2011/05/26

La Argentina entre "lo nuevo y lo viejo"

“Cuando lo viejo ha muerto y lo nuevo no termina de nacer”
Antonio Gramsci

Los hechos que acontecen en España recrudecen un debate que pienso que, aún hoy no lo tenemos saldado en nuestro país en relación a lo que se llama crisis de representatividad.
Particularmente me gusta caracterizar a la oposición al gobierno, como los retazos de aquel “Qué se vayan todos”, y a su vez saber que en las filas del propio “palo”, aún quedan muchos que todavía no se fueron, y que tal vez por estar debajo del paraguas kirchnerista, no se den por aludidos, o se hagan los distraídos en una operación de renegación para mantenerse como si nada pasara.

Hoy en Europa algunos consideran que las masas con su ascenso y sus acciones intentan destronar al capitalismo para volver a enarbolar las banderas del socialismo o el comunismo, como antes de la caída del Muro de Berlín y de la desarticulación de la URSS y el bloque socialista, casi como si hoy hubiera vuelto aquel fantasma que recorría al viejo continente a mediados del Siglo XIX.
Hace tiempo que perdí o hago el esfuerzo por perder mi religión adolescente, pero sin renegar mis convicciones de entonces, que siempre son las mismas, pero sabiendo que cuando uno crece, va aprendiendo que las cosas no son tan fáciles como cuando en uno todo es puro entusiasmo y voluntad. Hoy al menos ya no creo o pongo en dudas la existencia de aquel Dios, que para nosotros fueron “las masas”, no porque no existan sino porque el valor que le dábamos era demasiado elevado. Con el tiempo uno fue comprobando que aquellos que en aquel tiempo nos inspiraban, y que hoy nos siguen inspirando, eran más ateos que lo que uno era, y tal vez por eso estaban por delante.
Jean Baudrillard en su “De la seducción” decía que ni los papas ni los teólogos creían en Dios, y era justamente por esta razón que podían ponerlo en escena, como una realidad efectiva. Leer a este filósofo francés hace más de dos décadas, lograba fastidiarme con muchas de sus posiciones, pero no dejaban de seducirme o al menos plantearme dudas muchas otras que ponían en jaque a mi credo. Y una era ésta acerca del ateismo de los teólogos, y que sin más me conducía a revisar si en mi marxismo, no conservaba alguna teología camuflada. Al hacerlo eran justamente “las masas” las que quedaban entre paréntesis, a pesar de mi rabioso maoísmo, revisado en clave althusseriana, y con muchos ingredientes del psicoanálisis de Lacan.
Antes de proseguir con este escrito, quisiera resaltar algo que el actor Darío Grandinetti dijera el pasado lunes en 6-7-8, y es que hoy en este país podemos hablar de todo lo que se nos ocurra, y que eso es lo nuevo que nos está pasando, y que por eso mismo uno pueda confesar sus propias influencias intelectuales, en pos de aportar a la construcción de un pensamiento acorde a la profundización de los cambios, que se vienen desarrollando en nuestro país.
Pero volviendo al principio y no dispersarme en el intento, cayendo en la lógica freudiana de la asociación libre, considero a su vez que haberlo hecho, es necesario para dar cuenta de algunas de las cosas que siguen.
Este punto inicial era que a partir de los “indignados” españoles, hoy podemos volver a leer la coyuntura argentina de hace más de una década, intentando saldar hoy lo que aún no pudimos sortear como problemática planteada entonces.
Si Dios se muriera, es probable que la mayoría de sus creyentes asistan masivamente a su velatorio, pero cuestionando a todos los sacerdotes que vociferaban sobre su eterna inmortalidad, para ponerlos en un sitio muy difícil de sostener en tanto mediación entre los crédulos de la eternidad y el difunto.
En el 2001 tanto el “Voto bronca” como el “Qué se vayan todos” cuestionaron de manera contundente a las mayorías de las burocracias políticas, poniendo en jaque su existencia misma como tal. En aquel tiempo consideré que los hechos del derrumbe de las Torres Gemelas (más allá de la lectura que podríamos hacer hoy) contenía en las imágenes que los medios mostraban, una idea que podía señalar que el Poder nunca había sido absoluto, ni intocable, que podía mojársele la oreja, y que esto de alguna forma podía incidir en la conciencia masiva, no sin mostrar a su vez cierta desamparo ante la catástrofe, que ya podía mirarnos desde la nada, como alguna vez había dicho Walter Benjamin.
En las legislativas de 2001 no fue casual que un Bin Laden alcanzara más votos que la mayoría de los candidatos legales, al igual que acá en Berisso lo hiciera nuestro ilustre linyera “Siete Sacos”. Obviamente no eran mejores candidatos, pero tampoco peores, eran quienes podían representar la indignación ante aquellos que utilizando un cargo público solamente les interesaba su interés personal.
Tal vez “las masas” por aquel entonces perdieron una religión burocráticamente impuesta, y se rompieron las mediaciones que hacían de las estructuras partidarias un templo confiable. La experiencia de 2001 a la vez nos mostró el surgimiento de nuevas modalidades de organización social con cierta perspectiva política pero no en el plano de la representación.
La visión correcta de Néstor Kirchner acerca de esta situación, fue suplir estas carencias con un fuerte liderazgo; el empleo del Estado como sustituto, pero dándole facultades que el neoliberalismo le había restado; e incorporando a muchas de esas organizaciones sociales emergentes como parte de un nuevo armado político ya en el plano de las superestructuras complejas, sacándolas del aislamiento corporativo.
Este proceso abierto en 2003 si bien tuvo virajes como el haber retornado a la estructura del PJ, como herramienta de poder, éste comenzó una reconfiguración que lo asemeja mucho más al viejo partido, que Perón consideraba como una herramienta electoral, para que en él se exprese el vasto movimiento nacional y popular, y ya no tanto como una burocracia política. Esta transformación aún no está resuelta, y si bien son las masas las que cuestionaron espontáneamente el viejo modelo, lo nuevo solamente puede profundizarse con la construcción de un marco ideológico político adecuado no solamente en cuanto a la profundización del modelo, sino también y necesariamente entendiendo el cuestionamiento que se viene dando hacia lo político- corporativo desde la crisis de 2001, y que los indignados españoles hoy nos vuelven a recordar.

2011/05/23

Mi adiós a Julio Godio


Hoy por la mañana cuando abro mi cuenta de facebook me encuentro con una publicación en mi muro que me conmovió bastante, en ella la compañera Mónica Sladogna compartía el dolor por la desaparición física del sociólogo Julio Godio, ocurrida el viernes que pasó.
Si bien en los últimos años volví a leer a Godio porque encontré en él una fuerte fuente de inspiración, para poder desarrollar muchas de las cosas que hoy pienso, creo que no es casual que en el pasado hayamos compartido una misma línea de pensamiento, en mi caso ubicándome como un humilde discípulo, y es sobre esto, que quiero hablar para recordar su figura.
En el año 72 cuando comencé a estudiar en la Facultad de Humanidades de La Plata, además de haberme incorporado por aquel entonces al FAUDI, una agrupación estudiantil del Partido Comunista Revolucionario (PCR) por entonces aún no totalmente maoísta, con mucho de gramscismo, y con una fuerte reivindicación del entonces clasismo cordobés encarnado en los sindicatos Sitrac y Sitram, Godio era el titular de la materia Sociología I, pero nosotros sabíamos también que él era parte del comité central del partido, y tal vez mucho él a esto no lo disimulaba. En el hall de entrada al viejo edificio de Humanidades que por aquel entonces dirigía el FAUDI, siempre en las pizarras se pegaban todas las páginas del Nueva Hora, órgano del partido, en el cual todos firmaban con su nombre de combate, y uno de los más leídos era un tal Marín.
Si bien el periódico uno lo tenía siempre, estaba bueno leerlo en ese lugar ya que siempre se armaba algún debate, y mucho más cuando el titular de “Socio” se acercaba al mismo sitio, y ya nadie dudaba que se trataba del petizo Marín. También sabíamos que había llegado hasta la tercera del “pincha” pero por comunista lo habían echado.
Recuerdo con él largas charlas incluso hasta cuando el personal no docente siendo ya tarde nos avisaba que estaban cerrando la facultad. La seguíamos afuera y como sabía que yo era de Berisso y que mi militancia estaba concentrada no en la universidad sino en lo que en aquel entonces llamábamos células de bloqueo a las principales fábricas de Berisso y Ensenada me preguntaba como iba lo del astillero, lo de los frigoríficos y la destilería, y obviamente recibía de él consejos invalorables, muchas de las veces inspirados en lo que venía llevando adelante el clasismo en Córdoba. Por aquel tiempo, desde nuestra organización de entonces resaltábamos que en el programa clasista del Sitrac Sitram se había logrado imponer que la liberación era social y nacional y no al revés, es decir no nacional y social, y a esto ingenuamente lo ubicábamos como un gran logro, y que en ello el petizo Marín fue decisivo, aunque hoy la actual dirección de ese partido se lo reproche como un acto de revisionismo. En el año 74 ingresé al servicio militar en la brigada aerotransportada en Córdoba y cuando me dieron de baja, yo también le di de baja al partido en el que militaba porque el apoyo a López Rega era inintegrable. A Godio nunca más lo vi, pero supe que él también había abandonado esa organización, y eso para mi representó una buena señal.
Vuelvo a leerlo, como antes decía en sus últimos años, y considero que con él se nos va uno de los intelectuales más brillantes de las últimas décadas, pero que como todo aquel que produjo saber, se mantendrá en una inmortalidad a la cual me comprometo sostener.

2011/05/22

La Caducidad en Uruguay, una mirada desde este lado del río

El debate que se da en Uruguay con respecto a la denominada Ley de Caducidad, Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, que impide juzgar las violaciones a los derechos humanos cometidas por militares y policías durante la dictadura (1973-1985), muestra ciertos andariveles que es necesario analizar correctamente para evitar confusiones en las cuales los sectores más reaccionarios nos quieren meter, para conservar y preservar lo más oscuro de la historia reciente de nuestras naciones sudamericanas.


En la Argentina el correlato de esta ley uruguaya fueron las leyes de impunidad, la Obediencia Debida, el Punto Final, y los Indultos menemistas.

Los argumentos a favor de la impunidad son frecuentemente el alegar que con todo eso, nos quedamos anclados en el pasado, que se trata solamente de un espíritu de venganza, y que con todo eso no es posible mirar al futuro correctamente. Y es ahí donde aparecen los dinosaurios que platean volver a una Argentina para “El que quiere a Videla y para el que no lo quiere” como si se tratara de una paz sin principios. Resultaría esto casi homologable a que la Asamblea del año 13 del S XIX hubiera planteado para el quiere al Virrey y para el que no lo quiere.

Anular las leyes de impunidad en la Argentina fue un salto cualitativo de gran importancia, y que lejos de interpretarse como sed de venganza, hay que circunscribirlo en su correcta dimensión. Lo que está en juego no es solamente la memoria y el castigo a criminales de lesa humanidad, sino principalmente la reformulación del rol del Estado. Porque lo que se puso en juego es precisamente que un estado se enjuicie a sí mismo en su responsabilidad criminal con el objetivo de sojuzgar a una nación en la más profunda dependencia, y es en este punto preciso donde la necesidad de desarrollo de una patria soberana necesita reformularse en sus propios términos, comenzando a modernizar la estructura estatal, y principalmente en torno a las fuerzas que monopolizan la violencia, para paulatinamente transformarlas en fuerzas aptas para un proyecto nacional autónomo.

