2020/06/19

¿Quién pagará los platos rotos?


La realidad que vendrá tras la pandemia será diferente, no sólo en el país. El deterioro económico implicará un gran desafío tanto para el gobierno como para las diferentes izquierdas y movimientos sociales. Lo que hoy pierden los más poderosos, lo intentarán recuperar a costa de los sectores populares.

Hoy es un lugar común señalar que la irrupción de la pandemia y las medidas de aislamiento social vinieron a destapar la tremenda desigualdad social existente en nuestro país. El abordaje sanitario desplegado en barrios como Villa Azul (Quilmes- Avellaneda) o el José Luis Cabezas (Berisso- Ensenada) vienen a mostrar que las políticas socio económicas que se desarrollaron durante las últimas décadas no hicieron más que profundizar la pobreza.
Tanto los principales medios hegemónicos, como diferentes opciones políticas tanto de derecha o de izquierda lo repiten permanentemente. Unos dicen que el peronismo agigantó la desigualdad para manipular a los pobres con asistencia social. ¿Qué piden? que los políticos se bajen el sueldo. Otros muestran esa realidad para expresar que los diferentes gobiernos, desde hace casi tres décadas son todos iguales. ¿Qué piden? incrementar la ayuda social.
Cualquiera que haya transitado las últimas décadas de nuestro país puede observar con total claridad que a partir de los años noventa se produjo una transformación significativa de la configuración social. La desigualdad y la pobreza extrema se adueñaron de territorios bien definidos. Si bien hubo parches significativos e intentos de inclusión, este proceso nunca se detuvo. Es la configuración propia del neoliberalismo.
Si bien nadie puede negar la existencia de esta pobreza estructural, lo que muy pocos señalan es que la misma no es más que el resultado de otros factores que podrían explicar mucho mejor la realidad y darle a los militantes sociales otras herramientas que no sean sólo plantear ir en ayuda de los más necesitados. Lo que se modificó principalmente a partir de los 90 fue el mundo laboral.
Muchas de las propuestas más sensatas de la izquierda hacen referencia a los problemas que tanto la pandemia como la cuarentena hacen mella en la situación de los trabajadores. No aporta demasiado señalar igual que la derecha que los barrios se convierten en guetos y se privan determinados derechos de circulación. Apología liberal.
En 1996 el por entonces Congreso de los Trabajadores Argentinos (CTA) expresaba que “El desempleo es la mejor ley de flexibilización laboral”. En ese mundo laboral emergente la existencia de una masa imponente de trabajadores desocupados producía que las patronales pudieran explotar desmedidamente a sus empleados, mostrando la cantidad de gente que estaba esperando para ocupar el mismo sitio. Una clara acción de chantaje.
Esta lógica es la que exponen los grandes lobbies que se oponen a las cuarentenas. Hacer trabajar cueste lo que cueste sabiendo que cuentan con un numeroso ejército de reserva. El diputado del Frente de Izquierda en la provincia de Buenos Aires y referente del Subte, Claudio Dellecarbonara, expresó su preocupación por la situación que se vive en diferentes sectores de trabajadores. Dijo que “La liberación de actividades sin siquiera ser consideradas esenciales, y las empresas mandando a trabajar a miles de trabajadores, sin los protocolos ni los equipos de protección, tiene consecuencias”.
El sindicalismo en la Argentina hoy no es demasiada garantía. Hoy los gremios debieran tener un rol preponderante en cuanto a la protección de los trabajadores ante los peligros de la pandemia como en cuanto a hacer valer sus derechos ante patronales que piden a gritos flexibilizar la cuarentena. En las actividades denominadas esenciales emergen determinados conflictos que debieran ser resueltos de la mejor manera, porque los trabajadores de esos sectores no son inmunes y están permanentemente expuestos.
Mientras el gobierno propone algunas medidas interesantes como el impuesto a las grandes riquezas o la expropiación de Vicentín, pero sin avanzar demasiado o intentando que no genere demasiado ruido en la opinión pública; todo ello hace que algunas izquierdas denuncien movimientos tibios predestinados al fracaso. Un síntoma de debilidad de ambos. Una relación de fuerzas desfavorable.
Un gobierno asentado en una acumulación de fuerzas populares significativas y que tenga el objetivo de llevar adelante esas medidas podría hacerlo. Una izquierda con fortaleza en las bases obreras podría acompañar al gobierno imponiendo ciertas condiciones o en todo caso ponerse directamente al frente de esas medidas. Pero esto no sucede.
La realidad que vendrá tras la pandemia será diferente, no sólo en el país. El deterioro económico implicará un gran desafío tanto para el gobierno como para las diferentes izquierdas y movimientos sociales. Lo que hoy pierden los más poderosos, lo intentarán recuperar a costa de los sectores populares. ¿Quién pagará los platos rotos?
Comenzar a delinear el escenario de la pospandemia y prever las posibles fuerzas con las que se pueda contar para llevar adelante lo delineado, debiera ser una de las tareas actuales.


