Aceite para las junturas
Notas para una biopolítica de base
Prólogo
Esto no es un libro. No
tengo interés en hacer uno. Escribo desde Berisso, ciudad obrera, después de
una vida de militancia, análisis, lecturas y mucha conversación con la gente de
acá. Las notas que siguen son aceite para las junturas: gotas, no inundaciones.
No buscan convencer a nadie. Buscan ser útiles.
Primera hipótesis: El trabajo no desaparece, se
transforma
Muchos creen que el
trabajo ya no existe. No es cierto. Lo que desapareció es el empleo formal para
una parte de la población. El trabajo, en cambio, sigue siendo la actividad por
la cual los humanos producen su existencia. El que está desempleado igual
trabaja: busca comida, cocina, cuida hijos, cultiva una huerta, aprende. Todo
eso es trabajo.
Engels lo dijo claro: el
trabajo es la condición básica de toda la vida humana. Sin trabajo, no hay
especie. El problema no es que el trabajo desaparezca. El problema es que está
organizado de manera que explota, aliena, destruye. La pregunta no es cómo
abolir el trabajo, sino cómo organizarlo para que sea fuente de vida.
Segunda hipótesis: La pulsión necesita lazos, no solo
objetos
El que trabajó toda la
vida en una fábrica y se jubila, a menudo se deprime. No es que extrañe el
esfuerzo. Extraña el lugar, el ritmo, el reconocimiento. Extraña a los
compañeros, las charlas, los conflictos. Extraña tener un lugar donde estar con
otros.
Eso es la pulsión: no solo
hambre, sed, sexo. Es también necesidad de lazo. Cuando ese lazo se rompe, la
pulsión se desliga. Y la desligadura duele.
Por eso no alcanza con
suprimir el trabajo alienado. Hay que construir nuevos lazos. Nuevas formas de
trabajo, rutinas colectivas, relaciones. La huerta comunitaria, el círculo de
estudio, el gimnasio compartido. No son pasatiempos. Son formas de ligar la
pulsión para que no se vuelva contra uno mismo.
Tercera hipótesis: La experimentación es la forma general
de la vida humana
El animal tiene instinto:
programa fijo, objeto predeterminado. El humano perdió eso. La pulsión no viene
con objeto incluido. Hay que encontrarlo, inventarlo, construirlo. Y como
ningún objeto es el definitivo, hay que seguir buscando.
Esa búsqueda es la
experimentación. No es algo que hagamos de vez en cuando. Es lo que hacemos
todo el tiempo. Probamos una dieta, la dejamos, probamos otra. Cambiamos de
trabajo, de pareja, de barrio. A veces acertamos, a veces no. Pero nunca
dejamos de experimentar.
Una biopolítica de base no
elimina la experimentación. La organiza. Pone a la ciencia al servicio de la
prueba colectiva. No para dar recetas, sino para que cada uno pueda probar con
menos riesgo y más conciencia.
Cuarta hipótesis: En los bordes del sistema se ensaya el
futuro
El capitalismo y el Estado
tienen su mirada puesta en lo grande. Lo que pasa en los bordes —una huerta
comunitaria, un taller de reciclado, un círculo de estudio— no les importa. Es
demasiado pequeño.
Pero en esos bordes se
ensayan otras formas de vida. Formas que no dependen del empleo formal, ni del
consumo masivo, ni del Estado. Gente que cultiva su comida, que recicla sus
residuos, que estudia sin título, que cuida a sus vecinos. No son islas
felices. Tienen contradicciones, fracasos, discusiones. Pero experimentan con
otra relación con el trabajo, la tierra, los animales, el saber.
Una política de base
consiste en reconocer esos laboratorios, conectarlos, darles herramientas. No
para que se conviertan en lo grande (eso sería su muerte), sino para que se
multipliquen. La semilla en el asfalto no es marginal. Es el futuro que se
adelanta.
Quinta hipótesis: No hay biopolítica de base sin
organización
Las buenas intenciones no
alcanzan. Los talleres sueltos, las huertas aisladas, los círculos que no se
conectan entre sí, terminan siendo absorbidos o se desarman solos.
Para que una práctica de
base persista, necesita organización. No un partido vertical, no una
burocracia. Pero sí algún tipo de coordinación: asambleas, redes, encuentros,
formas de decidir colectivamente y de rendir cuentas.
