Cuando se creó suponía un enemigo externo común para
toda América, pero sólo sirvió a los fines de dominio regional de Estados
Unidos. Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Venezuela se van del organismo y proponen
su definitivo entierro.
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OEA en Cochabamba. En este encuentro de 2012 comenzó a gestarse el despegue |
El 5 de junio de 2012, en ocasión
de la 42º Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA)
realizada en la ciudad boliviana de Cochabamba, el canciller ecuatoriano
Ricardo Patiño en nombre de su país, pero también de Bolivia, Nicaragua y Venezuela,
anunció que dichas naciones se retirarían del Tratado Interamericano de
Asistencia Recíproca (TIAR). Para realizar este paso, que no implica
un simple anuncio, el pasado 9 de enero la Asamblea General de Ecuador dio el
inicio formal al tratamiento concerniente a la renuncia que el país andino hará
con respecto a dicho tratado. Desde el ámbito legislativo se debe aprobar la
denuncia del TIAR, que inició el Ejecutivo, para que vuelva al mismo y que éste
la haga llegar ante la OEA. Una vez cumplimentada tal acción, Ecuador dejará de
integrar el tratado en el plazo de dos años.
La dependencia, sujeción y falta de autonomía de los diferentes países
latinoamericanos con respecto a la orbe del capitalismo de Occidente en
general, y de los Estados Unidos en particular, no sólo se implementa y
reproduce a partir de la incidencia directa de los países imperiales, o a
través de la expansión económica de los mismos en la región. Es sustancial
remarcar también que dicha sujeción se ejerce a través de una complicada
telaraña de tratados, normativas y reglamentaciones de cooperación, que en la
mayoría de los casos hasta fueron incorporados a las diferentes constituciones
nacionales. El menú de enmiendas, modificaciones y reformas constitucionales
que tuvieran lugar en los noventa, durante el auge neoliberal y el desarrollo
de la unipolaridad, no fueron más que la aceptación tácita de un tipo de
institucionalidad que no se distingue demasiado de lo que es una “Carta
otorgada”, en la cual el Rey se comprometía a gobernar a sus súbditos de una
manera expresa. El intento de constituir un nuevo bloque regional, no sujeto a
pautas heterónomas, necesariamente debiera además de constituir nuevos acuerdos
multilaterales, ir desterrando gradualmente todos aquellos que fueron funcionales
a la sujeción. La iniciativa de los cuatro países de la Alianza Bolivariana
para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) de iniciar la salida del TIAR debe
ser entendida de esa forma. El surgimiento de nuevas herramientas de
integración económica, al igual que las diferentes experiencias de reforma de
las constituciones realizadas este siglo, marchan en el mismo sentido.
La salida del TIAR. Había sido anunciada en junio de
2012 –como anteriormente se señalaba– en ocasión de la cumbre de la OEA en Cochabamba.
Allí, el canciller ecuatoriano Ricardo Patiño, acompañado por sus pares de
Nicaragua, Venezuela y Bolivia, fue el vocero que en conferencia de prensa
expresó los diferentes argumentos que los cuatro países del ALBA esgrimieron
para decidir abandonar el tratado. “Hay algunas instituciones que ya hace mucho
tiempo dejaron de existir, aunque formalmente sigan existiendo”, dijo Patiño,
asegurando luego que “hay que limpiar la casa”. Entre otras consideraciones
también dijo: “Nuestros países han tomado la decisión de enterrar lo que merece
ser enterrado, o de tirar al tacho de la basura lo que ya no sirve. El TIAR fue
creado en condiciones en que se suponía que podría servir como un instrumento
de protección mutua de los países de nuestra América en caso de supuestas
agresiones extra continentales y que en el momento más importante en que debió
haber sido utilizado, cuando el grave episodio de las Islas Malvinas en la
década de los ochentas, no se aplicó. Y no sólo no se aplicó, sino que uno de
los miembros, Estados Unidos, respaldó y apoyó a Inglaterra. Desde allí ha
dejado de tener sentido y estaba prácticamente sin referencia alguna por parte
de alguno de los países de América para utilizarlo contra todas esas supuestas
agresiones de fuera del continente, mientras se producían problemas en el
interior del Continente, nuestros países han tomado la determinación de
denunciar el referido Tratado”, dijo el canciller, asegurando que en la
actualidad es necesaria la conformación de otra clase de organización, que esté
a favor de los pueblos y no de intereses hegemónicos, y recalcó que “los cuatro
países aquí representados damos los pasos para la sepultura del TIAR, como un
primer paso para esas transformaciones que la OEA necesita”, dijo, aclarando
luego que “esta decisión la hemos pensado muy bien, la hemos consensuado muy
bien con nuestros gobiernos para limpiar la hojarasca de esta institución de la
OEA, que, como han dicho algunos presidentes, tiene la obligación de
reinventarse”.