2020/06/14

La Pandemia, lo individual y lo estatal- La “angustia” de los capitalistas


Desde hace varias décadas se viene inculcando que la salida a todos los problemas es individual. Que todo depende del esfuerzo y los méritos. En medio de la pandemia de Covid-19 este discurso no sólo se recrudece por derecha sino que atenta contra la prevención.

Que se sepa, ningún gobierno fue elegido por haber planteado cómo abordar una peste. Algunos se pusieron las cuarentenas al hombro mientras otros intentaron minimizar o intentar que todo pase como una tormenta pasajera. La presencia de la pandemia cambió ostensiblemente el escenario político mundial. En una economía globalizada nadie está exento de sufrir sus consecuencias. Se puede afirmar que los diferentes posicionamientos no coinciden automáticamente con posturas ideológicas definidas, aunque los más liberales sean más anticuarentena y los más keynesianos promuevan mucho más las medidas de prevención. Lo cierto es que la pandemia modificó cualquier rumbo prefijado.

El pasado sábado 6 de junio el Jefe de Gabinete Santiago Cafiero señaló que “Fortalecimos el sistema de salud en tiempo récord con una Argentina quebrada que dejó Macri. Recordemos que nos habían dejado sin Ministerio de Salud”, afirmó el funcionario, señalando a su vez: “Imaginen lo que hubiera sido esta pandemia con Macri gobernando, una catástrofe”.
Si bien podría considerarse como una afirmación dura que enaltece la “Grieta”, no hay gran misterio en lo que dijo. Por su parte, la oposición macrista no lo dejó pasar y rápidamente devolvió la bola.
Macri “habría confiado más que nunca en la responsabilidad de los argentinos y menos en la imposición estatal”. “Habría advertido los efectos del aislamiento estricto sobre otras patologías de la salud y sobre el empleo y el trabajo de los argentinos, y habría encontrado maneras de encontrar un equilibrio más temprano”, dijeron desde la dirección del Pro.

“Hacé la tuya”


La respuesta opositora no deja de ser original en tanto marca esa tensión entre “la responsabilidad de los argentinos” y “la imposición estatal”.  Planteado de esa forma no deja de marcarse que el gobierno elije un modo autoritario, en tanto privilegia lo segundo. ¿Podría ser de otra forma? ¿Podría dejarse el abordaje de la pandemia supeditado a la iniciativa individual?
El pasado sábado 6 podían verse por la TV diferentes imágenes de los que se convocaron en el Obelisco para protestar. La mayoría no llevaba tapabocas y algunos de los que sí dejaban la nariz afuera. “A mí no tienen porqué decirme lo que tengo qué hacer”, “Es inconstitucional que no me dejen caminar por la calle y no pueda viajar en tren”. Un músico de reggaetón se quejaba de que ahora no pueden hacerse espectáculos. La mayoría no quiere perder plata.
Cuando se sale a hacer las compras es inevitable ver gente que vive transgrediendo las medidas de distanciamiento, el uso del barbijo, el salir en grupo e incluso comercios que no respetan los cuidados.
Para que la cuarentena sea eficaz se necesita de la responsabilidad individual, pero dejar que todo se dirima en el libre albedrío es el principio de su abolición. “Hacé la tuya”, “Sálvese quien pueda”
Desde hace varias décadas nos vienen inculcando que la salida a todos los problemas es individual. Que todo depende del esfuerzo y los méritos que hagamos para ello. Que nadie debe estorbarnos ni poner palos en la rueda.
Las mayorías sociales no fueron educadas para enfrentar una pandemia ni siquiera contar con herramientas simples para ello. Muchas de ellas fueron aprendidas en los últimos meses. Muchos no dimensionan el riesgo y otros se cuidan obsesivamente. Algunos creen que enfermarse es una opción personal.

