero ningún informe detalla los otros eslabones de la cadena. Esto se torna elocuente en actividades como el narcotráfico o la trata de esclavas. Los verdaderos empresarios del delito son la parte invisible de la cadena.
La estructura tremendamente desigual que genera el neoliberalismo produce formaciones sociales agrietadas y fragmentadas con una marcada balcanización y compartimentación que hace que el aislamiento producido sea aprovechado por el crimen organizado para su expansión.
Desde la segunda mitad de la última década del siglo anterior se sucedieron gobiernos de diferente color político. Ninguno pudo frenar el avance exponencial del delito y mucho menos revertir la estructura cada vez más desigual. En este sentido nada cambia que haya una mejor distribución de la riqueza mientras que la estructura de clases sociales y el modo de acumulación económico sigan siendo los mismos.
Lo que sorprende son las marcadas diferencias discursivas de las diferentes posiciones políticas en cuanto a cómo debe abordarse el problema. Se supone que en un gobierno progresista los delincuentes cuentan con mayores derechos y las fuerzas de seguridad se encuentran maniatadas. La derecha en cambio sostiene que debe ser al revés y libera de cualquier complejo de culpa a las fuerzas felicitando por ejemplo a un Chocobar. Los índices del crimen siguen iguales o peores. Tal vez ambas posiciones discursivas no sean más que  pequeños detalles que no hacen en absoluto mella de un fenómeno bien complejo.
Cuando se hace referencia a la inseguridad existe un supuesto generalizado en el que coinciden tanto las izquierdas como las derechas y es que la existencia del delito responde a acciones espontáneas de sectores juveniles afectados por la pobreza. Esta idea no hace otra cosa que ocultar la existencia del crimen organizado. Suponer que la inseguridad es el resultado de la pobreza creciente no es más que llegar hasta la mitad del problema sin ocuparse de la otra mitad que seguramente es la de mayor importancia.
Demagogia punitiva

Desde la irrupción del crimen organizado en las sociedades latinoamericanas, las derechas no hicieron otra cosa que hacer propaganda de la denominada “mano dura” enfrentando así los supuestos esbozados por el progresismo basados en la inclusión social o la necesidad de enfrentar la pobreza. Lo cierto es que propuestas como pueden ser la baja de la edad de imputabilidad de los menores, el protocolo sobre la utilización de armas de fuego o el uso de pistolas Taser si bien podrían endurecer el accionar policial, no ofrecen ninguna garantía de que el crimen cese. La existencia del delito genera mayor segregación social y por ende odios marcados de los sectores afectados hacia la delincuencia visible.
Proponer como el nuevo presidente de Brasil Jair Bolsonaro o la ministra de seguridad Patricia Bullrich la utilización indiscriminada de armas por parte de la población civil no deja de ser mera demagogia que se contradice con las leyes vigentes y que además también liberaría a las organizaciones criminales para su libre utilización. Justicia por mano propia o linchamientos no dejan de mostrar un paisaje distópico en donde el Estado se retiró del problema y deja a los ciudadanos al libre albedrío. Pueden servir esos accionares para saciar venganzas y broncas pero no para resolver el problema de la inseguridad. La propaganda de la derecha apunta a ese apetito vengativo que no hay que desconocer en tanto el problema realmente existe en la sociedad.
Tanto los medios como la derecha agitan constantemente sobre este asunto pero a la hora de definir lo que supuestamente quieren combatir no hacen más que pedir endurecimiento de las fuerzas de seguridad y castigos ejemplares. Como si se tratara de un acontecimiento que sólo existe a nivel de lo moral. A la inversa para los sectores progresistas o de izquierda pareciera que la respuesta también es moral y atañe al ejercicio de un humanismo que el conservadurismo o el liberalismo ya no profesan. Convengamos que al interior de la estructura social hoy el humanismo no es preponderante. La sociedades actuales son fundamentalmente individualistas, corporativistas y con un creciente racismo implícito.
El término inseguridad resulta confuso. Es simplemente descriptivo y alude principalmente a los efectos sociales a los cuales se lo engloba. Trapitos, manteros, cuidacoches, amenazadores por twitter,  barrabravas o simplemente integrantes de movimientos sociales que cortan una avenida son metidos en la misma canasta que lo que propiamente debe denominarse criminalidad. Cuando decimos “metidos en la misma canasta que…” estamos señalando un modo de construir la realidad que es lo que hoy modelan principalmente los medios masivos y que luego será repicado al infinito mediante las redes sociales. En esa realidad se producen determinadas conjunciones que sólo son factibles en la imaginación y el desconocimiento. Lo que no quiere decir que no sean efectivas. Asociar a un movimiento social con bandas de narcos repetidamente provoca un efecto que se torna indemostrable para la percepción cotidiana de por ejemplo los sectores medios.
Las falsas dicotomías
Cuando las derechas hacen profesión de acciones poco humanitarias para remediar la violencia producida por la inseguridad las respuestas del progresismo no hacen más que caer en una encerrona que deja al problema sin solución. Baja de la edad de imputabilidad, armas sofisticadas, libertad de acción para las fuerzas de seguridad, castigos ejemplares y por qué no pena de muerte son algunos de los ítems que las derechas plantean para resolver el problema. El progresismo en lugar de rebatir estos planteos como de nula eficacia para revertir la situación se embarca en debatir sobre las medidas propuestas intentando mostrar que carecen de humanismo. La derecha obviamente no tiene soluciones para combatir al crimen organizado y en tanto el progresismo tampoco plantea nada al respecto, la primera aprovecha para señalar que la culpa de la inseguridad es de las políticas inclusivas. Un nudo muy difícil de desatar mucho más cuando los medios se convierten en una caja de resonancia que repite eslóganes y consolidan un sentido común bastante retrógrado. Preocupa que tanto las izquierdas como el progresismo no tengan respuestas adecuadas, ya que de esa forma según el sentido común seguirán siendo cómplices.
El primer día de este año al ser investido como nuevo presidente del Brasil, Jair Bolsonaro remarcó su promesa de “terminar con el socialismo y con la ideología que defiende criminales e incrimina policías”. Un verdadero oxímoron.

2018/11/20

América Latina y el neofascismo- No todos los fachos son pardos

El uso generalizado de la categoría neofascismo para explicar el avance de la ultraderecha en América Latina, sobre todo a partir del triunfo de Bolsonaro en Brasil, lleva a confusiones teóricas que dificultan la resistencia.

Nota Socompa

Tras el triunfo electoral en Brasil de Jair Bolsonaro se puso sobre el tapete el tema del surgimiento en nuestro continente de opciones políticas de ultraderecha bajo el rótulo de neofascismo o neonazismo. En el viejo continente hace ya un tiempo que se vienen dando esta clase de movimientos que incluso cuestionan severamente la existencia de la comunidad europea.  De todas formas vale la pena poner blanco sobre negro en lo concerniente a esta clase de posiciones, ya que si nos atenemos exclusivamente a la nomenclatura podemos incurrir en errores graves de caracterización que lejos de permitir generar contrapropuestas políticas que frenen el avance derechista lo único que harán es declamación moralista o ideologista.

