2013/02/24

El instrumento de la integración latinoamericana


Contra el narcotráfico. Mientras se espera la designación del próximo secretario general de la Comunidad Andina, los países miembros analizan cómo continuar la lucha contra las drogas en la región.

El pasado lunes, el secretario general de la Comunidad Andina (CAN), el boliviano Adalid Contreras Baspineiro, presentó su último informe de gestión, ya que por estos días concluye su mandato al frente del organismo. Durante su intervención, llamó a fortalecer la CAN y la integración latinoamericana, poniendo énfasis en que el camino de la prosperidad y de la justicia es el de la integración. A su vez, el bloque integrado por Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú propone el diseño de una Estrategia Andina sobre el Problema Mundial de las drogas, tras finalizar por estos días el proyecto Pradican, realizado con la cooperación de la Comunidad Europea.

La CAN, que ya cuenta con casi 44 años de existencia y fue creada con fines de integración regional, hoy enfrenta nuevos desafíos, teniendo en cuenta el surgimiento reciente de agrupamientos que plantean similares proyecciones en territorios más abarcativos, como son la Unasur y la Celac. Un dato no menor es la incorporación casi segura de Bolivia como socio pleno en el Mercosur, y que Ecuador no haya descartado ser parte del mismo.

En una entrevista realizada por la revista ecuatoriana Líderes, Adalid Contreras afirmaba que “la Comunidad Andina está viviendo un proceso de reingeniería, con el fin de fortalecer y dar un renovado dinamismo al proceso andino de integración” adecuando sus órganos e instituciones “a los retos y desafíos del actual contexto internacional caracterizado por la existencia de un nuevo regionalismo latinoamericano en base a la construcción de estadios superiores de integración a nivel regional” y que “culminar este proceso con mayores niveles de coordinación, es una de las principales tareas en las que estamos embarcados”.

Según Contreras, que Bolivia se incorpore al Mercosur como socio pleno no va en detrimento de la CAN, ya que hoy en un contexto mundial de creciente multipolaridad, los países deben estar abiertos a diferentes tipos de relacionamiento tanto bilateral como multilateral, señalando a su vez que Bolivia no abandonará la CAN, sino que será una bisagra en la articulación entre las regiones del Atlántico y el Pacífico.

En la presentación de su informe de gestión como secretario general de la CAN entre mayo de 2010 y febrero 2013, el pasado lunes 18 Contreras Baspineiro señaló que “la integración es el signo libertario de estos tiempos. Así como en una fase de la historia de nuestro continente, el signo fueron las guerras independentistas, en otro, las estrategias contra la dependencia, ahora el destino es la construcción de la integración latinoamericana, nuestra Patria Grande”, según informaba el portal de la CAN.

En relación con la finalización del mandato de Contreras Baspineiro, Miradas al Sur consultó a Karla Páez, funcionaria de la CAN, quien expresó que “efectivamente, el secretario general Adalid Contreras está terminando su gestión” y que “según el Acuerdo de Cartagena, lo debe reemplazar de forma interina el director general de mayor antigüedad, hasta que los cancilleres, por consenso, elijan al nuevo secretario general”. Páez, a su vez, señaló que el día lunes “el canciller de Perú, Rafael Roncagliolo, ha anunciado que los cancilleres andinos se reunirán en los próximos días para discutir sobre este tema”.

El problema de las drogas es uno de los puntos más sensibles que atañen a los países andinos. Y es por esta razón que el bloque regional viene desarrollando un paquete de medidas para abordar este síntoma en forma conjunta. Según revela un documento de la CAN, los cultivos de coca sobrepasan hoy la producción necesaria para el consumo lícito, teniendo en cuenta que la “hoja sagrada” forma parte de la cultura ancestral andina viva y de su identidad, concentrándose en la región el monopolio mundial de la producción de cocaína.
Según datos del Banco Mundial, la producción de hoja de coca genera un impacto ambiental en los ecosistemas andinos, y atenta contra la vida sobre el planeta, ya que para cultivar una hectárea de coca se deben talar entre 2,5 y 4 hectáreas de bosques tropicales, lo que implica que se requeriría deforestar entre media y una hectárea de bosque para producir un kilo de cocaína. En Perú, Bolivia y Colombia, el cultivo de coca ha destruido por lo menos 2,4 millones de hectáreas de frágil bosque tropical en la región andina en los últimos 20 años.