La ira de Dios


Se dirá que con respecto al Medioevo, los humanos han evolucionado. Se desarrollaron la ciencia, la industria, la tecnología e incluso nuevas formas de contrato social. De todas maneras siguen existiendo pensamientos mágicos y oscuros para resolver problemas cotidianos.
En el filme Det sjunde inseglet  (El séptimo sello) de 1957, es interesante rastrear como Ingmar Bergman presenta las diferentes maneras que tenían los suecos de la Edad Media para contrarrestar la peste negra. Un caballero que regresa de las Cruzadas junto a su escudero se enfrentará a la Muerte en una partida de ajedrez. Ella le dirá que siempre viaja a su lado.
Con imágenes de una peste que azota a los poblados, puede verse como los aldeanos condenan a una bella joven a la hoguera acusándola de haber realizado un pacto con el demonio. No faltan aquellos maleantes que buscan cadáveres para robarles sus pertenencias y luego exhibirlas en el bodegón.
Impresiona de gran forma las imágenes de peregrinos que recorren diferentes territorios infligiéndose castigos para calmar la peste, entendida como la ira de Dios. Se trata sin dudas de imágenes ¿lejanas?.
Cuando se observan hoy determinadas  posturas de cómo enfrentar la inseguridad, planteando linchamientos o haciendo justicia por mano propia, o quemar cárceles en las que hay infectados para que no se propague la peste; sumando la creciente propagación de ideas anticientíficas, amparadas por el sentido común, nos hacen pensar que posiblemente no estemos tan lejos del escenario que pintaba Bergman.
La angustia de los capitalistas
Los poderes económicos que fogonean la anticuarentena y hablan de la angustia que esta provoca apuntan a otro lado. Lo que no soportan de la pandemia es no seguir ganando como antes. Seguramente saben de los riesgos, y por eso, también se cuidan. Lo que no quieren es que los que siempre les dieron sus ganancias también lo hagan.
“El malentendido es la esencia de la comunicación”
Jacques Lacan

La pregunta sobre la “angustia” que genera la cuarentena realizada días atrás por la periodista Silvia Mercado al presidente Alberto Fernández muestra de forma inequívoca la mala intención de todos aquellos que hoy militan la anticuarentena. Los grandes medios, políticos opositores rabiosos, trolls y diversos lobbies.
Desde el día cero del aislamiento social, lo obvio se transformó para un sector minoritario de la sociedad en un contrasentido. Por qué habría que tenerlo en cuenta entonces. Lo que muestran los grandes medios no es nimio. Es lo que consume la mayoría. Los comentarios que se pueden leer en los portales de noticias muestran una abrumadora avalancha de trolls que intentan socavar las medidas de prevención.
Además hay que señalar que la gran apuesta de la anticuarentena es que ésta comience a sufrir un desgaste y que ello acarree una merma significativa del apoyo y el compromiso que hoy tiene. Si desde el gobierno se intenta mostrar una unidad real ante la pandemia, una unidad que excede largamente las posiciones políticas, desde la anticuarentena no deja de politizarse cualquier medida que se tome, además de rascar fuerte sobre diferencias y tensiones entre los que se comprometieron con el aislamiento.
“La gente se va a cansar de todo esto”, “Nos quieren convertir en Argenzuela”, “Van a dejar un país quebrado” rezan los trolls. La mayoría de todas esas expresiones se sostienen en ciertos supuestos nunca explicitados. La pandemia no existe, es una ilusión kirchnerista inventada para sojuzgar mediante el miedo y avanzar de modo dictatorial hacia sus objetivos. Convertirnos en Venezuela o Corea del Norte y robarse todo lo que todavía no se robaron.
Lo que está pasando en la Argentina, pasa aquí y nada más. La economía se cae en nuestro país pero resplandece en el mundo. Lo que acontece en Brasil o los EEUU se debe a que ellos tienen más población que nosotros. Las cifras de muertes y contagios se debe a eso y no porque no les importe que se extienda la peste.
Si entendemos que el aislamiento social implica la responsabilidad ciudadana de protegerse y proteger a los más cercanos, hay que añadir que eso necesita de una centralización que no puede hacerla más que el Estado. En los supuestos opositores el aislamiento es una coerción a la ciudadanía, una imposición que se padece como los presidiarios. Tal vez eso sea el origen de la “angustia” de Silvia Mercado.
El mundo que viene sin dudas será más pobre y cambiarán muchos hábitos. Lo que los más poderosos capitalistas no soportan de la pandemia es no seguir ganando como antes. Seguramente saben de los riesgos, y por eso, también se cuidan. Lo que no soportan es que los que siempre les dieron sus ganancias también lo hagan. En una economía global en donde el desempleo es muy grande no temen perder fuerzas de trabajo, porque saben que pueden recuperarla.

2020/05/16

La razón freudiana y los saberes oscuros


De igual manera que el impulso instintivo sexual se abre camino en el humano hacia una satisfacción imposible, se puede decir que lo social no deja de ser esa formación fallida, averiada que deviene del primitivo instinto gregario que caracterizaba a esos primates que fueran nuestros antepasados remotos. Ambos planos combinándose se dan en simultáneo en todas las formaciones culturales, constituyéndolas, y es eso mismo lo que hace que en cualquier sociedad existan malestares propios de ella.

