2017/04/06

Perlas del #6A

Piden que se respete el derecho de los que no quieren hacer Paro, lo que no piden es que se respete el derecho de los que sí quieren parar. Me dijeron hoy “No puedo parar porque no tengo sindicato. Si paro me echan”.
No necesitamos que nos digan qué cosa es la Justicia argentina. Pero cuando ella determina algo justo como es la Paritaria Nacional Docente, el periodista de TN pregunta si ese juez está alineado a alguna ideología política. Un cachivache.

Ya da un poco de vergüenza ajena, ver y escuchar a periodistas defendiendo al gobierno con más tesón que los funcionarios mismos. Enfrentan a políticos opositores y a sindicalistas con un fanatismo insospechado. ¿Periodismo militante lo llamaban? Yo diría periodismo mercenario o que aspira –haciendo méritos- a ser contratado para esos fines.

2017/04/05

Sobre el sujeto- Marxismo y/o psicoanálisis

Por Osvaldo Drozd

Lo que sigue es un escrito que está pensando en algunas ideas expresadas por el psicoanalista Jorge Alemán en una entrevista publicada recientemente por La Tecl@ Eñe, pero por sobre todo intenta auto responder a quien esto escribe por posiciones sostenidas hace más de tres décadas, tras descubrir a Freud y Lacan –en los albores del retorno de la democracia-, acarreando con un maoísmo adquirido en los años setenta.

En la historia humana siempre existieron las revueltas sociales y con ellas la irrupción de sujetos que trastocaron las ideologías dominantes. En sociedades en donde prima lo desigual esto resulta inevitable y teniendo en cuenta que hasta hoy no existen formaciones sociales igualitarias ello no se detendrá. Siempre habrá conflictos y voces libertarias. Lo que puede variar son las intensidades, las proporciones. Lo que habría que precisar es que la existencia de sujetos transformadores no puede estar supeditada a imperativos éticos o morales. Ellos son resultado de las tensiones estructurales de su tiempo. Presuponer lo primero es conservar cierto sedimento religioso.

En Sobre el concepto de la historia Walter Benjamin decía que “Existe un acuerdo secreto entre las generaciones pasadas y la nuestra. Y como a cada generación que vivió antes que nosotros, nos ha sido dada una débil fuerza mesiánica sobre la que el pasado exige derechos. No se debe despachar esta exigencia a la ligera. Algo sabe de ello el materialismo histórico”. Benjamin se refería a este acuerdo señalando que en el pasado histórico siempre se anuda un índice temporal que es remitido a la salvación. Ya que en ese pasado habitarían todos esos hechos con los que se construye la idea de felicidad.

Convengamos en que la gran revolución teórica realizada por Carlos Marx promediando el SXIX, fue el haberle dado un marco científico y riguroso, a las diferentes expresiones contestatarias de la larga historia humana. El genio de Marx fue ponerle límite a las ensoñaciones utópicas. Consistió principalmente en darle una racionalidad comprobable a las diferentes revueltas. Es por ello que bien vale recordar que el marxismo no es otra cosa que una “guía para la acción”. Una guía extremadamente rigurosa. De igual forma, contrario a las diversas experiencias ideológicas y hermenéuticas, fue Sigmund Freud quien construyó una ciencia de la interpretación. No de la interpretación del Universo y el alineamiento del Cosmos, sino de la deconstrucción de todos esos fragmentos residuales que el sujeto humano enuncia sin saber que lo hace.

Si desde diferentes sectores que son partidarios del materialismo histórico y dialéctico alguna vez se dijo que lo de Freud no era más que una refundación contemporánea de la metafísica y el idealismo, habría que saber que esos mismos  detractores son los que señalaron eso sin tener en cuenta el nacimiento de una nueva disciplina científica como es la lingüística. Fue Ferdinand de Saussure quien con el concepto material de significante pudo permitir que inscribamos una gran cantidad de material que cierto materialismo deshecha sin poder explicar por otro lado de dónde proviene un delirio o un lapsus. Mucho menos dar cuenta de la poesía y por ende suponer que la superestructura social no es más que una ilusión que surge del reflejo espontáneo de las relaciones de producción. Fue Jaques Lacan quien utilizando el concepto lingüístico de significante pudo modelar la experiencia freudiana y darle un inusitado marco conceptual. Todo lo que Freud pudo concebir a partir de los sueños, los lapsus, los chistes, el olvido, pudo ser encuadrado a partir del enunciado que dice: “El inconsciente está estructurado como un lenguaje”.

Un psicoanalista trabaja con palabras. No resulta ocioso recordar que para Lacan el cuerpo se inscribe en el registro de lo imaginario. De un imaginario sólo factible de incluir en el discurso psicoanalítico. Para un científico de la lucha de clases, no es posible señalar lo mismo. Psicoanálisis y marxismo no pueden ser concebidos como una unión de conjuntos, sino tal vez, como una ocasional intersección. Desde ese punto lejano ambas disciplinas pueden decir bastante sobre la otra.

Concretamente hay que señalar que el psicoanálisis aborda a un sujeto que para el marxismo está determinado en última instancia por lo económico y que en la experiencia freudiana eso quizá se traduzca como satisfacción de las pulsiones, como lust y unlust. Lo que Lacan llamó el goce. Si el psicoanálisis aborda a un sujeto que es determinado por un significante que lo representa ante otro símil hay que decir que en el marxismo se trata del sujeto y también del objeto. Ubicado este último no en un lugar imposible sino en uno a transformar. Un lugar que debe conocerse, como señalaba Gramsci, con “la precisión de las ciencias naturales”, ya que es la estructura económica la que determinará en última instancia las posibilidades que se dirimen en la superestructura. Sin la existencia objetiva de la clase obrera y la incipiente industria, el marxismo no hubiera existido. No se trata de una afirmación dogmática sino de un cuestionamiento a diversas posiciones revisionistas que reniegan de las “condiciones objetivas”. Sin ellas el marxismo pierde toda su originalidad y se retrotrae a posiciones subjetivistas y voluntaristas propias del socialismo utópico. Para que no se malentienda lo dicho no se trata de negar el rol de la subjetividad en la estructura social sino del intento de ubicarla en su lugar correspondiente.

