Lo actual es solo actual
Venimos del mono, decimos. Y la frase nos tranquiliza, como si hubiera un punto de partida claro y un trayecto conocido. Pero no decimos hacia dónde vamos. Porque no lo sabemos. Somos una especie en transición, inacabada, un ensayo que la materia está haciendo consigo misma y que todavía no encontró su forma final. Y quizás no la encuentre nunca.
Darwin, si hubiera escuchado el enigma de la Esfinge, habría sonreído. Le habría dicho que la pregunta está mal planteada, que no hay un ser definitivo que camine en cuatro, en dos y en tres. Hay un proceso. Un momento. Una configuración provisoria de la materia que llamamos humano y que mañana será otra cosa. La Esfinge preguntaba por una esencia; Darwin habría respondido con una historia natural.
Leibniz señalaba que las imprecisiones del lenguaje son ahora, no siempre. Lo que hoy llamamos "hombre" es una palabra provisoria, un rótulo para un estado de la materia que no cesa de transformarse. La lengua nos traiciona cuando habla de esencias. Debería hablar de flujos, de tránsitos, de restos. Pero la lengua también es materia, y tiene sus propias inercias.
La sociabilidad me parece un modo de tránsito. No un destino, sino un camino. Una forma que la materia viva encontró para sostenerse mientras sigue experimentando. De lo primitivo hacia una sociedad total, quizás. O hacia ninguna parte. La covitalidad no es una meta, es una prótesis. Un bastón para seguir caminando.
Lo actual es solo actual. No es el fin de la historia, ni la cima de la evolución, ni el paraíso prometido. Es el momento en que nos tocó vivir. Un momento entre otros. Un resto del derroche. Una espuma en el océano de materia que no llegó a serlo.
Somos la especie que puede saber esto. Que puede mirar su propia transición y no confundirla con una llegada. Que puede sostener la pregunta de la Esfinge sin exigirle una respuesta definitiva. Que puede habitar la intemperie sin inventar un dios que la cierre.
Quizás eso sea lo único que nos distingue: no la razón, no el alma, no la cultura. Sino la capacidad de sabernos inacabados. Y de seguir, a pesar de todo, caminando.
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