2026/11/02

El teorema de las proporciones definidas


El teorema de las proporciones definidas

Hay una ley química que dice que los cuerpos se combinan solo en proporciones definidas. Si un elemento sobra, queda libre. Si falta, la combinación no se realiza o se realiza a medias. No importa la cantidad total: importa la proporción. Es una ley simple, casi obvia, pero tiene consecuencias que van mucho más allá del laboratorio.

Gramsci la tomó prestada para pensar la organización política. Dijo que cada agregado humano —un partido, un ejército, un sindicato— tiene su propia proporción óptima entre dirigentes, cuadros y masa. Si esa proporción se rompe, la organización no funciona, aunque tenga muchos afiliados o mucho dinero. La política, como la química, tiene sus proporciones definidas.

Pero hay algo más. Las proporciones definidas no son cantidades. Son cualidades. Son propiedades topológicas. La topología estudia lo que permanece cuando una figura se deforma: la conectividad, los nudos, los agujeros. No le importan las distancias exactas, sino las relaciones. Una taza y una rosquilla son topológicamente equivalentes porque ambas tienen un agujero. No importa si la taza es grande o chica. Lo que importa es la estructura.

Las proporciones definidas son así. No son números fijos. Son relaciones cualitativas que definen la identidad de un sistema. El agua es H₂O no porque haya exactamente dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno en cada molécula, sino porque esa proporción define una cualidad nueva: la liquidez, la capacidad de disolver, la tensión superficial. La proporción no es una cantidad: es una condición de posibilidad.

Y si esto vale para la química y para la política, vale también para la vida. La selección natural no puede pensarse sin proporciones definidas. En cada ecosistema hay una proporción entre depredadores y presas, entre herbívoros y plantas, entre parásitos y huéspedes. Si esa proporción se rompe, el sistema colapsa o se reorganiza. Las peñas de San Pablo son un ejemplo: la proporción entre aves, cangrejos, moscas y algas es la que sostiene la trama. Si desaparecen las aves, el guano se agota, las algas mueren, los crustáceos mueren, los peces se van. La proporción se rompió.

Lo mismo ocurre con el cuerpo humano. La posición erecta es una configuración de proporciones: la relación entre la pelvis, la columna, los músculos antigravitatorios, el oído interno. Esa configuración es una cualidad que define al humano como especie. No es una cantidad de huesos o de músculos: es una relación entre ellos. La Esfinge, cuando pregunta "¿cómo te sostenés?", está preguntando por esa proporción. Está preguntando por la topología del cuerpo humano. Y la respuesta no es un número: es una cualidad. Es la precariedad del equilibrio bípedo. Es la necesidad del bastón al final.

La biopolítica comunista, entonces, no es una cuestión de administrar cantidades. No se trata de tener más producción, más consumo, más crecimiento. Se trata de configurar relaciones. No se trata de tener más médicos o más camas. Se trata de que la proporción entre prevención y curación, entre salud pública y salud privada, sea la adecuada para que el sistema funcione como una trama de covitalidad. No se trata de tener más ciencia o más técnica. Se trata de que la proporción entre investigación y aplicación, entre tecnología y ecología, sea la que permita negociar mejor con la gravedad sin destruir la trama de la vida.

La biopolítica de la modestia es, en el fondo, una topología de la organización. No busca imponer una forma fija, sino encontrar las proporciones que permiten que el flujo siga fluyendo. Como el río que encuentra su cauce. Como el agua que se adapta a las rocas. Como el cuerpo que se sostiene contra la gravedad.

La selección natural es la modulación de las proporciones definidas por la sujeción a la gravedad. Las proporciones que se sostienen, persisten. Las que no, se desmoronan. Y esas proporciones no son cantidades: son cualidades topológicas. Son las formas que el flujo adopta para no dejar de fluir. La Esfinge pregunta por esas proporciones. La biopolítica las configura. La ciencia las estudia. La técnica las negocia. Y el comunismo es la puesta en marcha ininterrumpida de esa configuración.


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