2016/08/28

El declive de los gobiernos peronistas

El periodista Osvaldo Drozd aborda en esta primera entrega, las semejanzas y diferencias del fin de los períodos históricos 1955 y 2015, ambos liderados por gobiernos peronistas, focalizando el análisis en el derrocamiento del General Perón en 1955. Los hechos deben ser entendidos como una sucesión de acciones internas y externas que confluyeron en el golpe, cuyo objetivo fue detener un proceso virtuoso de redistribución de la riqueza y de reposicionamiento económico de la Argentina a nivel regional y mundial.

Por Osvaldo Drozd*

1955 y 2015 comparten similitudes y diferencias. Con una distancia de 60 años ambos poseen en común ser el tiempo de finalización de períodos históricos de concepción similar.

 En 1955 la Argentina tenía 18.832.000 habitantes. En 2015 43.416.000. En seis décadas la población creció poco más del doble.

En líneas generales, la sociedad argentina está estructurada como una formación social de tipo capitalista en la que desde los albores de la Nación, predominan los lazos de dependencia económica.

No pocas veces se hicieron comparaciones entre nuestro país y los Estados Unidos, por ser extremos continentales o por haber sido receptores de inmigración europea. Italianos, alemanes, polacos, ucranianos, entre otros, elegían si su destino era el extremo norte o el sur del continente. Tanto es así que en otros países de la región no se encuentran afincadas ciertas nacionalidades europeas. La película Tetro (2009), dirigida por el cineasta estadounidense Francis Ford Coppola y que fuera realizada en Buenos Aires, muestra algo de todo eso. El joven norteamericano "Bennie" Tetrocini emprende un viaje a la capital argentina para reencontrase con su hermano Angelo que prefirió venirse al sur, aunque toda la familia de procedencia italiana quedara afincada en el país del norte. Pero estas similitudes, si bien le dieron al país características propias, sobre todo en lo cultural, las mismas se desarrollaron en formaciones económicas bastante diferenciadas. Mientras que en los EEUU la estructura agraria fuera realizada por pequeños colonos, en la Argentina al igual que en el resto de Latinoamérica, lo preponderante fue la existencia de grandes latifundios y poderosos terratenientes.

La inmigración europea sumada a la migración provinciana generó una incipiente clase obrera, aunque la principal matriz productiva siempre estuvo relacionada con la exportación de commodities. De igual modo que en el resto de la América Indolatina. Terratenientes estancieros y burgueses intermediarios (exportadores e importadores) se convirtieron en los dueños del país. Vale aclarar que ése era el lugar asignado a la Argentina en el mercado mundial, en la división internacional del trabajo.

Intentar revertir esa matriz productiva siempre estuvo en consonancia con el aprovechamiento de coyunturas críticas del capitalismo mundial. Ciclos que cuando avecinan su fin, parecieran haber desgastado cualquier proceso emancipatorio. Después uno puede inferir qué es lo que no se hizo y qué es lo que se debiera hacer, aunque el planeamiento de la segunda opción ya no cuadre con la realidad y quede supeditado a lo que sí se podría hacer ante el advenimiento de una coyuntura nuevamente favorable, y eso no pase asiduamente. De todas formas, la crisis del Mundo Uno sigue intacta e intenta por todos los medios evitar el despliegue de las potencias emergentes mediante la sustancial baja al precio de los commodities.

Acostumbrados a suponer que las contiendas políticas se llevan adelante en los acontecimientos electorales, eso no nos permite ver que los triunfos y las derrotas políticas se sitúan en otros planos tal vez menos perceptibles, y que no se producen en un solo momento sino que son el resultado de un determinado proceso. La derrota electoral del Frente para la Victoria en 2015 era relativamente previsible. Si en las presidenciales de octubre no alcanzaba la cifra necesaria para evitar el balotaje, el triunfo de la alianza Cambiemos era casi un hecho. Ya estaba abonada la tierra para sembrar hierbas como el macrismo y otras variedades de signo similar, incluida la reconversión del peronismo.
1955 al igual que 2015 tienen mucho más en común de lo que se pueda suponer a simple vista. Ambos marcan el final de largos períodos en los que se intentó, por un lado, redistribuir de forma más equitativa las riquezas, y por otro, alcanzar cierta autonomía que permita un desarrollo económico propio. Eso es lo más perceptible.

Lo menos perceptible puede ser aquello que por estar ubicado demasiado en la superficie pierde visibilidad. En su célebre cuento La Carta Robada, Edgar Allan Poe mostraba ese mecanismo a la perfección. Es la selección de lo real lo que coloca a determinados elementos en un lugar de privilegio, y a otros en un lugar subordinado. Esto no es sólo producto de la agenda de los medios. Son las reglas de juego predeterminadas de la democracia realmente existente, el denominado “realismo político”, quienes privilegian unos elementos a otros, construyendo así el montaje de lo visible.

Como señalara Claude Lévi- Strauss en El Pensamiento Salvaje, la historia está condenada a elegir regiones, épocas, grupos humanos determinados; porque la historia aspira a la significación. La historia de tal forma es un cohesionador de un determinado conjunto de individuos. Y si bien el hecho histórico es “lo que ha pasado en realidad” lo que habría que preguntarse es por “dónde ha pasado”. El hecho de haber ocurrido es tan exacto como el recorte ya que una historia completa, confronta al historiador con el caos. En tal sentido la captura de una circunstancia histórica determinada puede funcionar como el mito que justifica la acción presente de determinados individuos. Vale señalar que en ningún momento Lévi- Strauss plantea que el recorte sea falaz (o que deba serlo), no se trata de ello, sino de la selección de los elementos que se presentifican en una determinada realidad.

De acuerdo a esta función mítica de determinados sucesos históricos, Lévi- Strauss se anima a decir que: “La revolución francesa tal como hoy la conocemos, no existió jamás”. Esto no debiera perturbar a los que se aferran a un tiempo histórico que les proporciona una congruencia entre los imperativos prácticos y los esquemas de interpretación. Por lo contrario, la exploración de nuevos elementos contingentes debiera permitir trazar nuevas líneas de acción que a la vez se deshagan de ilusiones que funcionaron más como obstáculos que como elementos impulsores.

Se supone que la caída del general Perón en el ‘55 fue un derrocamiento militar y que la derrota política del kirchnerismo fue en las elecciones. Si bien existen acontecimientos históricos reales que prueban esos enunciados, existen otros hechos también reales que pueden llegar a relativizar ambas afirmaciones. De hecho esto implicaría, para los diferentes actores sociales, una mirada algo diferente sobre el pasado y la previsión para la acción futura de cuestiones que no fueron tenidas en cuenta. Lo que se dirá a continuación no es la visión de ningún iluminado. Es simplemente el rastreo parcial e inconcluso de determinados hechos acontecidos que parecieran no tener demasiada importancia, pero que cuentan con cierta densidad que, aunque semejaran ser parte de algún anecdotario, son tenidos muchas veces en cuenta por sectores críticos pero no abordados de la forma en que debieran.

El ‘55

Durante la madrugada del viernes 16 de septiembre se inició en diferentes lugares del país la asonada golpista llevada adelante por parte de las fuerzas armadas –principalmente la Armada- y los comandos civiles. En Córdoba, Curuzú Cuatiá, Puerto Belgrano y Río Santiago se insurreccionaron las tropas rebeldes pidiendo la salida de Perón del gobierno.

Ya en 1951 hubo un intento golpista. Tras esos acontecimientos, Eva Perón convocó a sus principales colaboradores sindicales y al jefe del Ejército para informarles de la compra a Bélgica de 5 mil pistolas automáticas y 1500 ametralladoras destinadas a formar milicias obreras para defender al gobierno. Aunque esas armas llegaron al país, tras la muerte de Eva, Perón se deshizo de ellas.

Un dato anecdótico es que el general Julio Rodolfo Alsogaray, además de ser uno de los que propiciaron el golpe del 51, también fue uno de los que depuso a Arturo Illia en 1966.

Ilustración: Bombardeo - Cape
En junio del ´55 se produjo el criminal bombardeo a Plaza de Mayo. Allí cayeron casi 400 personas. Fue otro intento golpista.

El gobierno de Perón venía en crisis y el 30 de agosto del ´55 el general presentó la renuncia. El 1° de septiembre la CGT llenó la plaza y le pidió que siga al frente.