En la carta que Friedrich Engels le enviara a Ernst Bloch en septiembre de 1890 se podía leer que: “....Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en una frase vacua, abstracta, absurda. La situación económica es la base, pero los diversos factores de la superestructura que sobre ella se levanta -las formas políticas de la lucha de clases y sus resultados, las Constituciones que, después de ganada una batalla, redacta la clase triunfante, etc., las formas jurídicas, e incluso los reflejos de todas estas luchas reales en el cerebro de los participantes, las teorías políticas, jurídicas, filosóficas, las ideas religiosas y el desarrollo ulterior de éstas hasta convertirlas en un sistema de dogmas- ejercen también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan, predominantemente en muchos casos, su forma. Es un juego mutuo de acciones y reacciones entre todos estos factores, en el que, a través de toda la muchedumbre infinita de casualidades (es decir, de cosas y acaecimientos cuya trabazón interna es tan remota o tan difícil de probar, que podemos considerarla como inexistente, no hacer caso de ella), acaba siempre imponiéndose como necesidad el movimiento económico. De otro modo, aplicar la teoría a una época histórica cualquiera sería más fácil que resolver una simple ecuación de primer grado”. Agregaba Engels que: “Somos nosotros mismos quienes hacemos nuestra historia, pero la hacemos, en primer lugar con arreglo a premisas y condiciones muy concretas. Entre ellas, son las económicas las que deciden en última instancia. Pero también desempeñan su papel, aunque no sea decisivo, las condiciones políticas, y hasta la tradición, que merodea como un duende en las cabezas de los hombres”.  

En Los conceptos elementales del materialismo histórico, Marta Harnecker señalaba que “Las clases sociales no son los sujetos creadores de las estructuras sociales. Son, por el contrario, como dice Marx, los ‘portadores’ (Träger) de determinadas estructuras, los actores de un drama que no han construido”.

La marxista chilena discípula de Louis Althusser, recordaba en ese escrito que: “En primer lugar, debemos advertir que la palabra alemana Träger tiene en español (y en francés) dos significados muy diferentes: “soporte” y “portador”. El primer término (soporte) indica la idea de sostener, de ser la base de algo, de servir de apoyo a algo y en este sentido la utiliza Marx cuando afirma que ‘las condiciones materiales son los soportes (Träger) de las relaciones sociales’, agregando luego que “El segundo término (portador) significa, por el contrario, tomar sobre sí, llevar consigo, y en este sentido lo utiliza Marx cuando afirma que ‘el capitalista sólo es el capital personificado’, que ‘sólo funciona en el proceso de producción como portador (Träger) del capital’”. Y remata Harnecker señalando que “Al afirmar el marxismo que las clases son los portadores de determinadas estructuras está rechazando toda concepción voluntarista acerca de las clases sociales”.

Para darle cierta exhaustividad a este escrito bien vale otra referencia bibliográfica necesaria. Walter Benjamin señalaba en el texto ya citado Sobre el Concepto de la historia: “La lucha de clases, que no puede escapársele de vista a un historiador educado en Marx, es una lucha por las cosas ásperas y materiales sin las que no existen las finas y espirituales. A pesar de ello estas últimas están presentes en la lucha de clases de otra manera a como nos representaríamos un botín que le cabe en suerte al vencedor” agregando luego que en la lucha de clases ellas están vivas “como confianza, como coraje, como humor, como astucia, como denuedo, y actúan retroactivamente en la lejanía de los tiempos. Acaban por poner en cuestión toda nueva victoria que logren los que dominan. Igual que flores que tornan al sol su corola, así se empeña lo que ha sido, por virtud de un secreto heliotropismo, en volverse hacia el sol que se levanta en el cielo de la historia. El materialista histórico tiene que entender esta modificación, la más imperceptible de todas”.

La derrota

En la entrevista citada a Jorge Alemán que fuera publicada por este sitio, Alemán nos recuerda bien que “la palabra Revolución ha perdido su eficacia simbólica” y que “no disponemos de entrada de un sujeto histórico ya constituido y que sea operativo”.

Durante las largas campañas realizadas por el imperio Romano para anexar territorios, un general imperial tras derrotar a un pequeño reino del norte de África, se acercó al rey depuesto y con su espada le trazó en la arena alrededor de sus pies una circunferencia que lo dejaba adentro. No le estaba permitido al monarca derrotado poder salir de los límites de la figura geométrica. Si lo intentaba moriría inmediatamente. Conservemos este relato como metáfora.

Tras el colapso de la Unión Soviética y todo el conglomerado de naciones afines, el derrumbamiento del Muro de Berlín y el supuesto triunfo del relato capitalista, la Revolución pasó a ser una joya de coleccionistas de antigüedades. Si en los años 70 uno podía sorprenderse cualquier mañana con la noticia de una nueva revolución, a partir de los 90 se imponía un rígido sistema en el que la Revolución se convertía en un significante forcluido de lo simbólico. Era el triunfo de la democracia liberal. Los sectores populares y los obreros del mundo quedaban enmarcados en una circunferencia que no podían transgredir. Las razones de esta derrota no eran nada más que simbólicas, representaban una derrota material y objetiva. Para ser más precisos: en la Argentina, durante el gobierno de Carlos Menem la cifra de desempleo llegaría a poco más del 24 % de la PEA (Población Económicamente Activa) cuando pocos años antes las cifras podían coincidir con el escaso margen con el que se puede considerar que una formación social cuenta con Pleno Empleo. La derrota de la clase obrera comenzó a ser objetiva.  Con ello la estructura social se transformaba sustancialmente.

