2026/06/25

Filatelia

Filatelia

Cuando inicié mi secundario en el Nacional de La Plata, aún con 12 años, tenía dos compañeros que se dedicaban a la Filatelia, coleccionar estampillas de correo. Hoy eso es ya a una antigüedad. Estamos hablando de 1966. En esa época vos para comunicarte con alguien que no vive cerca, tenías que escribir una carta, meterla en un sobre y llevarla al correo. Ahí te vendían las estampillas que debías pegarle al sobre. Te lo sellaban y metías al buzón. Pensándolo bien. Cuántas veces hice eso mis primeras décadas de vida. Un llamado telefónico de larga distancia salía mucho dinero por ese tiempo, pero las cartas cruzaban continentes.  

 

De chico crecí viendo las cartas que le mandaban a mis abuelos desde Europa e incluso desde Estados Unidos. El hermano de mi abuelo se fue al norte mientras él se quedó acá. Era común ese reparto geográfico entre inmigrantes. Mi tío abuelo parece que desarrolló familia por esos lugares.

En esos tiempos podías recibir cartas de parientes que vivían en el país también. Cada vez que alguien se iba de vacaciones les mandaba por correo postales del lugar a sus familiares. Entonces desde Mar del Plata o Córdoba te iba a llegar una postal de tus parientes que paseaban.

 

Rápidamente me interesó eso de la filatelia. Haber comparado las estampillas de cada país siempre me había despertado curiosidad. Hay países que tienen estampillas de muchos colores, diferentes tamaños, caras de próceres desconocidos o animales que acá no existen.

 

Entonces con mis compañeros comenzamos a ir a un comercio específico de estampillas. En 2 entre 44 y 45 había un pequeño local que se llamaba Filatelia San Luis. Lo atendía un hombre ya grande muy meticuloso que sabía todo acerca de las estampillas. Un mostrador al fondo con bordes de vidrio y a los dos costados estantes con ventanas también de vidrio en donde se exhibían estampillas de todo el mundo, catálogos y álbumes especiales. Recuerdo haber comprado el álbum de Argentina. Una estructura similar a un álbum de figuritas. El Correo Argentino cada año sacaba nuevas estampillas y todo eso es un registro necesario para el coleccionista. Cada año tenías que comprar las nuevas hojas actualizadas.

 

Siendo de Berisso tenía una gran ventaja y era que acá se recibían muchas cartas desde Europa. Ningún vecino que no juntara estampillas te las iba a negar. Entonces conseguías no sólo de Polonia, o la URSS sino que conseguías de Checoeslovaquia, España, Italia, Grecia, Yugoeslavia entre las más accesibles.

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