El nazismo alemán y el fascismo italiano si bien tuvieron diferencias entre sí, poseyeron denominadores comunes bastante claros. Ambos se desarrollaron tras la primera guerra y fueron serios causantes de la segunda. No pocos desde posiciones de izquierda, principalmente los partidos comunistas de la Tercera Internacional consideraron que la irrupción de estas posiciones representaba el avance desmedido de la reacción mundial en general y contra la Unión Soviética en particular. Si bien esto puede entenderse así, hay que ver que en primer lugar era el resultado de la feroz competencia entre potencias capitalistas del mundo de entonces. La guerra iba a ser el desencadenante natural de la puja interimperialista por los mercados y los recursos. Los proyectos nazi fascistas se sostenían en el desarrollo de una sociedad integrada corporativista que apuntaba al crecimiento industrial y militar.

En los países del Tercer Mundo, hubo tanto militares como burguesías nacionales que simpatizaron con el surgimiento del nazifascismo. Sin ir demasiado lejos en la Argentina el grupo de militares que formaban parte del GOU (Grupo Obra de Unificación) en los ’40 del que fuera parte Juan Domingo Perón, tuvieron posiciones nacionalistas. El proyecto de “comunidad organizada” representaba claramente ese ideario. Lo que nunca se dice es que esas posiciones políticas trasladadas a la periferia mundial tenían un marcado sesgo antiimperialista. La mayoría de los movimientos nacional popular llevaban esa marca.

El surgimiento reciente de una ultraderecha regional a la cual se la emparenta con el nazifascismo posee raíces que están más ligadas con la ideología de militares y civiles que en gran parte de la segunda mitad del Siglo XX fueron subordinados en la implementación del Plan Cóndor y partícipes necesarios de una guerra fría que poco afectaba a esta parte del mundo. Tal vez con el final del primer peronismo también se terminó la posibilidad de existencia de militares patrióticos. La camarilla cívico militar que encabezó la dictadura argentina entre el 76 y el 83, lejos de tener posiciones nacionalistas profundizó la dependencia. El tinte reaccionario, represivo o totalitario no es un rasgo propio del nazifascismo. En nombre de la moral occidental y democrática es posible encontrar accionares tan oscuros y perversos como los que se le atribuyen al nazifascismo. Las actuales ultraderechas están más emparentadas a esta segunda veta que a las raíces con las que se las intenta catalogar desde una mirada marcadamente liberal. Mucho más cuando las fuerzas armadas y de seguridad reciben formación y adoctrinamiento por parte de las principales agencias ligadas al complejo militar estadounidense.

Las actuales ultraderechas regionales emergentes poco tienen de nacionalismo. Se basan en tendencias existentes en el sentido común más abyecto principalmente alojadas en las clases medias.  Xenofobia, racismo y toda una gama de prejuicios muy arraigados en contra de otros sectores sociales a los cuales identifican como peligrosos. Las políticas progresistas lejos de haber trabajado correctamente esas contradicciones sociales no han hecho más que profundizarlas en nombre de posiciones que más que políticas parecen religiosas. No se trata de pedirles a unos que amen a los otros, sino de crear condiciones objetivas de convivencia. Las actuales derechas aprovechan al máximo esas falencias y reproducen permanentemente el odio estructural.

El surgimiento del nazifascismo tuvo que ver principalmente con el malestar que se creó con la Primera Guerra Mundial y sus consecuencias posteriores. En Calle de dirección única (1928), Walter Benjamin proponía un viaje por la inflación alemana en el que mostraba las incertidumbres y angustias de una nación que necesitaba salir de ese estado aunque poco podía vislumbrarse el cómo. Una temática similar se puede encontrar en el film de Ingmar Bergman El huevo en la serpiente de 1977. De todas maneras la salida a esa etapa crítica implicaba el desarrollo de nuevas fuerzas productivas y de la unidad nacional. En Metrópolis (1927) del cineasta alemán Fritz Lang es posible ver cómo la masa proletaria es sojuzgada de forma casi esclavista para producir en aras del bienestar general.  Si el nazismo surge como una opción ultra reaccionaria esto se da en el marco de una sociedad que virtualmente tiene la posibilidad de desarrollarse. En cambio las actuales opciones ultraderechistas se producen en una sociedad demasiado fragmentada y decadente que deja cada vez más intersticios libres para ser ocupados por economías sumergidas como el narcotráfico o el tráfico de personas. El neofascismo lejos de combatir estas modalidades sólo realiza demagogia punitiva. El crimen organizado no deja de ser un negocio pingüe del que sería iluso suponer que los sectores económicos más poderosos no intenten extraer ganancias.

Si en otros tiempos el fascismo se oponía al liberalismo, hoy el neofascismo va de la mano del neoliberalismo. En tanto, las organizaciones populares deben entender que si no se caracteriza correctamente a esta nueva derecha se corre el riesgo de ser un blanco predilecto de ella. De hecho ya se viene desarrollando una guerra molecular sistemática contra todo esbozo de organización. Desde la prédica mediática se emparenta a los movimientos sociales con la criminalidad y se justifica su represión. No se trata por cierto de que los medios mientan, exclusivamente. Estamos acostumbrados a suponer que en las subjetividades creadas por el capital, se da un fenómeno de transformar lo positivo en negativo. De trastocar lo bueno en malo. Los medios masivos no hacen otra cosa que exacerbar lo que ya existe en el sentido común imperante. No es otra cosa que raspar la piel para que surja ese “enano fascista” que nos habita. Síntomas de un tiempo difícil.



El rompecabezas opositor- Peronismo, izquierda y unidad

La unidad no es una flor de invernadero, tampoco un imperativo ético. En política es un proceso de construcción de acuerdos entre partes diferentes.

Nota Socompa

Hoy se escucha decir con asiduidad que para vencer al macrismo es necesaria la unidad del peronismo. Es ésta una afirmación tan general que podría aplicarse no sólo a una fuerza que proponga cambios a favor de los sectores populares sino también a un recambio sistémico que le sirva a los sectores más concentrados de la economía para proseguir con el modelo que viene implementando el actual gobierno a partir de diciembre de 2015.

Todo lo que hace a la promoción de un “peronismo responsable” o “serio y republicano” gira en torno a ésta última opción. Transformar al peronismo en una de las dos patas de un políticamente correcto bipartidismo es algo que se impulsa no sólo desde afuera de esa fuerza sino que cuenta entre sus adherentes con apóstoles iluminados como el matrimonio Duhalde o “peronólogos” como Julio Bárbaro que no se cansan de repetir que el modelo es el acuerdo Perón- Balbín. Todos ellos obviamente impulsaron la candidatura de Mauricio Macri e intentaron beneficiarse con la intervención del Partido Justicialista durante los primeros meses de este año.  Esto sin nombrar a todo un espectro de caciques como los que nuclea el denominado Peronismo Federal o el sindicalismo tradicional.

