2020/05/16

La razón freudiana y los saberes oscuros


De igual manera que el impulso instintivo sexual se abre camino en el humano hacia una satisfacción imposible, se puede decir que lo social no deja de ser esa formación fallida, averiada que deviene del primitivo instinto gregario que caracterizaba a esos primates que fueran nuestros antepasados remotos. Ambos planos combinándose se dan en simultáneo en todas las formaciones culturales, constituyéndolas, y es eso mismo lo que hace que en cualquier sociedad existan malestares propios de ella.

De igual manera están los modos de apaciguar y administrar esas dolencias. Cada sociedad cuenta con saberes específicos al respecto. Determinadas prácticas de inspiración científica comenzaron a desarrollarse con ese fin preciso, aunque hoy pareciera que una ola mística o esotérica se hubiera apoderado de las principales ofertas que nos hace la cultura.

 Desde hace aproximadamente 40 años, cuando irrumpía el neoliberalismo y esa condición social denominada posmodernidad que ponía en dudas los saberes racionales, comenzaron a proliferar todos esos gurúes de la autoayuda, de la psicoprogramación y de variadas formas mercantiles adobadas con sabores ancestrales. Esto, lejos de acabarse, se profundizó y hoy nos muestra una manera de vivir la cotidianeidad reforzando un individualismo extremo. Un individualismo socializado, claro.
En un tiempo en donde prima lo sombrío es bueno recordar a Sigmund Freud, su descubrimiento y su relación específica con el discurso de la ciencia.

La ciencia y el sujeto

Si hubo un rasgo que caracterizó a Freud a lo largo de todo su recorrido intelectual fue su carácter enfáticamente racionalista. Luego de su temprano abordaje de la histeria, primero mediante el método psiquiátrico de Jean-Martin Charcot basado en la hipnosis  y luego junto a Josef Breuer en lo que se llamó cura catártica, pareciera que Freud se hubiese deslizado desde la ciencia médica del Siglo XIX hacia un territorio que muchos considerarían oscuro. Sin embargo siempre tuvo la necesidad de conceptualizar esa experiencia de un modo riguroso, con la intención permanente de inscribir su descubrimiento dentro de los marcos del discurso científico. Freud necesitaba darle legitimidad a todo eso que se le presentaba en la experiencia y estaba convencido que esa legitimidad no podía hacerse por fuera de la ciencia. 

Freud se sentía parte de la ciencia pero a su vez mostraba algunos reparos. Señalaba que a lo largo del Siglo XIX la ciencia había dejado de lado ciertas elaboraciones -principalmente subjetivas- por considerarlas ajenas a su método.

En las Nuevas lecciones de introducción al psicoanálisis de 1931 decía que para ella “la única fuente de conocimiento es la elaboración intelectual de observaciones cuidadosamente comprobadas” descartando cualquier “posibilidad de conocimiento por revelación, intuición o adivinación”.  No es por cierto que Freud estuviera demasiado interesado por estos fenómenos subjetivos pero tampoco era partidario de excluirlos adrede. Con respecto a la ciencia, sostenía que ella “se distingue por caracteres negativos, por la limitación a lo cognoscible en el presente y por la repulsa de ciertos elementos ajenos a ella”.

En las primeras páginas de La Interpretación de los sueños Freud distinguía entre una concepción primitiva o fantástica de los fenómenos oníricos y otra de tipo científico. No dudaba que los interrogantes que genera la primera tenían mucho más que ver con lo que él venía descubriendo que con la concepción científica de la época que consideraba a los sueños como una simple descarga fisiológica carente de cualquier significación que pudiera servir en la vigilia.
Freud, como dijera alguna vez el analista francés Jacques- Alain Miller, tomó para el análisis todos esos elementos que fueron a parar a los basurales de la lógica: el sueño, el chiste, el lapsus, el olvido y toda esa variante conocida como actos fallidos.

En un texto bastante emblemático de 1922-23 titulado Una neurosis demoníaca del SXVII Freud abordó la supuesta posesión que sufrió el pintor Cristóbal Haitzmann. La ciencia obviamente no dirá nada sobre un hecho como éste, ya que para ella si el demonio no existe mucho menos se puede hablar de un hombre poseído por él. Pero Freud dirá en ese trabajo que “Los demonios son para nosotros malos deseos rechazados; ramificaciones de impulsos instintivos reprimidos” abriendo así la posibilidad de encontrar en un hecho de esta índole una racionalidad que opera en lo real construyendo fenómenos aparentemente fantásticos o sobrenaturales.

También el padre del psicoanálisis le dedicó algunos escritos a ese fenómeno llamado telepatía, intentando encontrar su racionalidad.

A lo largo de la historia de la especie humana puede constatarse que siempre se construyeron diferentes saberes que sirven para el abordaje de la vida cotidiana, desde cómo saciar las necesidades vitales hasta cómo abordar los pesares subjetivos. Las religiones siempre tuvieron en ello un rol preponderante. La irrupción de la ciencia y su futuro desarrollo también son parte de la necesidad humana de contar con instrumentos para la subsistencia, para la vida social y su reproducción, aunque en ciertos aspectos de la vida, tanto individual como social, la ciencia no se ocupó de todo, en especial de los fenómenos subjetivos. Los sentimientos, los anhelos, el modo de relacionarse con los otros nunca fue objeto de la ciencia. El que sufre no será interpelado por ella. Todo eso que la ciencia no cuenta siempre fue abordado por diferentes saberes que alcanzaron legitimidad debido a su eficacia, sin importar el porqué.

En su primera tesis sobre Feuerbach, Karl Marx sostenía que “el defecto principal de todo el materialismo precedente había sido el concebir a la realidad o la sensoriedad como un objeto de contemplación, pero no como una actividad sensorial humana, como una práctica ni tampoco de un modo subjetivo”. Por ende, señalaba Marx, que todo el aspecto activo de la realidad fuera desarrollado por el idealismo, “pero sólo de un modo abstracto, ya que el idealismo, naturalmente, no conoce la actividad real, sensorial, como tal.

Este materialismo criticado por Marx es tal vez la base filosófica de la ciencia positivista que Freud cuestionaba. Por otra parte habría que señalar que toda esa parte activa que la ciencia excluye tendrá una cierta vida autónoma que resistirá a ser abordada por saberes diferentes al que esa vida misma construye.

Esa escisión entre el saber de la ciencia y cualquier saber subjetivo o práctico es lo que tanto Freud como  Marx cuestionaron no sólo desde el discurso de la teoría, sino principalmente a partir de llevar adelante una práctica concreta, ya sea ésta clínica o política. La interpretación de los sueños o la formulación del fetichismo de la mercancía para dar dos ejemplos solamente. El discurso psicoanalítico no hubiera tenido lugar sin la irrupción del discurso de la histérica, de igual forma que las elaboraciones de Marx y Friedrich Engels no hubieran sido posibles sin la emergencia y la lucha de ese sujeto llamado proletariado.

