2016/08/08

Las incertidumbres del Presente

Tanto los columnistas de los medios concentrados como el gobierno nacional saben que no podrán prolongar por demasiado tiempo el uso de la criminalización del anterior gobierno ni seguir utilizando el pretexto de la “pesada herencia. En Argentina existe una tradición de luchas y movilizaciones extensa y la política que está llevando adelante el macrismo no tiene en cuenta esta herencia cultural.

Por Osvaldo Drozd*

Con respecto a la actual coyuntura política argentina, existen algunos supuestos dando vueltas pero no demasiadas certidumbres. Para todos aquellos que hayan vivido diferentes etapas de la realidad nacional, ésta es sin lugar a dudas una situación bastante extraña, mucho más de lo que se podría haber previsto algún tiempo atrás. La extrañeza no surge tanto de lo que hoy sucede, ni de cómo llegamos a esto, sino de lo imprevisible que resulta el porvenir. La pérdida de certezas afecta a todo el espectro político, aunque algunos no lo asuman. Cuando se lee a los diferentes columnistas de los principales medios hegemónicos es posible rastrear cierto desconcierto en cuanto a la perspectiva del actual gobierno. Saben que no podrán prolongar por demasiado tiempo el intento de criminalización del anterior gobierno, ni seguir anteponiendo como pretexto la “pesada herencia”. No hay políticas gubernamentales que seduzcan a los ciudadanos, y la repetición de eslóganes se puede convertir en un búmeran.

El gobierno en tanto, cuida todos los detalles. Incluso los más nimios. Parece esa persona coqueta que antes de salir no cesa de mirarse interminablemente en el espejo, para constatar con obsesión que no hay ningún detalle desalineado. Que en los últimos días, MarceloTinelli se haya convertido en la principal preocupación del gobierno muestra a las claras que hay algo que no funciona bien. Tampoco para la oposición. Un síntoma grave para esta última es que el conductor televisivo le haya arrebatado el protagonismo, cuando lo que está en juego es simplemente la imitación del presidente, no la agenda política de los años venideros. Casi como en un ritual cabalístico, el gobierno no quiere quedar asimilado a aquella figura del De la Rúa “aburrido”. El fantasma de la ausencia de gobernabilidad no deja de estar presente en eso. El problema es achacárselo a un programa televisivo antes que a las responsabilidades propias. No es la economía, no es la política, es el símil que aparece en un programa televisivo de diversión. Suponer que Tinelli fue el causante de las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001 resulta bastante aventurado, propio de gente que no lee adecuadamente la realidad. Y esa lectura improvisada es la que también hoy comienza a hacer crisis, no tanto en el gobierno, sino entre todos esos escribas de los grandes medios que  saben que una aventura de arrebato como la que viene llevando adelante el macrismo, podría llegar a terminar mal. Por eso molesta Tinelli y el recuerdo de De la Rúa. Pero las razones son mucho más profundas.

En un magistral artículo denominado Argentina después del golpe blando. La marcha apresurada del capitalismomafioso (http://beinstein.lahaine.org/b2-img/Beinstein_Argentina_abril_2016.pdf) de abril de este año, el economista Jorge Beinstein, sostiene que “Apenas llegó a la presidencia Macri lanzó a gran velocidad una andanada de decretos arbitrarios, desplegó de inmediato una ofensiva para asegurar el control derechista de los medios de comunicación, compró (o extorsionó) a dirigentes políticos y sindicales, redujo el poder adquisitivo de los salarios y las jubilaciones, lanzó una ola de despidos de empleados públicos, concretó enormes transferencias de ingresos hacia las elites dominantes, en suma: desplegó una blizkrieg destinada eludir las resistencias posibles antes de que estas se organicen” pero -sostiene Beinstein- el gobierno “no estaba en condiciones de imponer el gigantesco saqueo realizado mediante un sistema de negociaciones” y “el nivel de destrucción logrado en tan poco tiempo probablemente lo haya convencido de su éxito incitándolo a seguir avanzando”.  

En esta avalancha reaccionaria, según Beinstein, “Macri podría terminar descubriendo que la realidad social argentina es mucho más compleja que lo que su visión de mafioso detectaba, que la cultura popular existe y se reproduce (maltrecha, golpeada pero existe), que los salarios no son como él dijo una vez ‘un costo más’ que puede y debe ser comprimido al máximo como cualquier otro insumo sino el pago a seres humanos que piensan y se defienden, y finalmente que para un bandido no hay nada peor que otro bandido (los socios de hoy pueden ser los caníbales de mañana)”.

La cuestión denominada “ajuste” es compleja en su ejecución, aunque su fundamento sea de extrema simplicidad. Para los sectores dominantes - utilizando una metáfora-, se trata de enfrentar a un gigante poderoso al que hay que golpear permanentemente para quitarle fuerzas y absorberlas como propias. Hacerlo desfallecer. Existe el riesgo de que el gigante reaccione de una forma tal que interrumpa esa operación, como también que en su agonía muera, y se terminen las fuerzas a expropiar. Las políticas del ajuste desmedido se sostienen siempre en terapias intensivas. Toda esa escena metafórica depende de la resistencia real del gigante, de la experiencia acumulada. No todos los pueblos del mundo tienen el mismo aguante. Eso es lo que más preocupa hoy en los círculos dominantes, a pesar de no presentarse ninguna alternativa inmediata. En la Argentina, los diferentes sectores populares tienen ciertos hábitos y necesidades adquiridas que no son de un fácil deshacer, mucho menos de un plumazo. Louis Althusser en Ideología y Aparatos ideológicos de Estado, señalaba que la reproducción de la fuerza de trabajo no solamente está condicionada por el establecimiento de un salario mínimo garantizado “biológico” sino también por las necesidades de un mínimo histórico. Marx, citado por Althusser, señalaba que: “los obreros ingleses necesitan cerveza y los proletarios franceses, vino”. En toda formación social concreta las diferentes fracciones de clase tienen un cierto kit de necesidades adquiridas que cuando no les es posible satisfacer, generan el descontento. La demanda capitalista de consumo, en tal sentido, se vuelve un búmeran.

