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2021/03/27

¿Y dónde está el sujeto?


 El fin de la Historia, la desaparición del sujeto social en los discursos, la concepción de lo colectivo como suma de individualidades, la política como cuestión de profesionales, el mero voluntarismo como acción política forman un coctel que desde hace más de tres décadas opera como obstáculo para el cambio social.


Hoy estamos asistiendo a un tiempo en el que, la supuesta realidad del presente se eterniza en sí misma, prescindiendo de todas las determinaciones que fueron la base para llegar hasta este sitio. Dejando de lado el pasado, el futuro se torna sumamente lábil.  Ambos entrarían así en una realidad cercana al mito. No es por cierto que la historia haya desaparecido, sino que los grandes aparatos de construcción de subjetividad, se propusieron desde hace al menos tres décadas, establecer al fin de la historia como percepción dominante. La historia no acabó, pero se vive como si ello hubiera sucedido.

De esta forma, el universo de comprensión de la realidad -que siempre les sirvió a los activistas y militantes para orientar su práctica-, cayó en saco roto. Nadie podía pensar hasta hace unas décadas atrás, la acción política –siempre que se trate ella de una actividad transformadora- prescindiendo de caracterizar al sujeto social, a saber la fuerza que impulsa los cambios. Se podrá señalar que tanto en determinadas organizaciones de izquierda al igual que en el ámbito académico se sigue hablando de ello. El problema es que esas elaboraciones no llegan a los movimientos sociales o sindicales, quedando relegados estos, a la demanda de reivindicaciones estrictamente corporativas.

Se intentará en lo que sigue no entrar en pesadas abstracciones y mostrar algunos elementos que sean comprensibles para aquellos que lean con intenciones de encontrar una cierta guía para la acción. Nos interesa principalmente señalar que, prescindir del sujeto social, en la práctica política implica caer en el voluntarismo propio de las democracias liberales, en las que más que la acción de los sectores populares, interesa más  la supuesta buena voluntad de los que hacen política en los marcos restringidos del actual sistema de representación.

No se trata por cierto de desechar las acciones electorales ni la gestión de espacios institucionales, sino ver de qué manera el mismo régimen político va subordinado ciertas voluntades para quitarles cualquier margen de ruptura. En las actuales democracias no existe ningún lugar para un sujeto social a menos que se lo considere  como un mero elector pasivo.

Resulta complicado definir al sujeto social en una sociedad que se concibe a sí misma como la extensa suma de individualidades en las que cualquier diferencia más que remitir a una estructura, se concibe como algo maleable por las voluntades y los méritos que se hagan para vivir mejor.  Si bien hay quienes saben lo dicho y hablan de voluntades colectivas, en los hechos todos vivimos inmersos en aceptar que es el destino individual quien decide sobre nuestras vidas, enfrascadas en una frenética competencia entre pares.

En la sociedad existen diversos actores que nunca son individuales. Son conjuntos de individuos que viven en determinadas condiciones objetivas de las cuales se forma parte sin haberlo elegido. Aunque hoy se intente mostrar lo contrario -a partir de la promoción de la meritocracia-  es casi imposible salir de ahí. Sería casi como el intento individual de algún integrante de una determinada  especie animal por intentar vivir bajo condiciones ambientales o climatológicas adversas a su genética.

El sujeto social vendría a ser, el actor o el conjunto de actores que no sólo ocupan un lugar estratégico en la formación social sino que a la vez su sujeción o disconformidad producen alteraciones significativas del estatus colectivo. Si bien algunos pretendan señalar que hablar de sujeto social es propio del marxismo, su caracterización como veremos formó parte de diversos menús políticos.

Cuando Karl Marx definía a la clase obrera como el sujeto de la historia, partía de dos características diferentes pero a la vez simultáneas. Uno era el lugar en la producción y otro su capacidad operativa. Cuando esa clase tomaba la rienda de la revuelta social daba toda la sensación de que el sistema político tambaleaba y podía ser suplido. El proletariado contaba con herramientas propias de su lugar en la economía que podía hacer vislumbrar una sociedad mucho más avanzada sólo con poner en marcha un proyecto que debía prescindir de los capitalistas como tal, en tanto ellos mismos eran el principal obstáculo para el desarrollo. 

En la Argentina cuando surgió el peronismo, la clase obrera fue su principal sostenedor y para su líder, esa parte de la sociedad iría a ser la columna vertebral del movimiento. Su cabeza era el reducido grupo de militares que desde la centralidad del Estado armonizaba una supuesta comunidad organizada. El sujeto social en las sociedades más complejas nunca es un sólo actor, sino un abanico de ellos que en conjunto pueden mover y transformar las estructuras sociales. Lo plural invita a que su sostenimiento sea realizado por la hegemonía de uno de ellos.