Sin dudas no se trataba solamente de fuerzas armadas sino y principalmente de sectores civiles de la sociedad que se beneficiaron económicamente con la dictadura, y posteriormente con los gobiernos que mantuvieron el pacto de impunidad, y es por todo esto, que sin anular estas leyes tampoco es factible avanzar sobre esos sectores, que fueron y aún lo son, los que en la formación social argentina, resguardan los intereses concentrados que si bien a ellos los favorece, sometieron siempre al país al atraso y la dependencia, en perjuicio de la mayoría de los argentinos.

Por esto creo que no se trata de venganza, y de quedar anclado en el pasado sino principalmente de ir construyendo un nuevo Estado (ya no impune) sin el cual el futuro, no sería más que una vulgar repetición del pasado. Es por eso que lo acontecido en la Argentina podría ser una luz para las naciones hermanas, hoy más hermanadas que nunca, para avanzar en la integración y la emancipación de la Patria Grande, y tal vez lo que está expresando la mayoría del Frente Amplio, no sea más que un reflejo de ello.

2011/04/22

Fernando Savater o el retorno del jesuita.

No hay que dar muchas vueltas, para afirmar que nuestro continente hace más de cinco siglos no fue descubierto sino conquistado, y no por una civilización superior, sino por corsarios y filibusteros que no tuvieron ningún reparo en destruir culturas admirables como la de los incas, los aztecas y los mayas, con la finalidad de apropiarse de los metales preciosos.
Los conquistadores españoles asesinaban a los pueblos originarios con la premisa, que de esa forma les salvaban el alma por ser los autóctonos unos míseros paganos. Pareciera anecdótico pero no lo es, ya que no se trataba solamente de ocupar un territorio para expoliarlo, sino que también era necesario colonizar las mentes, y esta fue la principal tarea de la orden jesuítica en el tiempo de la colonia. Había que hacer del nuevo continente un sitio subordinado a la visión imperante del feudalismo europeo.

Pero la tierra siempre resistió, y ahí la figura emblemática de un Tupac Amaru, y de toda la epopeya emancipatoria iniciada hace poco más de 200 años y que aún sigue inconclusa, pero que hoy se revela como prioritaria en esta nueva realidad continental.
La revolución es un proceso de derrotas, de avances y retrocesos, pero donde es fundamental construir un pensamiento propio, no colonizado. Entre los retrocesos principales al menos en nuestro país fue concebir que las ideas occidentales y cristianas fueran la verdad revelada ante la cual nos debíamos arrodillar, sepultando nuestras raíces. Fue así que la historia fue manipulada intentando mostrarnos que los revolucionarios de hace 200 años atrás, portaban concepciones que se ajustaban a una nueva dependencia, y no a la liberación efectiva, no solamente en lo político y lo económico sino también en lo cultural.
Toda ideología por definición es universal, y no porque en verdad lo sea, sino porque construye su propio universo, eclipsando la pluralidad de estos. El actual proceso de integración suramericano y el creciente grado de autonomía necesitan romper paulatinamente con toda una concepción ideológico- cultural que fue hegemónica durante más de un siglo para poder legitimar la dependencia, la subordinación y el atraso. Hoy es necesario poner entre paréntesis y bajo sospecha muchas de las verdades reveladas con las cuales fuimos criados.
El filósofo del Mundo Occidental, el español Fernando Savater, viene al nuevo mundo como lo hacían los jesuitas, trayendo esas verdades a las cuales nos deberíamos ajustar.
Dijo que el peronismo es como el tiranosaurus rex, es decir algo prehistórico, una pieza arqueológica, y que el dictador Franco era un entusiasta de Perón. Lo que no dice Savater es que el peronismo a través del ex presidente Néstor Kirchner fue quien pudo llevar adelante el verdadero proceso de juicio y condena por los delitos de lesa humanidad cometidos en la pasada dictadura cívico militar, mientras que en su civilizada España los crímenes del franquismo aún siguen impunes, y que nuestro país es querellante por delitos contra la humanidad en España, ya que en la península esto se trabó a partir de la impugnación al juez Baltasar Garzón.
Por otro lado el escriba ibérico habla de la democracia, como el mejor sistema de gobierno, pero lo que el entiende por esto, no nos incluye ya que también hace referencia a la degradación de ésta que es el populismo, al que tilda de democracia de los ignorantes. Los sistemas políticos si pretenden ser soberanos necesariamente deben adecuarse a las realidades socio- culturales, y no al revés. Una democracia abstracta es ideología pura, es la proyección del supuesto bien supremo, obviando dichas realidades, o intentando colonizarlas. Es tan absurdo como pretender que países soberanos como China o Cuba se adapten a lo que para ellos es una una religión.
Savater con sus declaraciones nos muestra una nueva faceta de los eternos jesuitas.

2011/04/14

Algunas claves para entender la integración suramericana

Si bien hoy la avanzada de la integración de la América indiolatina se desarrolla principalmente en Sudamérica, habría que comenzar a pulir algunas definiciones, como serían por ejemplo definir que este conglomerado comienza al sur del Río Bravo y no más al sur, y a su vez entender que aún hoy quedan en esta región muchos enclaves estratégicos que permiten todavía una relativa subordinación al gigante del Norte.
El desarrollo de políticas autónomas en la región es visto por muchos, y creo que de una manera simplista como un abandono del patio trasero por parte de los EEUU.
La unipolaridad emergente tras la desarticulación de la URSS y la caída del Muro de Berlín, que propició la globalización y el neoliberalismo, no pudo sostenerse en el tiempo porque surgieron de las entrañas mismas de la competencia capitalista, nuevos actores hegemónicos como China, la Federación Rusa e India que de forma gradual fueron poniendo en escena un tablero multipolar, que fue socavando no solamente la hegemonía del mundo occidental sino también su predominio económico. Pensar que la actual integración suramericana es el resultado exclusivo de la buena voluntad de los nuevos líderes del SXXI, y del abandono del patio trasero, sería considerar solamente una parte, sin entender el principal elemento que opera en esta nueva relación de fuerzas.
El Director de Eurasia, Revista di studi geopolitici, publicada en Italia, el sociólogo Tiberio Graziani, quien considera como actores hegemónicos a los EEUU, Rusia, China e India, y a los nuevos actores sudamericanos como emergentes, dice bien en un documento titulado: Una aproximación geopolíca de la crisis económica del Sistema Occidental (2009), que: “Entre los nuevos actores que emergen, debería necesariamente incluirse a Brasil, Argentina y Venezuela. Como es sabido, en los últimos años estos países –alguna vez parte del ´patio trasero` estadounidense– vienen afirmando sus relaciones estratégicas con los más importantes Estados euroasiáticos: China y Rusia, y algunos países de Oriente Medio, entre ellos Irán, con el objetivo de participar en forma activa en el cambio geopolítico global de la unipolaridad a la multipolaridad. En este nuevo contexto de relaciones estrechas, entre países con abundantes recursos energéticos y materias primas, Brasil, Venezuela y la Argentina deberían resistir las consecuencias de la crisis ´global`." Mientras que en otro artículo llamado: Rusia clave de bóveda del sistema mutipolar (2010), el mismo Graziani sostiene que: “Los actores emergentes aumentan sus grados de libertad en virtud de las alianzas y de las fricciones entre los miembros del club de los hegemónicos así como de la conciencia geopolítica de sus clases dirigentes.
El número de los actores emergentes y su colocación en los dos hemisferios septentrionales (Turquía y Japón) y meridional (países latinoamericanos) además de acelerar la consolidación del nuevo sistema multipolar, trazan sus dos ejes principales: Eurasia y Américaindiolatina.”
El surgimiento de la Unasur, y su consolidación tienen como actor principal a Brasil y como socio estratégico a la Argentina. Brasil es miembro del BRIC, junto a tres actores hegemónicos (Rusia, China e India) y este organismo multilateral si enrolara a nuevos socios los primeros que se sumarían serían tanto Turquía como la Argentina. El desarrollo tanto de Unasur, como del Mercosur, o el Alba, solamente pueden comprenderse a partir de la nueva configuración mundial, donde se va imponiendo la multipolaridad y donde el mundo occidental cayó en una crisis profunda tanto económica como cultural.
Los medios hegemónicos como la oposición política en nuestro país nos quieren vender la idea de que la Argentina se encuentra alineada con el "eje del mal" sudamericano (Venezuela, Bolivia y Ecuador) y que tanto Brasil como Uruguay son de otra raigambre, intentando alinear a estos últimos dos países con el eje del pacífico, donde aún priman las derechas tanto en Chile, Perú o Colombia. Lo que intentan mostrar es justamente el revés de la estrategia de unidad sudamericana, donde Brasil es pieza indeclinable junto a la Argentina. Lo que los medios y políticos locales desinforman y manipulan no es algo que los estadounidenses desconozcan y reconozcan como problemático para sus aspiraciones en nuestra región. El pasado febrero la Agencia Associated Press publicaba esta nota que es demasiado explícita al respecto, y la cual debiera tenerse bien presente:

"EEUU: Ideología limitará efectividad de Unasur

WASHINGTON -- Los esfuerzos que buscan reducir la influencia estadounidense en América Latina han ganado espacios, pero diferencias ideológicas y rivalidades regionales limitarán la efectividad de organizaciones como Unasur, dijo el jueves el director de Espionaje Nacional durante una interpelación legislativa.
James Clapper indicó al comparecer ante el comité de espionaje de la cámara baja que Caracas y sus aliados del Alba se unen para evitar el consenso en la OEA, pero "el deterioro de la economía venezolana y su decreciente popularidad en su país y en el extranjero han limitado su capacidad de ejercer influencia más allá de su grupo de aliados".
Clapper señaló que Brasil probablemente seguirá usando su estabilidad política y éxito económico para convertir a Unasur en el mecanismo principal para seguridad y resolución de conflictos regionales "restándole espacio a la OEA y a la cooperación bilateral de Estados Unidos".
"También buscará usar la organización para presentar un frente común contra Washington en política regional y asuntos de seguridad", agregó.
Clapper presentó su evaluación sobre América Latina en esta audiencia legislativa sobre las amenazas globales, considerada una de las más importantes del año porque sirve al director de Espionaje Nacional para presentar las prioridades de los 16 organismos estadounidenses de espionaje y fija el temario para los comités legislativos que deben escoger cuáles temas abordar y cuáles programas financiar."

2011/04/12

Contracultura, Cultura Pop y Revolución Cultural

Las concepciones culturales nunca son ajenas a los contextos sociopolíticos. Esto pareciera una obviedad pero vale la pena subrayarlo. El cuestionamiento al establishment realizado por los jóvenes de los sesenta y los setenta, no era solamente un hecho subjetivo, sino que se expresaba como una realidad concreta y tangible, donde la revolución, en sentido amplio, era un paradigma bastante generalizado, y donde las masas comenzaban a tener un protagonismo privilegiado. En el tiempo que nos separa se puede percibir que muchos habíamos hecho de las masas, algo así como un dios, y esto no poseía solamente un correlato político, sino también una impronta muy fuerte en la cultura popular, y en todo el desarrollo de una tendencia estética que cuestionaba a la cultura de las elites. En el tiempo también uno puede evaluar que los adoradores de las masas, éramos también algo así como una elite, pero de nuevo tipo, una elite que quería cambiar el mundo.

