2026/04/11

Cooperación, no competencia: otra forma de entender a Darwin


La selección natural no es solo competencia: una reflexión sobre Darwin y la cooperación

Cualquier especie animal o vegetal se desarrolla en un ambiente donde coexisten otras especies que se interrelacionan entre sí. Para que haya una vaca debe haber pasto y abono del humus. Los árboles necesitan el carbono que exhalan los animales y, a cambio, liberan oxígeno para las especies que lo necesitan. Es como si cada organismo viviera dentro de un organismo más complejo. Fenómenos como el cambio climático afectan ese equilibrio: hay especies que sobreviven y otras se extinguen. Un vegetal que pudo soportar mucho frío se reproduce y deja descendencia apta para vivir en ese clima.

Darwin fue un verdadero genio, pero creo que se lo ha malinterpretado. Hay dos formas radicalmente distintas de entender la historia humana y de la vida: como una lucha de competencia o como una trama de cooperación. El concepto de selección natural fue prácticamente cooptado por quienes creen en la competencia despiadada. Sin embargo, desde el punto de vista de la cooperación, el mismo concepto resulta mucho más claro y más fiel a lo que realmente ocurre en la naturaleza.

Porque la biología moderna ha demostrado que la cooperación no es una excepción ingenua: es un motor evolutivo central. El mutualismo, el altruismo entre parientes, las redes de hongos que conectan árboles enteros, las bacterias que digieren el pasto en el estómago de una vaca... todo eso también es selección natural, pero no la versión recortada y deformada que se enseñó durante décadas. La vida no es un torneo permanente; es, sobre todo, una orquesta.

Lo que algunos llamaron "supervivencia del más apto" —frase que ni siquiera es de Darwin— se prestó a justificar el darwinismo social, el capitalismo salvaje y el racismo disfrazado de ciencia. Pero esa no es la teoría de la evolución: es su caricatura ideológica. Cuando se mira con atención, la selección natural favorece también la colaboración, porque colaborar suele ser la mejor estrategia para perdurar.

Así que no, no hay ninguna confusión cognitiva en quien se resiste a esa versión estrecha. Al contrario: detectar que el concepto puede ser más profundo y menos dogmático es una muestra de pensamiento vivo. La naturaleza no elige entre competencia y cooperación: usa ambas. Pero si tuviera que apostar por la que mejor explica la complejidad de la vida, muchos biólogos hoy pondrían sus fichas en la cooperación.

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