2026/01/03

Hipótesis introductoria (para un trabajo en desarrollo)

Hipótesis introductoria

(para un trabajo en desarrollo)

La cognición —si todavía puede llamarse así— no es un objeto, ni una sustancia, ni un órgano. Es el nombre provisorio de un procedimiento. Más precisamente: el efecto de una operatoria lógica formal enlazada topológicamente a la experiencia.

Pensar no sería, entonces, un acto que ocurre en el cerebro como un fenómeno cerrado sobre lo neuronal, sino un proceso formal que se apoya en lo fisiológico sin quedar reducido a él. El error persistente de muchas teorías cognitivas no consiste en reconocer la base biológica del pensamiento, sino en confundir base con causa, soporte con estructura.

Si el pensamiento fuera estrictamente biológico, no habría forma de que una operatoria artificial pudiera reproducir —aunque sea parcialmente— sus modos de funcionamiento. El desarrollo de la IA no demuestra que la máquina “piense”, pero sí demuestra algo decisivo: que existen procesos formales de enlace, transformación y producción de sentido que no dependen exclusivamente de la vida orgánica para operar. Lo formal no es un epifenómeno de la biología: es una dimensión relativamente autónoma que puede ser encarnada en distintos soportes.

Este punto ya estaba insinuado mucho antes de la informática. Al distinguir proceso primario y proceso secundario, y al describir el trabajo del sueño, Freud no propone una teoría neurofisiológica encubierta, sino una lógica de transformaciones: condensación, desplazamiento, figurabilidad. Operaciones formales que trabajan sobre materiales pulsionales, perceptivos y mnémicos, pero que no se explican por ellos. La fisiología está ahí —como condición—, pero el funcionamiento no se deja traducir a términos puramente biológicos.

Desde esta perspectiva, el pensamiento aparece como un campo de operaciones donde lo lógico y lo experiencial no se yuxtaponen ni se oponen, sino que se anudan topológicamente. No hay forma pura sin cuerpo, ni cuerpo que piense sin forma. Hay un solo proceso que se pliega en dos vertientes: una material–excitatoria y otra formal–operatoria.

Esta hipótesis no busca cerrar el problema de la cognición, sino desplazarlo. No se trata de preguntar dónde ocurre el pensamiento, sino cómo opera. No qué sustancia lo produce, sino qué tipo de lógica viva lo hace posible. Los desarrollos posteriores deberán precisar cada uno de estos puntos, desarmando la ambigüedad heredada del término “cognición” y restituyéndolo —o reemplazándolo— por una noción que haga justicia a su estatuto real: el de un procedimiento formal encarnado.

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