Preocupa que haya sectores que siendo parte de la movilización social y del peronismo consideren esa posibilidad como el principal ariete para contrarrestar el avance macrista. Si hoy existe en el sentido común un notable desprecio hacia la historia esto no debiera ser igual en los sectores que se movilizan y construyen a diario una determinada cultura militante. Por lo contrario debiera ser la historia misma -fundamentalmente la protagonizada por los sectores comprometidos de otrora-, una de las bases principales para profundizar las intervenciones de coyuntura, dándole perspectiva.

Desde su nacimiento allá por mediados de los ’40, el peronismo se convirtió en una fuerza de amplias mayorías en la que según su líder, la columna vertebral la constituía el movimiento obrero. Esta matriz provocó principalmente tras la caída del peronismo en el ’55 un debate importante en el seno de las organizaciones populares acerca de si un proyecto emancipador debía o no desarrollarse dentro del heterogéneo peronismo o por el contrario hacerlo desde fuera de él en una organización independiente.

La caída de los dos primeros gobiernos de Perón precipitó a partir de septiembre del ’55 el movimiento que llevó el nombre de Resistencia peronista. En términos relativos se extendió hasta entrada la década del sesenta. Con el golpe militar de 1966 se intentó frenar cualquier avance de las luchas sociales pero esto tuvo como desencadenante el surgimiento de una nueva situación política que tuvo en el Cordobazo del ’69 una expresión genuina de lo que estaba sucediendo a nivel de la base de la sociedad argentina. Mientras duró la endeble democracia el peronismo fue una fuerza proscripta. Convengamos que la fuerza de ese movimiento se expresaba fundamentalmente en los puestos de trabajo y en las barriadas populares y la predisposición a la lucha no era paradójicamente un plan orquestado por el viejo general desde Puertas de Hierro. Precisamente haber entendido que las bases obreras carecían de una conducción efectiva hizo que sectores de izquierda desencantados con el Partido Comunista, el socialismo tradicional e incluso con las variantes trotskistas existentes hizo que vieran en el peronismo una acumulación histórica que no debía desperdiciarse y que por ende había que hacerla propia.

La intención de esta nota no intenta tomar partido sobre si es correcta la entrada al peronismo o la construcción externa de otra fuerza que pretenda conducir a los sectores populares. Dirimir esa dicotomía es por lo demás bastante árido y debiera corroborase en la experiencia concreta.

La denominada izquierda peronista consideraba que el movimiento al que se acercaban tenía abierta la posibilidad de conducción. Era un estamento previo a la conformación de una verdadera alternativa liberadora. Por su parte la izquierda situada por fuera del peronismo alertaba del peligro de no hacer otra cosa que llevar agua para un molino equivocado. A riesgo de cometer una extremada simplificación vale decir que la primera opción tuvo cierta vigencia hasta la finalización del efímero paso de Héctor Cámpora por el gobierno. La segunda opción se corrobora acabadamente ante el giro derechista del gobierno de Perón en julio de 1973. De todas maneras también se podría señalar que la acción política realizada por la izquierda peronista tuvo desaciertos que de no haberse producido podrían haber logrado cumplir sus objetivos. Por eso la aridez de un debate que sólo podía resolverse en la práctica y que hoy podría considerarse anticuado. De todas maneras existen principios generales sobre la experiencia política que no debieran descuidarse.

La bendita unidad

Existen términos que repetidos hasta el hartazgo producen cierto imaginario que no se condice con la práctica concreta. Hablar de unidad sin concebir un plan para ponerla en marcha es reducir el término a una invocación, a un deseo. La unidad no es una flor de invernadero, tampoco un imperativo ético. En política es un proceso de construcción de acuerdos entre partes diferentes. Al interior de un abanico de sectores que confluyen es inevitable que no exista una dirección que termine por imponerse. El concepto de unidad es un complemento del término hegemonía. Sin esta última la unidad es abstracta.

Para ejemplificar un poco lo que se viene señalando, bien vale recordar al legendario dirigente del peronismo revolucionario Gustavo Rearte quien en un célebre artículo publicado en 1970 en el diario En Lucha, decía que: “La tarea principal es dar respuestas adecuadas, y para ello el esfuerzo fundamental debe orientarse en la búsqueda de una política que una al Peronismo Revolucionario mediante métodos organizativos que permitan estrechar sólidos vínculos con la base, aislando de ella a la dictadura y a los traidores del Movimiento, condicionando, con el fortalecimiento de la organización revolucionaria y su crecimiento interno, nuevas y más claras perspectivas. Para alcanzar este objetivo es suficiente y necesario lograr la hegemonía concreta, y ello no depende del número sino de la orientación política y de la actividad revolucionaria efectiva”. Bastante claro.

Apuntes sobre el reggae jamaiquino- Música que lucha

Nacido en Jamaica a fines de los 50, el reggae une la religiosidad y espiritualidad de los esclavos africanos con una fuerte propuesta cultural y política.

Nota Socompa

La conquista del continente americano en su conjunto tuvo como uno de sus pilares el desplazamiento de enormes contingentes de población africana para ser convertidos en fuerza esclava. Poco se sabe sobre este proceso de inmigración forzada. Lo que no se puede soslayar es la importancia étnica y cultural que tuvo y tiene lo afro en el desarrollo de nuestras sociedades.

En algunas notas precedentes -publicadas en Socompa– quien escribe hizo referencia a la influencia africana en estilos como el blues o el soul que tuvieron su desarrollo en los Estados Unidos. De todas maneras esta marca cultural afro tuvo incidencia a lo largo de todo el continente. En el Río de la Plata el candombe es un estilo que fue cultivado en ambas orillas.

En la mayoría de los estilos surgidos es posible encontrar una gran densidad rítmica, cierta religiosidad y una marcada espiritualidad atormentada por la opresión, pero lo que no es tan común es la existencia de un género como el reggae jamaiquino en el que las cualidades señaladas se complementan con una fuerte propuesta cultural y por qué no política en la que ya no se tratará sólo de la situación particular de los jamaiquinos sino de la emancipación de todo el continente africano y de su población migrada hacia otros sitios.

El reggae es un estilo musical surgido en Jamaica a fines de los ’50 principios de los ’60. Su impronta está íntimamente ligada al rastafarismo. Musicalmente hablando es el resultado de una fusión de ritmos caribeños, soul, jazz y una singular base rítmica de procedencia africana. Vendrá a ser así un desarrollo de otras músicas de la isla como fueran el rocksteady y el ska.

Coincide además con el surgimiento de la industria discográfica en Jamaica y la independencia del Reino Unido en 1962. El movimiento rastafari surgió promediando la década del ’20 en los suburbios marginales de Kingston y zonas rurales en donde vivía la población afrodescendiente.

