2020/10/29

La doble vara- La sacrosanta propiedad privada

  


 
En estos días, la mediatización de la disputa terrateniente de la familia Etchevehere y de la ocupación de tierras en Guernica volvieron a poner en primer plano el latiguillo de la “propiedad privada”, una fórmula que se olvida cuando se trata del bolsillo de los trabajadores o de los abusos de las empresas.

                                                                                                                  “Lo tuyo es mío y lo mío es mío”

Cada vez que resulta posible que se toquen intereses de los sectores con mayor poder económico, ya no resulta sorprendente que tanto la oposición al gobierno como las bandadas de trolls que contaminan las redes sociales, salgan a decir que en la Argentina corre serio riesgo la propiedad privada, y que por eso vamos camino a ser Venezuela o Cuba.

Por desdicha para algunos- inclusive de quien escribe- tanto la propiedad privada como el capitalismo están presentes hasta en el último recoveco del planeta, y todo a lo que la derecha tilda de no capitalista no deja de ser una variante más de un mismo modo de acumulación económica. Claro que para justificar lo que dicen metan en la misma cacerola, a Keynes y Marx, siendo el denominado Estado de Bienestar lo mismo que el socialismo y el comunismo y por qué no el nazismo. Para ellos no importa que clase social tenga el poder sino hablar de la prepotencia del estado, aunque de este aparato la derecha cuando llega al gobierno, nunca se desprenda –aunque no se canse de hablar del déficit fiscal- ya que fue diseñado por los mismos capitalistas para preservar sus propios intereses.

La propiedad privada es una cualidad generalizada. La billetera del trabajador también es propiedad privada, aunque cuando las grandes empresas de servicios le meten al pueblo las manos en los bolsillos de eso no dicen nada. Los tarifazos de luz o gas durante el gobierno de Macri no era atentar contra la propiedad privada, sí lo era si no se aumentaban las tarifas, ya que eso era meterse con la propiedad de las grandes empresas. El cuidado patrimonial de los pequeños comercios o industrias nunca les interesó a los grandes defensores de la propiedad. En tal sentido la defensa que hace la derecha no deja de ser parcial y relativa, defienden nada más que a los más poderosos.

Ante la ocupación de tierras en Entre Ríos por parte del movimiento que encabeza Juan Grabois con el consentimiento de Dolores Etchevehere, comenzó una hostil propaganda contra el gobierno debido a que éste auspiciaba ir contra la propiedad privada. En 2017 cuando Mauricio Macri nombró a Luis Miguel Etchevehere al frente del Ministerio de Agroindustria, su hermana Dolores denunció que el flamante funcionario contaba con causas abiertas por lavado de dinero, evasión fiscal y contar con mano de obra esclava. Obviamente que para aquellos que consideran que fugar divisas hacia paraísos fiscales es lícito -porque cada uno hace con su plata lo que quiere-, lo del titular de la Sociedad Rural no era un problema. “Mis hermanos realizan maniobras fraudulentas en las empresas familiares de Entre Ríos. Fueron llamados a indagatoria, pero interpusieron una nulidad para que no se conozca la verdad sobre la información aportada por la AFIP” dijo por ese entonces Dolores Etchevehere.

Ante el lanzamiento de un plan de tierra y vivienda el gobernador bonaerense Axel Kicillof sostuvo que "La mayoría de los barrios privados y countries no están habilitados, entonces no pagan impuestos. Son prácticamente ocupaciones de tierra. Hay que regularizarlo". Esto en el marco de ocupaciones de tierra que movimientos sociales realizan en Guernica. La oposición no tardó en lanzar dardos envenenados contra esas declaraciones. "Primero la inacción en Guernica. Ahora el gobernador pone en duda la propiedad privada. Estas ideas atrasan y fracasaron. De esta crisis salimos si cumplimos la Constitución y respetamos la iniciativa privada. Ese es el camino para recuperar la inversión en la Argentina", expresó Ricardo López Murphy, mientras que el diputado macrista Cristian Ritondo dijo: "Kicillof cruzó la raya de la racionalidad política. Avalar la toma de tierras con argumentos extraviados solo genera más incertidumbre y promueve inseguridad legal. Defienda la propiedad privada, gobernador. ¡Póngase del lado de la ley!". El titular de ARBA Cristian Girard salió entonces a explicar que hay unos 230 barrios privados que representan el 25% del total de ese tipo de construcciones que no está registrado formalmente y que por ende no pagan impuestos. Para la derecha meterse con la propiedad privada es lo que hacen los movimientos sociales pero no ciertos emprendedores inmobiliarios y habitantes de barrios Vip. En 2008 se descubrieron en las cercanías de Rosario varios barrios privados enganchados de la corriente eléctrica, lo que representa un consumo considerable por la utilización de aparatos de aire acondicionado, calefacción eléctrica y diferentes equipos que se utilizan para mantener grandes piscinas. Seguramente estos casos señalados no son una excepción a la regla.

En 2019 cuando Fabián de Souza, socio de Cristóbal López quedó en libertad tras haber estado 2 años en prisión reveló que el Grupo Indalo sufrió una sistemática persecución administrativa y judicial para que se desprenda de la empresa y se la entregue a otros propietarios. En septiembre de este año la Justicia reconoció los manejos espurios de la Afip macrista. Nunca vale olvidar los diferentes aprietes mafiosos de ciertos empresarios de medios durante la última dictadura cívico militar para quedase con Papel Prensa SA. Los defensores de la propiedad privada de todo esto nunca dicen nada.

Las guerras que propicia hoy el imperio estadounidense no dejan de ser acciones de rapiña para quedarse con recursos naturales. Hoy uno de los principales modos de acumulación económica es el saqueo al igual que el lavado de activos que surgen de la delincuencia económica. De todo eso no habla la derecha y si lo hace es para culpar a todos aquellos que no comparten su visión. El economista José Luis Espert dijo que Venezuela es un “Estado narco terrorista” aunque no cuente con ninguna prueba al respecto. Hubiera sido más sincero si eso lo hubiese dicho de Colombia. Durante los 90 la CIA ubicó a Álvaro Uribe como el número 82 de los buscados internacionalmente por narcotráfico. Luego lo apoyó para ser presidente de ese país por dos mandatos. El actual presidente neogranadino es del riñón del hoy senador Uribe.

Los últimos días circuló por las redes sociales un meme en el que puede verse al General Roca conquistando el “desierto”. Allí decía que las tomas de tierras están bien o mal según quién las realice.

El mito comunista

Hubo en otros tiempos un mito sobre la propiedad privada y el comunismo que era repetido por muchos. La base de ese mito es parte del actual discurso de la derecha. Se decía por entonces que en la Unión Soviética, China o Cuba; si tenías una casa o un auto te lo sacaban y eso era para el estado. Esto no ocurrió nunca. Vayamos por parte.

Cuando desde el marxismo se plantea ir contra la propiedad privada no se trata de la ropa que se lleva puesta sino de los grandes medios de producción, las grandes propiedades que obstaculizan el desarrollo económico. Ya la burguesía revolucionaria llevó adelante expropiaciones para que el capitalismo supere al modo de producción feudal. En la Argentina no nos enteramos de ello porque siguen existiendo grandes terratenientes y latifundios hoy sojizados y la derecha defiende esas propiedades. Es imposible tanto en los EEUU como en Europa la existencia de una Sociedad Rural. No tendría socios, a menos que lo hagan los monárquicos nostálgicos.