La hegemonía es un término bastante utilizado pero poco comprendido. No es solamente la conducción sino principalmente el hacer parte a las demás partes de una resolución de sus problemas a partir de un determinado punto de vista que es el de quien hegemoniza. Cuando Lenin en la revolución de Octubre planteaba la unidad obrero campesina, nunca dijo que los campesinos debían subordinarse a los obreros sino aceptar en la unidad el punto de vista de estos últimos. Por ese motivo no se les impedía contar con la propiedad de la tierra y esta última llegaría a ser socializada en un largo proceso de transformación de las estructuras sociales. De hecho hasta ese momento los campesinos aceptaban la hegemonía de  sus antiguos amos. En la Argentina de hoy, los sectores agropecuarios en general están hegemonizados por la fracción más concentrada de la especulación financiera.

En las últimas décadas a partir del proceso de reconversión del capital, propio del neoliberalismo, se viene asistiendo a nivel planetario a lo que los más entusiastas pensadores de las derechas denominan el fin del proletariado. Es un ciclo en el que el sujeto del que hablara Marx, fue perdiendo densidad por la paulatina destrucción de trabajo. En el plano de las conformaciones urbanas no es lo mismo un cinturón urbano en el que crecen asentamientos de desplazados que los viejos cordones industriales en donde germinaban formas insurreccionales.

Sin dudas que la relación capital trabajo no se ha acabado, sino que la acumulación histórica de plusvalor que efectuaban los capitalistas sobre los obreros, hoy no es la única fuente de ganancias con la que cuentan los más poderosos magnates planetarios. La especulación financiera, las economías sumergidas e incluso la delincuencia económica forman parte del diverso menú que el marxista británico David Harvey denomina acumulación por desposesión.

Caída por el momento la posibilidad proletaria para dirigir un proceso de transformaciones sociales, sorprende que algunos autores posmarxistas como Ernesto Laclau y Chantal Mouffe hayan intentado enmarcar dentro de la teoría la posibilidad de una cierta hegemonía sin proletariado. Vale señalar que durante el segundo cuarto del pasado siglo, en China, Mao Tse Tung ideó ante la ausencia significativa de obreros, una estrategia de poder en el que los grandes protagonistas fueron los mayoritarios campesinos. Sin embargo para Mao el proceso se realizaba bajo la hegemonía de la clase obrera, a saber, el campesinado lo hacía de acuerdo al punto de vista proletario. El problema actual es saber qué sectores populares hoy son capaces de poner en marcha un verdadero proceso de cambio social. En una próxima nota se intentará dar vueltas sobre este asunto.

De todas maneras hay que convenir que para las actuales derechas, aunque no lo digan, existe un sujeto que vive cobijado, apuntalado y extremadamente protegido por el principal reglamento social imperante. La defensa de la gran propiedad privada y su libertad para realizar cualquier maniobra impune para acrecentar su poder, hoy se despliega pornográficamente en cualquier marco institucional. Es así, el principal obstáculo que tienen los gobiernos populistas o socialdemócratas para torcer los modelos económicos instalados hace ya varias décadas.

2020/08/29

Apuntes sobre la condición humana. Equilibrio, pulsión y fuerza productiva. El rol de la experimentación.


Conjunto de aforismos que intentan dar cuenta de algunas atribuciones de nuestra especie a partir de Darwin, Marx, Engels y Freud.

Lo propiamente humano es posible que sea la posición erecta, el ejercicio complejo del equilibrio postural. Todas las otras adquisiciones: el lenguaje, la destreza manual, la inteligencia no podrían tener lugar sin ese desarrollo primario. A su vez debemos reconocer que el equilibrio humano es una atribución endeble, con fallas. El enigma de la esfinge que debe resolver Edipo nos muestra tal vez una verdad de Perogrullo que por considerarnos seres superiores no hacemos más que ocultar permanentemente. Todo humano tiene a una de sus piernas como el apoyo principal. No fue posible aún desarrollar la equivalencia entre ambas extremidades. Al igual que la destreza manual no cuenta igual para ambas manos.


Se trata de leer a Darwin desde Marx (El proceso de trabajo, fuerza productiva), Engels (El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre) y Freud (Tres ensayos  sobre una teoría sexual, pulsión y narcisismo).
Se entiende que la especie humana no es algo detenido en el tiempo sino un proceso continuo de transformaciones que van desde el antepasado primate hasta una virtual proyección de lo actual. Hay que entender además que cuerpo y hábitat son inseparables.