De igual manera están los modos de apaciguar y administrar esas dolencias. Cada sociedad cuenta con saberes específicos al respecto. Determinadas prácticas de inspiración científica comenzaron a desarrollarse con ese fin preciso, aunque hoy pareciera que una ola mística o esotérica se hubiera apoderado de las principales ofertas que nos hace la cultura.

 Desde hace aproximadamente 40 años, cuando irrumpía el neoliberalismo y esa condición social denominada posmodernidad que ponía en dudas los saberes racionales, comenzaron a proliferar todos esos gurúes de la autoayuda, de la psicoprogramación y de variadas formas mercantiles adobadas con sabores ancestrales. Esto, lejos de acabarse, se profundizó y hoy nos muestra una manera de vivir la cotidianeidad reforzando un individualismo extremo. Un individualismo socializado, claro.
En un tiempo en donde prima lo sombrío es bueno recordar a Sigmund Freud, su descubrimiento y su relación específica con el discurso de la ciencia.

La ciencia y el sujeto

Si hubo un rasgo que caracterizó a Freud a lo largo de todo su recorrido intelectual fue su carácter enfáticamente racionalista. Luego de su temprano abordaje de la histeria, primero mediante el método psiquiátrico de Jean-Martin Charcot basado en la hipnosis  y luego junto a Josef Breuer en lo que se llamó cura catártica, pareciera que Freud se hubiese deslizado desde la ciencia médica del Siglo XIX hacia un territorio que muchos considerarían oscuro. Sin embargo siempre tuvo la necesidad de conceptualizar esa experiencia de un modo riguroso, con la intención permanente de inscribir su descubrimiento dentro de los marcos del discurso científico. Freud necesitaba darle legitimidad a todo eso que se le presentaba en la experiencia y estaba convencido que esa legitimidad no podía hacerse por fuera de la ciencia. 

Freud se sentía parte de la ciencia pero a su vez mostraba algunos reparos. Señalaba que a lo largo del Siglo XIX la ciencia había dejado de lado ciertas elaboraciones -principalmente subjetivas- por considerarlas ajenas a su método.

En las Nuevas lecciones de introducción al psicoanálisis de 1931 decía que para ella “la única fuente de conocimiento es la elaboración intelectual de observaciones cuidadosamente comprobadas” descartando cualquier “posibilidad de conocimiento por revelación, intuición o adivinación”.  No es por cierto que Freud estuviera demasiado interesado por estos fenómenos subjetivos pero tampoco era partidario de excluirlos adrede. Con respecto a la ciencia, sostenía que ella “se distingue por caracteres negativos, por la limitación a lo cognoscible en el presente y por la repulsa de ciertos elementos ajenos a ella”.

En las primeras páginas de La Interpretación de los sueños Freud distinguía entre una concepción primitiva o fantástica de los fenómenos oníricos y otra de tipo científico. No dudaba que los interrogantes que genera la primera tenían mucho más que ver con lo que él venía descubriendo que con la concepción científica de la época que consideraba a los sueños como una simple descarga fisiológica carente de cualquier significación que pudiera servir en la vigilia.
Freud, como dijera alguna vez el analista francés Jacques- Alain Miller, tomó para el análisis todos esos elementos que fueron a parar a los basurales de la lógica: el sueño, el chiste, el lapsus, el olvido y toda esa variante conocida como actos fallidos.

En un texto bastante emblemático de 1922-23 titulado Una neurosis demoníaca del SXVII Freud abordó la supuesta posesión que sufrió el pintor Cristóbal Haitzmann. La ciencia obviamente no dirá nada sobre un hecho como éste, ya que para ella si el demonio no existe mucho menos se puede hablar de un hombre poseído por él. Pero Freud dirá en ese trabajo que “Los demonios son para nosotros malos deseos rechazados; ramificaciones de impulsos instintivos reprimidos” abriendo así la posibilidad de encontrar en un hecho de esta índole una racionalidad que opera en lo real construyendo fenómenos aparentemente fantásticos o sobrenaturales.

También el padre del psicoanálisis le dedicó algunos escritos a ese fenómeno llamado telepatía, intentando encontrar su racionalidad.

A lo largo de la historia de la especie humana puede constatarse que siempre se construyeron diferentes saberes que sirven para el abordaje de la vida cotidiana, desde cómo saciar las necesidades vitales hasta cómo abordar los pesares subjetivos. Las religiones siempre tuvieron en ello un rol preponderante. La irrupción de la ciencia y su futuro desarrollo también son parte de la necesidad humana de contar con instrumentos para la subsistencia, para la vida social y su reproducción, aunque en ciertos aspectos de la vida, tanto individual como social, la ciencia no se ocupó de todo, en especial de los fenómenos subjetivos. Los sentimientos, los anhelos, el modo de relacionarse con los otros nunca fue objeto de la ciencia. El que sufre no será interpelado por ella. Todo eso que la ciencia no cuenta siempre fue abordado por diferentes saberes que alcanzaron legitimidad debido a su eficacia, sin importar el porqué.

