2025/10/04

“La mujer que no estaba allí”- Topología del deseo: percepción y fantasma en Bécquer.

 


En más de un pasaje de su obra, Sigmund Freud reconoce que los poetas saben antes y mejor que la ciencia aquello que ésta apenas se atreve a formular. En El delirio y los sueños en la “Gradiva” de W. Jensen, escribe que ellos “son valiosísimos aliados, cuyo testimonio debe tenerse en alto grado, pues suelen conocer muchas cosas existentes entre el cielo y la tierra y que ni siquiera sospecha nuestra filosofía. En Psicología, sobre todo, se hallan muy encima de nosotros los hombres vulgares, pues beben en fuentes que no hemos logrado hacer accesibles a la ciencia”.

 

En ese sentido, tanto el relato de Jensen como El rayo de luna de Gustavo Adolfo Bécquer —y quizá muchos otros textos que la memoria hoy no alcanza a convocar— confirman la observación freudiana: la literatura se adelanta a la teoría al poner en escena el enigma que atraviesa todo el pensamiento psicoanalítico: ¿qué es una mujer? Los poetas beben de percepciones que todos compartimos, pero a las que rara vez logramos dar forma conceptual. Esa imposibilidad, o ese rodeo incesante en torno a lo femenino, se repite incluso en registros muy alejados del Romanticismo. La canción popular, por ejemplo, no deja de tropezar con el mismo abismo: “Canción para una mujer que no está” de Vox Dei o “Mujer amante” de Rata Blanca no dicen lo mismo, pero se abisman en torno al mismo problema.

 

Toda la obra de Freud, como también la de Lacan, está habitada por esta pregunta que los poetas románticos ya habían presentido en la figura del fantasma amoroso, del ideal inasible o de la aparición luminosa. Quizá hoy se imponga volver a pensarla en otros escenarios: en el saber del marketing, que fetichiza el deseo bajo la forma de mercancía, o en la lógica de las redes sociales, donde lo femenino se multiplica como imagen, como simulacro y como signo de intercambio. Textos como De la seducción de Jean Baudrillard abren ese camino.

 

Y tal vez leer hoy El rayo de luna consista precisamente en esto: en descubrir cómo aquella figura huidiza que fascinó al Romanticismo continúa proyectando su luz sobre nuestras pantallas, sobre nuestros objetos y sobre nuestros vínculos.

 

El rayo de luna

 

Decir que toda percepción es un ejercicio de topología mental implica reconocer, desde el inicio, que percibir no es entrar en contacto con un mundo dado. No hay “dato” puro. La percepción no registra, configura: inscribe lo sensible en una red de relaciones simbólicas y pulsionales. No es ventana ni apertura, sino pliegue; no revela un objeto exterior, sino que anuda en torno al vacío desde el cual el sujeto se constituye.

 

En “El rayo de luna”, Bécquer narra la historia de Manrique, un joven que, en medio del bosque, cree divisar a una mujer y se enamora perdidamente de esa aparición, para descubrir al final que no era más que un reflejo fugitivo de la luz sobre las hojas. La lectura habitual ve aquí una metáfora romántica de la ilusión o de la imposibilidad del amor. Pero puede leerse de otro modo: como una parábola sobre el modo en que percepción, deseo y fantasma se entrelazan.

 

Si percibir es una operación topológica, lo que ocurre con Manrique no es un “error visual”: su mirada no confunde la luz con una mujer, sino que la configura como mujer. La percepción no encuentra objetos, los fabrica allí donde el deseo necesita alojarse. Lo percibido no es lo que está ahí, sino aquello que, en la red simbólica del sujeto, puede ser investido de sentido. El bosque no le ofrece un objeto; el deseo lo inventa, trazando sobre lo visible un contorno que no preexistía.

 

En este sentido, la percepción es un trabajo de enlace. Manrique no percibe la luna: la anuda. Su mente enlaza reflejos, sombras y movimientos en un patrón reconocible —la figura femenina— y a partir de ese nudo se despliega toda la experiencia amorosa. En el plano freudiano, el proceso primario está en marcha: condensa fragmentos, desplaza intensidades, sustituye la ausencia por aquello que puede ocupar su lugar. En términos lacanianos, lo que opera es la lógica del objeto a: la mirada no ve el objeto, sino el vacío en torno al cual el deseo se organiza.

 

La “mujer” no es una ilusión que se desvanece frente a la realidad: es el nombre que el deseo da a un pliegue de lo real. Es el efecto de una operación topológica que transforma un haz de luz en soporte de fantasía. Cuando la percepción se “corrige” y revela el supuesto error, no desaparece un objeto porque nunca estuvo ahí: lo que se disuelve es la estructura perceptiva que lo sostenía.

 

Así, Bécquer muestra sin saberlo que toda percepción funciona de esta manera: proyecta sobre lo real un dibujo que no pertenece al objeto sino al sujeto. No descubrimos lo que está, sino que producimos un espacio de sentido alrededor de un vacío. En este sentido, “El rayo de luna” no es una historia de engaño, sino un tratado poético sobre la estructura de la mirada: no vemos objetos, vemos nudos; no percibimos cosas, percibimos las trayectorias de nuestro deseo.

El desenlace no es mera desilusión, sino revelación. Cuando Manrique comprende que no hay mujer, que solo hay luz, lo que se revela es la naturaleza misma de la percepción: su poder para fabricar mundo a partir de lo que falta. En ese momento, el sujeto no se enfrenta a la falsedad de lo percibido, sino al agujero que lo sostiene.

La aparición que Manrique cree ver no es simple ilusión óptica: es la irrupción del fantasma. La luz plegada en forma femenina no representa un error, sino que escenifica el modo en que el deseo organiza su escena. El bosque, la penumbra, la soledad —todos estos elementos no son decorado narrativo sino coordenadas de una puesta en escena en la que el sujeto proyecta una figura que encarne su falta.

El fantasma no es un objeto, sino un guion inconsciente que le da forma. Por eso no importa que la mujer no exista: su función no era “estar ahí”, sino permitir que el deseo se sostuviera. La percepción, en tanto topología mental, enlaza fragmentos dispersos (luz, sombra, movimiento) y, a partir de ellos, construye una escena que responde al vacío. El fantasma es esa escena mínima donde el sujeto se encuentra deseando.

Y como en toda escena fantasmática, el desenlace no cancela la experiencia sino que la devela. Cuando Manrique descubre que no hay mujer sino un rayo de luna, no despierta simplemente de un engaño: lo que se desmorona es el montaje fantasmático que sostenía su deseo. Pero ese derrumbe no lo arroja a la nada: lo confronta con lo que Lacan llama lo real —lo imposible de simbolizar, aquello que ningún fantasma puede colmar.

Ahí radica la enseñanza más profunda del relato: la percepción no engaña, sino que sostiene la ficción necesaria para que el sujeto no caiga en el abismo del vacío. Lo que llamamos “ilusión” es la condición misma de la experiencia deseante. El fantasma no oculta lo real: lo bordea. No lo reemplaza: lo hace habitable.

Bécquer lo intuía en la frase que abre su leyenda: “Yo no sé si esto es una historia que parece cuento o un cuento que parece historia; lo que puedo decir es que en su fondo hay una verdad, una verdad muy triste, de la que acaso yo seré uno de los últimos en aprovecharme, dadas mis condiciones de imaginación.”