La asonada golpista iniciada el 16 de septiembre se extendería durante el fin de semana. El lunes 19, en todos los diarios de la época aparece un comunicado del Comando de represión, pidiéndole tranquilidad a la población, afirmando que el golpe militar había sido derrotado, y que las tropas leales controlaban plenamente la situación. Ese mismo día, en horas cercanas al mediodía, el general Perón renunciaría a su cargo. Entre otras cosas dijo que él ya no era la persona indicada para proseguir y que por esa razón le dejaba el mando al Ejército. Para el caso, no se trataba de personas providenciales sino de la continuidad o la interrupción de un proyecto que le había cambiado la vida a la inmensa masa de los trabajadores. La posterior resistencia peronista iba a mostrar que más allá de la orfandad, las bases del movimiento estaban dispuestas a continuar. Pocos meses después ocurrió la matanza de José León Suarez que fuera relatada brillantemente por Rodolfo Walsh en Operación Masacre.

Con la caída de Perón el país entraría en un proceso de concentración y centralización monopolista que profundizaría los lazos de la dependencia y la entrega. 

No pocas veces, quien escribe le escucho decir a viejos militantes peronistas de aquel tiempo, que “Perón se fue porque no tenía a nadie allá arriba, y no confió en nosotros los de abajo”.

Obviamente, el peronismo no cayó de un solo golpe, fue una arremetida desarrollada desde años anteriores y que contó con apoyo extranjero como consignan los medios de aquel tiempo en lo referido al soporte logístico utilizado por los golpistas. Es de suponer que Perón sabía al respecto lo mismo que supo Eva antes de morir, pero tuvieron posiciones diferentes.

Un tema como el abordado no puede agotarse en una nota, y debiera estar abierto a correcciones y ajustes. Lo que no es concebible es que vencedores y vencidos acepten una misma versión de lo acontecido. Mientras que los “gorilas” se ufanaban de haber derrotado a Perón, la pregunta que cabría hacerse es si los sectores populares están condenados a la omnipotencia de las clases dominantes argentinas. Los destinos de nuestro pueblo parecieran así predestinados a cierta tragedia, que vendría siempre tras el paso de años de felicidad. La lucha de los pueblos según Marx, es un derrotero, una prosecución de derrotas que le van permitiendo acumular saber y experiencias para las nuevas luchas. Aprender de las derrotas es lo que hace que las luchas no sean en vano.

Buscar en la historia esos recortes de los hechos no tenidos demasiado en cuenta, puede abrir y ampliar la perspectiva de lo venidero. También entender mucho de lo acontecido recientemente.

Por razones principalmente de espacio y para hacer más cómoda la lectura se desarrollará lo concerniente a la culminación del período kirchnerista tras 12 años de gobierno, en una próxima entrega. 

Berisso, 14 de agosto de 2016

*Periodista


2016/08/08

Las incertidumbres del Presente

Tanto los columnistas de los medios concentrados como el gobierno nacional saben que no podrán prolongar por demasiado tiempo el uso de la criminalización del anterior gobierno ni seguir utilizando el pretexto de la “pesada herencia. En Argentina existe una tradición de luchas y movilizaciones extensa y la política que está llevando adelante el macrismo no tiene en cuenta esta herencia cultural.

Por Osvaldo Drozd*

Con respecto a la actual coyuntura política argentina, existen algunos supuestos dando vueltas pero no demasiadas certidumbres. Para todos aquellos que hayan vivido diferentes etapas de la realidad nacional, ésta es sin lugar a dudas una situación bastante extraña, mucho más de lo que se podría haber previsto algún tiempo atrás. La extrañeza no surge tanto de lo que hoy sucede, ni de cómo llegamos a esto, sino de lo imprevisible que resulta el porvenir. La pérdida de certezas afecta a todo el espectro político, aunque algunos no lo asuman. Cuando se lee a los diferentes columnistas de los principales medios hegemónicos es posible rastrear cierto desconcierto en cuanto a la perspectiva del actual gobierno. Saben que no podrán prolongar por demasiado tiempo el intento de criminalización del anterior gobierno, ni seguir anteponiendo como pretexto la “pesada herencia”. No hay políticas gubernamentales que seduzcan a los ciudadanos, y la repetición de eslóganes se puede convertir en un búmeran.

El gobierno en tanto, cuida todos los detalles. Incluso los más nimios. Parece esa persona coqueta que antes de salir no cesa de mirarse interminablemente en el espejo, para constatar con obsesión que no hay ningún detalle desalineado. Que en los últimos días, MarceloTinelli se haya convertido en la principal preocupación del gobierno muestra a las claras que hay algo que no funciona bien. Tampoco para la oposición. Un síntoma grave para esta última es que el conductor televisivo le haya arrebatado el protagonismo, cuando lo que está en juego es simplemente la imitación del presidente, no la agenda política de los años venideros. Casi como en un ritual cabalístico, el gobierno no quiere quedar asimilado a aquella figura del De la Rúa “aburrido”. El fantasma de la ausencia de gobernabilidad no deja de estar presente en eso. El problema es achacárselo a un programa televisivo antes que a las responsabilidades propias. No es la economía, no es la política, es el símil que aparece en un programa televisivo de diversión. Suponer que Tinelli fue el causante de las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001 resulta bastante aventurado, propio de gente que no lee adecuadamente la realidad. Y esa lectura improvisada es la que también hoy comienza a hacer crisis, no tanto en el gobierno, sino entre todos esos escribas de los grandes medios que  saben que una aventura de arrebato como la que viene llevando adelante el macrismo, podría llegar a terminar mal. Por eso molesta Tinelli y el recuerdo de De la Rúa. Pero las razones son mucho más profundas.

En un magistral artículo denominado Argentina después del golpe blando. La marcha apresurada del capitalismomafioso (http://beinstein.lahaine.org/b2-img/Beinstein_Argentina_abril_2016.pdf) de abril de este año, el economista Jorge Beinstein, sostiene que “Apenas llegó a la presidencia Macri lanzó a gran velocidad una andanada de decretos arbitrarios, desplegó de inmediato una ofensiva para asegurar el control derechista de los medios de comunicación, compró (o extorsionó) a dirigentes políticos y sindicales, redujo el poder adquisitivo de los salarios y las jubilaciones, lanzó una ola de despidos de empleados públicos, concretó enormes transferencias de ingresos hacia las elites dominantes, en suma: desplegó una blizkrieg destinada eludir las resistencias posibles antes de que estas se organicen” pero -sostiene Beinstein- el gobierno “no estaba en condiciones de imponer el gigantesco saqueo realizado mediante un sistema de negociaciones” y “el nivel de destrucción logrado en tan poco tiempo probablemente lo haya convencido de su éxito incitándolo a seguir avanzando”.  

En esta avalancha reaccionaria, según Beinstein, “Macri podría terminar descubriendo que la realidad social argentina es mucho más compleja que lo que su visión de mafioso detectaba, que la cultura popular existe y se reproduce (maltrecha, golpeada pero existe), que los salarios no son como él dijo una vez ‘un costo más’ que puede y debe ser comprimido al máximo como cualquier otro insumo sino el pago a seres humanos que piensan y se defienden, y finalmente que para un bandido no hay nada peor que otro bandido (los socios de hoy pueden ser los caníbales de mañana)”.

La cuestión denominada “ajuste” es compleja en su ejecución, aunque su fundamento sea de extrema simplicidad. Para los sectores dominantes - utilizando una metáfora-, se trata de enfrentar a un gigante poderoso al que hay que golpear permanentemente para quitarle fuerzas y absorberlas como propias. Hacerlo desfallecer. Existe el riesgo de que el gigante reaccione de una forma tal que interrumpa esa operación, como también que en su agonía muera, y se terminen las fuerzas a expropiar. Las políticas del ajuste desmedido se sostienen siempre en terapias intensivas. Toda esa escena metafórica depende de la resistencia real del gigante, de la experiencia acumulada. No todos los pueblos del mundo tienen el mismo aguante. Eso es lo que más preocupa hoy en los círculos dominantes, a pesar de no presentarse ninguna alternativa inmediata. En la Argentina, los diferentes sectores populares tienen ciertos hábitos y necesidades adquiridas que no son de un fácil deshacer, mucho menos de un plumazo. Louis Althusser en Ideología y Aparatos ideológicos de Estado, señalaba que la reproducción de la fuerza de trabajo no solamente está condicionada por el establecimiento de un salario mínimo garantizado “biológico” sino también por las necesidades de un mínimo histórico. Marx, citado por Althusser, señalaba que: “los obreros ingleses necesitan cerveza y los proletarios franceses, vino”. En toda formación social concreta las diferentes fracciones de clase tienen un cierto kit de necesidades adquiridas que cuando no les es posible satisfacer, generan el descontento. La demanda capitalista de consumo, en tal sentido, se vuelve un búmeran.