En su primera tesis sobre Feuerbach, Karl Marx sostenía que “el defecto principal de todo el materialismo precedente había sido el concebir a la realidad o la sensoriedad como un objeto de contemplación, pero no como una actividad sensorial humana, como una práctica ni tampoco de un modo subjetivo”. Por ende, señalaba Marx, que todo el aspecto activo de la realidad fuera desarrollado por el idealismo, “pero sólo de un modo abstracto, ya que el idealismo, naturalmente, no conoce la actividad real, sensorial, como tal.

Este materialismo criticado por Marx es tal vez la base filosófica de la ciencia positivista que Freud cuestionaba. Por otra parte habría que señalar que toda esa parte activa que la ciencia excluye tendrá una cierta vida autónoma que resistirá a ser abordada por saberes diferentes al que esa vida misma construye.

Esa escisión entre el saber de la ciencia y cualquier saber subjetivo o práctico es lo que tanto Freud como  Marx cuestionaron no sólo desde el discurso de la teoría, sino principalmente a partir de llevar adelante una práctica concreta, ya sea ésta clínica o política. La interpretación de los sueños o la formulación del fetichismo de la mercancía para dar dos ejemplos solamente. El discurso psicoanalítico no hubiera tenido lugar sin la irrupción del discurso de la histérica, de igual forma que las elaboraciones de Marx y Friedrich Engels no hubieran sido posibles sin la emergencia y la lucha de ese sujeto llamado proletariado.

El cuestionamiento que señalábamos más arriba está indisolublemente ligado a prevenir el desplazamiento del sujeto. La ciencia es desde una óptica lacaniana un saber sin sujeto, aunque paradójicamente Jacques Lacan formulara que el sujeto del análisis es el sujeto de la ciencia.
Vayamos por partes. La ciencia como enunciado no necesita a quien tal vez prodigó gran parte de su vida para poder enunciarla. La ley de la gravedad ya no necesita ni de Newton ni de la manzana que cayó sobre su cabeza mientras descansaba debajo del árbol. Tampoco la tabla de multiplicar necesita que alguien diga que 3 x 3 es igual a 9 para que ese resultado sea correcto. Será 9 aunque lo diga cualquier hijo de vecino. Si a alguien pudiera serle útil, será 9 aunque la especie humana haya desaparecido. En la formulación de la ciencia, el sujeto quedará eclipsado aunque haya sido el impulsor del proceso mismo de enunciación. Sin ese sujeto no habría ciencia aunque ésta ya no lo nombre.

La ciencia para serlo necesitó de aquellos que se plantearon determinados interrogantes y enigmas. Por ese lugar y por la necesidad de una producción para intentar aplacar el deseo de saber es por dónde Lacan equiparaba la ecuación señalada. El sujeto de la ciencia es precisamente ése que la ciencia deja afuera provocándole una insatisfacción que lo caracteriza y lo marca. Vale aclarar que no se trata de cualquier sujeto ubicado en la exterioridad de la ciencia, sino de aquel que en el procedimiento mismo en el que la ciencia se formula inevitablemente quedará excluido de su formulación.

Hablar de un sujeto de la ciencia es una abstracción porque en verdad se trata de múltiples sujetos bien concretos que se inscriben en un proceso histórico en el que se producen diversos saberes y experiencias.

El pesar de Fausto

Resulta interesante indagar en la literatura acerca de esa insatisfacción subjetiva. Citaremos el “Urfaust” o Fausto primitivo, que es un conjunto de manuscritos que escribió Johann Wolfgang von Goethe hacia 1770-71, cuando era estudiante en Estrasburgo. Fue la base del inmortal Fausto, publicado en 1808. El joven Goethe impregnado del espíritu prerromántico del Sturm und Drang nos pintaba a un Fausto de mediana edad que desnudaba la pedantería seudoracionalista por entonces propia de los medios universitarios. La impostura de un saber que satura a quienes lo ejercen de un profundo malestar. La escisión entre un saber oficial y otro que habita en la oscuridad o en los márgenes de la sociedad queda aquí bastante evidenciada.