2025/10/02

La falacia seudocientífica de Spencer

Herbert Spencer (1820-1903)

El denominado darwinismo social no deja de ser una falacia ideológica que en nombre de Darwin convierte a una profunda elaboración conceptual sostenida en la ciencia, en una burda creencia terraplanista.

 

El error del “darwinismo social” 

Cuando Spencer (imágen) y luego ciertos ideólogos del siglo XIX acuñan la idea de “supervivencia del más fuerte” y la aplican a la sociedad humana, cometen una doble falsificación: 

1. Conceptual:  reducen el proceso evolutivo —que en Darwin es un fenómeno de poblaciones, no de individuos— a una lucha individualista.

2. Ontológica: suponen que la fuerza o la aptitud reside en un sujeto aislado, desconectado de su medio, cuando Darwin subraya justamente lo contrario: la aptitud es siempre relacional.

Para Darwin, una especie sobrevive no porque sus miembros sean “fuertes” en sí mismos, sino porque logran adaptarse en conjunto a un medio cambiante. Y “adaptarse” implica transformarse, cooperar, diversificarse, establecer relaciones funcionales con el entorno.

 

De la adaptación a la Co-vitalidad

 

Definiendo a la Co- vitalidad como condición constitutiva de lo vivo según la cual ninguna parte puede existir, persistir o desplegar su forma propia fuera del entramado de relaciones que la sostiene; vivir es, siempre, vivir con y en otros.

Si miramos la selección natural desde la perspectiva que venimos desarrollando, el concepto de Co-vitalidad aparece como su sustrato profundo.

Ninguna especie evoluciona en el vacío. Lo hace *en relación* con otras especies, con el ambiente, con la competencia y la cooperación.

Las adaptaciones no son propiedades intrínsecas de individuos aislados, sino respuestas colectivas inscritas en redes ecológicas.

Incluso la “fuerza” —si queremos seguir usando ese término— es *co-fuerza*: surge de la interacción entre organismos y medio. 

Esto implica que la vida no progresa por la eliminación del débil, sino por el tejido cada vez más complejo de relaciones que sostienen la existencia. La diversidad, la simbiosis, la interdependencia son expresiones de esa co-vitalidad.

 

La falsificación ideológica: del organismo a la competencia

 

El darwinismo social, al trasladar una lectura individualista a la esfera política y económica, convierte una descripción biológica en una ideología: la sociedad sería un campo de lucha en el que los “más fuertes” prevalecen y los “débiles” perecen. Pero esta imagen no sólo no está en Darwin; es su negación.

La evolución no premia al individuo aislado sino al conjunto capaz de generar formas colectivas de vida sostenibles. En este sentido, una especie cooperativa puede sobrevivir mejor que una especie compuesta de individuos egoístas.

 

Co-vitalidad como principio evolutivo

 

Podemos ahora reformular nuestra tesis general con un matiz evolutivo:

La Co-vitalidad no es sólo condición de vida presente, sino motor de la vida futura. Las formas vivas que logran persistir y transformarse no son las más fuertes en sí mismas, sino las que saben inscribirse mejor en una red de relaciones que las sostiene y con las que co-evolucionan.

Así entendida, la supervivencia no es triunfo del individuo sino persistencia del tejido relacional.  La especie no es un agregado de individuos exitosos, sino una *forma colectiva de adaptación.

 

Implicaciones para pensar lo humano.


Al insertar esto en nuestra reflexión filosófica, la crítica al individualismo moderno se vuelve más profunda: no sólo es una ficción ética o política, sino que es evolutivamente inviable.

El sujeto que imagina poder bastarse a sí mismo es análogo al órgano arrancado del cuerpo.

La sociedad que celebra la competencia absoluta es análoga a una colonia de hormigas dispersas: condenada a la extinción. 

En cambio, lo que asegura la continuidad —de la vida, de las especies, de las culturas— es la capacidad de sostener relaciones de co-vitalidad cada vez más densas, creativas y adaptativas.

Lo que persiste no es lo más fuerte ni lo más puro, sino lo que logra tejerse mejor en una red de interdependencias dinámicas.

  

Axioma de la co-vitalidad

 


Axioma de la co-vitalidad

  

Arrancar algo vivo de su contexto es condenarlo a morir. El corazón separado del cuerpo deja de latir, la hoja desprendida del árbol se marchita, la hormiga aislada de su colonia pierde el sentido de su existencia. Esta ley silenciosa atraviesa todos los planos de la vida y, sin embargo, seguimos pensando el mundo desde la ficción de la autosuficiencia. Celebramos al individuo autónomo, a la idea pura, al sujeto que “se hace a sí mismo”, como si la vida fuera una propiedad interna y no una corriente que circula entre las cosas. Si se extrae una parte de un cuerpo vivo, esa parte muere, a menos que se haga un trasplante o una transfusión. Esta cualidad debería tener un nombre o tal vez convertirse en un concepto. Esa parte solo puede vivir en un todo. Intentaremos abordar esta idea desde diferentes planos. 

El fenómeno biológico implica la dependencia vital del todo. Cuando se arranca un órgano, un tejido o incluso una célula de un organismo complejo, su destino está sellado: Si no se le reintegra a otro sistema que lo nutra, muere. Su vitalidad no era autónoma, sino que dependía de la circulación, el metabolismo y la organización global del cuerpo.

En términos estrictos, lo que estaba vivo no era esa parte aislada sino el sistema entero en el que ella tenía sentido funcional. La vida no estaba en la parte, sino a través de ella.

 

Ontología de la pertenencia: la vida como relación

 

Podemos llamar a este principio “principio de co-vitalidad”: Ninguna parte vive por sí misma; su vida es una función de su pertenencia a un conjunto mayor del cual recibe sentido, energía y forma.

Ese principio permite dar un paso más: la identidad de una parte no está dada por su mera materia, sino por su posición en una red de relaciones. El hígado no es un hígado en abstracto; es hígado en un cuerpo determinado. Separado de él, pierde no solo la vida, sino su condición de órgano.

Esto sugiere que la vida no reside en el objeto aislado, sino en el sistema dinámico que lo articula. Por eso, lo que muere al separarse no es solo la carne, sino el sentido mismo de esa carne. 


Posibles nombres de un posible concepto.

Podríamos utilizar varios modos de nombrar esta idea:

Organotropía (organon = instrumento / parte; tropein = volverse hacia): tendencia de la parte a necesitar el todo.

Co-vitalidad: la vida como fenómeno co-dependiente.

Vitalidad contextual: lo vivo depende del contexto que lo sostiene.

Principio de inmanencia orgánica: la vida de cada elemento es inmanente al sistema que lo contiene.

Cada nombre resalta un matiz, pero la idea esencial es que lo vivo no es divisible sin perder su cualidad vital.

 

Extensiones

 

En sentido ontológico, este principio se puede proyectar fuera de la biología: también una idea muere cuando se la extrae del sistema conceptual que la sostenía. Su “vida” dependía de un entramado.