La decisión de los cuatro países no cayó para nada bien en los Estados Unidos,
y muy rápidamente el portavoz del Departamento de Estado William Ostick
consideró como “desafortunado” el proceder de los mismos, asegurando casi de
modo amenazante que por dos años hasta que se efectivice la salida de Bolivia,
Ecuador, Venezuela y Nicaragua del TIAR, esos países deben seguir cumpliendo
con sus obligaciones.
El pasado viernes 10, la comisión de Soberanía y Relaciones Internacionales del
Parlamento de Ecuador aprobó el informe elaborado por la cancillería en el cual
se esboza la denuncia que el país andino hace del TIAR. De esta manera esa
comisión le recomienda al pleno de la Asamblea, que apruebe en próximas
sesiones el informe, para devolvérselo al presidente Rafael Correa, y que éste
lo gire a la OEA. Una vez realizado todo este trámite, recién luego de dos años
se hará efectiva la renuncia. Los diferentes integrantes de la comisión
legislativa escucharon el jueves 9 los distintos fundamentos que les aportaron
los diplomáticos Mauricio Montalvo, Marcelo Vásquez, Benjamín Villacís y Denys
Toscano, todos ellos representantes de la Cancillería ecuatoriana. Según dijera
Mauricio Montalvo en esa ocasión, el Gobierno ecuatoriano fundamenta su
renuncia a dicho tratado “en la superación de las condiciones políticas,
materiales e históricas que determinaron la firma del instrumento, tras el fin
de la Guerra Fría”, sostuvo el diplomático, y recordó que el TIAR, que se
estableció en Río de Janeiro el 2 de septiembre de 1947, fue firmado por Ecuador
el 10 de noviembre de 1949 y ratificado en 1950. Montalvo hizo hincapié en que
este tratado fue promovido por Estados Unidos para hacer frente a supuestos
atentados contra la paz, la seguridad y la soberanía de las naciones
americanas, resultantes de la intervención de potencias extracontinentales, en
particular del bloque comunista de Europa Oriental y Asia. Pero a pesar de sus
fundamentos indicó Montalvo que el documento del TIAR fue utilizado en los
últimos años para justificar el intervencionismo y el uso de la fuerza en
contra de países y gobiernos americanos de tendencia popular, socialista o
nacionalistas. A su vez el diplomático ecuatoriano indicó las contradicciones
del tratado, dando el ejemplo de la invasión británica a las islas Malvinas en
1982, cuando Estados Unidos tomó partido por el Reino Unido en contra de los
intereses de Argentina, a pesar de que este país sea uno de los integrantes del
TIAR.
El pasado lunes la comisión de relaciones internacionales, le remitió a la
Secretaría General del Parlamento unicameral, la recomendación para que el
pleno de la asamblea apruebe el informe que denuncia al TIAR y solicita la
salida del mismo. Según informaba el ente legislativo ese lunes, en nota de
prensa, el informe que había sido aprobado el día 10 había contado con el voto
favorable de 8 asambleístas sobre los 9 que conforman la comisión. Según le
expresaba a la prensa la asambleísta María Augusta Calle, quien además es
vicepresidenta de la Asamblea General, y presidenta encargada de la Comisión de
Relaciones Internacionales, el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca
“es vejatorio de la soberanía del Ecuador”. El también conocido como Tratado de
Río, dijo Calle, “fue suscrito por los Estados para resguardar la seguridad
hemisférica frente a agresiones de otros continentes en el marco de la Guerra
Fría” y “para formar círculos de seguridad en torno de los Estados Unidos”, y
éste lo utilizó “para invadir” otros países, recordando que “cuando tuvo que
ser aplicado en rigor en la guerra de las Malvinas (1982), Estados Unidos no lo
aplicó, no entró a defender a Argentina de la agresión de un Estado que está
fuera del continente”, sino que “más bien ayudó” al Reino Unido, lo que “da
cuenta de la obsolescencia del tratado”, señaló la asambleísta.