Si bien la denominada “clase media” –que en verdad es un conglomerado complejo de intereses- puede sentirse cercana ideológicamente al gobierno de Cambiemos -más por su emparentamiento a ciertas posturas culturales- es el sector menos organizado de la sociedad y el que más va a resistir que le toquen el bolsillo. Es el sector más reacio a la propaganda política, pero a su vez el que cuando cruza ese límite acepta mejor que nadie la disciplina orgánica de los partidos. Hoy es un cruce bastante restringido. El kirchnerismo logró en un momento gran adhesión de esos sectores, mientras que la izquierda siempre se nutrió de ellos.

2001 no se inició en diciembre. Hay que recordar que en las legislativas de ese año, realizadas en octubre, se impuso esa modalidad llamada por entonces “Voto Bronca”. Votar a ningún partido. El “Qué se vayan todos” estaba planteado, pero fue la clase media la que se iría a sumar en la protesta, a un movimiento piquetero de gran magnitud, que ya venía desarrollándose desde hacía poco menos de media década. Esa confluencia fue crucial.

En la Argentina, además del mencionado kit de necesidades adquiridas, existe una tradición de luchas y movilizaciones bastante extensa. Desde la Semana Trágica se sucedieron grandes movimientos populares. La existencia duradera del peronismo no es ajena a esa característica. Fueron los obreros movilizados el 17 de octubre del ’45 -irrumpiendo en Buenos Aires desde los suburbios-, los que le marcaron la cancha al General Perón, y le propusieron un camino a llevar adelante.

La política que está llevando adelante el macrismo no tiene en cuenta esta herencia cultural, que tal vez sí sea una “pesada herencia”.  La confección de una alternativa política no puede prescindir de ese lastre cultural.

Berisso, 28 de julio de 2016


2016/08/07

Ser Parte



Al que está arriba lo conocen todos. Él sólo conoce a unos pocos. A todos pareciera importar el hecho de haber quedado suscrito a  la mirada de los que están más  arriba, como si eso fuera un privilegio. O alguna vez sacarse una foto. Entre el arriba y el abajo hay un largo trecho donde se reproduce la misma lógica en infinidad de fuegos cruzados. Múltiples negociaciones para ser parte…

2016/07/24

Partir de lo pequeño para repolitizar lo social

Intendentes Jorge Ferraresi (Avellaneda)
y Mario Secco (Ensenada)
Profundizar el trabajo de base y darle contención a quienes no se sienten contenidos en una estructura orgánica, deben ser tareas prioritarias para repolitizar la sociedad. La resistencia a las políticas del macrismo no pide carnet de afiliación a ningún partido específico, y sin embargo requiere la necesidad de unificación. Las gestiones municipales acordes a los lineamientos progresistas pueden ser hoy un insumo de gran valor para el planteamiento de una alternativa política.

Por Osvaldo Drozd

El escenario político que viene resulta algo imprevisible, entendiendo que cuando hagamos alusión a lo político nos estemos refiriendo a lo estrictamente electoral, a lo estrictamente institucional. Las masivas protestas que se llevaron adelante contra el incremento de las tarifas de los servicios públicos, son un indicador que muestra que al gobierno de Cambiemos no le resultará nada fácil sostener el impulso ajustador que viene llevando adelante desde diciembre. Un cierto clima de descontento social comienza  a hacerse cada vez más perceptible, aunque no aparezcan conducciones reales -ya sean sindicales o políticas- que se pongan a la cabeza de dichos reclamos.

Una defensa en abstracto de la supuesta gobernabilidad no hace otra cosa que dar legitimidad a la correlación de fuerzas existentes. Hoy un rearme del peronismo para la competición electoral, no significa necesariamente poner los intereses de los sectores populares en lo más alto de la agenda política. Podría en todo caso hasta servir para darle continuidad a lo que hoy acontece. Esto no es, sin dudas, lo que está en la cabeza de miles de militantes que apoyaron por 12 años a los gobiernos kirchneristas. La gran tarea del establishment hoy es deskirchnerizar al peronismo, quitándole cualquier épica libertaria y acondicionarlo al partidismo propio de un republicanismo abstracto, que no es otra cosa que el vaciamiento de los partidos políticos para que funcionen como agenciamientos gerenciales. La idea de la alternancia en las democracias realmente existentes no es más que mantener una cierta distancia entre la sociedad civil y la política, intentando que la primera no se inmiscuya en la segunda. Ya ni siquiera se trata de la diferencia entre partidos de masas y de cuadros, el republicanismo propugnado por el establishment  necesita partidos de técnicos y burócratas que se amolden a los principales lobbies y que conviertan a la política en un área cada vez más restringida. En una nota anterior publicada en La Tecl@ Eñe, “La política ejercida desde el mainstream”, quien escribe planteaba la dificultad que tienen los sectores populares para acceder a la esfera de la sociedad política. Dificultades de financiamiento, de la escasa posibilidad de acceder a los grandes medios y por ende ser condenados al desconocimiento. Si bien podría leerse cierto escepticismo en esas argumentaciones, habría que esbozar lo posible y necesario en un escenario adverso.  Ningún planteo en tal sentido resultaría válido si se prescindiera de profundizar el trabajo de base y el de consolidar amplias coordinaciones con los sectores que resisten a las políticas del macrismo. Esto conlleva plasmarlo territorialmente.

