2026/02/16

Pequeñas diferencias

 En el bosque todos los árboles son diferentes. Algunos más altos, con ramajes más largos, con copa más densa; pero son todos árboles. Ninguno puede desmentir, por el solo hecho de existir, que forma parte de esa trama en la que ver árboles y ver bosque es una oscilación inevitable.

Ningún observador podría ver el bosque por un lado y ese árbol completamente apartado por otro. Tampoco podría imaginar que un árbol, por sí mismo, descompleta la imagen del bosque.
Si el narcisismo no fuera algo que convive con nosotros desde el inicio, tendríamos que suponer una posición tan absurda como la de un árbol disociado del bosque.
Hoy se dice: “Somos todos diferentes”, y se convierte esa frase en una especie de pilar para edificar lo social. Pero toda diferencia se inscribe en una mismidad, a menos que comparemos aves con piedras.
Cuando Freud habla del narcisismo de las pequeñas diferencias, se me ocurre que todo narcisismo es, en el fondo, narcisismo de pequeñas diferencias. Día y noche no son lo mismo desde nuestra percepción temporal y visual; pero la presencia y la ausencia de luz se producen en un único escenario.

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