El cuestionamiento que señalábamos más arriba está indisolublemente ligado a prevenir el desplazamiento del sujeto. La ciencia es desde una óptica lacaniana un saber sin sujeto, aunque paradójicamente Jacques Lacan formulara que el sujeto del análisis es el sujeto de la ciencia.
Vayamos por partes. La ciencia como enunciado no necesita a quien tal vez prodigó gran parte de su vida para poder enunciarla. La ley de la gravedad ya no necesita ni de Newton ni de la manzana que cayó sobre su cabeza mientras descansaba debajo del árbol. Tampoco la tabla de multiplicar necesita que alguien diga que 3 x 3 es igual a 9 para que ese resultado sea correcto. Será 9 aunque lo diga cualquier hijo de vecino. Si a alguien pudiera serle útil, será 9 aunque la especie humana haya desaparecido. En la formulación de la ciencia, el sujeto quedará eclipsado aunque haya sido el impulsor del proceso mismo de enunciación. Sin ese sujeto no habría ciencia aunque ésta ya no lo nombre.

La ciencia para serlo necesitó de aquellos que se plantearon determinados interrogantes y enigmas. Por ese lugar y por la necesidad de una producción para intentar aplacar el deseo de saber es por dónde Lacan equiparaba la ecuación señalada. El sujeto de la ciencia es precisamente ése que la ciencia deja afuera provocándole una insatisfacción que lo caracteriza y lo marca. Vale aclarar que no se trata de cualquier sujeto ubicado en la exterioridad de la ciencia, sino de aquel que en el procedimiento mismo en el que la ciencia se formula inevitablemente quedará excluido de su formulación.

Hablar de un sujeto de la ciencia es una abstracción porque en verdad se trata de múltiples sujetos bien concretos que se inscriben en un proceso histórico en el que se producen diversos saberes y experiencias.

El pesar de Fausto

Resulta interesante indagar en la literatura acerca de esa insatisfacción subjetiva. Citaremos el “Urfaust” o Fausto primitivo, que es un conjunto de manuscritos que escribió Johann Wolfgang von Goethe hacia 1770-71, cuando era estudiante en Estrasburgo. Fue la base del inmortal Fausto, publicado en 1808. El joven Goethe impregnado del espíritu prerromántico del Sturm und Drang nos pintaba a un Fausto de mediana edad que desnudaba la pedantería seudoracionalista por entonces propia de los medios universitarios. La impostura de un saber que satura a quienes lo ejercen de un profundo malestar. La escisión entre un saber oficial y otro que habita en la oscuridad o en los márgenes de la sociedad queda aquí bastante evidenciada.

Goethe comienza el manuscrito mostrando a Fausto en una habitación de alta bóveda, estrecha y gótica. El personaje se encuentra inquieto en su sillón y frente al pupitre. Fausto empieza en tono de queja: “He estudiado, ay con arduo empeño, filosofía, medicina, jurisprudencia. Y heme aquí pobre loco al cabo de los años, tan sabio como antes. Me llaman doctor, me llaman profesor y van a ser diez años que llevo a mis alumnos de las narices, hacia aquí, hacia allá, hacia arriba, hacia abajo; y veo que no podemos saber nada. Esto me está desgarrando el corazón. Sin duda soy algo más cuerdo que todos los asnos, escribas, curas y profesores; no me atormentan ni escrúpulos ni dudas, no temo ni al diablo ni al infierno. Pero a cambio de eso me veo despojado de toda alegría. ¡Hasta un perro encontraría insoportable una vida como esta!”.  Y luego dice esperanzado: “Por eso me he dedicado a la magia. Tal vez por la fuerza y la boca del espíritu, algún misterio me sea revelado y ya no tendré que sudar amargamente explicando lo que yo mismo ignoro. Acaso llegue a descubrir qué mantiene en lo más hondo unido al universo; acaso pueda contemplar todas las fuerzas activas y los gérmenes. Y ya no tendré que traficar más con palabras”.

Prosigue Fausto con unos versos en los que le pide a la luna clara que su rayo lo alumbre en la pena que lo abarca y que lo libere del peso torturante de la ciencia para bañarse sano en el rocío lunar.
A diferencia de la solución planteada por Goethe, el psicoanálisis puede interpelar la voz que emana de “la boca del espíritu” y hacer que “el peso torturante de la ciencia” sirva para construir un saber que no permita que el sujeto termine en las ciénagas de la sinrazón. Un desafío de los tiempos que corren.



2020/04/24

El viejo truco de inventar enemigos- Estados Unidos le apunta a China


Mientras la catástrofe sanitaria se cobra muertes sin pausa en los Estados Unidos, Donald Trump acusa a China de causar la pandemia de Covid-19. A mismo tiempo, la mayoría de los países que prefirieron preservar la economía por encima de la salud debieron dar marcha atrás.


