2026/01/06

Hipótesis de ajuste (no-origen, invención y proceso material)

Hipótesis de ajuste

(no-origen, invención y proceso material)

Michel Foucault, retomando a Friedrich Nietzsche, propuso una distinción decisiva entre origen (Ursprung) e invención (Erfindung). Con ella buscaba desactivar toda tentación metafísica: el origen tiende a replegar el análisis hacia un mito fundacional, una pureza primera; lo que la investigación histórica encuentra, en cambio, son invenciones: prácticas, saberes y formas surgidas de relaciones de fuerza, contingentes y situadas.

Esta crítica conserva plena validez. El problema aparece cuando se la aplica sin resto a procesos evolutivos de larga duración. En ese plano, la noción de invención comienza a resultar insuficiente: introduce la imagen de un acto puntual, casi milagroso, que irrumpe de pronto, como si lo nuevo surgiera ex nihilo.

Cuando uno se sitúa en ciertos tramos de la historia material de la especie —por ejemplo, la estabilización de la posición erecta, la reorganización del aparato fonador y auditivo, o la progresiva formalización sonora— se vuelve difícil sostener que todo sea pura invención. No porque reaparezca un origen esencial, sino porque allí se juega otra temporalidad: no un acontecimiento, sino una deriva que alcanza consistencia.

De ahí el ajuste terminológico necesario: lo que estamos buscando no es un origen, sino el nombre de un tramo de proceso.

No un punto inicial.
No una esencia.
No una causa primera.

Tampoco una invención milagrosa.

Se trata más bien de un umbral material e histórico: un intervalo en el que una multiplicidad de transformaciones previas se condensa, se estabiliza y, al hacerlo, habilita un nuevo régimen de operaciones. No inaugura desde la nada; hace posible.

Pensado así, aquello que antes se llamaba origen deja de fundar y pasa a emerger. No explica hacia atrás; delimita hacia adelante. Es un resultado estabilizado de una deriva material, no un principio trascendente. En ese marco, la invención ya no aparece como ruptura absoluta, sino como reorganización interna al proceso: un movimiento formal que sólo puede producirse porque ciertas condiciones corporales, perceptivas y técnicas ya están dadas.

Este desplazamiento permite conservar la crítica foucaultiana al mito del origen sin evaporar la dimensión evolutiva. La alternativa no es entre origen mítico e invención contingente, sino entre acto fundador y proceso de estabilización. Allí donde una configuración del cuerpo vivo alcanza suficiente consistencia histórica, se abre un nuevo campo de posibilidades formales.

La hipótesis, entonces, es la siguiente:
para pensar la producción de los procesos cognitivos, del lenguaje y del pensamiento, no necesitamos un origen, sino la noción de un tramo material del proceso histórico-evolutivo en el que ciertas transformaciones se estabilizan y habilitan un nuevo régimen operatorio. Sin esta noción, la invención se vuelve inexplicable; con ella, deja de ser milagro y pasa a ser efecto situado de una deriva material.

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