 

En sentido socio político: Un individuo no sobrevive sin vínculos. La sociedad no es la suma de individuos vivos, sino el organismo que hace posible su vitalidad. Separado, el individuo puede seguir existiendo biológicamente, pero su “vida” en el sentido pleno —lenguaje, deseo, historia— se desvanece.

En sentido epistemológico: El conocimiento mismo es co-vital: separado del campo de problemas que le da sentido, se convierte en dato muerto.

Se podría hablar de un Principio de co-vitalidad orgánica: toda parte viva lo es en virtud de su pertenencia funcional a un sistema mayor. Separada de él, pierde su vitalidad porque lo vivo no se localiza en la sustancia aislada sino en la red de relaciones que la constituyen.

Este principio señala que la vida no es una propiedad sustancial sino una condición relacional, y que la muerte ocurre no solo cuando cesan los procesos internos, sino también cuando se rompe la relación que los hace posibles.

 

La imposibilidad de escapar de la red.

 

 La co-vitalidad como condición ontológica, no contingente.

Lo primero que conviene subrayar es que la co-vitalidad no es una circunstancia accidental que puede o no darse, sino una estructura constitutiva de lo vivo.

Un órgano vive en el organismo.

Una célula vive en un tejido.

Una hormiga vive en la colonia.

Un humano vive en el entramado social, simbólico y material.

Incluso cuando un elemento parece poder subsistir aislado, esa posibilidad es ilusoria o depende de la reproducción artificial de su entorno original (como ocurre en un cultivo celular o en un trasplante). Es decir: el aislamiento es siempre un montaje, no un estado natural.

 

El mito de la autonomía: vida no es independencia

 

En la tradición moderna —y sobre todo en la filosofía política— se ha instalado una imagen poderosa: el individuo autónomo, autosuficiente, capaz de bastarse a sí mismo. Esa imagen es útil para ciertas narrativas (derechos, libertad, propiedad), pero desde el punto de vista ontológico es falsa:

Lo vivo nunca es autónomo en sentido radical; siempre está tejido en una red de interdependencias sin las cuales deja de ser.

La hormiga separada no muere al instante, pero su vida se vuelve inviable como vida de hormiga. Lo mismo ocurre con el ser humano: fuera del lenguaje, de la cultura, de la comunidad, puede seguir latiendo su corazón, pero algo esencial —lo que hace de él un ser humano— se apaga.

 

 La co-vitalidad como campo relacional

 

Podemos entender entonces la vida no como una sustancia que “posee” cada individuo, sino como un campo relacional en el que cada unidad participa. Esta participación no es opcional: es la condición misma de su existencia.

En este sentido, no es que un ser tenga relaciones, sino que es relación.

La célula es tejido.

El órgano es organismo.

El individuo es sociedad.

De ahí que la muerte no sea sólo el cese de procesos internos, sino también el colapso de las relaciones que sostienen esos procesos.

 

El destino de la parte: vivir es pertenecer.

 

Una consecuencia radical de esta perspectiva es que toda parte lleva en sí la marca del todo.

Su forma, su función, su mismo sentido existencial provienen de su pertenencia. Dejar de pertenecer equivale, tarde o temprano, a dejar de ser.

 

Podemos formularlo casi como un axioma: 

Axioma de la co-vitalidad: ninguna parte puede conservar su modo de ser propio fuera del campo relacional que la engendra y sostiene.

Este axioma desplaza el centro de gravedad desde la sustancia al vínculo. Ya no se trata de “seres que se relacionan”, sino de “relaciones que se concretan en seres”.

 

Desde aquí se abren varias derivaciones:

 

Antropológicas: el sujeto no preexiste a sus lazos, sino que es el efecto de ellos.

Políticas: la comunidad no es una agregación de individuos, sino el medio vital en que esos individuos pueden existir como tales.

Éticas: si toda vida es co-vital, la responsabilidad no puede pensarse solo en términos individuales; implica siempre al entramado que sostiene esa vida.

Ontológicas: lo real no está hecho de átomos aislados sino de nodos relacionales; la separación absoluta no es un hecho posible sino una ficción teórica.

 

Más allá de lo biológico: una “metafísica de la co-vitalidad”


Lo que en el ejemplo biológico se presentaba como evidencia empírica (“una parte separada muere”) se convierte ahora en una tesis de alcance mayor:

La vida es inseparable de la pertenencia. Lo que vive, vive en y con otros. Toda tentativa de sustraerse completamente de esa red conduce, más tarde o más temprano, a la extinción, la disolución o la pérdida de identidad.

Incluso el pensar, el desear, el hablar o el recordar son ejercicios de co-vitalidad: prácticas imposibles sin el horizonte común del lenguaje, la historia y la cultura.

2025/09/21

Las formas

La forma no es una entidad estática, sino un proceso móvil. Concebimos la realidad a través de configuraciones que se transforman, se infiltran en la naturaleza y, una vez instituidas, redefinen nuestra percepción. En este sentido, lo que llamamos “naturaleza” ya no es un dato inmediato, sino una construcción filtrada por las formas que la cultura y la memoria imponen.

El recuerdo visual se organiza siempre en torno a figuras. Lo que reconocemos no son fragmentos aislados, sino totalidades que se apoyan en patrones previos. Por ello, toda percepción es al mismo tiempo reconocimiento. La experiencia de la visión borrosa lo ilustra con claridad: sin lentes, una silueta humana puede confundirse con una forma conocida; con lentes, la nitidez disuelve esa semejanza. La forma, entonces, no es garantía de lo real, sino mediación simbólica, esquema que selecciona y organiza.

En consecuencia, lo que percibimos no es simplemente lo que está ahí, sino lo que nuestras formas ya nos han enseñado a ver. La forma es móvil, pero también normativa: se desplaza, pero al hacerlo instituye los límites de lo visible.

2025/07/13

La desfachatez de la Esfinge

 


La gran enseñanza que Poe deja explicitada en La carta robada, es que lo menos visible es aquello que se encuentra a la vista de todos. La superficie será opacada por su fondo. De esta manera el perspicaz Dupin encontrará al objeto desaparecido sobre el escritorio, encima de otros papeles, mostrando que toda la parafernalia empleada por la policía, resultaría inútil y hasta absurda.

El acertijo que la Esfinge le plantea a Edipo, es tan elocuente e irrefutable que no nos deja precisar que dicho planteamiento no es una simple descripción anatómica, sino una caracterización sumamente pesimista sobre nuestra especie. Edipo sabe la respuesta y la explicita casi como si estuviese hablando de un tercero. En verdad el protagonista debía haberle dicho a la Esfinge que ella estaba hablando precisamente de él mismo y que sabía sobre sus propios límites.

La visión de la Esfinge es excesivamente realista, materialista, desangelada, sin ningún endiosamiento. Hace explícitas nuestras falencias anatómicas. La desfachatez de la Esfinge es bastante exasperante.  

2025/06/15

En honor a mi Viejo

El 16 de junio del 55. Juan tenía 25 años. Era obrero en el Astillero Río Santiago y además había comenzado a hacer acá en Berisso, en sociedad con un vecino, una carpintería que aún existe. Como la mayoría de los jóvenes de ese tiempo, a los 13 años se había iniciado como aprendiz en la Base y estudiado en el Industrial.