Ante la irrupción de la pandemia provocada por el nuevo coronavirus no todos los países reaccionaron de idéntica forma. Algunos gobiernos la subestimaron, otros privilegiaron la economía, también ambas se combinaron y por qué no decir que la primera respuesta no fue más que la excusa para no enfriar a la segunda.  De todas maneras, habría que señalar que el razonamiento por el cual la economía no podía detenerse resulta en sí una verdadera falacia.
Ningún país que desde un principio abrió sus fronteras indiscriminadamente a la entrada del virus pudo sostener esa política de forma permanente. Por el contrario después de sufrir consecuencias sanitarias desmesuradas tuvieron que dar marcha atrás y obligarse a las cuarentenas y el aislamiento social para evitar la propagación de una crisis que se torne insuperable. No hubo ningún crecimiento económico y vale resaltar que, pasada la pandemia, recuperarse en ese rubro les será mucho más engorroso que en los países que sí tomaron medidas al respecto.
Hoy se escucha –principalmente a través de los medios- el planteo de la oposición salud- economía que a consideración de quien escribe habría que poner entre signos de interrogación. No se trata del simple planteo de sostener la salud sino con mucha fuerza decir que es la vida la que está en riesgo y sobre todo señalar también con fuerza que no existe economía al margen de la vida humana. Pareciera una obviedad pero ante tanta propaganda ideológica acerca de los beneficios de los flujos financieros no resulta raro olvidarlo.
Los especuladores y los mercaderes creyeron que a pesar de todo podían seguir haciendo caja, pero cuando eso no pudo seguir sosteniéndose comenzaron a idear nuevos artilugios. También los políticos y gobernantes que toda su labor la destinan para beneficiar a aquellos. No está de más señalar que no pocas veces cumplen ambas funciones en simultáneo, haciendo de la política la prosecución de los negocios por otros medios.
Si se tiene en cuenta que los EEUU son la nación que defiende a ultranza la ideología de la libertad empresarial en detrimento de las funciones del Estado y que los sistemas de salud se encuentran todos privatizados, no resulta nada sorprendente el hecho de la propagación desmedida de la pandemia. Las noticias que llegan desde allí señalan la confección de fosas comunes o camiones de carga para trasladar cuantiosos cadáveres mostrando imágenes de una sociedad casi en descomposición. Era previsible que eso sucediera en un país en donde el “sálvese quien pueda” es una de las frases principales que estructuran su cultura dominante. Pero más allá de ese rasgo general, la actitud puesta en marcha por el presidente Donald Trump acrecentó mucho más el estado de crisis. En principio minimizando la enfermedad y luego relajando cualquier política preventiva dejando cualquier iniciativa en manos de los diferentes gobernadores o alcaldes, sin realizar ninguna centralización ni unificación de criterios y acciones para contrarrestar los efectos negativos en el conjunto de la sociedad americana.
Contando ya EEUU con el número más elevado de muertos por causa del nuevo coronavirus, la ocurrencia de los republicanos pareciera ser culpar a China por los efectos nocivos.
El pasado viernes 17 de abril el senador oficialista Josh Hawley presentó un proyecto de ley por el cual las víctimas del Covid-19 del país norteño puedan demandar directamente al Partido Comunista de China como principal responsable de la propagación de la pandemia a nivel mundial. Según sostiene esta propuesta los funcionarios del partido gobernante del país asiático deberán comparecer en los tribunales estadounidenses y además un grupo de trabajo del Departamento de Estado tendrá las atribuciones de poder investigar en la misma China las falencias ocurridas cuando la irrupción de la enfermedad en Wuhan.
En una acción sincronizada un prestigioso bufete de abogados de Florida ya presentó una demanda contra el gigante asiático, esperando la sanción de la ley para poder llevarla adelante sin ninguna traba. Para que esto sea posible China deberá perder su inmunidad soberana como sucedió en 2016 cuando el Congreso de los EEUU aprobó la Ley de Justicia contra los promotores de actos terroristas que permitió a las víctimas y sobrevivientes demandar a Arabia Saudí por complicidad en los ataques del 11 de septiembre.
Este proyecto contempla además una variedad de recursos que EEUU podría emplear para profundizar su guerra comercial contra China. Estar pendiente de cualquier artilugio para poder sacar ventajas y obviar las propias falencias. Se sumaron además diversos corifeos aliados de la superpotencia desplegados por el mundo para acompañar la iniciativa.
La respuesta china no se hizo esperar y el lunes 20 el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores del gigante asiático, Geng Shuang contestó diversas preguntas relacionadas a la prensa internacional. El periodista de la CNN se refirió explícitamente a la presentación del proyecto de ley de los republicanos al igual que de algunas declaraciones del presidente Trump sobre la idea de investigar en China el surgimiento del Covid-19 y sobre las posibles consecuencias que podría enfrentar este país si resultase “conscientemente responsable” de la irrupción del nuevo coronavirus.
Al respecto Geng dijo: “Ante las grandes crisis de salud pública y las enfermedades infecciosas, la comunidad internacional debe ser solidaria y trabajar unida, no recurrir a acusaciones mutuas o exigir represalias y rendición de cuentas”.
El funcionario chino no tuvo escrúpulos en decir a su vez  si “¿Alguien le pidió a Estados Unidos que ofreciera compensaciones por la gripe H1N1 2009, que se diagnosticó por primera vez antes de estallar a gran escala en los Estados Unidos y luego se extendió a 214 países y regiones, matando a casi 200 mil personas?,” agregando que: “El SIDA se informó por primera vez en los EEUU, en la década de 1980 y luego se extendió por todo el mundo, causando innumerables sufrimientos a innumerables víctimas. ¿Alguien se presentó y le pidió a los Estados Unidos que rindan cuentas? Además, Kishore Mahbubani, profesor de la Universidad Nacional de Singapur, dijo en una entrevista el otro día que la crisis financiera en los Estados Unidos provocada por el colapso de Lehman Brothers en 2008 se convirtió en una crisis financiera global. ¿Alguien le pidió a los Estados Unidos que tomara las consecuencias?”.
“Estados Unidos debe entender que su enemigo es el virus, no China” agregó Geng Suang y afirmó que “La comunidad internacional solo puede vencer al virus uniéndose. Atacar y desacreditar a otros países no salvará el tiempo y las vidas perdidas. Esperamos que aquellos del lado estadounidense respeten los hechos, la ciencia y el consenso internacional, dejen de atacar y culpar a China por nada, dejen de hacer comentarios irresponsables y se concentren en combatir la epidemia en casa y promover la cooperación internacional”.


2020/04/02

Los “derechos” del virus y la política

La pandemia afecta la estructura biológica de una especie aunque no estemos acostumbrados a vernos como tal. Es por esto que la política entendida como defensa de determinados intereses particulares -aunque esbozada como beneficio general- colisiona para luego comenzar a girar en el vacío.
Nota Socompa
Cuando llegaban de China las primeras imágenes televisivas del necesario aislamiento para impedir la propagación del Covid- 19 podía verse en ellas un desierto urbano propio de los filmes distópicos que hoy abundan tanto en el cine como en las series de TV. Enormes puentes colgantes que unen zonas urbanas de alta densidad poblacional sin que pueda verse ningún automóvil, zonas céntricas despobladas, anuncios de una parálisis de actividad social y económica en un país que representa la cuarta parte del total de habitantes del planeta.
Dame la derecha

