2018/04/16

A 50 años del estreno de la gran obra de Pasolini- El Teorema más inquietante


Una familia burguesa tipo. Marido y mujer, dos hijos adolescentes, una criada y la llegada de un huésped que lo trastoca todo. En el convulsionado 1968, Pier Paolo Pasolini generaba admiración, escándalo e infinidad de polémicas con el estreno de Teorema.


Hace 50 años, en 1968, se estrenaba el film Teorema en Italia, la duodécima producción cinematográfica de Pier Paolo Pasolini. Ese mismo año ya había dirigido anteriormente dos películas, Edipo rey y Le streghe (las Brujas) junto a otros directores. Pasolini que era un prolífico escritor en géneros como poesía, ensayo, narrativa y teatro; desde 1961 comenzó a incursionar en el cine. Nacido el 5 de marzo de 1922 en Bolonia se convirtió en uno de los más emblemáticos intelectuales italianos de posguerra.
Sus dos primeras películas fueron  Accattone (1961) y Mamma Roma(1962). Ambas enroladas en el neorrealismo italiano propuesto por un director como Roberto Rossellini. Roma, città aperta (1945) de dicho cineasta es considerada la primera producción de este género. La tesitura neorrealista era mostrar las condiciones reales de existencia de los sectores sociales más postergados  principalmente en los tiempos de posguerra y por otro lado terminar con cierta modalidad fascista presente en el arte que privilegiaba un estilo histórico y musical grandilocuente. Accattone el personaje principal de la primera película de Pasolini era un pobre proxeneta de barrio proletario que hacía prostituir a la mujer con la que vivía. Por su parte “Mamma Roma” es una prostituta que trabaja en las calles de la capital italiana pero sueña con alcanzar un modo de vida pequeño burgués. Ambos filmes fueron hechos en blanco y negro y cuentan con historias acaecidas en los suburbios mostrando los avatares y la crueldad de la vida cotidiana.
1968 representó un año de cambios, de revuelta y de presentación en público de una nueva generación nacida tras la finalización de la 2da Guerra Mundial. En Europa el Mayo parisino iría a marcar una nueva agenda de la que el resto del continente no permanecerá ajeno. Un año después estallaría el Otoño caliente italiano. No se puede entender a Pasolini sin este contexto.
Si en matemáticas y geometría un teorema es una proposición que partiendo de un supuesto (hipótesis) afirma una racionabilidad (tesis) no evidente por sí misma; en la trama de Pasolini el teorema va a ser la presentación de la vida de una familia “pequeño burguesa en el sentido ideológico, no en el sentido económico”, dirá el autor en la primera página del libro que luego se transformará en film. Se trata en verdad de un manual laico sobre la vida de una familia perteneciente a la rica burguesía industrial de Milán en la que se producirá una irrupción religiosa luego de haber sido trastocado su propio orden. Ése será precisamente el teorema.
La cuestión obrera y el lapsus patronal

La Italia del ’68 estaba conmocionada por grandes luchas obreras y el resurgimiento de viejos debates acerca de la cuestión operaria, fundamentalmente los que ya había vislumbrado Antonio Gramsci en los consejos de fábrica turineses y los había transmitido en los célebres cuadernos de L’Ordine Nuovo entre 1919 y 1920.
Si bien en Teorema la cuestión de la condición obrera y su relación con el mundo fabril no es para nada algo descollante, la película comienza mostrando la imagen de una fábrica que “se extiende por todo el horizonte, como una inmensa barcaza anclada entre los regadíos y las barreras transparentes de álamos” dice Pasolini en el libro. “Después (de esa paz), súbitamente, un verdadero infierno: los seis mil quinientos obreros de la fábrica empiezan a salir, todos juntos, vomitados por las cancelas plegadizas, y toda la zona de estacionamiento parece trastornada por una especie de ciclón” agrega. En la puerta de la fábrica un periodista con su cámara filmadora comienza a hacerles preguntas a los trabajadores. “El patrón les ha cedido la fábrica: ahora los dueños son ustedes, los obreros. ¿No los humilla el haberla recibido como donación?” interroga el cronista y entre muchas más preguntas “¿No habrían preferido haberla conseguido mediante una acción propia? De este modo ¿No los ha apartado el patrón del futuro revolucionario de la clase obrera para convertirlos en pequeño burgueses?”
Pasolini en el libro aclara que son preguntas confeccionadas cuidadosamente en un “lenguaje de baja laya, típico de la cultura para ciudadanos medios, destinadas a informar en la sórdida prosa de la actualidad”. La donación de la fábrica a los obreros realizada por el patrón en verdad, no responde a ninguna estrategia, es simplemente una acción apresurada de alguien que entró en crisis a partir de su participación en las operaciones del teorema.
La sexualidad y la subversión del sentido común

Una familia burguesa tipo. Marido y mujer. Dos hijos adolescentes de ambos sexos y la criada. La escena transcurre en una mansión con amplios jardines a la que se accede a través de un pasaje suburbano pero de suburbio residencial. A lo lejos se pueden ver más allá de los jardines “palacetes elegantes y rígidamente silenciosos”. La familia asiste a una rutina que será trastocada con la llegada de un huésped. Cuando se habla de cine es recomendable no anticipar determinados elementos que podrían afectar la curiosidad de un virtual espectador que aún no vio cierta obra. Se intentará respetar esa regla. Sólo se hará referencia a cuestiones puntuales que es necesario señalar para justificar sobre lo que se escribe.
El personaje del huésped se torna paradigmático en toda la obra, aunque en la segunda parte su eficacia se produzca a partir de su ausencia. Interpretado por el actor británico Terence Stamp, el visitante aparece en una fiesta que la familia ofrece para sus amistades en su propia mansión.  El efecto es mostrar a alguien que inmediatamente se va a diferenciar del resto no sólo por su atractivo sino por rasgos que lo hacen distinto al burgués medio. El huésped tampoco es un proletario. Su aspecto muestra una cierta vivacidad que para los burgueses de ese tiempo parecía vedada. Él tendrá una relación exclusiva con cada integrante de la familia incluida la criada y cada acción particular hará que cada uno de los personajes se transforme disolviendo sus hábitos adquiridos aunque en un segundo momento ello se convierta en culpa.
Pasolini sostiene en el libro que no se trata de un relato realista sino de una parábola y que por esa misma razón las descripciones no serán minuciosas ni programadas en todos sus detalles  como sí ocurre en un relato tradicional o simplemente normal. A diferencia de una narrativa realista lo que sucede en el teorema es que la presencia del visitante afecta en bloque y casi en simultáneo a todo el grupo familiar. Es probable que estas cosas sucedan pero no afectando a todos, sino tal vez como la aventura particular de alguno de sus miembros. Pero no hay que descartar como hipótesis los efectos de un tiempo de profundos cambios culturales e ideológicos a lo que la obra también se refiere.
Tras medio siglo Teorema sigue representando una obra emblemática de un tiempo singular.


2018/03/15

La nueva novela negra- Asesinos sin rostro


La nueva vertiente del tradicional género policial aborda principalmente temas relacionados con el crimen organizado a partir del desarrollo de modos de acumulación económica, como pueden ser el tráfico de personas, el narcotráfico o el lavado de activos. 

