Selección natural como condición objetiva.
La selección natural no es solo competencia ni lucha por
la supervivencia. Es un proceso donde coexisten interacciones que nosotros,
desde un lenguaje inevitablemente humano, llamamos cooperación y competencia.
Pero la naturaleza no coopera ni compite en sentido moral: simplemente
interactúa. En la especie humana, esta interacción adquiere una forma singular
porque el humano, a diferencia de otros animales, ha perdido el programa fijo
del instinto. La pulsión no viene con objeto incluido; hay que encontrarlo,
inventarlo, experimentar. Esa experimentación es la base del trabajo, entendido
como transformación de las condiciones objetivas. El trabajo no es un instinto
más, sino la forma que toma la búsqueda pulsional de objetos que nunca son
definitivos.
La posición erecta, por ejemplo, no fue un acto
voluntario consciente ni una adaptación pasiva. Fue un acontecimiento de la
covitalidad: el empuje de un resto de instinto (la pulsión) encontró un objeto
en la verticalidad, que a su vez reorganizó el campo de la experimentación
(manos libres, herramientas, lenguaje). Este tipo de fenómenos solo se
comprenden si superamos el dualismo implícito que separa especie y naturaleza.
La covitalidad (∞) nos muestra que no hay especie sin otras especies, ni
organismo sin ambiente: el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono es un
solo fenómeno, no dos. Competencia y cooperación son dos aspectos de un mismo
cuerpo, una misma banda (teorema de Jordan: toda frontera separa y conecta).
Por eso la selección natural en humanos puede asimilarse
a lo que el marxismo llama condiciones objetivas. No las elegimos, pero podemos
transformarlas por el trabajo colectivo. El capitalismo, sin embargo, tiende a
endurecer las asimetrías en desigualdad, convirtiendo fronteras porosas en muros
rígidos. Una biopolítica emancipatoria (⌘) no busca eliminar toda asimetría (sería totalitario) ni naturalizar las
existentes (sería darwinismo social). Busca gestionar
las fronteras para que sean porosas, para que el campo y la ciudad, la
agricultura y la industria, se necesiten sin subordinación. Es una política de
la experimentación colectiva, informada por la biología, pero no determinada
por ella. Porque la naturaleza no tiene obligaciones, pero los humanos sí.

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