2026/03/30

Aceite para las junturas- Notas para una biopolítica de base

 


Aceite para las junturas

Notas para una biopolítica de base

 

Prólogo

Esto no es un libro. No tengo interés en hacer uno. Escribo desde Berisso, ciudad obrera, después de una vida de militancia, análisis, lecturas y mucha conversación con la gente de acá. Las notas que siguen son aceite para las junturas: gotas, no inundaciones. No buscan convencer a nadie. Buscan ser útiles.

 

Primera hipótesis: El trabajo no desaparece, se transforma

 

Muchos creen que el trabajo ya no existe. No es cierto. Lo que desapareció es el empleo formal para una parte de la población. El trabajo, en cambio, sigue siendo la actividad por la cual los humanos producen su existencia. El que está desempleado igual trabaja: busca comida, cocina, cuida hijos, cultiva una huerta, aprende. Todo eso es trabajo.

Engels lo dijo claro: el trabajo es la condición básica de toda la vida humana. Sin trabajo, no hay especie. El problema no es que el trabajo desaparezca. El problema es que está organizado de manera que explota, aliena, destruye. La pregunta no es cómo abolir el trabajo, sino cómo organizarlo para que sea fuente de vida.

 

Segunda hipótesis: La pulsión necesita lazos, no solo objetos

 

El que trabajó toda la vida en una fábrica y se jubila, a menudo se deprime. No es que extrañe el esfuerzo. Extraña el lugar, el ritmo, el reconocimiento. Extraña a los compañeros, las charlas, los conflictos. Extraña tener un lugar donde estar con otros.

Eso es la pulsión: no solo hambre, sed, sexo. Es también necesidad de lazo. Cuando ese lazo se rompe, la pulsión se desliga. Y la desligadura duele.

Por eso no alcanza con suprimir el trabajo alienado. Hay que construir nuevos lazos. Nuevas formas de trabajo, rutinas colectivas, relaciones. La huerta comunitaria, el círculo de estudio, el gimnasio compartido. No son pasatiempos. Son formas de ligar la pulsión para que no se vuelva contra uno mismo.

 

Tercera hipótesis: La experimentación es la forma general de la vida humana

 

El animal tiene instinto: programa fijo, objeto predeterminado. El humano perdió eso. La pulsión no viene con objeto incluido. Hay que encontrarlo, inventarlo, construirlo. Y como ningún objeto es el definitivo, hay que seguir buscando.

Esa búsqueda es la experimentación. No es algo que hagamos de vez en cuando. Es lo que hacemos todo el tiempo. Probamos una dieta, la dejamos, probamos otra. Cambiamos de trabajo, de pareja, de barrio. A veces acertamos, a veces no. Pero nunca dejamos de experimentar.

Una biopolítica de base no elimina la experimentación. La organiza. Pone a la ciencia al servicio de la prueba colectiva. No para dar recetas, sino para que cada uno pueda probar con menos riesgo y más conciencia.

 

Cuarta hipótesis: En los bordes del sistema se ensaya el futuro

 

El capitalismo y el Estado tienen su mirada puesta en lo grande. Lo que pasa en los bordes —una huerta comunitaria, un taller de reciclado, un círculo de estudio— no les importa. Es demasiado pequeño.

Pero en esos bordes se ensayan otras formas de vida. Formas que no dependen del empleo formal, ni del consumo masivo, ni del Estado. Gente que cultiva su comida, que recicla sus residuos, que estudia sin título, que cuida a sus vecinos. No son islas felices. Tienen contradicciones, fracasos, discusiones. Pero experimentan con otra relación con el trabajo, la tierra, los animales, el saber.

Una política de base consiste en reconocer esos laboratorios, conectarlos, darles herramientas. No para que se conviertan en lo grande (eso sería su muerte), sino para que se multipliquen. La semilla en el asfalto no es marginal. Es el futuro que se adelanta.

 

Quinta hipótesis: No hay biopolítica de base sin organización

 

Las buenas intenciones no alcanzan. Los talleres sueltos, las huertas aisladas, los círculos que no se conectan entre sí, terminan siendo absorbidos o se desarman solos.

Para que una práctica de base persista, necesita organización. No un partido vertical, no una burocracia. Pero sí algún tipo de coordinación: asambleas, redes, encuentros, formas de decidir colectivamente y de rendir cuentas.