Según me contaba, ese día había pedido permiso en el laburo para ir a Buenos Aires a consultar por máquinas y herramientas que necesitaban en la incipiente carpintería. Alrededor del mediodía cuando regresaba del barrio de Caballito hasta el centro porteño, el subte paró algunas estaciones antes de dónde él tenía que bajarse. No se podía avanzar más. Algo había sucedido y más allá de los estruendos, ninguno sabía muy bien qué.

Estando todo convulsionado, fue caminando hasta la parada del Expreso Buenos Aires para volver a La Plata. Los transportes no funcionaban. Pero ahí le dijeron que hable con uno de los choferes. Era alguien que vivía en la capital provincial. Según contaba mi viejo, el tipo le dijo que lo podía traer, ya que tenía también que regresar a su casa. Volvieron hablando los dos a lo largo del viaje, intentando saber bien qué había sucedido.

En ese tiempo, estar informado sobre la actualidad no era igual que ahora. Se fue enterando del bombardeo a Plaza de Mayo y de que más de 300 personas habían muerto. Tres meses después iba a ser el golpe contra Perón. Yo tenía menos de dos años y estoy seguro que ya me había empezado a politizar.

PD  Releyendo me doy cuenta de la importancia que tiene el hecho de que el chofer decida traerlo a mi viejo. Una postal de la solidaridad entre trabajadores que primaba por ese entonces. Casi como si le hubiera dicho “Vamos compañero”.

2025/04/14

Sobre el YO- Algunas precisiones

 


Si se afirma que la definición del Yo, es un tanto problemática debido a que viene a ser coincidente con términos como psique, alma o conciencia, lo que se debiera señalar es que siempre primó una visión dualista y metafísica que escinde el alma del cuerpo, la subjetividad de lo biológico.

Que las leyes que rigen estos dos últimos términos no sean coincidentes en sus rasgos básicos, no implica que no existan en simultáneo en un cuerpo no divisible. Sin biología no hay subjetividad, y esta última no deja de afectar a la primera. Pareciera ésta una definición de Perogrullo, aunque el discurso dominante reproduce siempre lo contrario: la escisión y la existencia separada.

El mismo Freud -quien debe ser uno de los pilares del establecimiento contemporáneo de una comprensión y diseño del funcionamiento psíquico- siempre intentó no caer en una visión dualista. Así por ejemplo cuando definió a la pulsión como concepto límite, entre lo psíquico y lo biológico. El síntoma histérico de conversión, o la inhibición del obsesivo, daban cuenta de cómo la lógica del significante inerva lo somático.

Desde el sentido común, el Yo es en definitiva ese humano particular que no es los otros. El Yo como pronombre personal me distingue de los demás que a la vez son parte de una misma especie, aunque hoy desde el mismo sentido común no se acepte eso último como una obviedad.

Cuando Freud a lo largo de su enseñanza, intentó dar cuenta del dispositivo analítico, presentó dos tópicas diferenciadas y a la vez complementarias. Cada una -con tres elementos también diferenciados- que intentarán dar cuenta de un único proceso, en el cual la mismísima presencia del analista es inescindible. Los diferentes elementos de las tópicas no son aislables.  En este punto vale señalar que en cualquier formación en la que coexisten diversos elementos en juego de forma simultánea, habrá algunos de mayor preponderancia que otros. Caracterizar cuáles son esos puntos, nos puede conducir a experiencias distintas.

El problema es haber interpretado como aparato individual al diseño freudiano del psiquismo. Ciertos obstáculos epistemológicos y prejuicios de la época le impedían a Freud presentar a cada tópica como la superestructura del dispositivo psicoanalítico.  Vale leer sólo la introducción a su Psicología de las masas y análisis del Yo, para darse cuenta de que desconfiaba seriamente de una psicología individual. Freud sabía que su teoría del inconsciente estaba completamente condicionada por la intervención del analista y que, si este último en caso de alejarse de las principales coordenadas de una escucha singular y por ende de una interpretación que devenga en la asociación libre del paciente, no habrá inconsciente. Éste es producido a partir de la interpretación analítica. Podrá haber actos fallidos o sueños, pero si ese material es descartable para el que escucha. nunca se dará la irrupción del inconsciente como esa otra escena que habita entre analizante y analista bajo otro concepto transindividual, la transferencia. El inconsciente freudiano no es individual, tampoco colectivo. Habita en una superficie topológica como la de la banda de Moebius. Por esto hay que explicitar que el inconsciente no es igual al Ello. El primero se construye sobre el segundo. Por eso las dos tópicas no se excluyen y son complementarias.

2025/04/08

Sobre la Ego Psichology

 

Cuando Jacques Lacan emprendió su enseñanza psicoanalítica, allá por los cincuenta, basó la misma en lo que denominó “Retorno a Freud”. Este programa si resultaba necesario fue para oponerlo a lo que - en el nombre de Freud- llevaban adelante los impulsores de la Ego Psychology.

Los vieneses Heinz Hartmann y Ernst Kris junto al franco polaco Rudolph Loewenstein; fueron tres analistas que, huyendo del nazismo, a finales de los 30, se exiliaron en los Estados Unidos y desarrollaron la Psicología del Yo.  Es bueno señalar que, en su estadía en Francia, Loewenstein fue el analista de Lacan.

A lo largo de su larga enseñanza, Lacan en su retorno al padre del psicoanálisis, llevó un exhaustivo debate con Hartmann, Kris y Loewenstein hasta sus propios límites.

La obra de los artífices del Yo autónomo, puede ser catalogada sin lugar a error dentro de lo que en la historia del marxismo se llamó “revisionismo” teórico, a saber, una corriente que, con la idea de completar, mejorar o incluso actualizar un cuerpo conceptual, termina corrompiendo las principales bases en las que se sostiene un pensamiento, transformándolo en otra cosa.

Resulta importante antes de proseguir realizar una aclaración necesaria. Este trabajo no está destinado a desarrollar la originalidad de Freud para contraponerla a la escuela americana, sino mostrar como las principales tesis de esta última, emprenden una práctica y una conceptualización acorde a lo que décadas posteriores irá a servir como base ideológica del “Sálvese quien pueda”. Más que un trabajo referido explícitamente a la clínica psicoanalítica, se intentará mostrar un modelo ideológico que no es exclusivo de esta derivación del freudismo. Se puede afirmar que las diferentes disciplinas de la hoy difundida Autoayuda o el Coaching, se enmarcan en una misma concepción ideológica. Hacer referencia a los textos de Freud resultará ineludible y en algunos casos muy necesaria.

La Ego Psychology tendrá como punto de partida, una particular lectura sobre El Yo y el Ello de 1923. En este texto Freud nos va a presentar un modelo sobre el aparato psíquico, acorde a las observaciones clínicas que venía desarrollando desde el inicio de su peculiar método terapéutico -hacía ya poco más de dos décadas-, en el que puso sobre la mesa la existencia del inconsciente, como esa instancia de la subjetividad que escapa a nuestra percepción consciente, pero que a la vez la determina y condiciona permanentemente.