Goethe comienza el manuscrito mostrando a Fausto en una habitación de alta bóveda, estrecha y gótica. El personaje se encuentra inquieto en su sillón y frente al pupitre. Fausto empieza en tono de queja: “He estudiado, ay con arduo empeño, filosofía, medicina, jurisprudencia. Y heme aquí pobre loco al cabo de los años, tan sabio como antes. Me llaman doctor, me llaman profesor y van a ser diez años que llevo a mis alumnos de las narices, hacia aquí, hacia allá, hacia arriba, hacia abajo; y veo que no podemos saber nada. Esto me está desgarrando el corazón. Sin duda soy algo más cuerdo que todos los asnos, escribas, curas y profesores; no me atormentan ni escrúpulos ni dudas, no temo ni al diablo ni al infierno. Pero a cambio de eso me veo despojado de toda alegría. ¡Hasta un perro encontraría insoportable una vida como esta!”.  Y luego dice esperanzado: “Por eso me he dedicado a la magia. Tal vez por la fuerza y la boca del espíritu, algún misterio me sea revelado y ya no tendré que sudar amargamente explicando lo que yo mismo ignoro. Acaso llegue a descubrir qué mantiene en lo más hondo unido al universo; acaso pueda contemplar todas las fuerzas activas y los gérmenes. Y ya no tendré que traficar más con palabras”.

Prosigue Fausto con unos versos en los que le pide a la luna clara que su rayo lo alumbre en la pena que lo abarca y que lo libere del peso torturante de la ciencia para bañarse sano en el rocío lunar.
A diferencia de la solución planteada por Goethe, el psicoanálisis puede interpelar la voz que emana de “la boca del espíritu” y hacer que “el peso torturante de la ciencia” sirva para construir un saber que no permita que el sujeto termine en las ciénagas de la sinrazón. Un desafío de los tiempos que corren.



2020/04/24

El viejo truco de inventar enemigos- Estados Unidos le apunta a China


Mientras la catástrofe sanitaria se cobra muertes sin pausa en los Estados Unidos, Donald Trump acusa a China de causar la pandemia de Covid-19. A mismo tiempo, la mayoría de los países que prefirieron preservar la economía por encima de la salud debieron dar marcha atrás.