A modo de ejemplo

Cuando en octubre de 2013, el presidente de Bolivia Evo Morales lanzó -con un año de anticipación- la campaña electoral para las presidenciales de 2014, les pidió a sus seguidores que el triunfo debía ser por el 74% de los sufragios. En el plenario ampliado nacional realizado en Cochabamba, Evo expresó en ese momento que esa cifra implicaba aumentar en un 10% los resultados anteriores, desde su primer triunfo electoral en 2005. Este último había sido por el 54%, mientras que en 2009 fue por el 64%. Cualquier observador desprevenido podría interpretar dicho pedido como un mero resultadismo estadístico o electoralero, pero que en verdad implicaba un gran desafío en la profundización de un proyecto político que debía enraizarse mucho más en el seno de la sociedad, para cristalizar nuevas relaciones de fuerza.
No siempre los porcentajes electorales se corresponden con la acumulación de fuerzas que un proyecto puede contar a nivel social. Construir hegemonía implica de alguna forma hacer compatible ambas acumulaciones, y esto sólo es factible cuando el apoyo puede contabilizarse en la base misma de la sociedad. Porque sólo en la base es comprobable esa “adhesión orgánica entre gobernantes y gobernados, entre dirigentes y dirigidos” que al decir de Gramsci, promueve esa vida de conjunto que constituirá el “bloque histórico” (1). En tal sentido, Evo Morales cuando les proponía ese incremento del 10% a sus partidarios, les sugería a los alcaldes y cuadros locales del Mas-Ipsp de toda Bolivia, que debían ser precisamente ellos quienes debían lograr los sufragios necesarios para que esa cifra sea alcanzada. Sólo en el contacto directo con los ciudadanos y en los resultados concretos y tangibles de las gestiones locales, es posible unir los logros del gobierno central con las particularidades que hacen a la cotidianeidad, y profundizar así la acumulación política. Los locales no debían esperar una marea de votos que desde arriba hacia abajo les traccionara la buena imagen presidencial.

Adhesión parcial

En la Argentina, el peronismo mantuvo por décadas una acumulación histórica en el seno de los sectores populares, que comenzó a resquebrajarse durante el menemato y que nunca volvió a tener la misma densidad, y no porque esa base fuera arrebatada por otra fuerza sino por un creciente nivel de descreimiento e indiferencia hacia las estructuras políticas. La fuerza sindical comenzó a perder peso en los ’90 por el crecimiento del desempleo e incluso se produjo el nacimiento de una nueva central, la CTA que si bien en sus principios fundacionales proponía impulsar la conformación de una herramienta política de trabajadores, esta tarea nunca la llevó adelante. El desempleo fragmentó y debilitó a la columna vertebral histórica del peronismo, y su pata territorial, fundamentalmente en el conurbano bonaerense, se transformó en un aparato punteril y clientelar. Esta configuración fue seriamente alterada cuando irrumpieran en las barriadas populares los diferentes movimientos piqueteros. Si bien estos últimos mantuvieron un cierto componente asistencialista, al menos desmantelaban y les disputaban la base a las formas burocráticas y verticalistas que contaban las diferentes formaciones políticas institucionales. No era de extrañar que los tradicionales punteros del Pj en esos momentos, se quejaran de que sus conducciones no les dieran demasiadas cosas para contener a sus bases, y que éstas se fueran con los piqueteros. Pero estos movimientos nunca pudieron sobrepasar el nivel corporativo y reivindicativo, tanto por sostener posiciones extremadamente basistas o estar regidas por alguna orgánica de la izquierda. A diferencia del peronismo precedente, el kirchnerismo a partir de 2003, logró sumar a un espectro nada despreciable de todos esos movimientos. Pero  éstos ya no tuvieron el protagonismo que los había caracterizado antes de 2003, y en muchos casos quedaron subordinados en su labor política a intendentes que, a pesar del cambio de época, seguían una cultura política de la vieja usanza. Esto significa eliminar o neutralizar cualquier cosa que pueda hacerles sombra y seguir sosteniendo sus propios privilegios. Los movimientos sociales pagaron así su inexperiencia política en el plano institucional.

Si el kirchnerismo, al decir de Julio Godio, implicaba una “Revolución desde arriba”, habría que convenir que ese trazo grueso de la política, no se correspondía automáticamente con los trazos finos que necesariamente debieran tener los gobiernos provinciales y municipales para que se produzca  esa “adhesión orgánica” que suelde la diferencia entre representantes y representados, y pueda subir un escalón más en la construcción del bloque histórico. Las honrosas excepciones siempre existen y habría que subrayarlas porque pueden ser ejemplos para las construcciones venideras. Por proximidad geográfica, quien escribe nunca deja de resaltar la excelente gestión municipal del intendente de Ensenada, Mario Secco (FpV), una gestión realmente alternativa llevada adelante desde 2003 a la fecha y que logró modernizar una ciudad devastada por el impacto de la desindustrialización neoliberal. De todas formas las gestiones municipales acordes a los lineamientos progresistas podrían ser contadas con los dedos de las manos, aunque esas experiencias pueden ser hoy un insumo de gran valor para el planteamiento de una alternativa política.

Si bien es posible demandarles a los gobernantes locales que hagan bien las cosas, como lo hiciera Evo en 2013, estas son cuestiones que no se resuelven solamente desde arriba hacia abajo, sino que necesitan simultáneamente del crecimiento subjetivo de la organización popular en la base misma, para fortalecer en un proceso dialéctico, al conjunto de la sociedad.