Si bien la denominada “clase media” –que en verdad es un conglomerado complejo de intereses- puede sentirse cercana ideológicamente al gobierno de Cambiemos -más por su emparentamiento a ciertas posturas culturales- es el sector menos organizado de la sociedad y el que más va a resistir que le toquen el bolsillo. Es el sector más reacio a la propaganda política, pero a su vez el que cuando cruza ese límite acepta mejor que nadie la disciplina orgánica de los partidos. Hoy es un cruce bastante restringido. El kirchnerismo logró en un momento gran adhesión de esos sectores, mientras que la izquierda siempre se nutrió de ellos.

2001 no se inició en diciembre. Hay que recordar que en las legislativas de ese año, realizadas en octubre, se impuso esa modalidad llamada por entonces “Voto Bronca”. Votar a ningún partido. El “Qué se vayan todos” estaba planteado, pero fue la clase media la que se iría a sumar en la protesta, a un movimiento piquetero de gran magnitud, que ya venía desarrollándose desde hacía poco menos de media década. Esa confluencia fue crucial.

En la Argentina, además del mencionado kit de necesidades adquiridas, existe una tradición de luchas y movilizaciones bastante extensa. Desde la Semana Trágica se sucedieron grandes movimientos populares. La existencia duradera del peronismo no es ajena a esa característica. Fueron los obreros movilizados el 17 de octubre del ’45 -irrumpiendo en Buenos Aires desde los suburbios-, los que le marcaron la cancha al General Perón, y le propusieron un camino a llevar adelante.

La política que está llevando adelante el macrismo no tiene en cuenta esta herencia cultural, que tal vez sí sea una “pesada herencia”.  La confección de una alternativa política no puede prescindir de ese lastre cultural.

Berisso, 28 de julio de 2016


2016/08/07

Ser Parte



Al que está arriba lo conocen todos. Él sólo conoce a unos pocos. A todos pareciera importar el hecho de haber quedado suscrito a  la mirada de los que están más  arriba, como si eso fuera un privilegio. O alguna vez sacarse una foto. Entre el arriba y el abajo hay un largo trecho donde se reproduce la misma lógica en infinidad de fuegos cruzados. Múltiples negociaciones para ser parte…

2016/07/24

Partir de lo pequeño para repolitizar lo social

Intendentes Jorge Ferraresi (Avellaneda)
y Mario Secco (Ensenada)
Profundizar el trabajo de base y darle contención a quienes no se sienten contenidos en una estructura orgánica, deben ser tareas prioritarias para repolitizar la sociedad. La resistencia a las políticas del macrismo no pide carnet de afiliación a ningún partido específico, y sin embargo requiere la necesidad de unificación. Las gestiones municipales acordes a los lineamientos progresistas pueden ser hoy un insumo de gran valor para el planteamiento de una alternativa política.

Por Osvaldo Drozd

El escenario político que viene resulta algo imprevisible, entendiendo que cuando hagamos alusión a lo político nos estemos refiriendo a lo estrictamente electoral, a lo estrictamente institucional. Las masivas protestas que se llevaron adelante contra el incremento de las tarifas de los servicios públicos, son un indicador que muestra que al gobierno de Cambiemos no le resultará nada fácil sostener el impulso ajustador que viene llevando adelante desde diciembre. Un cierto clima de descontento social comienza  a hacerse cada vez más perceptible, aunque no aparezcan conducciones reales -ya sean sindicales o políticas- que se pongan a la cabeza de dichos reclamos.

Una defensa en abstracto de la supuesta gobernabilidad no hace otra cosa que dar legitimidad a la correlación de fuerzas existentes. Hoy un rearme del peronismo para la competición electoral, no significa necesariamente poner los intereses de los sectores populares en lo más alto de la agenda política. Podría en todo caso hasta servir para darle continuidad a lo que hoy acontece. Esto no es, sin dudas, lo que está en la cabeza de miles de militantes que apoyaron por 12 años a los gobiernos kirchneristas. La gran tarea del establishment hoy es deskirchnerizar al peronismo, quitándole cualquier épica libertaria y acondicionarlo al partidismo propio de un republicanismo abstracto, que no es otra cosa que el vaciamiento de los partidos políticos para que funcionen como agenciamientos gerenciales. La idea de la alternancia en las democracias realmente existentes no es más que mantener una cierta distancia entre la sociedad civil y la política, intentando que la primera no se inmiscuya en la segunda. Ya ni siquiera se trata de la diferencia entre partidos de masas y de cuadros, el republicanismo propugnado por el establishment  necesita partidos de técnicos y burócratas que se amolden a los principales lobbies y que conviertan a la política en un área cada vez más restringida. En una nota anterior publicada en La Tecl@ Eñe, “La política ejercida desde el mainstream”, quien escribe planteaba la dificultad que tienen los sectores populares para acceder a la esfera de la sociedad política. Dificultades de financiamiento, de la escasa posibilidad de acceder a los grandes medios y por ende ser condenados al desconocimiento. Si bien podría leerse cierto escepticismo en esas argumentaciones, habría que esbozar lo posible y necesario en un escenario adverso.  Ningún planteo en tal sentido resultaría válido si se prescindiera de profundizar el trabajo de base y el de consolidar amplias coordinaciones con los sectores que resisten a las políticas del macrismo. Esto conlleva plasmarlo territorialmente.

A modo de ejemplo

Cuando en octubre de 2013, el presidente de Bolivia Evo Morales lanzó -con un año de anticipación- la campaña electoral para las presidenciales de 2014, les pidió a sus seguidores que el triunfo debía ser por el 74% de los sufragios. En el plenario ampliado nacional realizado en Cochabamba, Evo expresó en ese momento que esa cifra implicaba aumentar en un 10% los resultados anteriores, desde su primer triunfo electoral en 2005. Este último había sido por el 54%, mientras que en 2009 fue por el 64%. Cualquier observador desprevenido podría interpretar dicho pedido como un mero resultadismo estadístico o electoralero, pero que en verdad implicaba un gran desafío en la profundización de un proyecto político que debía enraizarse mucho más en el seno de la sociedad, para cristalizar nuevas relaciones de fuerza.
No siempre los porcentajes electorales se corresponden con la acumulación de fuerzas que un proyecto puede contar a nivel social. Construir hegemonía implica de alguna forma hacer compatible ambas acumulaciones, y esto sólo es factible cuando el apoyo puede contabilizarse en la base misma de la sociedad. Porque sólo en la base es comprobable esa “adhesión orgánica entre gobernantes y gobernados, entre dirigentes y dirigidos” que al decir de Gramsci, promueve esa vida de conjunto que constituirá el “bloque histórico” (1). En tal sentido, Evo Morales cuando les proponía ese incremento del 10% a sus partidarios, les sugería a los alcaldes y cuadros locales del Mas-Ipsp de toda Bolivia, que debían ser precisamente ellos quienes debían lograr los sufragios necesarios para que esa cifra sea alcanzada. Sólo en el contacto directo con los ciudadanos y en los resultados concretos y tangibles de las gestiones locales, es posible unir los logros del gobierno central con las particularidades que hacen a la cotidianeidad, y profundizar así la acumulación política. Los locales no debían esperar una marea de votos que desde arriba hacia abajo les traccionara la buena imagen presidencial.

Adhesión parcial

En la Argentina, el peronismo mantuvo por décadas una acumulación histórica en el seno de los sectores populares, que comenzó a resquebrajarse durante el menemato y que nunca volvió a tener la misma densidad, y no porque esa base fuera arrebatada por otra fuerza sino por un creciente nivel de descreimiento e indiferencia hacia las estructuras políticas. La fuerza sindical comenzó a perder peso en los ’90 por el crecimiento del desempleo e incluso se produjo el nacimiento de una nueva central, la CTA que si bien en sus principios fundacionales proponía impulsar la conformación de una herramienta política de trabajadores, esta tarea nunca la llevó adelante. El desempleo fragmentó y debilitó a la columna vertebral histórica del peronismo, y su pata territorial, fundamentalmente en el conurbano bonaerense, se transformó en un aparato punteril y clientelar. Esta configuración fue seriamente alterada cuando irrumpieran en las barriadas populares los diferentes movimientos piqueteros. Si bien estos últimos mantuvieron un cierto componente asistencialista, al menos desmantelaban y les disputaban la base a las formas burocráticas y verticalistas que contaban las diferentes formaciones políticas institucionales. No era de extrañar que los tradicionales punteros del Pj en esos momentos, se quejaran de que sus conducciones no les dieran demasiadas cosas para contener a sus bases, y que éstas se fueran con los piqueteros. Pero estos movimientos nunca pudieron sobrepasar el nivel corporativo y reivindicativo, tanto por sostener posiciones extremadamente basistas o estar regidas por alguna orgánica de la izquierda. A diferencia del peronismo precedente, el kirchnerismo a partir de 2003, logró sumar a un espectro nada despreciable de todos esos movimientos. Pero  éstos ya no tuvieron el protagonismo que los había caracterizado antes de 2003, y en muchos casos quedaron subordinados en su labor política a intendentes que, a pesar del cambio de época, seguían una cultura política de la vieja usanza. Esto significa eliminar o neutralizar cualquier cosa que pueda hacerles sombra y seguir sosteniendo sus propios privilegios. Los movimientos sociales pagaron así su inexperiencia política en el plano institucional.