Tuvo gran importancia en ello el predicador Marcus Garvey quien desde la Asociación Universal para la Mejora del Hombre Negro (UNIA, por sus siglas en inglés) fue quien acercó la idea de emancipación ligada a la llegada al trono del imperio de Etiopía del primer rey negro africano, Haile Selassie I, quien en el rastafarismo vendrá  a ser un heredero de la divinidad y a su vez el guía que conducirá a todos los africanos dispersos por el mundo hacia la tierra prometida que es naturalmente África.

De tal manera los hombres negros de los barrios pobres sostendrán la idea de acercarse espiritualmente a la idea de liberación que encarna el legendario emperador etíope. La música de reggae será parte sustantiva de la praxis emacipatoria.

Roots, rock, reggae

Se podría afirmar con una aproximación cercana a lo certero que el nacimiento del reggae coincide con la irrupción de la cultura rock que integrándose a estilos musicales, propios de Jamaica y el Caribe, le darán a la música rastafari un estilo bien particular.

Si existe alguna figura descollante del género éste será sin dudas Bob Marley. Nacido en Nine Mile, Saint Ann, Jamaica el 6 de febrero de 1945, a principios de los ’60 se verá influenciado principalmente por la música proveniente de los EEUU como el rock y el R&B.  Tras sumergirse profundamente en la cultura rastafari Marley junto a Bunny Wailer y Peter Tosh conformaron la banda The Wailers y arrancaron con el estilo característico que hizo conocer mundialmente la propuesta jamaiquina.

De gran interés sería rastrear las letras de las composiciones de Marley, pues allí uno podrá encontrar el sentido que le dio a su producción y que hizo que lo nombren como el “sumo pontífice del reggae” y difusor del rastafarismo por fuera de Jamaica. En Africa unite expresará el deseo de unidad de los africanos dispersos por el mundo para juntos encaminarse hacia la tierra prometida. En la terminología rastafari Zion representa ese lugar mientras que Babylon será el mundo en el que prima una vida alienada estructurada principalmente por las formas que emanan del capitalismo. Zion no será en tal sentido sólo un terruño sino un estado subjetivo en el que prime la dignidad.

Muy pronto el reggae sería bienvenido entre los íconos del rock, tanto es así que figuras como Eric Clapton, Mick Jagger o Stevie Winwood grabarían temas de este estilo musical. En el caso del vocalista de los Rolling Stones cabe señalar que junto al wailer Peter Tosh harían el tema Walk and dont look back. Desde finales de los ’70 cuando el reggae se internacionalizó hizo que su propuesta musical y cultural fuera adoptada en distintos países. En el Reino Unido surgieron bandas como Steel Pulse y UB40. Tendrían ellas un gran impacto comercial e irían consolidado en Europa un público específico para el reggae. La inmigración creciente de africanos a Europa fue creando un basamento sólido para el desarrollo de esta música en el viejo continente.

El desarrollo del reggae en lugares alejados de Jamaica se dio en tanto este género pudo franquear limitaciones tanto geográficas como idiomáticas. A diferencia del rock que se expandió por el mundo casi sin transgredir su enunciación en lengua inglesa –salvo excepciones notables como la del rock argentino- el género jamaiquino logró generar adeptos que hicieron esa música en idiomas diversos.

Abundan expresiones musicales que cantan este estilo en lengua francesa o española. Existen además expresiones muy interesantes que surgieron en diferentes países africanos que combinan nuevos ritmos y entonación en lenguas nativas. Hoy se podría considerar al género como una parte importante del desarrollo de la world music, y como uno de los estilos más emparentados a los movimientos antiglobalización.

2018/10/09

Apuntes sobre el poder


La parte más formal de la superestructura descrita por Marx, es sin dudas la que comprende la formación jurídico- política, es la que hace a la forma en que una parte de la sociedad gobierna al conjunto. Que gobernar sea “una tarea imposible” como diría Freud no significa que no se lo intente. En ese intento se muestra la forma más descarnada de la belicosidad y agresividad de los que a toda costa intentan dominar para su propio beneficio al conjunto de cualquier formación social. El poder de tal forma no es algo que emerja como resultado de vaya a saber qué oscura condición humana. El poder existe para la dominación concreta. Hoy ante mucha lectura foucaultiana, o nietzscheana, en el seno de los movimientos populares, habría que señalar que el poder no puede ser una institución metafísica, porque su propia función es tremendamente material, y acorde a la producción y reproducción de determinados  estándares de la vida social. Jean Baudrillard discrepaba con Foucault en cuanto a cómo interpretar la visión del poder en Nietzsche. El poder en verdad es una perspectiva, es un simulacro que deviene de la seducción ineludible que produce el hecho de que el poder desafíe a la muerte. El poder así es nada –obviamente que no lo es-, y eso hace que valga quien puede proponer una opción para enfrentarlo a sabiendas de que detrás no hay omnipotencia. Marx descubrió en la formación social capitalista, que a pesar del poder reinante había un sujeto potencialmente superior, el proletariado, que podía tomar las riendas de la sociedad y llevarla a un destino de excelencia. Es conocida la frase de Mao cuando aseveraba que los imperialistas eran tigres de papel.  Ni Marx ni Mao lo dijeron pensando que ello no era verdad, o en todo caso como un discurso para hacer ganar confianza, lo dijeron porque vieron en las fuerzas en las que apoyaban sus tesis que derrotar a los poderosos era posible. Por eso el poder puede ser permeable.

2018/09/13

Disparen contra la Unasur


La nueva oleada de gobiernos neoliberales en la región pone en jaque a un organismo creado para fortalecer la integración, defender la democracia y poner un freno a la avidez de los mercados. El papel de los Estados Unidos.
Nota Socompa

El 23 de mayo de 2008 se aprobaba en Brasilia el tratado constitutivo de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Era el corolario justo de una realidad que se desplegaba a lo largo del continente y que tenía como antecedente reciente la conformación en 2004 de la Comunidad Suramericanas de Naciones  como una ampliación de organismos ya existentes como el Mercosur y la Comunidad Andina. El nuevo bloque tenía como principales elementos de cohesión la necesidad de integrar a la región y fundamentalmente promover la autonomía en cuanto a la resolución de conflictos sin la interferencia de actores externos. También crear una arquitectura financiera propia que no permita dejar a la intemperie a los diferentes países ante las inclemencias del mercado mundial.
Desde la firma del tratado constitutivo, la Unasur comenzó a tener cierta relevancia en el escenario político, sobre todo por haber intervenido de manera efectiva en algunos conflictos desatados en la región. Es de destacar la incidencia del organismo ante el intento desestabilizador que se produjo en la media luna boliviana en 2008, el debate sobre las bases militares estadounidenses en Colombia, el respaldo al presidente ecuatoriano Rafael Correa ante la asonada golpista en 2010, la mediación en el conflicto de Colombia con Venezuela y Ecuador alcanzando que esos países restablezcan relaciones diplomáticas. Posteriormente tuvo gran incidencia en la promoción de un acuerdo de paz entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las Farc y el conflicto por la salida al mar para Bolivia.
Hoy a partir de la llegada de diversos gobiernos neoliberales al continente se produjo un abandono orquestado del organismo con la intención de decretar su perennidad. En abril de este año varios países de la región: Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Paraguay y Perú se alinearon en una posición crítica contra el organismo y suspendieron su participación. Recientemente el nuevo presidente de Colombia Iván Duque presentó su renuncia a Unasur con el pretexto de que no está condenando a la “dictadura” venezolana.
En diciembre de 2014 se estrenó en Ecuador la suntuosa sede del organismo situada en el Complejo Mitad del Mundo ubicada a 14 km de Quito. Hoy el actual presidente ecuatoriano Lenin Moreno a pesar de mantener a su país en el bloque está pidiendo que devuelvan el edificio para hacer ahí una universidad intercultural. Antes había solicitado que el busto del ex secretario general Néstor Kirchner sea sacado del lugar aduciendo que alguien comprometido con la corrupción tal como es detallado en los famosos “cuadernos de las coimas” no puede permanecer en el lugar. De hecho hoy Unasur está compuesta por Uruguay, Ecuador, Bolivia y Venezuela. Los dos primeros en actitud contemplativa y algo crítica.
Interior de otros mundos