No hay que lucubrar demasiado para darse cuenta de que ese aislamiento hubiera sido improbable sin la participación activa de un Estado presentificado hasta sus mismos extremos. Si bien rige en China una economía de mercado, sus formas políticas e institucionales se parecen más a lo que imperaba hace algunas décadas atrás. Hoy en el gigante asiático la pandemia comenzó su retroceso, y no resulta ocioso señalar que en un país como los EEUU la suma de infectados está superando las cifras chinas. En la medida que un virus afecta a la anatomía humana ya no se trata de la posible salvación de una parte en detrimento de la otra. Al menos da la sensación de que no existe aún para un acontecimiento de esta índole una estrategia que le permita a un sector específico poder zafar de los peligros concomitantes. No existe como en la ficción ese otro planeta en el cual los poderosos puedan exiliarse. En una sociedad global estructurada por clases sociales, algunas con grandes privilegios y otras con marcadas debilidades -si miramos los dos costados de un extenso abanico- podemos precisar que la irrupción de una pandemia afecta al conjunto de la especie humana sin hacer ninguna distinción de clase, aunque algunas puedan sobrellevar el aislamiento de modo mucho más holgado.
No quiere decir que hayan cesado los enfrentamientos entre clases sociales, pero tampoco es posible que alguna de ellas pueda hacer alianza con el virus en beneficio propio o en detrimento de las otras. Se trata pues de lo que Charles Darwin denominó la Selección natural. Ese flujo único y en permanencia del conjunto de la materia tanto orgánica como inorgánica en el que ninguna especie en particular siendo parte de ello pueda aislarse. Si se pensara metafóricamente en términos de “derechos naturales”, los virus tienen los mismos que cualquier otra especie biológica y se abren camino de igual manera que los humanos en cuanto a producir nuestros alimentos y demás objetos para la subsistencia. Esos mismos “derechos” son los que permiten también que podamos enfrentarlos.
De nuevo, la pandemia afecta la estructura biológica de una especie aunque no estemos acostumbrados a vernos como tal. Es por esto que la política entendida como defensa de determinados intereses particulares -aunque esbozada como beneficio general- colisiona para luego comenzar a girar en el vacío.
El 4 de marzo dijo el ex presidente Mauricio Macri en Guatemala que “el populismo es más peligroso que el coronavirus”. A su vuelta al país se comunicó con el presidente Alberto Fernández y le habría sugerido que siguiese el modelo inglés sin tomar medidas drásticas que paralicen la economía.
El domingo 16 de marzo Mario Vargas Llosa escribió una muy interesante nota de opinión en el diario peruano La Republica bajo el título “¿Regreso al Medioevo?”. Interesante ya que deja sentadas ahí -de forma bastante elocuente- las bases principales de la posición dominante de las derechas neoliberales.
“El coronavirus comienza a hacer estragos en España. O, mejor dicho, el espanto que causa ese virus proveniente de China”, comienza diciendo el escritor peruano residente en la península ibérica. Se refiere luego a las diferentes actitudes que por ese entonces comenzaban a llevar adelante los españoles expresando que “Todo esto, en términos prácticos, es muy exagerado, pero no hay nada que hacer: España tiene miedo y los gobiernos, el nacional y las autonomías, salen al frente de la pavorosa enfermedad con medidas cada vez más estrictas que, de una manera general, los españoles aprueban e, incluso, exigen que sean más extensas e intensas”.
Resalta Vargas que España tiene uno de los mejores sistemas de salud del mundo y que al 11 de marzo había solamente 47 muertes por el virus, pero “Jamás las estadísticas han sido capaces de tranquilizar a una sociedad roída por el pánico y ésta es una buena ocasión de comprobarlo. En medio de la civilización ha reaparecido la Edad Media, lo que significa que muchas cosas han cambiado desde entonces, pero muchas otras no. Por ejemplo: el miedo a la peste”.
Los datos que llegan hoy desde España refutan elocuentemente las sugerencias y previsiones del autor de La ciudad y los perros. Pero fue más allá e intentó encontrar las causas del surgimiento del Covid-19 “Nadie parece advertir que nada de esto podría estar ocurriendo en el mundo si China Popular fuera un país libre y democrático y no la dictadura que es”.
Vargas Llosa preside el foro político en el que Macri afirmó lo del populismo. Es más, aparecen juntos en la foto. Podría leerse que ellos creen que el aislamiento social es simplemente una medida demagógica del populismo para complacer a los ciudadanos asustados.

2019/11/19

El golpe y la posverdad



El golpe de Estado contra Evo Morales está
siendo interpretado según las conveniencias. Estados Unidos, la OEA y todo el
séquito de países alineados con el neoliberalismo global son parte de un
posicionamiento que antepone sus deseos y sus proyecciones, mientras que los
grandes medios se encargan de propalar tanto información como imágenes que le
dan sustento a ese posicionamiento. El inefable Pichetto le aconseja a Alberto
Fernández que no compre “conflictos bolivarianos”.

Nota Socompa



En tiempos de posverdad, fake news, lawfare; la realidad colisionó contra sí misma. Ya no se trata de certidumbres sino de aproximaciones siempre intencionales que expresan más que efectos de verdad, relaciones de fuerza de quienes las enuncian. Entonces se produce el reino de los sofistas, de los encantadores de serpientes, de los que antes de hablar ensayaron bajo la dirección de algún gurú lo que debían decir, todo acorde a líneas que tienen asidero global y se ajustan a una supuesta corrección, propia de una cultura heterónoma, no propia de las naciones a las cuales se intenta disciplinar mucho menos de la cultura popular de esos lugares.
En Bolivia no fue golpe de Estado, a Nisman lo mataron, Maldonado se ahogó, no fueron 30 mil sino 8, señalan. Todas expresiones de algo que es rebelde a su aprehensión objetiva y que debe abrir caminos a variopintas interpretaciones. De esta manera se dice que la realidad no puede ser interpretada por  la ciencia ya que ésta no es democrática, pues algo que es cerciorado científicamente no puede ser contrastado por la opinión y eso lo torna autoritario. Entonces cuál sería el punto de acuerdo general para que todos, pero absolutamente todos convaliden determinado hecho o interpretación del hecho como una verdad. Las reglas del régimen democrático liberal que se impuso en los 80 le dieron sustento a puntos de acuerdo generalizado, al menos eso es lo que imperó y aún preserva cierta legitimidad. A eso hoy la posverdad lo está haciendo trizas.
Un hecho como el golpe de Estado en Bolivia será  interpretado entonces según las conveniencias. EEUU, organismos como la OEA y todo el séquito de países alineados al neoliberalismo global son parte de un posicionamiento que antepone sus deseos y sus proyecciones, mientras que los grandes medios se encargan de propalar tanto información como imágenes que le darán sustento a ese posicionamiento. Son la parte más elocuente de la interpretación hegemónica de lo real.
Dichos- El presidente Mauricio Macri sostuvo el martes 11 "Quiero dejar claro que repudiamos la violencia de cualquier tipo y bajo cualquier circunstancia, creemos en el diálogo como único mecanismo de salida de cualquier crisis que pueda tener una Nación" agregando luego que "Entendemos que las elecciones son la mejor manera de transparentar la voluntad del pueblo boliviano y que sus mecanismos previstos en su Constitución son los que van a permitir resolver esta cuestión”. El repudio a la violencia del que habla Macri no incluye las maniobras sediciosas de los grupos de choque de la derecha cruceña liderada por Luis Fernando Camacho ni las acciones contra el depuesto presidente Evo Morales y la mayoría de la cúpula del Mas boliviano. No dice que el legítimo mandatario haya tenido que pedir asilo a México para preservar su vida. Habla de violencia en abstracto para que eso se interprete como acciones propias del gobierno derrocado y no de la oposición. Después dice que son las elecciones lo que pondrán orden sin señalar que las elecciones en Bolivia ya se realizaron y el candidato masista fue reelecto en primera vuelta. Podría ser discutido el procedimiento pero no se puede obviar que Evo Morales aún cuenta con mandato constitucional por lo menos hasta enero del próximo año.
Por su parte el mandatario estadounidense Donald Trump señaló "Estados Unidos aplaude al pueblo boliviano por exigir libertad y al ejército boliviano por acatar su juramento de proteger no solo a una persona, sino a la constitución boliviana". Luego dirá que no fue un golpe de Estado sino "la voluntad del pueblo". Podrá ser cuestionada la pasada elección realizada en el país del altiplano pero hablar de voluntad del pueblo cuando en las urnas esa supuesta voluntad no pasó del 37 % es una aberración. Trump no dice que Morales gobernó desde el año 2006 ganando elecciones y profundizando una democracia sumamente restringida. "Después de casi 14 años y su reciente intento de anular la constitución boliviana y la voluntad del pueblo, la partida de Morales preserva la democracia y allana el camino para que el pueblo boliviano sea escuchado" dijo Trump a quien habría que preguntar qué lugar ocupa tanto en Ecuador o en Chile "la voluntad el pueblo".
Rayando una posición negacionista el ex candidato a vicepresidente Miguel Pichetto  dijo en referencia al presidente electo Alberto Fernández que "Hay que dejar de comprar todos los conflictos bolivarianos" como si nada sucediera alrededor de nuestro país.