Para definir a este fenómeno de la cultura pop, surgida principalmente en los sesenta, debemos partir de varios elementos a partir de los cuales fue posible, para yuxtaponerlos, realizar un patchwork, una almazuela, que no debe ser ordenada dogmáticamente, ya que de los que estamos hablando de dogmático tenía muy poco.
Como elementos a tener en cuenta debemos referirnos a la cultura popular y/o de masas, al pop-art, a las grandes revueltas masivas de aquel tiempo como fueron el mayo francés, el otoño caliente italiano, la revolución cultural china, el movimiento pacifista de los EEUU, el cordobazo argentino, el rock, etc.
De alguna forma el surgimiento de la cultura pop era el resultado predicho por Walter Benjamin, en la década del 30, al referirse al desarrollo de las fuerzas productivas y a la obra de arte en la era de la reproductibilidad técnica. Benjamin a partir de vislumbrar la reproducción al infinito de una obra de arte, desprendía que esta estaba condenada a su desaparición como tal. La obra de arte era la producción de una elite y su lugar en la sociedad era completamente restringido, pero su implosión produciría una liberación de sus componentes que se expandiría en lo social, creando nuevas estéticas alejadas de los sitios convencionales donde el arte se exponía, y de donde a su vez adquiría su estatus.
Para ser más precisos, si la obra de arte estaba circunscripta a un reducido sitio poligonal cerrado, como lo es un cuadro o un museo, su estallido produciría su expansión a todos los esquineros de la trama social, haciendo que los elementos estéticos aparezcan ahí donde antes no se los había tenido en cuenta.
La cultura pop era un emergente multifacético, multidisciplinario en un momento donde el componente de masas estaba sujeto a una radicalización constante. La cultura pop si de alguna forma tuvo algún resurgimiento tendríamos que afirmar que en nuestro país fue a partir de diciembre de 2001. Se produjeron experiencias muy interesantes de recuperación de espacios públicos y de construcción de centros culturales que reavivaron la llama de esta concepción de combinar diferentes disciplinas, y hacer de la calle el ámbito preponderante, pero como habíamos dicho anteriormente, todo esto depende principalmente de la sensibilidad y el humor social, y del entroncamiento de ciertas vanguardias estéticas con lo popular, en momentos históricos muy precisos.
A partir de las jornadas del Bicentenario en mayo de 2010, se comenzó a vislumbrar una nueva oleada de cultura popular y masiva en la cual hoy seguimos imbuidos, y que sin dudas tiene que ver con el proceso transformador que vive tanto nuestro país como el resto del continente, donde daría la sensación de que la contracultura, se hubiera hecho oficial. La revolución cultural no sólo como expresión popular, sino como política de estado.

2011/03/18

Una nueva institucionalidad nacional y popular

Este escrito intenta dar cuenta de una nueva situación política en la Argentina, que si bien tiene como antecedente directo la crisis económico social de 2001, podríamos definir en términos relativos, como nueva, a partir del año 2010, en un proceso ininterrumpido pero sujeto a vaivenes iniciado en 2003, con la asunción de Néstor Kirchner al gobierno. Voy a citar un párrafo que da cuenta de alguna forma, de la temporalidad a la cual nos referiremos. Juan Carlos Portantiero escribía en “Clases dominantes y crisis política en la Argentina actual” del año 1973, lo siguiente: “Una nueva etapa económica supone la definición primaria de nuevos actores sociales, a la vez que determina reajustes en los campos de interés. En un primer momento los nuevos protagonistas aparecen definidos objetivamente en el nivel de las clases; su representación social y política, sin embargo, se demorará. Durante todo un período el espacio de la política estará primordialmente ocupado por núcleos residuales, fuerzas sociales y grupos políticos demorados cuyas respuestas apuntan a preguntas planteadas durante la etapa anterior y que sólo en ella podían ser satisfechas. Estos rezagos que desvían o amortiguan las nuevas líneas de conflicto social planteadas por los cambios en la economía, pueden ser, en el corto plazo, factor principal de las decisiones políticas: desautorizados históricamente en el nivel estructural, “vaciados” ya de contenido si se los observa desde el futuro, suelen manifestarse como protagonistas principales en el plano político presente.”
Más allá de los hechos acaecidos en diciembre de 2001, el 19-20 no era un acontecimiento aislado de lo que venía incubándose en la sociedad en general, sino un punto álgido de aquella situación generalizada, que contaba con un antecedente a veces subestimado, y que había sido el “Voto Bronca” en las legislativas de octubre del mismo año. La irrupción del “Que se vayan todos” era la confluencia de diferentes actores sociales, algunos con algún tiempo de desarrollo como el movimiento piquetero, y otros que irrumpían en ese mismo instante como el movimiento de fábricas recuperadas, las asambleas populares, los caceroleros, y variadas expresiones sociales que propiciaban la recuperación de espacios públicos y la construcción de centros culturales, huertas comunitarias, etc. Un ausente notorio en 2001 fue el movimiento sindical, que hasta el año 1997 había tenido un protagonismo fundamental en la resistencia al neoliberalismo, principalmente en nucleamientos como la CTA y el MTA.
A partir de entonces, la resistencia pasó a ser conducida principalmente por los movimientos sociales. Obviamente, el proceso de desindustrialización y flexibilización laboral le fueron restando poder a los sindicatos, y el principal emergente eran quienes quedaban al margen del mercado laboral, y habría que aclarar a su vez, que la resistencia de los trabajadores sindicalizados, poniendo como antecedentes la Marcha Federal del 94, pero que podríamos extender al Santiagueñazo del 93, eran principalmente expresiones de trabajadores estatales, nucleados en el CTA y la CCC, más camioneros y transportistas nucleados en el MTA.
“Que se vayan todos” fue una expresión a la cual podemos considerar lo que Gramsci denominara política negativa, es decir una respuesta política no propositiva sino en oposición pura, sin proponer nada a cambio. En este sentido la política pasó a ser cuestionada, en tanto se generaba un vacío de conducción y una marcada crisis de representación. Aquel era supuestamente el momento ideal para la construcción de una fuerza política que aglutine a todos los sectores sociales descontentos, en una alternativa de poder real que pudiera proponer la resolución de todos los problemas que había generado el neoliberalismo, e incluso pudiendo darle una perspectiva superadora, pero la crisis nos encontró sin al menos un insumo previo a la realización de dicha fuerza, y cuando la crisis se desata, si ese insumo no está desde ya presente en la lucha social, resulta tarde para construirlo en una situación crítica.
La llegada de Néstor Kirchner al gobierno en 2003, con apenas el 22 % de votos, tras el retiro de Menem a presentarse en la segunda vuelta, y mucho más, las primeras medidas adoptadas como la anulación de las leyes de impunidad y la renovación de la Corte Suprema de Justicia, sólo pueden entenderse a partir de considerar el proceso abierto a partir de las jornadas de diciembre de 2001. Kirchner llega al gobierno mediante la estructura del Partido Justicialista principalmente, y sabiendo que a partir de ahí era necesaria la construcción de una fuerza propia que ya no dependiera, ni sea condicionada por el viejo aparato, y es así como logra concitar la adhesión de un gran número de movimientos sociales y grupos políticos, que en gran mayoría habían estado anteriormente enrolados en la resistencia, confluyendo en ese fenómeno que se llamó transversalidad. Es bueno recordar que a la primer central obrera que Néstor recibió en la Rosada fue a la CTA, en sus primeros días de gobierno. El inicio de la puja por la distribución de la riqueza, y de desplazamiento de las corporaciones de las principales esferas de decisión, colocando al estado como palanca, y comenzando a recuperar sustancialmente el mundo del trabajo, hizo que el gobierno fuera ubicando cada vez más, a los enemigos a los que estaba enfrentando, y esto considero que fue determinante para el viraje que se realiza desde la concertación a un retorno a la estructura del PJ, y de la CGT liderada por Moyano, ya que históricamente estas estructuras cuentan con un mayor poder de fuego, para alcanzar una relación de fuerza favorable para enfrentar a poderes muy concentrados. La disputa por la 125 en 2008 y el enfrentamiento con las patronales agropecuarias, de alguna forma fractura al frente interno, poniendo en gran evidencia el rol de los medios hegemónicos. Si bien esta situación aparta a cierto consenso de derecha, comienza a mi entender, a sumar paulatinamente la adhesión de nuevos sectores por izquierda, que tendrían una irrupción relativa, durante las jornadas de debate y sanción de la nueva ley de medios.
El surgimiento de nuevos medios de comunicación favorables al modelo de inclusión, que en otros tiempos podíamos definir con exactitud como medios alternativos, la irrupción de las redes sociales, así como medidas de gobierno favorables a los sectores populares fue incubando un nuevo sedimento social que podemos denominar como un kirchnerismo espontáneo, principalmente juvenil, con viejos militantes de los setenta, con la adhesión de gran parte de la intelectualidad y de sectores de la contracultura, es lo nuevo que irrumpe principalmente en el 2010, con los festejos del Bicentenario, con la masiva concurrencia al velatorio del líder. Cristina el otro día en Huracán recordaba que en el acto de Ferro de 2010 por la conmemoración de aquel 11 de marzo de 1973, Néstor le había dicho que había notado la irrupción de un nuevo clima, que luego fue confirmado por los festejos de mayo.
La tarea actual más allá de la contienda electoral es como decía la Presidenta el otro día en Huracán, la profundización de la organización popular, la institucionalización del modelo nacional y popular, es decir el pasaje a la organicidad de todo ese kirchnerismo inorgánico y espontáneo, sin la mezquindad de los dirigentes, construyendo ese nuevo relato que se viene escribiendo, pero en el cual es necesario subrayar permanentemente los logros alcanzados, condición necesaria para profundizarlos.

