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2021/09/27

Por fuera de los discursos dominantes- La alternativa del “Vivir bien”


 Las sociedades, atravesadas por discursos hegemónicos, viven como si fueran “naturales” las condiciones que les son impuestas. Frente a ellos, el “vivir bien”, incorporado a las constituciones de Bolivia y Ecuador, se ofrece como una propuesta colectiva que se ajusta a la armonía con los otros y con el medio ambiente.

La mayoría de los que forman parte de una sociedad, tienen o aspiran a tener un modo de vida que suponen como algo de índole casi natural. Todo habitante posee una determinada perspectiva sobre cómo encarar su subsistencia y la de su círculo íntimo. Modos alimentarios, habitacionales, de distracción, de información, pero sobre todo de relacionamiento con el resto de la sociedad para ganarse la vida o para establecer alianzas. Toda sociedad a su vez intenta aislar cualquier borde de fuga que ponga en cuestionamiento el modo de vida establecido, premiando a los que se desviven por reproducirla. 

Se puede señalar que hasta hace no tantas décadas, en el mundo existían diversas maneras de encarar la vida. En su libro El imperialismo, fase superior del capitalismo, Lenin fue uno de los primeros en advertir el inicio de la expansión global del poder que lejos de unificar a la humanidad, sí fue derrumbando culturas nacionales, suprimiendo diferencias, occidentalizando  planetariamente los modos de vida. 

En La agonía del Eros, Byung- Chul Han, muestra bastante bien la supresión de las diferencias y el establecimiento de un narcisismo que inunda lo social, implementando una sociedad del rendimiento que excluye adrede cualquier negatividad y por ende la posibilidad de que se cuestione lo que él denomina “la mera vida”. No tenía razón Michel Foucault cuando afirmaba que la imaginación sociopolítica había entrado en crisis debido a que el marxismo se había establecido como una perspectiva científica. Foucault señalaba que la creatividad de Rousseau o Locke había concluido con los socialistas utópicos.

Si la imaginación desde un punto de vista no metafísico, es el encuentro de perspectivas no advertidas con anterioridad, no fue el marxismo quien barrió con la imaginación, sino precisamente el desarrollo de la supresión de las diferencias que viene llevando adelante el capitalismo en su fase expansiva y totalizante. Foucault creyó equivocadamente que el sujeto neoliberal, en tanto empresario de sí mismo comenzaba a ganar una libertad que no estaba presente en la sociedad disciplinaria. 

La “mera vida” a la que hacía referencia Byung- Chul Han se opone a formas de vida mucho más deseables como las que proponen el Suma Qamaña y el Sumak Kawsay de los pueblos andinos que fueron impulsadas durante los procesos transformadores que tuvieron lugar en Bolivia y Ecuador, durante las dos primeras décadas de este siglo y que a su vez se plasmaron en Constituciones plurinacionales. Byung en el libro señalado más arriba, mostraba como Aristóteles en La Política, ya diferenciaba a la vida común de la “buena vida”  o como Hegel en su dialéctica sobre el amo y el esclavo, infería que este último siempre salvaguardaba los hábitos que impone el Amo para no poner en riesgo la mera vida. Es probable que en las diferentes sociedades que tuvieron desarrollo en la historia planetaria, la dicotomía entre un tipo de vida consignada como la más conveniente tuviera siempre correlatos alternativos. 

Suma Qamaña, Sumak Kawsay. Una ética milenaria 

Si la Ética es la forma de relacionamiento con el Otro, con el conjunto de los otros, diferenciándola de la Moral, se debe decir que ella indaga en las costumbres más arraigadas, las interpela, para enunciar un tipo de relación donde lo adquirido, puede en sentido aristotélico moldearse y autoconstruirse como una nueva perspectiva. No hay una ética, sino una pluralidad de ellas, hay diferentes formas de relacionarnos con el Otro, cosa que no debiera dejar de cuestionar un cierto relativismo impuesto como soberanía de la individualidad, donde cualquier acción pudiera ser justificada como plausible, aunque vaya en detrimento del bien común.

Un fenómeno interesante y al cual nos vamos a referir son el Sumak Kawsay y el Suma Qamaña, términos que en quechua significan aproximadamente el “Vivir bien”. Lo significativo de esto, es que ambos fueron incorporados a las Constituciones de Ecuador y Bolivia, y de alguna forma establecen lo que sería una nueva Ética de Estado. 

Vivir Bien no implica el goce indiscriminado de todos los placeres conocidos: comer, beber, dormir o tener sexo, alimentado todo ello por el consumismo más despiadado, sino como una propuesta colectiva que se ajusta a la armonía con los otros, y a su vez con el medio ambiente, con la tierra, con la Pachamama. 

El Sumak Kawsay en el quechua ecuatoriano, implica principalmente ni un mejor ni un peor vivir que el resto de la comunidad. No es tampoco auspiciar la prisa que lleva a querer mejorar obsesivamente nuestro pasar. Vivir en consonancia con los otros, y sin desvivirse por mejorarla, son sus principios fundantes. El Sumak Kawsay fue incorporado a la nueva Constitución ecuatoriana de 2008 donde se enuncia que: “Se reconoce el derecho de la población a vivir en un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, que garantice la sostenibilidad y el buen vivir, sumak kawsay”, 

El Suma Qamaña en el aymará boliviano posee una significación más colectiva y podría ser traducido como un buen convivir, como una sociedad buena para todos y en completa armonía, mientras que en la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia de 2009 se escribe que: "el estado asume y promueve como principios ético-morales de la sociedad plural: ama qhilla, ama Hulla, ama suwa (no seas flojo, no seas mentiroso ni seas ladrón), suma qamaña (vivir bien), ñandereko (vida armoniosa), teko kavi (vida buena), ivi maraei (tierra sin mal) y ahavai ñan (camino o vida noble)". 