Abunda la idea de que la integración latinoamericana o más precisamente suramericana tiene como causa el descuido estadounidense por su “patio trasero”. Si bien esto no deja de ser cierto poco se dice sobre la incidencia sustantiva de los nuevos actores globales hegemónicos a partir de la primera década de este siglo: China y Rusia. La incidencia comercial principalmente de China en nuestro continente llegó a ser dominante. El gigante asiático es el principal socio comercial del gigante suramericano Brasil. Este último además es parte del estratégico clúster Brics (Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica). Sin entrar en la consideración sobre si para desplazar a un enemigo puede uno aliarse o no con otros actores aunque sea riesgoso, hay que decir que en el pensamiento de los fundadores de Unasur estaba también la idea de ir suprimiendo paulatinamente toda incidencia estadounidense en cuanto a bases militares, cooperación y logística. El aprovechamiento de conflictos interpares en la región siempre fue la excusa perfecta para que EEUU se inmiscuya en asuntos internos. También lo es su guerra santa contra el narcotráfico y el terrorismo. EEUU hoy no tiene una agenda comercial importante con  la región, pero lo que sí no descuida es el tener apuntaladas a las diversas fuerzas de seguridad y militares para asegurarse el control estratégico de los grandes recursos naturales y trasladar al territorio continental la nueva guerra fría que lleva adelante contra China y Rusia. Un organismo como Unasur sería un impedimento serio para llevar adelante esa política. Por lo contrario necesita la subordinación exclusiva de las seguridades nacionales a su órbita tanto ideológica como armamenticia expresada en agendas concretas.
De todos los intentos anteriores de integración continental podemos decir que éste fue el que más esperanzas despertó tanto por su duración temporal como por la incidencia concreta que tuvo ante determinados conflictos.


2018/08/13

De ciudadanos, militantes y consumidores

Nota Socompa

La llegada del macrismo al gobierno central produjo en un principio cierto extrañamiento. Durante los primeros meses no pocos intentaron dar cuenta de un fenómeno que supuestamente no podía entenderse demasiado. Cómo era esto de que los verdugos se hicieran populares entre sus propias víctimas. La nueva derecha ¿es democrática o no? Sobre esto se escribió demasiado.
Hoy existe una sobreabundancia de elaboraciones sobre la política que, lejos de servir como herramientas para la acción, son meras interpretaciones de una realidad en la que el alejamiento de la sociedad civil de la política se agiganta de manera creciente.  Pueden servir para los debates universitarios pero sólo dando vueltas en ese circuito se transforman en posturas inofensivas que producen una regresión a  lo que críticamente enunciara Marx en su famosa Tesis XI sobre Feuerbach a saber: “Los filósofos no han hecho otra cosa que interpretar de diferentes formas el mundo. Se trata de transformarlo”.
Obviamente esas elaboraciones nunca podrían tener como destinataria a la gran mayoría de la ciudadanía, nunca podría ser así. Históricamente todo lo concerniente a la acción política tuvo como principales interlocutores a los militantes y activistas con pretensiones de formarse como cuadros. Preocupa que hoy no se dé de esa manera contribuyendo al desánimo y desmovilización masivos, aunque de todas maneras se produzcan grandes marchas por reivindicaciones sectoriales  y corporativas.
El viejo axioma del pasaje de lo social a lo político se hace cada vez menos probable y sólo quedan las variantes conocidas que concentran todo su esfuerzo en convencer al ciudadano de que debe saber elegir a sus representantes no dejándose engañar por lo que dicen los grandes medios. Nunca antes se produjo como en la actualidad el aislamiento de los movilizados aunque lo hagan de manera multitudinaria.
El 24 de Marzo de 1996 en ocasión de los 20 años del golpe del ’76, la marcha de cerca de cien mil personas a la Plaza de Mayo fue interpretada claramente como una filosa estaca para el por entonces presidente Carlos Menem. Hoy movilizando muchos más es muy difícil realizar el pasaje a lo político e influenciar a la masa desmovilizada que por la TV escucha hablar del atascamiento del tránsito mostrando las imágenes de dirigentes obesos o sospechados de corrupción.
Del compromiso al consumismo

En su libro Psicopolítica (2014) el filósofo surcoreano Byung- Chul Han expresó con bastante acierto el hecho de que el neoliberalismo ha convertido al ciudadano en consumidor. “El votante en tanto consumidor, no tiene un interés real por la política”, señala Byung, agregando que “No está dispuesto ni capacitado para la acción política común. Solo reacciona de forma pasiva a la política, refunfuñando y quejándose igual que el consumidor ante las mercancías o servicios que le desagradan”.
El consumidor generalmente contrata determinados servicios para desentenderse del problema que supuestamente le genera tener que resolver él mismo y por ende delega responsabilidades. En una sociedad cada vez más heterogénea y diversa no está mal que eso suceda. Pero, en política implica para el hombre medio un alejamiento creciente no sólo de la actividad gubernamental sino y en especial una incomprensión radical de los procesos colectivos.
Con el neoliberalismo las diferentes opciones políticas fueron abandonando la esfera pública para ser cada vez más parte de la esfera privada. De esta manera las diferentes organizaciones que pretendan competir en lo electoral deberán poseer estructuras bien aceitadas para promover candidatos y por ende suficiente dinero para eso. Esto limita considerablemente la posibilidad de surgimiento de partidos de extracción popular.
El surgimiento de Cambiemos y principalmente del Pro, muestran a las claras esta política de estructura marketinera similar a las empresas de ventas de productos intangibles. Los timbreos de los funcionarios no se distancian tanto del accionar de las cuadrillas de vendedores de marcas como Autocrédito. Vinieron para hacerse cargo de lo público para que el consumidor- votante se olvide de todo y viva su vida privada sin otra preocupación que no sea su quehacer personal. Cada dos años estas máquinas electorales se ponen en juego y si bien el Pro es quien tiene el posicionamiento más evidente al respecto, de ello no escapa nadie. La sociedad política hoy está completamente escindida de la sociedad civil. Es una escisión constitutiva de las actuales democracias.