El problema es que cuando ya nada queda arriba, no queda otra que comenzar de abajo.

Algún tiempo atrás, se pensaba que si el kirchnerismo alguna vez llegara a ser oposición, la gobernabilidad de una fuerza de otro signo, sería muy difícil de sostener porque al previsible ajuste, la organización acumulada no lo dejaría pasar. Esa profecía -a casi 8 meses de gobierno macrista-, aún no se produjo. Muchos de los dirigentes supuestamente alineados al anterior gobierno, acordaron con el nuevo. El kirchnerismo sólo podía ser derrotado en las urnas, con la condición previa de encontrarse fragmentado; mientras que la gobernabilidad de otra fuerza política podía estar mínimamente garantizada sólo si esa fragmentación tuviera continuidad. Lo novedoso del kirchnerismo, principalmente después del conflicto con el “campo”, fue concitar la adhesión de vastos sectores de la clase media no contenidos en ninguna orgánica. Este fenómeno se puso expresamente de manifiesto con las autoconvocatorias a las plazas y espacios públicos durante los primeros meses del gobierno macrista. Estos sectores, más allá de algunas excepciones muy puntuales, no se reconocían ni en los intendentes de sus distritos, ni tampoco en los gobernadores. Esa base sólo se reconocía en su líder. Es por esta misma razón que a los dirigentes del Pj que piensan en subsistir sin ese liderazgo, esas bases no les interesan, pues también saben que de ahí mismo podrían llegar muchos cuestionamientos. Además saben que si no existe una organización que los nuclee eso se desbanda. De hecho está sucediendo. Las organizaciones políticas de raigambre estrictamente kirchnerista no pudieron suplir esas carencias de dirección, como tampoco lograron gran incidencia en los distritos bonaerenses. El peligro es que toda esa masa crítica termine apoyando a algún referente que, supuestamente alineado al anterior gobierno, o embanderado al peronismo, no haga otra cosa que venir a darle continuidad a lo iniciado por Macri.

Profundizar el trabajo de base y darle contención a todos esos “sueltos” que nunca encontraron una orgánica en la cual poder mostrar su potencial militante, debieran ser tareas prioritarias. La resistencia a las políticas del macrismo no pide carnet de afiliación a ningún partido específico, y sin embargo requieren la necesidad de unificación. En el seno del campo popular nunca existen conducciones preestablecidas, se logran poniéndolas a consideración de los que se pretende representar, a riesgo de quedar en minoría. Plantear herramientas políticas que sean capaces de acumular fuerzas desde la base misma, y que no queden ocultas en un basismo extremo o en labores estrictamente sindicales, requieren que lo acumulado se ponga a prueba en contiendas electorales, que hoy ante el repliegue político, no tienen otro sitio más propicio que los municipios. Ahí es donde también es posible que confluyan diferentes orgánicas de la izquierda social. No se pone en duda la necesidad de plantear y poner en juego una política central, pero sí la necesidad de abordar desde las particularidades mismas, esos núcleos estructurantes que son propios de lo general. La política es una herramienta para cambiar la vida colectiva, no en abstracto; tiene que ser perceptible en la cotidianeidad misma. No hay otra forma de repolitizar lo social. Porque desde lo más profundo de lo social también se percibe que a esos lugares la política pareciera no llegar. 

Nota:
Véase Antonio Gramsci (1931) Pasaje del saber al comprender, al sentir y viceversa, del sentir al comprender, al saber. 

Berisso, 17 de julio de 2016.



2016/07/11

La política ejercida desde el mainstream- Una pequeña aproximación


Que la derecha esté hoy en el gobierno, no debería asombrar, ni tampoco que la fuerza gobernante, ni siquiera se caratule a sí misma como derecha. Hoy asistimos a una realidad desideologizada en tanto se entienda a la ideología como complemento narrativo de la política. Pero esa realidad también es ideología, es más, es el resultado de una concepción ideológico política que intenta alcanzar hegemonía. Vayamos por parte.
Definía Juan Carlos Portantiero en un artículo denominado “Clases dominantes y crisis política actual” (1973) la diferencia conceptual entre “predominio” y “hegemonía”. La primera alude en una formación social dada a las fracciones de clase que tienen la supremacía sobre los resortes de la economía que rigen a dicha sociedad. Por lo tanto, el predominio alude indefectiblemente al poder económico. La hegemonía en cambio es el resultado de un proceso político. Es la manera en que un determinado grupo social, logra imponer su propia perspectiva al conjunto, y no por la fuerza sino porque desde su propia condición es capaz de dar respuestas efectivas a las demandas de los demás sectores de la sociedad. En un texto brillante como es “Las elecciones a la Asamblea Constituyente y la Dictadura del Proletariado” (1919) Lenin daba muestras y pistas acabadas de cómo construir hegemonía. De tal manera señalaba cómo hizo el proletariado para ganarse inmediatamente a los campesinos. Era de vital importancia quitarle a la burguesía la adhesión de ese sector. Para eso debía  ganarlos –señalaba Lenin- con un “decreto sobre la tierra”, con el cual en pocas horas toda esa masa rural se pasaría a las filas de la revolución. Señalaba que “los bolcheviques victoriosos no pusieron ni una palabra suya en ese ‘decreto sobre la tierra’, sino que lo copiaron palabra por palabra de los mandatos campesinos” aclarando sí que “de los más revolucionarios, por supuesto”.