Sin dudas una ética que rastrea en las culturas que fueron diezmadas por los conquistadores, es una iniciativa que plantea desde nuestro mismo suelo, encontrar una manera de relacionarnos con los otros y con el medio, diferente a la que nos fue impuesto  y de lo que aún hoy seguimos prisioneros. 

En el prólogo al libro Vivir bien ¿Paradigma no capitalista? realizado por Ivonne Farah H y Luciano Vaspollo, el ex mandatario boliviano Evo Morales Ayma sostiene entre otras cosas que "Mientras los Pueblos Indígenas proponen para el mundo el 'Vivir Bien', el capitalismo se basa en el 'Vivir Mejor'. Las diferencias son claras: El vivir mejor significa vivir a costa del otro, explotando al otro, saqueando los recursos naturales, violando a la Madre Tierra, privatizando los servicios básicos; en cambio el Vivir Bien es vivir en solidaridad, en igualdad, en armonía, en complementariedad, en reciprocidad. En términos científicos, desde el marxismo, desde el leninismo se dice: socialismo o capitalismo; y nosotros sencillamente decimos: el vivir bien o el vivir mejor".

2020/09/12

Democracia y poder económico- La institucionalidad descartable

 Desde principios de siglo diversos intentos de golpes tanto fallidos como efectivos, y un permanente acoso a los diversos gobiernos y fuerzas progresistas a través de operaciones mediáticas, judiciales, e incluso con fuerzas de seguridad son las herramientas del poder económico para mantener sus privilegios de clase.
Siendo oposición, la derecha no deja de agitar que tanto la Democracia, como la República, o la Libertad están en peligro. A eso le podemos sumar las declaraciones del ex presidente interino Eduardo Duhalde quien dijera en un programa televisivo que en 2021 no habrá elecciones legislativas y que no descarta que haya “un golpe de Estado”. “Es ridículo pensar que el año que viene va a haber elecciones. Tenemos un récord, la gente no lo sabe o se olvida: entre 1930 y 1983 hubo 14 dictaduras militares, presidentes militares”, dijo Duhalde asegurando que lo que se viene va a ser peor que lo ocurrido en 2001.
¿Tan endeble es la democracia en la Argentina? En el discurso de la derecha da la sensación de que de acuerdo a quien gobierne, la democracia existe o no. Se supone que siendo así, toda la institucionalidad sería extremadamente maleable e incluso descartable. Todo pasaría a depender exclusivamente de voluntades personales o sectoriales. Tal vez la derecha tenga algo de razón en ello y haga de eso su práctica efectiva.
Si nos atenemos a lo que viene sucediendo con las diferentes democracias latinoamericanas desde el inicio de este siglo, podemos extraer diversas conclusiones. Si bien tras el paso de dictaduras muy sangrientas, las democracias retornaron en la mayoría de los casos durante los 80, para fines de los 90, en diversos países se produjeron severas crisis de representatividad, en gran parte provocadas por el despiadado saqueo neoliberal.
La oleada de gobiernos progresistas que tuvo lugar durante la primera década de este siglo, en gran parte fue el resultado de las crisis antedichas. Fueron respuestas sobre todo defensivas, intentos de generar alternativas al neoliberalismo que siempre siguió en pie, a pesar de soportar gobiernos que venían a ponerle ciertos límites.
Los diferentes grupos económicos y sectores cívicos que habían estado detrás de las dictaduras nunca se resignaron, y fueron generando diversas expresiones políticas que puedan llegar a los gobiernos para que gestionen a favor de sus privilegios de clase. No escatimaron nunca la utilización de diferentes modos de intervención ajenos a la democracia. Todo con el apoyo casi explicito de los Estados Unidos a partir de ONGs, fundaciones y ciertos organismos como la DEA, sin descartar la intromisión directa de su propia embajada.
De esta manera a partir del nuevo siglo podemos corroborar el accionar del bloque social dominante en diferentes ocasiones acosando seriamente a los sistemas democráticos latinoamericanos. Diversos intentos de golpes tanto fallidos como efectivos, y un permanente acoso a los diversos gobiernos y fuerzas progresistas a través de operaciones mediáticas, judiciales,  e incluso con fuerzas de seguridad que ellos mismos habían infiltrado o cooptado.
La guerra tanto mediática, como la desarrollada a partir del uso de las redes sociales, no deja de intentar que se plasmen crisis de autoridad que generen inestabilidad política. Cualquier faceta positiva es proclive a la reversión. Desde el inicio de la cuarentena en la Argentina, en la que el gobierno nacional alcanzó una notable imagen positiva, no se escatimó ningún artilugio para lograr tanto desgastar las medidas sanitarias, con la intención de hacerlas caer, y que con ello también devenga imagen negativa para el gobierno.
Mientras las derechas mediáticas, políticas y económicas no escatiman la utilización de cualquier recurso para llevar adelante sus objetivos; los sectores progresistas pecan de un ingenuo democratismo, cuando toda la institucionalidad dominante no fue hecha para satisfacer a los sectores populares.

El discurso de los sofistas

Los hechos acontecidos el 1 de septiembre en el Congreso marcan lo endeble del sistema democrático argentino. No se trata solamente del capricho y la belicosidad de la oposición de Juntos por el Cambio, sino de una carencia de reglas establecidas que diriman el conflicto suscitado. Recordemos que la principal fuerza opositora fue decidida a abortar la sesión legislativa pretendiendo que fuera completamente presencial ya que para ellos el protocolo sanitario para sesiones virtuales había caducado. Está de más señalar que se trataba de una discusión ultra bizantina para impedir cualquier resolución.
Lo peor de todo es que la justicia el día 4 de septiembre a través de la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal  se pronunció a favor de JxC. “Y de improviso, la Justicia sacó del cajón un expediente y se metió de lleno en la disputa política. Afirmó que, tal como sostiene Juntos por el Cambio, el protocolo para las sesiones virtuales en la Cámara de Diputados de la Nación ´no se encuentra vigente´ y que, por tanto, la única forma de sesionar que tienen hoy los legisladores es presentándose en el Congreso” decía el diario La Nación ese día.
Sin embargo desde el entorno del presidente del Congreso Sergio Massa afirmaron que el protocolo al que hacía alusión la justicia se trataba de uno anterior, mientras que el nuevo ya había sido promulgado en esa semana.
La derecha no deja de defender a ultranza a la independencia del Poder Judicial. Mientras fueron gobierno lo utilizaron desmedidamente, sin acordarse de esa independencia reclamada. Vale señalar que la Justicia en la Argentina es el principal bastión de la complicidad civil de la dictadura. Con el regreso de la democracia en el 83 siguió actuando impunemente y lo sigue haciendo, a pesar de los cambios que alguna vez se intentaron hacerle.
Las izquierdas latinoamericanas si verdaderamente pretenden transformar la sociedad deben poner sobre la mesa de debate los principales obstáculos que les impiden gobernar. Obviamente no se puede cambiar la estructura social simplemente desde un gobierno, se requiere del protagonismo activo de los sectores populares organizados.

