Freud, lingüística y formalización: una genealogía conceptual
Puede plantearse de manera directa la siguiente hipótesis: Freud se anticipa a la lingüística sin emplear categorías lingüísticas, describiendo el funcionamiento de las representaciones con una materia prima teórica más cercana a las leyes de la física que a las del lenguaje. En La interpretación de los sueños, Freud introduce nociones como condensación y desplazamiento para dar cuenta de regularidades que no dependen del contenido consciente, sino de desplazamientos de intensidad, superposición de huellas y redistribución de acentos.
En el momento en que Freud formula la condensación y el desplazamiento, la lingüística como disciplina todavía no existía. Para dar cuenta del funcionamiento de las representaciones oníricas, Freud recurrió entonces a los instrumentos conceptuales disponibles: un léxico tomado de la economía y de la física, centrado en desplazamientos, condensaciones y transferencias de intensidad. Con esos recursos, logró aislar regularidades formales que no podían pensarse aún en términos lingüísticos, pero que más tarde serían leídas como tales.
La fundación de la lingüística estructural en Ferdinand de Saussure inaugura un nuevo campo teórico capaz de pensar el lenguaje como sistema de diferencias. Esta elaboración no dialoga con Freud ni se apoya en él; constituye una fundación autónoma, que introduce instrumentos conceptuales inéditos para formalizar el funcionamiento del lenguaje.
Un paso decisivo dentro de ese campo será dado por Roman Jakobson, quien distingue los dos ejes fundamentales del lenguaje —selección y combinación— y los articula con las figuras retóricas de metáfora y metonimia. En Jakobson, estas figuras dejan de ser recursos estilísticos para convertirse en operadores estructurales del lenguaje.
Será Jacques Lacan quien, apoyándose explícitamente en Jakobson, relea las formulaciones freudianas y establezca la homologación entre condensación y metáfora, y entre desplazamiento y metonimia. Esta operación no implica que Freud hubiera formulado ya una teoría lingüística ni que la lingüística venga a completarlo. Se trata de una reformalización conceptual: un mismo funcionamiento es ahora pensado con instrumentos distintos, propios de un campo teórico que Freud no tenía a su disposición.
Lo decisivo es que no cambia el funcionamiento o el movimiento que se intenta captar, sino el régimen de formalización. Freud lo describe con categorías económico-físicas; Jakobson lo inscribe en la estructura del lenguaje; Lacan articula ambas dimensiones en el campo del psicoanálisis. No hay aquí progreso lineal ni corrección retrospectiva, sino desplazamientos en el aparato conceptual que permiten decir de otro modo lo que ya estaba en juego.
Que Freud aparezca hoy como un precursor de la lingüística no implica que haya formulado conceptos lingüísticos ni que su teoría contuviera ya una lingüística implícita. Implica algo más preciso: Freud aisló un funcionamiento que la lingüística estructural formalizará más tarde con otros instrumentos. En ese sentido, hay anticipación, no como propiedad intelectual ni como identidad conceptual, sino como adelantamiento en el reconocimiento de un problema.
Lo que se traza aquí es una secuencia de formalizaciones: distintos momentos en los que un mismo funcionamiento es captado y pensado con recursos teóricos diferentes, desde categorías económico-físicas hasta categorías lingüísticas y su articulación psicoanalítica.

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