2026/01/11

Narcisismo y espacialidad (asentamiento conceptual)

Narcisismo y espacialidad (asentamiento conceptual)

Cuando Narciso queda capturado por la imagen que le devuelve la superficie del estanque, deja de ser exclusivamente aquello que “lleva puesto” —su cuerpo anatómico inmediato— y su ser queda subsumido en una espacialidad que lo excede. La imagen no es un reflejo añadido: es una proyección invertida que simultáneamente se duplica y construye un espacio.

Narciso no sólo se ve: se ve en un plano donde también es visto. La imagen introduce una topología nueva, en la que el viviente queda inscripto en una superficie que ya no coincide con su contorno corporal. El narcisismo no consiste entonces en el apego a una forma, sino en la captura dentro de una espacialidad imaginario–simbólica que se impone como condición de experiencia.

Si bien el cachorro humano se asocia a su propia imagen especular —cosa que no ocurre de ese modo en otras especies—, esta operación no surge de la nada. Tiene su determinación última en una característica más general de lo viviente: toda vida se organiza en relación con una espacialidad que no se reduce al individuo aislado.

El pato en vuelo no es sólo la estesia individual de un ave, sino una reciprocidad estésica con la bandada. Allí se constituye una espacialidad compartida, una topología del movimiento colectivo que no pasa por la imagen de sí, pero que organiza la percepción, la orientación y el gesto. No es un yo lo que se duplica, sino un campo.

El toro de Iris puede pensarse como una figura topológica de esta espacialidad: no representa un individuo, sino una forma de inscripción del viviente en un campo más amplio, donde cuerpo y entorno no se oponen, sino que se co-determinan.

Desde esta perspectiva, es necesario precisar:
no hay un “espacio del narcisismo”, como si se tratara de un ámbito entre otros.
El narcisismo es una espacialidad.
Una modalidad específica de organización del espacio viviente, producida por la duplicación imaginario–simbólica de la imagen, y estabilizada por el lenguaje.

Así entendido, el narcisismo deja de ser un rasgo psicológico o moral y se vuelve un operador topológico fundamental de la experiencia humana: el modo en que la vida humana se distribuye, se pliega y se percibe en un espacio que ya no coincide consigo misma.

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