Si el kirchnerismo, al decir de Julio Godio, implicaba una “Revolución desde arriba”, habría que convenir que ese trazo grueso de la política, no se correspondía automáticamente con los trazos finos que necesariamente debieran tener los gobiernos provinciales y municipales para que se produzca  esa “adhesión orgánica” que suelde la diferencia entre representantes y representados, y pueda subir un escalón más en la construcción del bloque histórico. Las honrosas excepciones siempre existen y habría que subrayarlas porque pueden ser ejemplos para las construcciones venideras. Por proximidad geográfica, quien escribe nunca deja de resaltar la excelente gestión municipal del intendente de Ensenada, Mario Secco (FpV), una gestión realmente alternativa llevada adelante desde 2003 a la fecha y que logró modernizar una ciudad devastada por el impacto de la desindustrialización neoliberal. De todas formas las gestiones municipales acordes a los lineamientos progresistas podrían ser contadas con los dedos de las manos, aunque esas experiencias pueden ser hoy un insumo de gran valor para el planteamiento de una alternativa política.

Si bien es posible demandarles a los gobernantes locales que hagan bien las cosas, como lo hiciera Evo en 2013, estas son cuestiones que no se resuelven solamente desde arriba hacia abajo, sino que necesitan simultáneamente del crecimiento subjetivo de la organización popular en la base misma, para fortalecer en un proceso dialéctico, al conjunto de la sociedad.

El problema es que cuando ya nada queda arriba, no queda otra que comenzar de abajo.

Algún tiempo atrás, se pensaba que si el kirchnerismo alguna vez llegara a ser oposición, la gobernabilidad de una fuerza de otro signo, sería muy difícil de sostener porque al previsible ajuste, la organización acumulada no lo dejaría pasar. Esa profecía -a casi 8 meses de gobierno macrista-, aún no se produjo. Muchos de los dirigentes supuestamente alineados al anterior gobierno, acordaron con el nuevo. El kirchnerismo sólo podía ser derrotado en las urnas, con la condición previa de encontrarse fragmentado; mientras que la gobernabilidad de otra fuerza política podía estar mínimamente garantizada sólo si esa fragmentación tuviera continuidad. Lo novedoso del kirchnerismo, principalmente después del conflicto con el “campo”, fue concitar la adhesión de vastos sectores de la clase media no contenidos en ninguna orgánica. Este fenómeno se puso expresamente de manifiesto con las autoconvocatorias a las plazas y espacios públicos durante los primeros meses del gobierno macrista. Estos sectores, más allá de algunas excepciones muy puntuales, no se reconocían ni en los intendentes de sus distritos, ni tampoco en los gobernadores. Esa base sólo se reconocía en su líder. Es por esta misma razón que a los dirigentes del Pj que piensan en subsistir sin ese liderazgo, esas bases no les interesan, pues también saben que de ahí mismo podrían llegar muchos cuestionamientos. Además saben que si no existe una organización que los nuclee eso se desbanda. De hecho está sucediendo. Las organizaciones políticas de raigambre estrictamente kirchnerista no pudieron suplir esas carencias de dirección, como tampoco lograron gran incidencia en los distritos bonaerenses. El peligro es que toda esa masa crítica termine apoyando a algún referente que, supuestamente alineado al anterior gobierno, o embanderado al peronismo, no haga otra cosa que venir a darle continuidad a lo iniciado por Macri.

Profundizar el trabajo de base y darle contención a todos esos “sueltos” que nunca encontraron una orgánica en la cual poder mostrar su potencial militante, debieran ser tareas prioritarias. La resistencia a las políticas del macrismo no pide carnet de afiliación a ningún partido específico, y sin embargo requieren la necesidad de unificación. En el seno del campo popular nunca existen conducciones preestablecidas, se logran poniéndolas a consideración de los que se pretende representar, a riesgo de quedar en minoría. Plantear herramientas políticas que sean capaces de acumular fuerzas desde la base misma, y que no queden ocultas en un basismo extremo o en labores estrictamente sindicales, requieren que lo acumulado se ponga a prueba en contiendas electorales, que hoy ante el repliegue político, no tienen otro sitio más propicio que los municipios. Ahí es donde también es posible que confluyan diferentes orgánicas de la izquierda social. No se pone en duda la necesidad de plantear y poner en juego una política central, pero sí la necesidad de abordar desde las particularidades mismas, esos núcleos estructurantes que son propios de lo general. La política es una herramienta para cambiar la vida colectiva, no en abstracto; tiene que ser perceptible en la cotidianeidad misma. No hay otra forma de repolitizar lo social. Porque desde lo más profundo de lo social también se percibe que a esos lugares la política pareciera no llegar. 

Nota:
Véase Antonio Gramsci (1931) Pasaje del saber al comprender, al sentir y viceversa, del sentir al comprender, al saber. 

Berisso, 17 de julio de 2016.



2016/07/11

La política ejercida desde el mainstream- Una pequeña aproximación


Que la derecha esté hoy en el gobierno, no debería asombrar, ni tampoco que la fuerza gobernante, ni siquiera se caratule a sí misma como derecha. Hoy asistimos a una realidad desideologizada en tanto se entienda a la ideología como complemento narrativo de la política. Pero esa realidad también es ideología, es más, es el resultado de una concepción ideológico política que intenta alcanzar hegemonía. Vayamos por parte.
Definía Juan Carlos Portantiero en un artículo denominado “Clases dominantes y crisis política actual” (1973) la diferencia conceptual entre “predominio” y “hegemonía”. La primera alude en una formación social dada a las fracciones de clase que tienen la supremacía sobre los resortes de la economía que rigen a dicha sociedad. Por lo tanto, el predominio alude indefectiblemente al poder económico. La hegemonía en cambio es el resultado de un proceso político. Es la manera en que un determinado grupo social, logra imponer su propia perspectiva al conjunto, y no por la fuerza sino porque desde su propia condición es capaz de dar respuestas efectivas a las demandas de los demás sectores de la sociedad. En un texto brillante como es “Las elecciones a la Asamblea Constituyente y la Dictadura del Proletariado” (1919) Lenin daba muestras y pistas acabadas de cómo construir hegemonía. De tal manera señalaba cómo hizo el proletariado para ganarse inmediatamente a los campesinos. Era de vital importancia quitarle a la burguesía la adhesión de ese sector. Para eso debía  ganarlos –señalaba Lenin- con un “decreto sobre la tierra”, con el cual en pocas horas toda esa masa rural se pasaría a las filas de la revolución. Señalaba que “los bolcheviques victoriosos no pusieron ni una palabra suya en ese ‘decreto sobre la tierra’, sino que lo copiaron palabra por palabra de los mandatos campesinos” aclarando sí que “de los más revolucionarios, por supuesto”.

Lo importante que señalara Portantiero en dicho artículo, era que toda política orgánica de poder siempre tiende a hacer compatible la hegemonía política con el predominio económico. En la Argentina de esos años, la dictadura que estableciera Onganía en el ’66 tenía como objetivo hacer que el predominio del capital monopolista, alcance una hegemonía acorde. En base a esa premisa, vale decir que el actual gobierno de Cambiemos, no es más que la llegada a la Rosada de los sectores que en la economía del país, vienen siendo predominantes desde hace varias décadas. Nunca antes un gobierno que dice representar la novedad, se encontró tan emparentado con la pata cívica de la última dictadura (1976-83). El actual presidente argentino lleva en su apellido uno de los principales significantes  de los principales beneficiarios privados de la estatización de la deuda externa, realizada en 1982 por el entonces presidente del Banco Central, Domingo Cavallo. Esa acción de la dictadura cívico- militar (1976-83) benefició ostensiblemente a todo una fracción del empresariado argentino, transfiriendo así sus propias deudas a  la esfera del Estado. Además del grupo Socma de la familia Macri, fueron beneficiados también Celulosa Argentina, Acindar, Bridas, Alpargatas, Siderca, Sevel, Pérez Companc, Fortabat, Bulgheroni, Autopistas Argentinas, Mercedes Benz entre algunos más. Todo este sector minoritario de la sociedad argentina sumado a las principales empresas de exportación, de servicios financieros y de medios; constituyen el núcleo más poderoso y concentrado de la economía argentina. Una formación social caracterizada por la dependencia, hace que todo ese sector esté indefectiblemente enlazado a sociedades monopólicas internacionales. El predominio de ellos, nunca pudo ser alterado. Pero nunca antes había llegado al gobierno nacional de forma democrática una organización política que los presente sin mediaciones. Los socios civiles de la última dictadura, tardaron muchos años en lograr su pureza programática sin mezclarse con fuerzas heterónomas.