Hoy es un lugar común en la militancia nacional y popular hablar de “profundizar el modelo”, y si bien todos intuimos más o menos de que hablamos cuando nos referimos a ello, creemos que es bueno sostener una posición que pueda inscribirse en un debate, que en el mediano plazo debiera limar ambigüedades y sostener un auténtico proyecto de emancipación.
Coincidimos con el planteo del sociólogo Julio Godio, cuando afirma que desde el año 2003, Néstor Kirchner inauguró una “revolución desde arriba” cuando se encontró con que “el poder del Estado estaba ‘vacante’, y reclamaba ser ocupado por una fuerza política renovadora” pero que él “no necesitaba contar con un partido político fuerte para ocupar ese poder vacante” ya que “Su audacia política, un equipo político experimentado y un programa nacionalista claro fueron suficientes.”
Según Godio, Néstor “fue fiel en la práctica a la concepción de Perón sobre el carácter del partido político” ya que “En efecto, Perón se planteó a partir de 1944 construir un ‘partido de Estado’, acorde con sus convicciones políticas más profundas.” Desde este punto de vista podemos ver como se fueron produciendo algunas transformaciones sustanciales de la estructura estatal. La anulación de las leyes de impunidad marcan una ruptura sustancial con todo lo anterior, ya que es el Estado mismo quien se cuestiona a sí mismo, en su responsabilidad en delitos de Lesa Humanidad y se comienza a condenar a los responsables. Un Estado que se cuestiona a sí mismo y principalmente en sus modos de monopolizar las fuerzas de represión, sin dudas ya no es el mismo estado, sino algo nuevo que comienza a gestarse, y mucho más cuando además se renueva otro poder estatal como lo es la Corte Suprema de Justicia.
El neoliberalismo imperante en nuestro país desde principios de los noventa había instalado la idea de que el estado no debía intervenir en la economía, para dejar rienda suelta a la incursión de capitales globales, teniendo como ariete inamovible de ello a la deuda externa. Desprenderse del FMI y poner al estado como palanca de la economía, no solamente para realizar la puja distributiva, sino principalmente para generar nuevos puestos de trabajo, avanzando sustancialmente contra la desregulación laboral de la segunda década infame; a nuestro entender fueron generando el germen de una nueva institucionalidad que pudiera romper definitivamente pero de forma gradual, con la estructura estatal del capitalismo dependiente.
Coincidimos con Godio en que “la revolución desde arriba” tiene un límite, y es en ese punto donde cobran extremada vigencia tanto los pronunciamientos acerca de una revolución cultural en marcha, como la mayoría de las expresiones vertidas por la presidenta Cristina Fernández el pasado 11 de marzo en Huracán. Allí la mandataria subrayaba los modos de la construcción política, haciendo hincapié en que hoy no se trata de construir en contra de algo, sino a favor de los logros alcanzados, ubicando como interlocutores principales a los jóvenes, a los cuales les pedía que “construyan su propia historia” y “que sean ellos mismos”. Les pedía principalmente construir sobre las coincidencias, y con amor y sin odio, recordando de alguna manera aquella sentencia de Mao sobre que al odio se lo vence con amor.
En aquel escenario Cristina también enfatizaba la profundización de la organización popular, realizando una ecuación en la cual Pueblo es igual a Nación. Este modelo organizativo supone una construcción orgánica que necesariamente no puede depender exclusivamente de algunos dirigentes, a los cuales también les pidió suprimir mezquindades, para poner el acento en el desarrollo colectivo, y poder avanzar hacia la institucionalización del proyecto nacional y popular, teniendo en cuenta que esto no es el resultado de algún decreto o alguna ley, sino que ello va a ser el producto de que esto se haga carne en el pueblo. En este sentido Cristina manifestaba también la necesaria lucha contra la subordinación cultural, y la construcción de un relato que pueda dar cuenta permanentemente de los logros alcanzados, para que esto sea un piso para avanzar hacia cambios más profundos.
Si nos detuvimos en analizar aquel discurso, es porque en él encontramos muchas de las pautas principales de cómo se debiera proyectar la tan mentada profundización del modelo. Creemos que la nueva organicidad planteada debe necesariamente plantearse el desarrollo territorial del proyecto, principalmente en la base, en los municipios, en los barrios, en los puestos de trabajo, en la cotidianeidad, para que pueda vertebrarse una verdadera construcción de poder popular, que pueda articular los logros del gobierno con las bases de la sociedad en su conjunto, y a la vez que desde estas bases, puedan generarse otras políticas que se transformen en políticas de estado.

2011/01/29

Monteagudo ya planteaba la necesidad de la integración sudamericana

ENSAYO SOBRE LA NECESIDAD DE UNA FEDERACIÓN GENERAL ENTRE LOS ESTADOS HISPANO-AMERICANOS Y PLAN DE SU ORGANIZACIÓN- Bernardo de Monteagudo- Lima 1823

Cada siglo lleva en sí el germen de los sucesos que van a desenvolverse en el que sigue. Cada época extraordinaria, así en la naturaleza como en el orden social, anuncia una inmediata de fenómenos raros y de combinaciones prodigiosas. La revolución del mundo americano ha sido el desarrollo de las ideas del siglo XVIII y nuestro triunfo no es sino el eco de los rayos que han caído sobre los tronos, que desde la Europa dominaban el resto de la Tierra.

La independencia que hemos adquirido es un acontecimiento que, cambiando nuestro modo de ser y de existir en el universo, cancela todas las obligaciones que nos había dictado el espíritu del siglo XV y nos señala las nuevas relaciones en que vamos a entrar, los pactos de honor que debemos contraer y los principios que es preciso seguir para establecer sobre ellos el derecho público que rija en lo sucesivo los estados independientes, cuya federación es el objeto de este ensayo y el término en que coinciden los deseos de orden y las esperanzas de libertad.

Ningún designio ha sido más antiguo entre los que han dirigido los negocios públicos, durante la revolución, que formar una liga general contra el común enemigo y llenar con la unión de todos, el vacío que encontraba cada uno en sus propios recursos. Pero la inmensa distancia que separa las secciones que hoy son independientes y las dificultades de todo género que se presentaban para entablar comunicaciones y combinar planes importantes entre nuestros gobiernos provisorios, alejaban cada día más la esperanza de realizar el proyecto de la federación general. Hasta los últimos años se ignoraba en las secciones que se hallan al sur del Ecuador lo que pasaba en las del Norte, mientras no se recibían noticias indirectas por la vía de Inglaterra o de los Estados Unidos. Cada desgracia que sufrían nuestros ejércitos hacía sentir infructuosamente la necesidad de estar todos ligados. Pero los obstáculos eran por entonces superiores a esa misma necesidad.

El examen de sus primeros intereses hará ver si merece una grande preferencia de atención o si ésta es de aquellas empresas que inventa el poder para excusar las hostilidades del fuerte contra el débil, o justificar las coaliciones que se forman con el fin de hacer retrogradar los pueblos.

Independencia, paz y garantías, estos son los intereses eminentemente nacionales de las repúblicas que acaban de nacer en el Nuevo Mundo. Cada uno de ellos exige la formación de un sistema político, que supone la preexistencia de una asamblea o congreso donde se combinen las ideas y se admitan los principios que deben constituir aquel sistema y servirle de apoyo.

La independencia es el primer interés del Nuevo Mundo. Sacudir el yugo de la España, borrar hasta los vestigios de su dominación y no admitir otra alguna, son empresas que exigen y exigirán, por mucho tiempo, la acumulación de todos nuestros recursos y la uniformidad en el impulso que se le dé. Es verdad que en Ayacucho ha terminado la guerra continental contra la España; y que, de todo un mundo en que no se veían flamear sino los estandartes que trasplantaron consigo los Corteses, Pizarros, Almagros y Mendozas, apenas quedan tres puntos aislados donde se ven las armas de Castilla, no ya amenazando la seguridad del país, sino alimentando la cólera, y recordando las calamidades que por ellas han sufrido los pueblos.

San Juan de Ulua, el Callao y Chiloé son los últimos atrincheramientos del español. Los dos primeros tardarán poco en rendirse, de grado o por fuerza a las armas de la libertad. El archipiélago de Chiloé, aunque requiere combinar más fuerzas y aprovechar los pocos meses que aquel clima permite emprender operaciones militares, seguirá en todo este año, la suerte del continente a que pertenece.

Sin embargo, la venganza vive en el corazón de los españoles. El odio que nos profesan aún no ha sido vencido. Y, aunque no les queda fuerza de que disponer contra nosotros, conservan pretensiones a que dan el nombre de derechos para implorar en su favor los auxilios de la Santa Alianza, dispuesta a prodigarlos a cualquiera que aspire a usurpar los derechos de los pueblos que son exclusivamente legítimos.

Al contemplar el aumento progresivo de nuestras fuerzas, la energía y recursos que ha desplegado cada república en la guerra de la revolución, el orgullo que ha dado la victoria a los libertadores de la patria, es fácil persuadirse que, si en la infancia de nuestro ser político, hemos triunfado aislados, de los ejércitos españoles superiores en fuerza y disciplina, con mayor razón podemos esperar el vencimiento, cuando poseemos la totalidad de los recursos del país, y después que los campos de batalla, que son la escuela de la victoria, han estado abiertos a nuestros guerreros por más de catorce años. Mas también es necesario reflexionar que si hasta aquí nuestra lucha ha sido con una nación impotente, desacreditada y enferma de anarquía, el peligro que nos amenaza es entrar en contienda con la Santa Alianza que, al calcular las fuerzas necesarias para restablecer la legitimidad de los Estados hispanoamericanos, tendrá bien presentes las circunstancias en que nos hallamos y de lo que somos hoy capaces.

Dos cuestiones ofrece este negocio cuyo rápido examen acabará de fijar nuestras ideas: la probabilidad de una nueva contienda y la masa de poder que puede emplearse contra nosotros en tal caso. Aun prescindiendo de los continuos rumores de hostilidad, y de los datos casi oficiales que tenemos para conocer las miras de la Santa Alianza con respecto a la organización política del Nuevo Mundo, hay un fuerte argumento de analogía que nace de la marcha invariable que han seguido los gabinetes del norte de Europa en los negocios del Mediodía. El restablecimiento de la legitimidad, voz que, en su sentido práctico, no significa sino fuerza y poder absoluto, ha sido el fin que se han propuesto los aliados. Su interés es el mismo en Europa y en América. Y si en Nápoles y España no ha bastado la sombra del trono para preservar de la invasión a ambos territorios, la fuerza de nuestros gobiernos no será ciertamente la mejor garantía contra el sistema de la Santa Alianza.

En cuanto a la masa del poder que se empleará contra nosotros en tal caso, ella será proporcionada a la extensión del influjo que tengan las cortes de San Petersburgo, Berlín, Viena y París. Y no es prudente dudar que le sobran elementos para emprender la reconquista de América, no ya en favor de la España, que nunca recobrará sus antiguas posesiones, sino en favor del principio de la legitimidad, de ese talismán moderno que hoy sirve de divisa a los que condenan la soberanía de los pueblos, como el colmo de libertinaje en política.

Es verdad que el primer buque que zarpase de los puertos de Europa contra la libertad del Nuevo Mundo, daría la señal de alarma a todos los que forman el partido liberal en ambos hemisferios. La Gran Bretaña y los Estados Unidos tomarían el lugar que les corresponde en esta contienda universal: la opinión, esa nueva potencia que hoy preside los destinos de las naciones, estrecharía su alianza con nosotros y la victoria, después de favorecer alternativamente a ambos partidos, se decidiría por el de la justicia y obligaría a los sectarios del poder absoluto a buscar su salvación en el sistema representativo.

Entre tanto no debemos disimular que todas nuestras nuevas repúblicas en general, y particularmente algunas de ellas, experimentarían en la contienda inmensos peligros que ni hoy es fácil prever, ni lo sería quizá entonces evitar, si faltase la uniformidad de acción y voluntad que supone un convenio celebrado de antemano, y una asamblea que le amplíe o modifique según las circunstancias. Es preciso no olvidar que, en el caso a que nos contraemos, la vanguardia de la Santa Alianza se compondría de la seducción y de la intriga, tanto más temibles para nosotros, cuanto es mayor la herencia de preocupaciones y de vicios que nos ha dejado la España. Es preciso no olvidar que aún nos hallamos en un estado de ignorancia, que podría llamarse feliz si no fuese perjudicial algunas veces, de esos artificios políticos y de esas maniobras insidiosas que hacen marchar a los pueblos de precipicio en precipicio con la misma confianza que si caminasen por un terreno unido. Es preciso no olvidar, en fin, que todos los hábitos de la esclavitud son inveterados entre nosotros; y que los de la libertad empiezan apenas a formarse por la repetición de los experimentos políticos que han hecho nuestros gobiernos y de algunas lecciones útiles que hemos recibido en la escuela de la adversidad.

Esta rápida encadenación de escollos y peligros muestra la necesidad de formar una liga americana bajo el plan que se indicó al principio. Toda la previsión humana no alcanza a penetrar los accidentes y vicisitudes que sufrirán nuestras repúblicas hasta que se consolide su existencia. Entre tanto las consecuencias de una campaña desgraciada, los efectos de algún tratado concluido en Europa entre los poderes que mantienen el equilibrio actual, algunos trastornos domésticos y la mutación de principios que es consiguiente, podrán favorecer las pretensiones del partido de la legitimidad, si no tomamos con tiempo una actividad uniforme de resistencia; y si no nos apresuramos a concluir un verdadero pacto, que podemos llamar de familia, que garantice nuestra independencia, tanto en masa como en el detalle.