El planteo revolucionario que habían hecho Marx y Engels en el Manifiesto Comunista tenía como soporte la existencia de un proletariado objetivamente enfrentado a la burguesía de ese tiempo. Esta última había construido así su propio sepulturero. Si bien hoy el modo de producción capitalista sigue siendo el principal componente de las formaciones sociales concretas, hay que ver que las mismas son agrietadas, extremadamente desiguales, carentes de homogeneidad y donde también pueden vislumbrarse embriones de modos de producción emergentes a partir del crecimiento de las denominadas economías sumergidas (narcotráfico, trata, esclavización, etc.) y del desplazamiento creciente del capital industrial por el especulativo. En ese nuevo escenario no desaparece el proletariado pero sus capacidades objetivas de ruptura ya no son iguales. No es lo mismo un cinturón urbano en el que crecen asentamientos de desplazados que los viejos cordones industriales en donde germinaban formas insurreccionales.

Con la llegada del neoliberalismo hace casi ya tres décadas, quedamos sujetos y enmarcados en una forma de hacer política que no admite salirse de la circunferencia referida anteriormente. Pensar la transformación social preso del paradigma dominante implica saber los condicionamientos concretos para que en un proceso social se pueda derrumbarlos y construir lo nuevo.

En tal sentido vale como ejemplo concreto la experiencia que se está llevando adelante en Bolivia y que ellos llaman el proceso de cambio. Bien señalaba el vicepresidente Álvaro García Linera que ese proceso había comenzado con la Guerra del Agua en el 2000, se incrementó con poderosas lucha populares como la Guerra del Gas en 2003 y llevarían a que en 2005 se impusiera Evo Morales en las elecciones presidenciales como candidato del Movimiento al Socialismo. García Linera habla de diferentes fases del proceso de cambio, a saber, la gran movilización para la reforma de la constitución por un lado, y de vital importancia, la gran respuesta del pueblo en 2008 para derrotar a los sectores golpistas. La verdadera democracia no debe considerarse como algo ya establecido sino como el largo proceso de marchas y contramarchas hacia un mundo mejor.


Berisso, 3 de abril de 2017

2017/03/11

La Pobreza de Macri

Hasta cuando habla de la pobreza estructural Macri se refiere a ello en términos de competencias individuales. "Los argentinos en situación de pobreza son los primeros que necesitan una oportunidad". El derecho se transforma en una simple oportunidad. “Como gobierno tenemos que estar cerca de todos aquellos que necesitan progresar”. Queda claro que para este gobierno el mejorar la situación económica es en primer lugar una responsabilidad individual. Al progreso lo miden de forma particular y sectorial. Como buenos burgueses. 

2017/03/05

Frigerio y el Correo


En relación a lo acontecido con el Correo el ministro Rogelio Frigerio señalaba a Clarín que “Ahí faltó entender que este es un país que fue gobernado por muchos años por funcionarios que no hacían de la decencia y la honorabilidad una cuestión fundamental”. Lo que le faltaría señalar es que este país nunca antes había sido gobernado por alguien perteneciente a una familia que siempre hizo pingues negocios con el Estado. Justamente quizá a través de esos funcionarios a los que él alude.

2017/03/04

Sobre el paro docente

Se insiste con que los chicos no pueden perder días de clase que, eso atenta contra su futuro que, tienen el derecho a la Educación. Lo que no dicen es que la misma es responsabilidad del Estado no de los docentes. Dicen a su vez que la Educación en la Argentina es mala. Nadie lo discute aunque bien sabemos que no es una empresa autogestionada por sus trabajadores para endilgarles el problema. Y cuando ya no tienen que decir cargan todas sus baterías contra Baradel como si los docentes fueran títeres manipulados por él. No dicen nada sobre los otros gremios que son parte del paro e incluso tampoco nada sobre la incidencia de la izquierda en Suteba. Queda bien claro que una de las principales políticas del macrismo es atentar contra los trabajadores organizados. Los sindicatos podrán tener direcciones cuestionables pero hoy son la única herramienta contra el autoritarismo patronal.

2017/02/28

La otra realidad

Cuando se viaja en tren, subterráneo, colectivo o se está en cualquier espacio público es posible ver que la mayoría de las personas lejos de estar en el lugar donde están, se las ve imbuidas en la pantalla de su celular. En una primera aproximación uno podría suponer que la mayoría están siendo en un lugar ajeno al que en ese instante habitan. Objetivamente es así. Están compartiendo un lugar real con gente extraña, desconocida pero se están comunicando con personas ubicadas en un sitio alejado. Refuerzan sus lazos con lo conocido. El narcisismo supera a lo social. Un primer obstáculo para la acción política.

2017/02/24

La "teta del Estado"

Hoy se escucha decir que se terminó eso de “vivir de la teta del Estado” haciendo referencia a empleados públicos, piqueteros, consumidores beneficiarios de los subsidios a las empresas, y un largo etc. Lo paradójico de la cosa es que los que lo dicen siempre vivieron de la teta del Estado, ya sea porque sus empresas eran adjudicatarias de las principales licitaciones, beneficiarios de que el Estado les haya pagado su deuda privada, beneficiarios de una Justicia que siempre los protegió de sus ilícitos y que hoy cuentan con todo una esfera pública al servicio de sus propios curros y también un largo etc. No hay que olvidar que el Estado es siempre una maquinaria al servicio de una clase.

2017/02/02

Sobre la elecciones de 2017

Se insiste demasiado con la polarización. Si en unas elecciones de medio término el electorado reprueba al gobierno se supone que votará a su contrincante. Desde el oficialismo sabiendo eso dicen que antes de votar al pasado le extenderán un nuevo cheque en blanco. Lo que nadie dice es que si la polarización falla, se impondrá un aluvión de votos a nadie. Si las elecciones de este año tienen algún antecedente conocido me parece que son las legislativas de 2001, con una gestión bochornosa y una oposición fragmentada. No faltarán desde diferentes posiciones políticas los que salgan a defender la gobernabilidad y los votos positivos.
La gobernabilidad es responsabilidad del gobierno.

2017/01/30

Lo "nuevo" es el fascismo sistémico


Los del Pro dicen ser “lo nuevo”. Lo que hace del pasado pisado, lo que no puede ver más que el presente, lo que reniega de las posiciones políticas tradicionales o demasiado ideológicas y que, lo único que le interesa es el futuro inmediato. Pero cuando abren la boca como lo hizo Gómez Centurión les brota el pasado más nefasto de la Argentina, la más sistémica ideología reaccionaria, el más sistematizado dogma fascista.