La democracia de los espectadores
Al respecto señala Byung- Chul Han que la supuesta transparencia que se le exige a los candidatos no es una reivindicación política. “No se exige transparencia  frente a los procesos políticos de decisión”, dice, ya que ello no interesa al consumidor. El imperativo de la transparencia sirve para desnudar a los políticos y transformarlos en objetos de escándalo. “La reivindicación de la transparencia presupone la existencia de un espectador que se escandaliza”. En ello el autor es bastante claro: “No es la reivindicación de un ciudadano con iniciativa sino la de un espectador pasivo”. Hoy es difícil no encontrar esos diálogos cruzados entre el ciudadano- consumidor y el ciudadano politizado. Es un diálogo de sordos. Otra manera de interpretar lo que dieron en llamar la “grieta”.
De todas maneras, cualquier alternativa política que pretenda representar a los trabajadores y a los sectores populares no tiene hoy otra forma de llegar al gobierno si no es a partir de la concurrencia electoral. Lo que no puede hacer -en caso de gobernar- es mantener dicha escisión de forma prolongada o permanente. Es necesario realizar una profunda transferencia de poder de los sectores más concentrados hacia los de abajo transformando sustancialmente las relaciones de fuerza e impedir el retorno de las más recalcitrantes derechas que vienen a producir brutales saqueos mientras la sociedad mira soñolienta hacia otro lado.

2018/05/06

Rape and revenge- Violación y venganza de celuloide


Una mirada sobre un subgénero cinematográfico surgido en los 70 y emparentado en sus inicios con la pornografía que hoy se sitúa precisamente en sus antípodas.
Nota Socompa

En el denominado cine de explotación existe un subgénero llamado Rape and revenge (Violación y venganza) que fuera en la década del ’70 una especie de cine menor o de poca consideración comparado con otras producciones del séptimo arte. Por aquel entonces muchas de esas cintas se emparentaban con una incipiente irrupción y confección de películas pornográficas. Un ejemplo de ello es la producción sueca Thriller- en grym film de 1973 dirigida por Bo Arne Vibenius en la que actuaría la célebre actriz erótica Christina Lindberg.  El director sueco Bor Arne se caracterizaba precisamente por la producción de un género thriller con escenas de sexo explícito. Lo llamativo es que algunos de esos filmes realizados en los ’70 tuvieron sus remakes durante la primera década de este siglo y pasaron a tener un éxito considerable. The last house on the left (1972) dirigida por West Craven tuvo en 2009 su nueva versión llevando el mismo nombre. I spit on your grave (1978) del director Meir Zarchi tuvo su remake en 2010 llevando el mismo título y convirtiéndose en  box-office success catapultando a la bella actriz estadounidense Sarah Butler a los primeros planos. Tanto es así que I spit on your grave de 2010 fue el inicio de la saga que incluyó un nuevo filme en 2013 y otro en 2015.
De qué tratan estas películas, fundamentalmente de la venganza que lleva a cabo una mujer que fue violentada por un grupo de hombres principalmente sádicos que luego saciarían con ella sus apetitos sexuales. En el transcurso la trama lleva a que la mayoría de los espectadores celebren sobre el final el cumplimiento de la venganza. Convengamos que esta última no es patrimonio de este subgénero del cine de explotación ya que está presente en gran parte de las producciones cinematográficas. Un aspecto importante en las tramas es la construcción de un malo que termine sucumbiendo.
En la película sueca We are monsters (2015) dos hombres secuestran a una joven mujer australiana. No lo hacen para pedir rescate, sino para realizar con ella todos esos actos que les den satisfacción a sus más sádicas pasiones. Ningún espectador les ofrecería la otra mejilla a esos personajes. Uno de ellos la violará dos veces en medio de llantos desconsolados. Ella en un momento de la trama alcanza escapar y logra en el intento que uno de sus perseguidores quede atrapado entre aspas metálicas que le triturarán gran parte del cuerpo como si fuera un embutido. Habiendo visto las crueldades anteriores a esa escena, ningún espectador se mantendrá imparcial, y mucho menos cuando la mujer se toma venganza del otro hombre, quien fuera precisamente quien la había violado. Ella logra atarlo a una silla, mientras él desde ese lugar le dice que cuando se libere la matará y violará nuevamente, aunque en ese caso sea su cadáver. Ella ya se predisponía a huir del lugar cuando al escuchar lo dicho, con un martillo le abolló completamente el miembro viril. Nadie podría solidarizarse con esos victimarios convertidos en víctimas. Cuando los villanos no hacen uso indiscriminado de la crueldad, es posible que se conviertan en personajes simpáticos, y que alguna vez despierten el deseo del público de no salir perdidosos. Muy probablemente los villanos de Batman entren en esa categoría. Pero los villanos del rape and revange no son precisamente de ese estilo.
En el film estadounidense M.F.A. (2017) de la directora Natalia Leite la joven estudiante Noelle protagonizada por Francesca Fisher Eastwood es invitada por un compañero de clase a conocer su departamento. El muchacho es del gusto de ella y acepta sus besos aunque cuando él quiere seguir avanzando ella se niega y él termina violándola. Cuando lo vuelve a ver termina matándolo de forma accidental y envalentonada por ese suceso se convierte en quien va a llevar a cabo un plan de venganza por hechos similares que padecieron varias estudiantes como ella. Noelle terminará pagando ante la Ley su proeza justiciera.
Convengamos que tanto la venganza como el hacer justicia por mano propia se contradicen con el avance civilizatorio que produjo la irrupción de la modernidad hace algunos siglos. De todas formas ésta última nunca pudo resolver una cantidad de paradojas que hoy parece que se van tornando peligrosas y violentas en un capitalismo tardío en el que consuetudinariamente pareciera que cualquier cosa vale. Si bien la pena capital es sin dudas un castigo premoderno no hay que subestimar el hecho de que goza buena prensa en el sentido común. El problema radica en la inexistencia de alternativas ideológicas que superen las paradojas de la Modernidad y que por ende nos saquen de falsas dicotomías.
Lo que acontece en la mayoría de las películas rape and revange sucede en escenarios donde pareciera que ya no existe lo social y por ende la víctima deja de tener la protección propia que propicia o debe propiciar la fuerza estatal. En cierto sentido el escenario se asemeja a los del género distópico y posapocalíptico. En I spit on your grave de 2010 la joven escritora Jennifer Hills elige una cabaña en el medio del bosque para concluir con su segunda novela. Allí será atacada por varios hombres mientras que el comisario del pueblo más cercano será cómplice de los atacantes.  En ese bosque sólo rige la Justicia por mano propia.
Si bien el nacimiento del género cinematográfico del que venimos hablando se entroncaba de alguna manera con la incipiente pornografía, hay que destacar que hoy vendría a ocupar con respecto a ésta un lugar en sus antípodas principalmente en lo que en el cine porno lleva el nombre de hardcore. En las películas rape and revenge actuales no hay sexo explícito. Sí hay violencia extrema emparentada con el cine splatter gore desatándose la venganza de manera cruel y visceral.
En la pornografía hardcore y especialmente en el subgénero humiliation es posible ver escenas en las que una mujer es abusada cruelmente por varios hombres. A diferencia del género revange, las mujeres no buscarán la venganza. Todo lo contrario, agradecerán  a esos hombres por lo acontecido. Es en ese punto donde uno puede preguntarse cuál de los dos géneros es más real. Cuál se aproxima más a lo que la sexualidad humana está proclive a dar.
Que la sexualidad humana haya roto con los códigos biológicos ya no representa ninguna novedad. Si bien en última instancia ésta se sostiene en  los impulsos vitales, las formas de canalizarla forman parte de intrincadas relaciones culturales e históricas. La sexualidad se presenta así como enigmática y conflictiva en tanto surge de un aprendizaje silencioso ya que la transmisión de las experiencias en este terreno no forma parte de las costumbres sociales.
Sin dudas hoy el cine es parte de la construcción de diferentes modos de vida social entre ellos los referidos a la sexualidad. Históricamente, instituciones como la Iglesia tuvieron gran arraigo y sentaron posición definida.