El Yo, el Ello y el Superyó; venía a ser la segunda tópica. La primera, desarrollada luego de 1910: Inconsciente, consciente y preconsciente no iba a ser algo contrapuesto a la segunda, sino un esfuerzo más del padre del psicoanálisis por dar cuenta de una experiencia que él necesitaba sistematizar lo máximo posible. Freud siempre intentó que su descubrimiento no sea ajeno al discurso de la ciencia y para ello realizó un exhaustivo esfuerzo argumentativo, durante casi cuatro décadas. La formulación de la segunda tópica no representaba un cambio de estrategia clínica, como tal vez hayan interpretado los creadores de la Psicología del Yo.

Hay una frase en el Yo y el Ello que –a partir de cómo se la lea- nos va a dar una interpretación diferente o incluso contrapuesta de lo que Freud quiso decir con ella. Se puede decir incluso que una frase –más allá de su ambigüedad- debiera ser leída en el contexto general de una obra y no aislarla de ella.

En el texto original wo es war soll ich werden, fue interpretada por la escuela americana como que el Yo debía desplazar al Ello, creando así una zona libre de conflictos. Lacan en tanto, a mi parecer, mucho más fiel al texto freudiano, señaló que “Dónde Ello es, el Yo debe advenir”.

Uno de los riesgos que se corre en la lectura de textos, no sólo psicoanalíticos, es reificar nociones y conceptos, y aislarlos.  El Yo o el Ello no tienen existencia separada. En la realidad concreta del aparato psíquico, las dos tópicas y todos sus componentes existen en simultáneo. Cabe señalar que el aparato psíquico freudiano no es estrictamente individual, ya que para tener realidad se precisa la presencia del analista. En tal sentido Lacan dirá que “el analista es parte del concepto de inconsciente” como un indicador claro de una clínica bajo transferencia. De igual forma existe una visión muy difundida sobre la diferencia entre lo subjetivo y la objetividad del cuerpo, que a veces pareciera escindir eso que existe en una sola unidad. Se trata de una visión metafísica que repele lo concreto. Los conceptos analíticos no están para ser aplicados, sino para verificarlos en tanto son capaces de hacer geométrica la representación de la experiencia.  Mostrar señuelos y observables que la hagan inteligible y por ende reproducible.

La escuela americana parte del supuesto de una relación del sujeto con el mundo que se encuentra enturbiada, en gran parte por el asedio interno de las fuerzas oscuras de la mente. Es por esto que el sujeto debe adaptarse a la realidad, logrando que su Yo se vuelva fuerte y desplace a un Ello caracterizado principalmente como el portador de las fuerzas instintivas.  

Reducir al Ello, a simple reservorio pulsional, sin advertir que su originalidad consiste en ser un proceso simbólico anudado al cuerpo, implica una severa confusión. Las pulsiones son la infraestructura, esa base real que puede ser leída subjetivamente como una gramática o conjugación verbal. Lo real de la pulsión para Freud siempre aparecerá mediado por las fantasías.

Cuando nos referíamos a la simultaneidad de las tópicas y sus elementos, y sosteníamos que eso se produce en la experiencia clínica, el legado del Freud de Lacan, es que la centralidad no la ocupa un Yo sino el fantasma. Mientras el analista aquí invita a la travesía por la selva de las fantasías reprimidas, desde la escuela americana se trata de reforzar al Yo, intentando poner un cortafuego contra lo otro. El analista ubicado en el lugar del Superyó apuntalará a su paciente hacia una determinada economía del goce que lo transforme en un ser exitoso y feliz.

Podría ser un buen objetivo reforzar al Yo, pero sin dudas no fue ésa, la idea principal de Freud. En una coyuntura específica de la realidad estadounidense, la clínica del Yo, era completamente funcional a las ideologías de la libre empresa.

 

2025/04/01

Sobre las ideas


 Toda idea. La que sea. No es su simple enunciado. Estamos acostumbrados a defender o denostar ideas a partir de lo que muestran en su superficie.

Toda idea es producto de un proceso de pensamiento que casi siempre desconocemos. Se puede defender algo a rajatablas sin saber que su confección no fue bien realizada.

Hoy el gran problema con las ideas no es su producto acabado sino la manera de producirlas. En el producto obviamos la producción. Hoy prima lo estético del producto acabado.

Aristóteles cuando funda la lógica parte si se quiere del mismo problema. Mientras que los sofistas podían realizar enunciados ingeniosos para ganar discusiones, el filósofo se preocupó en demostrar que ningún enunciado ingenioso por más verosímil que parezca, está exento de ser falaz.

Hoy vivimos en un universo relativista en el que cada uno puede sacar las conclusiones que quiera. Es el paradigma liberal. No está mal si esas conclusiones le sirven a un Robinson Crusoe, pero generan múltiples tensiones cuando la relatividad sobre lo real es compartida. Suponer una vida social sin cierta cohesión ideológica es sin dudas una utopía desestructurante.

2025/03/08

Wo Es war, soll Ich werden

 


Hace poco tiempo desperté en medio de la noche, y en ese momento, recordé las propiedades de una hierba aromática, de la cual no podía recordar su nombre. El olvido me demoró un poco el sueño. Tan es así que volví a despertar algunas horas después, resultándome imposible traer ese nombre a la memoria. Lo interesante fue que en ese segundo despertar, lo primero que intenté fue recordar cómo se llamaba la hierba. No hubo caso.

Por la mañana al levantarme seguía indagando en mi disco duro, pero el nombre no aparecía. Pocas horas después, haciendo ejercicios de piernas en el gimnasio, mientras pensaba vaya a saber en qué, apareció de golpe la palabra “tomillo”, sin pedir ningún permiso e incluso apartando del camino a eso que estaba pensando.

No fue la única vez que me pasó algo así. Pero en este caso el mecanismo del recuerdo me mostró de un modo muy elocuente,  la existencia de un proceso que sucede más allá de mi conciencia con un rigor casi matemático. En ese tiempo, mi cabeza estaba ocupada en desentrañar lo que Freud llamó el Ello. El olvido de ese nombre, me vino de maravilla.

Pocos días después, al despertar por la mañana, mientras me desperezaba, me vino a la mente, la imagen de un vaso blanco con forma de jarra, que había aparecido en un sueño. Ese vaso yo lo usaba rutinariamente hace casi veinte años atrás, y ya ni lo recordaba. Me sorprendió mucho  la imagen onírica y sobretodo saber que hay viejos archivos ocultos que se conservan casi indemnes.

También ese recipiente que sirve para beber, se sumó a corroborar al Ello freudiano y a los sueños hipermnésicos de la Traumdeutung.

En ninguno de los dos casos intenté hacer alguna interpretación. Lo que me resultó evidente fue principalmente su mecánica, su devenir.

Haciendo la salvedad de que el inconsciente freudiano, no coincide más que relativamente con el Ello, en tanto las dos tópicas si bien son diferentes, son a la vez complementarias, habría que decir que el primero es el resultado de la intervención del analista sobre el segundo, que tiene vida más allá del psicoanálisis.

Alguna vez Lacan dijo que: “El inconsciente no piensa, ni calcula ni juzga, lo que no le impide trabajar”. Esa frase me parece muy adecuada para entender ese proceso en el que las dos tópicas se complementan como los molinos y el viento en la generación de la energía eólica.

