Cuando lees atentamente El olvido de nombres propios con el que Freud inicia su Psicopatología de la vida cotidiana, lo primero que advertís es la presencia totalizante del significante Trafoi.
No es Signorelli
más que la presa final de la presión insoslayable del otro significante. Vale
señalar que Trafoi es el nombre de un recuerdo, escena, trama, problema, acontecimiento…
Trafoi condensa
todo. Ahí fue el suicidio de un ex paciente por temas sexuales. Freud lo dice
simplificado: muerte y sexualidad. Trafoi es en la cabeza de Freud el
significante que ordena el enjambre.
En su viaje por
los Balcanes, cuesta creer que Freud no tuviera en su cabeza el tema de Trafoi,
del cual tuviera noticias hacía pocas semanas atrás. Trafoi insiste en las
sombras de la consciencia.
Freud señala que,
ante el olvido de un nombre, casi siempre aparecen nombres sustitutivos. Estos
tendrán implicancia en el olvido. En
lugar de Signorelli, aparecen Botticelli y Boltraffio.
Botticelli era
para Freud tan familiar como Signorelli. En cambio, Boltraffio era sólo
conocido de nombre. La asociación entre Trafoi y Boltraffio es sorprendente.
Cuando Freud
intentó nombrar al pintor italiano, ese nombre, Signorelli se hundió en un pozo
ciego, y aparecieron los otros dos nombres.
No es un nombre
que se olvida, sino una emergencia en el discurso del nombre Boltraffio que le
recuerda a Freud lo acontecido hacía semanas. Vía Boltraffio, Trafoi le nubla
Signorelli en la memoria.
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