2017/01/23

La URSS, el Eje y Occidente

De joven uno aprendió que el eje nazifascista representaba lo más avanzado de la reacción mundial y que más que dirimir las internas del capitalismo imperialista lo del eje apuntaba a destruir a la URSS como lo más avanzado de la revolución mundial. Más allá de la gloriosa batalla de Stalingrado, hoy cabría preguntarse si los soviéticos en verdad no tendrían que haberse aliado al eje y derrotar a EEUU y al Reino Unido. Convengamos que en el Tercer Mundo la política exterior soviética fue desastrosa, con la excepción de China en donde se pudo romper con esa postura. El triunfo de la Revolución china comienza derrotando a Japón, aliado de Occidente.

2017/01/07

Algunas cuestiones sobre el marxismo

El marxismo como ciencia de las transformaciones sociales, sólo pudo emerger en un determinado tiempo de la lucha de clases. Se produjo a partir de un novedoso desarrollo de las fuerzas productivas, de la concentración capitalista y del discurso de la ciencia. Las luchas de clases no siempre pueden hacer nacer una teoría científica, deben existir determinadas condiciones específicas para que ello suceda. El desarrollo teórico conceptual viene a ser como la superestructura propia de una realidad material que ya tiene su despliegue independientemente del conocimiento que se tenga de ella.  

En la conformación de una determinada realidad, siempre existen algunos factores que son más predominantes que el resto. La percepción de esos factores tal vez no sea el problema, se presentan casi siempre a los ojos de todos. La cuestión de importancia es la caracterización correcta de ellos y por ende su proyección estratégica dentro de los límites propios de una experiencia que se desarrolla en los atolladeros bien precisos de una realidad material compleja pero sujeta a determinados condicionamientos estructurales de las cuales no se puede prescindir.
Si bien Marx alcanza a constituir una teoría científica sobre el modo de producción capitalista principalmente desarrollada en una obra como El Capital, no hay que dejar de lado que sus principales preocupaciones surgieron a partir de la lucha obrera de su tiempo. A diferencia de los socialistas utópicos Marx logra encuadrar a la lucha de clases dentro de una estructura que la sobredetermina. Más allá de cualquier cálculo voluntarista lo que hace es mostrar los límites de la ensoñación utópica.

Hoy no deja de decirse que la obra de Marx les sirve a los capitalistas. Lo que hay que precisar es que Marx y Engels desarrollaron su teoría no desde un lugar neutral sino desde el lugar proletario de la lucha de clases. Suponer que el marxismo puede servirle a los capitalistas no deja de ser un sueño capitalista y de los no capitalistas que creen en un hombre en abstracto. Un sueño que se tomó el trabajo de reconvertir esa obra en algo asimilable. No hay dudas de que la burguesía toma elementos del marxismo. Todo lo que se conoce como contrainsurgencia debe saber sobre marxismo, pero creer que el marxismo en su totalidad les pueda servir es suponer que la burguesía como clase acepte su propia muerte en beneficio de la humanidad en su conjunto. 

2016/12/15

La soledad al cuadrado

Bitter Moon (1992) es una de las más importantes producciones del director polaco Roman Polanski. Allí Oscar (Peter Coyote) forma pareja con la hermosa Mimi (Emmanuelle Seigner).
La relación de ser increíblemente maravillosa, con el tiempo, se fue convirtiendo en algo sumamente tortuoso, sin dejar de mantenerse una ligazón extremadamente fuerte. Tanto que ninguno de los dos podía prescindir del otro. En un momento Oscar dice: “Me sentía como rata en una trampa. Fuera, la gente se divertía, bailaba, hacía el amor. París palpitaba con sus ritmos frenéticos”. Habla en verdad como si a pesar de la extenuante relación estuviera completamente en soledad y sin posibilidad de nada. La frase muy bien la podría decir un impotente prisionero. Lo interesante es que logra decir algo que sucede corrientemente y nadie se anima a verbalizar tan fácilmente. Decían Sabina y Páez “Dormir contigo es estar solo dos veces, es la soledad al cuadrado…”

2016/11/26

El lugar de la política

El planteamiento de una alternativa popular hoy no resultaría eficaz sin la repolitización de las grandes mayorías. Todo indicaría que los procesos políticos por arriba tocaron su fin.

Por Osvaldo Drozd*

Hoy en la Argentina la cuestión política se problematiza. Convengamos que enunciar el significante “política” puede abrirse a diversas significaciones. La más extendida en el sentido común es la que se acerca al escepticismo y la apatía. Viene a ser la contracara de lo que los grandes medios de comunicación muestran como lo político. El bombardeo sobre la corrupción aleja a los sectores populares del interés por participar, los sumerge como espectadores pasivos de algo muy lejano a sus propias realidades. El macrismo no se propone acumular fuerzas. A pesar del manejo del aparato estatal no se percibe un crecimiento de fuerza propia considerable. Pareciera que dicha falencia intentara suplirla con el crecimiento de la despolitización e incluso con la propaganda negativa sobre el activismo y la militancia.

Los actos presidenciales no son más que puestas en escena en donde no existen seguidores partidarios. Se lee en los comentarios de los medios digitales que los supuestos adherentes al macrismo no van a los actos porque tienen que trabajar, no como “los vagos que van por el chori y el tetra” y porque les ponen micros.

Convengamos que la cultura militante hoy no está tan extendida y que el ciudadano de a pie conoce poco sobre ello y que por ende cree en el argumento que esbozan los propagandistas oficiales. Es la explicación más fácil. Esto genera un cierto aislamiento de los diferentes actores populares. Por otra parte la escena de la política institucional hoy se encuentra completamente escindida de la cotidianeidad popular. La representación se volvió sustituismo y gran parte de los representados en indiferentes. Sin que se produzca una repolitización de las masas populares resulta poco probable la posibilidad de una sociedad más justa. Hoy la construcción de una alternativa supone incorporar las diferentes demandas sociales a partir de sus mismos interesados. Lo que hoy ya no es posible es una revolución desde arriba. Tocó su techo e incluso hizo crisis.