Ante la irrupción de la pandemia provocada por el nuevo coronavirus no todos los países reaccionaron de idéntica forma. Algunos gobiernos la subestimaron, otros privilegiaron la economía, también ambas se combinaron y por qué no decir que la primera respuesta no fue más que la excusa para no enfriar a la segunda.  De todas maneras, habría que señalar que el razonamiento por el cual la economía no podía detenerse resulta en sí una verdadera falacia.
Ningún país que desde un principio abrió sus fronteras indiscriminadamente a la entrada del virus pudo sostener esa política de forma permanente. Por el contrario después de sufrir consecuencias sanitarias desmesuradas tuvieron que dar marcha atrás y obligarse a las cuarentenas y el aislamiento social para evitar la propagación de una crisis que se torne insuperable. No hubo ningún crecimiento económico y vale resaltar que, pasada la pandemia, recuperarse en ese rubro les será mucho más engorroso que en los países que sí tomaron medidas al respecto.
Hoy se escucha –principalmente a través de los medios- el planteo de la oposición salud- economía que a consideración de quien escribe habría que poner entre signos de interrogación. No se trata del simple planteo de sostener la salud sino con mucha fuerza decir que es la vida la que está en riesgo y sobre todo señalar también con fuerza que no existe economía al margen de la vida humana. Pareciera una obviedad pero ante tanta propaganda ideológica acerca de los beneficios de los flujos financieros no resulta raro olvidarlo.
Los especuladores y los mercaderes creyeron que a pesar de todo podían seguir haciendo caja, pero cuando eso no pudo seguir sosteniéndose comenzaron a idear nuevos artilugios. También los políticos y gobernantes que toda su labor la destinan para beneficiar a aquellos. No está de más señalar que no pocas veces cumplen ambas funciones en simultáneo, haciendo de la política la prosecución de los negocios por otros medios.
Si se tiene en cuenta que los EEUU son la nación que defiende a ultranza la ideología de la libertad empresarial en detrimento de las funciones del Estado y que los sistemas de salud se encuentran todos privatizados, no resulta nada sorprendente el hecho de la propagación desmedida de la pandemia. Las noticias que llegan desde allí señalan la confección de fosas comunes o camiones de carga para trasladar cuantiosos cadáveres mostrando imágenes de una sociedad casi en descomposición. Era previsible que eso sucediera en un país en donde el “sálvese quien pueda” es una de las frases principales que estructuran su cultura dominante. Pero más allá de ese rasgo general, la actitud puesta en marcha por el presidente Donald Trump acrecentó mucho más el estado de crisis. En principio minimizando la enfermedad y luego relajando cualquier política preventiva dejando cualquier iniciativa en manos de los diferentes gobernadores o alcaldes, sin realizar ninguna centralización ni unificación de criterios y acciones para contrarrestar los efectos negativos en el conjunto de la sociedad americana.
Contando ya EEUU con el número más elevado de muertos por causa del nuevo coronavirus, la ocurrencia de los republicanos pareciera ser culpar a China por los efectos nocivos.
El pasado viernes 17 de abril el senador oficialista Josh Hawley presentó un proyecto de ley por el cual las víctimas del Covid-19 del país norteño puedan demandar directamente al Partido Comunista de China como principal responsable de la propagación de la pandemia a nivel mundial. Según sostiene esta propuesta los funcionarios del partido gobernante del país asiático deberán comparecer en los tribunales estadounidenses y además un grupo de trabajo del Departamento de Estado tendrá las atribuciones de poder investigar en la misma China las falencias ocurridas cuando la irrupción de la enfermedad en Wuhan.
En una acción sincronizada un prestigioso bufete de abogados de Florida ya presentó una demanda contra el gigante asiático, esperando la sanción de la ley para poder llevarla adelante sin ninguna traba. Para que esto sea posible China deberá perder su inmunidad soberana como sucedió en 2016 cuando el Congreso de los EEUU aprobó la Ley de Justicia contra los promotores de actos terroristas que permitió a las víctimas y sobrevivientes demandar a Arabia Saudí por complicidad en los ataques del 11 de septiembre.
Este proyecto contempla además una variedad de recursos que EEUU podría emplear para profundizar su guerra comercial contra China. Estar pendiente de cualquier artilugio para poder sacar ventajas y obviar las propias falencias. Se sumaron además diversos corifeos aliados de la superpotencia desplegados por el mundo para acompañar la iniciativa.
La respuesta china no se hizo esperar y el lunes 20 el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores del gigante asiático, Geng Shuang contestó diversas preguntas relacionadas a la prensa internacional. El periodista de la CNN se refirió explícitamente a la presentación del proyecto de ley de los republicanos al igual que de algunas declaraciones del presidente Trump sobre la idea de investigar en China el surgimiento del Covid-19 y sobre las posibles consecuencias que podría enfrentar este país si resultase “conscientemente responsable” de la irrupción del nuevo coronavirus.
Al respecto Geng dijo: “Ante las grandes crisis de salud pública y las enfermedades infecciosas, la comunidad internacional debe ser solidaria y trabajar unida, no recurrir a acusaciones mutuas o exigir represalias y rendición de cuentas”.
El funcionario chino no tuvo escrúpulos en decir a su vez  si “¿Alguien le pidió a Estados Unidos que ofreciera compensaciones por la gripe H1N1 2009, que se diagnosticó por primera vez antes de estallar a gran escala en los Estados Unidos y luego se extendió a 214 países y regiones, matando a casi 200 mil personas?,” agregando que: “El SIDA se informó por primera vez en los EEUU, en la década de 1980 y luego se extendió por todo el mundo, causando innumerables sufrimientos a innumerables víctimas. ¿Alguien se presentó y le pidió a los Estados Unidos que rindan cuentas? Además, Kishore Mahbubani, profesor de la Universidad Nacional de Singapur, dijo en una entrevista el otro día que la crisis financiera en los Estados Unidos provocada por el colapso de Lehman Brothers en 2008 se convirtió en una crisis financiera global. ¿Alguien le pidió a los Estados Unidos que tomara las consecuencias?”.
“Estados Unidos debe entender que su enemigo es el virus, no China” agregó Geng Suang y afirmó que “La comunidad internacional solo puede vencer al virus uniéndose. Atacar y desacreditar a otros países no salvará el tiempo y las vidas perdidas. Esperamos que aquellos del lado estadounidense respeten los hechos, la ciencia y el consenso internacional, dejen de atacar y culpar a China por nada, dejen de hacer comentarios irresponsables y se concentren en combatir la epidemia en casa y promover la cooperación internacional”.