Lo importante que señalara Portantiero en dicho artículo, era que toda política orgánica de poder siempre tiende a hacer compatible la hegemonía política con el predominio económico. En la Argentina de esos años, la dictadura que estableciera Onganía en el ’66 tenía como objetivo hacer que el predominio del capital monopolista, alcance una hegemonía acorde. En base a esa premisa, vale decir que el actual gobierno de Cambiemos, no es más que la llegada a la Rosada de los sectores que en la economía del país, vienen siendo predominantes desde hace varias décadas. Nunca antes un gobierno que dice representar la novedad, se encontró tan emparentado con la pata cívica de la última dictadura (1976-83). El actual presidente argentino lleva en su apellido uno de los principales significantes  de los principales beneficiarios privados de la estatización de la deuda externa, realizada en 1982 por el entonces presidente del Banco Central, Domingo Cavallo. Esa acción de la dictadura cívico- militar (1976-83) benefició ostensiblemente a todo una fracción del empresariado argentino, transfiriendo así sus propias deudas a  la esfera del Estado. Además del grupo Socma de la familia Macri, fueron beneficiados también Celulosa Argentina, Acindar, Bridas, Alpargatas, Siderca, Sevel, Pérez Companc, Fortabat, Bulgheroni, Autopistas Argentinas, Mercedes Benz entre algunos más. Todo este sector minoritario de la sociedad argentina sumado a las principales empresas de exportación, de servicios financieros y de medios; constituyen el núcleo más poderoso y concentrado de la economía argentina. Una formación social caracterizada por la dependencia, hace que todo ese sector esté indefectiblemente enlazado a sociedades monopólicas internacionales. El predominio de ellos, nunca pudo ser alterado. Pero nunca antes había llegado al gobierno nacional de forma democrática una organización política que los presente sin mediaciones. Los socios civiles de la última dictadura, tardaron muchos años en lograr su pureza programática sin mezclarse con fuerzas heterónomas.

La pregunta que surge es cómo hicieron para ser considerados electoralmente por una porción bastante significativa de la sociedad argentina como una alternativa. Si bien el macrismo logró ganar sólo por poco más de 2 puntos porcentuales en segunda vuelta, mientras que en la primera había obtenido poco más del 34 %, es decir que aunque no haya ganado por paliza, puede afirmarse que ello obedece a una tendencia social que se fue profundizando en el sentido común, durante los últimos años. 

Las ideologías sólo existen a condición de ocultar su existencia. Los discursos ideológicos siempre se presentan como realidad, y ahí radican sus eficacias. Para entender un poco qué ha sucedido con el universo de la política, en las últimas décadas, principalmente desde el advenimiento del neoliberalismo, hay que ver qué operaciones ideológicas se fueron realizando. Cuando Marx pensaba la totalidad social como un edificio, en el segundo piso ubicaba a la uberbau, la superestructura en la cual ubicaba a su vez dos niveles diferenciados: la superestructura jurídico- política por un lado y la ideología propiamente dicha por el otro. Es en esta última donde se desarrollan las diferentes concepciones que rigen y organizan la vida cotidiana. Los tradicionales aparatos ideológicos de Estado (Iglesia y Escuela) descritos por  Althusser fueron perdiendo eficacia y en su lugar se fue desarrollando algo nuevo, que rompió o intenta romper la solidaridad entre los dos niveles de la superestructura. Lo nuevo intenta escindir mucho más lo jurídico- político de las concepciones de la vida cotidiana, porque de hecho esa escisión es constitutiva. Lo político siempre fue un aspecto escindido de lo social. Lo nuevo se propuso deslegitimar lo político en el seno de la sociedad. Tiene razón la psicoanalista brasileña Suely Rolnik cuando en una entrevista realizada por el Colectivo Situaciones expresara que el mito del sistema actual consiste en una promesa imposible de paraíso, que se convierte así en una enfermedad, y que explica incluso la delincuencia. En esa entrevista ella señalaba que “Mauricio Lazzaratto plantea muy bien en su libro Políticas del Acontecimiento (Tinta Limón Ediciones, Buenos Aires, 2006) la idea de que el capital financiero no fabrica mercancías como lo hace el capital industrial, sino que fabrica mundos. ¿Qué mundos son esos? Mundos de signos a través de la publicidad y la cultura de masas” por lo que “Hoy se sabe que más de la mitad de los beneficios de las trasnacionales se dedican a la publicidad, actividad que es anterior a la fabricación de productos y mercancías. En las campañas publicitarias se crean imágenes de mundos con las que el consumidor se va a identificar y luego va a desear”.

La maquinaria de donde emerge la oferta realizada por el marketing y la publicidad es quien tal vez se haya constituido hoy como el principal aparato ideológico, y el mainstream en la ideología dominante. Esto es lo que viene a interponerse entre los ciudadanos y sus representantes. La política en sentido tradicional de esta forma cae bajo toda una telaraña que la transforma en contracultural de baja estofa. Por eso lo “correcto” será desde ese ideario, plantear la política sólo desde el mainstream. Lo otro pasa a convertirse en perimido, ya en desuso, desactualizado, o en el peor de los casos criminalizado como se hace con los temas de corrupción. La “nueva política” ya no interpela a los ciudadanos como tales, los interpela como consumidores, como los receptores de una oferta que promete mercancías intangibles, que serán el resultado de una gestión exitosa.  Los logros van a depender exclusivamente de la “confianza” y el “esfuerzo” de los receptores del mensaje, mientras que los vendedores ya no podrán ofrecer ninguna garantía de lo ofrecido.
El viejo sistema de la política, las formas de desarrollarla, de financiarla, de conseguir una personería, no cambia a pesar del descrédito, porque para que la “nueva política” funcione lo viejo debe permanecer intacto.  Las burocracias políticas necesitan de fuertes aportes monetarios, y eso no pude tocarse. Lo que no se puede permitir es que el sistema político sea accesible a los sectores populares, y que desde ahí se conformen nuevas organizaciones. La falta de legitimidad de la política por parte de la ciudadanía, también se sostiene en esa imposibilidad. Incontables veces, el kirchnerismo se preció de haber repolitizado a un gran porcentaje de la población, especialmente a los jóvenes. Lo que no pudo tocar fue al régimen político existente, y su peor derrota no fue perder con Mauricio Macri en las elecciones del año pasado. La peor derrota fue tener que llevar como candidato presidencial a una figura del mainstream.