La reforma agraria que llevaron adelante algunos gobiernos socialistas, hablando con cierta exactitud, no es socialista; es transformar resabios feudales para que la economía agraria tenga una mayor productividad. Por otra parte hay que decir que en ninguno de los países llamado socialistas se tocó la propiedad capitalista del campo. Mientras que las fábricas eran controladas por sus obreros, la tierra era para quien la trabajara. Es más la colectivización de la tierra como una perspectiva a futuro, fue uno de los grandes obstáculos y tal vez algo que el marxismo aún hoy debiera teorizar.

2020/10/20

Tras el triunfo electoral del MAS ¿Podrá Bolivia retomar el camino?

 El triunfo electoral de Luis Arce en las elecciones del domingo marcó el principio del fin del golpe que impuso una dictadura de 11 meses en Bolivia. No es ocioso preguntarse cómo enfrentará el MAS cuando recupere el gobierno el lastre y los posibles condicionamientos dejados por Áñez y sus secuaces.

Tras casi un año de producido el golpe de Estado, el pueblo de Bolivia se expresó en las urnas ratificando el camino que fuera interrumpido el 10 de noviembre de 2019. El problema que se plantea hoy, es si tras ese corte, podrá resultar posible la continuidad del proceso de cambio que se vivió en el país del altiplano desde la llegada de Evo Morales al gobierno el 22 de enero de 2006 y que fuera abortado hace poco más de once meses.

Desde la asunción en 1999 de Hugo Chávez Frías como mandatario de Venezuela, y con la marea de gobiernos de tinte progresista o de izquierda que fueron irrumpiendo en el continente promediando la mitad de la primera década de este siglo, la derecha continental, expresada principalmente por poderosos magnates locales asociados a la banca internacional, nunca escatimó llevar adelante diferentes maniobras desestabilizadoras para impedir que los diferentes procesos populares puedan avanzar y sentar raíces firmes.

Venezuela 2002, Bolivia 2008, Ecuador 2010 fueron intentos golpistas que no resultaron. A partir del derrocamiento de Mel Zelaya como presidente de Honduras en 2009 se fueron dando diferentes experiencias de interrupciones gubernamentales que siguieron diferentes métodos pero que perseguían siempre los mismos fines. Trastocar ciertos elementos estatales para condicionar ostensiblemente cualquier posible retorno.

En 2012 se produjo la remoción de Fernando Lugo en Paraguay, en 2016 la de Dilma Rousseff en Brasil, agotando efectivamente las políticas que esos mandatarios llevaban adelante e incluso logrando que sus partidos no pudiesen ganar tras nuevas convocatorias electorales. El fallecido economista argentino Jorge Beinstein sostenía que el triunfo de Mauricio Macri en 2015 se producía enmarcado en un golpe blando que estaba en marcha. Si hubiese ganado Daniel Scioli era probable que sucediese algo similar a lo ocurrido en Ecuador con el triunfo de Lenin Moreno como sucesor de Rafael Correa. Llegando al gobierno a través del mismo partido, la política de Moreno fue dar vuelta todos los logros de la llamada “revolución ciudadana”, incluyendo procesar al su vicepresidente e incluso intentándolo con Correa.

Suscribir a nuevos acuerdos internacionales, generar deuda externa, promover nuevos jueces, anular las principales leyes y decretar otras nuevas, son algunas de las medidas que las derechas realizan para obstaculizar el desempeño de un eventual retorno progresista al gobierno. En la Argentina actual eso resulta bastante evidente. Todo esto implica necesariamente un bombardeo mediático ininterrumpido que desinforme o informe siempre promoviendo antipatías en contra de cualquier acción que vaya en contra de los intereses de los sectores más poderosos. 

Por desgracia existen sectores progresistas que se desentienden del rol represivo del Estado, del carácter de sus fuerzas militares y de seguridad, de los tribunales y del desmesurado protagonismo de esos aparatos ideológicos que son los grandes medios –aunque no se deje de hablar de ellos- y se confíe en estas democracias que las derechas transgreden permanentemente, sin ningún pudor existencial. Por lo contrario, a sus movimientos sediciosos los inviste como cruzadas democráticas, contando a su vez con organismos como la OEA que siempre hace la vista gorda. Ahí también cabe el desmantelamiento de organizaciones como la Unasur que cumplió una gran labor para resguardar las democracias continentales.

De todas maneras esa visión sesgada de ciertos progresismos no es por cierto la que tiene una organización como el MAS- Ipsp de Bolivia que debe volver a gobernar tras 11 meses de interrupción forzada, debiendo revertir todas las trabas que seguramente dejará esta gestión fraudulenta. Al menos eso se espera.

En su libro Las tensiones creativas de la revolución: la quinta fase del proceso de cambio, escrito en 2011 el ex vicepresidente de Bolivia Álvaro García Linera no ignora en absoluto el carácter del estado, y cuando describe la cuarta fase, la denomina punto de bifurcación o momento jacobino de la revolución. Concretamente García Linera caracteriza a la derrota del intento golpista de 2008 como el momento en que los movimientos sociales le ganaron el cruce de fuerzas a las fuerzas de choque de la Medialuna. En Bolivia además se produjo una reforma de su Constitución y la puesta en marcha de un Estado Plurinacional.

El pueblo boliviano retomará así, una nueva fase de un proceso de cambio que por lo que se ve, no se detiene.

2020/10/05

Skiffle, un antecesor del rock- Música desde abajo

 El Skiffle surgió en los Estados Unidos hacia 1920, pero a finales de los ’50 hizo furor en Gran Bretaña, donde fue tomado por los jóvenes de las clases pobres como bandera de resistencia e inspiró a The Beatles y The Rolling Stones. 

Cuando surgen determinadas expresiones artísticas que se tornan masivas no siempre se sabe muy bien cuáles son sus antecedentes inmediatos. Mucho menos cuando esos ancestros son parte de la cotidianeidad y por ende pareciera que pueden pasar inadvertidos. En este caso nos referiremos al Skiffle, un género olvidado que estuvo muy presente en la irrupción del rock de la década del sesenta. Fundamentalmente en Gran Bretaña.

Este género tuvo su origen en los Estados Unidos durante la década de 1920. Con instrumentos principalmente caseros y acústicos, trabajadores pobres y negros convertían en melodías sencillas piezas del blues y del jazz. Un instrumento como la tabla de lavar se destacará en este género.

De todas maneras fue en los 50 cuando el skiffle irrumpió en Inglaterra con características propias, aunque sin renegar de su antecesor afro americano. Los jóvenes y niños proletarios que padecían el empobrecimiento de la posguerra fueron los que tomaron a este estilo como una bandera de resistencia. En 1957 había en Inglaterra unos 50 mil grupos de skiffle.