En una muy apreciable obra llamada De eso no se habla. Organización y lucha en el lugar de trabajo (2002), el Taller de Estudios Laborales (TEL) sostenía que el sindicalismo argentino está estructurado principalmente en la lucha y la negociación salarial, descuidando las reivindicaciones propias del puesto de trabajo, expresando que es justamente ahí donde el sindicato no llega. “El lugar de trabajo sigue siendo la primera línea de choque y la última de resistencia. Allí nace la necesidad de luchar y se moldea en buena parte la identidad de clase. En ese conflicto, a veces larvado y otras abierto, que se libra todos los días en el lugar de trabajo, se templa y reconstruye el poder de los trabajadores”. El modelo esbozado por el TEL permite diseñar políticas de base en otros ámbitos que no son los estrictamente laborales. De igual manera se podría plantear que hay lugares de lo social a los que la política no llega. Que el sindicato, el partido o el movimiento no lleguen a determinados lugares, implica que esos lugares quedan vacíos y si esas instancias no llegan significa también que en ese punto no existen fuerzas orgánicas. Porque los diferentes sectores se organizan en relación a sus propias problemáticas. Repolitizar a las masas populares implica abordar todos los problemas que aquejan a dichos sectores desarrollando organización en la base y que la misma se convierta en un interlocutor válido que ocupe el lugar que hoy tiene la desprotección y la orfandad. El problema del transporte público, de los servicios, de la seguridad, de la vivienda, de la basura, del espacio público e incluso de la gestión del trabajo y la cultura debieran ser razón suficiente para el encuentro y la organización social. No es posible revertir la relación de fuerza adversa sin esa construcción, y cualquier organización política identificada con los trabajadores y el pueblo que se desentienda de esas labores está condenada al fracaso.

Berisso- 23 de noviembre de 2016 

*Periodista


2016/11/14

La crisis de la teoría

Marx no desarrolló su teoría revolucionaria ocupándose nada más que de sus propias ocurrencias. De forma bastante interesante Lenin en su texto Carlos Marx (1914) afirmaba que la gran labor del genio de Tréveris fue dar una lucha teórica visceral contra todas las tendencias socialistas no científicas, no proletarias. Una lucha que se producía en el seno del movimiento obrero de la 1ra Internacional y que por ende concernía a una razón bien práctica y política, la conducción del movimiento. La crítica supone una lucha despiadada de ideas que tienden a deconstruir la posición del otro, pero nunca produciendo la descalificación arbitraria. Es necesario argumentar. Lo que hoy llamamos democracia está bastante lejano a eso, se parece más a los artilugios de los viejos sofistas y a ganar a partir de cualquier vil estratagema. Por eso la crisis de la teoría. 

2016/11/07

Inseguridad y fragmentación del pueblo. La fractura social

El desarrollo de diferentes modalidades delictivas hoy va constituyendo un pequeño modo de producción que permanentemente rompe lazos sociales y solidaridades, afectando principalmente a los sectores populares.

Por Osvaldo Drozd*

En una nota publicada con anterioridad en La Tecl@ Eñe quien escribe reseñaba de qué forma la inseguridad se fue transformando en uno de los flancos débiles de los gobiernos kirchneristas (2003- 2015). No tanto por no poder impedirla de manera eficaz, sino principalmente por minimizarla y permitir que los grandes medios corporativos se la endilguen permanentemente y las diversas expresiones de la oposición política se permitieran aparecer como los paladines de cómo resolverla. Los que más conocen sobre el tema siempre supieron que los planteos de las derechas lejos de poder dar atisbos de resolución a esta problemática son por lo contrario capaces de naturalizarla a pesar de la demagogia punitiva. El gobierno de Mauricio Macri en casi un año de gestión lejos de  haber propuesto soluciones, hizo que el problema se agrande aunque ya los medios no responsabilicen directamente a la gestión. Hoy la inseguridad es mayor pero el problema es de los delincuentes parecieran decir los diferentes medios.

Pareciera que para la agenda del progresismo o de las izquierdas hablar sobre la inseguridad es incurrir en un pecado capital. La inseguridad es culpa de la pobreza y condenarla es estigmatizar a los que menos tienen se escucha decir. Eso lleva a pensar que las bandas delictivas son el producto espontáneo del surgimiento de la pobreza. Lo que se piensa habitualmente es que los pibes de las villas se juntan en una esquina para drogarse y luego salen a robar. Se cree así que el delito es producto de una espontaneidad perversa que hoy habita nuestra sociedad, mientras que nadie es capaz de advertir que para el desarrollo de la criminalidad debe existir organización, y que en ésta están implicados muchos que nada tienen que ver ni con la pobreza ni con la villa. En todo caso son actores que usufructúan e instrumentalizan a sectores juveniles vulnerables.

El problema de la seguridad en verdad atañe a una realidad social, a una configuración del tejido social sobre la cual es posible llevar adelante desde arriba políticas de ajuste o por el contrario se constituye en un obstáculo para profundizar políticas inclusivas.

El desarrollo de diferentes modalidades delictivas hoy va constituyendo un pequeño modo de producción que permanentemente rompe lazos sociales y solidaridades, afectando principalmente a los sectores populares. En muy raras ocasiones el delito afecta a los miembros de las clases más poderosas, y no pocas veces -cuando eso sucede- se trata de ajustes de cuenta o mensajes mafiosos.