Aunque nadie lo diga, hay que admitir que el desprestigio de la política existe también dentro de las mismas organizaciones y movimientos, principalmente entre las bases provenientes de los sectores más humildes. Las promesas son para los que participan, no para los que se quedan en sus casas. Dentro del peronismo existe una masa nada desdeñable de militantes y activistas sociales, con ciertas capacidades, pero que saben que para hacer política es necesario que alguien ponga la plata. La subordinación se torna indefectible. Los que ponen la plata lo saben y hacen usufructo de ello. La paradoja es que los vecinos del militante de base también lo saben, pero se niegan a participar aunque algunos créditos le den a quien conocen desde siempre. Pero la legitimidad así quedará carcomida.
Por eso no hay que echarle la culpa a la gente, como hacen los más conscientes. Dentro de este encuadre es muy difícil cambiar las cosas y siempre se termina jugando para vaya a saber quiénes. El mensaje de los medios hegemónicos es precisamente ése. “Ellos se enriquecen y ustedes siguen ahí”. El macrismo esto lo llevó a sus límites amparándose en que ellos no vienen a robar porque ya tienen mucho dinero. Aunque convengamos que lo que el vecino de a pie, mide no es lo que se pueden haber llevado Báez o López, sino lo que pueden constatar porque lo tienen en su cercanía. Por eso una alternativa política que no construya fuertes lazos en la cotidianeidad de sus municipios, por ejemplo, tiende a disociarse.

Entonces, entre medio de los ciudadanos y el régimen político se encuentra ubicada una ideología que tiende a disociarlos cada vez más; y que intenta subsanarse con el marketing y con el intento de ocultar sus verdaderos propósitos. Construir una alternativa política que privilegie los derechos de los sectores populares, en estas condiciones pareciera partir más de la buena voluntad de alguien preocupado por ellos, que de la iniciativa misma de esos sectores. Lo que no se puede obviar en esta coyuntura es el hecho de que se está produciendo un empeoramiento progresivo del conjunto social, y que la paciencia del pueblo argentino no es igual a la que tienen otros pueblos. Hay una tradición de rebeldías muy marcada, que puede rastrearse desde la Semana Trágica hasta la actualidad, y que no es comparable a otros lugares del mundo. En esto no influye el mainstream, porque es justo ahí en donde la representación cae.  Como reza el subtítulo de la nota esta es nada más que una pequeña aproximación.

Berisso- 29 de junio de 2016



2016/07/08

Los mejores días...


“Los mejores días fueron y son peronistas” Como berissense e hijo de esa raigambre de eso no me caben las menores dudas, pero también sé que los “peores días” también son de ese palo. Los que transcurrieron durante el gobierno del innombrable o los previos al golpe del ’76. También aquellos que por no haber hecho lo que corresponde habilitaron lo peor. Los que le siguieron a septiembre del ’55, a marzo del ’76 o los de hoy. La única esperanza que me cabe es que el futuro de ese enunciado: “los mejores días” alguna vez vuelva a existir, y tenga el color político que el pueblo les quiera poner…

¿Poder?

La parte más formal de la superestructura descrita por Marx, es sin dudas la que comprende la formación jurídico- política, es la que hace a la forma en que una parte de la sociedad gobierna al conjunto. Que gobernar sea “una tarea imposible” como diría Freud no significa que no se lo intente. En ese intento se muestra la forma más descarnada de la belicosidad y agresividad de los que a toda costa intentan dominar para su propio beneficio al conjunto de cualquier formación social. El poder de tal forma no es algo que emerja como resultado de vaya a saber qué oscura condición humana. El poder existe para la dominación concreta. Hoy ante mucha lectura foucaultiana, o nietzscheana, en el seno de los movimientos populares, habría que señalar que el poder no puede ser una institución metafísica, porque su propia función es tremendamente material, y acorde a la producción y reproducción de determinados  estándares de la vida social. Jean Baudrillard discrepaba con Foucault en cuanto a cómo interpretar la visión del poder en Nietzsche. El poder en verdad es una perspectiva, es un simulacro que deviene de la seducción ineludible que produce el hecho de que el poder desafíe a la muerte. El poder así es nada –obviamente que no lo es-, y eso hace que valga quien puede proponer una opción para enfrentarlo a sabiendas de que detrás no hay omnipotencia. Marx descubrió en la formación social capitalista, que a pesar del poder reinante había un sujeto potencialmente superior, el proletariado, que podía tomar las riendas de la sociedad y llevarla a un destino de excelencia. Es conocida la frase de Mao cuando aseveraba que los imperialistas eran tigres de papel.  Ni Marx ni Mao lo dijeron pensando que ello no era verdad, o en todo caso como un discurso para hacer ganar confianza, lo dijeron porque vieron en las fuerzas en las que apoyaban sus tesis que derrotar a los poderosos era posible. Por eso el poder puede ser permeable. 