Esta obra pertenece a un congreso de plenipotenciarios de cada Estado que arreglen el contingente de tropas y la cantidad de subsidios que deben prestar los confederados en caso necesario. Cuanto más se piensa en las inmensas distancias que nos separan, en la gran demora que sufriría cualquiera combinación que importase el interés común, y que exigiese el sufragio simultáneo de los gobiernos del Río de la Plata y de Méjico, de Chile y de Colombia, del Perú y de Guatemala, tanto más se toca la necesidad de un Congreso que sea el depositario de toda la fuerza y voluntad de los confederados; y que pueda emplear ambas, sin demora, dondequiera que la independencia esté en peligro.

Nuestros tratados del 6 de junio de 1822 y de 3 de octubre de 1823, participan del espíritu de la cuádruple alianza de Chaumont y del tratado dé París de 30 de mayo de 1814. Ambos contienen el pacto de una alianza ofensiva y defensiva; detallan subsidios y anuncian la determinación de continuar la guerra hasta destruir el poder español, así como los aliados de Chaumont se ligaron para destruir a Napoleón. También abrazan el convenio de celebrar una asamblea hispanoamericana, que nos sirva de consejo en los grandes conflictos, de punto de contacto en los peligros comunes, de fiel intérprete en los tratados públicos y de conciliador de nuestras diferencias, guardando en todo esto una fuerte analogía con las estipulaciones de la paz de 30 de mayo.

Nos falta sólo insistir en una observación acerca del Congreso de Viena. Él se celebró después de la paz de París en el centro, por decirlo así, de la Europa, donde siendo tan fáciles y frecuentes las correspondencias diplomáticas, podría creerse menos necesaria su reunión con objetos que, a pesar de su importancia, podían arreglarse por medio de los mismos embajadores que residen en cada corte. Al contrario, la asamblea hispanoamericana de que se trata, debe reunirse para terminar la guerra con la España: para consolidar la independencia y nada menos que para hacer frente a la tremenda masa con que nos amenaza la Santa Alianza. Debe reunirse en el punto que convengan las partes contratantes, para que las conferencias diarias de sus plenipotenciarios anulen las grandes distancias que separan a sus gobiernos respectivos. Debe, en fin, reunirse, porque los objetos que ocuparán su atención, exigirán deliberaciones simultáneas que no pueden adoptarse sino por una asamblea de ministros cuyos poderes e instrucciones estén llenas de previsión y de sabiduría.

El segundo interés eminentemente nacional de nuestras nuevas repúblicas es la paz en el triple sentido que abraza a las naciones que no tengan parte en esta liga, a los confederados por ellas y a las mismas naciones relativamente al equilibrio de las fuerzas. En los tres casos, sin atribuir a la asamblea ninguna autoridad coercitiva que degradaría su institución, con todo podemos asegurar que al menos en los diez primeros años contados desde el reconocimiento de nuestra independencia, la dirección en grande de la política interior y exterior de la confederación debe estar a cargo de la asamblea de sus plenipotenciarios, para que ni se altere la paz, ni se compre su conservación con sacrificio de las bases o intereses del sistema americano, aunque en la apariencia se consulten las ventajas peculiares de alguno de los confederados.

Sólo aquella misma asamblea podrá también con su influjo y empleando el ascendiente de sus augustos consejos mitigar los ímpetus del espíritu de localidad que en los primeros años será tan activo como funesto. La nueva interrupción de la paz y buena armonía entre las repúblicas hispano-americanas causaría una conflagración continental a que nadie podría substraerse por más que las distancias favoreciesen al principio la neutralidad. Existen entre las repúblicas hispanoamericanas, afinidades políticas creadas por la revolución, que unidas a otras analogías morales y semejanzas físicas, hacen que la tempestad que sufre, o el movimiento que recibe alguna de ellas, se comunique a las demás, así como en las montañas que se hallan inmediatas, se repite sucesivamente el eco del rayo que ha herido alguna de ellas.

Esta observación es aplicable, no sólo a los males de la guerra de una república con otra sino a los que trae consigo la pérdida del equilibrio de las fuerzas de cada asociación, causa única de los movimientos convulsivos que padece el cuerpo político. No es decir que alcance el influjo de la asamblea ni el de ningún poder humano a prevenir las enfermedades a que él está sujeto. Pero desechar por esto uno de los mejores remedios que se ofrecen sería lo mismo que condenar la medicina, sólo porque hay dolencias que ella no alcanza a curar radicalmente. No es, pues, dudable que la interposición de la asamblea en favor de la tranquilidad interior, las medidas indirectas y en fin todo el poder de la confederación dirigido a su restablecimiento, serán la tabla en que salvemos de este naufragio que podría hacerse universal, porque una vez subvertido el orden, el peligro corre hasta los extremos.

Debemos examinar, por conclusión, el género de garantías que necesitamos, y las probabilidades que tenemos de encontrarlas todas en la asamblea hispanoamericana, que en este nuevo respecto será tan ventajosa para nuestros gobiernos, como lo fue el congreso de Viena para las monarquías del Viejo Mundo.
Cada uno de nuestros gobiernos ha adquirido, durante la contienda gloriosa que hemos sostenido contra la España, derechos incontestables a la consideración de las autoridades que rigen el género humano, bajo las varias formas que se han adoptado en los países civilizados. La resolución intrépida de ser libres, el valor en los combates y la constancia en más de catorce años de peligros, han hecho familiares en todo el mundo los nombres de pueblos y ciudades de América, que antes sólo eran conocidos de los mejores geógrafos. Naturalmente se interesó al principio la curiosidad y por grados se ha fijado la atención en nuestros negocios.

El comercio ha encontrado nuevos mercados, el buen éxito de sus especulaciones ha revelado a los gabinetes de Europa grandes secretos para aumentar su respectivo poder, aumentando sus riquezas; todo ha contribuido a encarecer la importancia política de nuestras repúblicas; y los mismos partidos en que está dividida la Europa acerca de nuestra independencia, hacen más célebres los gobiernos en que se ha dividido el Nuevo Mundo, al sacudir el yugo que le oprimía.

Los grados de respeto, de crédito y poder que se acumularán en la asamblea de nuestros plenipotenciarios formarán una solemne garantía de nuestra independencia territorial y de la paz interna. Al emprender, en cualquier parte del globo, la subyugación de las repúblicas hispano-americanas tendrá que calcular el que dirija esta empresa, no sólo las fuerzas marítimas y terrestres de la sección a que se dirige, sino las de toda la masa de los confederados, a los cuales se unirán probablemente, la Gran Bretaña y los Estados Unidos; tendrán que calcular, no sólo el cúmulo de intereses europeos y americanos que va a violar en el Perú, en Colombia o en Méjico, sino que en todos los Estados septentrionales y meridionales de América, hasta donde se extiende la liga por la libertad; tendrá que calcular el entusiasmo de los pueblos invadidos, la fuerza de sus pasiones y los recursos del despecho a más de los obstáculos que opone la distancia de ambos hemisferios, el clima de nuestras costas, las escabrosas elevaciones de los Andes y los desiertos que en todas direcciones interrumpen la superficie habitable de esta tierra.

La paz interna de la confederación quedará igualmente garantida desde que exista una asamblea en que los intereses aislados de cada confederado se examinen con el mismo celo e imparcialidad que los dé la liga entera. No hay sino un secreto para hacer sobrevivir las instituciones sociales a las vicisitudes que las rodean; inspirar confianza y sostenerlas. Las leyes caen en el olvido y desaparecen los gobiernos, luego que los pueblos reflexionan que su confianza no es ya sino la teoría de sus deseos. Mas la reunión de los hombres más eminentes por su patriotismo y luces, las relaciones directas que mantendrán con sus respectivos gobiernos y los efectos benéficos de un sistema dirigido por aquella asamblea, mantendrán la confianza que inspira la idea solemne de un congreso convocado bajo los auspicios de la libertad, para formar una liga en favor de ella.

Entre las causas que pueden perturbar la paz y amistad de los confederados, ninguna más obvia que la que resulta de la falta de reglas y principios que formen nuestro derecho público. Cada día ocurrirán grandes cuestiones sobre los derechos y deberes recíprocos de estas nuevas repúblicas. Los progresos del comercio, y de la navegación, el aumento del cultivo en las fronteras, y el resto de leyes y de formas góticas que nos quedan, exigirán repetidos tratados: y de éstos nacerán dudas que servirán para evadirlos, si al menos en los primeros años la confianza en la imparcialidad de aquella asamblea no fuese la garantía general de todas las convenciones diplomáticas a que diese lugar el desenlace progresivo de nuestras necesidades.

Independencia, paz y garantías: éstos son los grandes resultados que debemos esperar de la asamblea continental, según se ha manifestado rápidamente en este ensayo. De las seis secciones políticas en que está actualmente dividida la América llamada antes española, las dos tercias partes han votado ya en favor de la liga republicana. Méjico, Colombia y el Perú han concluido tratados especiales sobre este objeto. Y sabemos que las Provincias Unidas del Centro de América han dado instrucciones a su plenipotenciario cerca de Colombia y el Perú para acceder a aquella liga. Desde el mes de marzo de 1822, se publicó en Guatemala en el Amigo de la Patria, un artículo sobre este plan, escrito con todo el fuego y elevación que caracterizan a su ilustrado autor el señor Valle. Su idea madre es la misma que ahora nos ocupa: formar un foco de luz que ilumine a la América: crear un poder que una las fuerzas de catorce millones de individuos: estrechar las relaciones de los americanos, uniéndolos por el gran lazo de un congreso común, para que aprendan a identificar sus intereses y formar a la letra una sola familia. Tenemos fundadas razones para creer que las secciones de Chile y el Río de la Plata deferirán también al consejo de sus intereses; entrando en el sistema de la mayoría, como el único capaz de dar a la América, que por desgracia se llamó antes española, independencia, paz y garantías.

2010/11/28

Consideraciones sobre la política

Intentaremos definir algunas cuestiones concernientes a la política y a su arte, aunque esto último tal vez resulte paradójico en relación a una práctica colectiva que a pesar de serlo, tiende a cerrarse sobre sí misma bajo la inercia de su antagonista, que es lo corporativo.
Cuando Walter Benjamin profetizaba el fin de la obra de arte a partir de la reproducción al infinito de la misma, lo que ponía de manifiesto es que la ruptura o el estallido del envoltorio formal donde el arte reside, se iría a transformar en una onda expansiva de innumerables vectores estéticos que luego se integrarían a diversos segmentos de lo social, que anteriormente carecían de cualquier valoración relacionada con el arte o la estética. La implosión de la obra hacia el exterior, conformando un movimiento topológico inédito, pero que en realidad es sólo un aspecto de la reproducción ampliada, lo que trae de nuevo es la estetización de la totalidad sociocultural. Los objetos apresados por los vectores estéticos, tanto como los sujetos y sus acciones se van a vestir de un halo mágico a lo que Benjamin denomina aura.
La política como herramienta tanto de transformación como de gestión, podríamos decir que no es precisamente un arte, así como lo decimos de la música, la pintura o la escultura. En la Retórica, Aristóteles define a esta disciplina como el arte de persuadir, como un arte de argumentar para convencer, pero a condición de generar producciones de sentido que no se opongan a las estructuras de verificación lógica, en confrontación abierta a los sofistas. De esta forma el filósofo estagirita nos habla de tres tipos de retóricas diferenciadas por su sentido temporal, a saber, una hacia el pasado, donde enmarca al discurso jurídico, una en el presente, el discurso apodíctico y otra hacia el futuro, el discurso deliberativo, donde debe exponerse una proyección del bien común a ser realizado, y es justamente en este punto donde incluye a la política no como práctica sino como el enunciado que la hace posible como acción transformadora. Este discurso aristotélico, retórico y político se va a encontrar íntimamente ligado a que el conjunto de los ciudadanos de la polis, puedan vislumbrar lo mejor para sí, y así llevarlo adelante. Obviamente nuestros sistemas políticos poco tienen que ver con la democracia ateniense, y es por esto que a diferencia de aquello, la política hoy para ser efectiva debe contener además, altos niveles de sorpresa, y tal vez no tantos de previsibilidad. Esto está referido principalmente a cambios profundos en las leyes de la guerra, como continuación de la política por otros medios y viceversa también, que hacen que la política sea un espacio restringido, donde existen gobernantes y gobernados, representantes y representados, en contraste a lo que es una democracia directa, donde la representación deviene en presentación misma, y que es un lugar hacia donde se debiera avanzar, pero partiendo desde lo existente.
La sorpresa gratificante a partir de una acción política inesperada, evidentemente se encuentra cargada de aura, y en este sentido podríamos llamarlo arte, aunque su verdadera acepción debiera ser el de una práctica estetizada, en un momento donde el arte como sitio privilegiado ya entró en una profunda agonía, logrando invadir los múltiples esquineros del tablero social.