2019/01/25

Entre la demagogia punitiva y el humanismo ingenuo- El laberinto de “la inseguridad”


Cuando las derechas hacen profesión de acciones poco humanitarias para remediar la violencia producida por la inseguridad, las respuestas del progresismo no hacen más que caer en una encerrona que deja al problema sin solución.
Nota Socompa

Se podría afirmar con bastante certeza que el problema de la inseguridad data en este país de hace por lo menos dos décadas. A partir de la segunda mitad de los 90 fue cuando comenzó a presentificarse.  Hace al menos 30 años la Argentina era un país con cifras cercanas al pleno empleo y con índices de seguridad muy altos. Bastante diferente era en el resto de los países sudamericanos. Se podía escuchar por entonces que quien perdía su trabajo o se deprimía o salía a robar. De producirse lo último no se unía a circuitos criminales ni a contar con respaldos exteriores a su acción individual. Era un emprendedor autónomo que podía regresar del delito en el caso de reencontrar una fuente laboral.
Extraña escuchar hoy a sectores progresistas sostener que la causa de la delincuencia sea únicamente la pobreza. Se supone que en la esquina de una villa varios pibes se juntan a drogarse para envalentonarse y luego ir a delinquir debido a sus falencias económicas. Los informes del activismo barrial que surgen de situaciones de ese estilo contradicen esa mirada. Principalmente los pibes son apretados para luego ser reclutados. Hoy prevalece el crimen organizado. Pero ningún informe detalla los otros eslabones de la cadena. Esto se torna elocuente en actividades como el narcotráfico o la trata de esclavas. Los verdaderos empresarios del delito son la parte invisible de la cadena.
La estructura tremendamente desigual que genera el neoliberalismo produce formaciones sociales agrietadas y fragmentadas con una marcada balcanización y compartimentación que hace que el aislamiento producido sea aprovechado por el crimen organizado para su expansión.
Desde la segunda mitad de la última década del siglo anterior se sucedieron gobiernos de diferente color político. Ninguno pudo frenar el avance exponencial del delito y mucho menos revertir la estructura cada vez más desigual. En este sentido nada cambia que haya una mejor distribución de la riqueza mientras que la estructura de clases sociales y el modo de acumulación económico sigan siendo los mismos.
Lo que sorprende son las marcadas diferencias discursivas de las diferentes posiciones políticas en cuanto a cómo debe abordarse el problema. Se supone que en un gobierno progresista los delincuentes cuentan con mayores derechos y las fuerzas de seguridad se encuentran maniatadas. La derecha en cambio sostiene que debe ser al revés y libera de cualquier complejo de culpa a las fuerzas felicitando por ejemplo a un Chocobar. Los índices del crimen siguen iguales o peores. Tal vez ambas posiciones discursivas no sean más que  pequeños detalles que no hacen en absoluto mella de un fenómeno bien complejo.
Cuando se hace referencia a la inseguridad existe un supuesto generalizado en el que coinciden tanto las izquierdas como las derechas y es que la existencia del delito responde a acciones espontáneas de sectores juveniles afectados por la pobreza. Esta idea no hace otra cosa que ocultar la existencia del crimen organizado. Suponer que la inseguridad es el resultado de la pobreza creciente no es más que llegar hasta la mitad del problema sin ocuparse de la otra mitad que seguramente es la de mayor importancia.
Demagogia punitiva