Si las producciones cinematográficas o televisivas que se desarrollan en escenarios distópicos y posapocalípticos hoy son en el terreno de la ficción una muestra de algo que en verdad está sucediendo o podría suceder, se podría afirmar que su complemento natural viene a ser el actual género policial negro, que fue más allá del viejo thriller detectivesco para abordar la resolución de un tipo de crimen mucho más complejo, que ya no resulta una anomalía sino algo que funciona y se desarrolla en la sociedad misma casi con naturalidad, el crimen organizado.
Aunque resulte paradójico dentro del paradigma democrático liberal, hoy no es para nada fácil poder mostrar ciertas realidades en las que los más poderosos se encuentran metidos. Contra todo lo que se afirma bajo la bandera de la libertad de expresión, una tarea periodística de investigación seria que involucre a estamentos del poder tenderá a ser completamente silenciada. Lo paradójico es que todas esas realidades son materia prima efectiva para la realización de obras de ficción, ya sean literarias o cinematográficas. El género privilegiado es cierto policial negro que abarca una variedad de temas recurrentes. Principalmente todo lo referido al crimen organizado a partir del desarrollo de modos de acumulación económica como pueden ser el tráfico de personas, el narcotráfico o el lavado de activos.
En su cuento Variaciones en rojo, haciendo referencia al caso policial en cuestión que la prensa había denominado El misterio del cuarto escarlata, Rodolfo Walsh hace hincapié en que a pesar de la similitud nominal con la clásica historia de Gastón Leroux, el asesinato de Carla de Velde “para los que quisieron ver en él un halo de misterio, fue el exacto reverso de aquel problema clásico (del género policial); un cuarto cerrado por fuera”. En la introducción a Las pruebas de imprenta, Walsh señala que la literatura policial es el “único género que cuenta ya con dos –o quizá tres-  situaciones o problemas específicos susceptibles de diferentes soluciones”. Uno de esos problemas es el de resolver un crimen realizado dentro de una habitación con la puerta cerrada por dentro. La actual novela negra y toda la producción fílmica proveniente de esos mismos textos fueron más allá de los problemas planteados a los que alude Walsh. Ya no se trata de un crimen aislado o de un asesino serial sino del crimen organizado enquistado en la sociedad y que paradójicamente cuenta en sus filas a personajes notables que nadie sospecharía que son parte, incluyendo la necesaria complicidad y connivencia institucional.
De C. Auguste Dupin de Edgar Allan Poe, Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle o Hércules Poirot  de Agatha Christie al inspector Kurt Wallander de Henning Mankel o la periodista Annika Bengtzon de Liza Marklund lo que cambia es la modalidad del delito a resolver. En la introducción a su Biografía del crimen. De Agatha Christie a Stieg Larson (2014) el notable escritor chileno Camilo Marks hace referencia al hermetismo necesario que debe guardar el policial clásico, no anticipando la identificación del asesino ni el final de la obra. Si se supiera quién fue el hacedor del crimen una obra perdería todo su encanto y atención. Para el caso de la literatura y cinematografía “criminal” ya no se trata de no mostrar al culpable, sino que es probable que se encuentre identificado de manera bastante prematura. Lo interesante de la trama es cómo hacer para detenerlo ya que frecuentemente tiene mucho más poder que los que lo persiguen. Otro caso interesante de temática criminal es -principalmente en Europa- la investigación de asesinatos a inmigrantes casi siempre hechos por bandas neonazis. Esta problemática es bastante común en el thriller sueco. La primera entrega de la saga Wallander de Henning Mankel que lleva el nombre de Asesinos sin Rostro precisamente aborda este problema. De igual forma la imprescindible Millenium de Stieg Larson hace referencia a sobrevivientes nazis en el país nórdico.
Para ejemplificar un poco lo que se viene señalando es preciso dar algunos ejemplos. McMafia es una excelente miniserie británica de ocho episodios que se desarrolló entre enero y febrero de este año. Basada en una obra literaria del periodista inglés Misha Glenny que lleva el nombre de McMafia: A Journey Through the Global Criminal Underworld (2008). En dicha serie el protagonista Alex Godman es un joven banquero dueño de un poderoso fondo de inversión. Nadie podría sospechar que Godman con su capital se encuentre involucrado en diferentes negocios ilegales a nivel trasnacional y por su parte enfrentado a otros poderosos intereses que compiten en el mismo rubro. Queda bastante evidenciado que un capitalista si pretende hacer que su dinero se multiplique lo va a hacer por cualquier medio y hoy toda pareciera mostrar que esos negocios no son para nada santos. Precisamente son las inversiones más redituables. En la misma serie el businessman israelí Semiyon Kleiman sorprende con la manera efectiva para secuestrar chicas rusas para prostituirlas en Egipto. Con la oferta de un trabajo de mediana reputación, las mujeres son captadas en Moscú y cuando llegan a destino son raptadas de una forma de la que es muy difícil escapar. Kleiman se siente orgulloso de practicar dicho método aunque su principal forma de ganar dinero es siendo el propietario de una flota de carga que entre otras cosas transporta estupefacientes por el Mediterráneo.
Queen of the South es una entretenida serie estadounidense que ya lleva en pantalla dos temporadas (2016- 2017) de 13 capítulos cada una. Está inspirada en la telenovela La reina del sur que se difundió en España, México y Colombia y a su vez en la novela de igual nombre del escritor español Arturo Pérez Reverte. En la serie se muestra de forma bastante explícita el modus operandi de los carteles mexicanos para ingresar cocaína en los Estados Unidos. También sobre la comercialización en dicho país. La principal protagonista Teresa Mendoza es una joven que debe huir de su país México hacia EEUU perseguida por el cartel del poderoso narcotraficante Epifanio Vargas quien además se convierte en gobernador de su distrito proponiendo una lucha sin cuartel contra los grupos narcos. El doble rasero en todo su esplendor de un adinerado capo mafia con excelentes contactos con la DEA. Camila Vargas su ex esposa para proseguir con el negocio se afinca en los Estados Unidos y asegura que los cargamentos de estupefacientes pasen la frontera y puedan ser comprados por algún poderoso magnate que luego derivará todo hacia una red de comercialización. Increíblemente cuando se habla de narcotráfico casi nunca se hace referencia a ese capitalista que necesariamente debe comprar una cantidad considerable de una mercancía sumamente preciada que además debe ser abonada indefectiblemente en efectivo ya que ahí no corren ni créditos ni cuotas. En el caso de no pagar se paga con la muerte.
The Whistleblower es una película de 2010 escrita y dirigida por la guionista y directora canadiense Larysa Kondracki. Tras finalizar la guerra de los Balcanes, una agente de la policía de Nebraska viaja a Bosnia como observadora de las Naciones Unidas. Allí irá a denunciar ante la ONU a una multinacional por haber encubierto varios casos de tráfico sexual. El guión se basa en la historia real de Kathryn Bolkovac, que fue a Bosnia en 1999 como miembro del comité de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz y descubrió cómo esclavizaban mujeres.
En los últimos años tanto en la literatura, como en el cine y las series televisivas estos son temas recurrentes que de alguna manera denuncian una realidad existente mostrándose como ficción. La realidad de diferentes modelos de economías sumergidas (trata, narcotráfico, lavado, etc.) al igual que lo que el geógrafo marxista británico David Harvey denomina acumulación por desposesión (basado en la acumulación originaria de Marx) pareciera que van mostrando la faz más cruda de un capitalismo que para sobrevivir no tiene otra ética que la de la ganancia a cualquier costo.

2018/02/25

Sujeto y Diferencia

Veo dos videos de una misma cantante realizando el mismo tema musical. La diferencia radica en el tiempo de confección de ambos. Uno fue hecho a poco tiempo de iniciar su carrera y el segundo cinco años después con una trayectoria consolidada y exitosa. En el primero la voz y la entonación pareciera que se separaran del resto que compone la canción (las otras voces y los instrumentos). Lo que logra es una producción encantadora y muy propia, difícil de copiar. Al escuchar el video realizado 5 años después se nota otra voz, más estandarizada y que no se disocia del resto. Una voz trabajada y que podría ser comparada a la de otras vocalistas. Como en la modulación de los locutores profesionales, la voz original parece quedar para otras ocasiones. En cuanto a la voz de la cantante, la primera podría definirse como la irrupción de un sujeto que en la segunda se pierde con el perfeccionamiento técnico.
Se emplea en esta definición la formulación lacaniana del sujeto de la ciencia. En la formulación científica el que formula desaparece en dicha acción. La ley de la gravedad necesitó que alguien la precipitara pero una vez formulada, la manzana de Newton pierde toda relevancia. Esa ley funciona independientemente de ese hecho azaroso. De igual manera la tabla de multiplicar no tiene sujeto. Hay que ser paranoico para decir “Yo digo que 2 x 2 es igual a 4” Aunque si alguien dijera que 2 x2 es igual a 5 ahí sí aparecería el sujeto.
Una precaria definición del sujeto podría ser que el mismo es aquel que intenta diferenciarse. Que irrumpe en la diferencia. También aquí la definición lacaniana de significante es válida. “El significante es quien representa a un sujeto ante otro significante” al igual que la fórmula saussureana “En la lengua no hay más que diferencias sin términos positivos”.
La Humanidad es un conjunto diferencial. Existe un todo en el que las partes nunca son equiparables. No se podría decir lo mismo de una especie animal. Las diferencias entre humanos fueron introducidas por lo simbólico. Debiera quedar claro que quien escribe no intenta dar cuenta en este razonamiento sobre las diferencias de clase ya que las mismas tienen una razón conceptual diferenciada. Esto no quiere decir que en las mismas no entre en juego la circulación del significante, sino que el abordaje de la totalidad es mucho más complejo que la formulación de herramientas conceptuales propias a experiencias diversas.

En la estandarización y mecanización de la vida cotidiana el sujeto va perdiéndose sin poder percibirlo. La razón de no poder ver el eclipse es tal vez la existencia de un narcisismo cooptado por un principio de satisfacción sujeto al consumo. 

2018/02/24

Distopías en la pantalla- Apocalipsis y después

Una mirada sobre las películas y series que ponen en el futuro la tendencia a la descomposición de lo social que hoy se desarrolla en el capitalismo tardío. Un disparador para pensar y actuar a contrapelo.

Hoy tanto en el cine como en las series televisivas  existe un género bastante difundido. Aunque algunos especialistas lo encuadren como parte de la ciencia ficción hay que precisar que se trata de una temática particular bastante precisa que, aunque no se aparte de la sci fi, cuenta con particularidades comunes y específicas. Se trata de todas esas producciones con escenarios distópicos y posapocalípticos. Si bien puede considerarse como parte de la ficción y la fantasía, algo de todo eso ya existe en la actualidad de la sociedad o en un futuro próximo es realmente factible que suceda. Es lo que se desprende luego de una mirada atenta del género.

De todas maneras es válido precisar que “distopía” y “posapocalípsis” no quieren decir lo mismo aunque vayan integrados en las recientes producciones cinematográficas. La palabra distopía fue añadida recientemente en el Diccionario de la RAE (Real Academia Española) gracias al aporte de José María Merino académico español y ganador del Premio Nacional de Narrativa 2013 de España, quien había definido a dicho término como “representación imaginaria de una sociedad futura con características negativas que son las causantes de alienación moral”.
De todas formas la distopía es uno de esos ingredientes importantes del género ciencia ficción en la literatura principalmente de lengua inglesa desde mediados del siglo que pasó. Basta sólo nombrar una obra como Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, publicada en 1953. Un autor paradigmático de ese género fue James G. Ballard, quien en sus cuentos y novelas nos mostraba una sociedad futura decadente y corrompida con escenarios de una modernidad devastada en la que las relaciones entre humanos pasaban a ser de manipulación y dominio. En El hombre del piso 99 (1962) JG Ballard cuenta como Forbis llega todos los días hasta el último piso del rascacielos y se ve imposibilitado de acceder a la terraza debido a alguna inhibición que en verdad es una contra orden  pos hipnótica realizada por un siquiatra para impedir que se realice una primera orden también hecha por otro médico de la misma especialidad mediante el mismo procedimiento. Forbis no es más que un tipejo que deambula por las estaciones de subte  y los bares de la ciudad sujeto a la doble manipulación de dos profesionales que compiten por la titularidad de un servicio de psiquiatría. En Bilenio (1962) debido al crecimiento desmedido de la población todos los habitantes se ven compelidos a vivir en lugares cada vez más reducidos. El personaje Ward habita en un cubículo de cuatro metros cuadrados y medio empotrado debajo de una escalera. Se aclara en el relato que dicho lugar se excedía en medio metro cuadrado a lo establecido en las normas legales para ser habitado por una sola persona, pero los carpinteros aprovecharon para esa construcción del espacio que dejaba el hueco de una chimenea que estaba en desuso. La distopía implica una proyección a futuro de lo social en la que se exacerban rasgos negativos actuales o surgen otros a partir de cosas ya existentes.
En tal sentido se puede afirmar que la distopía goza de un tinte materialista del que la utopía carece. Metrópolis(1927) de Fritz Lang iría ser en el aún cine mudo la primera gran obra del género mientras que Un mundo feliz (1932) de Aldous Huxley y 1984 (1949) de George Orwell representarían lo más notorio en la literatura.

Lo posapocalíptico o la ruptura de lo social

Aseguraba Jean Baudrillard que la productibilidad de la catástrofe es la catástrofe misma. No es necesario en tal sentido accionar todo el armamento nuclear y táctico emplazado en diferentes sitios del planeta para que la catástrofe sea posible. El hecho de encontrase ya desplegado en actitud amenazante  e intimidatoria es la catástrofe misma. En 1914 Sigmund Freud en su texto sobre el Narcisismo decía que las fantasías del Weltuntergang, del fin del Mundo eran producidas por la retracción de la libido al Yo munida esta operación a una recolección de relatos bíblicos, literarios, proféticos y poéticos. Desde hace algunas décadas se podría afirmar que la profecía del fin del mundo fue más allá de las fantasías para convertirse en realidad. La producción de energía nuclear, la instalación de armamentos tácticos, los basureros atómicos, la miseria reificada en el seno de un capitalismo estructuralmente en crisis que produce una cada vez más amplia marginación y enajenación de las amplias mayorías, un social cada vez más fragmentario, la lúdica genética, la polución ambiental, los desastres ecológicos, las economías sumergidas; ya representan una catástrofe que lentamente va desmoronando al mundo.
Posapocalipsis, un mundo humanamente devastado.
En el género posapocalíptico se desarrollan escenas en territorios devastados por alguna catástrofe mientras que los sobrevivientes ya no forman parte de una sociedad integrada, se ha roto cualquier contrato social. Si se conserva como lazo algo de lo ya conocido eso es la tribu. Si bien las producciones cinematográficas -especialmente en los EEUU- en muchos de los casos tuvieron como referencia al atentado del 11-S a las Torres Gemelas se podría decir que el acontecimiento mismo ya estaba esbozado en Hollywood. La primera gran producción en la que se hace referencia a la destrucción de lo social es la saga Mad Max que se iniciara en 1979. En ella asistimos a la desintegración de la sociedad a partir de las crisis energéticas.

La cartografía del desierto

Un lugar común en las escenificaciones posapocalípticas es la existencia de lugares que no son de nadie. Ya no es ni el espacio público ni el privado sino el sitio de nadie o en todo caso considerado de nadie y que por ende se convierte en lugar de posible apropiación.  En The Bad Batch (2016) dirigida por la prometedora cineasta estadounidense de origen iraní Ana Lily Amirpour,  puede verse a la joven Arlen adentrarse en el desierto hasta ser emboscada y trasladada hasta un sitio en el que le amputarían una de sus bellas piernas para convertirla en alimento. En el desierto se pierde la dirección. A pesar del andar no se va a ninguna parte aunque se convierta en el lugar del atraco. Lo otro del desierto son las ruinas de las grandes ciudades y determinados lugares convertidos en ciudadelas a pesar de su precariedad. En el film de Amirpour el pequeño poblado dentro del desierto tiene como murallas grandes filas de contenedores. Por dentro un profeta distribuye droga entre sus feligreses para que la consuman antes de iniciarse una ceremonia y luego les habla de la felicidad subido en un improvisado escenario. El desierto es el lugar en donde diferentes hordas humanas se enfrentan entre sí  para saquear a sus adversarios ya sea para robar combustible o cualquier otro elemento para la subsistencia.
Lazos sociales destruidos, exterminio, tribalización.
Un elemento curioso en las diferentes producciones tanto del cine como la TV es la existencia de otras especies que aunque tengan forma humana no son considerados como tal. Los zombis, los elfos y una variedad de humanoides vendrían a ser la metáfora precisa del incremento exponencial del racismo en las actuales sociedades.
Muchos tal vez identificados con el pensamiento de Marx podrían llegar a decir que los planteamientos distópicos son parte de fantasías contrarrevolucionarias. Existe una cierta tradición inspirada en un optimismo desmedido que supuso el derrumbe espontáneo del capitalismo y la llegada inexorable del socialismo. “Toda la trayectoria de desarrollo del modo de producción capitalista de producción y de la lucha de clases en la sociedad burguesa conduce inevitablemente al cambio revolucionario del capitalismo por el socialismo” reza el Manual de Economía de la URSS. Aunque repetida a rabiar la frase de Rosa Luxemburgo tal vez no fue demasiado entendida. En el célebre informe Junius de 1916 ella señalaba que si no se producía la llegada del socialismo vendría la barbarie. El destino no es inexorable sino contingente.
Ante la ruptura de lo social en los escenarios distópicos es factible encontrar alternativas micropolíticas. Pequeños grupos que habiendo encontrado un lugar cerca de algún río emprenden una granja colectiva. Ya no existe en esas coordenadas ningún sujeto social que pueda aspirar a la totalidad.
La tendencia a la descomposición de lo social es seguramente la tendencia natural y espontánea que hoy se desarrolla en el capitalismo tardío. Para impedirlo hay que pensar y actuar a contrapelo.

2018/02/14

Soul, derechos sociales y Ku Klux Klan

Un género radicalmente negro que no fue simplemente un estilo musical, sino más que nada una actitud, una proclama, una muestra acabada de la dignidad de la población afroamericana.

“I look inside myself and see my heart is black” 
Paint it Black- (Jagger- Richards) 

“With the power of soul anything is possible”
Power of Soul- (Jimi Hendrix)


El 11 de diciembre de 1964 se producía en la ciudad de Los Ángeles (EEUU) un crimen bastante oscuro. En una de las piezas de un motel de esa ciudad californiana encontrarían el cadáver de Sam Cooke en horas de la madrugada. Cooke está considerado como uno de los padres de la música soul. Además de haber sido ejecutado por un disparo hecho con la precisión propia que tienen los sicarios, el cuerpo ofrecía una cantidad de golpes propinados con inusitada violencia. Lo curioso es que quien se atribuyó el asesinato fue Bertha Lee Franklin, la encargada del hotel. La mujer declaró que tuvo que asesinarlo debido a que el cantante negro quería violar a una joven. El caso sin demasiadas vueltas fue cerrado con la versión de la hotelera. Se sospecha que detrás de esa muerte estaba una formación del Ku Klux Klan. Ese mismo año la organización ultraderechista había asesinado a los trabajadores miembros del movimiento por los derechos civiles Chaney, Goodman, y Schwerner en Misisipi. Sam Cooke también había sido parte de ese movimiento y desde hacía tres años había creado su propio sello discográfico SAR Record. Recordar este hecho no es ocioso, es parte de lo que se intentará señalar en esta nota.
Por lejos el soul no fue simplemente un estilo musical, sino principalmente una actitud, una proclama, una muestra acabada de la dignidad de la población afroamericana. La impronta del soul tendría toda su relevancia en la década del ’60 aunque sus bases comenzarían a desarrollarse en la sociedad norteamericana de la posguerra. Una sociedad marcada por el empobrecimiento de las capas populares y un alto índice de segregación racial. La revolución soul se produciría simultáneamente con la irrupción de la cultura del rock, y si bien alcanzarían algunos rasgos comunes, eran ellas, marcas bien diferenciadas que tendrían entre sí una implicancia mutua decisiva y considerable, no siempre muy explicitada que tal vez debiera alcanzar mayor perceptibilidad. En aquel tiempo resultaba casi una obviedad, pero pareciera que con el correr del mismo, aquella evidencia se hubiese desdibujado.
Tanto el rock como el soul eran hijos directos del rhythm & blues, una música afroamericana surgida tras la gran depresión del ’30. El rock es considerado como la versión blanca de ese estilo acompasada a nuevas melodías, mientras que el soul realizaría una operación similar pero reflotando un viejo estilo afroamericano como el gospel.
La irrupción soul se daría de la mano de una importante movilización social como fue el Movimiento por los Derechos Civiles, encabezado por Martin Luther King, el cual promovía derechos para la población negra que en aquel momento eran solamente privativos de los blancos, como así también emergían por entonces grupos radicales como fuera el Black Panther.
Importantes sellos discográficos como Motown y Stax se convertirían en difusores principales del naciente Soul, dando lugar a la aparición de figuras como Ray Charles, James Brown, Salomón Burke y Sam Cooke, sumándose posteriormente Otis Redding, Wilson Picket, Aretha Franklyn, Stevie Wonder, The Tempations, Marvin Gaye, entre muchos más.
Tras el cobarde asesinato de Martin Luther King, el movimiento soul se radicalizaría dando nacimiento a un estilo también más duro como fuera el funk, que tuvo a James Brown como uno de sus principales cultores y a esa tremenda banda que muchos descubrirían en Woodstock y que era Sly & The Family Stone.
El soul fue desde un inicio negro sobre negro, gospel sobre R&B, pero todos los exponentes de este estilo nunca dejaron de versionar a las estrellas blancas del rock. Un resultado magnífico de esto fue por ejemplo un excelente disco de tributo soul a los Beatles. También rockeros como Rare Earth o Spencer Davis Group versionarían a músicos de soul.
Mientras en los 60, los jóvenes rockeros principalmente británicos se acercaban al blues, y hacían rastreos de esa música en el pasado, simultáneamente irrumpía el soul dándole una impronta muy particular al revisionismo blusero. Los grandes músicos blancos emergentes por aquel entonces pareciera que se hubieran hecho devotos de un nuevo dios, de un dios negro que llevaban por dentro y que llenaba de ritmo africano el alma (el soul). Recordar a Eric Burdon, John Mayall, Mick Jagger, Joe Cocker, Janis Joplin, Eric Clapton por nombrar solamente algunos, nos da la certeza de que la mayoría de los rockeros de entonces aunque blancos de piel intentaban acercarse en su alma al color de la raza que hiciera emerger el ritmo más excitante del universo, mucho más si eso representaba para ellos  ejercer la autonomía de no ser parte de  un establishment por ese entonces bastante cuestionado.


2018/01/15

Los ’80: música y neoliberalismo. Tocando al compás del capital

Si las décadas de los 60 y los 70 quedaron grabadas en la historia como tiempos de profundos cambios en todos los terrenos, en los 80 la música,  que había revolucionado esos años, empezó tocar otro ritmo.

Transcurría el año 1984. Owner of a Lonely Heart de la banda británica Yes era uno de los temas más escuchados. Por entonces un éxito discográfico. En cualquier televisor encendido podía verse el videoclip o también oírlo en alguna estación radial de las novedosas FM (Radios de Frecuencia Modulada). No está de más recordar que desde el 1º de Mayo de 1980 existía oficialmente en la Argentina la TV en color. Era un tiempo en el cual -a partir del regreso de la democracia- se declamaba que todo lo valioso de la década precedente debía retornar: la música de rock o las ideas de izquierda. Pero todo lo que volvía ya no era igual. Algo había cambiado.
Yes fue conformado en 1968 en Londres. Desde sus inicios la agrupación comenzó a desarrollar un sonido característico de rock con fusiones de jazz. Es de destacar que con la llegada en 1972 del tecladista Rick Wakeman la banda lograría un sonido muy particular que alinearía al grupo junto a otros grandes exponentes del rock progresivo y sinfónico de entonces: Pink Floyd; Genesis; King Crimson; Emerson, Lake & Palmer. Wakeman había sido un pianista de música clásica que pasó a utilizar una multitud de teclados electrónicos de última generación. Con Yes incorporarían a las grabaciones a una orquesta sinfónica y un coro. Eran los tiempos de búsquedas sofisticadas y la creación de obras conceptuales. En 1972 lanzarían el álbum Close to the Edgeinspirado en el Siddhartha de Herman Hesse. Un año después tendría lugar Tales from Topographic Oceans, obra también conceptual escrita por Jon Anderson y Steve Howe. El clásico sonido progresivo de Yes llegaría hasta 1979. A partir de ahí la banda quedaría casi desarticulada y algunos de sus miembros propusieron tomarse un descanso. Wakeman y Anderson por ese entonces se inclinarían hacia la música étnica y New Age.
En 1982 los sobrevivientes de Yes alinearon al guitarrista sudafricano Trevor Rabin y allí comenzaba la nueva versión de la banda. Rabin lejos de provenir de la tradición progresiva era un virtuoso guitarrista que cultivaba el hard rock, el pop y el techno rock con lo que Yes adquiriría un sonido mucho más comercial y con llegada a un público masivo.  En octubre de 1983 la nueva formación grabaría el álbum que llevaría como nombre 90125 en alusión al número de catálogo de elepés en el registro del sello Atlantic Records. El tema Owner of a Lonely Heartllegó a ubicarse por varias semanas en el número uno de los rankings de popularidad. Por su parte el tema instrumental Cinema le permitiría al grupo recibir en 1984 el Premio Grammy que sería el único alcanzado por Yes a lo largo de toda su historia. En febrero de 1985 la banda se presentaría en la Argentina en un colmado estadio de Vélez Sarsfield.
El pasaje de un estilo sofisticado y de búsquedas a otro de tipo más bien comercial no fue una exclusividad de Yes. Hubo otros grupos como Genesis, Supertramp o Fleetwood Mac sólo por nombrar algunos que hicieron el mismo camino. Si bien es factible realizar una crítica al cambio de estilo hay que señalar que la calidad instrumental de esas bandas resultaba superlativa. Mientras en Europa se imponía un tipo de música pop rock en donde emergían bandas como The Police, U2,  Depeche Mode, Queen; en los Estados Unidos reinaba la música disco heredera del soul y el rhythm & blues. Michael Jackson era su principal exponente. La conversión al mainstream y la música pop debe entenderse como resultado de un vertiginoso cambio de época no siempre perceptible.
Las décadas del 60 y 70 son valoradas como tiempos de cambio, de revuelta y contracultura. Sobre ello se ha escrito mucho y se sigue escribiendo. Es una necesidad hacerlo. Los 90 son considerados como la etapa en la cual se impondría el neoliberalismo y el pensamiento único heredero del proclamado fin de la historia. Por su parte los años 80 pareciera que no tuvieran grandes hitos para resaltar. Fue una década casi sin épica, una vuelta al sentido común más rutinario.  Sin embargo los 80 representan un tiempo refundacional del capitalismo global. Nada de lo que hoy ocurre podría entenderse sin saber mínimamente qué representó dicho período. Si en los 90 el neoliberalismo se hace perceptible es porque sus cimientos fueron realizados un tiempo atrás. Lo social, lo económico y lo cultural se transformarían sustancialmente. Los cambios en las disciplinas artísticas responden a ese proceso, se enmarcan en él. Se produce el fin de la sociedad de masas. Se comienza a constituir lo social como el entramado complejo de círculos íntimos con lo que devienen las mayorías silenciosas.
Si bien el fenómeno mainstream es posible a partir de una difusión extremadamente masiva en la que sus instrumentos comunicacionales se revolucionarizan permanentemente cabe destacar que no apuntan a conformar  colectivos sociales sino a desmantelarlos construyendo una cultura del hedonismo individualista en la que priman los círculos reducidos, los espacios de privacidad y el resguardo de la multitud.
El fenómeno de la discoteca

Si bien los locales a los que los jóvenes acudían para bailar música grabada tuvieron sus inicios promediando la década del 70, los mismos fueron lugares predominantes en los 80. En la Argentina los denominados boliches bailables desplazarían a los bailes populares a partir de 1976. Vuelta la democracia no habría cambios al respecto. Los lugares cerrados no sólo seguirían sino que se tornarían mucho más sofisticados.
En 1977 se crearía en Manhattan (EEUU) la célebre discoteca Studio 54. Allí se daban cita personajes famosos como Andy Warhol, Mick Jagger, Salvador Dalí, Liza Minelli, Cher, Woody Allen y Frank Sinatra. El rasgo particular de Studio 54 era que el ingreso al lugar no estaba asegurado. La gran afluencia de jóvenes podía verse en las puertas del lugar intentando ser aceptados para ingresar. Se imponía el derecho de admisión. Si bien las discotecas eran masivas, el fenómeno de las luces y la intensidad del sonido propiciaban una cierta imagen de aislamiento. El resto podía ser visto como un decorado necesario. Por esta razón se señalaba por entonces que si un grupo de amigos quería festejar como en su casa debía hacerlo en la disco.  La arquitectura de las grandes discotecas ofrecía diferentes pistas de baile y lugares reservados que sujetos a las sofisticadas iluminaciones propiciaban la ilusión de estar en un lugar no público. La música que emergía en los 80 debía adaptarse a estos nuevos lugares en los que lo social sería desplazado por una perspectiva íntima y privada. Es interesante rastrear estas características en el cine de la época. Esto se potenciaría en los 90 y hasta hoy mantiene vigencia.


2018/01/02

La cuestión de la militancia política- Es la realidad, estúpido

David Harvey y su libro
La falta de una lectura ajustada de la realidad lleva a una práctica ciega, oscura, librada al despliegue de un extremado voluntarismo que más que ser el producto de una necesidad histórica y social es el resultado de avatares individuales.

Alguna vez el célebre etnólogo Claude Lévi- Strauss dijo que las actuales sociedades se corresponden con máquinas termodinámicas que van mutando permanentemente. Las denominaba sociedades calientes. En ellas los hábitos culturales y las certezas sufren una metamorfosis que si son vistos no mucho tiempo después resultan anodinos. Esta velocidad se ha incrementado en las últimas décadas y pareciera ir en aumento. Con ello todos los valores de utilidad –no solamente comerciales- quedan subsumidos en las modas. De esta forma un bien cultural o social que puede considerarse de importancia es dejado de lado por atribuirle condición de “viejo” y por ende catalogarlo como agotado. Esta supuesta caducidad no siempre coincide con las necesidades, ya que en la mayoría de los casos es decretada a través de operaciones ideológicas que intentan sepultar todo aquello que no pegue con las ideas dominantes de un determinado tiempo histórico. Ideas que también mutan muy rápido.
Resulta bastante curiosa la imposición de nuevas modas intelectuales que van degradando y desprestigiando en muchas casos construcciones teóricas rigurosas por considerarlas hechas para otros tiempos. De esta manera aparecen nuevos pensadores que si rescatan a algún teórico del pasado manifiestan haberlo aggiornado.  Así es posible que se produzca el retorno de alguien para enfrentarlo o superponerlo a otros de su tiempo. Antonio Gramsci en los ’80 fue utilizado para contraponerlo a la tradición marxista, fundamentalmente leninista, resaltando de él aspectos tanto autonomistas como socialdemócratas. A estas maniobras de manipulación de la teoría en otros tiempos se las denominaba “revisionismo”, un término que también fue eliminado del vocabulario militante por considerarlo caduco.
Realizar una profunda crítica al igual que un inventario de todas las revisiones llevaría un enorme trabajo que solamente podría ser realizado por un colectivo de intelectuales comprometidos. Esto le proporcionaría al activismo una batería de herramientas conceptuales que potenciarían su labor militante.  A veces determinados silencios podrían ser considerados como resultado de cierta miopía, aunque la mayoría de las veces sean intencionales, producto de cambios en los modos de abordar y percibir la realidad. Cambios que sin duda van degradando incluso al pensamiento crítico.
Saber dónde estamos parados

Todos aquellos que militaron en los ’70 deben extrañar la caracterización de la etapa en la que desarrollaban su labor. Realizar un análisis de situación no era sólo el patrimonio de las izquierdas marxistas, también lo hacían las diferentes organizaciones del peronismo revolucionario. Si la actividad política no representa un pasatiempo, un lugar para expiar culpas ni tampoco una oportunidad para acceder al poder para saciar apetitos individuales lo primero que se debiera conocer es la realidad que se pretende transformar. Carecer de ese conocimiento lleva a una práctica ciega, oscura, librada al despliegue de un extremado voluntarismo que más que ser el producto de una necesidad histórica y social es el resultado de avatares individuales.
Por esta razón habita en el sentido común la idea de que enrolarse en el cambio social es sólo para los jóvenes que, una vez envejecidos, deben retirarse a hacer otras cosas. “De joven se es revolucionario y de viejo conservador”, dice un dicho popular. Si bien algo de todo eso sucede en la sociedad, no se puede concebir un proceso de transformaciones exclusivamente como la exteriorización de subjetividades. Las mismas son necesarias e inevitables pero se apoyan en procesos materiales y objetivos mucho más complejos que, resulta necesario conocer. Hoy se impone la posverdad con lo cual un gobierno como el de Macri afirma un montón de cosas que uno percibe que son falsedades pero no hay quien a través de datos reales pueda rebatirlos y poder informar correctamente a la población, ya que no alcanza con decir que los medios mienten.
Del análisis de situación que propicia una caracterización correcta de la realidad surge la línea de acción, la línea política, el quehacer militante. El actual y muy recomendable  marxista británico David Harvey sostiene en la introducción a su libro Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo (2014) que; “Las interpretaciones erróneas conducen casi siempre a políticas erróneas cuyo resultado será profundizar más que aliviar las crisis de acumulación y la miseria social que se derivan de ellas”.  En referencia al movimiento anticapitalista ahora en formación, Harvey señala que resulta “crucial no sólo entender mejor el funcionamiento de su antagonista (el capital) para oponerse al mismo, sino también para articular una clara argumentación sobre por qué tiene sentido en nuestra época un movimiento de este tipo y por qué es tan necesario tal movimiento en los difíciles años que nos esperan para que el conjunto de la humanidad pueda vivir una vida decente”.
Conocer la realidad además permite saber quiénes son nuestros amigos y medir la envergadura de a quién nos oponemos. No se trata de un caminante ciego que por casualidad encontró su lazarillo, se trata de caminantes que en la experiencia de caminar van conociendo y haciendo el camino.


2017/12/31

Sitrac o las luchas olvidadas

Las luchas de los obreros de Fiat Concord en la Córdoba de principios de los 70 constituyen, junto a algunas otras, modelos que la burocracia sindical prefiere olvidar, precisamente porque podrían marcar un camino en el presente.

No tendría nada de asombroso que un país retome los objetos de su pasado, los vuelva a describir minuciosamente para luego saber qué se puede hacer con ellos en el presente. En Crítica y Verdad, el semiólogo francés Roland Barthes esbozaba esta idea afirmando luego que “esos son, esos deberían ser los procedimientos regulares de valoración”. En la Argentina de hoy pareciera que la historia hubiera colapsado. Sólo existe un virtual futuro anclado en un débil presente y un pasado que se debiera olvidar o solamente recordarlo como la madre de todos los males. De esta manera se rompe la historización y por ende se pierden todos los objetos o hechos que fueron parte de nuestro pasado reciente. Lejos de validar dicha operación es necesario volver a esos elementos negados, porque aunque eso no se haga ellos viven intensamente en el presente. Intentar limpiarlos no es más que una triquiñuela que hoy se impone en el sentido común imperante.
Así como nadie puede borrar los hechos de su pasado mucho menos se lo puede hacer con la vida de un pueblo o una nación. Las luchas populares y sus organizaciones, o el genocidio perpetrado contra ellas, no se pueden esconder en un sótano porque aunque se lo intente, aunque se simule su desaparición, siguen insistiendo en el acontecer de la sociedad. Siguen escribiendo el presente.
De todas maneras inclusive en el ideario de los grupos que hoy dicen representar a los trabajadores o a los sectores populares pareciera que hay objetos del pasado que también quisieran ocultar o dejar de lado, ya sea porque no son parte de su propia tradición o porque en la infernal concurrencia de las izquierdas pretenden también vivir casi exclusivamente del presente.
Las experiencias de los obreros clasistas en los comienzos de los setenta en Córdoba, igual que el accionar de las vanguardias revolucionarias de entonces, es necesario señalar que no han dejado herencias orgánicas ni a nivel de los partidos políticos actuales, ni tampoco una tradición teórica que reivindique al marxismo de una forma diferente a cómo hoy se lo conoce en las organizaciones existentes o en el ámbito académico. Si bien el kirchnerismo intentó plasmar algún legado de la izquierda peronista de los 70, esto sólo fue un aspecto decorativo. No se trata de emular cierto pasado para repetirlo sino para extraer conclusiones válidas que sirvan en la actualidad. Se trata en primer lugar de la autocrítica, del reconocimiento de los errores para su debida corrección; más que el rescate de cierta épica con la cual quedan conformes los diversos narcisismos de las pequeñas diferencias.
Las automotrices cordobesas

Si bien la matriz económica de tipo industrial nunca fue el aspecto predominante de la formación social argentina, hay que señalar que en coyunturas precisas tuvo un desarrollo particular. Tal fue la puesta en marcha del gran complejo automotriz en el conglomerado urbano de la ciudad de Córdoba. Además de la extensa planta que Ika- Renault tenía en Santa Isabel, y de las fabricaciones IME, se instalaría en Ferreyra en 1954 el complejo de las fábricas Fiat Concord y Materfer. Esta empresa italiana llegaba a nuestro país envalentonada tras haber lidiado a su favor un extenso conflicto gremial en Turín con la central itálica CGIL. En estas plantas la patronal prohibiría la actividad sindical hasta que en 1958 el gobierno de Arturo Frondizi permitió la conformación de sindicatos por empresa. De esta manera se formarían los pequeños Sitrac (Sindicato de trabajadores Concord), Sitram (Sindicato de trabajadores Materfer) y Sitragmd (Sindicato de trabajadores de Grandes Motores Diesel). Esta modalidad de asociación, al encontrarse escindida del movimiento sindical argentino, tendría un escaso margen de negociación colectiva.
Según el muy buen artículo publicado por César Altamira en la Revista Los ’70 Nº 8 de 1997 bajo el nombre “La vanguardia obrera”, desde un comienzo la empresa articuló una política hostil hacia los trabajadores implementando “un férreo ajuste de la disciplina fabril”, ya que habiendo Fiat  trasplantado al país la política laboral que desarrollaba en Italia además de descentralizar la producción “mudando las operaciones de montaje a El Palomar (Provincia de Buenos Aires) y de producción de camiones y tractores a Sauce Viejo (Santa Fe)”, la empresa además “mantuvo un sistema de producción cuyo ritmo se encontraba salvajemente atado a la velocidad de la máquina” en donde “se buscaba la máxima productividad laboral, independientemente de las presiones físicas y psíquicas que se imponían. Este método productivo suponía que las responsabilidades del operario en la línea no estaban referidas sólo a una máquina sino que se extendían, durante los tiempos muertos, a las máquinas vecinas intensificando así el trabajo”.
Lo interesante que remarcaba también Altamira es que “paralelamente la empresa establecía los incentivos salariales como base de su sistema de remuneraciones. Esta modalidad, que otorgaba a todo un departamento y no a los trabajadores individuales un pago extra sobre la base del rendimiento, era toda una anomalía salarial en la década de los 60”. Un cierto modelo de flexibilización laboral acorde a una época determinada en la que el resto de los trabajadores del país se acogía a modalidades muy distintas. La mayoría de los empleados de la Fiat eran jóvenes bastante calificados, muchos de ellos recién salidos de los colegios industriales. La empresa además editaba una revista para los trabajadores en donde se hablaba de la Familia Fiat mientras la burocracia sindical tenía su bunker al lado de la gerencia. Pero el paraíso patronal tendría su fecha de defunción.
Los nuevos aires de la rebeldía

En mayo de 1969 se produjo el Cordobazo, esa multitudinaria revuelta obrera que modificaría sustancialmente el panorama político nacional comenzando a agotar el denominado proyecto de la Revolución Nacional que venía llevando adelante la camarilla militar desde 1966. Paradójicamente los trabajadores de Fiat no fueron parte de esa primera gran pueblada mediterránea. La ofensiva hegemónica encabezada por el teniente general Juan Carlos Onganía fue sedimentando en la sociedad un cúmulo muy grande de tensiones que fueron estimulando el crecimiento de una nueva modalidad obrera de respuesta contra el autoritarismo patronal. Esa actitud iría a confrontar con la mayoría de las conducciones sindicales establecidas en tanto éstas hacía rato que se habían convertido en socios menores de las clases dominantes. De esta forma el clasismo aparecía como un profundo cuestionamiento a las estructuras sindicales vigentes en una etapa de radicalización creciente de las luchas obreras. La democracia de base y la acción directa se convertirían en sus principales argumentos.
Los primeros meses de 1970 estallaría la familia Fiat.  El 14 de mayo los trabajadores de Concord tomarían la fábrica por 48 horas exigiendo la renuncia de la burocracia y por el llamado a elecciones. En junio seguirían el mismo camino los obreros de Materfer.
El ex secretario general de Sitrac Carlos Masera señalaba en una entrevista que le realizó María Eugenia Etkin también para Los ’70 que, a partir de la toma y haber cambiado las conducciones sindicales “hubo muchos cambios. Por ejemplo, ellos tenían una oficina pegada a la del Jefe del Personal, donde jugaban al truco, algunos de los delegados prestaban plata, imagínate cómo eran vistos éstos dirigentes… Cuando nos hicimos cargo nosotros, caminábamos la planta, hablábamos todo el tiempo con los compañeros. Yo me esforzaba por demostrar que era un trabajador más, había una lealtad de clase y eso se veía claro. Los compañeros de la Comisión Provisoria vivían -y aún siguen viviendo- muy humildemente. Hay una cosa que siempre me llamó la atención: si bien los obreros no tienen tiempo de hacer análisis intelectuales, tienen intuición para distinguir quiénes lo traicionan y quiénes no”.
Como se señalara en los Cuadernos Pasado y Presente de 1973, “El movimiento de masa protagonizado por los obreros del complejo Fiat encontró sus interlocutores ‘naturales’: la izquierda revolucionaria, el peronismo de base y las organizaciones armadas”. Masera en la entrevista señalada afirmaba que al otro día de haber triunfado la toma se acercaron a la planta de Ferreyra varios intelectuales de izquierda para asesorar a los trabajadores, creándose así un intercambio importante. La democracia asamblearia, la problemática del puesto de trabajo y la acción directa se convirtieron en las principales armas de un nuevo sindicalismo que con su accionar rebasaba los límites institucionales del sindicato.
Lamentablemente la mayoría de los balances correspondientes a aquel fenómeno singular nunca fueron problematizados para servir como ejemplo a las generaciones posteriores en lo referido a la práctica sindical. O se lo recuerda sólo como una gesta heroica o como el actuar sectario de obreros “manipulados” por las izquierdas.
Sin lugar a dudas el clasismo de Fiat cometió gruesos errores que no permitieron que se produjera un avance sustantivo en el conjunto de la clase obrera pero eso no invalida su defensa irrestricta de los compañeros de la fábrica, contrastando esa actitud notablemente con el accionar de las burocracias sindicales. En octubre de 1971 el gobierno dictatorial del general Lanusse le quitaría la personería gremial a Sitrac Sitram ocupando las plantas con la Gendarmería y despidiendo a todos los delegados junto a 300 operarios más.
El Sitrac Sitram es recordado por haber realizado -a pesar del poco tiempo- uno de los más avanzados programas políticos de los trabajadores argentinos.
Si bien a lo largo de todos estos años el sindicalismo se fue convirtiendo en un operador intermedio entre capital y trabajo bien vale recordar al clasismo y saber que esa veta aunque acallada o reprimida siempre anida en el seno de la clase trabajadora.


