2026/05/02

El presente absoluto del coaching

"Vivir el presente": la gran mentira del coaching que el psicoanálisis desmonta

Si hay una frase hecha que el coaching ha elevado a categoría de sabiduría universal, esa es: "Hay que vivir en el presente". Suena bien. Es breve. Parece profunda. El problema es que es falsa. Y no solo falsa: es una ideología de la inmediatez que reprime la memoria y la angustia, justo lo que nos constituye como sujetos.

¿Qué significa realmente "vivir en el presente"?

La frase no resiste dos preguntas elementales:

1. ¿El presente puntual del reloj?

Ese presente no tiene duración. Es un límite matemático entre un pasado que ya fue y un futuro que aún no llega. Nunca se lo habita. Nadie vive ahí.

2. ¿El presente como "atención plena al ahora"?

Supongamos que logramos esa concentración plena. ¿Acaso eso borra el pasado que nos formó? ¿Disuelve la anticipación que nos moviliza? No. Solo las reprime.

El coaching vende un presente sin espesor. Un ahora limpio, sin fantasmas. Y eso es justo lo contrario de lo que muestra el psicoanálisis.

Lo que Freud supo y el coaching ignora

El sujeto humano nunca está en el presente. No es un fallo perceptivo. Es la estructura misma de la subjetividad.

1. El pasado no pasó del todo

Freud descubrió que el recuerdo no es una fotografía archivada, sino una construcción a posteriori. Un evento se vuelve traumático recién cuando otro evento posterior lo resignifica. Por eso el síntoma no trae el pasado recordado, sino el pasado que sigue actuando. El coaching dice "suelta el pasado". Pero el pasado no está atrás: está operando ahora, en cada repetición.

2. El futuro no es abierto: está dictado por la compulsión

“Vive el presente como si no hubiera mañana” es una frase ingenua. El neurótico vive el mañana como si fuera ayer. La compulsión a la repetición no busca lo nuevo, busca lo mismo. El futuro del deseo no es un horizonte de posibilidades: es aquello que viene a tachar todas nuestras expectativas.

3. El “aquí y ahora” del análisis no es presencia plena

Cuando el analista pide asociar libremente, no busca un mindfulness barato. Busca que en el ahora del consultorio aparezca el padre, el maestro, la escena olvidada. La transferencia es la actualización de un pasado en el presente, pero esa actualización es anacrónica y desplazada. El presente no es un espacio vacío: es el escenario donde los fantasmas hablan con disfraz nuevo.

La trampa ideológica del "presentismo"

El coaching promueve el "vivir el presente" como una liberación. En realidad, es una defensa:

Defensa contra la memoria: porque el pasado duele.

Defensa contra la anticipación: porque el futuro angustia.

Defensa contra la división del sujeto: porque si estoy "plenamente presente", no me falta nada… ergo, no deseo.

Y un sujeto sin deseo no es un ser iluminado. Es un sujeto anestesiado.

Conclusión: el presente no se habita, se atraviesa

El psicoanálisis no ofrece frases bonitas. No dice “vive el presente”. Dice algo mucho más incómodo: tu presente está habitado por un pasado que no cesa de no pasar, y tu futuro está dictado por una repetición que no reconocés.

El verdadero trabajo no es estar en el ahora. Es reconocer cómo este ahora ya no es propio porque siempre está siendo habitado por lo otro: la infancia, el trauma, el deseo inconsciente.

El coaching vende un presente sin tiempo.

El psicoanálisis enseña a habitar la temporalidad como un nudo: pasados que insisten, futuros que repiten, y un presente que solo puede vivirse sabiendo que nunca es solo presente.

 

 

 

 

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