Desde la irrupción del crimen organizado en las sociedades latinoamericanas, las derechas no hicieron otra cosa que hacer propaganda de la denominada “mano dura” enfrentando así los supuestos esbozados por el progresismo basados en la inclusión social o la necesidad de enfrentar la pobreza. Lo cierto es que propuestas como pueden ser la baja de la edad de imputabilidad de los menores, el protocolo sobre la utilización de armas de fuego o el uso de pistolas Taser si bien podrían endurecer el accionar policial, no ofrecen ninguna garantía de que el crimen cese. La existencia del delito genera mayor segregación social y por ende odios marcados de los sectores afectados hacia la delincuencia visible.
Proponer como el nuevo presidente de Brasil Jair Bolsonaro o la ministra de seguridad Patricia Bullrich la utilización indiscriminada de armas por parte de la población civil no deja de ser mera demagogia que se contradice con las leyes vigentes y que además también liberaría a las organizaciones criminales para su libre utilización. Justicia por mano propia o linchamientos no dejan de mostrar un paisaje distópico en donde el Estado se retiró del problema y deja a los ciudadanos al libre albedrío. Pueden servir esos accionares para saciar venganzas y broncas pero no para resolver el problema de la inseguridad. La propaganda de la derecha apunta a ese apetito vengativo que no hay que desconocer en tanto el problema realmente existe en la sociedad.
Tanto los medios como la derecha agitan constantemente sobre este asunto pero a la hora de definir lo que supuestamente quieren combatir no hacen más que pedir endurecimiento de las fuerzas de seguridad y castigos ejemplares. Como si se tratara de un acontecimiento que sólo existe a nivel de lo moral. A la inversa para los sectores progresistas o de izquierda pareciera que la respuesta también es moral y atañe al ejercicio de un humanismo que el conservadurismo o el liberalismo ya no profesan. Convengamos que al interior de la estructura social hoy el humanismo no es preponderante. La sociedades actuales son fundamentalmente individualistas, corporativistas y con un creciente racismo implícito.
El término inseguridad resulta confuso. Es simplemente descriptivo y alude principalmente a los efectos sociales a los cuales se lo engloba. Trapitos, manteros, cuidacoches, amenazadores por twitter,  barrabravas o simplemente integrantes de movimientos sociales que cortan una avenida son metidos en la misma canasta que lo que propiamente debe denominarse criminalidad. Cuando decimos “metidos en la misma canasta que…” estamos señalando un modo de construir la realidad que es lo que hoy modelan principalmente los medios masivos y que luego será repicado al infinito mediante las redes sociales. En esa realidad se producen determinadas conjunciones que sólo son factibles en la imaginación y el desconocimiento. Lo que no quiere decir que no sean efectivas. Asociar a un movimiento social con bandas de narcos repetidamente provoca un efecto que se torna indemostrable para la percepción cotidiana de por ejemplo los sectores medios.
Las falsas dicotomías
Cuando las derechas hacen profesión de acciones poco humanitarias para remediar la violencia producida por la inseguridad las respuestas del progresismo no hacen más que caer en una encerrona que deja al problema sin solución. Baja de la edad de imputabilidad, armas sofisticadas, libertad de acción para las fuerzas de seguridad, castigos ejemplares y por qué no pena de muerte son algunos de los ítems que las derechas plantean para resolver el problema. El progresismo en lugar de rebatir estos planteos como de nula eficacia para revertir la situación se embarca en debatir sobre las medidas propuestas intentando mostrar que carecen de humanismo. La derecha obviamente no tiene soluciones para combatir al crimen organizado y en tanto el progresismo tampoco plantea nada al respecto, la primera aprovecha para señalar que la culpa de la inseguridad es de las políticas inclusivas. Un nudo muy difícil de desatar mucho más cuando los medios se convierten en una caja de resonancia que repite eslóganes y consolidan un sentido común bastante retrógrado. Preocupa que tanto las izquierdas como el progresismo no tengan respuestas adecuadas, ya que de esa forma según el sentido común seguirán siendo cómplices.
El primer día de este año al ser investido como nuevo presidente del Brasil, Jair Bolsonaro remarcó su promesa de “terminar con el socialismo y con la ideología que defiende criminales e incrimina policías”. Un verdadero oxímoron.

2018/11/20

América Latina y el neofascismo- No todos los fachos son pardos

El uso generalizado de la categoría neofascismo para explicar el avance de la ultraderecha en América Latina, sobre todo a partir del triunfo de Bolsonaro en Brasil, lleva a confusiones teóricas que dificultan la resistencia.

Nota Socompa

Tras el triunfo electoral en Brasil de Jair Bolsonaro se puso sobre el tapete el tema del surgimiento en nuestro continente de opciones políticas de ultraderecha bajo el rótulo de neofascismo o neonazismo. En el viejo continente hace ya un tiempo que se vienen dando esta clase de movimientos que incluso cuestionan severamente la existencia de la comunidad europea.  De todas formas vale la pena poner blanco sobre negro en lo concerniente a esta clase de posiciones, ya que si nos atenemos exclusivamente a la nomenclatura podemos incurrir en errores graves de caracterización que lejos de permitir generar contrapropuestas políticas que frenen el avance derechista lo único que harán es declamación moralista o ideologista.

El nazismo alemán y el fascismo italiano si bien tuvieron diferencias entre sí, poseyeron denominadores comunes bastante claros. Ambos se desarrollaron tras la primera guerra y fueron serios causantes de la segunda. No pocos desde posiciones de izquierda, principalmente los partidos comunistas de la Tercera Internacional consideraron que la irrupción de estas posiciones representaba el avance desmedido de la reacción mundial en general y contra la Unión Soviética en particular. Si bien esto puede entenderse así, hay que ver que en primer lugar era el resultado de la feroz competencia entre potencias capitalistas del mundo de entonces. La guerra iba a ser el desencadenante natural de la puja interimperialista por los mercados y los recursos. Los proyectos nazi fascistas se sostenían en el desarrollo de una sociedad integrada corporativista que apuntaba al crecimiento industrial y militar.

En los países del Tercer Mundo, hubo tanto militares como burguesías nacionales que simpatizaron con el surgimiento del nazifascismo. Sin ir demasiado lejos en la Argentina el grupo de militares que formaban parte del GOU (Grupo Obra de Unificación) en los ’40 del que fuera parte Juan Domingo Perón, tuvieron posiciones nacionalistas. El proyecto de “comunidad organizada” representaba claramente ese ideario. Lo que nunca se dice es que esas posiciones políticas trasladadas a la periferia mundial tenían un marcado sesgo antiimperialista. La mayoría de los movimientos nacional popular llevaban esa marca.

El surgimiento reciente de una ultraderecha regional a la cual se la emparenta con el nazifascismo posee raíces que están más ligadas con la ideología de militares y civiles que en gran parte de la segunda mitad del Siglo XX fueron subordinados en la implementación del Plan Cóndor y partícipes necesarios de una guerra fría que poco afectaba a esta parte del mundo. Tal vez con el final del primer peronismo también se terminó la posibilidad de existencia de militares patrióticos. La camarilla cívico militar que encabezó la dictadura argentina entre el 76 y el 83, lejos de tener posiciones nacionalistas profundizó la dependencia. El tinte reaccionario, represivo o totalitario no es un rasgo propio del nazifascismo. En nombre de la moral occidental y democrática es posible encontrar accionares tan oscuros y perversos como los que se le atribuyen al nazifascismo. Las actuales ultraderechas están más emparentadas a esta segunda veta que a las raíces con las que se las intenta catalogar desde una mirada marcadamente liberal. Mucho más cuando las fuerzas armadas y de seguridad reciben formación y adoctrinamiento por parte de las principales agencias ligadas al complejo militar estadounidense.

Las actuales ultraderechas regionales emergentes poco tienen de nacionalismo. Se basan en tendencias existentes en el sentido común más abyecto principalmente alojadas en las clases medias.  Xenofobia, racismo y toda una gama de prejuicios muy arraigados en contra de otros sectores sociales a los cuales identifican como peligrosos. Las políticas progresistas lejos de haber trabajado correctamente esas contradicciones sociales no han hecho más que profundizarlas en nombre de posiciones que más que políticas parecen religiosas. No se trata de pedirles a unos que amen a los otros, sino de crear condiciones objetivas de convivencia. Las actuales derechas aprovechan al máximo esas falencias y reproducen permanentemente el odio estructural.