La pregunta que surge es cómo hicieron para ser considerados electoralmente por una porción bastante significativa de la sociedad argentina como una alternativa. Si bien el macrismo logró ganar sólo por poco más de 2 puntos porcentuales en segunda vuelta, mientras que en la primera había obtenido poco más del 34 %, es decir que aunque no haya ganado por paliza, puede afirmarse que ello obedece a una tendencia social que se fue profundizando en el sentido común, durante los últimos años. 

Las ideologías sólo existen a condición de ocultar su existencia. Los discursos ideológicos siempre se presentan como realidad, y ahí radican sus eficacias. Para entender un poco qué ha sucedido con el universo de la política, en las últimas décadas, principalmente desde el advenimiento del neoliberalismo, hay que ver qué operaciones ideológicas se fueron realizando. Cuando Marx pensaba la totalidad social como un edificio, en el segundo piso ubicaba a la uberbau, la superestructura en la cual ubicaba a su vez dos niveles diferenciados: la superestructura jurídico- política por un lado y la ideología propiamente dicha por el otro. Es en esta última donde se desarrollan las diferentes concepciones que rigen y organizan la vida cotidiana. Los tradicionales aparatos ideológicos de Estado (Iglesia y Escuela) descritos por  Althusser fueron perdiendo eficacia y en su lugar se fue desarrollando algo nuevo, que rompió o intenta romper la solidaridad entre los dos niveles de la superestructura. Lo nuevo intenta escindir mucho más lo jurídico- político de las concepciones de la vida cotidiana, porque de hecho esa escisión es constitutiva. Lo político siempre fue un aspecto escindido de lo social. Lo nuevo se propuso deslegitimar lo político en el seno de la sociedad. Tiene razón la psicoanalista brasileña Suely Rolnik cuando en una entrevista realizada por el Colectivo Situaciones expresara que el mito del sistema actual consiste en una promesa imposible de paraíso, que se convierte así en una enfermedad, y que explica incluso la delincuencia. En esa entrevista ella señalaba que “Mauricio Lazzaratto plantea muy bien en su libro Políticas del Acontecimiento (Tinta Limón Ediciones, Buenos Aires, 2006) la idea de que el capital financiero no fabrica mercancías como lo hace el capital industrial, sino que fabrica mundos. ¿Qué mundos son esos? Mundos de signos a través de la publicidad y la cultura de masas” por lo que “Hoy se sabe que más de la mitad de los beneficios de las trasnacionales se dedican a la publicidad, actividad que es anterior a la fabricación de productos y mercancías. En las campañas publicitarias se crean imágenes de mundos con las que el consumidor se va a identificar y luego va a desear”.

La maquinaria de donde emerge la oferta realizada por el marketing y la publicidad es quien tal vez se haya constituido hoy como el principal aparato ideológico, y el mainstream en la ideología dominante. Esto es lo que viene a interponerse entre los ciudadanos y sus representantes. La política en sentido tradicional de esta forma cae bajo toda una telaraña que la transforma en contracultural de baja estofa. Por eso lo “correcto” será desde ese ideario, plantear la política sólo desde el mainstream. Lo otro pasa a convertirse en perimido, ya en desuso, desactualizado, o en el peor de los casos criminalizado como se hace con los temas de corrupción. La “nueva política” ya no interpela a los ciudadanos como tales, los interpela como consumidores, como los receptores de una oferta que promete mercancías intangibles, que serán el resultado de una gestión exitosa.  Los logros van a depender exclusivamente de la “confianza” y el “esfuerzo” de los receptores del mensaje, mientras que los vendedores ya no podrán ofrecer ninguna garantía de lo ofrecido.
El viejo sistema de la política, las formas de desarrollarla, de financiarla, de conseguir una personería, no cambia a pesar del descrédito, porque para que la “nueva política” funcione lo viejo debe permanecer intacto.  Las burocracias políticas necesitan de fuertes aportes monetarios, y eso no pude tocarse. Lo que no se puede permitir es que el sistema político sea accesible a los sectores populares, y que desde ahí se conformen nuevas organizaciones. La falta de legitimidad de la política por parte de la ciudadanía, también se sostiene en esa imposibilidad. Incontables veces, el kirchnerismo se preció de haber repolitizado a un gran porcentaje de la población, especialmente a los jóvenes. Lo que no pudo tocar fue al régimen político existente, y su peor derrota no fue perder con Mauricio Macri en las elecciones del año pasado. La peor derrota fue tener que llevar como candidato presidencial a una figura del mainstream.

Aunque nadie lo diga, hay que admitir que el desprestigio de la política existe también dentro de las mismas organizaciones y movimientos, principalmente entre las bases provenientes de los sectores más humildes. Las promesas son para los que participan, no para los que se quedan en sus casas. Dentro del peronismo existe una masa nada desdeñable de militantes y activistas sociales, con ciertas capacidades, pero que saben que para hacer política es necesario que alguien ponga la plata. La subordinación se torna indefectible. Los que ponen la plata lo saben y hacen usufructo de ello. La paradoja es que los vecinos del militante de base también lo saben, pero se niegan a participar aunque algunos créditos le den a quien conocen desde siempre. Pero la legitimidad así quedará carcomida.
Por eso no hay que echarle la culpa a la gente, como hacen los más conscientes. Dentro de este encuadre es muy difícil cambiar las cosas y siempre se termina jugando para vaya a saber quiénes. El mensaje de los medios hegemónicos es precisamente ése. “Ellos se enriquecen y ustedes siguen ahí”. El macrismo esto lo llevó a sus límites amparándose en que ellos no vienen a robar porque ya tienen mucho dinero. Aunque convengamos que lo que el vecino de a pie, mide no es lo que se pueden haber llevado Báez o López, sino lo que pueden constatar porque lo tienen en su cercanía. Por eso una alternativa política que no construya fuertes lazos en la cotidianeidad de sus municipios, por ejemplo, tiende a disociarse.

Entonces, entre medio de los ciudadanos y el régimen político se encuentra ubicada una ideología que tiende a disociarlos cada vez más; y que intenta subsanarse con el marketing y con el intento de ocultar sus verdaderos propósitos. Construir una alternativa política que privilegie los derechos de los sectores populares, en estas condiciones pareciera partir más de la buena voluntad de alguien preocupado por ellos, que de la iniciativa misma de esos sectores. Lo que no se puede obviar en esta coyuntura es el hecho de que se está produciendo un empeoramiento progresivo del conjunto social, y que la paciencia del pueblo argentino no es igual a la que tienen otros pueblos. Hay una tradición de rebeldías muy marcada, que puede rastrearse desde la Semana Trágica hasta la actualidad, y que no es comparable a otros lugares del mundo. En esto no influye el mainstream, porque es justo ahí en donde la representación cae.  Como reza el subtítulo de la nota esta es nada más que una pequeña aproximación.

Berisso- 29 de junio de 2016



2016/07/08

Los mejores días...


“Los mejores días fueron y son peronistas” Como berissense e hijo de esa raigambre de eso no me caben las menores dudas, pero también sé que los “peores días” también son de ese palo. Los que transcurrieron durante el gobierno del innombrable o los previos al golpe del ’76. También aquellos que por no haber hecho lo que corresponde habilitaron lo peor. Los que le siguieron a septiembre del ’55, a marzo del ’76 o los de hoy. La única esperanza que me cabe es que el futuro de ese enunciado: “los mejores días” alguna vez vuelva a existir, y tenga el color político que el pueblo les quiera poner…

¿Poder?

La parte más formal de la superestructura descrita por Marx, es sin dudas la que comprende la formación jurídico- política, es la que hace a la forma en que una parte de la sociedad gobierna al conjunto. Que gobernar sea “una tarea imposible” como diría Freud no significa que no se lo intente. En ese intento se muestra la forma más descarnada de la belicosidad y agresividad de los que a toda costa intentan dominar para su propio beneficio al conjunto de cualquier formación social. El poder de tal forma no es algo que emerja como resultado de vaya a saber qué oscura condición humana. El poder existe para la dominación concreta. Hoy ante mucha lectura foucaultiana, o nietzscheana, en el seno de los movimientos populares, habría que señalar que el poder no puede ser una institución metafísica, porque su propia función es tremendamente material, y acorde a la producción y reproducción de determinados  estándares de la vida social. Jean Baudrillard discrepaba con Foucault en cuanto a cómo interpretar la visión del poder en Nietzsche. El poder en verdad es una perspectiva, es un simulacro que deviene de la seducción ineludible que produce el hecho de que el poder desafíe a la muerte. El poder así es nada –obviamente que no lo es-, y eso hace que valga quien puede proponer una opción para enfrentarlo a sabiendas de que detrás no hay omnipotencia. Marx descubrió en la formación social capitalista, que a pesar del poder reinante había un sujeto potencialmente superior, el proletariado, que podía tomar las riendas de la sociedad y llevarla a un destino de excelencia. Es conocida la frase de Mao cuando aseveraba que los imperialistas eran tigres de papel.  Ni Marx ni Mao lo dijeron pensando que ello no era verdad, o en todo caso como un discurso para hacer ganar confianza, lo dijeron porque vieron en las fuerzas en las que apoyaban sus tesis que derrotar a los poderosos era posible. Por eso el poder puede ser permeable. 

