Filatelia
Cuando inicié mi secundario en el Nacional de La Plata,
aún con 12 años, tenía dos compañeros que se dedicaban a la Filatelia,
coleccionar estampillas de correo. Hoy eso es ya a una antigüedad. Estamos
hablando de 1966. En esa época vos para comunicarte con alguien que no vive
cerca, tenías que escribir una carta, meterla en un sobre y llevarla al correo.
Ahí te vendían las estampillas que debías pegarle al sobre. Te lo sellaban y
metías al buzón. Pensándolo bien. Cuántas veces hice eso mis primeras décadas
de vida. Un llamado telefónico de larga distancia salía mucho dinero por ese
tiempo, pero las cartas cruzaban continentes.
De chico crecí viendo las cartas que le mandaban a mis
abuelos desde Europa e incluso desde Estados Unidos. El hermano de mi abuelo se
fue al norte mientras él se quedó acá. Era común ese reparto geográfico entre
inmigrantes. Mi tío abuelo parece que desarrolló familia por esos lugares.
En esos tiempos podías recibir cartas de parientes que
vivían en el país también. Cada vez que alguien se iba de vacaciones les
mandaba por correo postales del lugar a sus familiares. Entonces desde Mar del
Plata o Córdoba te iba a llegar una postal de tus parientes que paseaban.
Rápidamente me interesó eso de la filatelia. Haber
comparado las estampillas de cada país siempre me había despertado curiosidad.
Hay países que tienen estampillas de muchos colores, diferentes tamaños, caras
de próceres desconocidos o animales que acá no existen.
Entonces con mis compañeros comenzamos a ir a un comercio
específico de estampillas. En 2 entre 44 y 45 había un pequeño local que se
llamaba Filatelia San Luis. Lo atendía un hombre ya grande muy meticuloso que
sabía todo acerca de las estampillas. Un mostrador al fondo con bordes de
vidrio y a los dos costados estantes con ventanas también de vidrio en donde se
exhibían estampillas de todo el mundo, catálogos y álbumes especiales. Recuerdo
haber comprado el álbum de Argentina. Una estructura similar a un álbum de
figuritas. El Correo Argentino cada año sacaba nuevas estampillas y todo eso es
un registro necesario para el coleccionista. Cada año tenías que comprar las
nuevas hojas actualizadas.
Siendo de Berisso tenía una gran ventaja y era que acá se
recibían muchas cartas desde Europa. Ningún vecino que no juntara estampillas
te las iba a negar. Entonces conseguías no sólo de Polonia, o la URSS sino que
conseguías de Checoeslovaquia, España, Italia, Grecia, Yugoeslavia entre las
más accesibles.
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