2018/04/16

El silenciamiento de las voces críticas


Con la llegada de Cambiemos al gobierno no sólo se cerraron diferentes canales de comunicación, también se produjo la unificación del discurso mediático oficialista en el que se pregona el desprestigio de cualquier voz contraria al gobierno.

Por Osvaldo Drozd*


Con la llegada de Mauricio Macri al gobierno en 2015 se instaló la idea de que se iba a salir de un supuesto régimen en el que la libertad de prensa había estado sojuzgada. En lo concreto, la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual terminó siendo derogada por un DNU y la existencia de una variedad de medios y programas que no comulgan con el pensamiento de Cambiemos fueron paulatinamente erradicados hasta un estado mínimo. La diversa programación periodística que hoy puede verse por la TV, escucharse en radio o leerse en los principales matutinos impresos, guarda un alineamiento político- ideológico bien elocuente. Por más que hablen de persecución, los actuales popes mediáticos durante el anterior gobierno tuvieron un protagonismo superlativo. Que hayan sido escrachados por movimientos sociales no es lo mismo que haber sido acallados por la intervención estatal. La Argentina nunca fue ni Corea del Norte, ni Cuba ni siquiera Venezuela, aunque con la labor periodística se corra más riesgos en Colombia o en México. En nuestro país fue promulgada en 2010 la ley que derogaba las penas de prisión por delito de calumnias e injurias en la actividad periodística por pedido de la CIDH. De todas formas, sería necesario hacer un balance crítico acerca del funcionamiento concreto de los medios surgidos durante el gobierno anterior para poder entender la facilidad con la que se produjo el gran desguace a partir de 2015, que no afectó nada más que a las principales empresas emergentes como fuera el grupo encabezado por Sergio Szpolsk sino también a una variada red de medios alternativos que comenzaban a desarrollarse de manera autogestiva.  
Los actuales voceros periodísticos esbozan una falacia para justificar la falta de voces críticas en los principales medios. Aseguran que hoy se puede acceder a la información en cualquier lugar de internet y por ese motivo habría mayor democracia. Es verdad que la red ofrece una variedad muy grande de opciones para informarse pero esto no reemplaza ni puede competir contra los principales canales televisivos que son lo que el ciudadano medio tiene más a su alcance. Todos los que desde la labor periodística acceden a internet para conseguir información saben muy bien que esto tampoco es lo que se pinta como la gran apertura hacia el universo, y que hay que conocer un poco para saber en dónde buscar ya que los principales motores de búsqueda están sujetos a algoritmos que direccionan de acuerdo a intereses corporativos.
Los medios tradicionales hoy cuentan con sus propios portales en internet y entrar a ellos a través de las redes sociales nos va a hacer encontrar con una legión de los denominados “trolls”. Mucho se habla de ellos pero hay poca sistematización para combatirlos o controlarlos. Es de destacar que recientemente Amnistía Internacional y también la diputada del FIT Myriam Bregman, denunciaron la existencia y el comportamiento de esos usuarios con cuentas falsas, bots y también personas reales que se dedican a campañas de desprestigio a los opositores o a insultar a usuarios que hacen comentarios contrarios al gobierno. Se podría decir que hay muchas notas en los medios hegemónicos subidas a la red que dan la sensación de ser escritas para ser replicadas por los trolls. Basta con titular una nota con el nombre de algún ex funcionario cuestionado para que se produzca una avalancha de insultos y reflexiones hechas con la más descarada moralina. Es posible encontrar en los comentarios que se diga que hay gente que no tiene derecho a decir nada por haber apoyado al anterior gobierno. Cualquiera que diga algo contra el gobierno actual será tachado de kirchnerista. La famosa grieta mostrando un desnudo pornográfico. La existencia de cuentas falsas para generar odio y violencia no es algo que pueda considerarse demasiado democrático. En la agenda trolling no cuentan ni los argumentos ni las razones. Sólo se trata de callar al que piensa diferente a través de insultos o falacias. Esta actitud también se replica en programas televisivos como Intratables en el cual, sentados todos en redondo, pareciera que todo se decide por mayoría simple. Casi todos los “periodistas” tienen un mismo posicionamiento político y deben debatir con algún solitario invitado opositor hasta que salga sangre. Si a pesar de eso no les va del todo bien, el hablar encima o el silenciar a la fuerza también les sirve como argumento válido para hacer colapsar al otro.
La sensación que produce la realidad que los medios hoy construyen es que nada válido se puede decir sin que eso sea utilizado para fines completamente alejados a lo que se enuncia o en todo caso lo que se diga o escriba necesariamente caerá en saco roto porque el destinatario parece haberse corrido del lugar hacia donde el mensaje iba dirigido.
Es probable que con la emergencia de diferentes medios masivos con un perfil “progre” durante el anterior gobierno, muchos de los que escribimos hayamos supuesto que eso podía leerse masivamente. Otros podían pensar que le daban letra a una ciudadanía oficialista mostrando los principales logros. Lo importante sería saber que eso no llegaba más que a determinados círculos de militantes y algunos dirigentes con alguna tradición de activismo comprometido. Contrario a los que hoy se diga, la mayoría se informaba por los mismos medios que en la actualidad. El sentido común imperante sigue siendo casi el mismo a pesar de que hoy los que siempre tuvieron el poder tengan la libertad para decir a los cuatro vientos sus verdades ponzoñosas. Lo que habría que saber desde el campo popular es qué métodos emplear para revertir este clima de época. En un pequeño texto llamado Gasolinera, Walter Benjamin decía que “Las opiniones son al gigantesco aparato de la vida social lo que el aceite es a las máquinas. Nadie se coloca frente a una turbina y la inunda de lubricante. Se echan unas cuantas gotas en roblones y junturas ocultas que es preciso conocer”.