2019/11/19

El golpe y la posverdad



El golpe de Estado contra Evo Morales está
siendo interpretado según las conveniencias. Estados Unidos, la OEA y todo el
séquito de países alineados con el neoliberalismo global son parte de un
posicionamiento que antepone sus deseos y sus proyecciones, mientras que los
grandes medios se encargan de propalar tanto información como imágenes que le
dan sustento a ese posicionamiento. El inefable Pichetto le aconseja a Alberto
Fernández que no compre “conflictos bolivarianos”.

Nota Socompa



En tiempos de posverdad, fake news, lawfare; la realidad colisionó contra sí misma. Ya no se trata de certidumbres sino de aproximaciones siempre intencionales que expresan más que efectos de verdad, relaciones de fuerza de quienes las enuncian. Entonces se produce el reino de los sofistas, de los encantadores de serpientes, de los que antes de hablar ensayaron bajo la dirección de algún gurú lo que debían decir, todo acorde a líneas que tienen asidero global y se ajustan a una supuesta corrección, propia de una cultura heterónoma, no propia de las naciones a las cuales se intenta disciplinar mucho menos de la cultura popular de esos lugares.
En Bolivia no fue golpe de Estado, a Nisman lo mataron, Maldonado se ahogó, no fueron 30 mil sino 8, señalan. Todas expresiones de algo que es rebelde a su aprehensión objetiva y que debe abrir caminos a variopintas interpretaciones. De esta manera se dice que la realidad no puede ser interpretada por  la ciencia ya que ésta no es democrática, pues algo que es cerciorado científicamente no puede ser contrastado por la opinión y eso lo torna autoritario. Entonces cuál sería el punto de acuerdo general para que todos, pero absolutamente todos convaliden determinado hecho o interpretación del hecho como una verdad. Las reglas del régimen democrático liberal que se impuso en los 80 le dieron sustento a puntos de acuerdo generalizado, al menos eso es lo que imperó y aún preserva cierta legitimidad. A eso hoy la posverdad lo está haciendo trizas.
Un hecho como el golpe de Estado en Bolivia será  interpretado entonces según las conveniencias. EEUU, organismos como la OEA y todo el séquito de países alineados al neoliberalismo global son parte de un posicionamiento que antepone sus deseos y sus proyecciones, mientras que los grandes medios se encargan de propalar tanto información como imágenes que le darán sustento a ese posicionamiento. Son la parte más elocuente de la interpretación hegemónica de lo real.
Dichos- El presidente Mauricio Macri sostuvo el martes 11 "Quiero dejar claro que repudiamos la violencia de cualquier tipo y bajo cualquier circunstancia, creemos en el diálogo como único mecanismo de salida de cualquier crisis que pueda tener una Nación" agregando luego que "Entendemos que las elecciones son la mejor manera de transparentar la voluntad del pueblo boliviano y que sus mecanismos previstos en su Constitución son los que van a permitir resolver esta cuestión”. El repudio a la violencia del que habla Macri no incluye las maniobras sediciosas de los grupos de choque de la derecha cruceña liderada por Luis Fernando Camacho ni las acciones contra el depuesto presidente Evo Morales y la mayoría de la cúpula del Mas boliviano. No dice que el legítimo mandatario haya tenido que pedir asilo a México para preservar su vida. Habla de violencia en abstracto para que eso se interprete como acciones propias del gobierno derrocado y no de la oposición. Después dice que son las elecciones lo que pondrán orden sin señalar que las elecciones en Bolivia ya se realizaron y el candidato masista fue reelecto en primera vuelta. Podría ser discutido el procedimiento pero no se puede obviar que Evo Morales aún cuenta con mandato constitucional por lo menos hasta enero del próximo año.
Por su parte el mandatario estadounidense Donald Trump señaló "Estados Unidos aplaude al pueblo boliviano por exigir libertad y al ejército boliviano por acatar su juramento de proteger no solo a una persona, sino a la constitución boliviana". Luego dirá que no fue un golpe de Estado sino "la voluntad del pueblo". Podrá ser cuestionada la pasada elección realizada en el país del altiplano pero hablar de voluntad del pueblo cuando en las urnas esa supuesta voluntad no pasó del 37 % es una aberración. Trump no dice que Morales gobernó desde el año 2006 ganando elecciones y profundizando una democracia sumamente restringida. "Después de casi 14 años y su reciente intento de anular la constitución boliviana y la voluntad del pueblo, la partida de Morales preserva la democracia y allana el camino para que el pueblo boliviano sea escuchado" dijo Trump a quien habría que preguntar qué lugar ocupa tanto en Ecuador o en Chile "la voluntad el pueblo".
Rayando una posición negacionista el ex candidato a vicepresidente Miguel Pichetto  dijo en referencia al presidente electo Alberto Fernández que "Hay que dejar de comprar todos los conflictos bolivarianos" como si nada sucediera alrededor de nuestro país.

2018/11/20

América Latina y el neofascismo- No todos los fachos son pardos

El uso generalizado de la categoría neofascismo para explicar el avance de la ultraderecha en América Latina, sobre todo a partir del triunfo de Bolsonaro en Brasil, lleva a confusiones teóricas que dificultan la resistencia.

Nota Socompa

Tras el triunfo electoral en Brasil de Jair Bolsonaro se puso sobre el tapete el tema del surgimiento en nuestro continente de opciones políticas de ultraderecha bajo el rótulo de neofascismo o neonazismo. En el viejo continente hace ya un tiempo que se vienen dando esta clase de movimientos que incluso cuestionan severamente la existencia de la comunidad europea.  De todas formas vale la pena poner blanco sobre negro en lo concerniente a esta clase de posiciones, ya que si nos atenemos exclusivamente a la nomenclatura podemos incurrir en errores graves de caracterización que lejos de permitir generar contrapropuestas políticas que frenen el avance derechista lo único que harán es declamación moralista o ideologista.

El nazismo alemán y el fascismo italiano si bien tuvieron diferencias entre sí, poseyeron denominadores comunes bastante claros. Ambos se desarrollaron tras la primera guerra y fueron serios causantes de la segunda. No pocos desde posiciones de izquierda, principalmente los partidos comunistas de la Tercera Internacional consideraron que la irrupción de estas posiciones representaba el avance desmedido de la reacción mundial en general y contra la Unión Soviética en particular. Si bien esto puede entenderse así, hay que ver que en primer lugar era el resultado de la feroz competencia entre potencias capitalistas del mundo de entonces. La guerra iba a ser el desencadenante natural de la puja interimperialista por los mercados y los recursos. Los proyectos nazi fascistas se sostenían en el desarrollo de una sociedad integrada corporativista que apuntaba al crecimiento industrial y militar.

En los países del Tercer Mundo, hubo tanto militares como burguesías nacionales que simpatizaron con el surgimiento del nazifascismo. Sin ir demasiado lejos en la Argentina el grupo de militares que formaban parte del GOU (Grupo Obra de Unificación) en los ’40 del que fuera parte Juan Domingo Perón, tuvieron posiciones nacionalistas. El proyecto de “comunidad organizada” representaba claramente ese ideario. Lo que nunca se dice es que esas posiciones políticas trasladadas a la periferia mundial tenían un marcado sesgo antiimperialista. La mayoría de los movimientos nacional popular llevaban esa marca.

El surgimiento reciente de una ultraderecha regional a la cual se la emparenta con el nazifascismo posee raíces que están más ligadas con la ideología de militares y civiles que en gran parte de la segunda mitad del Siglo XX fueron subordinados en la implementación del Plan Cóndor y partícipes necesarios de una guerra fría que poco afectaba a esta parte del mundo. Tal vez con el final del primer peronismo también se terminó la posibilidad de existencia de militares patrióticos. La camarilla cívico militar que encabezó la dictadura argentina entre el 76 y el 83, lejos de tener posiciones nacionalistas profundizó la dependencia. El tinte reaccionario, represivo o totalitario no es un rasgo propio del nazifascismo. En nombre de la moral occidental y democrática es posible encontrar accionares tan oscuros y perversos como los que se le atribuyen al nazifascismo. Las actuales ultraderechas están más emparentadas a esta segunda veta que a las raíces con las que se las intenta catalogar desde una mirada marcadamente liberal. Mucho más cuando las fuerzas armadas y de seguridad reciben formación y adoctrinamiento por parte de las principales agencias ligadas al complejo militar estadounidense.

Las actuales ultraderechas regionales emergentes poco tienen de nacionalismo. Se basan en tendencias existentes en el sentido común más abyecto principalmente alojadas en las clases medias.  Xenofobia, racismo y toda una gama de prejuicios muy arraigados en contra de otros sectores sociales a los cuales identifican como peligrosos. Las políticas progresistas lejos de haber trabajado correctamente esas contradicciones sociales no han hecho más que profundizarlas en nombre de posiciones que más que políticas parecen religiosas. No se trata de pedirles a unos que amen a los otros, sino de crear condiciones objetivas de convivencia. Las actuales derechas aprovechan al máximo esas falencias y reproducen permanentemente el odio estructural.

El surgimiento del nazifascismo tuvo que ver principalmente con el malestar que se creó con la Primera Guerra Mundial y sus consecuencias posteriores. En Calle de dirección única (1928), Walter Benjamin proponía un viaje por la inflación alemana en el que mostraba las incertidumbres y angustias de una nación que necesitaba salir de ese estado aunque poco podía vislumbrarse el cómo. Una temática similar se puede encontrar en el film de Ingmar Bergman El huevo en la serpiente de 1977. De todas maneras la salida a esa etapa crítica implicaba el desarrollo de nuevas fuerzas productivas y de la unidad nacional. En Metrópolis (1927) del cineasta alemán Fritz Lang es posible ver cómo la masa proletaria es sojuzgada de forma casi esclavista para producir en aras del bienestar general.  Si el nazismo surge como una opción ultra reaccionaria esto se da en el marco de una sociedad que virtualmente tiene la posibilidad de desarrollarse. En cambio las actuales opciones ultraderechistas se producen en una sociedad demasiado fragmentada y decadente que deja cada vez más intersticios libres para ser ocupados por economías sumergidas como el narcotráfico o el tráfico de personas. El neofascismo lejos de combatir estas modalidades sólo realiza demagogia punitiva. El crimen organizado no deja de ser un negocio pingüe del que sería iluso suponer que los sectores económicos más poderosos no intenten extraer ganancias.

Si en otros tiempos el fascismo se oponía al liberalismo, hoy el neofascismo va de la mano del neoliberalismo. En tanto, las organizaciones populares deben entender que si no se caracteriza correctamente a esta nueva derecha se corre el riesgo de ser un blanco predilecto de ella. De hecho ya se viene desarrollando una guerra molecular sistemática contra todo esbozo de organización. Desde la prédica mediática se emparenta a los movimientos sociales con la criminalidad y se justifica su represión. No se trata por cierto de que los medios mientan, exclusivamente. Estamos acostumbrados a suponer que en las subjetividades creadas por el capital, se da un fenómeno de transformar lo positivo en negativo. De trastocar lo bueno en malo. Los medios masivos no hacen otra cosa que exacerbar lo que ya existe en el sentido común imperante. No es otra cosa que raspar la piel para que surja ese “enano fascista” que nos habita. Síntomas de un tiempo difícil.



2018/09/13

Disparen contra la Unasur


La nueva oleada de gobiernos neoliberales en la región pone en jaque a un organismo creado para fortalecer la integración, defender la democracia y poner un freno a la avidez de los mercados. El papel de los Estados Unidos.
Nota Socompa

El 23 de mayo de 2008 se aprobaba en Brasilia el tratado constitutivo de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Era el corolario justo de una realidad que se desplegaba a lo largo del continente y que tenía como antecedente reciente la conformación en 2004 de la Comunidad Suramericanas de Naciones  como una ampliación de organismos ya existentes como el Mercosur y la Comunidad Andina. El nuevo bloque tenía como principales elementos de cohesión la necesidad de integrar a la región y fundamentalmente promover la autonomía en cuanto a la resolución de conflictos sin la interferencia de actores externos. También crear una arquitectura financiera propia que no permita dejar a la intemperie a los diferentes países ante las inclemencias del mercado mundial.
Desde la firma del tratado constitutivo, la Unasur comenzó a tener cierta relevancia en el escenario político, sobre todo por haber intervenido de manera efectiva en algunos conflictos desatados en la región. Es de destacar la incidencia del organismo ante el intento desestabilizador que se produjo en la media luna boliviana en 2008, el debate sobre las bases militares estadounidenses en Colombia, el respaldo al presidente ecuatoriano Rafael Correa ante la asonada golpista en 2010, la mediación en el conflicto de Colombia con Venezuela y Ecuador alcanzando que esos países restablezcan relaciones diplomáticas. Posteriormente tuvo gran incidencia en la promoción de un acuerdo de paz entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las Farc y el conflicto por la salida al mar para Bolivia.
Hoy a partir de la llegada de diversos gobiernos neoliberales al continente se produjo un abandono orquestado del organismo con la intención de decretar su perennidad. En abril de este año varios países de la región: Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Paraguay y Perú se alinearon en una posición crítica contra el organismo y suspendieron su participación. Recientemente el nuevo presidente de Colombia Iván Duque presentó su renuncia a Unasur con el pretexto de que no está condenando a la “dictadura” venezolana.
En diciembre de 2014 se estrenó en Ecuador la suntuosa sede del organismo situada en el Complejo Mitad del Mundo ubicada a 14 km de Quito. Hoy el actual presidente ecuatoriano Lenin Moreno a pesar de mantener a su país en el bloque está pidiendo que devuelvan el edificio para hacer ahí una universidad intercultural. Antes había solicitado que el busto del ex secretario general Néstor Kirchner sea sacado del lugar aduciendo que alguien comprometido con la corrupción tal como es detallado en los famosos “cuadernos de las coimas” no puede permanecer en el lugar. De hecho hoy Unasur está compuesta por Uruguay, Ecuador, Bolivia y Venezuela. Los dos primeros en actitud contemplativa y algo crítica.
Interior de otros mundos

Abunda la idea de que la integración latinoamericana o más precisamente suramericana tiene como causa el descuido estadounidense por su “patio trasero”. Si bien esto no deja de ser cierto poco se dice sobre la incidencia sustantiva de los nuevos actores globales hegemónicos a partir de la primera década de este siglo: China y Rusia. La incidencia comercial principalmente de China en nuestro continente llegó a ser dominante. El gigante asiático es el principal socio comercial del gigante suramericano Brasil. Este último además es parte del estratégico clúster Brics (Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica). Sin entrar en la consideración sobre si para desplazar a un enemigo puede uno aliarse o no con otros actores aunque sea riesgoso, hay que decir que en el pensamiento de los fundadores de Unasur estaba también la idea de ir suprimiendo paulatinamente toda incidencia estadounidense en cuanto a bases militares, cooperación y logística. El aprovechamiento de conflictos interpares en la región siempre fue la excusa perfecta para que EEUU se inmiscuya en asuntos internos. También lo es su guerra santa contra el narcotráfico y el terrorismo. EEUU hoy no tiene una agenda comercial importante con  la región, pero lo que sí no descuida es el tener apuntaladas a las diversas fuerzas de seguridad y militares para asegurarse el control estratégico de los grandes recursos naturales y trasladar al territorio continental la nueva guerra fría que lleva adelante contra China y Rusia. Un organismo como Unasur sería un impedimento serio para llevar adelante esa política. Por lo contrario necesita la subordinación exclusiva de las seguridades nacionales a su órbita tanto ideológica como armamenticia expresada en agendas concretas.
De todos los intentos anteriores de integración continental podemos decir que éste fue el que más esperanzas despertó tanto por su duración temporal como por la incidencia concreta que tuvo ante determinados conflictos.


2016/10/06

El “No” en Colombia es además una decisión geopolítica

Las conversaciones por la Paz en Colombia iniciadas por el presidente Santos y la guerrilla de las Farc a finales de 2012  en La Habana representaron siempre una muy buena noticia para la región. El conflicto armado que data de más de 50 años siempre le fue útil al Imperio para inmiscuirse en temas soberanos y sabotear cualquier intento emancipatorio. Hoy ante el viraje hacia la derecha que se está produciendo en el continente el triunfo del No colombiano le resulta a los sectores dominantes un dato invalorable.

Por Osvaldo Drozd

El triunfo del No en el plebiscito realizado el domingo en Colombia acerca de la convalidación o el rechazo de los acuerdos de Paz firmados por el gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC en La Habana, cuenta con diversas aristas por las que se lo pudiera abordar analíticamente. La legitimidad de un acto eleccionario en el que el ausentismo fue de  más del 62 % de los posibles sufragantes y que la opción ganadora lo hiciera por escaso margen, es un punto que no debiera descuidarse. El retorno de la figura del ex presidente Álvaro Uribe Vélez como figura emblemática de la derecha más retrógrada no sólo en Colombia sino en toda la región, tampoco es un dato a menospreciar. Mucho menos teniendo en cuenta el viraje hacia la derecha que se está produciendo en el continente ya sea por triunfos electorales o por movimientos destituyentes de gran envergadura en los que prevalecen como principales actores los grandes medios concentrados y las corporaciones judiciales. Convengamos de antemano que el signo político del presidente Santos no se caracteriza precisamente por ser el del progresismo y que su alineamiento principal es en la Alianza del Pacífico. Sin embargo, Santos siempre fue proclive a respetar la integración regional y valorar el juego que pueden producir bloques como son la Unasur o la Celac. A partir de asumir su primera presidencia en 2010 restableció relaciones diplomáticas primero con Venezuela y después con Ecuador que estaban seriamente alteradas por el gobierno de Uribe.

Un conflicto armado de larga data

Desde el surgimiento de la insurgencia colombiana en 1964 –principalmente como organismos de autodefensa campesina- se puede observar un despliegue en el tiempo y el espacio de un conflicto en permanencia que se iría complejizando al incorporar a múltiples actores y que en diferentes coyunturas aunque intentase resolverse siempre sería por andariveles unilaterales, mientras los restantes bregarían por su prosecución. Con el plebiscito del pasado domingo eso queda a las claras. Hay un sector propio del conflicto que se niega a que el mismo acabe. Y lo más interesante de todo esto es que la prosecución o no de este largo proceso de enfrentamientos, si bien favorece a un sector dominante del país neogranadino, también afecta a la región en su conjunto en cuanto a su integración y por ende una parte sumamente interesada en ello -como lo es el Imperio- no es indiferente.

El largo conflicto armado no sólo hizo que la guerrilla se propagara por diferentes regiones del país, principalmente rurales, tanto de la selva como de la montaña; sino que generó movimientos contrarios a ella como fueron las diferentes organizaciones paramilitares. En una geografía resquebrajada estos grupos armados se fueron combinando con diferentes carteles del narcotráfico generando así un entramado complejo. Las organizaciones armadas de derecha supuestamente se formaban para combatir a la guerrilla, pero en ese movimiento se emparentaban con los narcos y además le servían a la oligarquía terrateniente para desplazar campesinos y apropiarse de más tierras. Como veremos Uribe es parte de ese sector de la sociedad que siempre recibió apoyo logístico, militar y económico de los EEUU y que su principal interés objetivo es mantener esa formación social retardataria y emparentada a la barbarie.

Santos, Uribe y los intereses imperiales

En una nota escrita para el portal Rebelión, el analista colombiano Fernando Dorado sostenía que el conflicto entre Santos y Uribe responde a diferentes intereses en tanto son parte de fracciones diferentes de las clases dominantes colombianas. El actual presidente pertenece a la burguesía transnacionalizada urbana, gran financiera, gran industrial y agroindustrial, que intenta mantener su autonomía de las políticas más derechistas de la inteligencia estadounidense planteándose la posibilidad de iniciar un nuevo camino frente al problema de las drogas, como a su vez ser parte de “un bloque latinoamericano que les permita utilizar las contradicciones y tensiones que se presentan en los mercados globales”.

Dorado señalaba en 2010 que “Uribe representa una parte del campesinado rico antioqueño venido a más por su alianza con el narcotráfico” que desde finales de los ’70 “se convirtieron en grandes latifundistas con un inmenso poder territorial y económico en esa región de Colombia”, desplazando a campesinos e indígenas. “La lucha contra la guerrilla los colocó a la cabeza de los terratenientes de todo el país, especialmente de la Costa Caribe (Atlántica). Así, un poder surgido a la sombra del narcotráfico organizó un ejército propio –las Autodefensas Campesinas–, y mediante la estrategia paramilitar cooptó al aparato estatal y puso a su servicio a las fuerzas armadas”.

En una entrevista realizada por El País de España, el historiador colombiano Marco Palacios expresó que “las raíces de la continuidad del conflicto son la desigualdad básica que se expresa en el cierre social que implica el latifundio en una sociedad que apenas empieza a urbanizarse”. Según Palacios esto se expresa como “el fracaso de la consolidación del Estado colombiano”. Una tarea inconclusa que el sector al cual Santos pertenece intenta revertir mientras que el resquebrajamiento estatal le es funcional a la oligarquía paisa a la cual Uribe pertenece. Por esto, no es casualidad que el gobierno de Santos haya aceptado debatir el tema del “desarrollo rural” y el problema de la tierra como primer punto en la agenda de debate con la guerrilla iniciado a finales de 2012, y que en esa mesa –por primera vez– no estén representados los grandes latifundistas y ganaderos colombianos.

En un muy interesante artículo escrito por el analista brasileño José Luís Fiori que lleva el título “EUA, América del Sur y Brasil: seis tópicos para una discusión” publicado por el portal Amersur en septiembre de 2009, el autor señalaba que es interesante recordar y reflexionar sobre los grandes principios que orientaron la política externa de Estados Unidos con relación a América Latina en la segunda mitad del siglo XX. Estos principios fueron formulados por uno de los principales geoestrategas  estadounidenses del siglo XX, el holandés Nicholas Spykman, quien en los dos libros que escribió sobre política externa norteamericana, America’s Strategy in World Politics, publicado en 1942 y The Geography of the Peace, publicado un año después de su muerte, en 1944; delinearía en ellos la piedra angular del pensamiento estratégico estadounidense de toda la segunda mitad del siglo XX y del inicio del siglo XXI. Llama la atención según resalta Fiori, el gran espacio dedicado a la discusión de América Latina y en particular, a la “lucha por América del Sur”. Spykman parte de una separación radical entre la América anglosajona y la América de los latinos. En sus palabras, “las tierras situadas al sur del Río Grande constituyen un mundo diferente a Canadá y Estados Unidos. Y es desafortunado que las partes de habla inglesa y latina del continente se llamen ambas América, evocando una similitud entre ellas que de hecho no existe”, para rápidamente proponer dividir el “mundo latino” en dos Regiones, desde el punto de vista de la estrategia norteamericana, en el subcontinente: una primera, “mediterránea”, que incluiría a México, América Central y el Caribe, además de Colombia y Venezuela; y una segunda, que incluiría a toda América del Sur al sur de Colombia y Venezuela. Hecha esta separación geopolítica, Spykman define a “América Mediterránea como una zona en la que la supremacía de Estados Unidos no puede ser cuestionada. En cualquier circunstancia se trata de un mar cerrado cuyas llaves pertenecen a Estados Unidos, lo que significa que México, Colombia y Venezuela (por ser incapaces de transformarse en grandes potencias), estarán siempre en una posición de absoluta dependencia de Estados Unidos”. En consecuencia, cualquier amenaza a la hegemonía americana en América Latina vendrá del sur, en particular de Argentina, Brasil y Chile, la “Región del ABC”. En palabras del propio Spykman: “para nuestros vecinos al sur del Río Grande, los norteamericanos seremos siempre el “Coloso del Norte”, lo que significa un peligro, en el mundo del poder político. Por esto, los países situados fuera de nuestra zona inmediata de supremacía, o sea, los grandes Estados de América del Sur (Argentina, Brasil y Chile) pueden intentar contrabalancear nuestro poder a través de una acción común o a través del uso de influencias externas al hemisferio”. En este caso, concluye: “una amenaza a la hegemonía americana en esta Región del hemisferio (la Región del ABC) tendrá que ser contestada a través de la guerra”. Lo más interesante según Fiori “es que si estos análisis, previsiones y advertencias no hubiesen sido hechos por Nicholas Spykman, parecerían fanfarronadas de alguno de estos populistas latinoamericanos que inventan enemigos externos y que se multiplican como hongos, según la idiotez conservadora”.

Si las previsiones de Spykman aún mantienen vigencia no resulta descabellado sostener, como lo hiciera Hugo Chávez primero y hoy Nicolás Maduro, que el ex presidente colombiano Álvaro Uribe es el principal conspirador contra el gobierno legítimo de Venezuela en tanto la republica bolivariana hoy esté cuestionando la existencia de esa zona de influencia preestablecida por Spykman. El acuerdo de paz también lo afectaría, ya que Colombia se ha convertido durante las últimas décadas en la puerta de entrada del Imperio a la región y la propuesta de instalación de siete bases militares en dicho país no es ajena a ese objetivo. Pero si no existiera en Colombia ni el narcotráfico ni la guerrilla, o como a Uribe le gusta llamarlo el “narcoterrorismo castrochavista”, no habría ninguna razón para intervenir logística y militarmente en ese territorio.

El proceso de Paz iniciado en Colombia a finales de 2012 por el presidente Juan Manuel Santos respondía principalmente a una nueva configuración regional en la que primaban la integración y la relativa autonomía. No es casual que tras el fallecimiento del primer secretario general de la Unasur, Néstor Kirchner, el gobierno de Colombia haya designado primero a María Emma Mejía y hoy al ex presidente Ernesto Samper al frente del bloque regional que por otra parte fue siempre uno de los organismos más comprometidos con el acuerdo por la paz colombiana.

Con el viraje hacia la derecha que se está produciendo en Suramérica y por ende proclive a la subordinación imperial, el No colombiano se encuadra a la perfección. 

Berisso 3 de octubre de 2016 

2016/09/27

La proyección geopolítica del continente. ¿Hacia dónde?

(para La Tecl@ Eñe)


Mientras el gobierno de Cambiemos celebra las buenas relaciones con los Estados Unidos como si eso representara un avance civilizatorio y de posibilidades de desarrollo económico, los principales ideólogos norteamericanos como Zwigniew Brzezinski avizoran que la superpotencia está en un momento de declive y que sólo necesitan al patio trasero para dirimir sus principales tensiones actuales.

Con la llegada de Mauricio Macri al gobierno argentino el pasado diciembre, y el viraje que se comenzó a producir en la región suramericana en cuanto a los alineamientos globales, habría que señalar que la nueva configuración emergente aún no es demasiado clara y que tampoco le resultará demasiado fácil acomodarse a un tablero regional en el que no existen liderazgos definidos e inamovibles. La existencia por más de una década de expresiones mayoritariamente enroladas en una agenda con pretensión de autonomía resulta un indicador muy claro de ello. Porque contrariamente a lo que se tiende a pensar, los diferentes gobiernos progresistas no expresan (o expresaron) más que la punta de un iceberg que no alcanzó demasiado desarrollo. Obviamente hay diferencias -a veces pronunciadas- entre las diferentes expresiones y sería muy saludable que países como Bolivia o Ecuador pudieran profundizar lo ya realizado a pesar de enfrentar un contexto regional hoy bastante desfavorable.

En primer lugar hay que señalar que lo acontecido en la región a partir del amanecer del nuevo siglo no es ni el declive ni la culminación del capitalismo. Aunque parezca una perogrullada decirlo, conviene aclararlo. Los gobiernos progresistas venían a desarrollar –tal como alguna vez escuchó quien escribe - la revolución inconclusa de 200 años antes. No se trata de realizar juicios de valor acerca de si está bien o no alterar el régimen de propiedad de los medios de producción sino solamente señalar que lo llevado adelante en primer lugar representó (o representa) más que una socialización de la economía un intento por romper con la estructura dependiente para lanzar un capitalismo autónomo. Que ello produzca mejores condiciones sociales para los sectores populares y principalmente para los trabajadores es harina de otro costal.

La estructura del capitalismo a nivel global tiene un patrón de desarrollo que es desigual, combinado y a saltos por lo que existen extensas zonas del planeta empobrecidas aunque sean ellas las principales productoras de riquezas naturales, contrastadas con regiones altamente industrializadas. Esto significa que un país no se desarrolla porque quiere sino por encontrarse inscripto en una muy rigurosa e injusta división internacional del trabajo.

