2026/01/09

Freud y los atajos químicos: una lectura retrospectiva


Freud y los atajos químicos: una lectura retrospectiva

En el Proyecto de psicología para neurólogos, escrito en 1895, Sigmund Freud introduce una tesis decisiva: el aparato psíquico no funciona borrando sus recorridos, sino conservándolos como huella de funcionamiento. Los caminos de descarga dejan marcas. El psiquismo no vuelve nunca a un punto cero.

En una formulación conocida del Entwurf, Freud escribe:

«El fin de la actividad neuronal es la descarga»

Esta afirmación implica que el aparato psíquico se organiza a partir de los caminos por los que ha descargado, y que esos caminos, una vez recorridos, no se olvidan. Desde este punto de vista, puede decirse que el aparato psíquico retiene memoria de los atajos que lo han llevado a determinados modos de funcionamiento, incluidos los atajos químicos.

Leídos desde aquí, los Estudios sobre la cocaína (1884–1887) adquieren otro estatuto. Allí Freud registra, en primera persona, momentos de lucidez: claridad mental, continuidad del pensamiento, disminución de ciertas interferencias. A partir de esa experiencia, supone que ese modo de funcionamiento podría corresponder a lo que sería un estado normal del psiquismo.

No se trata del descubrimiento de un estado normal en sentido fuerte, ni de una teoría acabada. Se trata de una suposición clínica, apoyada en una experiencia puntual de lucidez. Esa suposición no funda una práctica ni una doctrina, pero queda registrada.

El Proyecto permite entonces releer esos textos tempranos sin atribuirles un valor que no tienen y sin desmentirlos. Los atajos químicos no producen una verdad del psiquismo; hacen visible, por un instante, un modo de funcionamiento que el aparato puede reconocer y conservar como referencia.

Dicho de manera directa: el aparato psíquico no olvida los atajos químicos, no porque éstos posean un poder propio, sino porque han sido el contexto en el que se produjo un momento de lucidez. Ese momento no se absolutiza, no se idealiza y no se repite como método, pero tampoco se borra.

Desde esta perspectiva, el llamado estado normal no nombra un ideal ni una promesa terapéutica. Nombra una hipótesis freudiana, formulada a partir de una experiencia de lucidez y pensada luego, en el Proyecto, como parte de una economía psíquica en la que nada de lo vivido se pierde sin resto.

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