2016/06/19

Debate Frente Ciudadano- El retorno a la base

(Para LaTecl@ Eñe)

El intenso debate que se viene dando en La Tecl@ Eñe en referencia a la propuesta de Frente Ciudadano, si bien surge a partir de los dichos de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, tiene como causa principal la actual orfandad para los sectores populares de una fuerza política que pueda enfrentar al macrismo y sus políticas antipopulares, no sólo en la resistencia, sino que a su vez sea una alternativa posible para las contiendas electorales venideras. Este es un problema que viene de larga data en la Argentina, y que si bien para muchos con la consolidación del kirchnerismo en el gobierno había sido resuelto, hoy se demuestra lo contrario. Lejos de intentar dar respuestas que cierren el debate, hoy es tiempo de problematizarlo. Lo que sigue son algunas pistas para ello.

En abril de 2006, en una nota que llevaba el título Acerca del nuevo partido político de Kirchner, el ya fallecido sociólogo Julio Godio aseguraba que para el ex presidente “la institucionalidad se fortalecería con la creación de dos coaliciones políticas”, una de centroizquierda y otra de centroderecha. Según Godio, el por entonces mandatario argentino tenía “una idea sumamente precisa acerca del futuro de los partidos políticos argentinos” ya que si se tenía en cuenta que “el viejo Partido Justicialista (PJ) ha dejado hace muchos años de funcionar como una sola organización partidaria (a lo sumo ahora es una inestable ‘confederación’ de tendencias)” y “que la Unión Cívica Radical (UCR) se ha dividido y está en proceso de descomposición”, era necesario crear a futuro “un escenario con dos grandes coaliciones político-partidarias. Una coalición sería de centro-izquierda, liderada por el kirchnerismo” mientras que “la otra coalición agruparía a los partidos de centro-derecha. Existirían partidos ‘bisagra’ menores entre ambas coaliciones”.

Según Godio, el razonamiento de Kirchner se apoyaba en una comprensión bastante precisa de lo que había acontecido en diciembre de 2001. El país en esa fecha había tocado fondo. “Se derrumbó, con la crisis, el modelo conservador neoliberal aplicado por el menemismo. La caída de ese modelo arrastró consigo a dos instituciones que habían sido incapaces de frenar al menemismo, o por lo menos moderarlo; esto es, los poderes Legislativo y Judicial”, escribía Godio en 2006, agregando que “… Esto llevó al descrédito de los grandes partidos que habían compartido la gestión pública entre 1983 y 2001: la UCR y el PJ. Pero de esa crisis de representación partidaria tampoco pudieron aprovecharse fuerzas políticas menores, como el ARI y el Partido Socialista (PS); menos aún los pequeños partidos marxistas (PC, PCR, PO y otros)”. Según este mismo autor, ya en artículos posteriores, explicaba que lo que acontecía en la Argentina desde 2003 en adelante era un proceso de “revolución desde arriba” que en algún momento debía extenderse en la base de la sociedad, conllevando la necesidad implícita de construir una fuerza social y política que tuerza las relaciones de fuerza a favor de los sectores populares. En 2006 esta preocupación aún no existía, al menos explícitamente; sólo la necesidad de una fuerza que por entonces no se diferenciaba demasiado de las posiciones socialdemócratas. El conflicto con las patronales del campo, y la creciente integración continental, son algunos de los principales ítems que hicieron que el kirchnerismo se fuera radicalizando. Si la fuerza gobernante en tiempos de la 125 tuvo una deserción importante de sectores del peronismo más tradicional, se puede afirmar que fue a partir de ese momento que acumuló una masa nada desdeñable de sectores ubicados a la izquierda, y que con el debate por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual de por medio, llegó a 2011 con una fuerza inusitada. Incluso se hablaba de una reforma de la Constitución que le dé forma institucional a los cambios que se venían produciendo, poniendo al país a tono con los gobiernos bolivarianos.

Desde el conflicto con el “campo” (2008), pasando por las legislativas de 2009, los festejos del Bicentenario y el fallecimiento de Néstor Kirchner en 2010, hasta las presidenciales de 2011 se puede observar -en todo ese lapso- una de las coyunturas más dinámicas de la política argentina de las últimas décadas. Tal vez muchas de las inquietudes que hoy intentamos dilucidar estén presentes en ese tiempo. Pero, para problematizar esas inquietudes –piensa quien escribe- es necesario yuxtaponer al período señalado, el que va de diciembre de 2001 hasta marzo de 2003, con la Masacre del Puente Pueyrredón (junio de 2002) como bisagra.

En ambos se expresaron muy nítidamente todas las tensiones sociales de la sociedad argentina.  Son momentos en los que es posible torcer la inercia estructural, y en donde los sectores más retardatarios de la sociedad intentan recomponer una situación anterior. Son momentos en los que emerge lo nuevo. Fue la coyuntura 2008-11 la que radicalizó al kirchnerismo dejando atrás posiciones como la expresada por Godio en 2006. También los sectores más tenues del kirchnerismo intentaron reacomodarse e impedir una profundización.

Fue el tiempo en el que se comenzó a hablar de poskirchnerismo, a saber, alcanzaba con lo hecho y ahora había que poner freno sin perder muchos de los logros alcanzados. Como si la grieta de 2001 se hubiera cerrado. La oposición que en 2009 había triunfado en las elecciones de medio término se envalentonaba con los aires rebeldes de los campestres, haciendo surgir el denominado Grupo A, que decayó y se fragmentó a partir de la iniciativa siempre presente del kirchnerismo, que lejos de consolidarse como una fuerza avanzaba como un barco en el que navegan diversos estandartes.

