2026/01/11

Paisajes anteriores al hombre


Hay en la prosa de H. P. Lovecraft un paisajismo extremo de lo agreste.

No se trata sólo de naturaleza salvaje, sino de una naturaleza anterior: lugares donde el mundo parece no haber sido todavía autorizado para el hombre. Bosques donde jamás resonó el hacha, arroyos que corren bajo la maleza sin haber conocido la luz solar, zonas en las que la vida prolifera sin testigos y sin finalidad.

Ese exceso de naturaleza no es decorativo. Funciona como una desposesión: allí el humano no es expulsado violentamente, simplemente no es tenido en cuenta. El paisaje no amenaza, pero tampoco hospeda. No hay escena para el sujeto, no hay punto de vista privilegiado; sólo continuidad ciega, crecimiento, sedimentación.

Por eso en Lovecraft lo agreste no es romántico. No promete refugio ni reconciliación. Es un mundo que no necesita ser visto, ni nombrado, ni narrado.
El horror no proviene de lo monstruoso, sino de esa evidencia muda: la vida puede desplegarse perfectamente sin nosotros.

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