2010/08/26

La realidad de los medios o del sujeto aún impune

Esto más que ofrecer soluciones, plantea problemas que a mi entender debieran encontrar algún tipo de solución teórica. Cuando hago referencia a la teoría, aclaro que no la concibo como un mero argumento abstracto, sino como una caja de herramientas que le permite a sujetos concretos, llevar adelante una práctica de transformación de la realidad, entendiendo a esta última, como un complicado nudo de relaciones, permanentemente en cambio, aunque mantenga algunos componentes de inercia, otros aparentemente inmóviles, y muchos otros que cambian sin que puedan ser percibidos correctamente, o incluso hasta pasando inadvertidos.
La visión que tenemos sobre la realidad nunca es inocente, nunca es imparcial, y por otro lado siempre está mediatizada por determinadas escalas de valores, que fueron construidas para imponer, que lo que percibimos es eso, y ninguna otra cosa. La visión sobre la realidad, en primer lugar tiene que ocultar que es una visión, y tiene que proclamarse a sí misma, como verdad, como realidad. Si alguien llegara a cuestionar la realidad impuesta, debiera ser considerado anormal, o loco, o tal vez mentiroso. Esto de lo que venimos hablando puede denominarse ideología, subjetividad, imaginario colectivo, sentido común, acá la denominación tal vez no sea lo más importante, sino que lo importante es la implicancia que adquiere en nuestra cotidianeidad, tanto social, como política o económica, y de que manera esta deformación opera y se ejerce, y los sujetos la llevan adelante sin tener conciencia, mucho menos certeza que lo que defienden como libre elección, les fue impuesto, sin que tuvieran opción al respecto.
El principal formador de conciencias, otrora fue el culto religioso, y su principal reproductor la estructura familiar. Hoy pareciera que dejando como referentes a esas dos instituciones, pero sólo en un rango afectivo, el principal productor y a la vez reproductor, es el aparato mediático, los grandes medios de comunicación, quienes nos bombardean al infinito, con sus consignas de cómo debemos ser, pensar, consumir, relacionarnos, valorar, desear, condenar, etc., etc.
Desde la emergencia del neoliberalismo, y el pensamiento único, se entró en una era de reproducción al infinito, que simulaba una detención de la historia, pero que con el paso de algunos años, demostró su total derrumbe y su ser falaz, principalmente en el plano de la economía, y también como en nuestro continente, de las líneas políticas que lo habían implementado como si se tratara de una línea divina, e inobjetable. Hoy sabemos que todo eso fue una fantasía, que servía para que los sectores concentrados acumularan más riquezas y se agigantaran las diferencias y desigualdades sociales. Pero si bien esto es así, creo que en el plano de la subjetividad, ese del que hablamos en primer lugar, los cambios no son tan obvios, y por momentos pareciera que aquel sujeto ideológico cultural del neoliberalismo, permaneciera impune.
Cuando uno escucha a alguna gente defender a ricos y famosos, que lo son, o lo comenzaron a ser a partir de cualquier inescrupulosidad, y que también silenciosamente los admiran por eso, es cuando uno ve que los cambios que se van produciendo no sólo en nuestro país, sino en el mundo y principalmente en nuestro continente, parecieran estar ajenos a la visión del televidente.

2010/06/15

Siglo XXI ¿Qué hacer? 2da aproximación


La actual realidad latinoamericana, o más particularmente sudamericana, es imposible entenderla, si no es a partir del nuevo escenario político y económico internacional, a saber, de las nuevas relaciones de fuerza que van desplazando el eje, que hacía del mundo occidental, la panacea a la cual debían aspirar todas las naciones denominadas periféricas, no solamente en lo concerniente al desarrollo económico, sino principalmente en cuanto a aceptar como imprescindible, la adopción de los patrones culturales de ese primer mundo, hoy sumergido en una profunda crisis.
La crisis actual del sistema occidental no es sólo económica, sino también que ésta, adquiere un correlato necesario en lo social, en lo político, y en lo ideológico cultural.
A mi entender esta no es una crisis del capitalismo en general, como algunos sostienen, sino que es la crisis de un capitalismo en particular, el del bloque que auspició la irracionalidad neoliberal, haciendo del capital financiero el aspecto principal de la acumulación, mientras que por otro lado los antiguos países de la orbe socialista, reconvertidos en capitalistas, comenzaron un desarrollo, que de a poco comenzó a carcomer, el predominio económico de los países que lideraban la economía mundial. Esto es el resultado de una tendencia objetiva, que es la del desarrollo desigual y a la vez combinado, o también denominado desigual y a saltos. A nivel planetario el capitalismo en su etapa mundializada, nunca se expande de manera igualitaria, sino principalmente desigual, y la emergencia de nuevos picos espaciales de crecimiento, necesariamente provocan nuevos pozos, allí donde no estaban. Esto es como dije más arriba, algo que se produce de manera objetiva, quiere decir que no es necesariamente conciente, aunque su profundización necesite de un proyecto estratégico.
El surgimiento de las izquierdas latinoamericanas, con todo lo que ello implica, como el cuestionamiento a los ajustes y desguaces neoliberales de los 90, el retorno a otorgar al estado una función insustituible con respecto a la economía, y principalmente el pararse de otra forma con respecto los poderes hegemónicos, no es el resultado solamente de que en la era Bush, los EEUU descuidaron su patio trasero, sino principalmente a que los nuevos emergentes asiáticos y euroasiáticos, comenzaron una relación mucho más fluida con respecto a Sudamérica, entendiendo al continente como pieza fundamental en el armado de un nuevo sistema multipolar. Fue así como por ejemplo China, desplazó a los EEUU en cuanto a ser el principal receptor de las exportaciones de países como Brasil y Bolivia, o Rusia el principal proveedor de armamentos a Venezuela. Entre los gigantes euroasiáticos y Sudamérica, hoy se produce una gran transferencia de tecnología, principalmente en lo referido a energías como el petróleo o el gas.
La actual crisis europea, principalmente en Grecia, España, Portugal o Italia, que pronostica ajustes salvajes similares a los que padecimos los sudamericanos en los 90, es el chivo expiatorio de la crisis estadounidense de 2009, que aún no tiene resolución.
Ante este panorama estamos parados de otra forma, y esto es porque el alineamiento internacional cambió sustancialmente, y aunque esto se de cómo una tendencia que se despliega objetivamente, aún creo que no tenemos una estrategia común, que pueda romper con el espontaneísmo, y pueda proyectar una estrategia que no sólo rompa definitivamente los lazos de dependencia, sino que sea capaz de construir un modelo político autónomo, propiamente nuestro, y para esto es necesario una transformación de la cultura que Occidente nos fue imponiendo, y poder ver que el centro del planeta está en otro lugar que el que nos hicieron creer, o más precisamente que no tiene un centro, y tal vez una pequeña luz al respecto, fue la marcha de los pueblos originarios en los festejos del Bicentenario el pasado 25 de mayo en pleno centro de Buenos Aires.

2010/04/12

La Internacional Socialista muestra la hilacha

Este fin de semana (10 y 11 de abril de 2010) se realizó en Buenos Aires un foro del Comité de la Internacional Socialista para América Latina y el Caribe, con la presencia de 80 dirigentes de partidos socialdemócratas y socialistas de la región, que tuvieron como anfitriones a integrantes de la Unión Cívica Radical y el Partido Socialista.
Entre las resoluciones que se tomaron por unanimidad en el foro, llama poderosamente la atención la cual muestra una gran preocupación por la situación política en Venezuela, calificando a su gobierno como una democradura. Además aprobaron una resolución de apoyo a la Argentina en el conflicto bilateral con el Reino Unido por el tema de las Islas Malvinas, cosa que de alguna manera resulta algo ambigua teniendo en cuenta que en pleno reclamo del gobierno argentino, ante las exploraciones petroleras, dirigentes del radicalismo viajaban a Londres invitados por el gobierno británico, cuando simultáneamente Cristina Fernández en la Cumbre del Grupo de Río conseguía el respaldo de 32 países latinoamericanos.
La Internacional Socialista habló de la falta de Derechos Humanos en Venezuela, pero llamativamente no le preocupó idéntico tema, por ejemplo en Colombia, ni tampoco hizo referencia a las 7 bases militares que Estados Unidos va a instalar en ese país con el concomitante peligro que ello acarrea al proceso de integración sudamericana. De hecho pareciera que el tema de la integración no está en su agenda, al menos no aparece como un enunciado de lo nuevo que se genera en América Latina, a contramano de los intereses de Estados Unidos, y de los sectores reaccionarios que habitan nuestro continente.
Sin dudas que la IS siempre fue la versión progre de los intereses de la Comunidad Europea, y en este sentido coincido con el sociólogo italiano Tiberio Graziani quien haciendo un muy buen análisis de la coyuntura geoestratégica internacional, nos muestra la crisis del Sistema Occidental y la emergencia de nuevas potencias que se proclaman por la multipolaridad. Europa es junto a Estados Unidos, el Reino Unido y Japón de ese conglomerado, mientras emergen China, Rusia, India, y los países sudamericanos, principalmente Brasil, Argentina y Venezuela, quienes de a poco van desprendiéndose de su dependencia al Sistema Occidental y acercándose cada vez más a las potencia euroasiáticas. Llamativamente hace muy pocos días el primer ministro ruso Vladimir Putin realizó una visita oficial a Venezuela, afianzando los vínculos bilaterales en temas varios entre los que se destacan lo energético y lo militar, mientras que la agencia oficial de noticias de China, Xinhua, destacó que los lazos entre Brasil y dicho país asiático, exceden largamente la bilateralidad. Obviamente que la IS hoy no puede cuestionar al presidente Lula, pero estoy seguro que no le faltarían ganas de hacerlo. La IS al igual que la Comunidad Europea, muestran su total funcionalidad a la hegemonía norteamericana, y lamentablemente no se dan cuenta, o no se quieren dar cuenta que sus intereses como continente, quedan subsumidos a la crisis actual del capitalismo norteamericano.
El cuestionamiento de la IS al gobierno de Chávez, en verdad no se diferencia en nada de los cuestionamientos que pueden realizar los pooles mediáticos enrolados en la SIP, ni tampoco de la derecha más retrógrada como lo es el espacio que preside el peruano Vargas Llosa, y del que forman parte José María Aznar, y que en nuestro país tuvieron como anfitrión a Mauricio Macri, espacio político donde confluyen muchos, que fueran parte de las más sanguinarias dictaduras militares, y de los gobiernos más recalcitrantemente neoliberales de nuestro continente.