2020/04/02

Los “derechos” del virus y la política

La pandemia afecta la estructura biológica de una especie aunque no estemos acostumbrados a vernos como tal. Es por esto que la política entendida como defensa de determinados intereses particulares -aunque esbozada como beneficio general- colisiona para luego comenzar a girar en el vacío.
Nota Socompa
Cuando llegaban de China las primeras imágenes televisivas del necesario aislamiento para impedir la propagación del Covid- 19 podía verse en ellas un desierto urbano propio de los filmes distópicos que hoy abundan tanto en el cine como en las series de TV. Enormes puentes colgantes que unen zonas urbanas de alta densidad poblacional sin que pueda verse ningún automóvil, zonas céntricas despobladas, anuncios de una parálisis de actividad social y económica en un país que representa la cuarta parte del total de habitantes del planeta.
Dame la derecha

No hay que lucubrar demasiado para darse cuenta de que ese aislamiento hubiera sido improbable sin la participación activa de un Estado presentificado hasta sus mismos extremos. Si bien rige en China una economía de mercado, sus formas políticas e institucionales se parecen más a lo que imperaba hace algunas décadas atrás. Hoy en el gigante asiático la pandemia comenzó su retroceso, y no resulta ocioso señalar que en un país como los EEUU la suma de infectados está superando las cifras chinas. En la medida que un virus afecta a la anatomía humana ya no se trata de la posible salvación de una parte en detrimento de la otra. Al menos da la sensación de que no existe aún para un acontecimiento de esta índole una estrategia que le permita a un sector específico poder zafar de los peligros concomitantes. No existe como en la ficción ese otro planeta en el cual los poderosos puedan exiliarse. En una sociedad global estructurada por clases sociales, algunas con grandes privilegios y otras con marcadas debilidades -si miramos los dos costados de un extenso abanico- podemos precisar que la irrupción de una pandemia afecta al conjunto de la especie humana sin hacer ninguna distinción de clase, aunque algunas puedan sobrellevar el aislamiento de modo mucho más holgado.
No quiere decir que hayan cesado los enfrentamientos entre clases sociales, pero tampoco es posible que alguna de ellas pueda hacer alianza con el virus en beneficio propio o en detrimento de las otras. Se trata pues de lo que Charles Darwin denominó la Selección natural. Ese flujo único y en permanencia del conjunto de la materia tanto orgánica como inorgánica en el que ninguna especie en particular siendo parte de ello pueda aislarse. Si se pensara metafóricamente en términos de “derechos naturales”, los virus tienen los mismos que cualquier otra especie biológica y se abren camino de igual manera que los humanos en cuanto a producir nuestros alimentos y demás objetos para la subsistencia. Esos mismos “derechos” son los que permiten también que podamos enfrentarlos.
De nuevo, la pandemia afecta la estructura biológica de una especie aunque no estemos acostumbrados a vernos como tal. Es por esto que la política entendida como defensa de determinados intereses particulares -aunque esbozada como beneficio general- colisiona para luego comenzar a girar en el vacío.
El 4 de marzo dijo el ex presidente Mauricio Macri en Guatemala que “el populismo es más peligroso que el coronavirus”. A su vuelta al país se comunicó con el presidente Alberto Fernández y le habría sugerido que siguiese el modelo inglés sin tomar medidas drásticas que paralicen la economía.
El domingo 16 de marzo Mario Vargas Llosa escribió una muy interesante nota de opinión en el diario peruano La Republica bajo el título “¿Regreso al Medioevo?”. Interesante ya que deja sentadas ahí -de forma bastante elocuente- las bases principales de la posición dominante de las derechas neoliberales.
“El coronavirus comienza a hacer estragos en España. O, mejor dicho, el espanto que causa ese virus proveniente de China”, comienza diciendo el escritor peruano residente en la península ibérica. Se refiere luego a las diferentes actitudes que por ese entonces comenzaban a llevar adelante los españoles expresando que “Todo esto, en términos prácticos, es muy exagerado, pero no hay nada que hacer: España tiene miedo y los gobiernos, el nacional y las autonomías, salen al frente de la pavorosa enfermedad con medidas cada vez más estrictas que, de una manera general, los españoles aprueban e, incluso, exigen que sean más extensas e intensas”.
Resalta Vargas que España tiene uno de los mejores sistemas de salud del mundo y que al 11 de marzo había solamente 47 muertes por el virus, pero “Jamás las estadísticas han sido capaces de tranquilizar a una sociedad roída por el pánico y ésta es una buena ocasión de comprobarlo. En medio de la civilización ha reaparecido la Edad Media, lo que significa que muchas cosas han cambiado desde entonces, pero muchas otras no. Por ejemplo: el miedo a la peste”.
Los datos que llegan hoy desde España refutan elocuentemente las sugerencias y previsiones del autor de La ciudad y los perros. Pero fue más allá e intentó encontrar las causas del surgimiento del Covid-19 “Nadie parece advertir que nada de esto podría estar ocurriendo en el mundo si China Popular fuera un país libre y democrático y no la dictadura que es”.
Vargas Llosa preside el foro político en el que Macri afirmó lo del populismo. Es más, aparecen juntos en la foto. Podría leerse que ellos creen que el aislamiento social es simplemente una medida demagógica del populismo para complacer a los ciudadanos asustados.