1. La gravedad como sujeción originaria
Antes que el clima, antes que los depredadores, antes que la escasez, está
la gravedad. La vida surgió en un planeta con una masa determinada, y esa masa
impone una fuerza constante. Todo lo que vive está sujeto a ella, desde la
bacteria hasta la ballena.
En el agua: La gravedad se compensa con la flotabilidad. El agua sostiene.
Por eso las formas de vida acuáticas pueden ser enormes, gelatinosas, sin
estructura rígida. El pez no "lucha" contra la gravedad del mismo
modo que el animal terrestre. La gravedad está ahí, pero el medio la amortigua.
En la tierra: La gravedad es implacable. Cada gramo de peso debe ser
sostenido por músculos, huesos, tendones. La vida terrestre es una arquitectura
contra la gravedad. El árbol desarrolla tronco y raíces; el cuadrúpedo, patas y
columna; el bípedo, equilibrio y tobillo. Todo eso es respuesta a la gravedad.
En el aire: La gravedad es el enemigo a vencer. El vuelo es una negociación
sofisticada con ella: alas, huesos huecos, metabolismos acelerados. El pájaro
no escapa a la gravedad; la usa, la remonta, la convierte en sustentación.
La gravedad es la determinación más universal de la selección natural.
Ninguna especie escapa a ella. Todas las formas vivas son, en algún sentido, respuestas
a la gravedad.
2. La gravedad y la organización de lo vivo
Si la gravedad es la sujeción originaria, entonces la organización de lo
vivo puede leerse como una serie de soluciones al problema de la gravedad.
La célula: Ya en el nivel más básico, la gravedad influye en la
sedimentación de los componentes celulares, en la forma de las membranas, en la
distribución del citoplasma. La vida microscópica no es ajena a la gravedad,
aunque la perciba de otra manera.
Las plantas: Crecen hacia arriba (fototropismo) y hacia abajo
(geotropismo). Sus raíces y tallos son sensores de gravedad. La lignina, la
celulosa, todo el esqueleto vegetal, es una respuesta a la necesidad de
sostenerse contra la gravedad.
Los animales: La columna vertebral, los músculos antigravitatorios, el
corazón que bombea sangre hacia arriba, el sistema de equilibrio del oído
interno. Todo eso es una respuesta a la gravedad.
El humano: La posición erecta es la respuesta más radical. Es la apuesta
más arriesgada. Ningún otro primate se sostiene sobre dos piernas de forma
permanente. Y esa apuesta tiene un costo: el equilibrio precario, los dolores
de espalda, las varices, las caídas. La Esfinge lo sabía.
3. La gravedad y la selección natural
Si la gravedad es la determinación fundamental, entonces la selección natural es, en gran medida, la selección de las formas que mejor negocian con la gravedad.
Los que no pueden sostenerse, mueren.
Los que no pueden moverse eficientemente, mueren.
Los que no pueden escapar de un depredador más rápido, mueren.
Los que no pueden soportar el peso de su propio cuerpo, mueren.
La gravedad no perdona. Es el filtro más antiguo y más universal. Antes de
que hubiera depredadores, antes de que hubiera clima, antes de que hubiera
escasez, ya estaba la gravedad. Y sigue estando, en cada paso que damos.