El surgimiento del nazifascismo tuvo que ver principalmente con el malestar que se creó con la Primera Guerra Mundial y sus consecuencias posteriores. En Calle de dirección única (1928), Walter Benjamin proponía un viaje por la inflación alemana en el que mostraba las incertidumbres y angustias de una nación que necesitaba salir de ese estado aunque poco podía vislumbrarse el cómo. Una temática similar se puede encontrar en el film de Ingmar Bergman El huevo en la serpiente de 1977. De todas maneras la salida a esa etapa crítica implicaba el desarrollo de nuevas fuerzas productivas y de la unidad nacional. En Metrópolis (1927) del cineasta alemán Fritz Lang es posible ver cómo la masa proletaria es sojuzgada de forma casi esclavista para producir en aras del bienestar general.  Si el nazismo surge como una opción ultra reaccionaria esto se da en el marco de una sociedad que virtualmente tiene la posibilidad de desarrollarse. En cambio las actuales opciones ultraderechistas se producen en una sociedad demasiado fragmentada y decadente que deja cada vez más intersticios libres para ser ocupados por economías sumergidas como el narcotráfico o el tráfico de personas. El neofascismo lejos de combatir estas modalidades sólo realiza demagogia punitiva. El crimen organizado no deja de ser un negocio pingüe del que sería iluso suponer que los sectores económicos más poderosos no intenten extraer ganancias.

Si en otros tiempos el fascismo se oponía al liberalismo, hoy el neofascismo va de la mano del neoliberalismo. En tanto, las organizaciones populares deben entender que si no se caracteriza correctamente a esta nueva derecha se corre el riesgo de ser un blanco predilecto de ella. De hecho ya se viene desarrollando una guerra molecular sistemática contra todo esbozo de organización. Desde la prédica mediática se emparenta a los movimientos sociales con la criminalidad y se justifica su represión. No se trata por cierto de que los medios mientan, exclusivamente. Estamos acostumbrados a suponer que en las subjetividades creadas por el capital, se da un fenómeno de transformar lo positivo en negativo. De trastocar lo bueno en malo. Los medios masivos no hacen otra cosa que exacerbar lo que ya existe en el sentido común imperante. No es otra cosa que raspar la piel para que surja ese “enano fascista” que nos habita. Síntomas de un tiempo difícil.



El rompecabezas opositor- Peronismo, izquierda y unidad

La unidad no es una flor de invernadero, tampoco un imperativo ético. En política es un proceso de construcción de acuerdos entre partes diferentes.

Nota Socompa

Hoy se escucha decir con asiduidad que para vencer al macrismo es necesaria la unidad del peronismo. Es ésta una afirmación tan general que podría aplicarse no sólo a una fuerza que proponga cambios a favor de los sectores populares sino también a un recambio sistémico que le sirva a los sectores más concentrados de la economía para proseguir con el modelo que viene implementando el actual gobierno a partir de diciembre de 2015.

Todo lo que hace a la promoción de un “peronismo responsable” o “serio y republicano” gira en torno a ésta última opción. Transformar al peronismo en una de las dos patas de un políticamente correcto bipartidismo es algo que se impulsa no sólo desde afuera de esa fuerza sino que cuenta entre sus adherentes con apóstoles iluminados como el matrimonio Duhalde o “peronólogos” como Julio Bárbaro que no se cansan de repetir que el modelo es el acuerdo Perón- Balbín. Todos ellos obviamente impulsaron la candidatura de Mauricio Macri e intentaron beneficiarse con la intervención del Partido Justicialista durante los primeros meses de este año.  Esto sin nombrar a todo un espectro de caciques como los que nuclea el denominado Peronismo Federal o el sindicalismo tradicional.

Preocupa que haya sectores que siendo parte de la movilización social y del peronismo consideren esa posibilidad como el principal ariete para contrarrestar el avance macrista. Si hoy existe en el sentido común un notable desprecio hacia la historia esto no debiera ser igual en los sectores que se movilizan y construyen a diario una determinada cultura militante. Por lo contrario debiera ser la historia misma -fundamentalmente la protagonizada por los sectores comprometidos de otrora-, una de las bases principales para profundizar las intervenciones de coyuntura, dándole perspectiva.

Desde su nacimiento allá por mediados de los ’40, el peronismo se convirtió en una fuerza de amplias mayorías en la que según su líder, la columna vertebral la constituía el movimiento obrero. Esta matriz provocó principalmente tras la caída del peronismo en el ’55 un debate importante en el seno de las organizaciones populares acerca de si un proyecto emancipador debía o no desarrollarse dentro del heterogéneo peronismo o por el contrario hacerlo desde fuera de él en una organización independiente.

La caída de los dos primeros gobiernos de Perón precipitó a partir de septiembre del ’55 el movimiento que llevó el nombre de Resistencia peronista. En términos relativos se extendió hasta entrada la década del sesenta. Con el golpe militar de 1966 se intentó frenar cualquier avance de las luchas sociales pero esto tuvo como desencadenante el surgimiento de una nueva situación política que tuvo en el Cordobazo del ’69 una expresión genuina de lo que estaba sucediendo a nivel de la base de la sociedad argentina. Mientras duró la endeble democracia el peronismo fue una fuerza proscripta. Convengamos que la fuerza de ese movimiento se expresaba fundamentalmente en los puestos de trabajo y en las barriadas populares y la predisposición a la lucha no era paradójicamente un plan orquestado por el viejo general desde Puertas de Hierro. Precisamente haber entendido que las bases obreras carecían de una conducción efectiva hizo que sectores de izquierda desencantados con el Partido Comunista, el socialismo tradicional e incluso con las variantes trotskistas existentes hizo que vieran en el peronismo una acumulación histórica que no debía desperdiciarse y que por ende había que hacerla propia.

La intención de esta nota no intenta tomar partido sobre si es correcta la entrada al peronismo o la construcción externa de otra fuerza que pretenda conducir a los sectores populares. Dirimir esa dicotomía es por lo demás bastante árido y debiera corroborase en la experiencia concreta.

La denominada izquierda peronista consideraba que el movimiento al que se acercaban tenía abierta la posibilidad de conducción. Era un estamento previo a la conformación de una verdadera alternativa liberadora. Por su parte la izquierda situada por fuera del peronismo alertaba del peligro de no hacer otra cosa que llevar agua para un molino equivocado. A riesgo de cometer una extremada simplificación vale decir que la primera opción tuvo cierta vigencia hasta la finalización del efímero paso de Héctor Cámpora por el gobierno. La segunda opción se corrobora acabadamente ante el giro derechista del gobierno de Perón en julio de 1973. De todas maneras también se podría señalar que la acción política realizada por la izquierda peronista tuvo desaciertos que de no haberse producido podrían haber logrado cumplir sus objetivos. Por eso la aridez de un debate que sólo podía resolverse en la práctica y que hoy podría considerarse anticuado. De todas maneras existen principios generales sobre la experiencia política que no debieran descuidarse.