2024/12/06

El olvido y la creación

Cuando vivís leyendo y ya tenés unos cuantos años, es muy probable que muchas de las cosas leídas, hayan sido olvidadas. Olvidadas conscientemente, ya que tenía mucha razón Freud cuando se refería a que en los sueños aparecen elementos que conscientemente uno ni recuerda, pero persisten en el ello. La memoria hipermnésica. La cuestión es que esas lecturas olvidadas pueden reaparecer en mí, como una idea propia, como algo en el que yo soy su autor. Voy a dar como ejemplo algo que me ocurrió recientemente.


Hace unos meses me congratulaba con la idea de que había descubierto que hay cosas que no se pueden describir con palabras, pero que todo el mundo sabe de qué se tratan. El sabor del café es algo que, si no probaste, no podrías describirlo. Ponía como ejemplo que no se puede explicarle a un extraterrestre qué es el sabor del café. Lo tendría que probar. Me regocijaba con esa idea que incluso se la conté a dos viejos amigos.

Lo interesante al respecto es que hace dos días vuelvo a releer a Baudelaire en un texto en el que habla sobre el vino. Hace una feroz crítica al autor de una enciclopedia en la que éste, define al vino como un licor que fue inventado por el patriarca Noé. Según Baudelaire, este autor “muy célebre y además un gran tonto” no podría explicarle a un habitante de la Luna, qué es el vino. Lo leído es pornográficamente similar a mi gran idea. Mucho más cuando al releer el texto no me cupo la menor duda de que anteriormente lo había leído.

Como todo esto, el texto de Baudelaire, mi gran idea ingeniosa e incluso el olvido, son construcciones lingüísticas; siempre habrá diferencias.  El genial poeta francés pondrá como ejemplo al “divino” Hoffmann. Citará varios ejemplos del narrador alemán en el que éste definirá con rasgos muy poéticos a diferentes tipos de vinos.

Baudelaire también sabía que era imposible realizar ciertas definiciones, pero lo que valoraba al tildar de “divino” a Hoffmann es el acercamiento poético a ese vacío.

2024/10/14

La política del goce


 “Desde Freud el sadomasoquismo no sólo es analizable debiera ser disuelto” Oscar Masotta

Llevar adelante un severo ajuste económico, conlleva en las grandes masas, un gran sufrimiento, un gran esfuerzo. Un ajuste se ampara en necesidades estructurales, se esté de acuerdo o no con esa clase de políticas. No entraremos en ese debate.

Lo que se intenta subrayar es otra cosa. Es el hecho de que llevar adelante un ajuste feroz, implique en quien lo hace, disfrutar de ello y mostrarlo públicamente. Disfrutar del sufrimiento que se provoca, es la exteriorización de un desenfrenado sadismo que a su vez pretende que se transforme en el disfrute de los otros. Amplios sectores de la sociedad disfrutando del padecimiento del que disfruta la casta ejecutiva y a la vez padeciendo una situación que simultáneamente cree que servirá para resolver sus actuales padecimientos.

Sin contradecir ese postulado marxista de que la economía es lo que determina en última instancia, el conjunto de los diversos avatares de la vida social, nos gustaría incluir un nuevo elemento que, -se yuxtaponga, se mezcle o en todo caso actuando por andariveles distintos- sea capaz de contar con un poder de anclaje similar y de una importancia de la cual no se pueda obviar: incluiremos lo que podría denominarse como un modo específico de satisfacción pulsional, una infraestructura del goce.

Un entramado complejo en el que los diversos actores ocupan un lugar determinado en las relaciones de goce. A su vez esas relaciones se encuentran determinadas a partir de posicionamientos específicos en la gramática del fantasma.

Es importante para entender de qué se está hablando, pasarse por dos textos de Freud, a saber, La pulsión y sus destinos y Pegan a un niño. En ambos, el autor plantea una gramática similar. De acuerdo al tiempo verbal, -anclándose en determinado tiempo-  el sujeto se encuentra constituido en una relación específica con el goce.  Mientras que el sádico ejerce el verbo pegar de modo activo, el masoquista lo padece de modo pasivo.

Cuando la crueldad se celebra como un gol sobre la hora en la final de un mundial, ya no estamos sólo en la lógica económica. Ingresamos en una política del goce.

2024/06/17

Hablar solo

 

El que vive solo, tiene muchas más libertades. Entre ellas poder hablar solo. Eso seguramente no es propiedad exclusiva de los solitarios. Hablando solo se descubren cosas que, de otra forma, no son tan perceptibles. Por ejemplo, darse cuenta que quien habla, no es precisamente el que supone serlo. El que habla solo no puede darse el lujo de no aprender a escucharse.

De repente se me ocurrió una idea que no pude evitar decirla en voz alta. Al instante percibí que el que hablaba era mi padre. Y no precisamente por el contenido de la idea que tal vez él ni siquiera la hubiera compartido. El tono de voz, su modulación y la expresión gestual, eran quienes me indicaban quien hablaba.

2024/03/09

Viaje de un naturalista alrededor del Mundo


 Desde hace algunos años me adentré en la lectura de Charles Darwin y si se quiere me trastocó la cabeza. En todo caso esa lectura logró que alguien formado principalmente en la lectura de Marx y Freud pudiera encontrar una cantidad importante de nexos para articular un montón de piezas sueltas que si bien estaban desarrolladas por separado, resultaban algo difícil vincular, más allá de que siempre uno intenta unirlas con un resultado provisorio y que a uno mismo no lo termina de convencer.

Nadie desconoce a Darwin y muchos adhieren a sus ideas pero lo hacen a partir de sus grandes trazos gruesos. En todo caso ése era también mi caso. La relectura del  texto de Engels, El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre me sugirió comenzar a leer directamente a Darwin. Había que rastrear por ende, aquella  afirmación freudiana acerca de una de las más grandes heridas narcisísticas de nuestra especie.

Darwin vino a consolidarme. una posición filosóficamente materialista que uno acarrea desde hace más de 50 años. Hay conceptos como la Selección Natural que pueden ser utilizados por ejemplo en la economía y servir para entender el devenir histórico de la humanidad. Cualquier desviación o comportamiento humano con respecto al de los animales sólo puede encontrar en la selección natural su determinación en última instancia. El enigma de la Esfinge en el Edipo de Sófocles, un animal con ciertas dificultades anatómicas que si no es visto en su sola actualidad, se debiera desprender que es alguien que está mutando para alcanzar un nuevo equilibrio, si este último fuera posible.  Estas cosas me llevaron a pensar en que no sería descabellado desarrollar una biopolítica emancipatoria.

El Viaje de un naturalista alrededor del Mundo, es creo una obra imprescindible para cualquier lector profano con cierta formación intelectual.

2024/03/07

Comportamiento animal y humano

 

Lorenz y los gansos

Señalaba  en 1965 Konrad Lorenz , en el prólogo a su libro Comportamiento animal y humano, que la etología es “el estudio biológico del comportamiento de los animales”. Decía Lorenz que la misma es una ciencia relativamente moderna, ya que anteriormente la zoología no tenía en cuenta el estudio del comportamiento. Se indagaba sólo sobre la anatomía y la fisiología.

Si el estudio del comportamiento animal, tuvo por ese entonces alguna iniciativa, la misma se basó principalmente en la psicología humana que obviamente, no tuvo su punto de partida en las ciencias naturales sino en la filosofía.