La deforestación y la utilización de insumos químicos afectan la tierra y el acuífero, ya que si para producir un kilogramo de cocaína se utilizan alrededor de 350 kilogramos de sustancias químicas, se estimaría que en los ecosistemas andinos en los últimos 20 años fueron arrojados aproximadamente 840.000 toneladas de sustancias altamente tóxicas al ambiente.
Adalid Contreras, según informaba la agencia de noticias peruana Andina, expresaba la semana que pasó que la lucha antidrogas en la región requiere de una estrategia con un enfoque humano y de desarrollo social, ante el fracaso del enfoque basado sólo en la interdicción, y es por esta razón que la estrategia a seguir debe tener un carácter integral, para abarcar el proceso completo del problema de las sustancias ilegales: prevención, producción, tráfico y consumo. Según dijo, los países andinos coinciden en que la lucha basada en la erradicación, el uso de la fuerza y la interdicción no es una buena alternativa.
Según especialistas, la erradicación compulsiva de los cultivos ilegales de coca y poner freno al envío de estupefacientes hacia el exterior no ha modificado ni frenado la acción del narcotráfico, por lo cual es necesaria una estrategia de desarrollo alternativo que complemente la interdicción.

Por otra parte, Contreras señalaba que es de suma importancia el abordaje de conjunto, tanto de los países productores como de los que más consumidores tienen. Estados Unidos es el país con mayor demanda de sustancias ilegales del planeta, pero no aborda este problema más que como un flagelo externo, que hay que detenerlo desde donde comienza la cadena de producción, y no realizando una política de prevención entre sus propios habitantes. Contreras expresaba que “pese a que la demanda sigue siendo un factor situado especialmente en terceros países y de mayor desarrollo, la problemática no nos es ajena”.

Desde noviembre de 2009, se inició el proyecto Pradican, llevado adelante por la CAN con la cooperación de la Comunidad Europea, y que tuvo finalización reciente. Los países de la Comunidad Andina iniciaron el 28 de enero, en Quito,Ecuador, la presentación de los resultados del trabajo conjunto desarrollado en los últimos tres años para enfrentar el problema de las drogas ilícitas, y similares reuniones de socialización de resultados del proyecto Pradican se realizaron el jueves 31 en La Paz, el viernes 1º de febrero en Santa Cruz, el martes 5 de febrero en Bogotá y el jueves 7 de febrero en Lima, donde se llevó a cabo una reunión subregional con asistencia de las máximas autoridades de lucha contra las drogas de los países de la CAN.

Entre los principales resultados se señalan el diseño de una estrategia propia sobre el problema mundial de las drogas, la creación de un sistema de información con 22 indicadores armonizados, la actualización de instrumentos vinculados al control de precursores químicos, el equipamiento de laboratorios y el desarrollo de programas de prevención, entre otros.

El director de la secretaría general de la CAN, Genaro Baldeón, expresó que el problema de las drogas es de tal dimensión que, para enfrentarla, se requiere la interacción entre las distintas instituciones del Estado y distintos niveles de gobierno, y otras organizaciones nacionales e internacionales, y tras mencionar los logros específicos conseguidos por los países andinos en los últimos años, opinó que el resultado más importante es haber logrado, a nivel técnico, consensuar entre los países andinos una nueva estrategia regional que toma como eje fundamental, la integralidad de la problemática.

Si bien los países de la región “tienen sus políticas antidrogas propias”, Karla Páez le dijo a Miradas al Sur que “sin embargo, adicionalmente, han diseñado una política conjunta con acciones concretas, que tienen objetivos a 2019”.


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