2010/01/16

Sociedad de consumo y consumismo- experiencia no ordinaria

La sociedad de consumo, es decir aquella formación donde todo lo que se produce exige ser consumido, fue generando paulatinamente y vertiginosamente a la vez, un tipo de sujeto que tiene como objetivo adquirir todo lo que le ofrecen sin reparar demasiado en lo que le están demandando. La lógica del consumo tiene como aspecto principal lo cuantitativo y no lo cualitativo. Adquirir y poseer se convierten en si mismos en objetos de goce.
Mantenerse lo más al margen posible de esta sociedad de consumo era una posición correcta, pero a este margen el sistema lo absorbió y lo convirtió en objeto de consumo.
Este sitio sabía que lo que te estaban vendiendo era la mediocridad necesaria para que el sistema se reproduzca al infinito.
El shamán de Castaneda sostenía que si alguien no estaba preparado para una experiencia no ordinaria con alucinógenos, no debería realizarla en absoluto, y que tendría que adquirir cierto saber para sí poder hacerla.
No tengo dudas que en su casi totalidad la experiencia consumista es una experiencia ordinaria, una experiencia apuntada a la insatisfacción permanente para retroalimentarse sin cesar.
Intentar hacer una experiencia no ordinaria del consumo podría resultar una implosión. Sería el intento de subvertir al consumo desde adentro, aunque quedaría por preguntarse si el consumo en sí, ya no es una experiencia ordinaria en sí misma y que no tiene reverso interior. Me quedan dudas al respecto pero creo que habría que intentarlo al menos.
Una experiencia no ordinaria en el consumo debiera apuntar a una ética estética y a una ética política, pero también debiera ser capaz de forzar la producción de un abanico de nuevos objetos que no sean basura.

2009/09/14

Semidioses

"Sin desviarse de la norma, el progreso es imposible"
Frank Zappa

La trascendencia fue un valor preponderante en la historia de la civilización humana, algo sumamente valorado. El sujeto ha atravesado una barrera invisible hasta llegar a otorgarle a la inmanencia todo su caudal La religión lo concebía a imagen y semejanza de un Dios, que era expresión del supremo bien, pero sin darnos cuenta fuimos abriéndonos a los más bajos apetitos, donde el valor del otro ya no es su reconocimiento sino la búsqueda de su sumisión, de su atropello.
Tal vez el destino de la humanidad concebida como lo fue, inexorablemente conducía a esto, tal vez otras contingencias lo hicieron de esta forma, pero lo que demuestra esta actualidad es que ese sujeto no se encontraba preparado para semejante tarea. No era el progreso para lo que estaba construido.
Hoy creo que la superación debiera ser dejar de ser humano, para inscribirse en una dimensión completamente diferente a lo que fue la humanidad, ya que esta ha fracasado. Si uno tuviera que categorizar como debiera ser esa otra dimensión, intuiría que tendría que estar a medio camino entre lo humano mismo y lo inmortal.
Tal vez el monoteísmo fue el culpable de esto y el abandono de esa intersección entre lo humano y lo divino como fue el semidiós, pero estoy casi seguro que todos los grandes personajes de la historia fueron eso.

2009/07/11

El devenir vegetal del placer

Por inducción teórica tengo que suponer que el animal tiene a diferencia del humano, un solo sentido. No es que no tenga olfato, o no vea o no escuche sonidos, sino que la fragmentación de los sentidos debe ser creo una cuestión estrictamente nuestra.
Los sentidos, esos cinco e inclusive si hubiera un sexto o tal vez un séptimo, aluden a la ausencia de un objeto determinado para la pulsión (la Trieb de Freud), a diferencia del instinto animal que engloba en una totalidad a la criatura biológica con su medio.
El homo sapiens es una carrera obstinada del animal humano por huir de su encuadre en la naturaleza. Debe ser tan intolerable la existencia del hombre que ella misma consiste en una fuga ininterrumpida de su propia condición original.
Todo esto viene a cuento como preámbulo de algo que me viene dando vuelta en la cabeza hace un tiempo y que está referido a que si bien nosotros humanos hemos perdido hace muchísimo tiempo o tal vez desde el inicio de nuestra condición, la referencia a que debiera ser lo que nos satisfaga, siempre se da que cualquier gran placer que no esté referido ni a la sexualidad, ni a la estética o al saber, siempre estará ligado inexorablemente a lo vegetal.
Las infusiones, las salsas, los perfumes, las bebidas alcohólicas, las especies aromáticas, el tabaco, las raíces energizantes, los condimentos, las hierbas estimulantes y las alucinógenas, los estupefacientes naturales, todos ellas provienen del reino clorofílico, y esto creo yo que nos debe invitar a una reflexión profunda si es que todavía podemos llegar a hacerlo.

2009/01/20

Bernardo de Monteagudo, un intelectual orgánico.


En la escuela nos enseñaron que nuestros próceres eran tipos abnegadas, valientes y honrados, y que ellos habían luchado por la emancipación americana de la corona española, pero tal vez lo más significativo de todo ello es lo que nunca aprendimos.
Bernardo de Monteagudo, nacido en Tucumán en 1789 y asesinado en Lima en 1825 fue uno de los íconos más sobresaliente de la intelectualidad sudamericana que se iría a transformar en un verdadero cuadro revolucionario. Monteagudo fue un jacobino, es decir un militante orgánico, que respondía a una organización de vanguardia.
El 25 de mayo de 1809 encabezó la rebelión de Chuquisaca, la más célebre de la gesta emancipatoria. Luego activó en Buenos Aires hasta el momento en que bajo el mando militar de José de San Martín fuera parte de las luchas por las independencias de Chile y del Perú. Fue auditor del Ejercito de los Andes y redactor de la Declaración de la Independencia Chilena. Tras la independencia del Perú, Monteagudo pasó a ser Ministro de Guerra y Marina y, más tarde, de Gobierno y Relaciones Exteriores de aquella nación liberada.
Por aquel entonces también fue colaborador de Simón Bolívar.
Monteagudo fue un verdadero ideólogo de la emancipación sudamericana, un intelectual orgánico, que nos dejó gran cantidad de escritos.
En su memoria a casi 200 años de Chuquisaca, les voy a dejar un artículo publicado en la Gaceta de Buenos Aires el 14 de febrero de 1812.

LIBERTAD- Bernardo de Monteagudo (1812)

La LIBERTAD no es sino una propiedad inalienable e imprescriptible que goza todo hombre para discurrir, hablar y poner en obra lo que no perjudica a los derechos de otro ni se opone a la justicia, que se debe a sí mismo. Esta ley santa derivada del consejo eterno no tiene otra restricción que las necesidades del hombre y su propio interés: ambos le inspiran el respeto a los derechos de otro, para que no sean violados los suyos: ambos le dictan las obligaciones a que está ligado para con su individuo y de cuya observancia pende la verdadera LIBERTAD. Ninguno es libre si sofoca el principio activo y determinante de esa innata disposición; ninguno es libre si defrauda la LIBERTAD de sus semejantes, atropellando sus derechos: en una palabra, ninguno es libre si es injusto. Bien examinadas las necesidades del hombre se verá que todos sus deberes resultan de ellas y se dirigen a satisfacerlas o disminuirlas; y por consiguiente nunca es más libre que cuando limita por reflexión su propia LIBERTAD, mejor diré, cuando usa de ella. ¿Y podrá decirse que usa de su razón el que la contradice y se desvía de su impulso? de ningún modo. ¿Podrá decirse que usa de ella el que por seguir un capricho instantáneo se priva de satisfacer una necesidad verdadera? tampoco: pues lo mismo digo de la LIBERTAD que no es sino el ejercicio de la razón misma: aquélla se extiende por su naturaleza a todo lo que ésta alcanza, y así como la razón no conoce otros límites que lo que es imposible, bien sea por una repugnancia moral o por una contradicción física, de igual modo la LIBERTAD.sólo tiene por término lo que es capaz de destruirla o lo que .excede la esfera de lo posible. No hablo aquí de la LIBERTAD natural que ya no existe ni de ese derecho limitado que tiene el hombre a cuanto le agrada en el estado salvaje: trato sí de la LIBERTAD civil, que adquirió por sus convenciones sociales y que hablando con exactitud es en realidad más amplia que la primera. No es extraño: las fuerzas del individuo son el término de la LIBERTAD natural, y la razón nivelada por la voluntad general señala el espacio a que se extiende la LIBERTAD civil. Yo sería sin duda menos libre si en circunstancias fundase mis pretensiones en el débil recurso de mis fuerzas: cualquier hombre más robusto que yo frustraría mi justicia, y el doble vigor de sus brazos fácilmente eludiría mis más racionales esperanzas: yo no tendría propiedad segura y mi posesión sería tan precaria como el título que la fundaba. Por el contrario: mi LIBERTAD actual es tanto más firme y absoluta, cuando ella se funda en una convención recíproca que me pone a cubierto de toda violencia: sé que ningún hombre podrá atentar impunemente este derecho, porque en su misma infracción encontraría la pena de su temeridad, y desde entonces dejaría de ser libre, pues la sujeción a un impulso contrario al orden es esclavitud, y sólo el que obedece a las leyes que se prescriben en una justa convención goza de verdadera LIBERTAD. Todo derecho produce una obligación esencialmente anexa a su principio, y la existencia de ambos es de tal modo individual, que violada la obligación se destruye el derecho. Yo soy libre, sí, tengo derecho a serlo; pero también lo son todos mis semejantes, y por un deber convencional ellos respetarán mi LIBERTAD, mientras yo respete la suya: de lo contrario falto a mi primera obligación que es conservar ese derecho, pues violando el ajeno consiento en la violación del mío. Aun digo más, yo empiezo a dejar de ser libre si veo con indiferencia que un perverso oprime o se dispone a tiranizar al más infeliz de mis conciudadanos: su opresión reclama mis esfuerzos; e insensiblemente abro una brecha a mi LIBERTAD si permito, que quede impune la violencia que padece. Luego que su opresor triunfe por la primera vez él se acostumbrará a la usurpación; con el tiempo formará un sistema de tiranía y sobre las ruinas de la LIBERTAD pública elevará un altar terrible, delante del cual vendrán a postrar la rodilla cuantos hayan recibido de sus manos las cadenas. Americanos en vano declamaréis contra la tiranía si contribuís o toleráis la opresión y servidumbre de los que tienen igual derecho que nosotros: sabed que no es menos tirano el que usurpa la soberanía de un pueblo que el que defrauda los derechos de un solo hombre: el que quiere restringir las opiniones racionales de otro, el que quiere limitar el ejercicio de las facultades físicas o morales que goza todo ser animado, el que quiere sofocar el derecho que a cada uno le asiste de pedir lo que es conforme a sus intereses, de facilitar el alivio de sus necesidades, de disfrutar los encantos y ventajas que la naturaleza despliega a sus ojos; el que quiere en fin degradar, abatir y aislar a sus semejantes, es un tirano. Todos los hombres son igualmente libres: el nacimiento o la fortuna, la procedencia o el domicilio, el rango del magistrado o la última esfera del pueblo no inducen la más pequeña diferencia en los derechos y prerrogativas civiles de los miembros que lo componen. Si alguno cree que_ porque preside la suerte de los demás, o porque ciñe la espada que el Estado le confió para su defensa, goza mayor LIBERTAD que el resto de los hombres, se engaña mucho, y este solo delirio es un atentado contra el pacto social. El activo labrador, el industrioso comerciante, el sedentario artista, el togado, el funcionario público, en fin, el que dicta la ley, y el que la consiente o sanciona con su sufragio, todos gozan de igual derecho, sin que haya la diferencia de un solo ápice moral: todos tienen por término de su independencia la voluntad general y su razón individual: el que lo traspasa un punto ya no es libre, y desde que se erige en tirano de otro, se hace esclavo de sí mismo. Desengañémonos: nuestra LIBERTAD jamás tendrá una: base sólida si alguna vez perdemos de vista ese gran principio de la naturaleza, que es como el germen de toda la moral: jamás hagas a otro lo que no quieras que hagan contigo. Si yo no quiero ser defraudado en mis derechos tampoco debo usurpar los de otro: la misma LIBERTAD que tengo para elegir una forma de gobierno y repudiar otra, la tiene aquel a quien trato de persuadir mi opinión si ella es justa, me da derecho a esperar que será admitida: pero la equidad me prohíbe el tiranizar a nadie. Por la misma razón yo me pregunto ¿qué pueblo tiene derecho a dictar la constitución de otro? Si todos son libres, ¿podrán sin una convención expresa y legal recibir su destino del que presuma más fuerte? ¿Habrá alguno que pueda erigirse en tutor del que reclama su mayoridad, y acaba de quejarse ante el tribunal de la razón del injusto pupilaje a que la fuerza lo había reducido? Los pueblos no conocen sus derechos: la ignorancia los precipitaría en mil errores, ¿y yo tengo derecho a abusar de su ignorancia y eludir su LIBERTAD a pretexto de que no la conocen? No. por cierto. Yo conjuro a todos los directores de la opinión, que jamás pierdan de vista los argumentos con que nosotros mismos impugnamos justamente la conducta del gobierno español con respecto a la América. Toda constitución que no lleve el sello de la voluntad general, es injusta y tiránica: no hay razón, no hay pretexto, no hay circunstancia que la autorice. Los pueblos son libres, y jamás errarán si no se les corrompe o violenta. Tengo derecho a decir, lo que pienso, y llegaré por grados a publicar lo que siento. Ojala contribuya en un ápice a la felicidad de mis semejantes, a esto se dirigen mis deseos, y yo estoy obligado a apurar mis esfuerzos. Juro por la patria, que nunca seré cómplice con mi silencio en el menor acto de tiranía, aun cuando la pusilanimidad reprenda mis discursos, y los condene la adulación. Si alguna vez me aparto de estos principios, es justo que caiga sobre mí la execración de todas las almas sensibles; y si mi celo desvía mi corazón, ruego a los que se honran con el nombre de patriotas, acrediten que aman la causa pública y, no que aborrecen a los que se desvelan por ella.