2016/06/19

Debate Frente Ciudadano- El retorno a la base

(Para LaTecl@ Eñe)

El intenso debate que se viene dando en La Tecl@ Eñe en referencia a la propuesta de Frente Ciudadano, si bien surge a partir de los dichos de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, tiene como causa principal la actual orfandad para los sectores populares de una fuerza política que pueda enfrentar al macrismo y sus políticas antipopulares, no sólo en la resistencia, sino que a su vez sea una alternativa posible para las contiendas electorales venideras. Este es un problema que viene de larga data en la Argentina, y que si bien para muchos con la consolidación del kirchnerismo en el gobierno había sido resuelto, hoy se demuestra lo contrario. Lejos de intentar dar respuestas que cierren el debate, hoy es tiempo de problematizarlo. Lo que sigue son algunas pistas para ello.

En abril de 2006, en una nota que llevaba el título Acerca del nuevo partido político de Kirchner, el ya fallecido sociólogo Julio Godio aseguraba que para el ex presidente “la institucionalidad se fortalecería con la creación de dos coaliciones políticas”, una de centroizquierda y otra de centroderecha. Según Godio, el por entonces mandatario argentino tenía “una idea sumamente precisa acerca del futuro de los partidos políticos argentinos” ya que si se tenía en cuenta que “el viejo Partido Justicialista (PJ) ha dejado hace muchos años de funcionar como una sola organización partidaria (a lo sumo ahora es una inestable ‘confederación’ de tendencias)” y “que la Unión Cívica Radical (UCR) se ha dividido y está en proceso de descomposición”, era necesario crear a futuro “un escenario con dos grandes coaliciones político-partidarias. Una coalición sería de centro-izquierda, liderada por el kirchnerismo” mientras que “la otra coalición agruparía a los partidos de centro-derecha. Existirían partidos ‘bisagra’ menores entre ambas coaliciones”.

Según Godio, el razonamiento de Kirchner se apoyaba en una comprensión bastante precisa de lo que había acontecido en diciembre de 2001. El país en esa fecha había tocado fondo. “Se derrumbó, con la crisis, el modelo conservador neoliberal aplicado por el menemismo. La caída de ese modelo arrastró consigo a dos instituciones que habían sido incapaces de frenar al menemismo, o por lo menos moderarlo; esto es, los poderes Legislativo y Judicial”, escribía Godio en 2006, agregando que “… Esto llevó al descrédito de los grandes partidos que habían compartido la gestión pública entre 1983 y 2001: la UCR y el PJ. Pero de esa crisis de representación partidaria tampoco pudieron aprovecharse fuerzas políticas menores, como el ARI y el Partido Socialista (PS); menos aún los pequeños partidos marxistas (PC, PCR, PO y otros)”. Según este mismo autor, ya en artículos posteriores, explicaba que lo que acontecía en la Argentina desde 2003 en adelante era un proceso de “revolución desde arriba” que en algún momento debía extenderse en la base de la sociedad, conllevando la necesidad implícita de construir una fuerza social y política que tuerza las relaciones de fuerza a favor de los sectores populares. En 2006 esta preocupación aún no existía, al menos explícitamente; sólo la necesidad de una fuerza que por entonces no se diferenciaba demasiado de las posiciones socialdemócratas. El conflicto con las patronales del campo, y la creciente integración continental, son algunos de los principales ítems que hicieron que el kirchnerismo se fuera radicalizando. Si la fuerza gobernante en tiempos de la 125 tuvo una deserción importante de sectores del peronismo más tradicional, se puede afirmar que fue a partir de ese momento que acumuló una masa nada desdeñable de sectores ubicados a la izquierda, y que con el debate por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual de por medio, llegó a 2011 con una fuerza inusitada. Incluso se hablaba de una reforma de la Constitución que le dé forma institucional a los cambios que se venían produciendo, poniendo al país a tono con los gobiernos bolivarianos.

Desde el conflicto con el “campo” (2008), pasando por las legislativas de 2009, los festejos del Bicentenario y el fallecimiento de Néstor Kirchner en 2010, hasta las presidenciales de 2011 se puede observar -en todo ese lapso- una de las coyunturas más dinámicas de la política argentina de las últimas décadas. Tal vez muchas de las inquietudes que hoy intentamos dilucidar estén presentes en ese tiempo. Pero, para problematizar esas inquietudes –piensa quien escribe- es necesario yuxtaponer al período señalado, el que va de diciembre de 2001 hasta marzo de 2003, con la Masacre del Puente Pueyrredón (junio de 2002) como bisagra.

En ambos se expresaron muy nítidamente todas las tensiones sociales de la sociedad argentina.  Son momentos en los que es posible torcer la inercia estructural, y en donde los sectores más retardatarios de la sociedad intentan recomponer una situación anterior. Son momentos en los que emerge lo nuevo. Fue la coyuntura 2008-11 la que radicalizó al kirchnerismo dejando atrás posiciones como la expresada por Godio en 2006. También los sectores más tenues del kirchnerismo intentaron reacomodarse e impedir una profundización.

Fue el tiempo en el que se comenzó a hablar de poskirchnerismo, a saber, alcanzaba con lo hecho y ahora había que poner freno sin perder muchos de los logros alcanzados. Como si la grieta de 2001 se hubiera cerrado. La oposición que en 2009 había triunfado en las elecciones de medio término se envalentonaba con los aires rebeldes de los campestres, haciendo surgir el denominado Grupo A, que decayó y se fragmentó a partir de la iniciativa siempre presente del kirchnerismo, que lejos de consolidarse como una fuerza avanzaba como un barco en el que navegan diversos estandartes.

No está mal que una fuerza sea heterogénea, es tal vez una necesidad propia de la sociedad argentina, pero lo que no puede descuidarse es algo que en referencia al movimiento peronista alertaba Gustavo Rearte en 1970. En Violencia y tarea principal, un artículo de imprescindible lectura para entender algo de lo sucedido en los ’70, el legendario dirigente del peronismo revolucionario, sostenía que “La tarea principal es dar respuestas adecuadas a esta maniobra (la de la dictadura), y para ello el esfuerzo fundamental debe orientarse en la búsqueda de una política que una al peronismo revolucionario mediante métodos organizativos que permitan estrechar sólidos vínculos con la base, aislando de ella a la dictadura y a los traidores del movimiento, condicionando, con el fortalecimiento de la organización revolucionaria y su crecimiento interno, nuevas y más claras perspectivas. Para alcanzar este objetivo es suficiente y necesario lograr la hegemonía concreta, y ello no depende del número sino de la orientación política y de la actividad revolucionaria efectiva”.

Si bien la coyuntura de los setenta es diferente a la de 2008-11, hay elementos recurrentes que es necesario contemplar: la necesidad de la hegemonía, el aislar a los sectores más retrógrados y el estrechar sólidos vínculos con la base. Esta tarea lleva anudada la necesidad de una fuerza enraizada en las masas, y por qué no decirlo, la exigencia y el prerrequisito de la presencia del intelectual orgánico del que hablara Antonio Gramsci.

Hay que decirlo, la izquierda argentina tiene cierta miopía en relación al abordaje del peronismo, pero también desde este último siempre hubo un grado importante de macartismo, incluso en sectores del peronismo de izquierda. En los ’70 esto se debatía, en la coyuntura reciente el debate estaba presente en la práctica sin poder presentificarse. Quien escribe está convencido de que toda una veta del marxismo revolucionario, a partir de los 80, quedó sepultada por tendencias socialdemócratas de izquierda, que condenaron enfáticamente a toda la tradición revolucionaria de los ’60 y ’70. En esa bolsa cayeron Mao, Mandel, Althusser y toda la tradición que reivindicaba la vía revolucionaria, incluida la izquierda del peronismo. Todo lo que no pegaba con el liberalismo de izquierda fue catalogado de estalinismo. Este desarme teórico es una de las causas de la invisibilidad de ciertos debates. Esta presunción sobre la intervención activa del liberalismo sobre el materialismo histórico y dialéctico, para distorsionarlo, es una tarea de deconstrucción que debiera hacerse.

