Leibniz, las abejas y el Otro en la era digital
Gottfried Wilhelm Leibniz imaginó una lengua universal,
rigurosa y calculable, capaz de eliminar los malentendidos humanos. Si el
lenguaje ordinario es ambiguo, pensaba, construyamos uno formal donde las
disputas se resuelvan como ecuaciones.
Durante siglos ese sueño pareció utópico.
Sin embargo, el mundo contemporáneo está poblado de
sistemas que funcionan efectivamente en registros casi leibnizianos: protocolos
digitales, algoritmos, GPS, plataformas de pago, semáforos inteligentes,
aplicaciones móviles. Allí los signos ejecutan y operan sin interpretación.
Esto podría sugerir que estamos desplazándonos hacia un
lenguaje semejante al de las abejas o las hormigas: sistemas de señalización
funcionales, sin ambigüedad, ni metáfora, ni doble sentido. Las abejas no
mienten. Sus señales cumplen funciones precisas.
Ningún lenguaje sustituye a otro desde una posición
superior; el campo simbólico se reconfigura desde dentro, en el mismo
movimiento en que se enuncia. El lenguaje humano no desaparece frente al código
técnico. Se transforma con él.
Las apps no son solo herramientas unívocas. Reorganizan
la experiencia del tiempo, del espacio, del encuentro. El GPS además de indicar
rutas: modifica la relación con el extravío y la espacialidad interiorizada. Las
plataformas de citas conectan personas reconfigurando las fantasías de la conquista
amorosa. Los emojis condensan, estilizan, y redirigen la ambigüedad afectiva. La
sonrisa o el estupor estandarizados.
El código tiende a la univocidad operativa. La cara de alegría
de un emoji no es individual, pero les cuadra a todos.

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