2009/01/06

Homo sapiens, una condición paradójica.

“Escepticismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad”
Antonio Gramsci



El homo sapiens es un ser social, a saber, está inserto en un conglomerado histórico al cual transforma de modo ininterrumpido, transformando la naturaleza y sus derivados a partir del trabajo, del desarrollo de múltiples herramientas e inclusive portando una estructura compleja como es el lenguaje habiendo propiciado diferentes y complicadas relaciones entre si. Si bien alteró considerablemente su relación con la naturaleza subvirtiendo el orden de casi todo el esquema natural consigo mismo, para desarrollar un nuevo orden, no deja de ser simultáneamente un ser natural en tanto organismo biológico. Así mismo el hábitat del hombre no deja de ser sostenido en última instancia por las leyes de la naturaleza. La cultura ya no es naturaleza en sentido estricto, pero debemos convenir que no tiene otro desarrollo más que a partir de ella. A pesar de constituir un orden autonomizado, esta autonomía no deja de ser relativa, siendo el orden natural la determinación en última instancia. Es por esta razón que podríamos caracterizar al orden cultural como naturaleza alterada por las capacidades humanas de transformación de lo dado y es por esto mismo que el mismo hombre es el resultado de esta subversión permanente. En este proceso introduce al tiempo como temporalidad diferenciada de los ritmos biológicos y es por esta razón que la estabilización del organismo a la situación histórica resulta siempre de modo paradójico. Este hecho hace que en el viviente devenga una tensión permanente entre los tiempos de la naturaleza con respecto a los tiempos de la historia. Si bien podemos convenir que este es un proceso único que se desarrolla en una sola totalidad no podemos descuidar los elementos inerciales de cada una de sus particularidades.

Es posible que el origen de la humanidad haya tenido como causa un antagonismo creciente entre un tipo de mono con respecto a su hábitat natural. Hay especies que ante situaciones como estas, terminan sucumbiendo de forma súbita. En el caso humano se ha producido el incremento de nuevas capacidades ya contenidas virtualmente en su estructura biológica que le permitieron sobrevivir a esa crisis viéndose resignado a perder el equilibrio anterior para amoldarse a un nuevo esquema. A mi entender un aspecto de suma importancia del devenir cultura es el hecho de la transformación de los instintos o en todo caso de su desaparición como tales. Si consideramos a estos como el impulso vital para satisfacer las necesidades del organismo viviente y de los cuales depende su subsistencia debiéramos decir que para los animales hay una concordancia inexorable entre el instinto y el objeto de su satisfacción, siendo este un objeto preciso e invariable. Es por esto que un animal carnívoro no puede satisfacer el hambre con hortalizas ni un herbívoro con pescado. En cuanto a la sexualidad todo animal macho satisface su instinto sexual con cualquier hembra de su especie en un tipo de acto casi invariable, siendo la perversión un hecho improbable. El proceso de transformación de naturaleza a cultura produjo un cambio sustantivo en el proceso de satisfacción instintiva y es por esto que podemos ver en los distintos estadios de ese desarrollo, los modos de producción, un tipo de organización de la satisfacción instintiva sostenida en un tipo de organización social y política de la economía. Lo que se puede observar o deducir de los distintos modos es un tipo de relación particular de los sujetos con los objetos de satisfacción. Es por esto que considero válido incluir dentro de la teoría materialista de la sociedad, un concepto como pulsión (trieb) distinto a instinto (instikt), introducido por Freud en la teoría psicoanalítica. La pulsión viene a ser el devenir humano del instinto. Si en su animalidad o naturalidad el individuo tiene como datos fijos al objeto de la alimentación o de la sexualidad y su satisfacción implica alcanzar ese objeto predeterminado, tendríamos que decir que para la humanidad este hecho está considerablemente alterado y transformado, casi como habiéndose perdido el objeto originario. La pulsión se muestra como un impulso más bien indeterminado, aunque generalmente domesticado a las reglas sociales que construyen en el sentido común una imagen del objeto. Pero como toda domesticación en tanto parte de la dominación resulta siempre fallida en tanto ofrece resistencias ya que siempre hay fragmentos del impulso que no encuentran su satisfacción en la imposición cultural y esto por la sencilla razón de que el objeto originario en tanto transformado solo puede darse como satisfacción mítica. El objeto perdido en concreto es tan ilusorio como el paraíso terrenal, inexorablemente perdido. La cultura ofrece objetos sustitutivos presentándolos como naturales. En este sentido la satisfacción de la pulsión siempre es errónea, siempre hace alusión a una satisfacción perdida y es por esto que a su vez es insatisfacción misma. La búsqueda reiterada y fallida de esa satisfacción implica algo distinto que el placer y es en este sentido en el cual Freud pudo percatarse de la existencia de tendencias autodestructivas. A mi entender el condimento esencial de toda dominación implica la sujeción de las mayorías a este tipo de satisfacción del displacer, muchas veces exacerbado por las ideologías religiosas que hacen del sufrimiento una herramienta para ganarse la vida eterna.

La existencia del flujo histórico produce dos efectos subjetivos contrapuestos pero unidos a una misma matriz, a saber, la imposibilidad de permanencia del presente. Uno es suponer que el futuro será mejor, que el desarrollo de la historia va a suprimir automáticamente todos los malestares actuales y que a su vez estos son menores que los del pasado. Este efecto dio lugar a la idea de progreso. El otro es suponer lo contrario, a saber que todo empeorará y esto deviene en el escepticismo y el pesimismo. Por otro existe una posición que implica la renegación del cambio, que supone que nada se transforma, que todo siempre es lo mismo. Implica un mecanismo de supresión del factor sorpresa estando presente en casi todas las religiones y principalmente en la metafísica. De todas formas tanto el pesimismo como el optimismo radicales también se alojan en posiciones metafísicas. Si partimos del hecho anteriormente esbozado de que la existencia humana es resultado de un desajuste originario que devino en historia, prescindiríamos entonces de la metafísica pero de hecho no tomaríamos partido por ninguna de las dos posiciones anunciadas anteriormente. Desde un punto de vista pesimista se podría llegar a decir que la irrupción de la cultura es ya la desaparición lenta pero segura de la humanidad que tarde o temprano llegará. La existencia humana sería la terapia intensiva del eslabón perdido. El optimismo ve por lo contrario un desarrollo ilimitado de la potencialidad humana obviando sus contradicciones. En los hechos las dos posiciones reniegan de la transformación como hecho voluntario y consciente, a saber, ven a la transformación casi como un hecho natural que no necesita para ello de ningún sujeto que la lleve adelante. Pensar que todo se transforma al margen de nuestra voluntad es hacer propaganda invertida de: “si no me pienso, soy pensado”. Digo invertida ya que su revés sería: “ni me pienso, ni soy pensado por nadie”. Saber que hay un sujeto de la transformación es dar por sentado que hay quienes la llevan adelante desde el poder pretendiendo que el resto lo acepte como hecho natural. Es decir que todos crean que nadie piensa mientras son pensados por los que tienen la iniciativa, sin ofrecer resistencia a ello. Es verdad que hay efectos que escapan a la voluntad y que si la inteligencia no logra detectarlos es posible que generen un ámbito autónomo difícil de revertir, pero siempre la transformación surge de iniciativas conscientes determinadas por factores que se ubican muchas veces al margen de la conciencia. Es la existencia de esos factores los que producen efectos de autonomía de lo voluntario, en la medida que no son detectados. Hacer un absoluto de esos factores y de esas autonomías es caer en el pesimismo, haciendo alarde del la imposibilidad del conocimiento en tanto vehículo que pueda detectarlos. Por otro lado prescindir u obviar eso factores es caer en el optimismo ilimitado. Es creer que la voluntad humana es producto de si misma y no parte de la condición estructural del humano con su medio. El pensamiento humano siempre prescindió de las particularidades desarrollando alguna de ellas como ámbito autónomo, es decir no interrelacionado con la totalidad.

Es esta existencia paradójica de la condición humana la que hace de la revolución el hecho princeps para revertir ciertas tendencias autodestructivas que produzcan desde ahí un nuevo equilibrio en el los sujetos puedan pensarse a si mismos como constructores del futuro, de un futuro donde acontezca un desaceleramiento paulatino de aquellas tendencias para iniciarse algo radicalmente nuevo. Eso inevitablemente está supeditado al desarrollo del conocimiento científico como herramienta que permita avizorar la realidad más allá de optimismos y pesimismos fundamentalistas.

Berisso- 2003