Volviendo a la coyuntura señalada 2008-11, la presencia fragmentaria de la oposición no permitía advertir el surgimiento de una fuerza centroderechista que por andarivel propio pudiera vencer al por entonces gobernante Frente para la Victoria. Todo indicaba que si hubiera un viraje hacia la derecha, eso iba a surgir de las mismas entrañas del oficialismo. Los últimos 4 años del kirchnerismo estuvieron signados por la caída del precio de los commodities que llevaron a que el modelo redistributivo tuviera un fuerte impacto, y que a pesar de la recuperación parcial de YPF, la iniciativa de los años precedentes ya no fuera igual. El intento de construir Unidos y Organizados como una fuerza que vaya más allá de los límites del pejotismo, llevó el mismo destino que la ya descartada reforma de la Constitución. En ese escenario político emigraría Sergio Massa y Daniel Scioli pasaría a ocupar un lugar relevante. En las legislativas de 2013 se impondría el recién conformado Frente Renovador, mientras que Scioli se pondría la campaña al hombro con la candidatura de Martín Insaurralde.

Cuando en 2013, el presidente de Ecuador Rafael Correa propuso el cambio de la matriz productiva de su país, condenó enfáticamente el lugar asignado al continente en “la injusta división internacional del trabajo”. Latinoamérica en el concierto internacional debe siempre ser un gran reservorio de materias primas. Llevar adelante un proceso de industrialización es contranatura, es desafiar a la ley del desarrollo desigual y combinado del capitalismo mundial.
El “regreso al Mundo” del que tanto hablaron los opositores al kirchnerismo, y del que hace alarde hoy el macrismo, no es más que aceptar “la injusta división internacional del trabajo” sin chistar. Es convalidar sin tapujos la estructura del capitalismo dependiente, manteniendo todos los rasgos principales del atraso relativo. Eso es lo que viene llevando adelante el macrismo en el gobierno.

Hoy una alternativa política al retorno del neoliberalismo, conlleva pensar cómo en una coyuntura económica ya no signada por el boom de los commodities, puede ser posible proponer medidas progresivas a favor de los que menos tienen. Hoy una “revolución desde arriba” ya resulta inviable. Los privilegios de una militancia forjada en ese paradigma también se acabaron. Quien escribe no es tan optimista en relación a la conformación de una alternativa política en lo inmediato, aunque es muy probable que asistamos a tiempos de marcada conflictividad e insurgencia social. Son tiempos de rearme teórico, pero fundamentalmente de “estrechar sólidos vínculos con la base”.

Berisso, 13 de junio de 2016


2016/06/13

¿Loco homofóbico o terrorista?

Si un loco agarra un auto, pisa el acelerador y atropella a unos cuantos, todos vamos a decir: qué sociedad enferma; pero si después te dicen que fue un acto terrorista la cosa cambia considerablemente. Ya no es un peligro latente en la sociedad, ésta se sana inmediatamente, ahora es un peligro externo muy premeditado y estudiado. Ya no es un loco suelto, es un terrorista orgánico. Ya no es negligencia social, es negligencia política y de la seguridad. Resulta bastante compleja la cosa.

Lo que es increíble es el cambio de significación que produce decir que fue Isis. Pasan de ser una sociedad enferma a ser una sana en la que la culpa es de un enemigo externo, la politizan y si bien les sirve para recrudecer su lucha contra el terrorismo pasa de ser un hecho de muy difícil detección a una negligencia de sus seguridad. Lo que sorprende es la rapidez con la que cambiaron la carátula

2016/06/12

El frente ciudadano y los riesgos de la abstracción


El pasado 13 de abril, la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner -en ocasión de la citación judicial que le  hiciera el juez federal Claudio Bonadío- brindó su primer discurso público, tras haber concluido en diciembre de 2015 su mandato presidencial. Una inmensa masa de seguidores aguardaban por sus palabras, mucho más teniendo en cuenta que las políticas que fue llevando a cabo el presidente Mauricio Macri en escaso tiempo fueron carcomiendo muchas de las políticas inclusivas que el kirchnerismo desarrolló durante 12 años. Las principales expectativas de los que acudieron a la cita, pasaban por saber qué indicaciones daría la ex mandataria a los diferentes interrogantes que se plantean hoy los militantes, en una situación que resulta crítica y compleja. Cuál es el quehacer hoy. Fue allí donde la indiscutida líder de la fuerza que sostuvo al gobierno saliente, planteó la necesidad de conformar un Frente Ciudadano.  Decir indiscutida líder pondría entre signos de interrogación algunas apreciaciones como las que señalan que el gobierno que concluyó en diciembre fue del peronismo. Suponer eso, invitaría a que dirigentes de ese signo, aunque diferenciados de Cristina, reclamen hoy el liderazgo de dicho movimiento culpándola por la derrota electoral.  Si se tratara de una fuerza ya existente, no habría necesidad de construir una nueva, a menos que se suponga que la anterior -como estructura-, es la causa principal del retroceso.

La propuesta de conformar un frente ciudadano interpela de una u otra forma a todos aquellos que desde hace varias décadas venimos sosteniendo la necesidad de una fuerza  política alternativa de masas. Cuando se señala que “de una u otra forma” es porque notas como las de Eduardo Grüner (“Contrapropuesta: Por un Frente No-Ciudadano”) o de Daniel Cecchini  (“El dilema del Frente: Entre el aparataje y la construcción de sujetos políticos”) publicadas por La Tecl@ Eñe, son expresión de los diferentes matices en juego. De igual forma, la convocatoria que están realizando para el 4 de junio en Plaza Houssay diferentes intelectuales como también los intentos incipientes que vienen llevando adelante el intendente de Avellaneda Jorge Ferraresi, el ex jefe de gobierno porteño Aníbal Ibarra y el sindicalista y diputado Edgardo De Petris. 
La preocupación por la construcción de una fuerza alternativa -desde los años ’70- resulta una problemática que incluye a diferentes izquierdas al igual que a amplios sectores del peronismo.  Con el afianzamiento del kirchnerismo, parecía -para algunos- que esa ecuación estaba cerrada, pero eso no fue así. Por esta misma razón la propuesta de frente ciudadano hoy reactualiza infinidad de debates anteriores, no solamente para aquellos que se proponen construirlo, sino también para otros sectores del campo popular y la izquierda, que son receptivos a debatir y/o cuestionar el armado político de lo que ellos consideran (no de forma explícita) como parte de la competencia. Pero también para sectores de la izquierda popular que si bien tienen una mirada similar en cuanto a lo que ocurre en el continente, no coinciden en absoluto con las viejas prácticas de las burocracias políticas.

Si bien quien escribe no es peronista, coincide con los planteos realizados en los años ’70 por intelectuales como los de la revista Pasado y Presente, en cuanto a que en la Argentina la constitución de una alternativa política socialista, siempre estará condicionada por la existencia de una realidad “rebelde” que consiste en la adhesión de las grandes masas populares - principalmente los trabajadores-, al peronismo. Si bien la realidad argentina de 1973 era muy diferente a la de hoy, esa matriz se mantuvo por demasiado tiempo. Habría que precisar que parte de lo nuevo, tuvo que ver principalmente con la fuerte crisis de representatividad expresada por los sectores populares en 2001 bajo el eslogan “Qué se vayan todos”, que dio por tierra con la legitimidad de las diferentes burocracias políticas argentinas, incluidos el Partido Justicialista y la centenaria UCR. También habría que concluir que en el actual régimen político priman los aparatos, en tanto no es fácil que una fuerza ciudadana pueda participar del juego de la democracia en condiciones igualitarias a las de las viejas estructuras partidarias. Esta lógica se reproduce inclusive en internas partidarias. En ese plano los viejos partidos sobreviven a su muerte.

El consignismo abstracto

La preocupación señalada anteriormente de conformar una fuerza política alternativa no sólo chocó con la existencia del peronismo (tanto como movimiento y/o estructura) sino que además,  en incontables ocasiones, pecó de haber propuesto como consigna algo no realizable. En la tradición de izquierda existen formas diferentes en cuanto a la formulación de las consignas. Algunas tradiciones como la del trotskismo, creen que formulando ciertos postulados -aunque inalcanzables-, eso ayuda a las masas a generar conciencia. En general, esa clase de consignas más que dirigidas hacia su propia base, están direccionadas hacia las organizaciones a las que ellos les disputan la misma base. “Qué la CGT haga un paro general indeterminado hasta que caiga el gobierno”, “Qué las diferentes centrales sindicales se constituyan en un partido de trabajadores”.  En verdad, son expresión de lo que podría llamarse un partido docente. Lenin, en cambio, era rotundo: “Cada consigna debe derivar siempre del conjunto de peculiaridades que forman una determinada situación política” señalaba en A Propósito de las consignas (1917), o “La fraseología revolucionaria es la repetición de las consignas revolucionarias sin tener en cuenta las circunstancias objetivas que se dan en un cambio concreto de los acontecimientos, en un estado de cosas determinado. Consignas magníficas, atrayentes y embriagadoras, pero desprovistas de base: ésa es la esencia de la fraseología revolucionaria”, indicaba en 1918. Además, una consigna en un momento válida, en otro puede convertirse en desacertada.