Allá por los últimos años de la década del ’90, cuando comenzaron a conformarse los diferentes movimientos de desocupados, un experimentado militante territorial de Ensenada le explicaba a quien escribe que, no pocas veces cuando había interesados en que los trabajos barriales se rompan, lo que hacían era introducir droga. Eso era un elemento que atomizaba cualquier iniciativa social, un potente desmovilizador. A su vez comentaba que en los barrios en los que había mucha pobreza desde el mismo activismo intentaban controlar y neutralizar a los delincuentes conocidos, porque eso jugaba en contra de la militancia y del laburo barrial. Tampoco descartaban hacer reuniones con todos los vecinos en la sociedad de fomento e invitar al comisario para advertirle que no estaban dispuestos a permitir una zona liberada. La tarea de un movimiento social en una barriada también es cuidar los intereses del almacenero, de los pequeños comerciantes y de todos aquellos que trabajando mejoran sus pertenencias familiares. Suponer que en un barrio precario la mayoría se droga, roba o se prostituye es la visión que nos quieren imponer desde las principales usinas del Establishment. Por eso el trabajo sistemático que hicieron las organizaciones piqueteras en el territorio es algo que no debe dejar de resaltarse, y principalmente porque lo hicieron a partir de un sedimento socio cultural ya existente. La existencia de redes delictivas en un territorio determinado flaco favor le hace a los movimientos sociales, le entorpecen su actividad e incluso sirven de excusa para estigmatizarlos y reprimirlos.

Existe hoy una caracterización muy precaria de las clases sociales existentes que dificulta ostensiblemente  el diagnóstico y por ende la labor política misma. Se habla demasiado de la “clase media” haciendo de ella un componente negativo y retrógrado que obstaculiza la labor militante y por otro lado se la enfrenta a los sectores más empobrecidos de la sociedad. La problemática de la seguridad pareciera girar imaginariamente en relación a esa contradicción. Los sectores integrantes de la denominada clase media no dejan de ser en su gran mayoría sectores populares proclives de ser ganados para el cambio social. Los trabajadores que tienen un empleo en blanco y gozan de un sindicato, los profesionales -muchos de ellos proletarizados-, y todo lo que otrora se denominaba pequeño burguesía son la clase media. Obviamente que en ella hay sectores reaccionarios de igual modo que entre los más pobres hay sectores lumpenizados. El gobierno de Cambiemos si bien se puede apoyar en esos sectores, su componente de clase es bien definida: son esos sectores tradicionales del poder terrateniente y financiero, los socios civiles de la dictadura. Construir un bloque de fuerzas que se plantee una alternativa de liberación nacional y social implica unir a la mayoría de los sectores populares para enfrentar a esa fracción dominante socia del Imperio.

La Inseguridad es un elemento que poco aporta a la unidad popular, la fractura, la corroe. Enfrenta a sectores populares entre sí, genera desconfianzas muy marcadas, prejuicios biopolíticos y rompe todas las cadenas de solidaridad. Invita a encerrarse en el propio hogar y alejarse de cualquier actividad colectiva. En términos maoístas la inseguridad exacerba las contradicciones en el seno del pueblo. En tal sentido la existencia de ese pequeño modo de producción delictivo amenaza la existencia de las organizaciones sociales y políticas y por ende favorece a los que ostentan el poder. Obviamente que no es sólo un problema argentino, es parte integrante de un capitalismo en descomposición que decidió acumular riquezas más allá de la plusvalía. Las fracciones más ricas y poderosas del planeta hoy no viven solamente de la explotación de los obreros, además acumulan con las economías sumergidas (trata, narcotráfico, esclavización, etc.) desarrollan guerras, promueven violencia, saquean riquezas naturales entre muchas otras acciones. El desarrollo del crimen organizado no puede ser ajeno a esa marea rapaz, es completamente compatible y funcional.

Hoy una alternativa progresista o de izquierda debe plantear seriamente el problema de la inseguridad. Porque es un tema sentido por gran parte de la población y que puede convertirse en un campo propicio para la lucha ideológica de los sectores populares contra el sentido común imperante. La existencia de inseguridad le permite a los sectores dominantes tener mucho más controlado el escenario social y cualquier atisbo de conflictividad. No resulta novedoso ver la eficacia de las fuerzas de seguridad en la lucha antidisturbios y la ineficacia para combatir el delito. Siempre se dirá que ganan poco que no están bien equipados pero dando palos a los manifestantes o disparando balas de goma eso no se percibe.

Por otra parte hay que señalar que desde hace algunos años se viene produciendo en diferentes partes del mundo, una radicalización creciente de sectores medios de la sociedad hacia posturas fascistas. Si bien el epicentro de este fenómeno se da en Europa y los Estados Unidos como reacción a la llegada de inmigrantes, esto no es ajeno a lo que mayoritariamente piensa gran porcentaje de los sectores medios argentinos con respecto a la llegada de bolivianos, paraguayos y otros pueblos suramericanos. Espontáneamente se piensa que vienen a robar o a traficar drogas, cuando se puede comprobar fehacientemente que vienen a trabajar de forma mucho más dura que nosotros mismos. En diciembre de 2010 cuando la toma del Parque Indoamericano el por entonces jefe de gobierno porteño Mauricio Macri dijo por todos los medios que la violencia era a causa de la “Inmigración descontrolada”. Ese sedimento ideológico está muy presente en las capas medias al igual que un cierto racismo con respecto a los habitantes de los barrios precarios. La frase del ministro de Educación Esteban Bullrich “Esta es la nueva Campaña del Desierto, pero sin espadas con educación” resultó bastante sugestiva. ¿Quiénes son los indios a conquistar? es la pregunta que uno se tendría que hacer.

La inseguridad como pequeño modo de producir corroe el tejido social y lo predetermina para que se lleven adelante políticas de ajuste. Sobre esa base objetiva intentar establecer políticas inclusivas o progresistas tiene un límite determinado, es el que no permite unificar al conjunto de los sectores populares para enfrentar a su verdadero enemigo. “Piquetes y cacerolas…” representó un momento muy especial, ya demasiado lejano. Lo que hay que entender es que el surgimiento del odio al diferente es producido por la suposición de que ese otro representa una amenaza. Ese odio se produce en una muy marcada escisión subjetiva. El que piensa que los bolivianos son narcotraficantes y que debieran ser deportados a su país, también va a la verdulería y se complace en ser atendido por comerciantes que lo tratan mejor que sus propios connacionales.

Unir a los diferentes sectores populares no es tarea fácil, mucho menos hoy, pero de ello depende que el futuro no sea de barbarie. Que lo sea indudablemente no es un problema para las clases poderosas. El sistema hoy no combate a la violencia, la regula para sus propios fines. 

Berisso- 1 de noviembre de 2016

*Periodista


2016/11/06

Caminito


El ruido áspero y grave llegaba desde alguna parte. No podía catalogarse como una cadencia musical, aunque por momentos pareciera pronunciarse como una melodía trastornada. 
Aunque pudiera asemejarse, no era el gemido de una vaca intentando cantar. Hacía rato que no había animales rumiantes por la zona. La urbanización estaba en marcha, aunque quedaran aún, muchos lotes vacíos. Muchos ya estaban alambrados y tenían algún galponcito en el fondo, en el que el propietario guardaba bajo candado alguna pala y alguna guadaña para bajar los pastizales cuando se volvían tupidos. 
En algunos casos, una montaña de cantos rodados indicaba que algún caminito estaba en construcción, para permitir transitar el terreno fangoso después de intensas lluvias.

Cerca de Navidad


Era principios de noviembre. Yo tendría unos seis o siete años. Trajeron al chivito y le daban leche con una mamadera. Me había encariñado con ese animal. 

Faltaban pocos días para las fiestas. Algunos ya hacían sonar la pirotecnia acumulada para el 24 a la madrugada. 

Cuando vi al chivo colgado con un gancho y sin el cuero, me puse a llorar.

2016/11/04

Año 1939.

Año 1939.
Esa noche no había nada que festejar, pero Josef abrió esa botella de vodka que tenía guardada desde hacía más o menos un año. Cuando un barco finlandés había llegado al puerto de La Plata para cargar conservas de carne, él les cambió tabaco negro del Chaco a los marineros nórdicos por bebida blanca. En un bar de la Nueva York, tras salir del frigorífico Josef se fue a tomar unos tragos y ahí conoció a Risto, marinero finlandés con el que se pusieron a hablar en ruso, mientras tomaban caña quemada. Risto le prometió una botella de vodka ruso comprado en Primorsk si Josef le conseguía tabaco. Al otro día cerraron el trato. Desde que había llegado a la Argentina por segunda vez – hacía ya unos veinticinco años- Josef no bebía vodka de su patria.
Ese día abrió la botella porque lo habían despedido del frigorífico. Tal vez pensaba que emborrachándose con un alcohol conocido podría redimirse de sus penas.

2016/10/21

La originalidad argentina

En la sociedad argentina existe un componente propio de las clases populares que no es de fácil asimilación por parte de los diferentes gobiernos. El macrismo gobierna desconociéndolo o como si ya lo hubiera extirpado.

Por Osvaldo Drozd*

En la Argentina cualquier gobierno se enfrentará indefectiblemente a lo que se podría denominar la originalidad local. Un cierto núcleo irreductible, una realidad rebelde que no resulta de fácil abordaje. Aunque la misma no fuera completamente identificada o caracterizada con rigurosidad científica, hubo gobiernos que intentaron subsanarla y otros que la quisieron erradicar de cuajo. En eso no cupieron medias tintas ya que los que la abordaron tibiamente fracasaron rotundamente. Hasta ahora todo indica que no está resuelta y que tiene un final abierto. Cualquier estrategia orgánica de poder no puede descuidarla y debe plantear una resolución efectiva ya sea para un lado o para el otro.

Si bien este núcleo irreductible es parte constitutiva de la estructura, también es histórico por lo que está sujeto a transformaciones y corresponde a un período determinado. Es el resultado de la constitución específica de determinas clases y fracciones de clases sociales que a partir de la década del 30 fueron conformando específicos campos de interés y rediseñando la sociedad argentina. Las clases sociales como soportes concretos de la estructura económica cuentan además con una tradición, con una cultura, con una manera peculiar y particular de abordar sus propios problemas emanados de su lugar específico en la formación social. En ese entramado complejo (cultural, social, económico, político) se desarrolla esa originalidad que posee ciertas propiedades cualitativas que permanecen a pesar de las modificaciones cuantitativas propias del paso del tiempo.

En la Argentina el fenómeno masivo de la inmigración europea a principios del siglo pasado creó un sedimento cultural en las clases populares que se integraría con la cultura autóctona y sería decisivo en la conformación de una clase trabajadora con alta tradición de lucha y organización. Por su parte, la burguesía nativa nunca pudo colocarse más que en un lugar subordinado con respecto tanto a la oligarquía terrateniente como al imperialismo de turno. Esto creó disimetrías muy marcadas en relación a las contradicciones de clase propias a la estructura nacional, lo que para cierto dogmatismo marxista siempre resultó un obstáculo, un objeto opaco que no le permitió trazar líneas de acción apropiadas y mucho menos entender la emergencia de un emblemático movimiento como el peronismo. 

En la década del ‘30 se produjo en la Argentina un incipiente pero intenso proceso de industrialización por sustitución de importaciones, o tal como lo denominaron Murmis y Portantiero, una “industrialización sin revolución industrial” (1). Un proceso en el que el rol de la incipiente burguesía no era incompatible con el predominio económico de la oligarquía terrateniente pero que sí generaba un novedoso proletariado que podía esbozar en sus reclamos los basamentos para una nueva Argentina. Si la burguesía podía conciliar con los terratenientes, la incipiente clase obrera cuestionaba objetivamente su existencia. El surgimiento de nuevas fuerzas productivas contrastaría con la estructura agroexportadora y dependiente de la formación social argentina. 