Berisso, 6 de abril de 2018

*Periodista


A 50 años del estreno de la gran obra de Pasolini- El Teorema más inquietante


Una familia burguesa tipo. Marido y mujer, dos hijos adolescentes, una criada y la llegada de un huésped que lo trastoca todo. En el convulsionado 1968, Pier Paolo Pasolini generaba admiración, escándalo e infinidad de polémicas con el estreno de Teorema.


Hace 50 años, en 1968, se estrenaba el film Teorema en Italia, la duodécima producción cinematográfica de Pier Paolo Pasolini. Ese mismo año ya había dirigido anteriormente dos películas, Edipo rey y Le streghe (las Brujas) junto a otros directores. Pasolini que era un prolífico escritor en géneros como poesía, ensayo, narrativa y teatro; desde 1961 comenzó a incursionar en el cine. Nacido el 5 de marzo de 1922 en Bolonia se convirtió en uno de los más emblemáticos intelectuales italianos de posguerra.
Sus dos primeras películas fueron  Accattone (1961) y Mamma Roma(1962). Ambas enroladas en el neorrealismo italiano propuesto por un director como Roberto Rossellini. Roma, città aperta (1945) de dicho cineasta es considerada la primera producción de este género. La tesitura neorrealista era mostrar las condiciones reales de existencia de los sectores sociales más postergados  principalmente en los tiempos de posguerra y por otro lado terminar con cierta modalidad fascista presente en el arte que privilegiaba un estilo histórico y musical grandilocuente. Accattone el personaje principal de la primera película de Pasolini era un pobre proxeneta de barrio proletario que hacía prostituir a la mujer con la que vivía. Por su parte “Mamma Roma” es una prostituta que trabaja en las calles de la capital italiana pero sueña con alcanzar un modo de vida pequeño burgués. Ambos filmes fueron hechos en blanco y negro y cuentan con historias acaecidas en los suburbios mostrando los avatares y la crueldad de la vida cotidiana.
1968 representó un año de cambios, de revuelta y de presentación en público de una nueva generación nacida tras la finalización de la 2da Guerra Mundial. En Europa el Mayo parisino iría a marcar una nueva agenda de la que el resto del continente no permanecerá ajeno. Un año después estallaría el Otoño caliente italiano. No se puede entender a Pasolini sin este contexto.
Si en matemáticas y geometría un teorema es una proposición que partiendo de un supuesto (hipótesis) afirma una racionabilidad (tesis) no evidente por sí misma; en la trama de Pasolini el teorema va a ser la presentación de la vida de una familia “pequeño burguesa en el sentido ideológico, no en el sentido económico”, dirá el autor en la primera página del libro que luego se transformará en film. Se trata en verdad de un manual laico sobre la vida de una familia perteneciente a la rica burguesía industrial de Milán en la que se producirá una irrupción religiosa luego de haber sido trastocado su propio orden. Ése será precisamente el teorema.
La cuestión obrera y el lapsus patronal

La Italia del ’68 estaba conmocionada por grandes luchas obreras y el resurgimiento de viejos debates acerca de la cuestión operaria, fundamentalmente los que ya había vislumbrado Antonio Gramsci en los consejos de fábrica turineses y los había transmitido en los célebres cuadernos de L’Ordine Nuovo entre 1919 y 1920.
Si bien en Teorema la cuestión de la condición obrera y su relación con el mundo fabril no es para nada algo descollante, la película comienza mostrando la imagen de una fábrica que “se extiende por todo el horizonte, como una inmensa barcaza anclada entre los regadíos y las barreras transparentes de álamos” dice Pasolini en el libro. “Después (de esa paz), súbitamente, un verdadero infierno: los seis mil quinientos obreros de la fábrica empiezan a salir, todos juntos, vomitados por las cancelas plegadizas, y toda la zona de estacionamiento parece trastornada por una especie de ciclón” agrega. En la puerta de la fábrica un periodista con su cámara filmadora comienza a hacerles preguntas a los trabajadores. “El patrón les ha cedido la fábrica: ahora los dueños son ustedes, los obreros. ¿No los humilla el haberla recibido como donación?” interroga el cronista y entre muchas más preguntas “¿No habrían preferido haberla conseguido mediante una acción propia? De este modo ¿No los ha apartado el patrón del futuro revolucionario de la clase obrera para convertirlos en pequeño burgueses?”
Pasolini en el libro aclara que son preguntas confeccionadas cuidadosamente en un “lenguaje de baja laya, típico de la cultura para ciudadanos medios, destinadas a informar en la sórdida prosa de la actualidad”. La donación de la fábrica a los obreros realizada por el patrón en verdad, no responde a ninguna estrategia, es simplemente una acción apresurada de alguien que entró en crisis a partir de su participación en las operaciones del teorema.
La sexualidad y la subversión del sentido común

Una familia burguesa tipo. Marido y mujer. Dos hijos adolescentes de ambos sexos y la criada. La escena transcurre en una mansión con amplios jardines a la que se accede a través de un pasaje suburbano pero de suburbio residencial. A lo lejos se pueden ver más allá de los jardines “palacetes elegantes y rígidamente silenciosos”. La familia asiste a una rutina que será trastocada con la llegada de un huésped. Cuando se habla de cine es recomendable no anticipar determinados elementos que podrían afectar la curiosidad de un virtual espectador que aún no vio cierta obra. Se intentará respetar esa regla. Sólo se hará referencia a cuestiones puntuales que es necesario señalar para justificar sobre lo que se escribe.
El personaje del huésped se torna paradigmático en toda la obra, aunque en la segunda parte su eficacia se produzca a partir de su ausencia. Interpretado por el actor británico Terence Stamp, el visitante aparece en una fiesta que la familia ofrece para sus amistades en su propia mansión.  El efecto es mostrar a alguien que inmediatamente se va a diferenciar del resto no sólo por su atractivo sino por rasgos que lo hacen distinto al burgués medio. El huésped tampoco es un proletario. Su aspecto muestra una cierta vivacidad que para los burgueses de ese tiempo parecía vedada. Él tendrá una relación exclusiva con cada integrante de la familia incluida la criada y cada acción particular hará que cada uno de los personajes se transforme disolviendo sus hábitos adquiridos aunque en un segundo momento ello se convierta en culpa.
Pasolini sostiene en el libro que no se trata de un relato realista sino de una parábola y que por esa misma razón las descripciones no serán minuciosas ni programadas en todos sus detalles  como sí ocurre en un relato tradicional o simplemente normal. A diferencia de una narrativa realista lo que sucede en el teorema es que la presencia del visitante afecta en bloque y casi en simultáneo a todo el grupo familiar. Es probable que estas cosas sucedan pero no afectando a todos, sino tal vez como la aventura particular de alguno de sus miembros. Pero no hay que descartar como hipótesis los efectos de un tiempo de profundos cambios culturales e ideológicos a lo que la obra también se refiere.
Tras medio siglo Teorema sigue representando una obra emblemática de un tiempo singular.