La crisis del campo popular

El macrismo no deja de avanzar sobre las organizaciones y movimientos que responden a los sectores populares. Revertir la actual situación que es de una extrema complejidad, debiera provocar el ingenio y la creatividad del activismo social y sus intelectuales.

Por Osvaldo Drozd*

Si bien el gobierno de Macri logró en las últimas elecciones incrementar su adhesión electoral y consolidar su autoridad no se puede decir que los diferentes sectores populares se hayan mantenido inmóviles. A lo largo de los últimos dos años hubo un nivel bastante alto de movilización. Los primeros meses de este año fueron de intenso movimiento e incluso desde el oficialismo –aunque lo nieguen- promovieron la marcha del 1A para contrarrestar el efecto del incremento de la movilización popular. La composición de la misma es principalmente social, sindical, de DDHH con la participación del vasto espectro de las organizaciones políticas del campo popular. A excepción de marchas lideradas por sectores puntuales como docentes, movimientos feministas, etc., se puede afirmar que ninguna fuerza política puede atribuirse la conducción del proceso de movilización. En tal sentido, lo actual –en cuanto configuración política- se asemeja bastante a la resistencia protagonizada por los diferentes movimientos sociales a lo largo de los ’90 y principios de este siglo. El kirchnerismo a lo largo de 12 años de gobierno no pudo construir una fuerza política y social que unifique a las diferentes expresiones sociales de base que hubiera permitido construir una hegemonía. El peronismo antes de 2003 había perdido su base histórica y movilizada. Le quedaban sólo poderosos aparatos sindicales y punteros barriales que en sus territorios habían sido desplazados por movimientos piqueteros que gestionaban con mayor eficacia la ayuda social del Estado. Cada organización política tenía –sigue teniendo- su propio movimiento de desocupados, cosa que objetivamente debilita e imposibilita una eventual unificación del sector.

La falta de una organización política que unifique a los diferentes movimientos de base y de masa resulta un problema casi insoluble en nuestro país. En 2003 el perfil político del kirchnerismo no hubiera sido posible sin la existencia previa de un poderoso aunque fraccionado movimiento social de resistencia. A pesar de sumar a algunos movimientos sociales, sindicales y principalmente de DDHH, el kirchnerismo no pudo lograr convertirse en la representación completa de los vastos sectores sociales que en 2001 pronunciaran “Qué se vayan todos”. La concepción muchas veces sectaria de las diferentes izquierdas partidarias no ayudó a resolver esa ecuación como tampoco el abstencionismo de lo que se denomina izquierda social. Tal vez habría que ser mucho más exhaustivo en este análisis. De todas maneras existen determinados sectores sociales que vislumbraron siempre el problema pero no tuvieron la suficiente osadía para resolverlo. En 1997 cuando se imponía la creación de una fuerza de trabajadores con la CTA y el MTA a la cabeza, ambos bloques prefirieron aportar a la constitución de la Alianza de radicales y frepasistas. Es bueno señalar que en el acta fundacional del Congreso de los Trabajadores Argentinos del ’91 en Burzaco, se proponía la conformación de una nueva herramienta de acumulación política. Esto nunca se produjo o en todo caso la propuesta quedó reducida a ser otra variante de la izquierda electoral.

Lo electoral

Hoy se dice que nadie es dueño de los votos. El nivel de adhesión electoral que una fuerza obtenga en determinados comicios nadie la tiene sujetada por siempre. La repetición de determinadas elucubraciones sobre política como la señalada, no hace más que producir un sentido de realidad que como tal no deja de pertenecer al ideario hegemónico. Un ideario que priva al activismo político y social de herramientas para llevar adelante una actividad transformadora. De esta forma, la posibilidad de llevar adelante un proyecto determinado ya no tendría que ver con la acumulación organizada de voluntades, sino con una cierta espontaneidad manipulada del sufragio a la que se le endilga un mix de ingenuidad y mala voluntad propia de una clase media banal. Esto último no deja de tener anclaje real pero habría que precisar que ese anclaje es el resultado de haber dejado a gran parte de la sociedad a la buena de Dios. Medidas económicas progresivas demostraron que no alcanzan para ganar voluntades, mucho más cuando el grueso de la ciudadanía no percibe sus mejoras sino como resultado de esfuerzos y logros individuales, y no como efecto de una nueva situación económica. Al revés es lo mismo, el empeoramiento se percibe de la misma manera. Por esa razón el actual gobierno no lo sufre.

Los acontecimientos recientes, muestran que el desplazamiento de las adhesiones electorales es una realidad incontrastable. Los resultados electorales de los últimos diez años muestran esa constante. Algunos creen que es un efecto de las elecciones de medio término, aunque la volatilidad del sufragio hay que verla principalmente como la falta de una adhesión orgánica a un proyecto. Hoy desde algunas organizaciones del campo popular no se deja de desdeñar a gran parte de la ciudadanía por haber votado a sus propios verdugos. Lo que no se tiene en cuenta al respecto es la responsabilidad propia por no impedir dicha fuga. Si bien en la actualidad no es posible hacer política más que dentro de la escena democrática lo que no se debiera perder es la comprensión general de los diversos planos en los que la política es posible. No se trata solamente de la actividad electoral sino en primer lugar de la labor gris y cotidiana de organizar una fuerza. Ir más allá del macrismo hoy pareciera una quimera. Bajo un formato “democrático” avanza cada vez más por un camino extremadamente autoritario  en donde entre ser oposición y estar fuera de la ley, forman parte de un par que se encuentra separado por una frontera sinuosa y permeable. Esto se percibe en la represión permanente a la movilización popular como a la persecución sistemática de figuras opositoras. La complicidad judicial y mediática conforman junto al ejecutivo un sólido bloque de poder que no será tan fácil desmontar ganando una elección. Hoy los sectores populares se encuentran en una orfandad extrema. Revertir esta situación es tarea de los militantes pero también de los intelectuales comprometidos, ya que el blitzkrieg neoliberal ha trastocado certezas que se tenían hasta hace muy poco. Un intelectual orgánico y colectivo resulta imprescindible.

Berisso, 26 de diciembre de 2017

*Periodista