 Por su parte esta influencia de la psicología tuvo dos fuentes de importancia. La purposive psichology inglesa de corte vitalista y el behaviorismo estadounidense de corte mecanicista.

Para la escuela inglesa, los “instintos”, a saber, las formas innatas de comportamiento, resultaban procedentes de un factor sobrenatural que necesariamente debía quedar  por fuera de cualquier estudio de base biológica. 

Para el conductismo norteamericano los instintos no existen ya que cualquier actividad animal no deja de ser una respuesta automática a estímulos externos. Son simples reflejos o reflejos condicionados.

De esta forma cualquier acto propio de una especie no puede ser englobado como una respuesta específica en torno a la selección natural, ni tampoco pueden explicarse así las diferencias morfológicas propias. Todo eso pasaría según Lorenz a constituir “una especie de tierra de nadie situada entre los dos frentes representados por las dos escuelas contrapuestas entre sí”.

Fueron según Lorenz, los zoólogos Charles Otis Whitman y Oskar Heinroth quienes por separado lograron establecer que las formas de comportamiento se corresponden a características propias, distintivas y permanentes de cada especie animal, ajustándose esas conductas a los sesgos morfológicos anatómicos de cada especie.

El comportamiento animal -de esta manera-, es propio a la conformación anatómica de cada especie. A lo largo de la evolución, los seres vivos desarrollan determinadas características para hacer frente a la selección natural. Son precisamente las ventajas que encuentra una especie en cierto comportamiento las que hacen que esas características vayan perfeccionándose.

Lorenz va a poner como ejemplo a los gatos, precisando el para qué de sus uñas curvas y puntiagudas. Se dirá que “para cazar ratones”, aunque señalaba  que esa no es una finalidad a priori, extranatural, sino que esas características las fue adquiriendo con el correr de su evolución genética en tanto debía contar con ellas para su sobrevivencia. De esta manera un comportamiento específico como cazar ratones puede y debe ser estudiado por la biología y no por ninguna rama que entienda ese comportamiento como algo determinado por vaya a saber qué causalidad ajena.

Si la biología es el estudio de determinados procesos materiales que rigen la vida, como por ejemplo los procesos químicos o fisiológicos, habría que decir que existen ciertos procesos materiales que aún no fueron descubiertos o que simplemente fueron esbozados e incluso rechazados en nombre de un cientificismo conservador. El caso de los descubrimientos freudianos por ejemplo.

Sobre el Ello

 


Nada de lo que Freud haya desarrollado puede ser entendido sin considerar que no hay Ello sin cuerpo ya que sin cuerpo no hay síntoma.

Freud probablemente haya reducido el Ello a su andarivel puramente verbal. Esta reducción obedece a ajustarlo a lo propiamente clínico. Pero cualquier impresión propia a los diferentes sentidos, como palpar, oler o visualizar no dejará de estar presentes en el trabajo del sueño.

En lo estrictamente clínico, lo importante del sueño es lo que el paciente puede relatarle al analista. Pero cualquiera sabe que en los sueños existen restos visuales que no necesariamente deben ser interpretados. El escenario del sueño es ese escenario construido a partir de los distintos escenarios en los que el sujeto desarrolla su vida. Una calle o una vivienda que obviamente a lo largo de los años se transforman, pero que conservan su identidad.

Ello no puede separase del cuerpo ni de esos escenarios. La ilusión de que el cuerpo no es lo mismo que el alma, es una ilusión puramente yoica. El síntoma es lo que nos lo recuerda insistentemente. El cuerpo de hoy tampoco es igual al de ayer pero cuando un perfume determinado irrumpe en nuestro olfato, su inmediato recuerdo nos puede hacer viajar decenas de años.

2024/02/24

Aspectos del saber

 


Cuando preparaba la infusión, separaba cuidadosamente las hojas más pequeñas de las más grandes y también de los pequeños tallos. El resultado era un sabor bastante especial  con ciertos efectos para calmar el dolor corporal. Sabía a la perfección que tanto el sabor como sus efectos están concentrados en las hojas pequeñas. Lo que se desecha sólo sirve para atenuar esas cualidades.   

A esto lo sabía desde pequeño. Se lo había escuchado a sus progenitores y a casi todo el círculo que lo rodeaba. Son saberes que se transmiten de generación en generación y que a la larga o se perfeccionan o tienden al desuso.

En algún momento hubo quienes experimentaron tanto con respecto a su sabor como sus efectos, hasta lograr cierta certeza al respecto. De igual manera esas mismas personas fueron domesticando a las plantas para poder hacer un uso más exhaustivo que, el que se le puede dar a ciertas especies vegetales que no aportan grandes beneficios.  

Cuando uno recorre algún borde serrano, podrá detectar diferentes tipos de plantas. Muchas de ellas se utilizan como hierbas digestivas principalmente. Cómo se descubrieron esos beneficios. No se puede creer que haya ido algún genio sobrenatural a dar la revelación, aunque esa idea pueda estar presente en algunos mitos.

Tiene que haber habido un proceso multigeneracional de experimentación, con tal vez algunos riesgos incluidos. Hasta alcanzar resultados evidentes que seguirían siendo transmitidos  de generación en generación, incluso perfeccionándolos.

Cuando a diario actuamos hacemos algo muy similar a la selección de las hojas pequeñas para la infusión. Lo hacemos en casi todos los movimientos y reacciones espontáneas, aunque ello se evidencia mucho más en actividades de tipo productivo. Distinguir lo innato de lo adquirido en cosas como estas se torna bastante arduo. De generación en generación se transmiten ciertos rasgos culturales con la misma rigurosidad de lo genético.

2024/02/16

Diferencias de enfoque

 


Si entre dos adiestradores de perros surge un fuerte debate acerca de cómo debe ser su tarea, un debate casi irreconciliable, es porque entre ambos no coinciden en qué es un perro.

Estoy convencido de que las profundas diferencias políticas responden a una base similar. No se está de acuerdo en qué es un humano. No se tiene una misma visión acerca de qué es nuestra especie.

2024/01/31

El reino de los sofistas

 


Toda idea. La que sea. No es su simple enunciado. Estamos acostumbrados a defender o denostar ideas a partir de lo que muestran en su superficie.

Toda idea es producto de un proceso de pensamiento que casi siempre desconocemos. Se puede defender algo a rajatablas sin saber que su confección no fue bien realizada.

Hoy el gran problema con las ideas no es su producto acabado sino la manera de producirlas. En el producto obviamos la producción. Hoy prima lo estético del producto acabado.

Aristóteles cuando funda la lógica parte si se quiere del mismo problema. Mientras que los sofistas podían realizar enunciados ingeniosos para ganar discusiones, el filósofo se preocupó en demostrar que ningún enunciado ingenioso por más verosímil que parezca, está exento de ser falaz.

Hoy vivimos en un universo relativista en el que cada uno puede sacar las conclusiones que quiera. Es el paradigma liberal. No está mal si esas conclusiones le sirven a un Robinson Crusoe, pero generan múltiples tensiones cuando la relatividad sobre lo real es compartida. Suponer una vida social sin cierta cohesión ideológica es sin dudas una utopía desestructurante.