No está mal que una fuerza sea heterogénea, es tal vez una necesidad propia de la sociedad argentina, pero lo que no puede descuidarse es algo que en referencia al movimiento peronista alertaba Gustavo Rearte en 1970. En Violencia y tarea principal, un artículo de imprescindible lectura para entender algo de lo sucedido en los ’70, el legendario dirigente del peronismo revolucionario, sostenía que “La tarea principal es dar respuestas adecuadas a esta maniobra (la de la dictadura), y para ello el esfuerzo fundamental debe orientarse en la búsqueda de una política que una al peronismo revolucionario mediante métodos organizativos que permitan estrechar sólidos vínculos con la base, aislando de ella a la dictadura y a los traidores del movimiento, condicionando, con el fortalecimiento de la organización revolucionaria y su crecimiento interno, nuevas y más claras perspectivas. Para alcanzar este objetivo es suficiente y necesario lograr la hegemonía concreta, y ello no depende del número sino de la orientación política y de la actividad revolucionaria efectiva”.

Si bien la coyuntura de los setenta es diferente a la de 2008-11, hay elementos recurrentes que es necesario contemplar: la necesidad de la hegemonía, el aislar a los sectores más retrógrados y el estrechar sólidos vínculos con la base. Esta tarea lleva anudada la necesidad de una fuerza enraizada en las masas, y por qué no decirlo, la exigencia y el prerrequisito de la presencia del intelectual orgánico del que hablara Antonio Gramsci.

Hay que decirlo, la izquierda argentina tiene cierta miopía en relación al abordaje del peronismo, pero también desde este último siempre hubo un grado importante de macartismo, incluso en sectores del peronismo de izquierda. En los ’70 esto se debatía, en la coyuntura reciente el debate estaba presente en la práctica sin poder presentificarse. Quien escribe está convencido de que toda una veta del marxismo revolucionario, a partir de los 80, quedó sepultada por tendencias socialdemócratas de izquierda, que condenaron enfáticamente a toda la tradición revolucionaria de los ’60 y ’70. En esa bolsa cayeron Mao, Mandel, Althusser y toda la tradición que reivindicaba la vía revolucionaria, incluida la izquierda del peronismo. Todo lo que no pegaba con el liberalismo de izquierda fue catalogado de estalinismo. Este desarme teórico es una de las causas de la invisibilidad de ciertos debates. Esta presunción sobre la intervención activa del liberalismo sobre el materialismo histórico y dialéctico, para distorsionarlo, es una tarea de deconstrucción que debiera hacerse.

Volviendo a la coyuntura señalada 2008-11, la presencia fragmentaria de la oposición no permitía advertir el surgimiento de una fuerza centroderechista que por andarivel propio pudiera vencer al por entonces gobernante Frente para la Victoria. Todo indicaba que si hubiera un viraje hacia la derecha, eso iba a surgir de las mismas entrañas del oficialismo. Los últimos 4 años del kirchnerismo estuvieron signados por la caída del precio de los commodities que llevaron a que el modelo redistributivo tuviera un fuerte impacto, y que a pesar de la recuperación parcial de YPF, la iniciativa de los años precedentes ya no fuera igual. El intento de construir Unidos y Organizados como una fuerza que vaya más allá de los límites del pejotismo, llevó el mismo destino que la ya descartada reforma de la Constitución. En ese escenario político emigraría Sergio Massa y Daniel Scioli pasaría a ocupar un lugar relevante. En las legislativas de 2013 se impondría el recién conformado Frente Renovador, mientras que Scioli se pondría la campaña al hombro con la candidatura de Martín Insaurralde.

Cuando en 2013, el presidente de Ecuador Rafael Correa propuso el cambio de la matriz productiva de su país, condenó enfáticamente el lugar asignado al continente en “la injusta división internacional del trabajo”. Latinoamérica en el concierto internacional debe siempre ser un gran reservorio de materias primas. Llevar adelante un proceso de industrialización es contranatura, es desafiar a la ley del desarrollo desigual y combinado del capitalismo mundial.
El “regreso al Mundo” del que tanto hablaron los opositores al kirchnerismo, y del que hace alarde hoy el macrismo, no es más que aceptar “la injusta división internacional del trabajo” sin chistar. Es convalidar sin tapujos la estructura del capitalismo dependiente, manteniendo todos los rasgos principales del atraso relativo. Eso es lo que viene llevando adelante el macrismo en el gobierno.

Hoy una alternativa política al retorno del neoliberalismo, conlleva pensar cómo en una coyuntura económica ya no signada por el boom de los commodities, puede ser posible proponer medidas progresivas a favor de los que menos tienen. Hoy una “revolución desde arriba” ya resulta inviable. Los privilegios de una militancia forjada en ese paradigma también se acabaron. Quien escribe no es tan optimista en relación a la conformación de una alternativa política en lo inmediato, aunque es muy probable que asistamos a tiempos de marcada conflictividad e insurgencia social. Son tiempos de rearme teórico, pero fundamentalmente de “estrechar sólidos vínculos con la base”.

Berisso, 13 de junio de 2016


2016/06/13

¿Loco homofóbico o terrorista?

Si un loco agarra un auto, pisa el acelerador y atropella a unos cuantos, todos vamos a decir: qué sociedad enferma; pero si después te dicen que fue un acto terrorista la cosa cambia considerablemente. Ya no es un peligro latente en la sociedad, ésta se sana inmediatamente, ahora es un peligro externo muy premeditado y estudiado. Ya no es un loco suelto, es un terrorista orgánico. Ya no es negligencia social, es negligencia política y de la seguridad. Resulta bastante compleja la cosa.

Lo que es increíble es el cambio de significación que produce decir que fue Isis. Pasan de ser una sociedad enferma a ser una sana en la que la culpa es de un enemigo externo, la politizan y si bien les sirve para recrudecer su lucha contra el terrorismo pasa de ser un hecho de muy difícil detección a una negligencia de sus seguridad. Lo que sorprende es la rapidez con la que cambiaron la carátula