Desde las entrañas de las clases populares siempre emergieron ritmos y melodías. Con la emergencia de la cultura de masas en la que comenzó a hacerse posible la reproducción, muchos estilos pasaron a ser conocidos e incluso comercializados. El skiffle es un género casi doméstico que influyó considerablemente, sin ser reproducido de acuerdo a su relevancia. Bandas célebres como los Beatles y los Rolling Stones habían sido en su origen grupos de skiffle.

En 2017 fue publicado en Inglaterra el libro Roots, Radicals and Rockers: How Skiffle Changed the World escrito por Billy Bragg, autor que además es un ya legendario cantautor de izquierda, ligado al movimiento obrero británico.

En una nota publicada por BBC, Bragg sostenía que el surgimiento de este estilo fue una revolución, no una moda pasajera. “Skiffle fue un movimiento de retorno  a lo básico que trataba sobre las raíces de la música afroamericana”, y lo comparaba con el punk, por ser una revuelta de bajo presupuesto realizada por jóvenes cansados ​​de formas de música más convencionales y (supuestamente) sofisticadas. “Skiffle era de base. Venía de abajo. Sorprendió a todos”.

A principios de los años 50, la música popular estaba dominada por grandes bandas de swing y crooners schmaltzy. Las bandas de Skiffle redescubrieron los primeros discos de blues y los reinventaron para una nueva generación. Como el punk, el skiffle fue una reacción contra los supergrupos y las grandes empresas discográficas. Según Bragg el  “Skiffle permitió que esa generación se distanciara de la cultura de sus padres” ya que “Cada generación necesita algo así” agregando que para su caso, eso “fue el punk”.

Contra lo que la mayoría piensa, el instrumento más importante de Skiffle no era la tabla de lavar o el bajo del cofre de té, sino la guitarra. En las bandas de baile de la década de 1940, la guitarra era un instrumento marginal, y el skiffle lo puso en el centro del escenario. Este instrumento había impulsado la auténtica música de los cantantes de blues afroamericanos, una música que las bandas de skiffle veneraban de igual forma que al jazz tradicional. 

Según Billy Bragg, los jóvenes que formaban las bandas de skiffle creían que la música real sólo se hacía en Nueva Orleans, cuna del jazz, y que por esa razón la música británica le debe más a Nueva Orleans que a cualquier otra ciudad estadounidense. La famosa Caverna de Liverpool en dónde comenzaron los Beatles, fue originalmente un club de jazz.

La palabra skiffle en la jerga de los negros significaba una Rent party (fiesta de alquiler). Así se le llamaba en Harlem a un encuentro social en el que los inquilinos contratan a un grupo musical, realizan una fiesta y luego pasan el sombrero, para con el dinero recaudado pagar el alquiler. Sin embargo skiffle como nombre de un género musical recién fue utilizado en Inglaterra durante los años 50.

En Gran Bretaña el skiffle fue la piedra inicial del surgimiento -en los sesenta- tanto del rock como del blues blanco. Fue la base de la invasión de los grupos británicos en las listas estadounidenses. Hacia 1957 había 50 mil bandas de skiffle en Inglaterra.  Decía Billy Bragg en la nota citada que  “Cuando los Beatles irrumpieron en los Estados Unidos en 1964, había un ejército de bandas británicas, listas para continuar por el mismo camino; todas habían comenzado con el skiffle, y  venían haciéndolo desde que tenían 12 años”.

Mungo Jerry

Allá por los años setenta este grupo británico encabezado por Ray Dorset  se hizo muy popular por el tema In the summertime. Si bien esta banda tuvo una gran producción es recordada principalmente por ese tema. En el verano como fue conocida en nuestro país era un tema simple, bailable pero hecho bajo el molde tradicional del folk rock, el blues y el rockabilly.

Mungo Jerry siempre fue catalogado como una banda de skiffle. Cuando se escucha gran parte de su producción se pueden encontrar rasgos bien marcados del blues, el rock and roll y el rhythm & blues, aunque realizados con una variedad significativa de instrumentos caseros.

Además se hace notorio para Mungo Jerry considerar que el blues, por ejemplo, siempre será un género clásico realizado por los monstruos clásicos del Delta del Mississippi, mientras que su producción será sólo un tributo casero. Esa posición marca a la perfección la ideología del skiffle.

 

2020/10/01

Neoliberalismo y democracia- La pata civil, vivita y coleando

En sociedades donde las complicidades civiles de las dictaduras siguen manteniendo los principales resortes de poder, como puede ser el Poder Judicial, la actividad política de cualquier izquierda o progresismo siempre estará maniatada. Se podrán proponer grandes proyectos, pero plasmarlos resultará bastante difícil.

Los defensores a ultranza de las democracias liberales, no sólo son los paladines de la independencia de los tres poderes y la libertad de prensa -entendida como libertad de empresa-, sino que además son los que abogan por la alternancia en los gobiernos, proponiendo así la existencia de un cierto bipartidismo en el que cada una de las fuerzas tenga una leve inclinación tanto a la derecha como a la izquierda. En lugar de un solo mando se trataría de dos que convalidarían simultáneamente el poder establecido.

Tanto lo que pregona la derecha liberal como la socialdemocracia, no son más que los perfiles de un sistema político que fue pensado principalmente para los países centrales en los que el modo de acumulación económica resulta casi invariable. En Latinoamérica, la región más desigual del planeta y la más rica en materias primas, el conflicto social inevitablemente presente, siempre erosionará la estabilidad política.

No se trata de hacer añicos a la democracia sino de establecerla de acuerdo a las realidades regionales. Casi todas las experiencias denominadas populistas o progresistas son intentos de establecer una democracia de nuevo tipo. Pasadas ya dos décadas de este nuevo siglo, es necesario realizar balances críticos de lo hecho. Hubo avances notorios y también retrocesos muchas veces dolorosos, para la vida cotidiana de los sectores populares.

En varias notas, publicadas también en Socompa, quien escribe sostiene que uno de los rasgos principales de las democracias latinoamericanas es la supervivencia de las complicidades civiles de las últimas dictaduras. Suponer que los denominados regímenes militares fueron la puesta en escena de la bestialidad castrense no es más que ver las cosas de forma extremadamente sesgada.

Las dictaduras y las masacres producidas, fueron un ordenamiento del capitalismo dependiente. Los denominados socios civiles fueron el sector predomínate, ya que se trataba de sus propios intereses económicos, lo que se consolidaba con la represión política. El lugar que ocuparon en la Justicia nunca se modificó y todos los intentos políticos de las derechas, fueron formados por ese sector de la sociedad. No resulta ocioso destacar que las derechas no escatiman recurrir a métodos golpistas para derrocar gobiernos progresistas, aunque se vanaglorien de democráticos.

El poder siempre se sostiene en un balance de fuerzas favorable que en cierto punto es ajeno a la actividad política propiamente dicha. En la mayoría de los países latinoamericanos tanto las fuerzas armadas como las de seguridad siempre serán un sector rebelde a los cambios, y con predisposición a rebelarse, alineándose a las derechas y los grupos económicos más poderosos.