La bendita unidad

Existen términos que repetidos hasta el hartazgo producen cierto imaginario que no se condice con la práctica concreta. Hablar de unidad sin concebir un plan para ponerla en marcha es reducir el término a una invocación, a un deseo. La unidad no es una flor de invernadero, tampoco un imperativo ético. En política es un proceso de construcción de acuerdos entre partes diferentes. Al interior de un abanico de sectores que confluyen es inevitable que no exista una dirección que termine por imponerse. El concepto de unidad es un complemento del término hegemonía. Sin esta última la unidad es abstracta.

Para ejemplificar un poco lo que se viene señalando, bien vale recordar al legendario dirigente del peronismo revolucionario Gustavo Rearte quien en un célebre artículo publicado en 1970 en el diario En Lucha, decía que: “La tarea principal es dar respuestas adecuadas, y para ello el esfuerzo fundamental debe orientarse en la búsqueda de una política que una al Peronismo Revolucionario mediante métodos organizativos que permitan estrechar sólidos vínculos con la base, aislando de ella a la dictadura y a los traidores del Movimiento, condicionando, con el fortalecimiento de la organización revolucionaria y su crecimiento interno, nuevas y más claras perspectivas. Para alcanzar este objetivo es suficiente y necesario lograr la hegemonía concreta, y ello no depende del número sino de la orientación política y de la actividad revolucionaria efectiva”. Bastante claro.

Apuntes sobre el reggae jamaiquino- Música que lucha

Nacido en Jamaica a fines de los 50, el reggae une la religiosidad y espiritualidad de los esclavos africanos con una fuerte propuesta cultural y política.

Nota Socompa

La conquista del continente americano en su conjunto tuvo como uno de sus pilares el desplazamiento de enormes contingentes de población africana para ser convertidos en fuerza esclava. Poco se sabe sobre este proceso de inmigración forzada. Lo que no se puede soslayar es la importancia étnica y cultural que tuvo y tiene lo afro en el desarrollo de nuestras sociedades.

En algunas notas precedentes -publicadas en Socompa– quien escribe hizo referencia a la influencia africana en estilos como el blues o el soul que tuvieron su desarrollo en los Estados Unidos. De todas maneras esta marca cultural afro tuvo incidencia a lo largo de todo el continente. En el Río de la Plata el candombe es un estilo que fue cultivado en ambas orillas.

En la mayoría de los estilos surgidos es posible encontrar una gran densidad rítmica, cierta religiosidad y una marcada espiritualidad atormentada por la opresión, pero lo que no es tan común es la existencia de un género como el reggae jamaiquino en el que las cualidades señaladas se complementan con una fuerte propuesta cultural y por qué no política en la que ya no se tratará sólo de la situación particular de los jamaiquinos sino de la emancipación de todo el continente africano y de su población migrada hacia otros sitios.

El reggae es un estilo musical surgido en Jamaica a fines de los ’50 principios de los ’60. Su impronta está íntimamente ligada al rastafarismo. Musicalmente hablando es el resultado de una fusión de ritmos caribeños, soul, jazz y una singular base rítmica de procedencia africana. Vendrá a ser así un desarrollo de otras músicas de la isla como fueran el rocksteady y el ska.

Coincide además con el surgimiento de la industria discográfica en Jamaica y la independencia del Reino Unido en 1962. El movimiento rastafari surgió promediando la década del ’20 en los suburbios marginales de Kingston y zonas rurales en donde vivía la población afrodescendiente.

Tuvo gran importancia en ello el predicador Marcus Garvey quien desde la Asociación Universal para la Mejora del Hombre Negro (UNIA, por sus siglas en inglés) fue quien acercó la idea de emancipación ligada a la llegada al trono del imperio de Etiopía del primer rey negro africano, Haile Selassie I, quien en el rastafarismo vendrá  a ser un heredero de la divinidad y a su vez el guía que conducirá a todos los africanos dispersos por el mundo hacia la tierra prometida que es naturalmente África.

De tal manera los hombres negros de los barrios pobres sostendrán la idea de acercarse espiritualmente a la idea de liberación que encarna el legendario emperador etíope. La música de reggae será parte sustantiva de la praxis emacipatoria.

Roots, rock, reggae

Se podría afirmar con una aproximación cercana a lo certero que el nacimiento del reggae coincide con la irrupción de la cultura rock que integrándose a estilos musicales, propios de Jamaica y el Caribe, le darán a la música rastafari un estilo bien particular.

Si existe alguna figura descollante del género éste será sin dudas Bob Marley. Nacido en Nine Mile, Saint Ann, Jamaica el 6 de febrero de 1945, a principios de los ’60 se verá influenciado principalmente por la música proveniente de los EEUU como el rock y el R&B.  Tras sumergirse profundamente en la cultura rastafari Marley junto a Bunny Wailer y Peter Tosh conformaron la banda The Wailers y arrancaron con el estilo característico que hizo conocer mundialmente la propuesta jamaiquina.

De gran interés sería rastrear las letras de las composiciones de Marley, pues allí uno podrá encontrar el sentido que le dio a su producción y que hizo que lo nombren como el “sumo pontífice del reggae” y difusor del rastafarismo por fuera de Jamaica. En Africa unite expresará el deseo de unidad de los africanos dispersos por el mundo para juntos encaminarse hacia la tierra prometida. En la terminología rastafari Zion representa ese lugar mientras que Babylon será el mundo en el que prima una vida alienada estructurada principalmente por las formas que emanan del capitalismo. Zion no será en tal sentido sólo un terruño sino un estado subjetivo en el que prime la dignidad.

Muy pronto el reggae sería bienvenido entre los íconos del rock, tanto es así que figuras como Eric Clapton, Mick Jagger o Stevie Winwood grabarían temas de este estilo musical. En el caso del vocalista de los Rolling Stones cabe señalar que junto al wailer Peter Tosh harían el tema Walk and dont look back. Desde finales de los ’70 cuando el reggae se internacionalizó hizo que su propuesta musical y cultural fuera adoptada en distintos países. En el Reino Unido surgieron bandas como Steel Pulse y UB40. Tendrían ellas un gran impacto comercial e irían consolidado en Europa un público específico para el reggae. La inmigración creciente de africanos a Europa fue creando un basamento sólido para el desarrollo de esta música en el viejo continente.

El desarrollo del reggae en lugares alejados de Jamaica se dio en tanto este género pudo franquear limitaciones tanto geográficas como idiomáticas. A diferencia del rock que se expandió por el mundo casi sin transgredir su enunciación en lengua inglesa –salvo excepciones notables como la del rock argentino- el género jamaiquino logró generar adeptos que hicieron esa música en idiomas diversos.

Abundan expresiones musicales que cantan este estilo en lengua francesa o española. Existen además expresiones muy interesantes que surgieron en diferentes países africanos que combinan nuevos ritmos y entonación en lenguas nativas. Hoy se podría considerar al género como una parte importante del desarrollo de la world music, y como uno de los estilos más emparentados a los movimientos antiglobalización.