Partimos de la idea de que el pasaje del mono a hombre es un proceso ininterrumpido de transformaciones. Quiere decir que no se podría afirmar que el humano actual es un producto acabado sino en constante cambio y con futuro incierto. Los primeros humanos deben distar considerablemente de sus pares de otros tiempos.  Consideramos que la adquisición de la posición erecta o más precisamente del equilibrio postural es el aspecto principal de las diferentes transformaciones anatómicas y de desarrollo de facultades que lo transforman en fuerza productiva. Esto produce la liberación de las extremidades superiores y el desarrollo de las facultades manuales. Sería justo suponer que tanto la adquisición del equilibrio y los atributos táctiles son el fundamento del desarrollo cerebral y no al revés. Una vez alterado el sistema nervioso central se comenzó a dar un intercambio entre las facultades señaladas. Se podría considerar al lenguaje como la exterioridad del pensamiento que a su vez es imposible sin lenguaje.

La sexualidad freudiana  no podría entenderse sino a partir de todos los cambios que se fueron produciendo a través de las diferentes épocas. Si el cuerpo humano actual posee diferentes atribuciones, funciones físicas  que supuestamente  lo separan del reino animal esto alterará la sexualidad. Ésta entrará así a un terreno de experimentación.
Se supone que toda actividad animal está impulsada por los instintos. Resultan movimientos propios y regulares. En ese punto en donde emergió una nueva especie ya es sólo factible la indeterminación de los impulsos. La actividad ya no está predeterminada. Surge la experimentación. El trabajo es ese esfuerzo que se realiza para sobrevivir. La base en la que se sostiene el trabajo nunca podría ser la de los instintos y a la vez no debe perderlos.

Se supone que, lo que cada humano percibe es único e irrepetible. La denominada individualidad no deja de ser otra cosa que la percepción que cada uno realiza de un mundo exterior objetivo. Esa percepción si bien se presentifica en el instante es producto de una acumulación que se sostiene en el cuerpo y se denomina memoria. La irrupción del extrañamiento es un indicador de que el envase yoico no es cerrado.

Todo el proceso vital del humano transcurre en la sucesión de diferentes actos enmarcados en un proceso complejo de experimentación. No se trata de un proceso siempre consciente y en algunos casos la percepción que se tiene de ello puede ser equívoca. 
Partimos de la idea de que todo acto logrado es el resultado de diferentes experimentaciones que fue realizando la especie a lo largo de su existencia como tal.


La experimentación es el resultado inequívoco del fracaso del instinto.


La palabra experimentación casi siempre va referida a acciones que se escinden de lo que acontece en la vida cotidiana. Es una palabra de alguna manera sublimada, enaltecida. La experimentación científica, religiosa o la que tiene lugar en diferentes saberes místicos o corporales. La experimentación por lo contrario es la condición humana por excelencia y está presente en todo acto, no sólo en los nombrados. Es parte constitutiva de los impulsos vitales que no hallan sus fines como meta predeterminada.


Nadie podría poner en dudas que tanto Marx como Engels o Freud aceptaban las tesis de Darwin acerca de la procedencia del humano desde alguna especie de primates ya desaparecidos. Es posible que hoy la mayoría también lo acepte, aunque si se hace concibiendo al humano eternizado en su plano actual no deja de ser una denegación de lo formulado por Darwin. Espontáneamente tenemos una visión acerca de nuestra especie sin diferenciar por ejemplo al hombre actual del de hace 20 o 40 siglos atrás. Nos hacemos la idea de que el hombre de las cavernas era diferente pero no concebimos ninguna transición. La especie debe transitar un proceso permanente de transformaciones biológicas y genéticas de las cuales no tenemos demasiado registro. Al concebir al universo de la cultura como un ámbito escindido de lo estrictamente biológico no hacemos más que darle una supuesta autonomía a algo que se desarrolla en una estricta unidad. Suponer que el descubrimiento de la electricidad por dar un ejemplo no haya producido ningún cambio en la estructura biológica humana aunque sea nimio, no parece demasiado lógico.             