Transversalidad y bipartidismo 

Durante el gobierno de Néstor Kirchner (2003- 2007) se puso en marcha la transversalidad como un intento de construir un nuevo bipartidismo que legitime y dé proyección a las principales políticas de Estado. Kirchner al inaugurar una nueva política de DDHH, en la que ya no se trataba de la vieja teoría de los dos demonios, encontraba un piso para avanzar sobre las complicidades civiles. Mediante la transversalidad podía alinear a sectores de una derecha democrática no emparentada directamente a la de los socios civiles.

El conflicto con el campo de 2008, o más bien el modo de encararlo, dio por tierra con este proyecto y dividió a la sociedad política. Los socios civiles volvieron al ruedo y se llevaron con ellos a los que habían sido ganados por la transversalidad, incluido un vicepresidente, y muchos dirigentes del oficialismo de entonces.

El bipartidismo supone una hegemonía preestablecida que no se modificará gane la centroderecha o gane la centroizquierda. El modo de acumulación económica así persistirá sin sufrir riesgos. El bipartidismo que dominó la escena política entre 1983 y 2001, representaba una hegemonía política bien definida bajo una endeble alternancia entre el Partido Justicialista y la Unión Cívica Radical. La propuesta de Kirchner representaba un intento de bipartidismo bajo otra hegemonía.

En sociedades en donde las complicidades civiles de las dictaduras siguen manteniendo los principales resortes de poder, como puede ser el Poder Judicial, la actividad política de cualquier izquierda o progresismo siempre estará maniatada. Se podrán proponer grandes proyectos, pero plasmarlos resultará bastante difícil.

Construir una nueva democracia debe ser el principal objetivo. Así lo señalaba repetidas veces el ex vicepresidente de Bolivia Álvaro García Linera, lo que no significa que eso sea inexorable. El país del Altiplano fue tal vez la experiencia más avanzada de llevar adelante una democracia de nuevo tipo, pero en la que las fracciones económicas más poderosas no escatimaron junto a las derechas, en llevar adelante un sangriento golpe de Estado para abortar ese proceso. Lo que se espera es que la memoria de los pueblos no se pierda y vuelva al ruedo.

 

2020/09/12

Democracia y poder económico- La institucionalidad descartable

 Desde principios de siglo diversos intentos de golpes tanto fallidos como efectivos, y un permanente acoso a los diversos gobiernos y fuerzas progresistas a través de operaciones mediáticas, judiciales, e incluso con fuerzas de seguridad son las herramientas del poder económico para mantener sus privilegios de clase.
Siendo oposición, la derecha no deja de agitar que tanto la Democracia, como la República, o la Libertad están en peligro. A eso le podemos sumar las declaraciones del ex presidente interino Eduardo Duhalde quien dijera en un programa televisivo que en 2021 no habrá elecciones legislativas y que no descarta que haya “un golpe de Estado”. “Es ridículo pensar que el año que viene va a haber elecciones. Tenemos un récord, la gente no lo sabe o se olvida: entre 1930 y 1983 hubo 14 dictaduras militares, presidentes militares”, dijo Duhalde asegurando que lo que se viene va a ser peor que lo ocurrido en 2001.
¿Tan endeble es la democracia en la Argentina? En el discurso de la derecha da la sensación de que de acuerdo a quien gobierne, la democracia existe o no. Se supone que siendo así, toda la institucionalidad sería extremadamente maleable e incluso descartable. Todo pasaría a depender exclusivamente de voluntades personales o sectoriales. Tal vez la derecha tenga algo de razón en ello y haga de eso su práctica efectiva.
Si nos atenemos a lo que viene sucediendo con las diferentes democracias latinoamericanas desde el inicio de este siglo, podemos extraer diversas conclusiones. Si bien tras el paso de dictaduras muy sangrientas, las democracias retornaron en la mayoría de los casos durante los 80, para fines de los 90, en diversos países se produjeron severas crisis de representatividad, en gran parte provocadas por el despiadado saqueo neoliberal.
La oleada de gobiernos progresistas que tuvo lugar durante la primera década de este siglo, en gran parte fue el resultado de las crisis antedichas. Fueron respuestas sobre todo defensivas, intentos de generar alternativas al neoliberalismo que siempre siguió en pie, a pesar de soportar gobiernos que venían a ponerle ciertos límites.
Los diferentes grupos económicos y sectores cívicos que habían estado detrás de las dictaduras nunca se resignaron, y fueron generando diversas expresiones políticas que puedan llegar a los gobiernos para que gestionen a favor de sus privilegios de clase. No escatimaron nunca la utilización de diferentes modos de intervención ajenos a la democracia. Todo con el apoyo casi explicito de los Estados Unidos a partir de ONGs, fundaciones y ciertos organismos como la DEA, sin descartar la intromisión directa de su propia embajada.
De esta manera a partir del nuevo siglo podemos corroborar el accionar del bloque social dominante en diferentes ocasiones acosando seriamente a los sistemas democráticos latinoamericanos. Diversos intentos de golpes tanto fallidos como efectivos, y un permanente acoso a los diversos gobiernos y fuerzas progresistas a través de operaciones mediáticas, judiciales,  e incluso con fuerzas de seguridad que ellos mismos habían infiltrado o cooptado.
La guerra tanto mediática, como la desarrollada a partir del uso de las redes sociales, no deja de intentar que se plasmen crisis de autoridad que generen inestabilidad política. Cualquier faceta positiva es proclive a la reversión. Desde el inicio de la cuarentena en la Argentina, en la que el gobierno nacional alcanzó una notable imagen positiva, no se escatimó ningún artilugio para lograr tanto desgastar las medidas sanitarias, con la intención de hacerlas caer, y que con ello también devenga imagen negativa para el gobierno.
Mientras las derechas mediáticas, políticas y económicas no escatiman la utilización de cualquier recurso para llevar adelante sus objetivos; los sectores progresistas pecan de un ingenuo democratismo, cuando toda la institucionalidad dominante no fue hecha para satisfacer a los sectores populares.

El discurso de los sofistas

Los hechos acontecidos el 1 de septiembre en el Congreso marcan lo endeble del sistema democrático argentino. No se trata solamente del capricho y la belicosidad de la oposición de Juntos por el Cambio, sino de una carencia de reglas establecidas que diriman el conflicto suscitado. Recordemos que la principal fuerza opositora fue decidida a abortar la sesión legislativa pretendiendo que fuera completamente presencial ya que para ellos el protocolo sanitario para sesiones virtuales había caducado. Está de más señalar que se trataba de una discusión ultra bizantina para impedir cualquier resolución.
Lo peor de todo es que la justicia el día 4 de septiembre a través de la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal  se pronunció a favor de JxC. “Y de improviso, la Justicia sacó del cajón un expediente y se metió de lleno en la disputa política. Afirmó que, tal como sostiene Juntos por el Cambio, el protocolo para las sesiones virtuales en la Cámara de Diputados de la Nación ´no se encuentra vigente´ y que, por tanto, la única forma de sesionar que tienen hoy los legisladores es presentándose en el Congreso” decía el diario La Nación ese día.
Sin embargo desde el entorno del presidente del Congreso Sergio Massa afirmaron que el protocolo al que hacía alusión la justicia se trataba de uno anterior, mientras que el nuevo ya había sido promulgado en esa semana.
La derecha no deja de defender a ultranza a la independencia del Poder Judicial. Mientras fueron gobierno lo utilizaron desmedidamente, sin acordarse de esa independencia reclamada. Vale señalar que la Justicia en la Argentina es el principal bastión de la complicidad civil de la dictadura. Con el regreso de la democracia en el 83 siguió actuando impunemente y lo sigue haciendo, a pesar de los cambios que alguna vez se intentaron hacerle.
Las izquierdas latinoamericanas si verdaderamente pretenden transformar la sociedad deben poner sobre la mesa de debate los principales obstáculos que les impiden gobernar. Obviamente no se puede cambiar la estructura social simplemente desde un gobierno, se requiere del protagonismo activo de los sectores populares organizados.

2020/08/29

Apuntes sobre la condición humana. Equilibrio, pulsión y fuerza productiva. El rol de la experimentación.


Conjunto de aforismos que intentan dar cuenta de algunas atribuciones de nuestra especie a partir de Darwin, Marx, Engels y Freud.

Lo propiamente humano es posible que sea la posición erecta, el ejercicio complejo del equilibrio postural. Todas las otras adquisiciones: el lenguaje, la destreza manual, la inteligencia no podrían tener lugar sin ese desarrollo primario. A su vez debemos reconocer que el equilibrio humano es una atribución endeble, con fallas. El enigma de la esfinge que debe resolver Edipo nos muestra tal vez una verdad de Perogrullo que por considerarnos seres superiores no hacemos más que ocultar permanentemente. Todo humano tiene a una de sus piernas como el apoyo principal. No fue posible aún desarrollar la equivalencia entre ambas extremidades. Al igual que la destreza manual no cuenta igual para ambas manos.


Se trata de leer a Darwin desde Marx (El proceso de trabajo, fuerza productiva), Engels (El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre) y Freud (Tres ensayos  sobre una teoría sexual, pulsión y narcisismo).
Se entiende que la especie humana no es algo detenido en el tiempo sino un proceso continuo de transformaciones que van desde el antepasado primate hasta una virtual proyección de lo actual. Hay que entender además que cuerpo y hábitat son inseparables.

Partimos de la idea de que el pasaje del mono a hombre es un proceso ininterrumpido de transformaciones. Quiere decir que no se podría afirmar que el humano actual es un producto acabado sino en constante cambio y con futuro incierto. Los primeros humanos deben distar considerablemente de sus pares de otros tiempos.  Consideramos que la adquisición de la posición erecta o más precisamente del equilibrio postural es el aspecto principal de las diferentes transformaciones anatómicas y de desarrollo de facultades que lo transforman en fuerza productiva. Esto produce la liberación de las extremidades superiores y el desarrollo de las facultades manuales. Sería justo suponer que tanto la adquisición del equilibrio y los atributos táctiles son el fundamento del desarrollo cerebral y no al revés. Una vez alterado el sistema nervioso central se comenzó a dar un intercambio entre las facultades señaladas. Se podría considerar al lenguaje como la exterioridad del pensamiento que a su vez es imposible sin lenguaje.

La sexualidad freudiana  no podría entenderse sino a partir de todos los cambios que se fueron produciendo a través de las diferentes épocas. Si el cuerpo humano actual posee diferentes atribuciones, funciones físicas  que supuestamente  lo separan del reino animal esto alterará la sexualidad. Ésta entrará así a un terreno de experimentación.
Se supone que toda actividad animal está impulsada por los instintos. Resultan movimientos propios y regulares. En ese punto en donde emergió una nueva especie ya es sólo factible la indeterminación de los impulsos. La actividad ya no está predeterminada. Surge la experimentación. El trabajo es ese esfuerzo que se realiza para sobrevivir. La base en la que se sostiene el trabajo nunca podría ser la de los instintos y a la vez no debe perderlos.

Se supone que, lo que cada humano percibe es único e irrepetible. La denominada individualidad no deja de ser otra cosa que la percepción que cada uno realiza de un mundo exterior objetivo. Esa percepción si bien se presentifica en el instante es producto de una acumulación que se sostiene en el cuerpo y se denomina memoria. La irrupción del extrañamiento es un indicador de que el envase yoico no es cerrado.

Todo el proceso vital del humano transcurre en la sucesión de diferentes actos enmarcados en un proceso complejo de experimentación. No se trata de un proceso siempre consciente y en algunos casos la percepción que se tiene de ello puede ser equívoca. 
Partimos de la idea de que todo acto logrado es el resultado de diferentes experimentaciones que fue realizando la especie a lo largo de su existencia como tal.


La experimentación es el resultado inequívoco del fracaso del instinto.


La palabra experimentación casi siempre va referida a acciones que se escinden de lo que acontece en la vida cotidiana. Es una palabra de alguna manera sublimada, enaltecida. La experimentación científica, religiosa o la que tiene lugar en diferentes saberes místicos o corporales. La experimentación por lo contrario es la condición humana por excelencia y está presente en todo acto, no sólo en los nombrados. Es parte constitutiva de los impulsos vitales que no hallan sus fines como meta predeterminada.


Nadie podría poner en dudas que tanto Marx como Engels o Freud aceptaban las tesis de Darwin acerca de la procedencia del humano desde alguna especie de primates ya desaparecidos. Es posible que hoy la mayoría también lo acepte, aunque si se hace concibiendo al humano eternizado en su plano actual no deja de ser una denegación de lo formulado por Darwin. Espontáneamente tenemos una visión acerca de nuestra especie sin diferenciar por ejemplo al hombre actual del de hace 20 o 40 siglos atrás. Nos hacemos la idea de que el hombre de las cavernas era diferente pero no concebimos ninguna transición. La especie debe transitar un proceso permanente de transformaciones biológicas y genéticas de las cuales no tenemos demasiado registro. Al concebir al universo de la cultura como un ámbito escindido de lo estrictamente biológico no hacemos más que darle una supuesta autonomía a algo que se desarrolla en una estricta unidad. Suponer que el descubrimiento de la electricidad por dar un ejemplo no haya producido ningún cambio en la estructura biológica humana aunque sea nimio, no parece demasiado lógico.             


Dice Engels que el trabajo es la condición básica y fundamental de toda la vida humana y lo es hasta tal punto que es el mismo trabajo quien ha creado al propio hombre.  Vale al respecto señalar como lo hace Marx en el texto sobre el proceso de trabajo que se encuentra en El capital que el trabajo es en primer lugar un proceso entre la naturaleza y la acción humana, una acción que debe ser entendida como el despliegue de una fuerza natural (la humana) con respecto a su entorno, una acción que transforma no sólo a la naturaleza sino al mismo humano en tanto parte inescindible de la misma. Considera Engels que fue la adquisición de la posición erecta el paso decisivo en la transición del mono a hombre. Esta posición es la que permitirá el desarrollo de las capacidades manuales. De esta manera es posible comprobar de qué modo el proto humano se irá transformando cada vez más en fuerza productiva.

La transformación del mono en hombre es un proceso prolongado en el que se asistirá a cambios sustanciales en cuanto a la morfología y funcionalidad del cuerpo. Implica la adquisición de diferentes habilidades que en última instancia son necesarias para la subsistencia.


Si es verdad que la especie humana antes de serlo era una clase de mono, hay que decir que su irrupción en el planeta implica un largo proceso de transformaciones corporales que fueron teniendo como correlato la invención de determinados instrumentos y diferentes modos de asociación entre sí. No es por cierto un proceso acabado sino un continuum que no cesa. En tal sentido no debe asociarse a evolución o progreso sino a cambio permanente. Los dos primeros términos se asocian más a un juicio de valor que por ende se asocia más a la ideología que a la ciencia. La especie sólo existe en un largo proceso de transformación que necesariamente implica experimentación permanente.
En la producción y reproducción de sus medios de subsistencia lo que se encuentra siempre presente es la experimentación. Se podría decir que la misma es el resultado obvio de la pérdida del objeto de la pulsión, del trieb freudiano. El impulso indeterminado necesita ir aproximándose a alguna supuesta determinación.


La división cualitativa entre los miembros superiores e inferiores parece ser por lejos la principal mutación que se produjo en la irrupción de la especie humana. Si examinamos la condición corporal tal como es en la actualidad debemos suponer que no es más que un punto efímero inscripto en un proceso de cambio permanente que sólo podría mostrar la variación conociendo las diferentes fases que fue estableciendo dicho cambio. Esto quiere decir que la división cualitativa constituye un par dialéctico entre las funciones de los miembros superiores con respecto a los inferiores que se expresa con rasgos propios de las diferentes escansiones. Toda contradicción (par dialéctico) siempre es desigual por lo que los atributos de los miembros superiores e inferiores se combinan de una manera específica interrelacionándose entre sí. Si la adquisición de la posición erecta constituye el primer paso en la transformación del mono en hombre, hay que precisar que ello constituyó el aspecto principal de la contradicción. Mantenerse de pie no sólo exige el desarrollo de determinadas zonas del cuerpo sino principalmente de esa facultad denominada equilibrio. Si todo ser vivo cuenta con equilibrio hay que precisar que de lo que estamos hablando es del equilibrio preciso que se necesita para andar con dos extremidades. Significa que la irrupción de la especie supone la conformación de un nuevo tipo de equilibrio mucho más precario y a su vez complejo. El cachorro humano no nace con la posibilidad de caminar y es probable que en su ancianidad le cueste demasiado sostenerse en dos piernas. Fue el acertijo con el que la Esfinge interpeló a Edipo. También está la sinuosa marcha del borracho que con su cuerpo oscila hacia sus dos costados y que por momentos necesita sujetarse a algo que no le permita caer. El dormir consiste en abandonar el ejercicio del equilibrio. También de la atención y la concentración. Dormir es el eclipse la voluntad. Eso debiera ser corroborado en los sueños.


En el paso del mono al hombre se tiene que haber producido la división de tareas entre los miembros superiores y los inferiores. La posición erecta consiste en la adquisición del equilibrio. Debe ser una adquisición que exige un desgaste singular que fue la causa del desarrollo de las principales aptitudes actuales de la especie. El desarrollo de los músculos anti gravitatorios. El lenguaje y el pensamiento, las habilidades manuales y un trastrocamiento de algunas funciones fisiológicas. El caso más indicativo sobre este trocamiento es sin dudas la sexualidad. Sería inútil intentar abordar la problemática sexual desde el punto de vista freudiano sin tener presente esta mutación general del cuerpo junto a la adquisición de nuevas funciones corporales. La importancia de lo visual, lo táctil y la oralidad en la sexualidad humana contrasta significativamente con la importancia que de ello tiene la sexualidad animal en todas sus especies. El catálogo de las perversiones sólo puede abordarse desde este señalamiento. La mutación del instinto sexual en pulsión es uno de los rasgos principales del pasaje del mono a hombre.


Berisso (2019)

2020/08/24

Dictadura, complicidad civil y democracia- Lo que persiste y hay que cambiar

La democracia que se inició en 1983 conservó de la dictadura, tanto al Poder Judicial como a la corporación mediática. La complicidad civil siempre contó con un abanico de cuadros políticos insertos en los partidos mayoritarios. Si hoy se quiere modificar esa realidad, manejada por los grupos económicos concentrados, no se pueden obviar los obstáculos que ya se vivieron en los gobiernos de 2003 a 2015 y que aún están presentes.
Imagen Hugo Banegas



Según dijera Carl Von Clausewitz “La guerra es la continuación de la política por otros medios”. Cuando se agotan los recursos para dirimir ciertas diferencias se pasa a utilizar medios violentos. Si bien la última dictadura cívico- militar (1976- 1983) no fue una guerra, como algunos intentaron señalar, sí se produjo por medios violentos la desaparición de miles de militantes populares y la extinción de gran parte de las organizaciones que habían bregado por el cambio social.
Siguiendo la línea de Clausewitz, Michel Foucault se animó a señalar que “La política es la continuación de la guerra por otros medios”. Si nuevamente en lugar de hablar de una guerra, y refiriéndonos a la utilización indiscriminada de la violencia del aparato de Estado; la Democracia que emergió en 1983 es la continuación de un equilibrio de fuerzas sumamente asimétrico y desparejo.
No se trata de una crítica del funcionamiento democrático sino del pacto social del cual emergió, habiéndoles otorgando impunidad a los mismos sectores que habían sido corresponsables de la dictadura. En una nota anterior, Política y grupos económicos- Una cosa es el gobierno y otra el poder, también publicada en Socompa, quien escribe señalaba que “Desde 1983 a hoy tenemos dos etapas. Una que concluye en 2001 y otra que emergió principalmente desde 2003 hasta la actualidad. Dos etapas que ocupan casi dos décadas cada una y en las que se pueden establecer algunas diferencias”.  Vayamos por partes.
Allá por el año 2009, en una nota publicada por Página/12,  decía el ya fallecido sociólogo Juan Carlos Marín que “Cuando se produce la catástrofe de los militares en Malvinas, lo que la sociedad hace es otorgarles a ellos una tregua… bueno, tampoco hay que caer en el reduccionismo de decir que había una dictadura militar cuando en realidad era cívico-militar. Entonces, toda la complejidad civil que está presente en la dictadura organiza un acuerdo y establece la tregua” agregando que “Lo que sucede hoy en día, y es obvio, es que la tregua ha comenzado a romperse”.
Marín insiste con la idea de que a partir de 2003 cuando asumió Néstor Kirchner  y puso en marcha su política de DDHH fue cuando también puso entre la espada y la pared a la complicidad civil que estuvo presente durante la dictadura. Durante la democracia que tuvo lugar entre 1983 y el 2001, se mantuvo una tregua entre militares y sociedad, pero, a partir de 2003 comenzó a romperse sin un final asegurado.
Estamos acostumbrados a suponer que los acontecimientos políticos más que ser el resultado de determinaciones colectivas son el fruto de la acción de ciertos individuos. En esa entrevista Marín señalaba que “llevó casi 15 o 20 años explicar a la gente que hacía investigaciones acerca de los 30 mil desaparecidos que el problema no se reducía a una banda de militares criminales” sino “que era una determinación del carácter capitalista de orden social que se devora 30 mil personas”.
Cuando promediando los 80, se pusieron en marcha los juicios, parte de la complicidad civil estaba inserta en los Tribunales. Señalaba Marín: “Nunca abandonaron los Tribunales, ni el control sobre el Poder Judicial. Es más: el Poder Judicial son ellos. Empiezan los juicios y nadie se da cuenta de la trampa: la gente va a ver el juicio pero no va a oír nada. Nunca se trasmitieron las voces del juicio. Las actas las mandaban a Suecia, como un contraseguro para que dentro de cien años se conozca el texto. Ante todo esto, la gente miraba para otro lado. Al no ser transmitida la palabra de los juicios, habría que haber salido a gritar eso. Pero nos faltaban 30 mil tipos”.
La dictadura fue en primer lugar el marco más indicado para la acumulación y concentración de riquezas en pocas manos. El establecimiento del poder económico que aún mantiene su predominio al interior de la sociedad argentina. No resulta ocioso recordar que un año antes del regreso de la democracia, estos grupos económicos se beneficiaron con la estatización -en 1982- de sus propias deudas privadas.
La democracia que se inició en 1983 conservó de la dictadura, tanto al Poder Judicial como a la corporación mediática. La complicidad civil siempre contó con un abanico de cuadros políticos insertos en los partidos mayoritarios. Esto les permitió continuar con el proceso de acumulación económica que haciéndose muy intensa durante la década del 90 no pudo impedir el colapso de 2001 y el consabido: “Qué se vayan todos”.
Con la asunción de Néstor Kirchner en 2003 se abría la posibilidad de transformar la democracia existente, apoyándose tanto en la nueva política de DDHH como en la crisis de representatividad y legitimidad heredada de 2001. Allá por los 70 el dirigente comunista uruguayo Rodney Arismendi había formulado su teoría sobre la Democracia de avanzada. Basada en la contrahegemonía gramsciana planteaba que en momentos de crisis era posible avanzar sobre determinados aparatos de Estado para transformar la sociedad sin caer en la dicotomía “reforma o revolución”.
También resultaba atrayente la reforma constitucional llevada adelante por Hugo Chávez en Venezuela y las posteriores reformas que encabezaron tanto Evo Morales como Rafael Correa, en Bolivia y Ecuador respectivamente. El proyecto kirchnerista avanzaba sin demasiados sobresaltos, hasta la aparición del conflicto con las patronales del campo en 2008.
El tiempo de la 125 fue de recomposición y reagrupamiento. El Frente para la Victoria perdió una cantidad importante de dirigentes pero a su vez fue un tiempo de acumulación por izquierda. En 2010 un grupo de intendentes díscolos entre los que se contaba a Sergio Massa de Tigre y Pablo Bruera de La Plata, sin abandonar el Frente, se pronunciaban por el poskirchnerismo. Todo lo que se había hecho estaba bien pero ya no había que cambiar más nada. La crisis de 2001 ya estaba resuelta sostenían.
Fue el mismo Sergio Massa en 2013 quien junto a su Frente Renovador se adjudicaron el triunfo sobre cualquier posibilidad de reforma de la Constitución. “No habrá Cristina eterna” señalaron por ese entonces. El kirchnerismo nunca salió a decir que reformar la Constitución implicaba muchas otras cosas que una posible reelección indefinida. Quienes tienen el poder económico en la Argentina dejaron de temer el perder sus privilegios, aunque nunca paran de decir que  si seguimos así “Vamos a ser Venezuela”.
El proceso que se abría en 2003 no terminó de prosperar. Habría que sacar muchas conclusiones sobre ello. Nos deja por su parte, el aliciente de haber sido testigos de un momento en el que la posibilidad de cambio era factible. No se descarta que vuelva a producirse. Lo que no se puede es obviar los obstáculos que ya se vivieron y que aún están presentes. Obviamente esos obstáculos no son personas sino estructuras sumamente complejas.

2020/08/14

Política y grupos económicos- Una cosa es el gobierno y otra el poder

 Las fuerzas políticas que dicen representar a los sectores populares deben desprenderse de la inercia que es propia de un sistema social extremadamente poderoso que no está dispuesto a resignar lo más mínimo. Porque bien vale subrayar que acceder al gobierno no es acceder al poder.

Nota Socompa

Si se pretende alcanzar una economía que pueda satisfacer a todos, no se puede esperar que eso se produzca linealmente, por un simple evolucionismo. Se deben tocar intereses que son los que se benefician con lo existente. Se deben por tanto realizar diversas vueltas de tuerca que sacudan el status quo y den por sentado los pilares para un nuevo rumbo. Esto es algo que se sabe, no es necesario machacar tanto en ello. De lo que se habla poco es de los obstáculos que lo impiden.

El gobierno nacional haciéndose cargo de producir esos cambios propuso entre otras cosas, la expropiación de Vicentín y el impuesto a las grandes rentas. En poco tiempo ambas propuestas cayeron en saco roto. Algunos hablaran de tibiezas o de cómo los grandes medios manipulan la opinión pública. Si esto fuera nuevo, podría llamar la atención.

Durante los gobiernos kirchneristas (2003-2015) acontecieron no pocas veces situaciones similares que convendría siempre tenerlas en cuenta. El conflicto con el campo en 2008 a pocos meses de la asunción de Cristina Fernández de Kirchner como presidenta, comenzó a  marcar la agenda de una oposición que siempre estuvo alineada con los intereses que sostienen el status quo.

En 2009 se logró sancionar la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, aunque llevarla a la práctica haya sido casi una quimera. No resultaba importante sólo por la democratización de las voces sino por poner entre las cuerdas la propiedad ultra monopólica de los principales medios nacionales.  

En 2010 surgió el debate sobre la empresa Papel Prensa. En agosto de ese año la presidenta CFK presentó el informe Papel Prensa: La verdad, en el cual se detalla cómo la empresa fuera apropiada de manera irregular durante la última dictadura cívico militar. Recuperarla implicaba facilitar a todos los medios impresos del país conseguir papel a un precio accesible y no sólo un perjuicio para los apropiadores que siguieron manteniendo un privilegio, al que accedieron gracias a maniobras llevadas adelante, enmarcadas por delitos de Lesa Humanidad.

Casi todas las medidas a favor de destrabar el anclaje del capitalismo dependiente en la Argentina fueron sometidas a la imposición de cautelares judiciales que impedían que avancen, más una ofensiva mediática que ellos mismos tildaron de “periodismo de guerra”. Cuando se señala que hay que tocar intereses para permitir que la economía pueda avanzar, la mayoría de las veces se trata de grandes propietarios que no solamente fueron beneficiados por la dictadura, sino que a su vez fueron sus socios civiles.

La Sociedad Rural, los diferentes grupos económicos que se beneficiaron con la estatización de la deuda privada, -la circular A251 del 17 de noviembre de 1982 del Banco Central de la República Argentina (BCRA) cuando lo presidía de facto Julio González del Solar- más algunos sectores políticos y el Poder Judicial, constituyeron la pata cívica de la última dictadura.

Desde 2002 nucleados principalmente en la AEA (Asociación Empresaria Argentina), junto a la Rural y el Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA) que realiza su clásico coloquio anual constituyen el principal lobby corporativo argentino. El verdadero poder económico nacional asociado a diversas ramificaciones del capital financiero y comercial que fluctúa por el mundo.

Un poder que no es afectado por las sucesivas crisis que padece el pueblo argentino sino que a su vez se beneficia de ellas. La llegada de Mauricio Macri al gobierno en 2015 lo muestra a la perfección. La protección a todos esos sectores económicos más la fuga indiscriminada de capitales, - para ellos resulta un gran negocio- implica para el país dejar una economía extremadamente frágil.

Si uno se detiene a observar las diferentes medidas económicas llevadas adelante a partir de 1983 en ocasión de la vuelta de la Democracia podrá percatarse que salvo los desendeudamientos y la recuperación parcial de YPF en 2012 nunca fue posible destrabar la economía que se heredó de la última dictadura. Es más, la mayoría de las medidas llevadas adelante - principalmente durante el gobierno de Carlos Menem (1989-99)- profundizaron ese cauce.

Se pueden ampliar los derechos democráticos (Leyes de Divorcio o Matrimonio Igualitario) pero tocar intereses económicos implicará seguir girando en una inercia casi indeleble. Industrializar la ruralidad, cambiar la matriz productiva, institucionalizar el modelo de inclusión social, durante los gobiernos de Cristina, terminaron siendo buenas consignas. Entonces es cuando nos preguntamos cuáles son las trabas.

El sistema democrático que se inauguró en 1983 no parece demasiado permeable a soportar los cambios que demanda la sociedad. Tanto el Poder Judicial como la corporación mediática heredados de la dictadura, son integrados sin que ello produzca demasiado conflicto. A su vez es un régimen político que demostró su labilidad con la crisis de diciembre de 2001 generando una grave crisis de representatividad.

Desde 1983 a hoy tenemos así dos etapas. Una que concluye en 2001 y otra que emergió principalmente desde 2003 hasta la actualidad. Dos etapas que ocupan casi dos décadas cada una y en las que se pueden establecer algunas diferencias. A partir de la crisis de 2001 era necesario restablecer la legitimidad de la política y dar algunos pasos importantes en la recuperación económica y social, a partir del desguace neoliberal de la década anterior.  

Si se lo ve correctamente, la política de DDHH inaugurada por Néstor Kirchner implicaba no sólo la reivindicación de los caídos durante la dictadura, sino terminar con la teoría de los dos demonios -que había dominado durante los 80- y así poder avanzar también sobre las responsabilidades civiles durante el genocidio. Planteado de esa forma se transformaba en una palanca para recuperar un sistema democrático en el que ya no tendrían protección los viejos dinosaurios de antaño.

Ese proceso que se abre en 2003 no será lineal sino que estará marcado por enfrentamientos que se comenzaron a visibilizar a partir del conflicto de la 125 en 2008, pero que ya estaban bien presentes. Cuando la derecha habla de democracia o república siempre se refiere al sistema que se inició en el 83 culminando en 2001, y su programa es que lo que comenzó a partir de 2003 no se dispare para otro lado y vuelva a ser lo anterior. Es una lucha que sigue con final abierto. Hoy oponerse a la reforma de la Justicia es una muestra de ello.

Lo que principalmente se debate en torno al funcionamiento de la democracia es qué lugar deben ocupar los socios civiles de la dictadura. La derecha argentina tiene bien claro cuál es ese lugar y si bien durante el gobierno de Macri (2015-19) no pudo alcanzar una hegemonía sobre el conjunto de la sociedad, se percibe claramente que lo seguirá intentando.

Las fuerzas políticas que dicen representar a los sectores populares deben desprenderse de la inercia que es propia de un sistema social extremadamente poderoso que no está dispuesto a resignar lo más mínimo. Porque bien vale subrayar que acceder al gobierno no es acceder al poder.

En una próxima nota que será la continuación de ésta, se hará principal referencia al sistema democrático que se inició en 1983 y que fuera diseñado casi en exclusiva por la pata civil de la dictadura, que fue quien organizó por aquel tiempo un acuerdo con ciertos sectores políticos. Sus avatares y su colapso en 2001 y la posibilidad de reformulación a partir de 2003. También los diferentes enfoques sobre cómo salir de la crisis de representatividad con la conformación de un nuevo bipartidismo. 

2020/07/28

Liderazgo u organización ¿Hasta dónde podés llegar, populismo?


Hoy estamos bastante influenciados por determinadas posiciones “populistas” que, lejos de plantear la organización del pueblo, se entregan a enaltecer a los líderes pero, según el autor de esta nota, transformar la sociedad no depende de la buena disposición de un líder sino de la voluntad de un actor social que impulse los cambios.


Durante los últimos días se viene dando un debate, principalmente entre adherentes al gobierno, acerca de una supuesta derechización del presidente Alberto Fernández. Se dice que se distancia de la vicepresidenta, que tranzó con el establishment, que no está dispuesto a llevar adelante determinadas medidas. Todo esto podría ser interpretado de esa forma. El problema es que decir todo eso no ayuda en nada a la necesidad de producir cambios a favor de los sectores populares.
Se cree que todo pasa por la entereza moral y ética de un líder providencial que tendría que hacer todo lo que ciertos pensamientos progresistas creen que habría que hacer, sin que se cuente con determinadas relaciones de fuerza favorables. No se trata del nivel de aceptación positiva que ofrecen las encuestas sino principalmente de la organización concreta de los sectores que necesitan de los cambios.
Hoy estamos bastante influenciados por determinadas posiciones “populistas” que, lejos de plantear la organización del pueblo, se entregan a enaltecer a los líderes. Posiciones que si se las ve detenidamente no hacen otra cosa que confiar en la acción de un líder que se abre camino en las superestructuras para desde ahí resolver el problema de la desigualdad.
Lamentablemente las posiciones de las izquierdas en general tuvieron que sobrevivir durante las últimas décadas aceptando casi sin tapujos el ideario de las democracias liberales. Se escucha decir que los que no aceptan la democracia de manera efectiva son las derechas más recalcitrantes. Ya nadie dice que estos regímenes políticos son los que nos impusieran tras la derrota de los movimientos revolucionarios en la década del 70.
Suponer que un proceso de cambio social pueda llevarse adelante sin trastocar determinados pilares de la institucionalidad dada, es generar expectativas que conducen a la desilusión. En tal sentido fue muy importante la confección de nuevas constituciones en los países llamados bolivarianos, y a pesar de ello no se pudo detener la ola reaccionaria. El golpe en Bolivia, el asedio al gobierno de Venezuela o la llegada al gobierno de Ecuador de alguien que diciendo una cosa fue a hacer lo contrario.
Transformar la sociedad no depende de la buena disposición de un líder sino de la voluntad de un actor social que impulse los cambios. El 17 de octubre de 1945 se produjo una gran movilización de los trabajadores que se habían organizado en diferentes fábricas y suburbios. Sin eso, el por entonces coronel Perón hubiera seguido preso en la isla Martín García. No dependía de su voluntad. No son pocos los que creen que su voluntad posterior fue el resultado de esa presión popular.