Además dijo que “las amenazas (que justificaban el tratado) no existen ya, el
mundo ha tenido un cambio radical, no existe el eje socialista que era la razón
de existencia del TIAR, sino una nueva correlación de fuerzas en el
continente”, agregó Calle, sugiriendo que ahora existen en la región otras
herramientas de defensa como son la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y
su Consejo Suramericano de Defensa, “lo que hace necesario que el TIAR muera”,
aseguró. Para Calle, hoy en la región se están dando nuevos elementos
relacionados con la seguridad. “Las nuevas amenazas que tenemos en el
continente son el espionaje global, es una seria amenaza a la soberanía y
seguridad de los estados, el crimen trasnacional, dentro de él la trata de
personas”, dijo Calle, observando que “son nuevos escenarios de inseguridad y
de amenazas los que ahora se manifiestan”, por lo que “mal haríamos en ser
parte de un tratado cuyo escenario fundamental era la agresión del bloque
socialista contra los Estados Unidos”, dijo.
Por su parte el asambleísta Rodrigo Collaguazo, vocal de la Comisión de
Soberanía, Integración y Relaciones Internacionales, al referirse al Tratado
Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), subrayó que este instrumento no
responde a los intereses de los pueblos latinoamericanos sino, más bien, a los
de Estados Unidos, razón por la cual se debe aprobar el pedido de denuncia
solicitado por el Presidente de la República.
Según la información dada por el portal de la Asamblea Nacional de Ecuador,
Collaguazo precisó que desde sus inicios el tratado nunca tuvo una real defensa
de los países y ha sido un arma que ha favorecido únicamente a los intereses de
Estados Unidos. Además de citar el caso de Malvinas, el legislador señaló lo
ocurrido en Londres, cuando se pretendió allanar la embajada de Ecuador para
tratar de capturar a Julian Assange.
El parlamentario, al indicar que, si bien luego de la denuncia del tratado éste
aún regirá por dos años más, porque las disposiciones del convenio así lo
establecen, precisó que lo importante es impulsar nuevos espacios y mecanismos
de cooperación en materia de seguridad colectiva internacional, que garanticen
la soberanía de los países y que los procesos de integración sean, no solamente
de carácter militar, sino principalmente en los ámbitos de la economía, lo
político y lo social.
El rodaje que Ecuador comenzó a darle a su salida formal del TIAR, más allá de
algunas consideraciones como enunciar que el tratado ya es “obsoleto” o que hay
que “limpiar la hojarasca” si bien considerarlos de esa forma conlleva cierta
validez, habría que precisar que antes que nada responden a una necesidad de
afinar más aún todos los mecanismos que aseguren que se ejerza un grado mayor
de autonomía, y prevenirse de injerencias futuras. La mayoría, por no decir
todos los acuerdos que la potencia del Norte mantuvo y mantiene con respecto a
los países latinoamericanos, siempre son armas de doble filo, que en primer
lugar le dan la facultad para intervenir en cuestiones soberanas, en las cuales
no debiera existir intromisión. El caso de la lucha contra el terrorismo y el
narcotráfico tal vez sea uno de esos ejemplos paradigmáticos, y la expulsión
que Bolivia hiciera de la DEA, el contraejemplo necesario.
Un dato a tener en cuenta también es que, la Corte Constitucional ecuatoriana
declaró el 23 de octubre de 2013 que la denuncia del TIAR y su consecuente
salida del ordenamiento jurídico no afecta, ni disminuye, ni menoscaba los
derechos constitucionales de las personas de ese país.
Un pacto de seguridad contra una
URSS que ya no existe
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Colaboración pasada. El portaaviones estadounidense Carl Vinson, ante las costas de Perú, en el operativo Unitas 2010 del Tiar.ir leyenda |
El TIAR (Tratado Interamericano de
Asistencia Recíproca) también conocido como Tratado de Río tuvo su conformación
el 2 de septiembre de 1947, precisamente en la ciudad de Río de Janeiro, dos
años después de terminada la Segunda Guerra Mundial. Es un pacto de seguridad
mutua entre los distintos Estados de todo el continente americano, que a lo
largo de todo el hemisferio tiene alcance desde el Polo Norte hasta los
confines de la zona patagónica. El área de protección del tratado comprende
toda la masa continental, más 300 millas marinas contadas desde la costa, lo
que equivale aproximadamente a unos 483 kilómetros. Según el artículo 3.1 del
TIAR en caso de “(...) un ataque armado por cualquier Estado contra un Estado
Americano, será considerado como un ataque contra todos los Estados Americanos,
y en consecuencia, cada una de las Partes Contratantes se compromete a ayudar a
hacer frente al ataque en ejercicio del derecho inmanente de legítima defensa
individual o colectiva” haciendo valer de esa forma el Artículo 51 de la Carta
de la ONU (Organización de Naciones Unidas).