La organización no es un
fin en sí mismo. Es la condición para que lo que se ensaya en los bordes no se
pierda. Organización no es sinónimo de autoridad. Es sinónimo de continuidad.
Sexta hipótesis: El Estado no es un amigo, pero a veces
presta herramientas
El Estado es, antes que
nada, la organización de la fuerza de una clase sobre las demás. Eso no cambia.
Pero dentro de esa organización hay contradicciones. Hay leyes que se pueden
usar, tierras fiscales que se pueden ocupar, universidades que forman profesionales
que pueden ayudar a las bases.
El gobierno actual de
Argentina habla de "romper el Estado", pero no rompe la policía ni
las fuerzas armadas. Al contrario, las fortalece. El "Estado mínimo"
es un engaño: el Estado sigue siendo grande para reprimir y para beneficiar a
los ricos, y se achica para los pobres.
La base organizada no
tiene que pedirle al Estado que sea bueno. Tiene que organizarse para
arrancarle lo que necesita y resistir lo que le impone. Y cuando el Estado se
retira, la base tiene que ocupar ese lugar, no para ser Estado, sino para que
el Estado no haga falta.
El capital no desarrolla
las fuerzas productivas hasta su límite. Las disciplina para preservar el
poder. Por eso un algoritmo en manos de unos pocos no es una promesa de desarrollo:
es un dique.
Séptima hipótesis: La salud es un bien común, no una
mercancía
La salud no es lo que te
vende una prepaga. Tampoco es lo que el Estado te da cuando puede. La salud es
poder vivir sin miedo a enfermarse, y si te enfermás, poder curarte sin
arruinarte.
Los médicos de los
hospitales públicos, en su mayoría, son trabajadores heroicos. No son el
problema. El problema es que trabajan con lo que les dan, y lo que les dan es
cada vez menos. El problema es el sistema que convierte la salud en negocio.
Pero la salud no se
resuelve solo desde el hospital. Se resuelve también desde abajo: con huertas
que dan comida sana, con gimnasios comunitarios, con talleres de alimentación,
con círculos donde la gente aprende a cuidarse entre sí. La biopolítica de base
no compite con el hospital público. Lo complementa, lo defiende, y cuando
puede, lo alivia.
Octava hipótesis: El saber no se titula, se comparte
Uno no necesita un título
para saber algo útil. El saber obrero —ese que nace del taller, de la experimentación
corporal, de la cooperación— es tan valioso como el saber académico. Y se
complementa.
En la Argentina de los
años 50, hijos de obreros llenaron las universidades. No solo aprendieron
ciencia: la articularon con el saber del taller. Esa inteligencia colectiva
hizo posible desarrollos técnicos que el capitalismo nunca hubiera impulsado
por sí solo.
Hoy, la inteligencia
artificial está en la misma encrucijada. Si queda secuestrada por unos pocos,
no servirá para la vida, sino para el control. Colectivizar el saber técnico no
es una utopía: es la condición del desarrollo humano.
El problema es cuando el
saber se encierra en instituciones que piden credenciales. Una biopolítica de
base desobedece ese secuestro. No niega la ciencia. La usa. Los círculos de
estudio son una forma de ese desacato: gente que se junta a leer sin pagar
cuota, sin examen de ingreso, sin título al final. El saber que no se comparte
es un privilegio. El saber que se comparte es una herramienta.
Epílogo
No sé si todo esto sirve
de algo. Tal vez a alguien le sirva. Tal vez no.
Lo que sé es que acá hay
jóvenes haciendo huertas, vecinos reciclando, gatos cazando ratas en los
techos, un pediatra disfrazado de Batman juntando plata para el hospital. Y que
todo eso, aunque pequeño, es una forma de hacer frente a la desolación.
No tengo partido, ni
título, ni libro. Tengo 72 años, un blog, y ganas de que alguien más joven que
yo retome estas ideas y las mejore.
La Esfinge preguntó: qué
es lo que anda en cuatro patas, luego en dos, luego en tres. Edipo respondió:
el hombre. Pero la Esfinge no quería una respuesta. Quería que el hombre
recordara que es una especie entre otras, que su equilibrio es precario, que su
saber es limitado, que su poder es prestado.
Eso es la biopolítica de
la modestia: saber que no somos el centro, pero que podemos hacer algo. Poco,
pero algo. Aceite para las junturas.

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