2024/01/15

Sobre la eficacia simbólica

 


“Un hombre listo llegó a pensar que los hombres se hundían en el agua y se ahogaban simplemente porque se dejaban llevar por la idea de la gravedad” dijo Marx en el prólogo a La Ideología Alemana. “Ese hombre se pasó la vida luchando contra la ilusión de la gravedad”.

Pasados casi 180 años de este texto, hoy se puede seguir escuchando a ese mismo hombre, aggiornado naturalmente, incluso considerándose materialista, haciendo alardes de los poderes sobrenaturales de la eficacia simbólica.

Obviamente la eficacia simbólica existe, no hay dudas sobre eso. La eficacia simbólica se puede constatar tanto en la experiencia psicoanalítica como en los efectos de la ideología sobre la sociedad. Lo que no puede esa eficacia, es contrariar a las leyes de la física, a menos que -sin dejar de contrariarlas- invente al aeroplano.

2024/01/07

El Ello y la cientificidad en Freud



Plantearse la cientificidad del psicoanálisis, no necesariamente significa considerarlo como una ciencia. En el mismo sentido se podría hacer referencia a disciplinas como la medicina, la veterinaria o la agricultura.

Freud distinguía correctamente entre ciencia y arte. La cuestión principal es si ese arte se ocupa de realidades de las que la ciencia puede dar cuenta, convirtiéndolas en objetos científicos; ya que existen artes que no necesariamente se apoyan en esas realidades.

Ningún saber que aspire a ser científico puede negar ciertos principios propios de otras ciencias a menos que intente refutarlos para establecer nuevas conceptualizaciones.

Que la causalidad de las neurosis sea algo que escapa a las determinaciones estrictamente biológicas no significa que niegue a la biología, sino que indaga en ciertas determinaciones no menos materiales y objetivas que los procesos bioquímicos, neuronales o fisiológicos.

A partir de Freud y principalmente de Lacan podemos observar que los procesos psíquicos están regidos por cierta rigurosidad que excede cualquier lógica individual o subjetiva. El inconsciente freudiano está regido por leyes de las cuales, ningún sujeto puede aislarse.

Todo humano al igual que el resto de las especies animales, cuenta con un sistema perceptivo. Freud asocia ese sistema con el Yo. Lo cierto es que, desde el período prenatal, ese sistema se pone en marcha y todo lo que se percibe se va acumulando. Debemos suponer que en el sistema nervioso. Sorprende que cuando un niño comienza a hablar, pareciera que hubiera aprendido todo de golpe. Según Lacan el sujeto que habla antes que nada es hablado.

No solamente escuchamos palabras sino también el modo en que son dichas. Guardamos a su vez todo el caudal auditivo de un modo que podríamos llamar murmullo y a ello se le suman otras cualidades sonoras como la música o determinados sonidos como un timbre, un trueno, una máquina. Hoy el avance tecnológico hace proliferar diferentes percepciones sonoras. El interés no es ser exhaustivo con ejemplos sino dar cuenta de un fenómeno que todos conocemos pero que no siempre advertimos como tal.

A lo auditivo hay que agregarle el caudal visual, olfativo o gustativo. Todo ello confluye en lo que Freud denominaba huellas mnémicas, la memoria. El Presidente Schreber agregaba la voluptuosidad y posiblemente eso sea la matriz perceptiva de la libido freudiana. Una memoria del goce.

Todas las especies animales perciben y deben almacenarlo. De otra manera no podrían advertir el peligro, ni ser adiestrados por el hombre. Todo se guarda y se archiva sin selección. Que haya huellas mnémicas más elocuentes que otras muestra una selección posterior o en todo caso que al ser percibidas, debido a la estructura existente, hayan sido predominantes.

A todo ese caudal guardado que obviamente es mucho más embrollado que en los otros animales, debido a que están sometidos a la complejidad del lenguaje humano, Freud lo denominó Ello. El Yo vendría ser ese filtro selectivo que siempre estará determinado por ese territorio inhóspito del Ello.

En ese punto Freud descubrió al psicoanálisis como tratamiento de las neurosis. A sus pacientes los invitaba a decir lo que se le venga a la cabeza, aunque ello pareciera absurdo o ridículo. La denominada asociación libre que obviamente no era para nada libre. Invitar al paciente a que deje que el Ello hable, como lo hace en el sueño sin que se interponga un filtro o que cuando se tope con lo doloroso tenga que despertar, o en la sesión analítica quedar callado.

Podría decirse que el Ello excede a Freud largamente y que todas las religiones lo trabajaron. En los métodos orientales de meditación hay que buscar un elemento que acalle al Ello: algún número, alguna pequeña frase, un mantra.

En cambio, lo que conocemos como inconsciente freudiano es un tratamiento específico del Ello, a través de un modo interpretativo singular y sujeto a la transferencia, que Freud fue construyendo a partir del abordaje de la histeria. Que Ello hable.

2023/10/09

Sobre el lenguaje


El lenguaje es un flujo de sonidos que en sus intermitencias, en la disparidad de intensidades, en sus alteraciones; se estructura.

Tenemos una visión metafísica sobre el lenguaje, que lo cree disociado de lo biológico. Obviamente que no se puede entender sobre el lenguaje si se lo intenta explicar desde lo biológico o desde lo bioquímico, pero lo que tampoco se puede es obviar su procedencia material.

El gran descubrimiento de Freud fue percatarse de que el lenguaje inerva al sistema nervioso en su totalidad.

Tanto el lenguaje como la música están creados a través de contornos nerviosos.

Este planteamiento no invalida la diferencia entre naturaleza y cultura, si no que intenta articularlas de otra forma.

El trabajo, la sexualidad, la alimentación, son adquisiciones culturales. Sus modos adquieren autonomía con respecto a lo biológico, aunque siempre vendrán a saciar necesidades naturales.

2023/10/01

Aproximación al fetichismo

 


El verbo saborear está vinculado principalmente al sentido del gusto, aunque podría extenderse su uso a otros sentidos. Se podría saborear una buena música.

Tal vez podría extenderse este verbo a cualquier percepción. Saborear implica una degustación paciente de algo, intentando mantener un nivel de tensiones que sean dominadas por el placer. En el saborear se pierden las urgencias del tiempo. Está más ligado a ser una percepción previa que esas sensaciones finales en los que no necesariamente debe imperar la armonía.

Es reconocer y asirse del objeto modulando las tensiones, actuando sobre él, en un juego múltiple que podría ser similar a la ejecución de algún instrumento musical, actuando con todas las notas de la escala.

Para saborear es necesario tener algo de hambre, pero no demasiado. Se pierde el gusto cuando se está muy lleno.

Saborear debe ser propio de la condición humana. Cuando los hombres primitivos tuvieron que producir sus alimentos seguramente debieron modelar el sabor de ellos. La pérdida del alimento natural debe ser suplida con gustos placenteros. No debe ser fácil escribir una historia sobre la alimentación que prescinda en el terreno del gusto de lo que Marx denominó fetichismo de la mercancía.

En el terreno de la sexualidad, el fetichismo es el intento siempre fallido de construir el objeto del goce, la compañía íntima; a partir del universo de la cultura. Es uno de los destinos de la pulsión.