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2023/09/14

Engels y la selección natural.

 


Algunas ideas esbozadas en Introducción a la Dialéctica de la naturaleza.

En la medida que los humanos se alejan de su animalidad “en el sentido estrecho de la palabra”, cosa que sucede a partir de construir su propia historia, “tanto menor es la influencia que ejercen sobre esta historia las circunstancias imprevistas y las fuerzas incontroladas, y tanto más se corresponde el resultado histórico con los fines establecidos de antemano”.

De todos modos, si comparamos los fines previstos con los alcanzados se verá que la diferencia siempre es colosal y “veremos que continúan prevaleciendo las influencias imprevistas, que las fuerzas incontroladas son mucho más poderosas que las puestas en movimiento de acuerdo a un plan”.

Según Engels esto no será de otra forma hasta que la principal actividad humana, la producción de sus medios de subsistencia “se vea particularmente subordinada a la acción imprevista de fuerzas incontroladas y mientras el objetivo deseado se alcance sólo como una excepción y mucho más frecuentemente se obtengan resultados diametralmente opuestos”.

La historia humana no deja de ser, en primer lugar, la lucha que nuestra especie lleva adelante para enfrentar a la selección natural.  

2023/08/14

El engma de la Esfinge y el desafío biopolítico.

 

No sabemos a ciencia cierta qué concepción acerca de nuestra especie se tenía en la Antigua Grecia. Los llamados dioses del Olimpo eran sí, a semejanza de los humanos y se distinguían por atributos exaltados. Los semidioses eran el resultado de cierto mestizaje entre poderosos dioses y escogidos humanos, principalmente bellas mujeres mortales.

En una teoría que hoy podría denominarse “racista” Platón en su República hablaba de hombres de oro, plata y bronce. Algunos autores sostienen que esas distinciones no implicaban más que diferencias de aptitud subjetiva y que ello no invalidaba la hermandad humana. Había hombres para gobernar, otros para colaborar con ellos y otros para producir. Si se quiere, con otros términos por cierto no “metálicos”, hoy esa misma concepción está bastante arraigada en el sentido común.

Sófocles quien viviera aproximadamente en el S.V. antes de Cristo, obviamente no contaba con una interpretación evolutiva de la especie como la que desarrollara Charles Darwin en el S.XIX de nuestra era.

En Edipo Rey, la Esfinge interroga al personaje presentándole algo así como un acertijo.

 “Existe sobre la tierra un ser bípedo y cuadrúpedo, que tiene una sola voz, y es también trípode. Es el único que cambia su aspecto de cuantos seres se mueven por tierra, por el aire o por el mar. Pero cuando anda apoyado en más pies, entonces la movilidad en sus miembros es mucho más débil.”

Edipo le responderá:

“Escucha, aun cuando no quieras, musa de mal agüero de los muertos, mi voz, que es el fin de tu locura. Te has referido al hombre, que, cuando se arrastra por tierra, al principio, nace del vientre de la madre como indefenso cuadrúpedo y, al ser viejo, apoya su bastón como un tercer pie, cargando el cuello doblado por la vejez.”

No sabemos si esta alegoría de la Esfinge es una invención de Sófocles o un relato que circulaba en la antigüedad griega. Lo que sí es evidente, es que el autor lo incorpora a esta tragedia en la que se habla del parricidio, el incesto y la peste. Hay en ese enigma una concepción bien definida acerca de la especie humana. Una visión si se quiere, nada idealizada, más bien peyorativa.

En primer lugar, el hombre es un animal más. No se trata de un ser superior. En segundo lugar, concibe al humano como una especie anatómicamente endeble, fallada estructuralmente. Hoy diríamos con dificultades funcionales genéticas. Sófocles seguramente no sabía que el hombre deviene de algunos primates y de que todas las especies vivas se van transformando en su puja con la selección natural.

Lo que debiéramos preguntarnos es si la ciencia podrá alguna vez dar pie a la construcción de herramientas que desafíen al enigma de la Esfinge y terminar con esta coyuntura bioanatómica.

Estamos acostumbrados a pensar que nuestra especie siempre fue y será, igual que hoy.

2020/04/02

Los “derechos” del virus y la política

La pandemia afecta la estructura biológica de una especie aunque no estemos acostumbrados a vernos como tal. Es por esto que la política entendida como defensa de determinados intereses particulares -aunque esbozada como beneficio general- colisiona para luego comenzar a girar en el vacío.
Nota Socompa
Cuando llegaban de China las primeras imágenes televisivas del necesario aislamiento para impedir la propagación del Covid- 19 podía verse en ellas un desierto urbano propio de los filmes distópicos que hoy abundan tanto en el cine como en las series de TV. Enormes puentes colgantes que unen zonas urbanas de alta densidad poblacional sin que pueda verse ningún automóvil, zonas céntricas despobladas, anuncios de una parálisis de actividad social y económica en un país que representa la cuarta parte del total de habitantes del planeta.
Dame la derecha

No hay que lucubrar demasiado para darse cuenta de que ese aislamiento hubiera sido improbable sin la participación activa de un Estado presentificado hasta sus mismos extremos. Si bien rige en China una economía de mercado, sus formas políticas e institucionales se parecen más a lo que imperaba hace algunas décadas atrás. Hoy en el gigante asiático la pandemia comenzó su retroceso, y no resulta ocioso señalar que en un país como los EEUU la suma de infectados está superando las cifras chinas. En la medida que un virus afecta a la anatomía humana ya no se trata de la posible salvación de una parte en detrimento de la otra. Al menos da la sensación de que no existe aún para un acontecimiento de esta índole una estrategia que le permita a un sector específico poder zafar de los peligros concomitantes. No existe como en la ficción ese otro planeta en el cual los poderosos puedan exiliarse. En una sociedad global estructurada por clases sociales, algunas con grandes privilegios y otras con marcadas debilidades -si miramos los dos costados de un extenso abanico- podemos precisar que la irrupción de una pandemia afecta al conjunto de la especie humana sin hacer ninguna distinción de clase, aunque algunas puedan sobrellevar el aislamiento de modo mucho más holgado.
No quiere decir que hayan cesado los enfrentamientos entre clases sociales, pero tampoco es posible que alguna de ellas pueda hacer alianza con el virus en beneficio propio o en detrimento de las otras. Se trata pues de lo que Charles Darwin denominó la Selección natural. Ese flujo único y en permanencia del conjunto de la materia tanto orgánica como inorgánica en el que ninguna especie en particular siendo parte de ello pueda aislarse. Si se pensara metafóricamente en términos de “derechos naturales”, los virus tienen los mismos que cualquier otra especie biológica y se abren camino de igual manera que los humanos en cuanto a producir nuestros alimentos y demás objetos para la subsistencia. Esos mismos “derechos” son los que permiten también que podamos enfrentarlos.
De nuevo, la pandemia afecta la estructura biológica de una especie aunque no estemos acostumbrados a vernos como tal. Es por esto que la política entendida como defensa de determinados intereses particulares -aunque esbozada como beneficio general- colisiona para luego comenzar a girar en el vacío.
El 4 de marzo dijo el ex presidente Mauricio Macri en Guatemala que “el populismo es más peligroso que el coronavirus”. A su vuelta al país se comunicó con el presidente Alberto Fernández y le habría sugerido que siguiese el modelo inglés sin tomar medidas drásticas que paralicen la economía.
El domingo 16 de marzo Mario Vargas Llosa escribió una muy interesante nota de opinión en el diario peruano La Republica bajo el título “¿Regreso al Medioevo?”. Interesante ya que deja sentadas ahí -de forma bastante elocuente- las bases principales de la posición dominante de las derechas neoliberales.
“El coronavirus comienza a hacer estragos en España. O, mejor dicho, el espanto que causa ese virus proveniente de China”, comienza diciendo el escritor peruano residente en la península ibérica. Se refiere luego a las diferentes actitudes que por ese entonces comenzaban a llevar adelante los españoles expresando que “Todo esto, en términos prácticos, es muy exagerado, pero no hay nada que hacer: España tiene miedo y los gobiernos, el nacional y las autonomías, salen al frente de la pavorosa enfermedad con medidas cada vez más estrictas que, de una manera general, los españoles aprueban e, incluso, exigen que sean más extensas e intensas”.
Resalta Vargas que España tiene uno de los mejores sistemas de salud del mundo y que al 11 de marzo había solamente 47 muertes por el virus, pero “Jamás las estadísticas han sido capaces de tranquilizar a una sociedad roída por el pánico y ésta es una buena ocasión de comprobarlo. En medio de la civilización ha reaparecido la Edad Media, lo que significa que muchas cosas han cambiado desde entonces, pero muchas otras no. Por ejemplo: el miedo a la peste”.
Los datos que llegan hoy desde España refutan elocuentemente las sugerencias y previsiones del autor de La ciudad y los perros. Pero fue más allá e intentó encontrar las causas del surgimiento del Covid-19 “Nadie parece advertir que nada de esto podría estar ocurriendo en el mundo si China Popular fuera un país libre y democrático y no la dictadura que es”.
Vargas Llosa preside el foro político en el que Macri afirmó lo del populismo. Es más, aparecen juntos en la foto. Podría leerse que ellos creen que el aislamiento social es simplemente una medida demagógica del populismo para complacer a los ciudadanos asustados.