La posibilidad de saltar de una matriz productiva a otra sólo es posible a partir de los momentos críticos del mundo desarrollado. Los períodos comprendidos durante las dos grandes guerras mundiales, por ejemplo. Pero también fueron las revoluciones socialistas las que alteraron ese patrón de expansión desigual por lo que naciones de escaso desarrollo industrial, como lo eran tanto Rusia como China, pudieron romper en sus límites con un patrón universal. Vale también señalar que estos países abandonaron después de un tiempo la construcción socialista para desarrollar un capitalismo que, bien vale decirlo, sin las revoluciones acontecidas hubiera sido imposible poner en pie economías como las que hoy se exhiben en el concierto mundial.

Esta característica les permitió a esas dos grandes potencias de Eurasia convertirse en nuevos actores globales de relevancia, y mucho más a partir de su accionar al interior del emergente clúster geoeconómico denominado con el acrónimo BRICS.  Consideremos que esta nueva realidad internacional no es para nada ajena al intento de los progresismos latinoamericanos, es verdaderamente constitutiva del mismo. No tenerlo en cuenta podría producir equívocos en el diseño de lo que viene y sobre todo en relación a la incidencia de los EEUU en la región.

Suponer que el denominado “Regreso al Mundo” del que habla el gobierno argentino es idéntico a lo que en los ’90 se llamaron las “relaciones carnales”, nos llevaría a cierto equívoco. Porque el mundo ya no es el mismo e incluso el predominio global de los EEUU hoy no implica algo que pueda garantizarse en el tiempo; pero fundamentalmente porque el alineamiento a la potencia del Norte hoy conlleva mucho mayor peligro que antes. Vayamos por parte.

En los ’90, tras el derrumbe de la Unión Soviética, Zbigniew Brzezinski  afirmaba en su libro “El gran tablero mundial: la primacía americana y sus imperativos geoestratégicos” (1997) que los EEUU coronaban su dominancia planetaria en tanto quien controlara a Eurasia tenía asegurado el poder global. En ese caso un dominio externo a ese prominente y gigantesco continente. Los últimos años parecen indicar que eso no era así  y el estratega geopolítico parece haberlo advertido. Los pergaminos con los que cuenta Brzezinski en el ámbito de la Seguridad de los EEUU son indudables. Este politólogo nacido en Polonia en 1928, desde 1966 formó parte del Departamento de Estado y además de ser la principal consulta del presidente Barack Obama en tema de geostrategia,  fue siempre uno de los más encarnizados diseñadores de la expansión imperial a lo largo y ancho del planeta.

Según expresara el analista y periodista Mike Whitney especializado en temas geopolíticos, Brzezinski “principal arquitecto del plan de Washington para dominar el mundo ha abandonado el esquema y ha pedido la creación de vínculos con Rusia y China”. Esto lo afirma el analista a partir de un artículo publicado en abril de este año por el geoestratega polaco en el periódico The American Interest  y que lleva el nombre de Toward a Global Realignment (Rumbo al realineamiento global).

Según Brzezinski, la irrupción económica de Rusia y China en Eurasia sumada la expansión del terrorismo en los países musulmanes, desbarató la pretendida hegemonía estadounidense en toda esa región. “A medida que termina su era de dominación global, los Estados Unidos tienen que tomar la iniciativa para reajustar la arquitectura del poder global” dice en el artículo, agregando que “Cinco hechos básicos relativos a la redistribución del poder político emergente global y al despertar político violento en el Oriente Medio están mostrando el inicio de un nuevo reajuste global. El primero de estos hechos es que los Estados Unidos continúan siendo la potencia mundial política, económica y militarmente más poderosa. No obstante, teniendo en cuenta las mudanzas geopolíticas complejas en los equilibrios regionales, el país ya no es más el poder imperial global”.

La cautela que expresa hoy Brzezinski, según Whitney -y que seguramente no será acompañada por un virtual gobierno de Hillary Clinton- responde en primer lugar a que ante la posibilidad concreta del surgimiento de un sistema bancario alternativo como podría ser un Banco de los BRICS, ello haría que EEUU corra el riesgo cierto de que se pierda un sistema financiero basado exclusivamente en el dólar.

Hoy la política internacional de los EEUU se mueve en el seno de cierto eclipsamiento de su poderío, lo que no la hace más accesible. Al contrario la vuelve mucho más peligrosa.

La búsqueda de realineamientos en la región que intenta hoy el imperio norteamericano es más bien un apuntalamiento geoestratégico militar y financiero que impida estrechar lazos con los nuevos actores globales. También la promoción de economías sumergidas. El golpe institucional producido en Brasil responde, sin lugar a dudas, a esa línea de acción. Debilitar al Mercosur impidiendo que Venezuela asuma la presidencia pro témpore es otra muestra de ello, pero principalmente imponiendo unilateralmente en nuestros países su agenda contra el terrorismo y el narcotráfico que no hace más que entregar el control de las fuerzas de seguridad a su completa tutela. Para decirlo de forma simple, a los EEUU no les importa venir a invertir en producción sino venir a insertar a la DEA dentro de las policías y controlar la agenda de Seguridad.

Berisso, 21 de septiembre de 2016


2016/09/01

La destitución de Dilma

Hay un viejo dicho que dice: “Tiene razón, pero marche preso”. Por más argumentaciones lúcidas y razonables que se hagan y que comprueben la inocencia, no existe la posibilidad de liberar al preso, porque no está preso por culpable sino por el capricho de quienes tienen mayor poder. “Son las relaciones de fuerza viejo” diría alguien más cercano.
 Indignarse por la destitución de Dilma no debe llevar a argumentaciones que puedan ser respondidas con un “Tiene razón…” ya que eso reforzaría un problema que, es más complicado y hay que abordarlo en esa complejidad.