El músico trabaja con la materia sonora en un régimen diferente al de la lengua. El lenguaje organiza el sonido en fonemas, palabras, sintaxis; el músico lo organiza en alturas, duraciones, timbres, intensidades. Pero esa organización es también una ligadura: el músico liga el flujo sonoro en formas que pueden ser reconocidas, repetidas, variadas. Sin embargo, a diferencia de la lengua, la música no fija significado; mantiene una relación más directa con la pulsión invocante (la voz como objeto *a*). Por eso la música puede "tocarnos" sin necesidad de palabras.
Pero también el músico, para crear, tiene que poder escuchar su propio ronroneo sonoro, ese flujo interno que no es todavía música compuesta. Muchos describen el proceso creativo como "oír" algo que luego se traduce a notas. Ahí el músico es un operador que liga el ronroneo en una forma estable.

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