El desarrollo ininterrumpido del capitalismo conduce inevitablemente a la concentración y centralización, y por ende al expansionismo imperialista, que tiene como ley económica el desarrollo desigual y a la vez combinado. Esto último marca las profundas desigualdades necesarias para establecerse un determinado predominio económico y su consiguiente hegemonía política.
Las revoluciones del S. XX fueron el resultado de las correctas definiciones de los núcleos de vanguardia, que supieron unificar en coyunturas precisas, alianzas de clases transformándolas en bloques de fuerzas con capacidad de ruptura, es decir con un programa alternativo a lo existente. La suposición en cuanto a dicha corrección fue principalmente la cuestión de la hegemonía proletaria, como condición principal para la realización del proyecto transformador. La caída de los socialismo reales en verdad uno debiera leerlo como la derrota de dicha hegemonía establecida como precondición, aunque la realidad actual tal vez nos esté mostrando que el supuesto triunfo del capitalismo no fue tal como se trató de mostrarnos.
La Unión Soviética fue desarticulada con la reducción de la bipolaridad en una supuesta unipolaridad. El actual gobierno de la Federación Rusa dice que lo actual es el resultado de la negación a lo anterior a 1991, pero en el marco de un mundo multilateral, no unipolar. La República Popular China no fue desintegrada, y aún hoy su gobierno es el del PCCh, pero se convirtió en una superpotencia donde las relaciones de producción capitalistas son predominantes. Hoy tanto Rusia como China son grandes potencias que si bien abandonaron el programa socialista, uno no tendría que dejar de reconocer que ellas no serían lo que son hoy, sin los procesos revolucionarios que se produjeron en sus territorios con el concomitante destrabe de sus fuerzas productivas. Sino hubiera habido revolución, ambas serían hoy dos naciones poco desarrolladas y con grandes bolsones de pobreza. La revolución no pudo transcurrido un tiempo considerable de establecimiento imponer la permanencia de la hegemonía proletaria, ni pudo establecer un camino ininterrumpido hacia el socialismo, pero lo que no debiéramos dejar de obviar es que si pudo romper con la lógica del desarrollo desigual y combinado que condena a la mayor cantidad de las naciones del mundo al atraso y a la miseria, es decir a la dependencia. Ni siquiera nuestra Cuba sería lo que es hoy sin haber pasado por ahí el soplo revolucionario. Obviamente que el capitalismo triunfó, pero ese triunfo hoy va siendo demostrado que no es el de la fracción que promulgaba la Unipolaridad y el Pensamiento Único, sino el de los nuevos emergentes, el de los nuevos gigantes que se pronuncian por la Multipolaridad, y que hoy están mejor anclados que un mundo occidental aquejado de grandes crisis a las que intentan sobrellevar a base de escaladas bélicas. Los empresarios del primer mundo para consolidarse como tales siempre han llevado políticas de alianzas no con los empresarios del mundo periférico sino con las oligarquías nativas mayormente retrógradas y enemigas del progreso.
La actual izquierda latinoamericana, tanto el denominado Socialismo del S. XXI como el resto de componentes como lo es principalmente el PT de Brasil, que navegan entre el nacionalismo popular y la socialdemocracia, son el resultado de la resistencia al neoliberalismo preponderante en los 90, siendo también la resultante opuesta a quedar subsumidos en la pobreza y el atraso, como resultado del desarrollo desigual y combinado que propician para nosotros las grandes potencias imperiales con la sociedad efectiva de las oligarquías terratenientes devenidas financieras. Mal que nos pese la izquierda latinoamericana no es anticapitalista, sino una interna del capitalismo al igual que también lo son hoy tanto China como Rusia, una interna que promueve la Multipolaridad.
En Latinoamérica, la reforma agraria aún hoy es una tarea pendiente, y si bien desde el Che hasta el último socialista revolucionario la plantearon como tarea, no hay que olvidar que allá en los principios del S. XIX, un revolucionario como José Gervasio de Artigas la enarbolaba como programa desde la Banda Oriental del Río de la Plata. Las oligarquías autóctonas ligadas en su momento a la corona española nunca fueron derrotadas completamente y es por esto que hasta hoy los legados de San Martín, Bolívar, O¨Higgins, Mariano Moreno, Manuel Belgrano o Artigas están inconclusos. Tal vez lo que esperamos de estos gobiernos nacionalistas o progresistas es que realicen lo que tendría que haber sido dos siglos atrás. Es una tarea muy dura pero creo que no imposible a partir del panorama actual.
2008/09/16
2008/09/15
Manipulación mediática de El País, una de tantas.
Hoy 15 de septiembre se realizará en Santiago de Chile, la reunion de la UNASUR, para tratar la escalada de violencia y desestabilización en Bolivia.
El Diario El País el mismo día publica esta nota mostrando la imagen de la vandálica, neonazi y terrorista Unión Juvenil Cruceñista y pone que son los partidarios de Evo Morales. ¿Habrá sido equivocación?

El Diario El País el mismo día publica esta nota mostrando la imagen de la vandálica, neonazi y terrorista Unión Juvenil Cruceñista y pone que son los partidarios de Evo Morales. ¿Habrá sido equivocación?

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