Dice Engels que el trabajo es la condición básica y fundamental de toda la vida humana y lo es hasta tal punto que es el mismo trabajo quien ha creado al propio hombre.  Vale al respecto señalar como lo hace Marx en el texto sobre el proceso de trabajo que se encuentra en El capital que el trabajo es en primer lugar un proceso entre la naturaleza y la acción humana, una acción que debe ser entendida como el despliegue de una fuerza natural (la humana) con respecto a su entorno, una acción que transforma no sólo a la naturaleza sino al mismo humano en tanto parte inescindible de la misma. Considera Engels que fue la adquisición de la posición erecta el paso decisivo en la transición del mono a hombre. Esta posición es la que permitirá el desarrollo de las capacidades manuales. De esta manera es posible comprobar de qué modo el proto humano se irá transformando cada vez más en fuerza productiva.

La transformación del mono en hombre es un proceso prolongado en el que se asistirá a cambios sustanciales en cuanto a la morfología y funcionalidad del cuerpo. Implica la adquisición de diferentes habilidades que en última instancia son necesarias para la subsistencia.


Si es verdad que la especie humana antes de serlo era una clase de mono, hay que decir que su irrupción en el planeta implica un largo proceso de transformaciones corporales que fueron teniendo como correlato la invención de determinados instrumentos y diferentes modos de asociación entre sí. No es por cierto un proceso acabado sino un continuum que no cesa. En tal sentido no debe asociarse a evolución o progreso sino a cambio permanente. Los dos primeros términos se asocian más a un juicio de valor que por ende se asocia más a la ideología que a la ciencia. La especie sólo existe en un largo proceso de transformación que necesariamente implica experimentación permanente.
En la producción y reproducción de sus medios de subsistencia lo que se encuentra siempre presente es la experimentación. Se podría decir que la misma es el resultado obvio de la pérdida del objeto de la pulsión, del trieb freudiano. El impulso indeterminado necesita ir aproximándose a alguna supuesta determinación.


La división cualitativa entre los miembros superiores e inferiores parece ser por lejos la principal mutación que se produjo en la irrupción de la especie humana. Si examinamos la condición corporal tal como es en la actualidad debemos suponer que no es más que un punto efímero inscripto en un proceso de cambio permanente que sólo podría mostrar la variación conociendo las diferentes fases que fue estableciendo dicho cambio. Esto quiere decir que la división cualitativa constituye un par dialéctico entre las funciones de los miembros superiores con respecto a los inferiores que se expresa con rasgos propios de las diferentes escansiones. Toda contradicción (par dialéctico) siempre es desigual por lo que los atributos de los miembros superiores e inferiores se combinan de una manera específica interrelacionándose entre sí. Si la adquisición de la posición erecta constituye el primer paso en la transformación del mono en hombre, hay que precisar que ello constituyó el aspecto principal de la contradicción. Mantenerse de pie no sólo exige el desarrollo de determinadas zonas del cuerpo sino principalmente de esa facultad denominada equilibrio. Si todo ser vivo cuenta con equilibrio hay que precisar que de lo que estamos hablando es del equilibrio preciso que se necesita para andar con dos extremidades. Significa que la irrupción de la especie supone la conformación de un nuevo tipo de equilibrio mucho más precario y a su vez complejo. El cachorro humano no nace con la posibilidad de caminar y es probable que en su ancianidad le cueste demasiado sostenerse en dos piernas. Fue el acertijo con el que la Esfinge interpeló a Edipo. También está la sinuosa marcha del borracho que con su cuerpo oscila hacia sus dos costados y que por momentos necesita sujetarse a algo que no le permita caer. El dormir consiste en abandonar el ejercicio del equilibrio. También de la atención y la concentración. Dormir es el eclipse la voluntad. Eso debiera ser corroborado en los sueños.


En el paso del mono al hombre se tiene que haber producido la división de tareas entre los miembros superiores y los inferiores. La posición erecta consiste en la adquisición del equilibrio. Debe ser una adquisición que exige un desgaste singular que fue la causa del desarrollo de las principales aptitudes actuales de la especie. El desarrollo de los músculos anti gravitatorios. El lenguaje y el pensamiento, las habilidades manuales y un trastrocamiento de algunas funciones fisiológicas. El caso más indicativo sobre este trocamiento es sin dudas la sexualidad. Sería inútil intentar abordar la problemática sexual desde el punto de vista freudiano sin tener presente esta mutación general del cuerpo junto a la adquisición de nuevas funciones corporales. La importancia de lo visual, lo táctil y la oralidad en la sexualidad humana contrasta significativamente con la importancia que de ello tiene la sexualidad animal en todas sus especies. El catálogo de las perversiones sólo puede abordarse desde este señalamiento. La mutación del instinto sexual en pulsión es uno de los rasgos principales del pasaje del mono a hombre.


Berisso (2019)