La nueva clase obrera culturalmente representaba una interesante confluencia. Integraba las mejores tradiciones de los inmigrantes europeos en relación a vetas sindicales clasistas traídas del viejo continente en su acerbo cultural, con la irrupción de grandes contingentes de población semiagraria autóctona que emigraban del campo a la ciudad y se proletarizaban rápidamente. Ambos sectores intentaban huir de la pobreza y la injusticia tanto de la Europa sumida en guerras como del campo regido por terratenientes retrógrados. Esta fusión sería la base principal de la fuerza sindical que confluiría con un sector nacionalista del Ejército proclive a impulsar un desarrollo autónomo del país. Si bien la fuerza obrera se iría a conformar durante la década del 30, sus orígenes míticos provenían de mucho antes. De figuras como Simón Radowitzky, de legendarias organizaciones como la FORA y de luchas como la Semana Trágica y la Patagonia Rebelde. Todas esas tradiciones eran parte del acerbo cultural del sindicalismo que iría a cobrar fuerza en la Década Infame. Hasta fines de esa década los sindicalistas comunistas contarían con cierto prestigio. Fueron quienes condujeron las heroicas luchas de los obreros de la Construcción en el 36, pero fueron perdiendo peso en el movimiento sindical, mientras que dirigentes de tendencias sindicalistas y anarquistas tomaron mayor protagonismo para constituirse en la base principal del movimiento que confluiría en la gran movilización del 17 de Octubre, y que conformó posteriormente el Partido Laborista que llevó a Juan Domingo Perón al gobierno en las elecciones de 1946. En ese tiempo, con la excepción de los sindicatos comunistas y algunos pocos socialistas, todo el movimiento obrero argentino fue artífice de la nueva fuerza política emergente.

En la década del 40 se constituyó en el país el más grande y poderoso movimiento sindical de Latinoamérica. Una fuerza incomparable que sería la base principal de sustentación del peronismo. Tenía razón el sociólogo Julio Godio cuando sostenía que el peronismo no tenía nada de populista porque en verdad era un movimiento nacionalista y laborista, en el cual se producía la confluencia de un grupo de militares con la clase obrera. El peronismo en el gobierno generaría con sus reformas, un plafón de derechos que los trabajadores ya no se resignarían a perder incluso hasta cuando el depuesto Perón partiera hacia el exilio. La resistencia peronista, tras el golpe del 55 y la emergencia en los 60 de numerosas organizaciones revolucionarias tanto de la izquierda como del peronismo, daban acabadas muestras de que cuando algo se pone en pie ya es muy difícil detenerlo. Desde el Cordobazo del 69 al Viborazo del 71 se produjeron incontables puebladas que hicieron inviable al gobierno militar de entonces, e hicieron que las clases dominantes tuvieran la necesidad de frenar esa oleada permitiendo el regreso del General Perón al país. La avanzada revolucionaria de los 70 representó tal vez el escalón más alto en cuanto a la intención de cómo resolver la originalidad argentina a favor de los sectores populares. Su principal antecedente habían sido los primeros dos gobiernos peronistas.

La dictadura cívico militar (1976-83) con el exterminio masivo de activistas, y el menemismo (1989-99) con la desarticulación del aparato estatal y la extensión desmesurada del desempleo a partir de la destrucción masiva de puestos de trabajo, representaron los dos momentos más profundos de cómo resolver la originalidad a favor de los sectores dominantes. Eliminar a la vanguardia política de los sectores populares e intentar diezmar a la clase trabajadora como actor económico produciendo grandes índices de marginalidad, son dos momentos diferentes pero solidarios entre sí. A pesar de ello, de los desparecidos y de los despedidos no pudieron lograrlo. Había un núcleo irreductible al que no se podía extirpar tan fácilmente.

Promediando el segundo quinquenio de los noventa surgió en la Argentina un movimiento de trabajadores desocupados que llamó la atención en todo el activismo mundial, el movimiento piquetero. No se puede entender al mismo sin saber que la larga tradición obrera argentina de lucha y organización se había trasladado al territorio donde vivían los desempleados. Militantes sociales de diferentes países vinieron al país a aprender del movimiento piquetero para llevarlo como un modelo a seguir en sus propios países en los que la desocupación también había sido grande, pero en donde los trabajadores en similar condición no tenían una iniciativa propia similar. Este hecho no es muy tenido en cuenta, e inclusive no hay trabajos sistemáticos que hablen de ello, salvo numerosos artículos de publicaciones alternativas o la propia voz de los protagonistas de entonces.

Posteriormente surgiría otro movimiento también autóctono, el de las empresas recuperadas. Los trabajadores de pequeñas fábricas -que sus patrones hacían quebrar-, haciéndose cargo de las mismas demostraban la viabilidad de unidades productivas que para el burgués argentino resultaban imposibles.

Diciembre de 2001 puso sobre la mesa el hecho de que la originalidad argentina seguía sin resolverse. Sin 2001 el kirchnerismo como proyecto hubiera sido impensable. Resultaba así una respuesta política a esa implosión. Inclusive se podría decir que los diferentes gobiernos K agrandaron el abanico de demandas populares sin poder darle una resolución estructural, aunque mejoraron considerablemente ciertos daños estructurales ocasionados por las políticas neoliberales, sin poder en muchos de los casos hacer que esos reajustes se tornen irreversibles. Cuando desde un gobierno de tinte progresista se visualizan ciertas dificultades para hacer avanzar sus reformas, ya sea por la gran oposición corporativa o por la inercia de restos estructurales provenientes de coyunturas anteriores lo que no se debiera descuidar es la base social que podría ser factor determinante en un proceso de cambio, los sindicatos y los movimientos sociales ya que en ellos habita esa originalidad señalada anteriormente.

El gobierno de Mauricio Macri lleva adelante su gestión como si desconociera ese núcleo irreductible, o en todo caso, actúa como si ya lo hubiera extirpado. Lo cierto es que mientras no aparezcan en acción organizaciones sociales, sindicales y políticas que demuestren que la originalidad sigue viva, el Establishment irá ganando tiempo y terreno porque esa originalidad sólo es factible constatarla cuando es orgánica y colectiva. Tampoco es eterna.

También hay que tener en cuenta que si los principales golpes a la originalidad fueron los propiciados por la dictadura y el menemismo, habría que ver si las respuestas posteriores de los sectores populares no fueron más que los últimos reflejos de algo que está muriendo. Esa respuesta la tiene que dar la iniciativa popular.

Berisso- 17 de Octubre de 2016

*Periodista

Nota bibliográfica:

- Miguel Murmis y Juan Carlos Portantiero-  Estudios sobre los Orígenes del peronismo. 1971