Tras la finalización de la segunda guerra, el TIAR fue el primer acuerdo
multilateral en materia de seguridad, ya que la Organización del Tratado del
Atlántico Norte (OTAN) fue conformada en 1949. También el TIAR tuvo su inicio,
un año antes que la Organización de Estados Americanos (OEA), que sería a
partir de 1948 su ámbito de incumbencia. La OEA se convertiría, a partir de ese
año, en la recreación de la antigua Unión Panamericana, y por ende, el
organismo a partir del cual los Estados Unidos mantendrían un nivel de
injerencia superlativo al sur del Río Bravo. De esta forma, tanto el TIAR como
la OEA serían la continuación de la Doctrina Monroe por otros medios. La misma,
elaborada en 1823 decía: “América para los americanos” y le daba a los Estados
Unidos la facultad para interponerse y actuar ante cualquier atentado externo
realizado contra cualquier región o país del nuevo continente, con lo cual ya
se sentaba la base de la tutela yanqui con respecto a su patio trasero.
Según precisa el politólogo brasileño Luiz Alberto Moniz Bandeira, en su libro
De Martí a Fidel. La Revolución Cubana y América Latina, los Estados Unidos
–tras la finalización de la guerra–, si bien de palabra condenaban “las
políticas de esfera de influencia y de equilibrio de poder, apelando a una era
de paz apoyada en la seguridad colectiva de la ONU, no estaban dispuestos a
renunciar a la hegemonía en América latina”. De igual manera que en 1919, tras
la finalización de la primera guerra, cuando se conformó el Pacto de la Liga de
las Naciones, los Estados Unidos tomaron muchas precauciones para que la ONU no
ejerciera ninguna clase de injerencia en el hemisferio occidental. Fue así que
de acuerdo con el Artículo 52 de la Carta de la ONU, firmada en San Francisco
en 1945, encontraron la legitimidad para llevar adelante tanto acuerdos como
organismos regionales para tratar todas las cuestiones relativas al
mantenimiento de la paz y de la seguridad internacionales. De acuerdo con el
Artículo 53 de la Carta de San Francisco, estaba previsto que los acuerdos
enunciados en el Artículo 52 serían utilizados por el Consejo de Seguridad de
la ONU, pero según Moniz Bandeira en tanto los Estados Unidos preservaron la
Doctrina Monroe “se reservaron el derecho de tratar unilateralmente los
negocios en el hemisferio occidental, sin el riesgo de enfrentarse al veto del
Consejo de Seguridad de la ONU, y emprendieron la modernización del sistema
interamericano”. En el marco señalado tuvo nacimiento el TIAR.
La firma del Tratado de Río tuvo un antecedente también en la Conferencia de
Chapultepec (México) cuando en 1945 se acordó un acta con diversos acuerdos
panamericanos. La Resolución VIII del Acta de Chapultepec ya preveía la
conformación de un organismo como el TIAR, pero se objetaba la posición de la
Argentina en ese entonces. Estados Unidos sostenía que no podía firmar un
acuerdo de ese estilo con el gobierno de Edelmiro Farrell, ya que este violaba
los derechos civiles de los argentinos, por lo cual en el ’45 pospusieron la
realización de la Reunión de Río. En el artículo “Del TIAR a la OEA: Argentina,
Estados Unidos y el sistema interamericano”, escrito por Leandro Ariel
Morgenfeld, este autor señala que cuando llegó Juan Domingo Perón a la
presidencia argentina en 1946, el mismo día de su asunción “anunció en su
discurso inaugural que enviaría al Congreso para su ratificación el Acta de
Chapultepec y la Carta de San Francisco” sosteniendo que “El nuevo presidente
tuvo varias iniciativas para mejorar el vínculo bilateral, como fue el envío
del General Carlos M. von der Becke a los Estados Unidos con la misión de
obtener armas modernas para las fuerzas armadas nacionales” pero que “la Casa
Blanca sólo autorizaría la venta de armas al país del sur una vez que se
cumplieran los compromisos que se habían votado en la Conferencia de
Chapultepec”.
El conflicto inaugural en la conformación del TIAR, entre los Estados Unidos y
la Argentina, estaba marcado principalmente por la neutralidad que el país
había mantenido durante la Segunda Guerra, y también según Moniz Bandeira,
debido a que el embajador estadounidense en Buenos Aires George S. Messersmith,
sospechaba que Perón pudiera tener un estrecho entendimiento con la Unión
Soviética, y de esa forma el sistema interamericano correría el riesgo de
desintegrarse.
En 1982, cuando la guerra de Malvinas, casi como un destino prefijado por aquel
conflicto inaugural, los Estados Unidos omitieron la aplicación del TIAR y
tomaron partido por la OTAN.