No caben dudas de que los trabajadores debieran ser el eje central en la construcción de una nueva fuerza política, pero en la actualidad ello se encuentra condicionado tanto por las conducciones sindicales existentes, como por las débiles inserciones clasistas en puestos laborales, no pertenecientes a la esfera pública. También teniendo en cuenta que grandes sectores proletarios hoy ni siquiera se sienten parte de una clase, que a partir de los 90 comenzó a ser diezmada, aunque imposible de desaparecer. Proponer una fuerza implica caracterizar correctamente las relaciones de fuerza actuales, y tener en cuenta el grado real de acumulación política de los sectores populares.

De todas formas la propuesta realizada por la ex presidenta sobre el frente ciudadano, parecía más centrada en un movimiento amplio que sirva como muralla para que no se escapen los diferentes logros alcanzados en 12 años. Un movimiento que haga del Congreso una caja de resonancia de sus demandas, y que por ende las inscriba en la institucionalidad vigente.

Pretender que el frente ciudadano se convierta en una alternativa política que exceda al kirchnerismo, y por ende también al Partido Justicialista, hoy resulta algo lejano; por muchas de las razones explicitadas más arriba.

La construcción de una alternativa política liberadora, y que enfrente al macrismo, es sin lugar a dudas imprescindible y no se puede esperar a que se conforme nada más que en la resistencia. La experiencia precedente, principalmente la referida a la experimentada por los diferentes movimientos populares en la década del 90, y que tuvieran como punto álgido las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, indican que es necesaria la existencia de una alternativa ya presente en las luchas, que pueda encauzar todo ese flujo, sin caer en expresiones de “política negativa” (Gramsci) como el “Qué se vayan todos”, y que se pueda proponer una nueva sociedad más justa e igualitaria.

Berisso, 1 de junio de 2016


2016/06/03

A seis meses del balotaje

Si hoy se efectuara el balotaje presidencial, el actual mandatario Mauricio Macri habría perdido 17 puntos con respecto a los alcanzados en noviembre del año pasado. El candidato del FpV Daniel Scioli mantendría casi idéntico porcentaje, y lo que habría crecido ostensiblemente sería el voto en blanco. Estos supuestos guarismos nos llevan a la reflexión.

En la Encuesta nacional de opinión pública realizada por la consultora Dicen, el 30 y 31 de mayo, Macri obtendría el 34 %, Scioli el 48 % y los votos en blanco ascenderían a 18 %. Recordemos que en noviembre el actual presidente fue elegido por el 51,4 %, su contrincante tuvo el 48,6, mientras que los blancos alcanzaron el 1,19 %.

La encuesta realizada por Dicen además evaluó el índice de aprobación, las expectativas y la comparación con el gobierno anterior. En el último punto la anterior se lleva el 42 % contra el 35 % de la actual.

Aproximaciones

Si bien los resultados de la encuesta muestran un grado creciente de descontento y desconfianza, habría que señalar que ello no se inclina indefectiblemente hacia el otro lugar. No es lo mismo votar realmente en un balotaje, que seis meses después en una encuesta, sabiendo que la misma no define demasiado. El candidato Daniel Scioli tuvo en noviembre la adhesión de muchos sectores que no veían en él, la mejor expresión para enfrentar a la derecha macrista. Fue votado antes que nada como la única opción posible. Habría que convenir que no era el perfil más adecuado para enfrentar al retorno del neoliberalismo. Representaba una variante más de un menú que indicaba que dicho retorno parecía inexorable. En otros términos era el mal menor. Seguramente muchos de lo que lo votaron, hoy dirían que votarían en blanco; y muchos de los que no lo votaron, hoy sí lo harían. Eso depende del nivel de politización de los diferentes encuestados.

La encuesta muestra que existe hoy una franja considerable que no se siente contenida ni representada, por esas dos opciones; y que la desaprobación del gobierno actual, no conduce inevitablemente a plantear un “Volveremos”.

El gobierno saliente si bien llevó adelante una cantidad importante de políticas inclusivas y redistributivas, no pudo hacer que esa misma política tuviera asidero en todos los planos en los cuales se desarrolla la actividad social. Salvo raras excepciones en las diferentes provincias y municipios no hubo concordancia con el perfil progresista. Mientras que al anterior gobierno se lo podría catalogar de centro izquierda, esa misma caracterización no puede ser extensible por ejemplo, a la del anterior gobierno de la provincia de Buenos Aires.

De todas formas lo que se percibe es un nivel bastante pronunciado de despolitización. En ese terreno la derecha se reproduce como pez en el agua. 

2016/05/29

¿Realidad? La selva oscura de los medios



Cuando uno despierta de un sueño bien espeso en el que se yuxtaponen infinidad de escenas, lugares y personajes; lo único que se puede rescatar de todo ello, son ciertos axiomas que están presentes de manera casi repetitiva.

El abordaje de la realidad hoy, por parte de los diferentes medios, se parece demasiado a ese sueño espeso.

La lógica que lo rige tiene una intencionalidad inocultable. Para muchos eso es la realidad. 

2016/05/28

La oscura alianza

Kill the Messenger (2014) es una película estadounidense dirigida por Michael Cuesta. Está basada en la novela de Nick Schou del mismo nombre y en el libro Dark Alliance, de Gary Webb. El film se basa en hechos reales, más precisamente los avatares atravesados por el periodista Gary Webb promediando la década del 90, cuando emprendió una seria investigación acerca de los nexos del narcotráfico y la CIA. Webb siendo reportero de un medio de poca trascendencia pudo acceder a datos que confirmaban que la CIA había sido parte del negocio de drogas durante el gobierno de Reagan, para financiar a los Contras en su guerra contra el Sandinismo en Nicaragua. De tal forma en los primeros ochenta, los barrios negros de EEUU fueron inundados de crack mediante un narcotráfico destinado a abastecer de dinero y armas a la CIA. Con la ayuda de nicaragüenses que enviaban la droga hacia pistas clandestinas de aviación presentes en territorio norteamericano, se cerraba un circuito que permitía generar el dinero para la contrainsurgencia que el parlamento estadounidense se negaba a convalidar.

Webb descubre este dispositivo, casi 15 años después, cuando constata que narcotraficantes de aquel tiempo aún seguían en ese negocio, gozando del más descarado amparo de las autoridades judiciales y de seguridad. El periodista es amenazado para no publicar su investigación, pero igualmente lo hace destapando una olla con alimentos bien putrefactos. Lo que muestra la historia con toda nitidez es de qué forma la CIA involucra a los principales medios del país para descalificar al periodista, e intentar refutar todas las fuentes consignadas por él. La complicidad de los medios resulta muy elocuente. Webb tuvo que abandonar el trabajo periodístico, ya que no hubo ningún medio que lo aceptara, a pesar de haber sido premiado en dos oportunidades con el premio Pulitzer.  Inesperadamente en 2004 a Webb, se lo encontró muerto en su departamento con dos disparos en la cabeza. Las autoridades dijeron que se trató de un suicidio.

En sus investigaciones Gary Webb también pudo mostrar el accionar de Luis Posada Carriles, terrorista cubano refugiado desde hace muchos años en los EEUU. 

2016/05/27

El sindicalismo empresario se alinea con el oficialismo

Moyano confirmó que ninguna de las tres CGT acompañará el paro convocado por las dos CTA contra el veto del presidente Mauricio Macri a la ley antidespidos. En 2003 el presidente entrante Nétor Kirchner fue a la CTA a la primera central que recibió en la Rosada. Nunca le dio la personería gremial que hubiera hecho que el sindicalismo empresario de la CGT hubiera perdido rodaje. Hoy dividida en 3 apoyan al macrismo. También son responsables de los retrocesos históricos de la clase obrera. En los 90 permitieron que el Sultán de Anillaco rife las empresas públicas y se llegue a la increíble cifra del 24,8 % de desempleo. Sin la existencia de una única central obrera combativa, clasista y mayoritaria que agrupe a todos los trabajadores, independientemente de su relación contractual actual, no hay salida. En la segunda parte de los 90 fueron los movimientos sociales los que empujaron las salidas de Menem y De la Rua, pero sin los trabajadores no hay alternativa.