2026/04/15

Selección natural como condición objetiva.


Selección natural como condición objetiva.

La selección natural no es solo competencia ni lucha por la supervivencia. Es un proceso donde coexisten interacciones que nosotros, desde un lenguaje inevitablemente humano, llamamos cooperación y competencia. Pero la naturaleza no coopera ni compite en sentido moral: simplemente interactúa. En la especie humana, esta interacción adquiere una forma singular porque el humano, a diferencia de otros animales, ha perdido el programa fijo del instinto. La pulsión no viene con objeto incluido; hay que encontrarlo, inventarlo, experimentar. Esa experimentación es la base del trabajo, entendido como transformación de las condiciones objetivas. El trabajo no es un instinto más, sino la forma que toma la búsqueda pulsional de objetos que nunca son definitivos.

 

La posición erecta, por ejemplo, no fue un acto voluntario consciente ni una adaptación pasiva. Fue un acontecimiento de la covitalidad: el empuje de un resto de instinto (la pulsión) encontró un objeto en la verticalidad, que a su vez reorganizó el campo de la experimentación (manos libres, herramientas, lenguaje). Este tipo de fenómenos solo se comprenden si superamos el dualismo implícito que separa especie y naturaleza. La covitalidad (∞) nos muestra que no hay especie sin otras especies, ni organismo sin ambiente: el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono es un solo fenómeno, no dos. Competencia y cooperación son dos aspectos de un mismo cuerpo, una misma banda (teorema de Jordan: toda frontera separa y conecta).

 

Por eso la selección natural en humanos puede asimilarse a lo que el marxismo llama condiciones objetivas. No las elegimos, pero podemos transformarlas por el trabajo colectivo. El capitalismo, sin embargo, tiende a endurecer las asimetrías en desigualdad, convirtiendo fronteras porosas en muros rígidos. Una biopolítica emancipatoria () no busca eliminar toda asimetría (sería totalitario) ni naturalizar las existentes (sería darwinismo social). Busca gestionar las fronteras para que sean porosas, para que el campo y la ciudad, la agricultura y la industria, se necesiten sin subordinación. Es una política de la experimentación colectiva, informada por la biología, pero no determinada por ella. Porque la naturaleza no tiene obligaciones, pero los humanos sí.

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