2026/10/04

Psicoanálisis. Escuela Freudiana

 En 1926, la prestigiosa Encyclopaedia Britannica publicó, en su decimotercera edición, un artículo titulado “Psicoanálisis. Escuela Freudiana”. Había sido escrito por Sigmund Freud en 1925. El texto se abre con una referencia de hecho: el psicoanálisis no había tenido mención en la oncena edición, publicada entre 1910 y 1911. Por eso, dice Freud, es imposible limitarse a exponer sus progresos desde 1910, ya que el período principal y más interesante de su historia cae en la época anterior a esa fecha.


Esa mención lejos de ser un simple dato anecdótico. Cumple una doble función deliberada. Por un lado, justifica la extensión y el enfoque del artículo: si la enciclopedia no había cubierto el psicoanálisis hasta entonces, Freud no podía escribir una simple actualización sobre “los avances desde 1910”, sino que se veía obligado a exponer toda la teoría desde sus orígenes. Por otro, reivindica la originalidad y el valor de su descubrimiento: lo esencial del psicoanálisis no son las novedades posteriores a 1910, sino el núcleo fundacional desarrollado en las dos décadas anteriores. El “atraso” de la Britannica es, en realidad, una prueba de la magnitud y la anticipación de su propio trabajo.

Ese período principal, que Freud sitúa entre 1880 y 1910, comprende los hitos que él mismo destaca. La “prehistoria” comienza con Josef Breuer, quien entre 1880 y 1882 utilizó la hipnosis para que una paciente histérica reviviera las escenas traumáticas asociadas a sus síntomas, logrando su desaparición. Ese hallazgo fue el germen del método catártico. La fundación del psicoanálisis propiamente dicha se produce entre 1895 y 1900: la colaboración entre Breuer y Freud culmina en Estudios sobre la histeria (1895); poco después, Freud abandona la hipnosis y crea el método de la asociación libre, acuña el término “psicoanálisis” y corona el período con La interpretación de los sueños (publicada en 1899, fechada en 1900), obra que consideraba su aporte más significativo.

La alusión a la oncena edición, y no a otras, tiene su razón. La 11.ª edición (1910-1911) no contenía mención alguna al psicoanálisis. La 12.ª edición, publicada en 1922, sí incluía menciones tangenciales, pero no como artículo propio, sino dentro de voces como “Behaviorism” y “Psychotherapy”. La 13.ª edición, en cambio, apareció en 1926 compuesta por tres nuevos volúmenes que reemplazaron a los de la 12.ª y funcionaron como un suplemento actualizado de la 11.ª. Fue en esa 13.ª edición donde, por primera vez, se dedicó un artículo monográfico al psicoanálisis, y para escribirlo se recurrió a la “mejor autoridad posible”: el propio Freud, que figura entre los colaboradores notables con el texto “Psychoanalysis: Freudian School”.

Freud, sin embargo, no comenta las menciones de 1922. Su argumentación se apoya únicamente en la ausencia total de 1910-11. La información sobre la 12.ª edición proviene de una nota introductoria del editor, no del propio Freud. Esa nota aclara que el término “psicoanálisis” sí aparecía en 1922, pero disperso en otros artículos, y que el primer tratamiento como tema propio fue el de 1926. En su correspondencia contemporánea con el editor de la Britannica, Freud vuelve a referirse solo a la edición de 1911 y confirma que “no contenía mención alguna del psicoanálisis” (“contained no mention of ΨA”). La referencia a 1922 es, por tanto, un dato contextual que añade el editor para ser exhaustivo, pero que Freud no incorpora a su razonamiento.

El título mismo, “Psicoanálisis. Escuela Freudiana”, es una declaración estratégica. Al calificar al psicoanálisis como una “escuela” y adjetivarla como “freudiana”, Freud reconoce implícitamente la existencia de disidencias y otras corrientes. Para 1926, el movimiento psicoanalítico ya había vivido escisiones significativas: Alfred Adler había fundado la Psicología Individual tras separarse en 1911, y Carl Gustav Jung había desarrollado la Psicología Analítica tras su ruptura en 1913. Ambos habían sido figuras centrales, y sus salidas forzaron a Freud a definir qué era el psicoanálisis “propiamente dicho” frente a lo que consideraba desviaciones. El título funciona así como marca de identidad y propiedad: al escribir él mismo la entrada enciclopédica, Freud se posicionaba como el legítimo fundador y máximo exponente de la única escuela que merecía el nombre de “psicoanálisis”. Las otras corrientes quedaban, por implicación, fuera de esa definición. No es casual que en el propio texto Freud dedique secciones a discutir esas disidencias, tratándolas como desviaciones de la teoría original.

La elección de la Britannica no fue casual. La enciclopedia ocupaba un lugar único en el panorama intelectual anglosajón y europeo. Era, desde el siglo XVIII, el símbolo por excelencia del conocimiento universal y la Ilustración. Su 11.ª edición era considerada una obra maestra, un hito intelectual que combinaba rigor académico y legibilidad, con contribuciones de figuras como Bertrand Russell o T. H. Huxley. Aunque de origen británico, para 1920 era un fenómeno editorial profundamente angloamericano: su edición definía el conocimiento “oficial” para las élites de habla inglesa a ambos lados del Atlántico. La 13.ª edición, concebida como suplemento de la 11.ª, buscaba cubrir el enorme vacío de conocimiento provocado por la Primera Guerra Mundial y los vertiginosos cambios de la posguerra. Publicar en ella significaba que el psicoanálisis era reconocido como una de las fuerzas intelectuales que habían transformado el mundo entre 1910 y 1925.

En conjunto, la publicación en la Britannica de 1926 no fue solo una oportunidad para difundir ideas. Fue la ocasión de consagrar una versión del psicoanálisis en el panteón del conocimiento universal. La enciclopedia ofrecía a Freud una plataforma de autoridad incuestionable para, desde ella, trazar la frontera entre “su” psicoanálisis y las escuelas rivales. El título “Escuela Freudiana”, en un medio tan prestigioso, servía para fijar una definición canónica en el momento exacto en que el movimiento cumplía casi tres décadas de existencia y múltiples ramificaciones.

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