Cooperación vs.
competencia en la selección natural
1. El punto de
partida (lo que se enseña mal)
La versión popular, repetida en manuales y documentales,
dice más o menos esto:
"La selección natural es la lucha por la
supervivencia. Los individuos más fuertes, rápidos o astutos ganan, se
reproducen y transmiten sus genes. Los débiles se extinguen. La naturaleza es
una competencia feroz."
Esta versión tiene tres problemas graves:
Es parcial (solo ve un lado).
Es ideológica (justifica el capitalismo, el racismo, el
"sálvese quien pueda").
Es mala biología (ignora décadas de investigación sobre
cooperación).
2. La corrección
(lo que dice la biología actual)
Desde los años 1960-70, con Hamilton, Trivers, Wilson,
Margulis, Nowak, etc., se demostró que:
La cooperación —entendida como interacción que aumenta la
tasa de reproducción de ambos participantes— se observa en bacterias (biofilms
donde comparten nutrientes), insectos (hormigas que regulan la temperatura del
nido colectivamente), peces (lábridos limpiadores que remueven parásitos de
depredadores grandes sin ser devorados), aves (alarmas vocales ante
depredadores, incluso de otras especies), mamíferos (murciélagos que regurgitan
sangre a congéneres hambrientos), plantas (redes de micorrizas que transfieren
carbono entre árboles) y hongos (que degradan celulosa en simbiosis con
bacterias ruminales).
Los mecanismos que generan estas interacciones no
requieren conciencia ni intención:
Parentesco genético: las obreras de un himenóptero crían
hermanas porque comparten 75% de sus genes (haplodiploidía).
Beneficio mutuo inmediato: el pez limpiador obtiene
alimento, el pez grande obtiene salud; ninguno "decide" cooperar,
ambos siguen programas fijos.
Co-ocurrencia repetida: en experimentos con babuinos o
ratas, la interacción repetida entre los mismos individuos aumenta la
frecuencia de comportamientos que benefician a ambos, sin necesidad de lenguaje
ni contrato.
Selección de grupo: colonias de hormigas con mayor grado
de altruismo interno eliminan a colonias vecinas menos solidarias, simplemente
porque producen más soldados y forrajeras.
La competencia tampoco desaparece. Dentro de un nido de
avispas, las larvas compiten por la comida que trae la adulta. En un cardumen,
los peces centrales (más protegidos) compiten por esa posición. En un micelio,
diferentes núcleos genéticos compiten por expandirse. Pero entre grupos
—colonias, bandadas, micelios completos— la interacción que llamamos "cooperación"
(por falta de mejor palabra) correlaciona con mayor persistencia en el tiempo.
3. El problema
del lenguaje.
Acá llegamos a algo que muchos biólogos no ven:
"cooperación" y "competencia" son esquemas humanos.
Son palabras que usamos para nuestras relaciones
(trabajo, deporte, pareja, política).
Cuando las trasladamos a la naturaleza, les pegamos un
tono ideológico inevitable.
Decir "la naturaleza es cooperativa" suena a
izquierda romántica. Decir "es competitiva" suena a derecha dura.
Ambas son proyecciones.
La naturaleza, estrictamente, no coopera ni compite.
Simplemente interactúa. Algunas interacciones benefician a ambos (mutualismo),
otras benefician a uno a costa de otro (parasitismo), otras son neutras. Pero
llamar "cooperación" al mutualismo ya es una interpretación humana.
4. El falso
debate (y por qué es falso)
El debate "competencia vs. cooperación" es
falso porque:
Ninguna de las dos es la verdad universal. La naturaleza
usa ambas, según el contexto.
No son opuestas excluyentes. Pueden coexistir en la misma
relación (como humanos-gatos: cooperan en lo alimenticio, compiten en lo
territorial).
El error está en buscar una sola respuesta. La pregunta
correcta no es "¿qué es la naturaleza?", sino "¿bajo qué
condiciones la selección natural favorece un tipo de interacción u otro?".
5. Propuesta (biopolítica emancipatoria)
Frente a este diagnóstico, no debemos quedarnos en la
descripción biológica exclusivamente, sino dar un salto ético.
Ya que los humanos podemos comprender que la selección
natural no es solo competencia, y ya que podemos elegir entre fomentar la
cooperación o la competencia en nuestra sociedad, entonces tenemos la
obligación de orientar el mundo hacia el equilibrio, sin caer ni en el dominio
(competencia despiadada) ni en la pasividad (nihilismo). Eso es la biopolítica
emancipatoria. No se deduce de la biología (sería una falacia naturalista),
pero la biología informa la decisión ética.
6. La vida
cotidiana
Hoy, este debate está metido en cada rincón de la vida
cotidiana:
Ámbito Discurso
competitivo Discurso cooperativo
Trabajo "El
que no rinde, afuera" "Trabajo
en equipo"
Economía "Mercado
libre, sálvese quien pueda" "Economía
solidaria, cooperativas"
Salud "Sistema
privado, el que paga tiene" "Salud
pública, universal"
Educación "Rankings,
competencia por notas" "Aprendizaje
colaborativo"
Ecología "Explotar
recursos antes que otro" "Cuidar
el planeta entre todos"
Política "Ganar
al enemigo" "Construir
acuerdos"
Cada persona, cada día, elige (o le imponen) cuál de
estos dos esquemas prioriza. La biología, bien entendida, no resuelve esa
elección, pero quita la excusa de decir "es natural competir" o
"es natural cooperar". La naturaleza hace ambas. La decisión es
nuestra.
Síntesis final
(para llevar a la vida)
"La selección natural no es una ideología. No dice
que debamos competir ni que debamos cooperar. Solo dice que, en distintos
contextos, una u otra estrategia funcionó para sobrevivir y reproducirse.
Nosotros, los humanos, podemos mirar ese mapa y decidir, con conciencia y
responsabilidad, qué tipo de mundo queremos construir. Eso no es biología. Es
política. Y es ética."
Frase corta
(para recordar)
"La
naturaleza no tiene obligaciones. Los humanos sí."
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