La organización no es un fin en sí mismo. Es la condición para que lo que se ensaya en los bordes no se pierda. Organización no es sinónimo de autoridad. Es sinónimo de continuidad.

 

Sexta hipótesis: El Estado no es un amigo, pero a veces presta herramientas

 

El Estado es, antes que nada, la organización de la fuerza de una clase sobre las demás. Eso no cambia. Pero dentro de esa organización hay contradicciones. Hay leyes que se pueden usar, tierras fiscales que se pueden ocupar, universidades que forman profesionales que pueden ayudar a las bases.

El gobierno actual de Argentina habla de "romper el Estado", pero no rompe la policía ni las fuerzas armadas. Al contrario, las fortalece. El "Estado mínimo" es un engaño: el Estado sigue siendo grande para reprimir y para beneficiar a los ricos, y se achica para los pobres.

La base organizada no tiene que pedirle al Estado que sea bueno. Tiene que organizarse para arrancarle lo que necesita y resistir lo que le impone. Y cuando el Estado se retira, la base tiene que ocupar ese lugar, no para ser Estado, sino para que el Estado no haga falta.

El capital no desarrolla las fuerzas productivas hasta su límite. Las disciplina para preservar el poder. Por eso un algoritmo en manos de unos pocos no es una promesa de desarrollo: es un dique.

 

Séptima hipótesis: La salud es un bien común, no una mercancía

 

La salud no es lo que te vende una prepaga. Tampoco es lo que el Estado te da cuando puede. La salud es poder vivir sin miedo a enfermarse, y si te enfermás, poder curarte sin arruinarte.

Los médicos de los hospitales públicos, en su mayoría, son trabajadores heroicos. No son el problema. El problema es que trabajan con lo que les dan, y lo que les dan es cada vez menos. El problema es el sistema que convierte la salud en negocio.

Pero la salud no se resuelve solo desde el hospital. Se resuelve también desde abajo: con huertas que dan comida sana, con gimnasios comunitarios, con talleres de alimentación, con círculos donde la gente aprende a cuidarse entre sí. La biopolítica de base no compite con el hospital público. Lo complementa, lo defiende, y cuando puede, lo alivia.

 

Octava hipótesis: El saber no se titula, se comparte

 

Uno no necesita un título para saber algo útil. El saber obrero —ese que nace del taller, de la experimentación corporal, de la cooperación— es tan valioso como el saber académico. Y se complementa.

En la Argentina de los años 50, hijos de obreros llenaron las universidades. No solo aprendieron ciencia: la articularon con el saber del taller. Esa inteligencia colectiva hizo posible desarrollos técnicos que el capitalismo nunca hubiera impulsado por sí solo.

Hoy, la inteligencia artificial está en la misma encrucijada. Si queda secuestrada por unos pocos, no servirá para la vida, sino para el control. Colectivizar el saber técnico no es una utopía: es la condición del desarrollo humano.

El problema es cuando el saber se encierra en instituciones que piden credenciales. Una biopolítica de base desobedece ese secuestro. No niega la ciencia. La usa. Los círculos de estudio son una forma de ese desacato: gente que se junta a leer sin pagar cuota, sin examen de ingreso, sin título al final. El saber que no se comparte es un privilegio. El saber que se comparte es una herramienta.

 

Epílogo

 

No sé si todo esto sirve de algo. Tal vez a alguien le sirva. Tal vez no.

Lo que sé es que acá hay jóvenes haciendo huertas, vecinos reciclando, gatos cazando ratas en los techos, un pediatra disfrazado de Batman juntando plata para el hospital. Y que todo eso, aunque pequeño, es una forma de hacer frente a la desolación.

No tengo partido, ni título, ni libro. Tengo 72 años, un blog, y ganas de que alguien más joven que yo retome estas ideas y las mejore.

La Esfinge preguntó: qué es lo que anda en cuatro patas, luego en dos, luego en tres. Edipo respondió: el hombre. Pero la Esfinge no quería una respuesta. Quería que el hombre recordara que es una especie entre otras, que su equilibrio es precario, que su saber es limitado, que su poder es prestado.

Eso es la biopolítica de la modestia: saber que no somos el centro, pero que podemos hacer algo. Poco, pero algo. Aceite para las junturas.

No hay comentarios.: